CAPITULO 15
- Para esta hora ya deben haber notado mi ausencia. –suspiró Candy
- Es lo más probable
Terry terminó de atizar la leña de la chimenea y se acercó a ella, se sentó en el extremo del sofá y la instó a acomodarse a su lado. Candy sonrió al verlo palmear la mano en el sitio junto a él y se acurrucó en su torso. Cerró los ojos y suspiró largamente.
- Me alegra estar contigo.
Él se acercó a su cabeza y la besó entre su pelo. Sonrió
- A mi también me fascina estar contigo, pequeña.
Siguieron así durante largo rato, ella recostada en su pecho, rodeándole el torso con el brazo izquierdo; y él rodeándole la cintura y su nariz enterrada en su pelo. Candy mantenía los ojos cerrados mientras Terry observaba el crujir de los leños en la chimenea.
Después de un rato, Terry la oyó suspirar lentamente… señal que se estaba quedando dormida. La placentera sensación de estar en sus brazos le hacía caer en profundo letargo.
- ¿Te estás durmiendo, pequeña? –susurró entre su cabello
- Umm –contestó somnolienta
Terry sonrió.
- ¿Todavía tienes sueño? –preguntó divertido
Ella no contestó, solo se acomodó más en sus brazos. Terry trató de moverse para llevarla en brazos a una habitación de la casa para que ella siguiera durmiendo. Le divertía lo dormilona que era ella. Había dormido prácticamente todo el camino y aún así tenía sueño.
- ¿A dónde vas? –preguntó mientras evitaba que se levantara.
- Te llevare a una cama, para que puedas dormir.
- No tengo sueño
- Candy no mientas, prácticamente estabas dormida
- No es verdad. Estaba pensando –mintió
- Claro… -sonrió- ¿Y en qué pensabas?
- En que… en… -se acurrucó nuevamente para que no viera la mentira en sus ojos.
- Ves, estás pensando mucho tu respuesta. ¡Estás mintiendo! –le levantó el mentón y graciosamente le tocó la nariz con la punta de su dedo índice.
- Claro que no. Te diré… pensaba en que me sorprendió mucho que me trajeras a Escocia. –volvió a acurrucarse
- ¿No te agrada?
- No es eso. Es simple sorpresa.
- Bueno… te dije que te traería a un lugar muy especial para mí
- ¿Aquí creciste? –levantó su vista a él.
- Ajá. Aquí pasé la mayor parte de mi vida. Me encanta estar aquí de nuevo, es como regresar a mi hogar.
- Ahora entiendo porque no tenías fotos en tu casa.
- ¿Por qué? –sonrió
- Bueno, imagino que tu subconsciente se negaba a ver como hogar ese frío departamento. Y no te culpo. Viendo todo esto –se levantó y caminó alrededor de la sala- no puedo imaginar otro sitio para llamar a un lugar… hogar.
Terry sonrió. Más que por las palabras de ella, sonrió por verse reflejado en cada gesto que Candy hacia al recorrer el lugar. Al igual que él, Candy podía notar el calor de esta casa. Ahora más que nunca podía sentirse feliz de volver a casa, volvía con su otra mitad; volvía después de encontrar, finalmente, la mujer que compartiría junto él cada momento del resto de su vida.
- Creo que tienes mucha razón, amor
Era la primera vez que la llamaba así, y sonrió. Bueno eso era ahora ¿no? Su amor. Y él era el de ella.
- Ahora ven acá. –palmeó nuevamente el lugar junto a él.
Candy fue presurosa y tomó nuevamente la posición que anteriormente tenía. Suspiró largamente y siguió conversando con él.
- ¿Sabes que sentí la primera vez que te vi? –se atrevió a decir por primera vez
- ¿Qué? –preguntó curioso
- Electricidad…
De todas las sensaciones que él creyó poder oír esta la desconcertó
¿Electricidad?... bueno, ni siquiera era un sentimiento.
- ¿Electricidad? –ella rió al oír la sorpresa en su voz.
