CAPITULO 21

Tenía pensado ir a ver a su padre antes de hablar con Terry, pero no tuvo valor. No quería ver a su madre, no por el momento.

La culpaba de todo. Ella había sido la que plantara en ella la duda de lo que podría ocurrir…

Caminó de regreso a su casa y al estar en la esquina de la calle; observó desde lejos el auto de Anthony. Se acercó un poco y se detuvo en la casa vecina a la de sus padres. Tal y como lo había dicho la noche anterior, él había ido por ellas para ir juntos al hospital a visitar a su padre. Por ahora no tenía intención de hablar con él, mucho menos con su madre. Esperó oculta, lo suficientemente lejos para que no la vieran, mientras se iban al hospital.

Observó con detenimiento sus movimientos y notó que Anthony se enojaba un poco al no verla esta mañana, sus movimientos la hicieron entender que discutía con su madre al informarle que ella no estaba en casa. Aún no sabía como le haría el resto de la vida para vivir con él sin amarlo. Solo pensar en ello la hacía agonizar. Después pareció que observaban a todos lados, esperando que apareciera y pudieran irse juntos; esperaron un momento, pero como era de esperarse ella no apareció, se dirigieron al auto y se pusieron en marcha. Finalmente se irían, dándole la oportunidad de ir por sus cosas.

Cuando estuvo segura que no regresarían, emprendió presurosa su camino a la puerta principal de la casa. Por las prisas de la mañana, había olvidado la llave de su apartamento y necesitaba ir por algunas cosas antes de ver a Terry. Entró y observó con melancolía la sala de la casa. De ahora en adelante, este lugar sería un eterno recordatorio de la charla sostenida con su madre. Decidió no perder más tiempo y subir por su bolsa a su antigua habitación. Presurosa tomó su celular, la bolsa y llaves de su apartamento.

Bajó las escaleras y salió de la casa sin ser vista. Aún era muy temprano, y seguramente Terry aún estaba en la oficina. Necesitaba tiempo para pensar.

¿Qué hacer?...

Si le decía todo a Terry, él no la dejaría romper su relación. La impulsaría a abandonar todo por su amor. Y ella gustosa lo haría, pero ¿algún día se arrepentirían de lo hecho? ¿Y si algún día él le reprochaba que por su culpa había perdido su empresa? ¡NO!... Terry no era así. Nunca la culparía de algo. Pero… de igual forma ella se sentiría culpable.

¡Por todos los cielos!... se estaba volviendo loca. Estos pensamientos la estaban atormentando. No daban tregua en su mente.

Decidió caminar hasta su apartamento, tomar un taxi hubiese sido más fácil pero no tenía ánimos de estar cerca de alguien. Buscó una ruta lo suficientemente solitaria, para estar sola con sus pensamientos.

¿Y si hablaba con Karen?

No. Ella no miraría las cosas objetivamente. Era prima de Terry. Los consejos que le diera irían siempre enfocados a no hacer sufrir a alguien de su familia. Además, seguramente si le contaba lo que tenía pensando hacer, solo la vería como "la estúpida que cambio el amor por dinero"… y no estaría tan equivocada, así se sentía.

Estaba renunciando a Terry por no perder la fortuna de sus padres. La estaban vendiendo… ¡no! Se estaba vendiendo. Porque bien podría decir que no. Decirles a sus padres, a Anthony, al mundo entero que no le importaba nada más que el amor de Terry. ¡Pero no podía!

¡Maldita sea, no podía!

¿Por que todo tenía que ser tan complicado?, ¿por que no simplemente le dejaba de importar lo que los demás quisieran o pensaran de ella y vivía su vida? ¿Por qué no lo hacía? ¡Por cobarde!... por eso, porque sabía que en el algún momento de su vida le pesaría. Se arrepentiría de haber provocado tremendo daño en la vida de sus seres más cercanos.

Con estos tormentosos pensamientos inundando su mente, llegó finalmente al edificio donde se encontraba su apartamento. Entró y respiró pesadamente, estaba agotada. Se dirigió al sofá de la sala y observó el lugar.

