CAPITULO 11
- ¿Te molesta la idea de pasar la noche aquí?
Candy no contestó. A decir verdad si le incomodaba el hecho de estar en medio de la nada con Terry, en una cabaña sumamente acogedora, un poco sucia pero muy agradable; con la lluvia como música de fondo y ambos completamente mojados, no quería pensar demasiado en ello pero la situación era extremadamente romántica y tentadora... Estaría sumamente feliz si Terry fuera su novio y pudieran disfrutar de esta oportunidad sin remordimientos y futuros reproches.
- Candy… -susurró Terry
El escuchar su nombre la trajo a la realidad.
- ¿Eh? ¿Me decías?
- No nada… en realidad quería saber si… bueno… ¿te molestaría pasar la noche aquí?
- Pues… no en realidad, lo que me incomoda es estar así de mojada –señaló su ropa- Hace frío ¿no te parece?
Hasta este momento Terry cayó en cuenta de lo mojados que estaban. Y era verdad, ahora que ella lo mencionaba se sentía sumamente frío el ambiente, se le ocurrían muchas maneras de cómo entrar en calor… pero no, no era lo correcto. Por lo menos no mientras ella no aceptara sus sentimientos.
- Si, hace demasiado frío.
- ¿Qué te parece si continuamos el camino?… igual mojados ya estamos… -bromeó
- Pues no lo creo conveniente. –Comentó él- Mira Candy, la tormenta está realmente fuerte, no podríamos encontrar el camino de regreso al auto. Además, la tierra a causa de lluvia debe estar muy floja, sería muy peligroso caminar así.
- Tienes razón. Yo lo decía porque en verdad tengo mucho frío y mientras más rápido salgamos de esto menos será la posibilidad de enfermar.
Bien, ese era otro problema. Que Candy enfermara por lo mojado de sus ropas. Tenía que solucionar esto ¡Ya!
- Acompáñame –le dijo mientras se ponía de pie.
- ¿Nos vamos?
- No… pero podemos ir a buscar algo dentro de la casa que nos ayude con nuestro problema de la ropa mojada.
- Mmm… no sé.
- ¡Vamos! No hay nadie en la casa.
La pequeña cabaña consistía de dos pisos, en la planta baja estaba la sala y una cocina-comedor que parecía no haber sido usada en mucho tiempo; en la planta alta estaban tres pequeños dormitorios y uno de mayor tamaño que fungía como habitación principal. En ella estaba un closet amplio en donde había varias piezas de ropa, ésta ya estaba muy gastada.
- Aquí solo hay ropa para hombre.
- Es peor que nada.
- Yo sé, pero… seguiré buscando, probablemente en otra habitación haya más de donde podamos escoger.
Ambos salieron de la habitación principal y se dirigieron a explorar las demás habitaciones, en el corredor Candy le preguntó a Terry…
- Terry… ¿quién vivía aquí?
- Te comenté… era una pareja de ancianos muy amables. Solía venir aquí durante mis estadías en Londres. Este era mi lugar favorito de Inglaterra, muy acogedor y la vista del lugar donde te lleve antes… era el sitio perfecto para pensar.
- Entiendo.
- Te noto incómoda…
- ¿A mí? No… para nada.
Entraron a un dormitorio que parecía haber pertenecido a una adolescente. En todo el tiempo que visitó a los Stevens nunca les preguntó si tenían hijos o nietos; en esos tiempos él se dedicaba a escuchar los relatos de adolescencia de Roger y Agatha y ellos nunca le comentaron si habían concebido o no; bueno, él tampoco se tomó la molestia de preguntar.
- Parece que aquí podemos encontrar algo para ti…
El cuarto estaba decorado con un motivo de flores y el tono de las paredes era rosa deslavado, todo estaba muy empolvado pero conservaba un orden inmaculado.
