Capítulo 21 - John (II) Final II feliz (para final angst ir al capítulo anterior)

"John"

Aun seguía escuchándole. Lloraba. Me llamaba. No podía hacerle eso. ¿Si moría que sería de él? Toda la vida solo y ahora dependía de mí, enteramente de mí. Quería contestarle. Pegarle por ser tan estúpido y rebajarse a eso. El gran Sherlock Holmes tirado en el suelo abrazando a su amigo muerto. La vida es muy injusta, toda mi vida al servicio militar salvando vidas para acabar se esa manera. Notaba mi cuerpo inmóvil zarandearse, Sherlock parecía no darse por vencido. Y yo tampoco. Saqué fuerzas de donde no las había y respiré fuertemente. Hice un sonido extraño con la garganta puesto que se me había secado y no podía hablar. Entonces escuché una risa nerviosa por parte de mi salvador.

- John, no hables. Voy a ponerte una inyección, no te muevas. Incluso en aquella situación tenía que estar mandándome, si hubiera podido moverme hubiera sonreído. Pude abrir los ojos para ver como Sherlock hacía un torniquete con una goma en mi brazo izquierdo y después me inyectaba algo en las arterias. No supe distinguir qué era. Recordé que Henry se había ido a buscar algo para mantenerme más despierto.

-¡Henry!- chillé y me incorporé como si el suelo quemara.

- Tranquilo- me calmó mi compañero y me ayudó a ponerme en pie- Ya está todo solucionado.

Fue apoyar la pierna del cuchillo y me caí como un peso muerto de nuevo al suelo. Sherlock me ayudó a apoyar mi peso sobre él y no tener que pisar con la pierna mala, después me pasó un brazo por debajo de la axila para sujetarme mejor y con la mano que le sobraba cogió la mía y la apretó fuertemente para demostrarme que estaba allí. Noté que en la espalda y escondida en su pantalón llevaba una pistola. Me asusté un poco pero su agarre me calmó. Salimos de la sala marrón a un pasillo larguísimo y con varias puertas de metal. Parecía que estábamos en un hospital, las paredes eran blancas al igual que los fluorescentes del techo y hasta se podía oler a desinfectante en el aire. Caminamos muy despacio y sentía que la cabeza me daba vueltas cuando pasamos al lado de la habitación donde había estado Sherlock.

- Charlotte- le recordé.

- John, ahora no te preocupes por eso, tengo que llevarte al hospital. Seguimos caminando durante lo que a mí se me hicieron horas por un laberinto de pasillos, Sherlock parecía perdido, ponía una mueca de fastidio cada vez que girábamos una esquina y solo encontraba más pasillo. Yo solo podía dejarme guiar por él mientras no apartaba mis ojos de su rostro. Él, al contrario, me mandaba miradas furtivas de vez en cuando que hacían que me saltara el estómago dentro de mí. Ahora que nos salvaríamos, ¿qué pasaría? Intenté no pensar en ello pero la duda no dejaba mi mente. Quizá ahora negaría todo aquello que dijo, que había llorado por mí o que habría dado su vida por la mía. Quizá incluso todo había sido una invención de mi cerebro en un momento de pánico.

- Sher...

-Te he dicho que no hables- me cortó con toda la neutralidad que pudo.

- Lo que me dijo Henry, ¿es verdad?- me dolía el pecho al hablar pero tenía que saberlo.

- No sé qué te dijo Henry, ahora calla- su voz se transformaba en enfado.

- Que pediste que te lo hiciera a tú y me dejara libre. Como si un jarro de agua fría hubiese sido echado se paró en seco y me miró fijamente.

- Si ya lo sabes para qué me preguntas.- Bajé la mirada avergonzado. Si hubiera tenido más sangre en el cuerpo seguramente habría subido hasta mis mejillas y me habría hecho sonrojar.

- Ya te lo dije, no me hagas repetirlo más, eres lo más importante que tengo.

- Pero, ¿por qué...?- no me dejó acabar ya que me calló con un beso.

No fue romántico ni bonito, solo pegó sus labios con fuerza contra los míos para callarme.

- Te dije que te callaras.

- Creo que voy a hablar más a menudo- susurré pero me escuchó y le hice sonreír.

