CAPITULO 14

Candy estaba muy emocionada. Nunca antes se había sentido tan feliz en toda su vida, no se arrepentía de haberle aceptado la propuesta de Terry de irse y no mirar atrás. No era honesto hacerle esto a Anthony, pero la actitud de éste le había hecho ver que no estaba dispuesto a dejarla ir y ella no quería permanecer por compromiso a su lado. Hacer eso, sería menos honesto.

Recorrieron el pasillo del hospital cual ladrones huyendo de la policía. No le debían explicaciones a nadie pero a fin de cuentas temían que algo o alguien impidieran su escapada. Terry canceló con su tarjeta de crédito la cuenta de su estancia y tomado de la mano de Candy llegaron hasta el estacionamiento donde la rubia había dejado su auto.

- Creo que fue una gran idea que trajeras tu auto

- Si, tenía planeado llevarte a tu casa yo misma –le sonrió

- Ahora ya no será necesario. Debemos irnos, no quiero pensar que ocurriría si te arrepintieras de irte conmigo.

- Eso no pasará –le aseguró

- Cuando te lo propuse creí que te negarías a hacerlo.

- Nunca lo haría. Estoy segura que quiero estar a tu lado para siempre. –lo abrazó.

Ella se acurrucó en su pecho mientras que con sus brazos cubría su cintura, él con la mano que no tenía vendada le recorrió la espalda y besó tiernamente su frente. Por primera vez en su vida se sentía completo. Candy apretó el abrazo y esto provocó que él lanzara un gemido de dolor, aún le dolía el torso por las costillas que se había roto por el accidente.

- Auch –se quejó

- Lo siento –dijo ella apenada

- No te preocupes.

- Como no, te lastimé. Soy una impulsiva. No debí abrazarte tan fuerte –quiso alejarse de él.

- De ninguna manera. Tú puedes abrazarme lo más fuerte que puedas. Si quieres puedes estar así para siempre –la cubrió nuevamente con su brazo sano.

- ¿Aunque te lastime? –levantó su cara para verlo

- Nunca podrías lastimarme si estas a mi lado, pequeña.

Le sonrió y se apoyó en su pecho otra vez

- Será mejor irnos, súbete al auto. –le abrió la puerta de copiloto- Dame las llaves

- ¿Tu manejarás?

- Claro, mi brazo está un poco lastimado; pero creo poder hacerlo –dijo él sonriente

- ¿Seguro? Recuerda que la última vez que lo hiciste nos causaste un tremendo accidente –se burló

- Creo que de eso tu eres la culpable, Candy. Si no me hubieras distraído con un beso, nada de esto hubiera sucedido. –le reclamó él, devolviéndole la broma.

Ella comprendió entonces que había sido verdad, ella era la culpable de todo lo ocurrido y se reprendió nuevamente. Gracias a Dios todo había salido bien, ¿pero y si no hubiera sido así?; ¿y si le hubiese ocurrido algo malo a Terry? Nunca se lo hubiera perdonado.

Terry vio la angustia apoderarse del rostro de Candy, y entendió no había sido muy acertado bromear de esa manera con ella. El accidente estaba muy reciente e imaginó lo atormentada que había estado la rubia por las horas de inconciencia que él había atravesado.

Rodeó el auto y se acercó a ella.

- Lo siento Candy, fue una broma de pésimo gusto. No era verdad, tú no tuviste la culpa. Yo fui, él que no vio el muro en la curva. Fue mi culpa nada más. –la abrazó

- Terry, si algo malo te hubiera pasado…

- Shhh –le puso un dedo en los labios- No ocurrió. Pensemos en otra cosa ¿te parece? –le sonrió

- Me parece –le devolvió la sonrisa

- Ahora si ya vámonos. –se apartó de ella y caminó al asiento del conductor- Puede vernos alguien. No quiero que cambies de opinión de irte conmigo.

- Eso no sucederá, ya te lo dije.

- No quiero arriesgarme, ¿me darás las llaves?

- Será mejor que yo maneje. –dijo ella

- No. Tú no sabes al lugar a donde pienso llevarte. Será una sorpresa, solo debemos pasar por algunas cosas a mi departamento; y listo. Nos iremos y no nos volverán a ver en mucho tiempo.

Entraron al auto de Candy y él encendió el motor.