Candy exploraba cada cuadro y fotografía en la pared del lugar, en algunas fotografías se observaba a una pareja joven con una bebé en sus brazos y en otras una niña de cabellos cobrizos rizados, ella era muy bonita y parecía feliz; en cada foto su expresión era de paz y felicidad. Por último, había solo una foto en un buró cerca de la cama, en ella se observaba a una joven de unos veinte años; pero su mirada ya no reflejaba la felicidad de niña, en su mirada se podía notar tristeza y melancolía. Por la cabecera de la cama pudieron notar que la joven que habitaba el dormitorio se llamaba Lauren y aunque la habitación tenía un closet no había ninguna prenda colgada en él.
- Creo que la pareja que visitabas tenía una hija.
- Así parece… En realidad no lo sabía. Nunca les pregunté si tenían hijos
- Es una lástima que no haya ropa de ella, sin duda podría ayudarme a no sentir frío con esta que traigo puesta.
- Tienes razón… pero vamos a seguir a los demás dormitorios. Talvez haya algo allí para ti.
- Claro
Entraron a los demás cuartos pero ninguno parecía haber sido habitado, todos estaban vacíos. Bueno, a excepción de uno… en este había un enorme baúl de cedro y tallado magistralmente.
- ¿Qué tendrá adentro? –preguntó Candy curiosa
- No que no era correcto husmear en casas ajenas. –bromeó él
- Yo lo sé… pero ya que no hay nadie que pueda decirnos algo. Bien, podemos ver que contiene ¿no?
- Jajajaja…
- No te burles, soy una mujer curiosa.
- Ya me di cuenta
Les costó, pero al fin pudieron abrir el baúl. Dentro de éste había gran cantidad de ropa que parecía haber pertenecido a la joven hija de los Stevens, así como muchas de sus pertenencias personales tales como joyas, maquillaje y otro pequeño cofre de color morado suave.
- Creo que puedes encontrar algo de esta ropa que te quede bien. –sugirió Terry
- Si, eso creo.
- Entonces te dejo para que te cambies, mientras yo voy al otro cuarto a probarme algo de la ropa que habíamos encontrado con anterioridad.
- No…
- ¿No?
- Es que… me da miedo quedarme sola. –susurró Candy
- ¿Miedo?
- Es que este cuarto… me da escalofríos. ¿Podrías quedarte mientras me cambio?
En el rostro de Terry se asomó una leve sonrisa. Candy entendió perfectamente lo que esto significaba y hasta ese momento se dio cuenta lo que le acababa de pedir. ¡Por todos los cielos! ¿Estaba loca o qué?
- Claro… -titubeó- Tendrías que voltearte…
- Ah… yo creí que querías que te ayudara a cambiarte. Puedes sentir los dedos entumecidos por el frío ¿no lo habías pensado?
- Mis dedos están perfectamente bien. –Dijo enojada- Esto es lo que me saco por pedirte un favor.
- Vamos Candy, era una broma. –sonrió Terry.
Claro que lo había dicho todo en broma pero no había nada más cierto en esta Tierra como el querer ayudar a Candy a quitarse el frío… de una manera no tan… "común"… pero manera al fin
- Para que mires que mires que era broma, me volteo y tú te cambias –dijo dándole la espalda- ¿Ves? Puedes cambiarte con toda confianza.
- Pero no voltees ¿eh?
- Nunca lo haría –"a menos que me lo pidieras" pensó
Candy buscó dentro del baúl algo cómodo y lo suficientemente cálido para ponerse y quitarse el frío que amenazaba con provocarle un resfriado. Encontró unos pantalones de mezclilla, una blusa de algodón de cuello alto y un suéter de lana muy grande para ella pero muy acogedor.