- Jajajaja, es la verdad. Sentí una descarga de electricidad en todo el cuerpo. Nunca antes en mi vida me había sentido igual. Era tan extraño… recuerdo estar bajando las escaleras del salón de fiesta, y de todos los puntos que pude ver, lo que vi fue tus ojos. Lo recuerdo perfectamente, eran los ojos más profundos y atrayentes que hubiera visto jamás –el sonrió complacido y ella lo golpeó- ¡tranquilo presumido! –Él sonrió nuevamente- Bueno, ¿qué quieres que te diga? Es la verdad… ¡nunca! Sentí lo mismo al ver unos ojos. Fue lo primero que noté en ti, la profundidad de tu mirada. Por poco me caigo de la impresión –él se carcajeó- ¿Sabes qué? Mejor ya no te cuento. –fingió enojo
- Perdón, perdón –le besaba la cabeza, pues al notar burla en la cara de Terry se escondió nuevamente en su torso- Continúa ¿sí? Prometo no volver a reírme –levantó la mano en señal de juramento.
Candy no le hizo caso, siguió "enojada". Para ella era muy difícil admitir lo que sentía y ahora venía él con sus bromas…
- Vamos Candy, perdóname ¿Sí?
- Está bien, pero continúo otro día.
- Ahora
- No, además tengo sueño.
- ¿Todavía? Si dormiste todo el camino hacia acá.
- Aún así tengo sueño, durante días no dormí bien pensado en ti y que te mejoraras pronto para salir del hospital.
- ¿De verdad?
- Claro
- Bien te dejo dormir, pero ¿prometes continuar otro día? -Levantó su barbilla para mirarla a los ojos
- Lo prometo. –sonrió
Sin previo aviso, Terry se acercó y se apoderó de los labios de Candy. Era un beso cargado de amor y ternura. Fue suave y lento. El primero desde que habían decidido "fugarse". El primero de muchos que vendrían pronto. La besó durante largo rato, con el mismo ritmo y sin ninguna premura. Ahora ya no tenían prisas o inseguridades, besarse era lo más natural del mundo.
Lentamente, el beso fue concluyendo. Luego entre breves roces de labios, se fueron separando, pero mantuvieron su frente y nariz pegada. Sonrieron y ella se acomodó nuevamente en su torso. Podrían haber ido a una de las habitaciones de la casa y acostarse en una cama, pero Candy no lo quiso así, ella quería darse este gusto… permanecer abrazada a Terry en el sofá, viendo la chimenea, igual que la ocasión en que se quedaron en la misma posición en la cabaña dentro de aquel bosque; solo que ahora con la certeza que estaban juntos. Ahora lo disfrutaría, trataría de revivir esos momentos en que por miedo y compromiso no se permitió estar con Terry y disfrutar.
Ambos, abrazados y tranquilos, fueron quedándose profundamente dormidos.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
Los rayos del soy fueron golpeando suavemente su rostro, el letargo poco a poco fue abandonando su cuerpo y las sensaciones alrededor de él fueron siendo cada vez más fuertes. Sintió junto a él un cuerpo cálido y un peso sobre su torso. Sin abrir los ojos palpó el cuerpo de Candy aún sumida en la inconciencia junto a él, en la misma posición en la que se habían quedado hacia unas cuantas horas. Sonrió y finalmente abrió los ojos, la claridad del lugar le afectó un poco la visión y los cerró nuevamente. Trató nuevamente de abrirlos, solo que esta vez con más lentitud.
Cuando finalmente sus ojos se acostumbraron a la claridad, observó largamente a Candy. Aún estaba recostada en su torso pero su rostro lo veía directamente y aliento rozaba ligeramente su cuello y mantenía los ojos cerrados. Su respiración era lenta y acompasada, aún dormía. Quiso permanecer un momento así, viéndola y regocijándose de saberla suya. De tener plena confianza que lo amaba y permanecería a su lado para siempre. De ahora en adelante la vería cada amanecer como la veía ahora, la observaría acostarse junto a él cada noche y la vería despertar cada mañana. Un sentimiento de plenitud inundó su pecho. No necesitaba nada más para ser feliz. Lo tenía todo, la tenía a ella y con ella empezaba y acababa su felicidad.
