El siguiente capitulo contiene escenas de contenido sexual. Abstente a leer si eres susceptible

CAPITULO 16

Al llegar a la habitación pensó que ella todavía estaba en la ducha y por eso decidió entrar; de haberla sabido desnuda probablemente no hubiese entrado, no porque no ansiara verla como la observaba ahora sino que se le hacía irrespetuoso aprovecharse de la situación. Después de recorrerla una vez con la mirada, se dedicó a observarla a los ojos.

Candy se había quedado paralizada.

Los penetrantes ojos azules de Terry la miraban de una forma que nunca antes la habían visto. Su respiración se había vuelto pesada y respiraba dificultosamente por la nariz.

Si hubiera sido alguien más el que entrara a la habitación en la que se encontraba desnuda, probablemente le hubiese gritado que saliera y se hubiera cubierto rápidamente con la bata que estaba sobre la cama.

Pero era Terry.

Eso lo hacía todo diferente…

Terry había recorrido con avidez el cuerpo desnudo de Candy. Reconociéndola.

Observando el cuerpo perfecto de ella en una vista rápida y sin cautela, pero con el tiempo necesario para que fuese inevitable que cada espacio de su magnífico cuerpo se quedara grabado en su memoria para siempre. La luz del día estaba en todo su esplendor, los rayos del sol entraban inmisericordes en la amplia ventana de la habitación; creando una perfecta sincronía entre resplandor y sombras en el cuerpo de la rubia.

Fue solo un vistazo, una vista sin esmero, pero sus ojos se sintieron cual acero incandescente sobre su piel. La recorrieron libremente y ella no protestó, su mirada azul profunda la hacía sentir un deseo desconocido; un apremio por liberar la tensión que se había formado en todo su cuerpo. Cada fibra de su ser clamaba por la presencia de Terry en ella, junto a ella, dentro de ella.

Cerro lo ojos y trató de respirar normalmente, pero le fue imposible. La adrenalina viajaba libremente por todo su cuerpo, llenándola de apuro y agitación. Abrió los ojos nuevamente, seguía observándola, viéndola sin parpadear.

Él tampoco se podía mover.

Terry no se podía mover de su lugar, parecía que hierros hubieran sido anclados a sus zapatos, los sentía pesados.

Finalmente, Candy hizo un movimiento. Trato de tomar la bata blanca que anteriormente cubría su cuerpo; hizo un leve movimiento con la mano izquierda, tratando de obligar a su cerebro a hacer reaccionar a sus extremidades. Terry lo notó.

- No te cubras –dijo con un hilo de voz

Candy tembló. ¿Cómo evitar hacer caso a esa petición?

- ¡Déjame verte!

- Terry…

- ¿Me dejas verte?

¡Qué pregunta!

La vista de Terry había estado fija en sus ojos verde esmeralda, pero al hacerle ver que quería explorarla con minuciosidad; su mirada bajó unos centímetros. La dirigió a su cuello, y nuevamente vio a los ojos de Candy; tratando con un lenguaje mudo preguntarle si le daba autorización de observarla a plenitud. Ella temblaba de ansiedad… de deseo. Se quedó en su sitio y con un levísimo asentimiento de cabeza, le permitió recorrerla con la mirada.

Entonces los ojos de Terry se dirigieron al cuello nuevamente, y allí se quedó unos momentos. Recorriendo con la mirada, cada centímetro de ese cuello nacarado; deseando con todas sus fuerzas recorrerlo con besos suaves. Posteriormente su mirada se dirigió a sus senos blancos, allí se entretuvo un rato. Observándolos. Memorizándolos. Ante el escrutinio del castaño sus pezones se volvieron rígidos, estaba excitada. Sin proponérselo, Terry sonrió, complacido por causar este efecto en Candy con tan solo una mirada; observaba como el torso de Candy subía y bajaba con fuerza, muestra de su respiración agitada. Ella estaba ansiosa. Luego su mirada bajó, se dirigió a su vientre. Éste era plano, blanquísimo. Sus caderas eran redondeadas y sus piernas esbeltas. No se entretuvo demasiado tiempo observando esta parte de su anatomía; ya su escrutinio estaba provocando un efecto visible en su cuerpo y debía mantener la compostura. Siguió el camino y observó sus pantorrillas y por último sus blancos y delicados pies.

