CAPITULO 22
Sintió la luz de la mañana golpear su rostro. Sin abrir los ojos, supo que hubiera preferido nunca más abrirlos. Había llegado el día…
Habían pasado ya quince días desde la última conversación que había sostenido con Terry, pero cada palabra, gesto y movimiento; los tenía clavados en su mente y corazón. Estos días había sido crueles y tormentosos, día y noche se repetía lo dicho a Terry y no podía creer aún lo convincente que había sonado. Seguramente para estos momentos Terry la odiaría y eso en parte le hacía sentir mejor, solo por el hecho que él podría encontrar a alguien que lo hiciera feliz y con quien pudiera estar sin dañar a otras personas. Le dolía este posible hecho, pero era una decisión que había tomado; y que Dios la ayudara a continuar.
A la mañana siguiente de su rompimiento de Terry, Karen llegó a visitarla a su casa. Había decidido permanecer en la casa de sus padres, pues temía que estando sola arrepentirse de lo que había hecho e ir a buscar a Terry y arruinar todo. Era mejor permanecer "resguardada" en la casa White. Como era de esperarse, Karen no creyó lo que ella le dijo con tanto ímpetu. Siendo la mujer perceptiva que era, Karen supuso que estaban obligando a Candy a hacer lo que hacía, y se lo dejó ver. La rubia no se dejó convencer de "confesar" lo que Karen temía.
Como gesto de solidaridad a su primo, y como acto de reprobación a la decisión de la rubia; Karen le comunicó a Candy que ya no podría ser su dama de honor; la rubia entendió perfectamente la posición de la castaña y no le reprochó su decisión.
Desde ese día no la había vuelto a ver, y se sentía más sola que nunca. Pero entendía perfectamente la situación de Karen. A parte de ser su amiga era prima de Terry, no podía traicionarlo así siendo partícipe del enlace de ella con Anthony.
Su padre, había salido del hospital seis días antes. Contrario a lo que ella hubiese deseado, la boda seguía en pie y se realizaría el día indicado. Anthony y su madre no permitieron si quiera la mera mención de una posible prórroga; así que contrario a lo más lógico… el día de su boda era hoy.
Los últimos detalles para el enlace, no tuvo ninguna intención de ultimarlos. Su madre, se encargó de todo y Candy no tuvo ninguna injerencia en las decisiones tomadas por ella. De cualquier forma era un evento que no tenía intención de disfrutar, así que porque molestarse en que todo saliera bien. Mejor si todo saliera mal… aunque con su suerte, no creía que nada pudiera salir mal.
En esos días, había visto muy poco a Anthony. Y había evitado hablar con su madre. Se había enfrascado en una soledad autoimpuesta, no quería estar acompañada; a pesar que algunas amigas de América habían llegado a Londres con motivo de su boda, pero a ellas también había evitado. Quería estar sola, en la medida de lo posible trató de no convivir con nadie.
Finalmente abrió los ojos y sintió nuevas lágrimas inundar sus mejillas. No había habido día en todo este tiempo que dejara de llorar, solo esperaba llegar a acostumbrarse a esta tristeza.
Un leve golpe en la puerta le hizo finalmente incorporarse y poner ambos pies en la alfombra a los pies de la cama, vio el reloj en la mesita de noche y notó que ya era hora para empezar a arreglarse; seguramente ese era el motivo por el que alguien había llegado a despertarla.
- Adelante –dijo sin demasiado ánimo
De la puerta ingresaron dos jóvenes que Candy conocía muy bien. La primera era Annie Britter, pelo negro, alta y esbelta; su mejor amiga durante su estancia en América. La segunda era Patty O'Brian, castaña, alta y con anteojos; la había conocido en sus largas estancias en la biblioteca cuando aún no había sacado su título universitario. Las tres se habían hecho muy cercanas, las consideraba muy buenas amigas y por eso las había invitado a ser sus damas para la boda.
- Candy, ¡por Dios santo! –Exclamó Annie- debes levantarte ¡ya! –Se dirigió a ella- tienes que tomar una ducha y si no lo haces pronto no se te secará el pelo a tiempo para que el estilista te pueda peinar.