Sin quitarle la vista de encima a Terry, para que no hiciera algún tipo de trampa, se quitó la ropa y se puso la que acababa de escoger. Al momento de sentir la ropa seca en su cuerpo, el temblor fue disminuyendo. Ahora se sentía más cómoda y con menos locas ideas en su mente de cómo poder entrar en calor junto a Terry…
- ¡Listo! Ya puedes voltear
- No será necesario. De cualquier manera debo salir –dijo sin voltear a verla- Yo también tengo frío y seguramente encontraré algo seco que ponerme
Entonces Terry salió de la habitación, seguido salió Candy; pero el castaño se encerró en la habitación principal para evitar mirar a la rubia. Saberla casi desnuda, a unos cuantos pasos de él habían hecho estragos en su poco autocontrol. No quería… no podía… resistirse a la tentación de tomar el cuerpo de Candy y demostrarle con caricias lo que su corazón y alma sentían por ella. ¡Era un suplicio aguantarse las ganas de besarla! Y ahora estando solos, en medio de la nada… no lo ayudaba en nada.
Encontró dentro de las pertenencias algunas prendas que podría usar; seguramente todas estas prendas habían pertenecido al señor Stevens y éste era un hombre un poco corpulento y alto, a pesar de su edad; por lo que ciertos conjuntos no le quedaron bien, pero era peor que nada. Después de recuperar el control de sus emociones o mejor dicho de sus instintos… salió a buscar en que lugar se había metido Candy.
Candy al notar que Terry no necesitaba de su compañía en el cuarto, así como ella había necesitado de él; decidió bajar al primer nivel y explorar un poco más el lugar. La lluvia parecía no querer dar tregua, así que era mejor hacerse a la idea de tener que pasar la noche en el lugar. Parecían ser más de las cinco de la tarde, y por más que dentro de algunos minutos parara la tormenta, sería demasiado tarde y estaría muy oscuro para poder regresar al auto y retomar su camino de regreso a la ciudad.
Como ya había visto la sala, se dirigió a la cocina… esta era pequeña pero tenía un encanto inigualable. A pesar del tiempo y el polvo mantenía su magia. Todo estaba muy ordenado, Candy pensó que sin lugar a dudas con un poco de limpieza el lugar sería un sitio perfecto para pasar tardes enteras preparando platillos exquisitos; aunque la cocina no se le diera mucho, pensó.
Entonces vino a su mente, que en realidad nunca había pensado como sería su vida después de casarse con Anthony. Ya tenían planeado que mientras tenían hijos, vivirían en el departamento del rubio, cosa que Candy le pareció muy adecuado. Pero ahora, al ver este lugar, tan acogedor… la casa de Anthony le parecía demasiado fría, era eso… una casa, y ella buscaba un hogar. "Un hogar" pensó, el hogar no lo hace la estructura o los muebles del lugar, lo hacen las personas y los sentimientos encerrados en él. Sentimientos que, estaba segura no sentía por Anthony, entonces… ¿por qué le era tan difícil admitirlo? ¿Por qué era tan cobarde en aceptar lo que sentía por…
- Te estaba buscando
Terry. Terry era la persona con la que ella quería formar un hogar. Pero había llegado a su vida demasiado tarde. Ahora ella ya no era una mujer libre, tenía un compromiso y no estaba dispuesta a romperlo. Romperlo sería muy injusto para Anthony.
- Ah… como tardabas, decidí explorar el lugar. Todo es tan encantador. –le sonrió
- Si lo sé. Yo adoraba visitar este lugar.
- Entiendo porque lo hacías, tiene una magia especial ¿no te parece?
- Si
- Te queda muy bien esa ropa –bromeó. Era obvio que no le quedaba bien, todo le quedaba muy flojo. Terry era alto y esbelto, contrario a lo que la ropa hablaba del dueño. Seguramente, el dueño de la ropa estaría pasado un poco de peso.
- Jajaja… claro ¡búrlate!
- Lo digo en serio -se carcajeó
- A ti en cambio, la ropa te queda muy bien. Seguramente a quien perteneció era muy parecida a ti.
- Eso parece.