- ¿No regresaremos? –preguntó mientras se abrochaba el cinturón

- Claro que lo haremos, pero después de un tiempo. Personalmente espero que sea mucho, mucho tiempo. Lo único que me hace falta para ser feliz, ya lo tengo finalmente conmigo –le tomó una mano

Ella sonrió y cada vez se sentía más segura de estar haciendo lo correcto.

- ¿Qué crees que pensarán cuando no nos encuentren? –preguntó ella

Él dudó un momento y fijó su vista en la pista. Seguramente todos sabrían que había escapado de todo y confirmarían las sospechas que pudieran tener por lo ocurrido antes del accidente que habían tenido juntos. El principal problema que veía a todo era Anthony. Lamentaba tener que causarle esta pena, pero había decidido ser feliz con Candy mucho antes que ella lo aceptara, ahora que finalmente ella había reconocido sus sentimientos; de ninguna manera echaría sus pasos hacia atrás, aunque esto significase lastimar al rubio.

- Supongo que sabrán que estamos juntos.

- Si, es lo más probable. -suspiró

- ¿Te arrepientes?

- Para nada –sonrió- es solo que… me preocupa la reacción de Anthony

A Terry también, más que nada por el futuro de la compañía.

- Creo que al final lo entenderá

- Eso espero.

Candy volteó su rostro a la ventana y pensó nuevamente en Anthony. Lamentaba enormemente tener que hacerle esto, pero ella había querido conversar con él y plantearle su situación; peor él no se lo había permitido. Después la había dejado y se había ido de viaje a Nueva York, temía que si esperaba más se arrepentiría de estar con Terry y terminara casada por compromiso con Anthony. Aunque suponía que al principio su ex –prometido la odiara por abandonarlo de esa manera, con el tiempo llegaría a entender su proceder y le agradecería por no permanecer obligada a su lado. Talvez con el tiempo él también encontraría a ese ser especial que lo complementara en todos los sentidos.

- ¿A dónde vamos?

- Ahorita, a mi departamento. –sonrió

- No, tonto. Después de eso –él se carcajeó abiertamente.

- Ah… te referías a después…

- ¿Me vas a contestar o no?

- Está bien… está bien. ¡Qué carácter!

- Contigo no se puede

Volteó su rostro y lo ignoró. Terry se divertía por su curiosidad, pero no quería satisfacerla. Pretendía que el trayecto hacia su "destino" fuera una total sorpresa.

Cuando llegaron al edificio donde estaba el departamento de Terry, aparcó el auto de Candy y la instó a seguirla escaleras arriba para recoger algo de ropa, identificaciones y dinero.

Al entrar al espacio de Terry, Candy se maravilló. Todo estaba muy ordenado y cada rincón revelaba el estilo del castaño. La decoración era muy moderna y la mayoría de los muebles alternaban el blanco y negro. Recorrió el lugar con la vista y caminó por el lugar, Terry la observaba sonriente. Después se dirigió a su habitación y formó una pequeña maleta con las prendas más esenciales que pudo encontrar en el armario. Cuando regresó a la estancia, notó que la rubia estaba sentada en el sofá de la sala y lo miraba curiosa.

- ¿Qué sucede?

- No tienes ninguna fotografía aquí. –miró alrededor

- Lo sé

- ¿Por qué?

- No sé, nunca había pensado en ello –sonrió

Terry tomó de una caja fuerte detrás de un cuadro del salón algunos documentos y la cantidad de dinero que tenía dentro de ella.

- Es raro

- ¿Qué cosa? –volteó a verla

- Que no tengas alguna fotografía de tu infancia o de tu familia

- Tengo fotografías pero no aquí.

- ¿Por qué?

- ¡Qué preguntona!

- Bueno, así soy. Soy curiosa ¿qué quieres que haga? –Sonrió- ¿Me responderás?

- La verdad no creo que haya una respuesta. Nunca me preocupé de hacerlo, eso nada más. –siguió preparando lo necesario para su viaje.

Terry preparaba todo para una larga estancia fuera de la ciudad. Tenía todo lo necesario para ello.

Candy se "conformó" con su respuesta, se levantó de su asiento y siguió recorriendo el lugar. Todo era muy moderno y todo respiraba elegancia, igual que su dueño. Pero no había calor, no era un lugar para formar un hogar. Había algo que le hacía falta.