Annie era un poco diferente a ella, era un poco superficial, siempre tratando de dar buena impresión a las personas con su apariencia; cosa distante a ella. Aún así la apreciaba mucho y comprendía que lo que le decía en estos momentos era para ayudarla, después de todo Annie no tenía idea de sus verdaderos sentimientos con respecto a esta boda.
- Annie, por favor; deja un momento en paz a Candy. Tiene que estar relajada y tu solo la perturbas. –Se dirigió a Annie- No le hagas caso Candy –se dirigió a ella- Después de todo la novia puede hacer esperar un poco al novio ¿verdad? –le guiñó un ojo
Patty por el contrario era muy práctica, si bien se esforzaba por dar una buena imagen de sí misma; no se esmeraba demasiado en ello, considerando siempre que lo importante de la vida no era la apariencia física sino la educación e intelecto.
- Patty, esto déjamelo a mí. Yo soy la dama de honor ¿te recuerdas? –le dijo en todo recriminador- Yo soy la que se encargará de dirigir el arreglo de Candy.
- Está bien
Candy no hablaba. No tenía intención de discutir su arreglo con ellas, ni con nadie. Podrían decirle que iría en harapos y a ella no le hubiese importado. Tan desdichada se sentía que ni aún luciendo como princesa, le haría sentirse en lo mínimo mejor.
- Tierra hablando a Candy. –Dijo Annie burlona- ¿Dónde andas amiga? Tienes que apresurarte
- Annie, no tengo ánimos de tomar una ducha. Tome un baño anoche, mi pelo huele bien –se acercó unos mechones a su nariz- Creo que sobreviviré este día sin bañarme
- ¡De ninguna manera! –Casi gritó Annie- Debes estar fresca y olorosa. Recuerda que hoy también es tu noche de bodas –le guiñó un ojo- No puedes tener el más mínimo mal olor.
Candy rodó los ojos, con Annie no se podía discutir. Tendría que tomar la ducha que le decía de cualquier manera. Se dirigió al baño y les suplicó que la dejaran hacerlo sola, se encerró en el cuarto y se miró al espejo. Notó su rostro ojeroso y nuevas lágrimas rodaron por sus mejillas; por primera vez desde que había aceptado el deber que tenía, pensó seriamente en su vida sexual. Era verdad, tendría que compartir la cama con Anthony a partir de hoy; y solo pensarlo le provocó un fuerte dolor de estómago. Hacer el amor con Terry había sido magnífico… ¡mágico! Imaginarse tener que tener relaciones con Anthony le hacía sentirse asqueada. No por Anthony, sino por el hecho de compartir semejante grado de intimidad con alguien a quien no amaba.
Sin mucho ánimo, tomó la ducha que le sugiriera Annie y salió enfundada en una bata blanca en el cuerpo y una toalla enrollada en su cabello, a la habitación. Notó que ni Annie ni Patty se encontraban en el lugar y se sentó en su cama con la vista fija a la nada.
¡Se suponía que este debía ser el día más feliz de su vida!
Pero estaba muy lejano de serlo.
A los pocos minutos de estar sentada en la cama, haciendo nada; entraron nuevamente Annie y Patty con el cabello mojado; ella también habían ido a tomar un baño.
- ¡Qué bien que ya terminaste! –Dijo Annie- El estilista ya llegó, le diré que suba para que empiece a secarte el pelo y que después te haga el peinado que hemos ensayado. –Su amiga se veía emocionada- Estoy ansiosa con verte ya lista. Te mirarás hermosa –dijo sonriente
- Supongo
- Candy, no te miras muy feliz ¿te sucede algo? –preguntó Patty
- Son solo nervios –dijo Annie
- Annie, se lo pregunté a Candy. –Dijo enojada- ¿No tenías que ir por el estilista? Anda ya… yo quiero hablar algo con Candy.
- Está bien, pero solo porque estamos en contra del tiempo. Debemos apresurarnos. –Dijo mientras caminaba hacia la puerta- El estilista todavía tiene que maquillarnos y peinarnos a nosotras. –terminó de decir antes de salir de la habitación
Patty se encaminó a la cama de Candy y se sentó a su lado. La tomó de la mano y la instó a verla a los ojos.