- Bien, lo importante es que ya no tenemos encima esa ropa mojada. Ahora podemos estar más cómodos durante la noche.
- ¿Piensas que no podremos irnos hasta mañana?
- Es lo más probable Candy, la lluvia ya no es tan fuerte. Pero la noche ya casi ha caído. Debemos ser precavidos.
- Si, entiendo.
- Lo bueno es que todavía nos queda un poco de comida en la mochila.
- No tengo hambre
- Ahora no, pero seguramente más tarde si tendrás. Vamos a la sala y nos sentamos frente a la chimenea ¿te parece?
- Si
Caminaron hasta la sala, como lo habían hecho al entrar a la casa se sentaron en la alfombra frente a la chimenea. Se quedaron en silencio largo rato, pensando… tratando de olvidar todos los elementos que los perturbaban de disfrutar esta oportunidad.
- Lamento que todo haya terminado mal
- Para nada… es la vez que más me he divertido en mi vida. –sonrió la rubia
- ¿En serio?
- Si. Por ejemplo, nunca antes había caminado bajo la lluvia… fue divertido
- Si, es muy divertido. Más cuando uno salta en los charcos –recordó como lo había hecho para molestar a Candy.
- Bueno, eso si no me gustó.
- Lo imaginé.
- Pero ya en serio, me encantó salir contigo Terry. Todo fue muy especial, hasta la lluvia… todo fue perfecto
- Me alegro.
- Pero dime algo… ¿habías planeado que acabara así?
- No –sentenció rápidamente- Es verdad que quería dejar de último la visita a esta cabaña, pero creí que todavía era habitada por los Stevens, además que nunca creí que fuera a llover así de fuerte. No creas que quise aprovecharme de la situación
- Oh… no. No hablaba de eso, quise decir si planeabas que nos quedáramos a dormir en este lugar, con los Stevens, claro.
- En realidad no. Pensaba llevarte sana y salva a tu casa a una hora decente –bromeó- Pero si quería pasar el mayor tiempo posible a tu lado –se atrevió a tomar su mano
La sutil caricia desencadenó en Candy una serie de corrientes eléctricas en su cuerpo. Era tan difícil resistirse a las palabras amorosas y cargadas de adoración de Terry. Sus expresiones y atenciones con ella eran tan irresistibles. ¡Qué Dios la ayudara a no caer en la tentación esa noche!
- Lo que me preocupa es si mis padres se alarmarán porque no llego a dormir esta noche. –cambió de tema
- Ah… podrías intentar llamarlos. –sacó su celular.
- No te preocupes, aquí tengo el mío.
La rubia marcó el número de teléfono, pero no conectaba la llamada. Al parecer no había señal por la tormenta o por la ubicación de la casa.
- No tengo señal
- Yo tampoco –dijo Terry al intentar sacar una llamada- Parece que además, estamos incomunicados.
Oír esta última frase le hizo tener a Candy un vuelco en el estómago. Recordó la última vez que estuvieron solos con Terry… y lo que estuvo a punto de hacer. Si no hubiera sido por la llamada de Anthony, seguramente ella hubiera terminado haciendo el amor con Terry… ahora sin señal en sus celulares, nadie los interrumpiría…
Candy se levantó rápidamente de la alfombra, se dirigió a la ventana y observó para afuera. La lluvia casi había cesado pero la oscuridad se había apoderado del ambiente. Terry notó lo nerviosa que se había puesto Candy, pero no entendió el porque.
- ¿Te sucede algo?
- No… nada. Bueno, ¿crees que sería muy imprudente salir ahora que la lluvia casi ha cesado para regresar al auto?
Terry se asombró por la pregunta de la rubia. Era claro que no soportaba el hecho de permanecer mucho tiempo en ese lugar, pero ¿Por qué?
- ¿Por qué lo preguntas?
- Bueno… es que… no sé, talvez deberíamos regresar de una vez esta noche. –vio el asombro en la cara de Terry- Digo, mis padres pueden preocuparse por mi ausencia.