La había recorrido entera.

Sin ninguna prenda que cubriera su cuerpo.

La había admirado a placer y le agradecía enormemente a Candy permitírselo.

Para Candy, esta había sido la experiencia más erótica que había tenido en su vida. Ni la ocasión en que estuvieron a punto de hacer el amor en aquel bungalow, durante su primer viaje de trabajo; se había sentido más excitada.

Terry la había recorrido entera, y ella se lo había permitido. Nunca se había sentido segura estando desnuda, ni ella misma se había visto alguna vez de esta manera; pero no fue capaz de negarle esta petición. Sus ojos los había sentido cual fuego en su piel, los sintió recorrerla pero no fue capaz de obsérvalo mientras lo hacía. Hacerlo hubiera atentado contra su conciencia, estuvo a punto de perder el conocimiento por la inspección de él.

Ahora, al terminar el recorrido que había hecho al cuerpo de Candy. ¿Qué debía hacer?

Estaba tentado a correr hacia Candy, tomarla en sus brazos, tumbarse junto a ella en la cama y finalmente hacerla suya. Hacerle el amor como tantas veces había soñado. Como tantas veces que estuvo a punto de hacerlo.

Pero debía tranquilizarse. Tomarse su tiempo y hacerlo despacio, sin prisas.

Caminó unos pasos, Candy tembló de ansiedad, de anticipación. Él caminaba lentamente, soltando la respiración con cada paso dado. Ella temblaba. Estaba desnuda, a disposición de él, y en la mirada de él se podía ver fuego y deseo. Estaba segura que en la de ella se podía observar lo mismo. Nunca se había sentido tan dispuesta a entregarse a alguien.

Finalmente el espacio entre los dos desapareció, ya no hubo distancia entre ellos.

Rozó levemente con la yema de sus dedos la mejilla de Candy y ella tembló, cerró los ojos y soltó la respiración. Estaba a punto de perder el conocimiento.

- Tranquila –susurró

Ella abrió los ojos y lo vio largamente. En los labios de Terry se dibujó una hermosa sonrisa, y ella se la devolvió. No había nada más hermoso en esta vida que ver a Terry sonreír. El gesto la hizo sentir más segura, aclaró su garganta y respiró profundamente.

- Te amo

- Yo también –respondió ella

Entonces Terry tomó su cuello entre sus manos, la acercó lentamente y se apoderó de los labios ansiosos de Candy. Fue un beso tierno y cargado de amor, ella sintió la paz que le transmitía Terry con ese beso. La tranquilizaba, la hacía sentir segura de seguir este camino de seducción que él había comenzado. La separó un poco al terminar el beso, se observaron por algunos segundos y él observó determinación en su mirada, le había comunicado sin palabras su aceptación a lo que vendría. Él sonrió. La tomó nuevamente con los labios, pero en esta ocasión su boca se dirigió a su cuello, fueron leves besos, apenas rozando la suave piel de la rubia, de la garganta de ella salió un leve gemido.

De pronto un toque en la puerta.

- Terry la comida está servida. –era Lucy

Ambos se separaron.

- En un momento bajamos –trató de sonar lo más calmado que le fuera posible.

- No tarden

Lucy pareció dirigirse a la planta baja nuevamente. Terry y Candy se observaron sorprendidos por lo que estaban haciendo, Candy tomó rápidamente la bata blanca y corrió al cuarto de baño. Terry se dirigió a la puerta y salió de la habitación para darle algo de privacidad a Candy para que se vistiera.

Al oír la salida del castaño, Candy salió del baño y tomó su ropa para vestirse, lo hizo rápidamente. Tratando de calmar el nerviosismo que se había apoderado de ella, la adrenalina acumulada en sus venas era demasiada y no se sentía capaz de permanecer calmada delante de Terry, pero debía hacerlo. Después de todo… algún día tenía que suceder esto ¿no?

Salió de la habitación y bajó las escaleras, se condujo al comedor y notó que no había nadie.

¿Dónde estarían?