Luego de verla por algunos minutos, sintiéndose observada ella también comenzó a despertar. Primero abrió un ojo y tal y como lo supuso él la estaba viendo, sonrió; lo cerró nuevamente y trató de incorporarse pero él se lo impidió. Entonces levantó la barbilla y lo abrieron los ojos. Ambos se observaron largo rato, reconociéndose. Sintiendo dicha de saberse juntos al fin.
- Buenos días –dijo él dándole un ligero beso en la nariz
- Buenos días –susurró ella estirando sus brazos hacia delante.
Candy trató de moverse para sentarse y ahora sí, Terry se lo permitió. Se sentó derecha y estiró el cuello para ambos lados, la posición en que había dormido durante la madrugada era muy incómoda, pero ahora eso no importaba. Ambos se levantaron y Terry se estiró cual largo era, los brazos alzados hacia arriba y el cuello moviéndose a ambos lados. Candy acomodaba sus prendas y arreglaba un poco su cabello, ¡debía verse terrible! nunca amaneció viéndose bonita, y dudaba que esta vez fuera la excepción.
Se volteó para que él no la observara y estando de espaldas a él limpió lo más que pudo su rostro, después trató de hacerse una cola en el pelo y sopló en su mano para verificar no tener mal aliento. Era extraño, nunca antes se había preocupado por esto.
De pronto sintió los brazos de él rodearle la cintura, ¿habría notado lo que hacía? ¡Qué vergüenza!
- Luces preciosa.
- Para nada, me veo fatal.
El sonrió y la besó en el cuello, la iba a voltear para poder besarla en la boca pero alguien más entró al salón, era Lucy… su nana.
- ¡Al fin despiertan! –dijo sonriente
- Lucy –fue hacia ella- Tanto tiempo sin verte.
- Pero mírate nada más, ¡qué grande estás Terry! todo un hombre. –sonrió al verlo.
Terry la abrazó y le dio un leve beso en la frente, Lucy era especial para él. La había extrañado mucho.
- Lucy, te quiero presentar a alguien -dijo tomándole la mano, notando la mirada perspicaz de ella al ver a Candy.
Ambos se acercaron a Candy que parecía complacida de ver a Terry tan cariñoso con la mujer frente a ella. Lucy era una mujer de mediana edad, baja de estatura y de complexión gruesa, su semblante era de una mujer feliz y amable. Parecía que Terry la apreciaba mucho, y ella también parecía querer mucho a Terry.
- Candy, te presento a Lucy. Ella es mi nana. –le tomó la mano a Candy- Lucy, ella es Candy. Mi esposa.
Candy se sorprendió muchísimo al oír como la había presentado a Lucy, ¿su esposa? algo en los ojos de Terry la detuvo a protestar por ello, pero ya más tarde se las pagaría.
- ¿Tu esposa? –preguntó Lucy sorprendida
- Así es
- Eres un ingrato –le dio un golpe en el brazo- No te dignaste a invitarme a tu boda
- No te enojes Lucy –la abrazó de lado- Fue una decisión repentina, nadie más sabe que nos casamos. ¿No es así Candy?
- Así es –dijo ella dirigiéndole una mirada acusadora.
- ¿Ves?
- Bueno, más te vale. No te perdonaría que no me invitaras a tu boda.
- Me alegra mucho conocerte Candy. Alguien que Terry quiera, siempre va a ser bienvenida en esta casa.
- Muchas gracias señora, me alegra a mí también conocerla.
- Nada de señora, Lucy. Llámame por mi nombre. Me haces sentir vieja.
- De acuerdo.
- Ahora, a desayunar par de dormilones. ¿Ya se dieron cuenta la hora que es? son más de las once de la mañana. Ya casi es la hora de la comida, pero imagino que no han comido nada desde anoche, mejor les sirvo algo ligero para que desayunen. Ya luego les doy algo más fuerte para el almuerzo.
- Gracias Lucy, en verdad si tengo hambre. Desde ayer en la tarde no probamos bocado.
- Me lo imagino, de seguro se vinieron desde Londres sin parar un momento ¿no es así? –Terry asintió- Me alegra que hayan venido. Este es un lugar estupendo para que pasen su luna de miel –sonrió mientras comenzaba a caminar hacia la cocina.