Era un apartamento de clase media, sin demasiados lujos. Lo único que pudo pagar a su regreso de América. Al volver tenía planeado vivir sola, vivir tan independiente como lo hacía al otro lado del océano. Lo hizo por un tiempo, con los ahorros que traía de su antiguo trabajo en Chicago, pero pronto se vio en la necesidad de buscar un nuevo empleo. A eso había regresado a Londres, a vivir permanentemente y necesitaba una fuente de ingresos, no quería vivir para siempre dependiendo económicamente de sus padres.

Comenzó a buscar empleo, se había graduado satisfactoriamente en la carrera de Administración. Sus calificaciones eran altas y su récord académico era impecable, supuso que no le sería difícil conseguir algo rápidamente. Estaba un tanto equivocada. Pasó el primer mes y no veía nada de avances, había tenido varias entrevistas y en varios lugares habían quedado en llamarla. Esperó por un tiempo, pero pronto sus ahorros comenzaron a mermar y se sentía sofocada económicamente, así que decidió recurrir a la ayuda de su padre. Allí habían comenzado sus problemas.

Ese día al llegar, en el frente de la casa de sus padres había un auto sumamente lujoso. No le extrañó demasiado, pues sus padres eran muy conocidos entre la clase más alta de la sociedad londinense. Seguramente era alguno de sus conocidos.

Con paso firme, se dirigió a la puerta y tocó el timbre. Sus padres sabían de su regreso a Londres. Ella misma se había encargado de comunicarles sus planes de radicar definitivamente en Europa. Ellos estuvieron sumamente felices con la noticia, tener nuevamente a Candy con ellos era muy gratificante, solo que no contaban con la decisión de ella de abrirse paso sola y vivir independientemente. No estuvieron totalmente convencidos pero finalmente respetaron su decisión. Ella era mayor de edad y parecía muy convencida de estar haciendo lo correcto.

Su padre, era un importante abogado. Trabajaba hace años para la familia Andley en su compañía. Talvez con sus contactos, pudiera conseguir un empleo en Andley's Corp.

Entró a la casa y como lo suponía, sus padres tenían visita; era un joven rubio y alto, muy atractivo en verdad. Después de las presentaciones pertinentes, supo que el joven era Anthony Andley, el presidente de la compañía donde su padre trabajaba. Era una suerte encontrarlo allí ¿no?

Estuvieron conversando por largas horas y posteriormente tomaron juntos el almuerzo. Fue un día muy agradable y en los pocos momentos que tuvo de compartir a solas con el joven, se dio cuenta de lo agradable que podía llegar a ser.

Después de ese día, la comunicación con Anthony fue más constante. Él le había pedido su número de teléfono y la llamaba con regularidad. No había tenido oportunidad de hablar con él sobre un posible empleo en su empresa, pero no fue necesario; a los pocos días la llamaron de una pequeña empresa que se dedicaba a la exportación de flores. El trabajo no era tan bien remunerado, pero por algún lugar tenía que comenzar. Pensó que con ese empleo, adquiriría experiencia y posteriormente podría conseguir un mejor puesto. Así continuaron algunos meses después, su vida era el trabajo y sus padres. Los visitaba a menudo y siempre por alguna razón coincidía con Anthony. La amistad con el rubio fue floreciendo y después de varias semanas de frecuentarlo, él le pidió que fuera su novia.

Candy lo dudó por un momento. El mundo de Anthony y el de ella eran distintos. Era verdad que toda su vida había estado rodeada de lujos y comodidades, pero no era lo que a ella en verdad le importaba; y al parecer a él si. Anthony era todo lo que un hombre rico y poderoso debía ser; era seguro, atractivo y sofisticado. Le encantaba vivir en un mundo lleno de apariencias y comodidades, mundo del cual ella podría prescindir. Pero, como la relación con su antiguo novio de América no tenía futuro, decidió darse una oportunidad con él. A fin de cuentas, empezar un noviazgo con él no significaba terminar casada.