- Candy –se paró- No entiendo tu actitud… ¿me preguntas si sería imprudente? Y yo te respondo que sí. ¡Qué sería sumamente imprudente salir a esta hora con la tierra en tan mal estado por la lluvia!
- Bueno, era solo una pregunta –mintió
Terry volvió a sentarse frente a la chimenea, contrario a Candy que permaneció cerca de la ventana y ocasionalmente veía para afuera. La atmósfera del lugar se enfrió y no precisamente por el frío que había dejado la lluvia, era más a consecuencia de la distancia impuesta por Candy, era lo más sensato.
Alejarse de Terry.
Alejarse de la enervante idea de dejarse llevar por el corazón.
Alejarse de la idea de olvidarse de todo y seguirlo hasta el fin del mundo.
Alejarse de la idea que al lado de Terry ya nada le importaría.
- ¿Te ocurre algo?
- Nada ¿por?
- Bueno, estabas tan tranquila hace un momento y ahora estás tan extraña. ¿Te molestó algo que dije?
- Nada. ¿Qué podría haberme molestado?
- Bueno, eso mismo me pregunto yo. Pero si dices que no tienes nada, ¡te creo! –Le sonrió- ¿Quieres sentarte junto a mi? Estoy seguro que junto a la ventana hace mucho frío.
Candy titubeó, pero era verdad; junto a la ventana el viento era más frío. Y si le había dicho que nada ocurría era mejor creérselo ella misma.
- ¿Tienes hambre? –dijo Terry mientras acercaba la mochila que había llevado al viaje.
Aún tenía en su interior algunos emparedados y una que otra fruta. Lo que escaseaba un poco en sus provisiones era el agua, lo malo es que seguramente su sed no era a causa del agua.
Terry sacó los emparedados y le ofreció uno a Candy, la rubia no tenía hambre pero algo debía hacer para pensar en otra cosa y evitar hablar. ¡Qué mejor opción que llenar su boca de comida!
Comieron en silencio y muy despacio.
- Candy…
- ¿Sí?
- ¿Puedo hacerte una pregunta?
Candy titubeó. ¿Qué pregunta podría querer hacerle?
- Claro… -su voz sonó insegura
- ¿Eres feliz?
¡Qué pregunta! Mil respuestas cruzaron por su cabeza. La más lógica era decirle "Sí", pero no salía, intentó varias veces pero no salía.
- ¿Por qué lo preguntas?
- Bien… -ahora era él, el que titubeaba- Era para preguntarte ¿Qué se siente?
- ¿Qué se siente?
- Si, ¿qué se siente ser feliz?
- ¿No eres feliz? –preguntó sin voltear a verlo. Ambos miraban a un punto fijo en la chimenea.
Terry tardó en contestar. Aún no sabía que le había llevado a preguntar semejante tontería, es más aún no entendía que lo había llevado a preguntarle que se sentía ser feliz.
- No
Otra vez silencio.
- Creo que no sabes como responderme. Y lo entiendo… seguramente es inexplicable ese sentimiento. Pero ¿sabes? Me gustaría algún día llegar a serlo.
Candy no sabía que decirle, no sabía que contestarle.
- ¿Por qué no eres feliz? –fue lo único que salió de su boca
Terry la volteó a ver, ella también lo hizo. Sus ojos se observaron largo rato…
- Te lo diré… Pero antes, debo contarte parte de mi vida.
- Adelante
- Candy… Yo no puedo quejarme de mi vida. –Comenzó diciendo- Tuve una familia unida y mis padres me dieron mucho amor. Crecí siendo el hijo único y todas sus atenciones eran dirigidas a mi bienestar y seguridad. Fui un niño y adolescente muy feliz. Pero mi falta de felicidad no está dirigida a ese aspecto de mi vida.