No hablé más en todo el camino. Encontramos unas escaleras y comenzamos a subirlas. Estábamos tres pisos bajo tierra. Cuando las escaleras se acabaron salimos a un garaje. Al final a la derecha se veía la salida a la calle y el ruido de la ciudad. Dentro solo había unos pocos coches, entre ellos una furgoneta blanca, como las del parkin de aquel día.

- Vamos- Sherlock me dirigió hacia ella y no supe entender muy bien por qué. La puerta de atrás se abrió y alguien bajó de la furgoneta, era Charlotte. En ese momento todo se ralentizó, casi se paró el tiempo. Nos hizo señales para que la siguiéramos. Esa zorra me había engañado, nos había engañado. Todo un mes estando con ella, enamorándome de ella. Había estado en mi casa, en mi salón y lo peor de todo no era que casi me mata su maldita secta, había intentado herir a mi Sherlock. La furia se mezcló con la droga que llevaba en la sangre. Sin pensarlo dos veces dirigí mi mano a la espalda de mi compañero y saqué la pistola. Apunté directamente a Charlotte en la frente. Escuché a Sherlock gritarme que me detuviera, incluso intentó interponerse en la trayectoria de la bala pero yo ya había disparado y Charlotte caía hacia atrás ya sin vida. Entonces todo volvió a acelerarse. Sherlock corrió a agacharse sobre ella y yo caí al suelo inconsciente.

Cuando abrí los ojos sentí frío. Una enfermera estaba cambiándome el suero.

- Ha despertado- me rasqué la cabeza- llamaré al doctor. Desapareció por la puerta y a los pocos minutos entro el que era mi doctor.

- Buenos días, doctor Watson. Ya nos tenía preocupado- sacó una pequeña linterna y me revisó los ojos así como las pulsaciones y otros signos vitales- Parece que está bien. Podrá caminar en unos días. Avisaré a su pareja de que ha despertado.

¿Pareja? Retiré la sabana y mi muslo estaba vendado de arriba a bajo. Presioné un poco y me dolió. Abrieron la puerta de nuevo y unos rizos negros asomaron.

- ¡Ah!- Sherlock soltó un pequeño grito de alivio y se acercó a mi cama- Menos mal que despertaste, no sé que hubiera hecho si hubieras muerto por mi culpa.

- Sherlock, no es tu...- reí ligeramente- ahora no hablemos de eso.

- Claro- se sentó en la cama y me observó.

- ¿Qué es eso de pareja?- le pregunté no muy seguro de querer la respuesta.

- Solo dejaban quedarse a familiares y parejas, así que dije que lo era- la pequeña llama de esperanza se apagó y mi sonrisa se esfumó tan rápido como había llegado.

Lestrade entró por la puerta corriendo y sonrió al verme despierto.

- ¡John! Qué alegría verte despierto.

-Gracias, Greg, yo también lo estoy- bromeé intentando tapar lo que acaba de ocurrir pero por la mueca que puso Sherlock no había funcionado.

- John, luego tendré que hacerte algunas preguntas sobre lo ocurrido con la señorita Northman y...

- Dije que era tu pareja- le cortó Sherlock y no le importó que no estuviéramos solos para continuar- porque ahora... Lo soy, ¿no? Creo que al besarte me convertí en eso sin quererlo. Me quedé mirándole a sus azules ojos sin pestañear, Lestrade carraspeó detrás de nosotros y balbuceando algo se marchó de la habitación cerrando la puerta.

- ¿Qué tú qué?

- No creo que la contusión sea tan grande como para que no entiendas el habla humana, John.

Le dejé acabar de chincharme como siempre y le tomé por las solapas del abrigo acercándolo a mí para besarle. No era un buen besado, más bien era torpe, pero poder rozar y saborear los labios de Sherlock Holmes era todo lo que podía pedir en esta y en la siguiente vida. Se recostó sobre mí pero sin recargar su peso y continuó besándome. Apresé sus rizos con una mano y con la otra acercaba su cuerpo más al mío. Quería sentirle cerca, saber que era real y que por fin estaba conmigo. Abandoné su boca y besé su cuello a la vez que le sacaba la dichosa bufanda azul. A la luz del fluorescente su piel relucía como el mármol. Se separó de mí y se quitó el abrigo junto con la chaqueta y comenzó a quitarse los botones de la camisa. Le paré para que me dejara hacerlo a mí y, poco a poco, fui descubriendo nuevos trozos de piel que luego tendría tiempo de besar. Me besaba y se movía con prisa, como si quisiera acabar pronto. Ya se estaba desabrochando el cinturón cuando le paré.