Los meses pasaron y su relación se volvía ante todos más formal, sus padres no podían estar más satisfechos por la elección de su hija y su círculo de amigos parecía muy complacido de dicha relación. Pero Candy no estaba del todo segura de continuarla. Anthony era cortés y educado, a veces un tanto romántico, pero esa relación no la llenaba completamente. Le hacía falta algo que no sabía explicar. Estuvo a punto de darle final al noviazgo, cuando Anthony le propuso matrimonio. No sabía que hacer.

Le pidió unos días al rubio para pensar su propuesta con la estúpida excusa de no estar segura que un matrimonio fuera adecuado en esta etapa de su vida. Contrario a lo lógico, Anthony gustoso le concedió tiempo de pensarlo. Lo meditó varios días, no estaba segura de que un matrimonio fuera adecuado, no por su edad; sino porque a su relación con él le hacía falta algo…

Pero después de algunos días de consultarlo por horas con su almohada, decidió decirle finalmente que si. Se convenció a si misma que era una cursilería esperar a su príncipe azul que le hiciera sentir mariposas en el estómago cada vez que lo viera. Esas cosas no sucedían en la vida real.

¡Qué equivocada estaba en esa época!

Después de darle su respuesta afirmativa, Anthony fue a casa de los White a pedir su mano en matrimonio. Charles y Sarah estaban sumamente complacidos con el futuro enlace, dando su aprobación inmediatamente. Todo estaba saliendo a la perfección. Comenzaron los preparativos para la boda, su madre le recomendó mudarse con ellos para tenerla cerca y juntas planear un enlace de ensueño, decidió que probablemente era lo mejor, así que dejó su apartamento de soltera y se dirigió a casa de sus padres. Después de algunas semanas desde la pedida de mano, organizaron una cena donde anunciarían su compromiso ante sus amistades.

La cena donde había conocido a Terry.

¡Terry!

El amor de su vida... El hombre al que le rompería el corazón.

Se despojó de sus zapatos en la sala y descalza se dirigió a su habitación. Se desvistió lentamente y tomó una ducha caliente. Necesitaba relajarse un poco, la noche anterior no había dormido nada y su cuerpo se sentía agotado. Salió de la ducha y se vistió con un atuendo informal. El frío estaba cada vez más presente en la ciudad y ella decidió colocarse un suéter de cuello alto y unos jeans de mezclilla.

Fue a la cama y se dejó caer pesadamente boca abajo. Y sin querer comenzó a llorar nuevamente al sentir el aroma de Terry sobre su almohada.

¿Cómo le haría para vivir sin él por el resto de su vida?

Lamentaba haberlo conocido… lo lamentaba por no poder permanecer a su lado.

Lloró otro poco más, parecía que las lágrimas no querían abandonar sus ojos. Después de algún rato, se incorporó y se sentó al borde de la cama, sus pies rozaban la alfombra afelpada a los pies de la cama. Se acercó a la mesita de noche y sacó del cajón de esta una pequeña caja color azul. La tomó con mano temblorosa y al sentir la suave textura en su mano, lloró nuevamente.

Dentro de esta estaba, lo que antes creía su mayor tesoro. Ahora, era su más grande tormento.

Lo abrió y al ver el anillo dentro de ella, lloró aún más. Recordó el día en que Terry se lo había dado.

Flash Back

Ya habían pasado algunos días, desde que había hecho el amor con Terry por primera vez. Ese día tan especial, él le había propuesto matrimonio pero no le había dado anillo de compromiso. Candy supuso que se lo daría hasta después de regresar nuevamente a Londres, pero una mañana…

- Buenos días, amor –dijo Terry abrazándola por atrás.

- Hola –dijo ella adormilada

Acababa de despertar y lo primero que sintió fueron los brazos de Terry rodeándole la cintura.

- ¿Cómo amaneciste? –Preguntó besándole la sien- Ya hemos dormido bastante. Creo que es hora de levantarnos –dijo sonriente mientras le succionaba ligeramente el lóbulo de la oreja.

- ¿Qué hora es?