- Candy, mírame –le tomó la barbilla- ¿Estás feliz?
- Si
- No se te nota muy entusiasmada con la boda. ¿Estás segura que quieres hacerlo? Todavía estas a tiempo de cancelar la boda
- No, Patty. Estoy segura.
- Está bien, te creo. Pero solo recuerda, la decisión que tomaste no es definitiva. Si tienes la más ligera duda; ¡piénsalo! Cuando estés casada ya no habrá marcha atrás, pero si lo dudas aún estando frente al altar… ¡no lo hagas! No te cases sin amor. Yo sé lo que es vivir con una pareja que se casó sin amor –le dijo con ojos llorosos- Te he contado muchas veces lo mucho que mis padres se hicieron daño al estar casados sin amor ¿no es así? –Candy asintió- Recuerda que si te casas, lo más probable es que tendrás hijos; no los condenes a lo que yo viví. Ver a tus padres convivir sin amor no es nada agradable.
- No te preocupes Patty, eso no sucederá.
- De acuerdo –se limpió los ojos- Entonces, a disfrutar. No todos los días uno se casa –sonrió
- Tienes razón, será mejor apresurarnos.
Candy simuló una sonrisa y Patty se retiró de la habitación a ver porque Annie tardaba tanto. En cuanto la castaña salió del cuarto, Candy comenzó a llorar. Las palabras de Patty le había hecho daño, era verdad lo que su amiga había dicho. No quería condenar a sus hijos a vivir dentro de un matrimonio sin amor, pero trataría de no delatar nunca sus verdaderos sentimientos. Si creía que este sería el peor día de su vida, imaginarse el resto de ella viviendo sin amor; le hacían duda mucho de este juicio.
Casi nada tardó Patty en regresar a la habitación, Annie venía ya de camino a ella con el estilista y rápido pusieron manos a la obra.
Tenían ya un bosquejo de peinado y maquillaje que le sería favorable por el estilo de vestido, el estilista puso todos sus conocimientos y pronto Candy estuvo lista; solo faltaban los toques finales que darían al colocar el vestido.
Complacido por el trabajo realizado, dejó a Candy sola en su habitación mientras se dirigía a la contigua a preparar a las damas de honor que también serían arregladas por él. Estando sola nuevamente, Candy sintió más deseos de llorar… pero se contuvo. No quería arruinar su maquillaje y obligar al estilista a arreglarla de nuevo; tenían en contra el tiempo. Cada vez estaba más cercana la hora del enlace, la hora pactada era a las cuatro de la tarde y ya eran más de las dos. Estando sola, se dirigió al ventanal de su habitación y observó hacia al jardín por un largo rato, hasta que sintió una presencia detrás de ella; era su madre.
- Estás casi lista
- Así es –dijo sin voltear a verla
- Solo hace falta que te pongan el vestido.
- Ajá
- ¿Hasta cuando dejarás de aplicarme la ley del hielo?
- No sé de que hablas
- Me has evitado todos estos días y apenas si me hablas. No puedes permanecer el resto de tu vida ignorándome y evitando hablar conmigo en presencia de otros.
Candy no contestó.
- Te estoy hablando –fue a donde ella estaba y la obligó a verla- Ten la decencia de voltear a verme al momento que yo me dirija a ti
- No madre. Ya no, a partir de este día yo ya no tengo ninguna obligación de hacerte caso en nada. Seré una mujer casada ¿lo recuerdas?
- Que estés casada no te prohíbe respetarme.
- ¿Tú me pides respeto a mí? ¡Ja! No me hagas reír. Si he tratado de no hablarte estos días es precisamente por esto –señaló a ambas- Para no tener esta conversación, para no decirte de una vez por todo ¡lo mucho que te odio! –Dijo con rabia- ¡Te odio mamá! ¡Te odio por preferir tu preciosa casa, tu dinero y tus joyas a mí! –Gritó- ¡Te odio por obligarme a hacer esto!