Observó por todos lados y se encaminó al salón principal, tampoco había nadie; de pronto escuchó risas y voces provenientes de la cocina. Seguramente estarían allí. Caminó al lugar y entonces lo observó, allí estaba Terry; sonriendo alegremente con Lucy y Tom. Se quedó parada bajo el marco de la puerta y se dedicó a observarlo detenidamente. Todos estaban muy enfrascados en su conversación, pues ninguno notó su presencia. Al parecer conversaban de algo muy divertido pues sonreían y bromeaban, pero ella se dedicó a verlo a él. Allí estaba Terry, el hombre más guapo que ella hubiera visto. Lo acababa de ver hace algunos instantes, pero por la situación pues no se había percatado de su atuendo. Tenía puesto unos vaqueros de color azul y zapatos deportivos, además de una camiseta tipo polo color gris que marcaba muy bien su fornido torso; sin duda alguna tenía un físico envidiable.

Pero su cuerpo no se podía comparar con su rostro. Lo observó detenidamente desde su cuello, subió ligeramente hasta su mandíbula se dirigió a sus labios; estos le quitaron el aliento, eran suaves… lo sabía por experiencia propia; eran delgados y extremadamente sensuales. Terry sonreía. Se dirigió a sus mejillas y en ellas se formaba un hoyuelo sexy a causa de la risa torcida de él. Por último observó sus ojos. Los ojos más hermosos que alguna vez hubiese visto. Como se lo dijo alguna vez a él, lo primero que notó de su rostro fueron esos ojos azul profundo que la hipnotizaban. Sus ojos tenían vida propia, son observar el resto de su rostro, ella podía saber el estado de ánimo de Terry solo por su mirada. Como en este momento, sus ojos sonreían. Se notaba felicidad y plenitud en sus ojos, sonrió. Se sintió dichosa de ser en parte responsable de esta expresión en sus ojos, había dejado atrás sus miedos e inseguridades y se había decidido finalmente a seguir su corazón. Seguirlo y ser feliz junto a Terry.

Los tres seguían conversando pero ella no prestaba atención a su plática, estaba ensimismada disfrutando la visión de Terry frente a ella. Tom pareció finalmente notar su presencia y dirigió su mirada al marco de la puerta donde ella estaba; sonrió. Entonces Lucy y Terry hicieron lo mismo.

Sus miradas se encontraron. Al sentir sobre ella sus ojos se sonrojó, recordando lo anteriormente ocurrido, él sonrió. Le hizo una señal para que se sentara junto a él y ella prácticamente corrió a su lado.

- Hola pequeña –sonrió para ella

- Hola

Se sentó a su lado, pero al parecer Lucy quería ese sitio.

- Candy ¿por qué no te sientas frente a Terry?

Candy dudó. Quería estar junto a él, no tanto por su cercanía. Era más por evitar su mirada frente a ella, estando en el asiento del otro lado; estaría expuesta a la mirada permanente de Terry.

No creía poder soportarlo.

Aún se sentía embriagada por la presencia de Terry, era una sensación contradictoria. Por un lado, ansiaba con todas sus fuerzas no apartarse de él ni un instante; pero por otro lado su presencia la perturbaba, la hacía sentirse fuera de sí, capaz de realizar cosas que regularmente no haría. Bueno… su experiencia con Terry le decía que con él nunca sería nada común. Empezando por la manera en que se conocieron.

- Me gustaría sentarme junto a Terry –dijo apenas

- Vamos niña, no lo acapares –sonrió- ya lo has tenido toda la noche junto a ti. –Candy se sonrojó- Me lo podrías prestar un momento ¿no?

Terry sonrió.

- Ah… por supuesto. –dijo Candy

El comedor dentro de la cocina, era modesto; nada comparado al principal, pero era perfecto para la ocasión. Era un momento más íntimo y familiar, Terry quería mucho a Lucy, había pasado gran parte de su vida junto a ella y sus hijos. Estar junto a ellos era para Terry, volver a su hogar.

Candy se dirigió al otro lado de la mesa y se acomodó en la silla frente a Terry. Enfocó su vista en la mesa, pero sentía la vista de Terry sobre ella, subió la vista y él sonreía.