Cuando Terry tuvo todo listo le pidió abandonar el lugar para emprender su camino a "su destino". Se condujeron hasta la planta baja y subieron nuevamente al auto, solo que en esta ocasión en uno de los que pertenecían a Terry, una camioneta negra; apta para la carretera, además de ser el único automóvil que el castaño tenía disponible, el otro había quedado destrozado por el accidente. El de Candy se quedó aparcado en el lugar de estacionamiento de Terry, dentro del edificio.

- Sabes como llegar a mi casa, ¿verdad?

- No iremos a tu casa.

- ¿Por qué?

- Nos retrasaremos. –encendió el motor

- Pero debo llevar algo de ropa, además de mi identificación. También mi celular y avisar en mi casa, a donde me dirijo. O donde encontrarme

- No lo creo conveniente.

- No puedo irme así. ¿Qué pensarían mis padres?

- Podemos llamarlos desde el lugar a donde vamos –puso en marcha el automóvil dirigiéndose fuera del estacionamiento

- Aún así debo llevar algo de ropa, o dinero. Mis documentos.

- de la ropa no te preocupes –dijo deteniendo la marcha un momento- Podemos ir a una tienda antes de salir a carretera.

- No, yo quiero mi ropa. Además no es así de sencillo, debo llevar dinero para mis gastos

- ¿Hablas en serio? –preguntó divertido

- ¿Por qué no habría de hacerlo?

- Porque de ahora en adelante no tienes nada de qué preocuparte, pequeña –le tomó la mano- Confía en mí. Te daré todo lo que necesites

Candy se estremeció con estas palabras. Era verdad que en este tiempo no había pensado en ello, pero era cierto… de ahora en adelante estaría unida a Terry y lo más probable es que dependiera de él, no le gustaba la idea de depender de un hombre, pero no se podía negar a permitirle protegerla.

- Bien, supongo que tienes razón. Pero tengo que ir por mis identificaciones… esas no puedes comprármelas de nuevo –rió- Será solo un momento.

- Tengo miedo

- ¿De qué?

- Que estando en casa te arrepientas de irte conmigo

- No tienes NADA que temer –le acarició el rostro- prometo que nada ni nadie podrá detenerme a irme contigo

- ¿Lo prometes? –le agarró la mano que lo acariciaba

- Lo prometo –levantó su mano

- Está bien.

Puso en marcha nuevamente el auto y condujo hasta la casa de Candy. Había estado en varias ocasiones fuera de ésta, pero nunca con esta enorme incertidumbre.

- No tardo

- Te amo –fue lo único que dijo

- Yo también –le dio un breve beso en la mejilla

Ella sonrió y bajó del auto para ir por sus cosas. Por un lado Candy también temía, no de arrepentirse a irse con Terry sino temía encontrarse con su madre y tener que darle alguna explicación sobre su decisión. No creía tener el valor de confesar sus verdaderos sentimientos, si era una ¡cobarde! Pero talvez con el tiempo y estando al lado de Terry encontraría la fuerza para enfrentarse a todos.

Entró a la casa y se percató que no había nadie además de los empleados. Era una casa grande y antigua, había pertenecido a los White por varias generaciones y su padre, en particular, quería mucho.

Subió las escaleras y se dirigió a su habitación, entró en ella y tomó la primera maleta que encontró. Abrió su armario y rápidamente tomó varias mudas de ropa y algunos artículos de uso personal, puso sobre su cama la maleta y sin importarle la pulcritud puso en dentro de ella las prendas elegidas. Se dirigió al tocador y tomó sus identificaciones y algunas tarjetas; pero al verse en el espejo antes de ir nuevamente a la cama vio una pequeña caja de regalo sobre éste. Sintió curiosidad y lo abrió. Dentro de ésta había un sexy negligé rojo y junto a éste una pequeña nota.

Amiga

Siento no poder estar en este momento en Londres, tuve que salir de la ciudad sin previo aviso; pero (no preguntes como) me entere que te irás con Terry. Me alegro mucho por ti amiga, y también por él. Merecen ser felices. Supuse que irías a tu casa por algunas cosas y avisar a donde te dirigías, te conozco y sé que siempre quieres dar explicaciones de tus actos a tus padres; consejo sano: YA NO LO HAGAS, eres adulta y siempre debes buscar tu felicidad antes de la de los demás. Espero que seas feliz y a mi regreso espero verte con la mirada feliz y dichosa, no como la que has mantenido estos días.