- ¡No grites! –Dijo tapándole la boda con la palma de su mano- ¡Yo no te estoy obligando a nada! Fue tu decisión, yo solo me encargué de advertirte lo que sucedería de no hacerlo.
- Si, claro. ¿Sabes que mamá? Ya no importa de todas maneras… solo si te pido un favor. ¡Déjame sola! Quiero estar sola… -gritó alterada
- Está bien, te dejaré sola. Solo vine a decirte que tu padre te entregará en el altar
- ¿Mi papá? –dijo confundida
- Si, quiere hacerlo
- Pero si no puede abandonar la silla de ruedas
- Se siente mejor. El médico dijo que estaba bien que caminara, lo hará.
Sarah abandonó la habitación dejando a Candy muy confundida. Era verdad que no se había preocupado por la salud de su padre en estos días, demasiado enojada y alterada por la situación, pero aún así no esperaba esta "inmediata" recuperación de su corazón. Ahora que lo pensaba bien… era muy pronto para abandonar el hospital ¿no?
¡Dios! ¿Y si todo hubiera sido una trampa?
No quería pensar en ello. No quería tener una razón más para odiar a sus padres. Hubiera sido vil inventar algo de esta magnitud para obligarla a casarse con Anthony.
En estos pensamientos estaba cuando, Dorothy entró a la habitación con una charola de alimentos.
- Señorita Candy, debe comer algo.
- No tengo ganas de comer en este momento, Dorothy. Gracias –le sonrió- Pero serías tan amable de llevarte esta comida. Verla me provocó mucho asco.
Dorothy levantó la ceja sorprendida por la reacción de Candy. Por años la conocía, y aunque ella estuviera viviendo en América gran parte de su vida, aún así sabía sus gustos; y en especial la comida que le había preparado era su favorita.
- Tiene que comer algo.
- No. De verdad, no tengo ganas. Comeré algo más tarde en la recepción. –dijo sonriente, aunque asqueada de pronto.
- Está bien. Pero no es saludable que se quede tantas horas sin comer; anoche tampoco comió nada.
- Estaré bien.
Dorothy sonrió y se retiró, dejando a Candy sola nuevamente; pero la soledad le duró poco rápidamente Annie y Patty entraron nuevamente a la habitación de la rubia, estando totalmente listas y preparadas para la ceremonia.
- ¿Qué tal nos vemos? –preguntó Annie sonriente, mientras le modelaba el vestido
- Se ven muy bien
- Gracias –dijo Patty- Ahora solo faltas tu. Te ayudaremos con el vestido, pero antes le avisaremos a tu madre. Probablemente quiera estar en este momento –dijo Annie encaminándose a la puerta
- ¡No! –Gritó Candy- No… no quiero que ella venga. –Patty la vio confundida.
- ¿Por qué? –preguntó Annie
- Quiero que solo seamos ustedes dos y yo. ¿De acuerdo? –Dijo dudosa- Mi madre está de acuerdo, además todavía tiene mucho que hacer y tiene que ayudar a mi padre con su atuendo. Será mejor no retrasarla –trató de sonar convincente
- Está bien –dijo Annie- Seremos solo nosotras
Candy sonrió y sus amigas se dirigieron a la otra habitación donde se encontraba el vestido de la rubia. Candy no había tenido el valor de tenerlo la noche anterior en su habitación, por lo que al recibirlo la tarde anterior había ordenado lo colocaran en la habitación contigua. Al entrar con el vestido en sus manos al lugar donde estaba Candy, ella tembló. Hacia tantos meses que lo había escogido, segura en ese momento que se sentiría bonita y segura portándolo; ahora en estas circunstancias… no creía soportar verse en el espejo al tenerlo puesto.
- Candy, ¡es hermoso! –Dijo Annie- Te verás radiante con él. Anthony se enamorará un poco más de ti al vértelo puesto. –aseguró
- Ya lo creo, es divino. Tienes muy buen gusto amiga –dijo Patty
- Gracias
Después de decir nuevamente lo hermoso que el vestido estaba, procedieron a ayudar a Candy a ponerse el vestido blanco de novia que usaría ese día durante el enlace. Fue una tarea relativamente fácil, pues el conjunto constaba de dos piezas; un faldón no demasiado amplio con diferentes niveles y pliegues en forma de A, en la parte superior constaba de un corsé strapples con una franja a la altura de la cintura hecha de diamantes Swarosvki; y el diseño del vestido contaba con una ligera maya para los hombros del mismo tono del vestido solo que transparente, para ser utilizado durante la ceremonia religiosa.