- Las once –dijo sin dejar de acariciarla

- ¡Tan tarde! -se sorprendió- ¡Terry! –Dijo sonriente- estate quieto, me haces cosquillas –sonreía alegremente

- Es para terminar de despertarte. Duermes mucho. Aún recuerdo el día que te traje aquí a Escocia. Dormiste todo el camino.

- Estaba cansada.

- Ajá. Bueno, eso no importa. Es hora de levantarnos –la soltó y trató de alejarse

- Un ratito más –lo atrajo a ella- Anoche casi no dormimos –le guiñó un ojo

- Jajajaja –se carcajeó- Es verdad, pero aún así, ya es bastante tarde. Anda, levántate. –Se retiró de ella- Tengo planes para hoy.

- ¿qué?

- Es una sorpresa. Anda. Levántate. Toma una ducha si quieres. Te espero en la cocina dentro de un rato. –se colocó una bata de dormir

- Está bien

Terry le sonrió y salió de la habitación. Candy como Terry se lo sugiriera, tomó un baño y se vistió rápidamente, tenía curiosidad de saber lo que Terry estaba planeando para el día de hoy. Bajó las escaleras y lo encontró sentado en el sofá frente a la chimenea, absorto en sus pensamientos.

- Ya estoy lista.

Él la volteó a ver y ella notó que su cabello estaba mojado. Seguramente él había tomado una ducha en otra habitación. Hubiera preferido que lo hicieran juntos, pero de haberlo hecho así, seguramente aún no estarían listos. Sonrió por su pensamiento.

- ¿De qué te ríes?

- De nada. ¿Qué es lo que haremos?

- Iremos de día de campo. –Sonrió- ¿Te gustaría ir conmigo a un picnic?

- Claro

Se acercó a ella y juntos fueron a la cocina. Terry ya tenía preparado una cesta con comida para su pequeña excursión. Caminaron por largo rato, tomados de la mano hasta llegar a un lugar maravilloso. Un sitio cercano al lago que se encontraba próximo a la villa, se sentaron bajo la sombra de un árbol y comieron lo traído en la cesta. Después de saciarse con los emparedados de pollo y el jugo de frutas, se acomodaron para estar más cerca. Terry se recostó en el tronco del árbol y Candy se colocó entre sus piernas, él la rodeó con sus brazos y colocó su mentón en el hombro de ella. Estuvieron largo rato en esa posición sin decir nada. Viendo el paisaje, regocijándose de la mutua compañía. Conversando sin hablar. En un lenguaje mudo maravilloso.

- ¿Sabes? –Dijo Terry después de largo rato- Este lugar siempre me ha fascinado.

- Es muy lindo.

- Quisiera pasar muchas tardes aquí contigo.

- Lo haremos. Después que nos casemos pasaremos muchos días como este. Solos los dos, viendo el paisaje.

- Estaremos juntos siempre. –sonrió

- Siempre –repitió

- Una vez, escuché algo que en su momento no entendí.

- ¿Qué? –preguntó curiosa

- Bueno, escuché que los hombres solo se enamoran una vez en la vida. Pasan toda su vida buscando a la mujer indicada para pasar el resto de su vida con ella. Cuando la encuentran no tienen miedo de proponerle matrimonio. Porque están seguros de el paso que darán.

- Pero tú ya le habías propuesto matrimonio a Sophie –dijo ella celosa- Así que no es muy cierta esa teoría

Terry notó el tono en el que ella lo había dicho. Estaba celosa. Podía jurarlo.

- ¿Celosa? –dijo sonriente

- ¿Yo? –Preguntó con ironía tocándose el pecho- Para nada. Solo quería debatir tu teoría. –Terry sonrió

- No es mi teoría, pequeña. Solo te digo que lo escuché. Pero por estar haciendo comentarios llenos de celos, no me dejaste terminar.

- Está bien, continúa.