Si preguntas porque te regalo esto, es porque no sé cuando podría ser necesario. No te enojes, es un presente para los dos. Estoy segura que Terry me lo agradecerá.

Nunca te arrepientas de elegir el amor…

Karen

Al leer esto, Candy sonrió. Durante su lectura pasó por diferentes estados de ánimo. Primero alegría por saber que Karen aprobaba su decisión, luego reproche a Terry por no comentarle que le había a Karen sus planes; después complicidad, Karen entendía su posición y aún así la aconsejaba y la instaba a no darse por vencida en la búsqueda de su felicidad. Por último sonrojo, ¿qué pretendía Karen al regalarle esto? Un hueco se formó en su estómago, hasta ahora no había pensado en su relación íntima con Terry, pero era obvio que al elegir irse con él era consecuente dar el siguiente paso.

Sonrió nuevamente y guardó en su maleta el "regalo" de Karen junto a la nota. No pretendía enseñársela a Terry, ya vería después si el atuendo… si. Por el momento debía apresurarse. Garabateó una pequeña nota a su madre y la dejó sobre la cama, seguramente la verían hasta cuando ella estuviera lejos.

Cerró la maleta y dio un último vistazo a su habitación, esperaba no haber olvidado nada importante. Salió al pasillo y bajó las escaleras. Cuando estuvo en la planta baja dio otro vistazo y suspiró, extrañaría su casa; pero ya había tomado una decisión y nada le haría cambiar de idea.

Terry se mantuvo al filo del nerviosismo todo el tiempo que Candy estuvo dentro de la casa. No quería pensar demasiado, pero a su mente venían mil imágenes de Candy retractándose de su viaje. Le parecieron horas los minutos que Candy estuvo arreglando lo necesario para irse con él. Cuando finalmente la vio salir por la puerta con una pequeña maleta en la mano y sonriente, supo que sus temores no habían tenido fundamentos. Ella estaba allí, viéndolo. Juntos iban a irse lejos y a olvidarse todos.

Salió rápidamente del auto y corrió a ayudarle con su maleta.

- Te ayudo –tomó la maleta

- Gracias

- Tardaste mucho

- ¿De verdad? –Preguntó mientras caminaban al auto- Sentí que lo hice muy rápido. Es más siento que olvidé algo.

- Sea lo que sea, no te pienso dejar regresar. Ya lo compraremos, si es que en verdad se te olvidó.

Ella sonrió. Terry abrió la cajuela de la camioneta e introdujo la maleta de Candy, cerró la puerta y corrió a abrirle la puerta del copiloto a Candy.

- Gracias

Después se dirigió al asiento del conductor y al cerrar la puerta y encender el auto, respiró tranquilo. Finalmente se dirigían a… su hogar.

OoOoOoOoOoOoOoOoO

Anthony se sentía con un vacío enorme. Por años buscó encontrar a la mujer adecuada para formar una familia y al conocer a Candy creyó que era ella, ahora ya no estaba tan seguro.

No quería un matrimonio arreglado y sin amor, en ella encontró cariño y apoyo; pero ahora Candy estaba tan distante y fría.

Por eso quería que estuviera con él en este viaje, quería arreglar las cosas y que su noviazgo fuera otra vez lo que fue antes. Lleno de comprensión, apoyo, cariño… pero ella no había aceptado la propuesta.

La culpa de todo la tenía Terry…

Se negaba a verlo, pero cada vez la realidad se estrellaba en su mente. Cuando conoció a Terry, Candy comenzó a cambiar con él. Desde esa noche de la fiesta de compromiso cuando no quiso aceptar un beso suyo, hasta hacía unos días que había rechazado su propuesta de hacer el amor con él. Anthony pretendió convencerla de un amor inexistente con la pasión que él pudiera enseñarle, pero nuevamente ella lo había rechazado. Después estuvo el incidente de la "desaparición" de Candy, para después encontrarla accidentada al lado de Terry. No había explicación aparente para que estuvieran juntos. Pero temía preguntar.

No quería escuchar lo que tanto temía. Ella no podía hacerle esto.

- Sr. Andley –habló la secretaría de presidencia de Milk Industry

- Perdón

- Si, le decía que el señor Stevens no lo puede atender en este momento.

- Pero tengo una cita con él.

- Lo lamento, tuvo que salir de viaje. Pero dejó a su cargo a la licencia Johnson a cargo de la negociación.

- Entiendo. ¿Podría verla?