El vestido en verdad era una belleza.
Lástima que ella no lo pudiera disfrutar del todo. No se había visto al espejo con el vestido puesto desde hacía mucho, y ahora, estando ya maquillada y peinada; no tenía ninguna intención de hacerlo.
- ¡Amiga! –Sollozó Annie- Me dejas sin palabras… ¡te ves preciosa!
- Es verdad Candy, te ves muy linda. Serás la envidia de muchas esta noche
¡Ja!... Se burló Candy de sí misma… ¡nadie querría estar en su lugar! No tendría nadie porque envidiarla…
- Gracias
- No tienes porque, es la verdad. Ahora –le tomó la mano- es tu turno de ver lo hermosa que estas
Sin que lo pudiera evitar, Annie la volteó al espejo de cuerpo completo que estaba en un extremo de la habitación. Entonces se vio… una especie de rabia y dolor se apoderó de su corazón e inundó sus ojos de lágrimas, tenía ganas de llorar… pero no por las razones que sus amigas creyeron.
- ¿Verdad que te ves hermosa? –Sonrió Patty- Pero anda, no llores. Arruinarás tu maquillaje. Debes estar impecable.
- Te dejaremos un momento sola, tenemos algo que arreglar todavía. No puedes permanecer mucho tiempo aquí. Tienes cinco minutos –le advirtió Annie- Debes bajar después de eso para prepararnos para ir a la iglesia. ¿Me oíste? –la miró- ¡cinco minutos!
- De acuerdo –trató de sonreír
- Te esperamos abajo.
Annie y Patty salieron de la habitación, y Candy se quedó observando su reflejo en el espejo. El vestido era hermoso, como sus amigas lo habían dicho; por eso lo había escogido meses atrás. El maquillaje y peinado eran espléndidos, se veía muy bien. Entonces, sin proponérselo empezó a escuchar la voz de Terry en su memoria… diciéndole lo que le había dicho esa vez que le había dado el anillo de compromiso, cuando se quedaron abrazados observando el paisaje escocés.
…el día de nuestra boda, te pondrás tu vestido blanco y te mirarás al espejo. Te sentirás feliz y dichosa porque estaremos a pocos instantes de convertirnos en marido y mujer ante la sociedad…
Las lágrimas se le salieron de los ojos antes de que lo tratara de evitar, la voz de Terry era tan real como si lo tuviera a su lado.
…estarás nerviosa pero eso no evitará que modeles el vestido al espejo frente a ti, eres una mujer vanidosa por naturaleza Estoy seguro que querrás ultimar cada detalle de tu apariencia para verte preciosa para mí. Porque para mí es para quien te vestirás ese día…
Recordó que le había debatido el hecho de "ser una mujer vanidosa por naturaleza", tal y como él lo había asegurado; pero en el fondo supo que era verdad. De ser con Terry con quien estuviera a punto de casarse, querría verse bonita para él y nada más que para él.
…Pero ¿sabes? no importará que te pongas ese día, tu siempre te mirarás bonita para mí…
Un toque en la puerta le trajo de nuevo a la realidad
- Candy… es hora –la voz de su madre
Suspiró al verse en el espejo y caminó hacia la puerta. Caminó hacia las escaleras y de nuevo la voz de Terry le dijo al oído…
…caminarás por el pasillo de tu casa hasta llegar a las escaleras, y al pie de ellas estarás tus seres más queridos; esperando por ti para llevarte a la iglesia donde yo estaré esperándote ansioso…
- Te ves hermosa –exclamó el padre de Candy
- Gracias
Bajó las escaleras y al estar ya en la planta baja, su padre le dio un beso en la mejilla; apenas sonrió y todos se encaminaron a la limosina que los esperaba a fuera. El camino fue silencioso y ella no dejaba de escuchar la voz de Terry en su mente
…Mientras tú vas de camino a la iglesia yo estaré ansioso en la puerta del lugar, dando vueltas como león enjaulado; temiendo que no llegues. Aunque eso sería imposible, pues ¿quién teniéndome estaría dispuesta a perderme?...