- Bueno, será mejor que empecemos a comer; de lo contrario se enfriará la comida. Lisa –se dirigió a su hija menor- Sirve la comida, mientras yo sirvo la bebida.

Comieron entre risas y recuerdos de infancia. Candy se enteró de gran parte de la vida de de Terry cuando era niño. El momento fue muy especial para ambos, por primera vez comían "en familia", y lo estaban disfrutando mucho.

Al terminar la comida, Candy se ofreció a ayudar con el aseo del lugar, pero Lucy se lo impidió; para ella Candy era ahora la esposa de Terry. Por lo tanto, también era dueña del lugar y como dueña no podía andar haciendo los quehaceres propios de la servidumbre. Por más que Candy insistió, ella no se lo permitió.

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Por un acuerdo silencioso, ninguno de los dos mencionó lo ocurrido antes del almuerzo. Caminaron al jardín principal y se sentaron en una banca junto a un enorme roble. Estuvieron gran rato en silencio hasta que Terry le propuso ir al pueblo.

- ¿Te gustaría ir a dar un paseo al pueblo?

- No se. –Lo miró- ¿No es muy tarde ya?

- Bueno, talvez. Es una hora de camino en auto. –Miró su reloj de mano- Llegaríamos alrededor de las cuatro y media.

- Regresaríamos muy tarde –dijo dudosa

- Tienes razón. Será mejor ir mañana. –Le tomó la mano- Pero, podríamos ir a dar un paseo al lago. Está muy cerca de aquí. Bueno… si tú quieres.

Candy sonrió. Era una fantástica idea.

- Me encantaría.

- Entonces, vámonos.

Le tomó la mano para dirigir su caminar, pero en un momento dado detuvo su paso. Terry tuvo una idea.

- ¿Qué sucede? –preguntó confundida

Terry dudó. La necesitaba ignorante de sus planes.

- Espérame aquí. Ahora vuelvo

Se dirigió a la casa de nuevo y Candy se quedó en su lugar confundida. Terry era muy ocurrente. ¿Qué se le habría ocurrido ahora?

Terry entró corriendo a la casa y buscó rápidamente a Lucy. Le encargó algo, una sorpresa que se le había ocurrido de pronto para esta noche; pero necesitaba la ayuda de su nana. Lucy sonrió ante la petición, le agradaba ver a este Terry enamorado. Después de dejar su petición a Lucy se dirigió a donde estaba Tom, a él también le encargó algo en especial. Necesitaba ayuda de ambos, pues en lo que "todo estaba preparado" él llevaría a Candy a un "lugar especial".

Salió de la casa y fue a donde Candy estaba. Ella lo miraba confundida, al parecer esperaba que Terry trajera algo con él al salir de la casa; pero no era así. Él venía tal y como se había ido.

- Ya –tomó su mano

- ¿Qué ocurrió?

- ¿Cuándo?

- Bueno, como regresaste a la casa. Creí que se te había olvidado algo.

- Ah, eso. No, no se me olvidó nada. –él se miraba tranquilo y sonriente

- ¿Entonces?

- Eres muy curiosa. –Sonrió- Bien te diré, lo que sucede es que le di la noche libre a Lucy. Le dije que se fuera a su casa anterior. Como no había nadie en la casa, pues se vino a vivir a la casa principal; pero hoy estaremos tú y yo, así que no debía preocuparse. Además así estaremos solos –le guiñó un ojo

Candy tragó seco. ¿Solos?

- Ah, entiendo

Siguieron caminando y llegaron al lago. Era una vista espectacular. Los rayos del sol se reflejaban en el agua y creaba brillo en la superficie. La luz del cielo se estaba tornando naranja; y por la época del año las hojas de los árboles se estaban volviendo de colores ocre, dándole un tono ámbar al ambiente.

- ¿Qué te parece?

- Es hermoso

- Es verdad. A mí me encantaba venir a ver los atardeceres aquí cuando era niño. Me daba tranquilidad el sonido del agua y el canto de las aves. –Volteó a verla- Soy muy cursi, ¿no?

- Para nada. Creo que eres un hombre que sabe apreciar los pequeños detalles de la vida, nada más.

- Supongo.