- Bien. Te decía, que solo una vez se enamora un hombre en la vida. Yo estoy seguro ahora de esto. Porque te amo. Te amo como nunca creí amar nunca a alguien en la vida. Y estoy seguro de querer estar a tu lado para siempre. Lo de Sophie, como te lo comenté en su oportunidad fue solo una tabla de salvación. No quería estar solo de por vida, quería compartir con alguien mis triunfos y fracasos. Así que al proponerle matrimonio fue para compartir con ella mi vida, no porque la amara. Por ella no sentí ni la cuarta parte de lo que siento por ti.

- ¿Seguro? –preguntó recelosa

- Te lo juro –dijo bromista mientras levantaba su mano derecha- Se que nunca sentiré por nadie lo que siento por ti. Por eso –se retiró un poco- quiero pedirte algo. –Sacó del bolsillo de su pantalón una bolsita blanca, sacó de ésta una pequeña caja azul y se incorporó por completo- Candy –la tomó de la mano- te amo –se hincó a su lado- ¿Tú me amas?

- Si –ella se hincó a su lado

- Quiero pasar el resto de mi vida a tu lado. Disfrutando los pequeños detalles juntos, pasando momentos como este. Así que –sonrió- ¿Quieres casarte conmigo? –abrió la caja, donde ante sus ojos apareció un hermoso anillo de compromiso

- Terry –sus ojos se llenaron de lágrimas- Claro que quiero. –lo abrazó

Terry sonrió y la recibió en sus brazos. Estuvieron así un momento, hasta que ella se incorporó y él tomó su mano izquierda y colocó en su dedo el anillo que hacia oficial su compromiso. Candy desde su llegada a Escocia, había prescindido del anillo que Anthony le diera, así que el lugar estaba vacío. Sonrieron y él le besó la mano. Después su boca se dirigió a otro lado que disfrutaba más besar, los labios de Candy. El beso fue cargado de emoción y amor, ahora ya estaban comprometidos oficialmente, y ambos se sentían flotar en nubes. Después retornaron a su antigua posición y nuevamente Terry recostó su mentón en el hombro de Candy.

- Aunque, ahora que lo pienso no te comenté todo lo que esa vez escuché –sonrió

- ¿Qué es?

- Bueno. Además escuché que así como los hombres solo se enamoran una vez en la vida, las mujeres pueden llegar a enamorarse más de una vez; solo que en distintas intensidades.

- ¿De verdad?

- Si. ¿Te has enamorado alguna otra vez Candy? –Preguntó- ¿Amaste a Anthony?

- Ahora el celoso es otro. –bromeó

- Contéstame. ¿Amas o amaste a Anthony? –Dijo ansioso- Si lo amaste, ¿me amas más a mí?

Candy escuchó en la voz de él, ansiedad. Terry parecía de pronto inseguro.

- Nunca amé a Anthony. –Trató de ver a sus ojos- Te amo a ti.

Terry sonrió, vio la sinceridad en la mirada de Candy. No necesitaba más.

- ¿Sabes? –Dijo Candy después de un momento- No creo que esto que dices sea así en todas las mujeres. Yo nunca me enamoré antes de ti. Y la verdad, no creo que pueda enamorarme de alguien más después de ti.

Después de este último comentario, ya no hablaron más del tema. Estuvieron hasta el atardecer juntos, hablando de su próxima boda y sobre su futuro juntos hasta regresar ya entrada la noche a casa.

Fin Flash Back

Ahora, teniéndolo frente a ella después de la conversación con su madre. El anillo que Terry le diera, era un recordatorio de que tenía que devolvérselo. Romper su compromiso con él y romperle además, su corazón.

Porque Terry la amaba. Ella estaba segura de eso.

¿Cómo podría resistirse a la constante idea de pedirle regresar a Escocia y olvidarse de todo?

¿Cómo podría decirle que no lo amaba después de lo que le había dicho esa tarde?

Era ilógico. No se lo creería. Necesitaba sonar convincente, pero… no podía sonar convincente de algo que estaba completamente no sentir.

Lo amaba. Lo amaría para toda la vida.