La voz de Terry era serena y la seriedad con la que hablaba hacía que Candy no dejara de prestar atención a su relato.
- …Tuve novias… -siguió diciendo- No muchas, claro –bromeó- Pero si he sabido lo que se siente tener a alguien en ese aspecto. Nunca tomé demasiado en serio el matrimonio y el compromiso, ya sabes… así somos la mayoría de hombres –su voz sonaba honesta- Pero llegó un punto en mi vida, después de desarrollarme profesionalmente que deseé con quién compartir mis triunfos, alguien que se alegrara de mis alegrías y llorara en mis tristezas. Compartir mi vida con alguien. Vi con tristeza que me había dedicado gran parte de mi vida y mi tiempo a crecer profesionalmente y había olvidado mi crecimiento emocional; no me arrepiento de lo que hice, porque haberlo hecho me ha hecho quien soy ahora pero sé que pude haber dedicado algo más a mi lado sentimental. Con el tiempo noté que muchos de mis contemporáneos ya tenían a ese "alguien" a su lado, habían encontrado con quien compartir sus triunfos y yo estaba solo. En ese punto, me dí cuenta que yo también quería eso. Quería un matrimonio y una familia, quería ser padre. –Sonrió- Quería que de esa unión se hubiera formado un ser que amáramos y cuidáramos tal y como mis padres había hecho conmigo…
Candy no entendía porque oírlo le daba unas inmensas ganas de llorar.
- …Entonces, me dediqué a buscar a "ese alguien" que pudiera complementarme; pero no aparecía. Busqué mucho tiempo y no encontraba a mi otra mitad, como algunos le llaman "mi media naranja" –rió- Pero no quería darme por vencido –seguía viendo al frente- después de un tiempo, me di cuenta que talvez ese amor no estaba destinado a mi vida, y que perdería más tiempo buscándolo, en esa época conocía a Sophie –sonrió al recordar el momento- Ella era una mujer encantadora, de mundo, muy hermosa y yo me dejé llevar por mis ganas de formar una familia. La traté por un tiempo y me convencía a mi mismo que con el tiempo ambos nos enamoraríamos y tendríamos ese amor de novela, y le propuse matrimonio. Supuse que con ella formaría ese hogar que tanto anhelaba, ese hogar que pretendía formar con la mujer que amaba. Y así lo hubiera hecho de no ser por…
Terry se quedó callado, había sido demasiado honesto y temía que si no se detenía ahora… no podría callar lo demás. Candy lo notó, decidió preguntarle
- ¿Por? –preguntó temerosa. Preguntar era muy arriesgado pero debía saber, su corazón debía saber.
Terry sonrió
- Por ti.
- ¿Por mí?
- Si –volteó a verla, ella miraba al frente y sus ojos estaban cristalinos
Candy luchaba por no llorar. ¡Era ridículo! ¿Por qué debía llorar por lo que Terry le decía?
- … Esa noche que fuimos Sophie y yo a tu fiesta de compromiso –dijo con pesar en la voz- Yo nunca me imaginé encontrarte. Verte por primera vez fue abrir los ojos, fue darme cuenta que el amor a primera vista si existía. Fue saber que estábamos hechos el uno para el otro.
Candy intentó hablar, intentó callarlo. Terry no se lo permitió.
- Espera, ¡déjame terminar! Solo escucha
Candy aceptó seguir escuchándolo.
- Mira, lo último que yo quiero es incomodarte. Pero… necesito decírtelo. Necesito que sepas lo que siento.