- ¿Por qué no te habías venido a vivir a tu villa, antes?

- Pues tenía pensado hacerlo al estar casado. Bueno, aunque ahora que lo pienso a Sophie –la notó tensarse por el nombre de su ex – No le hubiese gustado vivir aquí, ella es muy citadina. ¿A ti si te gustaría vivir aquí?

- Me encantaría.

- ¿De verdad?

- Claro. Todo tiene su encanto. No te voy a negar que me guste la ciudad, pero ¿quien podría despreciar tener un paisaje así todas las tardes?

Ambos voltearon a ver el lugar y lo observaron largo rato. Se sentaron en el pasto, uno a lado del otro y estuvieron largos minutos conversando del pasado, de su vida antes de conocerse. Pero había llegado el momento de hablar de algo importante… el futuro.

- Candy, creo que no hemos hablado mucho sobre lo que pasará entre nosotros.

- Tienes razón

- Verás, como tú creo que sabes; me encantaría estar a tu lado siempre. –ella sonrió

- A mi también

- Mira, te podría proponer ir mañana mismo a un registro o a una iglesia y casarnos; pero no es lo que quiero.

- ¿no? –ella creyó que él si quería casarse

- No me malinterpretes, si quiero casarme. –Ella respiró tranquila- Pero no así. No porque estemos haciendo algo malo, para nada; es más porque quiero que sea especial.

A Candy se le llenaron los ojos de lágrimas.

- Quiero que tú estés vestida de novia para mí, que camines hacia el altar vestida de blanco. Rodeados de nuestros amigos y familiares. Que no tengamos que hacerlo presurosos, para que nadie nos separe. Que lo hagamos porque deseamos hacerlo, para estar juntos para siempre.

- Yo quiero estar contigo siempre –sonrió

- Ahora, te pregunto. ¿Quieres casarte conmigo?

Candy se quedó sin aliento. Era una propuesta simple, sin protocolos pero muy significativa. Ella hubiese querido decirle que no le importaba vestirse de novia y contar con la presencia de su familia y amigos; pero no era verdad. Ella si lo quería así, pero no tanto por ella, sino por ambos. Ambos lo deseaban. Deseaban que todos formaran parte de su felicidad. Amaba que él estuviera decidido a darle ese sueño.

- Acepto

- ¿De verdad? –le sonrió

- Por supuesto, ¿por qué lo dudas?

- No lo dudo, era simple corroboración. Lo único que no tengo es un anillo, pero prometo dártelo más adelante. –él si lo tenía, pero no quería dárselo hasta la noche.

La acercó a él y la besó.

Cuando el beso terminó, decidieron regresar a la casa. Ya los rayos del sol habían dejado de brillar, y la oscuridad se estaba haciendo presente en ambiente. Entraron a la casa y se dirigieron a la sala.

Candy se quedó sin aliento.

Frente a ella estaba una escena sumamente romántica. Al parecer Terry había solicitado todo lo que observaba pues antes de irse no había nada de esto. La chimenea estaba encendida, dando un toque cálido al ambiente. En la mesita de centro había una botella de champagne enfriándose junto a dos copas; además de dos cacerolas para fondue. Una contenía queso y el otro chocolate oscuro. En una charola se encontraban diferentes tipos de frutas para ser bañadas en chocolate, así como pequeños embutidos. Todo alrededor de ella estaba cubierto de rosas blancas, las favoritas de ella. Era todo muy hermoso.

- Esto es…

Él la abrazó por atrás y besó su mejilla cerca de su oído.

- Todo esto es para ti.

- Es muy romántico

- Quiero que esta noche sea especial para los dos

Ella sintió una opresión en su estómago.

¡Esta era la noche!

- Yo también lo deseo –se volteó a verlo

- Te amo

No la dejó contestar, la besó largamente.

Pero todavía no era el momento, debían disfrutar. Esta noche sería larga y él la disfrutaría al máximo.

- Ven

La condujo al sofá, pero Candy prefirió sentarse en el suelo junto a la mesita. Terry tomó una fresa con un palillo de brocheta y la mojó en el chocolate derretido.