Observó el reloj en la mesita de noche y vio que ya era hora. Debía dirigirse al apartamento de Terry para tener una conversación con él y comunicarle su decisión. Estaba a punto de salir de su apartamento cuando su celular sonó. Era Anthony. Sonó varias veces, pero no tenía intención de contestarle. Estaba mal anímicamente y hablar con él solo contribuiría más a su depresión. Ignoró el timbre del teléfono y salió a la calle para tomar un taxi. Ya se encontraba en marcha cuando nuevamente sonó el celular, estuvo a punto de apagar el teléfono cuando vio que la llamada era de Terry… su corazón dio un vuelco.

- Hola –trató de sonar serena

- Candy, amor ¿dónde estás?

- Voy camino a tu apartamento, dijiste que me recibirías.

- Por supuesto. Es solo que te llamaba para ver si querías que te recogiera en el hospital. Como tu auto está en el estacionamiento del edificio. Supuse que no tendrías como venir. Necesitaba hablar contigo, necesito verte.

- No te apures, voy en un taxi. Estoy casi llegando.

- Entonces te espero.

- Claro. Llego pronto

Cortó la comunicación. Terry seguía siendo cariñoso y atento con ella. Que haría para reunir las fuerzas suficientes para romper su relación.

¡Que Dios la ayudara!

Al llegar a su destino, pagó los servicios de taxi y se encaminó a la recepción del edificio. El encargado de la recepción, tenía instrucciones de dejarla pasar así que Candy no tuvo inconveniente de dirigirse al último piso, donde se encontraba el lujoso apartamento de Terry. Tomó el elevador y cuando estuvo frente a la puerta de Terry, respiró hondo. Muy hondo. Varias veces, hasta que tuvo el valor de tocar el timbre. Escuchó pasos que se aproximaban a la puerta. Era Terry.

¡Dios! Estuvo a punto de correr, irse y pensar un poco más el asunto. Pero no. Se detuvo y esperó.

La decisión estaba tomada.

Quizás en otras vidas… Quizás en otras muertes…

Terry abrió la puerta y sonrió al ver a Candy parada frente a él. La tomó de la mano y la condujo al interior.

- Candy –dijo abrazándola por detrás- Te extrañé mucho amor –dijo besando su cuello mientras caminaban

- Terry –tragó seco- Necesitamos hablar

- ¿Sobre?

Candy lo volteó a ver y lo vio confundido. Estaba a punto de aclarar su confusión.

- Sobre… sobre nosotros.

- Ah, me asustaste. Creí que era algo relacionado a tu familia. Por cierto, ¿Cómo tomaron lo nuestro? –dijo curioso mientras se dirigía a la sala junto a ella- con lo de tu padre ya no tuve oportunidad de preguntarte.

- Terry. Es precisamente sobre todo eso que quiero hablar contigo.

- Dime

- Esto no puede continuar –espetó rápidamente

- ¿Esto? ¿A qué te refieres con "esto"?

- A nosotros. No podemos seguir juntos. Me casaré con Anthony como teníamos planeado.

- ¿qué dices? –Dijo confundido- ¿Estás bromeando?

- No

- No entiendo porque estás diciendo todo esto.

- Porque es la verdad –trató de sonar serena, aunque estuviera muriendo por dentro- Me casaré con Anthony. Solo vine a devolverte esto –le colocó la caja que contenía el anillo en la mano.

- ¿Qué clase de broma es esta Candy?

- No estoy bromeando. No me casaré contigo. No podemos seguir juntos. Me casaré con Anthony. –Se alejó un poco- Solo eso vine a decirte. Así que me retiro.

- ¡No! –Gritó- No te dejaré ir. Tenemos que hablar. No entiendo que está sucediendo. No puedo creer lo que me dices –dijo desesperado

- ¡Créelo! –Dijo segura- Me casaré con él.

- No lo harás, no te casarás con él porque tú me amas a mí.

- Te equivocas. –Tragó seco- No te amo. Nunca te amé. Lo nuestro fue solo una ilusión pasajera. Me he dado cuenta que amo a Anthony –mintió- No puedo permanecer a tu lado.