Terry tomó de la mano a Candy y la condujo a la cocina. Candy aún estaba en shock por las últimas palabras de Lucy ¿luna de miel? desde el incidente con el negligé que Karen le regaló no había pensado en eso, pero ahora venía todo a su mente. Claro, ahora que estaba junto a Terry debía también cumplir con otro requisito "matrimonial" ¿no es así? un hueco se formó en su estómago.
La idea de hacer el amor con Terry le provocaba estremecimientos en el cuerpo y le hacía sudar frío.
- ¿Te ocurre algo?
- Nada ¿por?
- Estás muy fría. Además estás sudando
- Ah
- ¿Es por lo que dije que eras mi esposa? –susurró Terry para que Lucy no escuchara
- En parte
- Bueno –detuvo su andar- Eso lo dije porque de lo contrario Lucy no permitiría que compartiéramos habitación, es muy anticuada –dijo guiñándole un ojo.
Su "explicación" no le ayudó en nada. Es más… le provocó un fuerte dolor en el vientre. ¿Compartir habitación? bueno… era lógico ¿no?
Pero ¿así?... ¡tan pronto!
- ¿No quieres compartir habitación conmigo? –preguntó dándole un beso en el cuello
Esa caricia la hizo estremecer aún más.
¡Claro que quería! es más… era loco decirlo pero si fuera posible, lo llevaría a la cama más cercana posible.
¡Dios! ¡Estaba delirando!
Hacia un momento se ruborizaba por la idea de compartir la habitación con Terry y ahora quería que lo hicieran en este instante.
- ¿Qué ocurre?
- ¿Por qué?
- Estás sudando
- Nada. No me ocurre nada. –intentó sonreír.
- Está bien –sonrió- Será mejor que avancemos porque Lucy no le gusta esperar para servir la comida. Ya la conocerás. –le besó los labios ligeramente.
Candy caminó junto a él, pero todo alrededor era nebuloso. ¿Era normal excitarse así? rió para sus adentros. ¡Debía haberse vuelto loca! mejor era tratar de pensar en otra cosa… antes que todos notaran su nerviosismo.
Llegaron a la cocina y era muy pintoresca. Tenía un gran fogón en el centro de la habitación y un comedor de material rústico, además de infinidad de implementos para la elaboración de alimentos muy antiguos; era una auténtica cocina de casa de campo.
Era un lugar encantador.
- Los escuché llegar anoche –dijo Lucy
- ¿Así?
- Claro, mi oído es muy fino. Me acostumbré a sentir los ruidos de los alrededores para evitar robos en la casa. Desde la muerte de Charles, temo que alguien entre a la propiedad por creernos solos a Tom, Liza y a mí. Ellos todavía era muy pequeños, ahora Tom ya está más grandecito, pero aún así permanecí con el oído agudo.
- Entiendo. Lamento causarte inconvenientes
- Nada de eso, Terry. Esta es tu casa. Me alegro mucho que finalmente te dieras una vuelta por aquí. Nos tenías muy abandonados -dijo preparando los alimentos que les serviría.
- Gracias Lucy. Yo también extrañaba venir, ahora quien sabe… a lo mejor nos quedamos largo tiempo –volteó a ver a Candy con una sonrisa.
- ¿En serio? –él asintió- Me alegro mucho. A Tom le encantará verte de nuevo.
- Si, a mi también
Lucy terminó de preparar la comida ligera que les prometió y se los sirvió de prisa. Terry sonrió, como siempre la "comida ligera" de Lucy, era todo menos eso… ligera. Pero extrañaba el sabor de la comida casera por eso no protestó, comió todo con mucha hambre al igual que Candy. Ambos no comían desde el día anterior y su estómago ya estaba protestando.
- Le pediré a Lisa que prepare la habitación principal.
- Te lo agradezco –dijo Terry tomando un sorbo de leche.
- Imagino que trajeron equipaje.
- Claro, lo tenemos en la camioneta. Anoche no teníamos ánimo de entrarlo. Pero no te preocupes, solo termino de comer y lo subo a la habitación.
- Puedo mandar a Tom, que lo haga.