- Por supuesto, ella lo está esperando en su oficina.

- Muy amable.

Anthony se dirigió a la oficina de Kate y solicitó hablar con ella a su secretaria.

- La licenciada lo espera

- Gracias

Entró a la oficina y tuvo enfrente nuevamente a Kate Johnson, una mujer muy hermosa en la que poco había pensado en estos días.

- Anthony –le ofreció la mano- Que gusto verlo nuevamente

- Igualmente, Kate. –en lugar de apretar su mano, la besó.

A Kate miles de corrientes eléctricas le recorrieron el cuerpo. Nunca antes se había sentido así. Era muy extraño, apenas si conocía a Anthony Andley.

- Siéntese por favor. –le indicó Kate

- Nada de "siéntese", tutéame. Me haces sentir viejo. –rió

- Está bien, siéntate.

- Así está mejor. –sonrió

Anthony se sentó y comenzaron a hablar sobre lo que los tenía reunidos.

- Me sorprendió mucho que el señor Stevens no pudiera atenderme

- Es que tuvo que hacer un viaje de emergencia, pero no se preocupe todo va según lo acordado. Él licenciado Stevens dejó firmado parte del contrato para que no se atrasara la negociación.

- Entiendo. Me parece perfecto.

Hablaron otro rato sobre ciertos detalles del contrato que a Anthony no le parecían, llegaron en algunos casos a un acuerdo y en otros el rubio tuvo que ceder. Finalmente, podría decirse que el negocio estaba cerrado; solo quedaba una última reunión con ambos presidentes de las compañías y sus respectivos abogados.

Cuando terminaron ya era bastante entrada la noche, por lo que Kate también debía abandonar el edificio.

- Parece que ya todos se fueron –dijo ella al ver que el edificio estaba prácticamente en total oscuridad

- Tardamos demasiado

- Eso parece

- Te acompaño a tu auto –dijo Anthony cortésmente

- No, no es necesario. Además no tengo auto. –sonrió

- ¿no tienes auto?

- Bueno, si tengo pero está descompuesto. Estos días tengo que irme en taxi hasta que me lo entreguen del taller.

- Entiendo. Entonces te llevo

- No. No hace falta. Pido un taxi y listo

- De ninguna manera. Tengo el auto que alquilé para mi estadía en NY y puedo llevarte sin ninguna pena.

Kate dudó. No era que no quisiera irse con Anthony, pero la cercanía del rubio la ponía nerviosa. Durante la reunión de negocios, podía distraerse de decir algo inadecuado por la concentración que mantenía, pero ahora… era mejor no tentar a la suerte.

- Te digo que no es necesario –dijo cuando llegaron al primer nivel

- Y yo te digo que si lo es, no me cuesta nada llevarte. Además es peligroso que te vayas a esta hora en taxi.

- Lo he hecho varias noches

- Pero hoy no. Y no acepto un no por respuesta

Anthony lo dijo en tono bromista pero Kate sabía que era verdad, el rubio parecía decidido a no dejarla marchar en taxi.

- Está bien. Tú ganas.

Bajaron un piso más hasta el estacionamiento y se dirigieron a la casa de Kate, pero en el camino pasaría algo que les cambiaría la vida.

OoOoOoOoOoOoOoOoO

El camino desde Londres a su misterioso destino fue largo y agotador. En un principio Candy estuvo muy animada y conversaban de todo y nada. Pero luego de un rato, se quedó profundamente dormida. Se recostó en el respaldo del sillón del auto y ya no sintió el resto del camino. Terry al verla tan pacíficamente dormida, sonrió satisfecho.

¿Cuántas veces había soñado verla así, junto a él de camino a su hogar?

Muchas. Tantas que no se arrepentía de haber querido manejar, a pesar del leve dolor en el brazo que todavía mantenía. Porque viéndola tan confiada y decidida a estar con él, le hacía aminorar cualquier dolor físico que no era nada, comparado con lo que sentía al saberla ajena.

Era verdad que aún estaba "comprometida" con Anthony, pues no había terminado oficialmente con él; pero no era importante. Lo importante es que finalmente había aceptado sus verdaderos sentimientos. Nada importaba siempre y cuando estuviera con él. Seguía lamentando causarle esta pena a Anthony, pero no creía poder vivir sin Candy; era ilógico o talvez loco pero ella era tan necesaria para ser feliz.