- ¿Quieres? –preguntó con una sonrisa de lado

- Si

La dirigió a sus labios y ella lo mordió lentamente. Introdujo la fruta en su boca y la observó saborear el chocolate que quedó en sus labios. Este movimiento le encendió los sentidos. Trató de respirar.

- Ahora yo

Fue el momento de hacerlo de Candy, solo que ella tomó un trocito de kiwi. Lo mojó en el chocolate y se dio en la boca, ahora fue el turno de Candy de que se le fuera el aliento. Todo esto era muy sensual y sus sentidos se estaban encendiendo.

Siguieron así largo rato. Torturándose con los movimientos de sus labios.

- ¿Sabes que estoy sufriendo mucho? –preguntó él.

- ¿Por qué? –dijo divertida

- Porque ansío ser yo el que limpia tus labios con la lengua. –dijo atreviéndose

- ¿Así?

Candy tomó una fresa, la mojó en el chocolate y la dirigió a su boca. Pero no la comió, solo mojó sus labios con el dulce y le guiñó un ojo. Invitándolo en silencio a hacerlo. Fue un detonante para Terry. Si antes lo deseaba, ahora lo necesitaba. Se acercó a ella y tomó posesión de sus labios. El chocolate era su dulce favorito, pero probado de los labios de Candy se volvía en una droga. Algo que sabía nunca dejaría de desear. La besó largamente, el beso se profundizó cada vez más.

- ¿Te gustó? –preguntó atrevida

- Por Dios –se saboreó los labios- Es lo mejor que he probado en la vida.

La besó nuevamente, pero de pronto los besos se hicieron insuficientes. Había una nueva necesidad en sus cuerpos, una ansiedad que necesitaba ser complacida.

Candy se levantó y lo instó a hacerlo.

- ¿A dónde vamos? –preguntó él al observarla tomarlo de la mano

- A la habitación

- ¿Estás segura?

Ella se detuvo. Lo miró largamente y le dio un breve beso en los labios.

- Nunca he estado más segura en mi vida. Quiero hacer el amor contigo Terry, lo necesito.

Terry no necesitaba nada más. La tomó en los brazos y la subió cargada a la planta alta, a ella le sorprendió su fortaleza. Entraron a la habitación y ella ya no estaba nerviosa. Estaba segura.

Tan segura como nunca antes en la vida.

Terry al tenerla todavía abrazada comenzó una secuencia de besos lentos y delicados. La saboreaba. Sus besos se dirigieron a su cuello y en él se entretuvo un rato. Lo besó largamente y de la boca de Candy salían breves jadeos y suspiros pronunciando su nombre.

Candy comenzó a levantar su camisa y acariciaba lentamente la piel de su abdomen, era inexperta pero sus sentidos la hacían proceder con confianza. Terry se separó y ella levantó los brazos, él supo que ella quería que le quitara la blusa. Lo hizo y notó sus pechos erguidos, la transparente tela de su sostén evidenciaba su excitación, antes de quitárselo decidió tenerla desnuda, igual que en la mañana. Necesitaba verla nuevamente, a la luz ámbar de la chimenea.

Así lo hizo.

La acarició con la mirada nuevamente, pero pensó que talvez sería justo que ahora ella lo hiciera. Con movimientos decadentes, se quitó cada prenda que cubría su cuerpo. Ella dejó de respirar. Era la primera vez que miraba a un hombre desnudo e impactó la grandeza de su masculinidad. Le hacía sentirse frágil e indefensa. Pero no insegura, sabía que en sus brazos siempre estaría segura.

Él se quedó frente a Candy, para que ella lo recorriera con la mirada. Igual que él lo hiciera anteriormente.

- Eres muy guapo –se atrevió a decir

Terry sonrió. Se notaba el nerviosismo en Candy. Sabía por sus actitudes que esta sería su primera vez y quería –deseaba- que fuera especial para ella.