Esto lo había dicho sonriente, en tono de broma para hacer la reír. Pero ahora todas estas palabras en su mente la hacían sentir estúpida; estaban llenas de verdad, ¿cómo fue capaz de dejarlo ir?
Al llegar a la puerta de la iglesia, vio en ese mismo estado de ansiedad que Terry había descrito; daba vueltas de un lado a otro, lo vio tranquilizarse al ver la limosina parquearse en el lugar. Entonces dio media vuelta y entró a la iglesia. Su padre le ayudó a salir del vehículo al percatarse que Anthony había entrado, el momento había llegado. Recordaba que Terry le había dicho que la esperaría hasta que entrara a la iglesia, y después se olvidaría de ella… al poner un pie dentro de la parroquia; una fuerte punzada atravesó su pecho, estaba a punto de perder cualquier posibilidad de estar con él. Entonces creyó verlo, pero era imposible…
Del brazo de su padre, entró por completo y la marcha nupcial comenzó.
…Caminarás por el pasillo de la iglesia del brazo de tu padre y yo estaré al final del pasillo sonriente, esperando por ti…
Al final del pasillo estaba Anthony, vistiendo impecable en un smoking negro, sonriendo esperando por ella.
…en mis ojos mirarás el amor que tengo por ti, para mí en ese momento… no habrá más persona en el mundo que tu. Sonreiré para ti y mi felicidad la notarán a millas de distancia. Estaremos a minutos de unir nuestras vidas para siempre…
Una lágrima traicionera rodó por su mejilla, esperó en el alma que Anthony creyera que era de felicidad. No tenía intención de arruinarle el día, porque estaba segura que él estaba feliz por su próxima unión.
- Te entrego a mi hija, hazla muy feliz. –dijo su padre al llegar frente al altar
- Lo haré –se oyó la fuerte voz de Anthony
El sacerdote empezó la ceremonia, y todo se volvió confuso para Candy. Se sentía perdida en sus pensamientos, rememorando a cada instante momentos vividos al lado de Terry. Entonces llegó el momento de la verdad…
- Anthony, aceptas a Candy para amarla en lo próspero y en lo adverso en la salud y en la enfermedad todos los días de tu vida, hasta que la muerte los separe… -pronunció el sacerdote
- Acepto
- Candy, aceptas a Anthony para amarlo en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad todos los días de tu vida, hasta que la muerte los separe… -se dirigió a Candy…
Pronto su mente comenzó a repetir una y otra vez… "TODOS LOS DÍAS DE TU VIDA"… "Hasta que la muerte los separe"…
¿De verdad sería capaz de vivir con Anthony cada momento de su vida?
Anthony la volteó a ver, preguntándole con la mirada… instándola a que respondiera. Entonces lo supo, ¡no podría hacerlo! No lo amaba… no aprendería a vivir a su lado, solo se engañaría a si misma. No podría engañarlo, no quería hacerlo. ¡Había sido una estúpida al pensar que podía!
- No
Un silencio sepulcral se escuchó en la iglesia.
- Lo siento Anthony –dijo poniéndose de pie- No puedo casarme contigo. ¡No puedo hacerlo!
Ante la mirada atónita de todos los presentes, se encaminó a la salida y no prestó atención a las llamadas histéricas de su madre ni a los cuchicheos de los invitados. Tenía que salir de allí, tenía que encontrar a Terry y contarle la verdad.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
Al regresar a su apartamento después de volver del aeropuerto, donde estuvo a punto de toparse con Terry; se sintió impotente. Mientras más tiempo pasara sin hablar con Terry más difícil sería que él la perdonara. Había regresado solo para ir por su auto y tomar algo de dinero, si tenía que buscar a Terry hasta el fin del mundo… lo haría.