Manejó durante horas y pronto anocheció. Ya le faltaba tan poco para llegar que no quiso detenerse a descansar a algún hostal en la carretera, además que Candy seguía dormida y como no había visto el camino a donde se dirigían quería que fuera una total sorpresa.

Después de otras tres horas de viaje en carretera, finalmente divisó la entrada de su villa. ¡Tanto tiempo tenía de no venir por estos rumbos! Se sentía feliz de ver sus tierras otra vez, pero lo hacía más feliz venir en compañía de Candy.

Manejó por la vereda hasta la casa principal y aparcó el auto frente a la reja de entrada. Vio que Candy todavía dormía. ¡Dios cuándo dormía esta mujer!

- Candy –la movió un poco

¡Nada! Solo se meneó un poco y se acomodó nuevamente. Sonrió. Esta mujer si que tiene el sueño pesado.

- Candy –trató más fuerte

¡NADA!

- Candy –gritó

Ella se despertó rápidamente y vio a todos lados. La oscuridad estaba presente en el ambiente y no podía divisar nada con claridad

- ¿qué sucede? –preguntó entre dormida y asustada

- Nada –sonrió

- ¿Entonces?

- ¡Ya llegamos!

- ¿Tan rápido? –se estiró somnolienta

- En realidad no fue tan rápido. –sonrió y se desabrochó el cinturón- Lo que sucedió es que te dormiste todo el camino

- ¿En serio? –él asintió- Lo siento.

- No tienes porque. Lo importante es que llegamos -abrió la puerta y se dirigió a abrir la de ella.

- ¿En dónde estamos?

- En Escocia

- ¿Escocia?

- Para ser más precisos en Edimburgo. El lugar donde crecí.

Candy bajó del auto ayudada por la mano caballerosa de Terry. Se estiró otro poco y observó alrededor.

- ¿Qué hora es?

- Debe ser como las dos de la mañana

- Terry siento tanto dejarte manejar todo el camino. Debimos descansar un rato.

- Pero si descansaste

Candy se sonrojó. Era verdad, ella ni había sentido el camino por venir dormida

- Lo siento. Debimos parar para que descansaras un momento

- No. Era mejor llegar cuanto antes.

La oscuridad no permitía ver mucho, pero lo poco que veía era estupendo. La entrada tenía una reja blanca y en el jardín se observaban decenas de rosas, rojas y blancas. Caminaron por el camino hasta la puerta principal y entraron. Se sorprendió un poco al notar que la puerta estaba abierta, pero supuso que era así en el campo. Terry la tomó de la mano y entraron a la enorme casa frente a ellos.

Si por fuera era bonita, por dentro era hermosa. Terry encendió las luces y Candy se maravilló del espacio tan acogedor y cálido. El frío ya se hacía presente en el ambiente, pero dentro de la estancia se sentía cálido. Terry tomó de su mano y se condujeron a la habitación que fungía como sala, entraron y el castaño se dirigió a encender la chimenea.

- Esto nos ayudará a entrar en calor.

Un ligero deja vu sintió Candy al escuchar esto. Se parecía mucho a lo que él había dicho en la cabaña en medio del bosque, solo que esa vez se sentía insegura junto a él ahora todo era distinto, estaba aquí en Escocia para seguirlo y ser feliz a su lado. Se había sorprendido que él la trajera hasta Edimburgo pero no se podía sentir más dichosa. Ahora, empezaría una nueva vida junto a Terry.

CONTINUARA...


HOLA!

Feliz dia.. les dejo un nuevo capitulo... espero les guste!

Creo que no se imaginaban que en verdad se fueran juntos... eso quería yo... que estuvieran juntos un tiempo por decisión de ambos, sin pensar en nadie mas... por el momento que disfruten, ya después se vendrá la tormenta... ahora falta ver ¿porque?

MIL GRACIAS POR SUS REVIEWS...

Lisseth, Oligranchester, WISAL, ChrisK, annie de madero, mariita, Rosi White, flor, Mayuel, Talia, Wendy, luna, Lisseth, cinthya, rocio, estrella, Julieta42, anon...

Les agradezco tomarse el tiempo de leer mi historia y comentarla...

Ya saben esperare... sus comentarios, criticas y sugerencias...

SALUDITOS..

P.D. pues actualizo... dos veces a la semana... solo que a veces me es imposible hacerlo el día que les había prometido... pero eso si, nunca dejare la historia a medias!