Se acercó a ella y la besó nuevamente, pero esta vez deseo tocarla. Así lo hizo. Tomó con sus manos sus delicadas cumbres blancas. Ella arqueó su cuerpo, sorprendida por la caricia. Él comenzó a trazar levemente pequeños círculos sobre sus botones rosas erectos, la hizo gemir. Abrió su boca más por los jadeos agitados y él se dirigió a su cuello, para trazar un camino descendente a sus pechos. Con dejar de acariciarlos, tomó posesión de uno con sus labios. Jugó con su pezón largo rato, intercalando sus caricias con la mano y la boca. Todo esto era realmente nuevo para ella. Era un despertar de su sexualidad. Nunca antes se había sentido como ahora, y para ser honestos no creía que se pudiera sentir mejor jamás.

Sin que ella lo notara, la acomodó en la cama y se acostó junto a ella. La siguió acariciando y besando. Sus labios viajaron por su vientre y se dirigieron a cada uno de sus blancas y largas piernas. Las beso con devoción, con amor.

- Te amo pequeña –decía con amor

Candy no articulaba palabra con sentido. Todos eran pequeños gemidos de gozo que se intensificaron cuando él en un arranque de osadía se apoderó con los dedos de su intimidad. Instintivamente se arqueó, poseedora de una sensación extraña pero placentera. Él intensificó los movimientos hasta llevarla a la cima en la que ella gritó su nombre en un gemido ahogado.

Era el momento.

Se colocó sobre ella y la besó nuevamente. Ella todavía se sentía desfallecer por el orgasmo reciente, pero su ansiedad creció al sentirlo sobre ella nuevamente. Sentía su erección rozarle el vientre y la ansiedad aumentó.

- No dolerá mucho. Prometo ser delicado –susurró

- Está bien

Entonces se colocó a las puertas de su intimidad y entró poco a poco en ella. Era un movimiento lento y con sumo cuidado, ella jadeó. Lo sentía invadir cada fibra de su ser. Pronto Terry sintió una barrera que había esperado con anterioridad. Era su virginidad, y estaba a punto de romperla. La besó para tranquilizarla. Con un movimiento certero la cruzó y se introdujo en ella totalmente. Ella jadeó entre dolor y excitación. Lo sentía dentro y se sintió completa.

Una lágrima salió de sus ojos lentamente.

- ¿Te lastimé? –preguntó apenado

- No

- ¿Segura?

- Si, continúa. Supongo que esto se pondrá mejor ¿no?

- Por supuesto

La besó. Empezó a moverse lentamente y el dolor pasó pronto. La ansiedad creció y ambos se movían en sincronía de movimiento. Era una danza perfecta, sus cuerpos se amoldaban a la perfección.

- Te amo Candy

- Yo también

Seguían moviéndose, lo hicieron por largo rato. Terry decía por momentos palabras de amor y besaba partes de su cuerpo para hacerla disfrutar. Pero ella en verdad estaba disfrutando el momento. Todo era mágico. Era perfecto. Nunca creyó sentirse tan bien en su vida. Se sentía tan bien ser de Terry.

Era suya. Era su mujer.

Los movimientos se hicieron cada vez más rápidos y ansiosos, señal que estaban a punto de alcanzar la cima. Después de varios movimientos más, Candy gritó fuerte el nombre de Terry y él supo que había llegado; entonces nada pudo detener su clímax. Él también alcanzó el orgasmo salvajemente. Nunca antes en la vida lo había sentido tan fuertemente. Se derramó en ella y en un grito ahogado pronunció un "te amo".

Ya estaba hecho.

Eran uno. Se habían unido en un momento mágico y se pertenecían ahora en cuerpo y alma.

Terry desfalleció a su lado y con la respiración agitada la atrajo a su pecho. Ella se acurrucó a su lado y respiró aliviada. Se sentía dichosa, plena.

Estaba en los brazos del amor de su vida.

CONTINUARA...


Hola!

Les dejo un nuevo capitulo... espero les guste!

MIL GRACIAS POR SUS REVIEWS...

Lisseth, Talia, Val rod, ChrisK, guest, Oligranchester, WISAL, luna, Julieta42, Jesby Andley Grandchester, Mayuel, Eli, Ltty, lucy, alexandra, Janeth, neidy...

GRACIAS POR TOMARSE EL TIEMPO DE DEJAR SU COMENTARIO... SE LOS AGRADEZCO INFINITAMENTE!

Ya saben... criticas, comentarios y sugerencias... seran bien recibidas... las esperare!

SALUDITOS..