- De ninguna manera –sentenció Terry- Lo haré yo. Tom debe tener mucho que hacer, no me cuesta nada hacerlo.
- Está bien.
Siguieron comiendo y cuando hubieron terminado, Terry fue a la camioneta y tal y como lo dijo él mismo subió las maletas a la habitación. Lucy ya había mandado a Lisa que la acondicionara para la estadía del "matrimonio". Candy tomó su equipaje y trató de acomodar su ropa en uno de los muebles de la habitación. Todavía se sentía un poco nerviosa e incómoda por la situación de tener que compartir la habitación con Terry, pero no quería que él lo supiera, se veía emocionado y feliz.
Solo trataría de relajarse un poco.
Terry hizo lo mismo con la poca ropa que había traído y observó atento como Candy colocaba sobre el tocador algunos de sus artículos personales. Había mentido precisamente por eso, para tener a Candy todo el tiempo. Podía notar en ella una especie de inseguridad por tener que compartir cuarto con él, pero no quería presionarla.
No lo haría.
No haría nada que ella no quisiera hacer. Si ella quería esperar a que estuvieran casados para hacer el amor, él lo respetaría.
Aunque se moría de ganas por tenerla en sus brazos y demostrarle con caricias lo mucho que la amaba, no quería que ella lo hiciera por presión. Quería que se entregara a él en cuerpo y alma, por decisión propia.
La siguió observando y sonreía complacido. Ya tenía lo más importante… a Candy. Lo demás, vendría poco a poco.
- ¿Qué me ves? –lo vio a través del espejo
- Nada, solo esperaba que terminaras
- ¿Para? –volteó a verlo
- Quiero enseñarte algo –ella sonrió y vino a él.
Se sentó a su lado en la cama y Terry la rodeó con su brazo por los hombros.
- ¿Qué? –preguntó curiosa
- Es una sorpresa
- ¿Otra? –sonrió
- Así es. ¿Terminaste?
- Si
- Entonces vamos
La tomó de la mano y salieron juntos por la puerta. Bajaron las escaleras tomados de la mano y se dirigieron a la parte posterior de la casa.
Caminaron algunos pasos dentro del jardín posterior y llegaron a la copa de un gran árbol, en él se podía observar en su cima una casita de madera; algo vieja pero muy simpática.
- ¿Y esto? –dijo sonriente
- Es mi casa del árbol –sonrió- ¿Tu nunca tuviste una?
- No. nunca
- ¡Que mal! todo niño debe tener una en su infancia. Yo solía venir aquí todas las tardes y a veces jugábamos dentro de ella con Tom, el hijo de Lucy. Tenemos casi la misma edad y nos llevábamos muy bien de niños.
Candy sonrió al verlo sumido en los recuerdos de su niñez
- Nos divertimos muchas veces, subiendo y bajando juguetes, dulces o fruta. Era nuestro escondite. En muchas ocasiones, Lucy venía por nosotros ya muy tarde para que fuéramos a la casa a dormir. ¡Era muy divertido! –suspiró
- Parece que tuviste una infancia muy feliz
- Si, la tuve –sonrió- Como te dije aquella vez, siempre tuve una vida plena. Solo me hacía falta cierta mujercita para completar mi vida.
- ¿Sí? –Sonrió- ¿Quién?
- Ah, pues. Una mujer hermosa y amorosa… que subirá conmigo hasta la casa del árbol.
- ¿Yo?
- No sé, ¿quieres subir? –preguntó sonriente- De lo contrario, podría conseguir otra mujer hermosa que si lo quiera hacer.
- ¿Qué tal si caemos?
- Miedosa. No caeremos, entonces ¿qué dices?... ¿te animas?
Candy dudó. Sonaba divertido. Ella nunca tuvo una casa del árbol, o alguien con quien jugar en las tardes. Si comparaba su vida con lo que fue la de Terry, nunca se había divertido o disfrutado. Su vida había sido aburrida y monótona. No tuvo hermanos o primos con quien jugar, y cuando se fue a América a estudiar lo hizo a un internado de monjas que eran demasiado estrictas y les cortaban los impulsos juveniles. Ya en la universidad pues era demasiado tarde para querer volar y disfrutar. Talvez por todo esto, era que le había sido tan complicado abandonar a Anthony. Estaba tan acostumbrada a lo mismo, nunca había vivido en verdad hasta que conoció a Terry. Era una mujer libre, pero siempre deseó la aprobación de otros. Ahora ya no le importaba nada, era feliz con Terry y eso bastaba.