Estaba a punto de salir nuevamente, cuando sonó el timbre y ella tembló. Lo último que necesitaba en este momento, era ver a sus padres; estaba casi segura que ellos serían. Temerosa, fue a abrir y en la puerta encontró al último ser que pensó ver…
- ¡Anthony! –dijo sorprendida
- ¿Puedo pasar? –preguntó serio, todavía portaba el traje con el que se casaría
- Claro
Anthony entró y ella cerró la puerta y quedó su espalda pegada a ella.
- Tenemos que hablar –dijo volteando a verla
- Lo sé
- ¿Estabas de salida?
- Si
- Imagino que irás a buscar a Terry
Candy palideció
- ¿Terry? –Preguntó temerosa- ¿Sabes… lo de Terry?
- Si, siempre lo supe
- ¿Cómo?
- Candy, antes que nada… quiero pedirte disculpas…
- No, Anthony –sus ojos se inundaron de lágrimas- Yo soy la que debe pedirte disculpas. No debí traicionar tu confianza involucrándome con Terry. Pero… yo no pude evitar enamorarme de él.
- Lo sé. Por eso mismo es que debo pedir tu perdón. Yo sabía lo que ustedes sentían el uno por el otro, y aún así me empeñé en separarlos. Yo… -titubeó- yo obligué a tus padres a que te forzaran a casarte conmigo
- ¿Tú?
- Si, días antes de regresar a Londres… una noche que estaba –se calló- en mi apartamento, recibí un correo; en el que me "informaban" –sonrió irónico- de tu relación con Terry, y me enfurecí. Me mandaban unas fotos donde estaban juntos, besándose –cerró los ojos- me decían que me engañaban y que abriera los ojos. Que no permitiera que se salieran con la suya, que tu me abandonarías y sería la burla de todos. La rabia me cegó. No quería que me dejaras días antes de la boda, mi orgullo me impedía pensar objetivamente. No quería que todos se burlaran de lo ocurrido… simplemente no lo podía soportar
- ¿Cómo… cómo pudiste? –Sollozó- Arruinaste mi vida, ¿por orgullo? ¿Me querías a tu lado para no ser motivo de burla en la sociedad?
- Si, no estoy orgulloso de ello. Pero créeme ya recibí mi merecido, que me dejaras frente al altar fue castigo suficiente para mi mal proceder.
- Yo siento eso
- No, Candy. Lo merecía. Quería tenerte a mi lado, por los motivos equivocados; no era amor lo que me llevó este día a la iglesia. Era ganarle a Terry, quedarme contigo a pesar de saber tu amor por él. Yo… lo siento Candy –la vio penetrantemente- De verdad lo siento
En ese momento Candy entendió a Anthony. No justificaba lo que había hecho pero ella tampoco había actuado del todo bien. Ella también se había equivocado.
- Creo que ambos nos equivocamos, tu proceder fue equivocado… pero admito que yo también debí hablar contigo antes de irme con Terry a Escocia. Yo también te debo una disculpa.
Anthony sonrió, había tenido tiempo para meditar todo y supo que lo mejor era que las cosas hubiesen sucedido así. De no haber sido por la in tempestuosa salida de Candy de la iglesia él hubiera seguido con la farsa, haciendo infelices a ambos. Porque él siempre estaría pensando en si Candy lo estaba comparando con Terry, si estaría pensando en él… la duda lo atormentaría de por vida… todo había ocurrido por algo.
- Que te parece si comenzamos de nuevo y tratamos de ser amigos –sonrió- Claro, será a distancia… porque planeo hacer un viaje largo y después radicar en Nueva York.
- ¿Te irás de Londres?
- Es lo mejor, así tú y Terry podrán ser felices sin la sombra de mi presencia. Actué mal y espero algún día Terry también pueda perdonarme. ¿Se lo dirás por mí?
- Eso si lo encuentro –lágrimas salieron de sus ojos- No sé donde está –exclamó desperada- No se por donde buscarlo.
- ¿Has preguntado a Karen? –Preguntó él- seguro ella lo sabe
- A su casa me dirigía antes de que llegaras
- Si quieres puedo llevarte
- Gracias
Estaban a punto de salir del apartamento, cuando Candy se le preguntó.