- Sherlock, para.

No me hizo caso y siguió.

- Sherlock- le tomé de las manos y le obligué a mirarme- Sé que es tu primera vez, también la mía, al menos con un hombre. Haremos esto juntos, ahora tienes que tranquilizarte. Si no estás agosto buscaremos otro momento...

- No, quiero hacerlo ahora. Se soltó de mi agarré y me volvió a besar.

Esta vez fue más lento pero las manos le seguían temblando un poco. Terminé de sacarle la camisa y le abracé hundiendo mi cabeza en su pecho. Olía bien, a jabón mezclado con sustancias químicas. Le acaricié la espalda tranquilizándole, una camilla de hospital no era el mejor lugar que digamos pero si él lo quería, así sería. Tras varios minutos de más besos y más caricias se quitó el pantalón y el calzoncillo. Con mucho cuidado se sentó sobre mí con una pierna a cada lado de mi cadera intentando no apoyarse sobre mi muslo malo. Noté que ya estaba duro y levanté mi camisón para que viera que yo estaba en igual de condiciones. Le obligué a levantarse un poco y mientras acariciaba con una mano su pene, con la otra introduje un dedo dentro de él. Soltó un gruñido pero no se movió. Con el dedo fui haciendo círculos cada vez más profundos y cuando notaba que había suficiente espacio, metía otro más. Los gruñidos de dolor cambiaron a ser pequeños gemidos de placer. Sherlock separó mi mano de su entrada y me asintió afirmándome que ya estaba listo. Yo tenía los movimientos contados por la posición por lo que fue él el quien cogió mi miembro y poco a poco se lo fue introduciendo. Se quedó quieto unos minutos para acostumbrarse a la sensación. Por mi parte, yo estaba en el cielo. Poco a poco y ayudado por mi fue moviéndose, primero lento y torpe, después rápido y con la soltura de haberlo hecho todos los días.

- John...- gimió y me agarró de los hombros aún más fuerte. Cada vez que rozaba su punto G temblaba un poco y decía mi nombre.

- ¡Sherlock!- grité al sentir como me mojaba la mano que no había parado de masturbarle y sentía como encogían sus músculos a mí alrededor haciendo que no tardara mucho más en correrme yo también. Salió de mi con cuidado y se tumbó a mi lado jadeando. Me recosté apoyándome sobre su pecho y nos tapé con las sábanas blancas.

- Eso...- empezó- estuvo bien.

- Sí, ya veras como dentro de poco aprendes a hacer el amor bien.- recibí un golpe como respuesta y me reí arrancándole una sonrisa.

- La próxima vez que no tenga ventanas la habitación... Miré hacia la pared y sí, se me había olvidado que allí había una ventana que aún tapada con una cortinita dejaba ver lo que había al otro lado.

- ¡Sherlock!


Aclaraciones

He decidido cambiar el final por los numerosos reviews que he recibido. Vosotros sois mis lectores y si querias algo diferente debía ser así, porque al fin y al cabo escribo para vosotros.

Muchos habeis mostrado vuestro desacuerdo de forma respetuosa, otros no tanto. Estoy orgullosa del final que le di y solo hago este cambio porque me lo habeis pedido. La verdad, es que me he sentido muy mal, decepcionada, he pensado hasta borrarlo mientras leía los comentarios.

Aclarando algunos reviews: Que sea de temática Johnlock NO quiere decir que vaya a haber un final feliz. Que sea Johnlock y M no quiere decir que tenga que haber una escena de sexo gay obligatoria, el rating M es por el gore, la tortura y la escena de sexo entre John y Charlotte.

Agradecería que NO me publicarais reviews para intentar convencerme de que así es mejor. Pór último y más importante: Andrea, de nuevo muchísimas gracias por tu apoyo con esto, no hace falta que vuelvas a asustar a nadie por mí xD

Mi nuevo fic: Cuando la luz nos encuentre está actualmente en progreso, por si alguien aún no lo sabe.