- ¡Mientes! –Dijo desesperado- No te creo –su garganta se cerró- No sé porque me dices todo esto. Pero no te creo. No te lo creo

Candy se alejó completamente de él y caminó hacia la puerta. Las lágrimas estaban inundando sus ojos y no podía permitir que Terry las viera. Hubiera podido contarle la verdad pero hubiera hecho todo más difícil. Era mejor hacerle creer que no lo amaba, lo abandonaría diciéndole que en verdad amaba a Anthony para que la odiara. Terminaría olvidándola, estaba segura. La idea le dolía profundamente, pero Terry merecía ser feliz. Aún si no era a su lado.

- No te vayas –la tomó del brazo por atrás- Debemos hablar –se puso frente a ella- Tienes que explicarme porque me dices todo esto

- No hagas todo más difícil Terry. Detengamos todo en este momento.

- No. –La tomó de la mano y la condujo a la sala, la sentó a su lado y la vio a los ojos- Repíteme lo que me dijiste hace un momento viéndome a los ojos.

Candy palideció. Tenerlo tan cerca, con su mirada penetrante viéndola de esa forma… ¡no podría hacerlo!

- Dímelo Candy. Dime que no me amas

- NO te amo –dijo tratando de aclarar la garganta- No te amo –sus ojos estaban a punto de explotar- ¿Contento?

- ¿Por qué? –una lágrima salió de sus bellos ojos- ¿Por qué me dices esto Candy?

- Porque es la verdad. Es mejor parar todo esto de una vez. Antes de hacer más daño.

- ayer todavía estabas convencida de amarme

- Tuve tiempo de pensarlo. –desvió la mirada

- No te creo –la forzó a verlo- Veo en tus ojos que me mientes.

- Lo que tu y yo tuvimos fue una aventura –nunca había mentido tanto- Algo pasajero. No es amor. No te amo. Tú no me amas. Fue una ilusión. Me olvidarás –tragó saliva nuevamente- así como yo ya te olvidé. Al ver a Anthony nuevamente entendí que es a su lado con quien quiero estar.

Terry comenzó a llorar, eran lágrimas que se resbalaban libres por su rostro. No entendía que pudo haber hecho cambiar de opinión a Candy. Veía en sus ojos una mentira. Pero como podía convencerla de lo contrario. En un arranque desesperado por demostrarle que mentía, la tomó en sus brazos y la besó. La besó con fuerza y determinación. Para demostrarle como su cuerpo reaccionaba rápidamente a sus avances, pero se equivocó. Candy permaneció impávida. No se movió. Resistiendo con todas sus fuerzas caer en la tentación de sus besos.

- ¿Por qué nos haces esto Candy? –Terry lloraba

- Es lo mejor. Es mejor cortar con todo ahora, antes que sea demasiado tarde.

Candy intentó pararse pero él la detuvo.

- ¿Te están presionando para que hagas esto? –Dijo ansioso- El imbécil de Anthony te está obligando a decirme todo esto, ¿Verdad?

- No se de que hablas

- Por supuesto. Eso es, te está obligando. ¡Maldito!

- Pero me va a oír.

Candy palideció. Terry no podía decirle nada a Anthony. Arruinaría todo.

- Detente –dijo al ver que él se paraba- No es verdad lo que dices. Acéptalo –dijo desafiante- ¡NO TE AMO! Aprende a perder.

Terry sintió un golpe directo al corazón. Candy sonaba fría y sin inmutarse por lo que había dicho.

¿Y si era verdad lo que decía?

Pero él podía ver amor en sus ojos cada vez que la abrazaba y besaba cuando estaban en Escocia. No pudieron haber sido mentira las veces que le dije te amor, cuando hacían el amor. No podía creerlo…

- Será mejor irme.

- No me importa –dijo secándose el rostro cubierto de lágrimas- No me importa lo que te haga decir todo esto. ¡No te creo!

- Pues peor para ti –trató de sonar convincente

- ¿Qué te pasa Candy? ¿Por qué estas diciendo todo esto?