- Está bien. –apenas se escuchó
- … Yo te vi, y supe que eras la mujer para mí. Se que suena ilógico pero al tocarte por primera vez supe que no podría vivir un segundo más en mi vida sin estar contigo. Cuando te encontré en ese jardín, llorando –sonrió amargamente- yo no pude evitar acercarme a ti y ver que te ocurría. Fue algo superior a mí. Después al tenerte tan cerca, besarte fue inevitable. No sabía a ciencia cierta que se había apoderado de mí, pero con ese beso quería demostrarte lo que me atormentaba desde que te vi bajar del brazo de Anthony por las escaleras de aquel salón… Sé que llegué tarde a tu vida. –Volteó a verla- Y sé que no tengo ningún derecho de pedirte que lo dejes todo por mí. Pero necesitaba decirte que estoy seguro que tú eres la mujer con la que siempre soñé, la mujer con la que deseo tener un amor eterno. La mujer con la que deseo formar una familia y con la que deseo celebrar mis triunfos.
- Terry yo…
- No… Candy, no digas nada. No es necesario. Yo entiendo tu posición y no te pido nada. Solo necesitaba desahogarme, necesitaba abrirte mi corazón.
Entonces ya nada pudo detener el llanto que Candy se esforzaba por retener. Las palabras de Terry la habían golpeado fuertemente.
- …¿Sabes? Nunca había envidiado tanto a alguien como envidio ahora a Anthony. –se burló de sí mismo- Él tiene algo que yo siempre voy a soñar tener… el amor de la mujer que amas.
Bien, si su corazón ya estaba golpeado; esto último lo termino de destrozar. ¿Cómo podía hacer sufrir al hombre que estaba segura amaba? Por más que deseaba negárselo a sí misma, no podía. ¡Amaba a Terry con todo su corazón! ¡Lo amaba! Y seguramente lo iba a amar toda la vida.
- Terry…
- Candy… ¿puedo pedirte algo?
- Si –dijo con un hilo de voz.
Terry sabía que ella lloraba. Si él no lo hacía era porque no quería que ella sufriera más viéndolo llorar.
- ¿Te puedo dar un beso?
Era una pregunta totalmente inesperada. De todas las cosas que ella pudiera pensar que él quería ésta era la que nunca se hubiera imaginado. Pero por primera vez en la vida respondió con el corazón.
- Si
Terry la volteó a ver sorprendido. No creyó oír esa decisión en su voz. Pero si no podría tenerla el resto de la vida, se conformaba con ese beso. Con un beso que guardaría por siempre en la memoria.
Se acercó a ella y la vio llorar. Vio restos de lágrimas en sus mejillas, él sabía que lloraba pero no la había visto, ahora su corazón se hizo pequeño. Ella sufría. ¡Ella sufría y era por su culpa! Por traer esta conversación al tema.
Se acercó un poco más y ella cerró los ojos. Candy esperaba ese beso, temblaba y no era por el frío. Se acercó tanto que el aliento de ella rozaba su rostro. Entonces, acercó su nariz a la mejilla de ella, la recorrió suavemente, lentamente. Quería guardar en su memoria cada roce, cada sensación de este beso anhelado. Quería que nunca acabara esta sensación de felicidad, la sensación que ambos querían ese roce final, cuando sus bocas finalmente se encontraran.
CONTINUARA...
HOLA!
Aqui les dejo el nuevo capitulo de esta historia... ESPERO LES GUSTE...
MIL GRACIAS POR SUS REVIEWS...
Oligranchester, val rod, ChrisK, WISAL, luna, Lisseth, Janeth, marycruz, Rosi White, flor, Olgaliz, Mayuel, Rocio...
SUS PALABRAS ME IMPULSAN A SEGUIR... ME ALEGRA QUE LES GUSTE LA HISTORIA!
ahh... una cosa... ME CONFORMO CON QUE LEAN LA HISTORIA Y LES GUSTE... peroooo... no voy a negar que me encantan sus reviews y saber que piensan...
ASI QUE... SUGERENCIAS, COMENTARIOS Y CRITICAS... seran bien recibidas! las esperare ansiosa... jejeje...
SALUDITOS!
P.D. Rocio: para iniciar sesion.. necesitas abrir tu cuenta con un correo electronico y llenar algunos datos... es muy facil y rapido!