- Subamos –sonrió
Subieron por la pequeña escalera hecha de cuerdas, y entraron a la pequeña casa arriba del árbol. Estaba descuidada y la madera ya estaba vieja. Pero, era especial, para ambos. A Terry le recordaba su infancia y a Candy le emocionaba estar en un lugar tan significativo para él.
- ¿Qué te parece?
- Está algo descuidada –dijo sentándose en un tronco dentro de la casa
- Bueno, hacía muchos años que no entraba aquí.
- ¿Crees que aguante nuestro peso?
- No sé. Supongo que sí.
- ¿Cómo que supones? será mejor que bajemos… -se levantó con cuidado, decidida a irse.
- Espera, estemos un momento más.
- Me da miedo caer.
- No te apures, no lo harás. Solo será un momento. Quiero enseñarte algo.
- ¿Qué es?
Terry se encaminó a la pequeña ventana de la casa y de un "escondite" entre la madera sacó una pequeña armónica.
- Esto –sonrió enseñándosela.
- ¿Una armónica?
- Si, antes venía aquí a tocarla. Me gusta mucho la melodía.
- ¿Tocarías algo para mí?
- Por supuesto.
Terry aclaró la garganta, se sentó frente a ella y tocó una melodía suave y tierna. Ella se sentía hipnotizada por el sonido, era la primera vez que alguien tocaba para ella y le hacía sentir especial. Tocó largamente y cuando terminó…
- ¿te gustó?
- Si
- Me alegra, hace rato que no tocaba. Creo que no lo hice tan bien
- Te equivocas, estuvo excelente.
Se acercó a ella e intentó besarla, pero el movimiento hizo que la madera crujiera y Candy se alarmó.
- Nos vamos a caer.
- Tranquilízate, será mejor que bajemos
- Si, pero de prisa. Tengo miedo de caerme
Terry sonrió y la ayudó a bajar, lo hicieron despacio; hubiera preferido permanecer más tiempo junto a ella, en ese lugar tan especial pero hubiera sido imprudente.
Cuando estuvieron sobre sus dos pies, la tomó de la mano y entraron nuevamente a la casa. Era ya casi la hora del almuerzo y debían prepararse. Candy quiso ir a tomar un baño y Terry también.
Lo hicieron por turnos, obviamente no lo harían juntos. Aún no tenían esa confianza. Terry lo hizo primero, pues ella todavía quería preparar la ropa que utilizaría; después de terminar salió enfundado en una bata blanca y la instó a hacerlo ahora ella. Candy se bañó presurosa, más que nada por el nerviosismo que le daba tenerlo tan cerca y ella dentro del baño, desnuda.
Encontró en la repisa del baño una bata blanca y se la puso, salió del baño asomando la cabeza notando que Terry no estaba en la habitación. Se sintió más segura y salió completamente, acercó su ropa y se quitó por completo la bata, confiada que estaba sola en la habitación. Al hacerlo, tomó su prenda íntima y antes de colocársela notó una mirada sobre ella.
Levantó la vista y allí estaba él.
Terry la observaba fijamente y ella se quedó hipnotizada.
CONTINUARA...
Hola!
Les dejo un nuevo capitulo... espero les guste...
Notaron que ya no deja poner nombre FF a los reviews anónimos? que mal... no? bueno si van a dejar alguno para este capitulo (espero que así sea) me encantaría pusieran arriba del texto su nombre... para poder agradecerle a cada una por nombre sus palabras...
bueno ahora...
MIL GRACIAS POR SUS REVIEWS...
WISAL, HELLEN FRANCO, ChrisK, Lisseth, luna, ginagrandchester, alejandra, Oligranchester, Wendy, Janeth...
gracias por tomarse el tiempo de dejar un comentario... se los agradezco infinitamente!
SALUDITOS