- Ya te lo dije Terry. –Dijo levantándose del lugar en donde estaba sentada- Y no pienso volver a repetirlo. Será mejor que me vaya

- ¡No! –La tomó del brazo- No permitiré que te vayas

- ¡Déjame! –Se soltó de su agarre- No hagas las cosas más difíciles. Será mejor que me vaya de una vez.

- Por favor, Candy. No te vayas. No me dejes. –Lloraba- Yo sé que me amas.

Candy volteó el rostro hacia otro lado, incapaz de sostenerle la mirada. Le dolía inmensamente ser la causante de semejante dolor.

Pero era mejor así.

Si le decía toda la verdad, no le permitiría dejarlo. Eso haría todo más difícil. Debía apartarse del camino de Terry. Atesoraría en su memoria los momentos felices a su lado. En sus brazos había conocido la felicidad. Por lo menos tuvo oportunidad de saber que era ser feliz, antes de vivir permanentemente en la desdicha.

- Terry, no te hagas esto. No hagas este momento más difícil. Ya te lo dije –tragó seco- No te amo. Lo nuestro no es amor, nunca lo fue. –Mintió- Fue solo una ilusión. Apenas si nos conocemos, no puedo abandonar todo lo que conozco por un espejismo.

- ¿Un espejismo? –dijo incrédulo

- Si. Fue una atracción, nada más. Algo que creímos sentir. Pero no era amor. –estuvo a punto de llorar al verlo tan descompuesto- No te amo Terry, entiéndelo.

Se volteó y empezó a caminar a la salida. Necesitaba salir de allí y llorar con todas su fuerzas. Le estaba rompiendo el corazón a Terry, y se sentía miserable. Cuando estaba a punto de salir del apartamento, mientras sostenía el pomo de la puerta, lo escuchó decir algo que se clavó en su memoria.

- No me importa lo que dices. No te creo. Nunca lo creeré. Yo sé que me amas –lloraba- Nosotros nos amamos. No sé que te hizo cambiar de opinión con respecto a estar conmigo, pero siempre te amaré. –Sin voltear a verlo, oía atenta lo que él decía- Te esperaré Candy. Todos los días, en este apartamento. Te estaré esperando, a que cambies de opinión. Todos los días, pediré al cielo; le pediré a Dios que toques ese timbre y te arrojes en mis brazos. Todos los días Candy. No importa la hora. Todos los días hasta el día de tu boda. Aún en la puerta de la iglesia, no me importará. Te estaré esperando. A que cambies de opinión. Pero si entras a la Iglesia Candy. Dejaré de hacerlo. Te dejaré ir. Entenderé que era verdad que no me amabas y que preferías estar con Anthony. Solo hasta entonces. Pero hasta que llegue ese día. ¡Te esperaré!

Candy sintió finalmente agua salada correr por sus mejillas. Las palabras de Terry estaban cargadas de emoción y ella no pudo soportarlo. Lo estaba destruyendo, y se estaba destruyendo. Sin voltear a verlo, abrió la puerta y antes de cerrar la puerta lo escuchó decir nuevamente…

- ¡Te esperaré!

Que ganas de rozarte… que ganas de tocarte, de acercarme a ti… y golpearte con un beso, de fugarnos para siempre… ¡sin daños a terceros!

CONTINUARA...


Hola!

Espero que les guste este capitulo, que lo disfruten... asi como yo disfrute escribirlo!

MIL GRACIAS A TODAS USTEDES NIÑAS HERMOSAS POR SU APOYO...

ChrisK, patty reyna, Mayuel, Oligranchester, WISAL, luna, Wendy, tamborsita333, Lisseth, Ltty, Val Rod, Rosi White, Olgaliz, cinthya, karen, Giomar, carmencita, eli, neidy, Janeth...

Mil gracias por sus reviews, y por tomarse el tiempo de comentar... me ayudan a continuar!

Como siempre... esperare ansiosa sus impresiones!

SALUDITOS

P.D. a las que siguen "amor apasionado"... a partir de hoy esta rated como "M", asi que no aparece en la pagina principal... lo digo para que estén enteradas. sin mas... me despido!

que estén bien!