- Por cierto… ¿quién te envió ese correo que mencionas?
- Sophie
- ¿Sophie…
No terminó de decir lo que pretendía cuando se desvaneció. Anthony se asustó de muerte por el desmayo de la rubia y presuroso la condujo al hospital.
Llegó a la emergencia del mismo hospital donde había estado hospitalizado el padre de Candy, pidió ayuda a las enfermeras del lugar y pronto fue trasladada a un cuarto donde los médicos de turno la atenderían.
Estuvo varios minutos dando vueltas en la sala de espera, hasta que le permitieron pasar al cuarto de Candy.
Candy poco a poco recobró la conciencia, era un deja vu de lo ocurrido meses atrás cuando tuvo el accidente con Terry. Lo primero que vio fue el techo blanco de un frío cuarto de hospital y pensó por un momento que todo lo había soñado; talvez nada había ocurrido todavía.
- Candy, ¡que bueno que al fin despiertas!
Era Anthony vistiendo todavía su traje de novio después de todo, si había ocurrido todo….
- ¿Qué me pasó?
- Te desmayaste, y te traje al hospital.
- ¿Qué tengo? –se incorporó
- No lo sé, aún no me han informado. Lo que me alegra es que hayas recuperado el conocimiento. Me tenías preocupado
- Seguramente es la presión de estos días. No es nada serio
- Lo siento Candy, de verdad siento haber causado todo esto.
- No te preocupes –sonrió- Ya está todo aclarado, yo también me equivoqué. Es mejor ya no hablar de ello.
- Tienes razón
En ese momento, el médico encargado de la salud de Candy entró a la habitación.
- Doctor ¿qué tiene Candy? –preguntó Anthony poniéndose de pie
- Señor, no tiene porque preocuparse. Su esposa está bien
- No es mi esposa –aclaró
- Disculpe –dijo el médico- Lo imaginé. De cualquier forma no debe preocuparse. Lo que la señorita tiene, bueno… señora tiene es algo totalmente normal.
- ¿Qué es? –preguntó Candy, extrañada de que el médico aclarara lo de "señora"
- Bueno, déjeme felicitarla. Está usted embarazada
- ¿Embarazada? –dijo incrédula
- Si, usted tiene cuatro semanas de embarazo; y se encuentra en perfecto estado de salud. Solo ahora debe tomar precauciones…
Candy ya no lo escuchó, la emoción recibida en este momento la dejó en blanco. ¿Embarazada? ¡Dios! Estaba embarazada de Terry… iba a tener un hijo de Terry… no concebía algo mejor en este momento.
Dirigió sus manos a su vientre y lo acarició mientras cerraba los ojos, en su interior crecía un ser hecho con amor, el producto del amor de sus padres.
¡Había sido una estúpida al pretender vivir sin Terry!
Se alegraba que todo hubiera acabado bien, ahora solo debía encontrarlo y comunicarle esta maravillosa noticia.
¡Estaba embarazada!
Comenzó a llorar, solo que esta vez de alegría… ¡iba a tener un hijo! ¡Un hijo de Terry!
Tenía que encontrarlo… tenía que encontrar a Terry… si solo supiera a donde se había dirigido
…¡Volveremos!, este es un lugar al que siempre regresaré… Es lo había dicho Terry, al momento de dejar la villa en Escocia…
- ¡Escocia! –Abrió los ojos- ¡Debo ir a Escocia!
CONTINUARA...
Hola!
Espero les guste este capítulo... que disfruten su lectura así como yo disfruté escribirlo..!
Mil gracias por sus reviews...
GIOMAR, ChrisK, Oligranchester, patty reyna, WISAL, Rosi White, hellen franco, DAYANA, Val rod, Mayuel, Julieta G. 28, ValeGrandchester, eli, annie de madero, Lisseth, luna, LUISA 1113, Olgaliz, Janeth, Jessy White, Wendy, Maricruz, Lucy, cinthya...
MIL MILLONES DE GRACIAS! creo que fue el capítulo con más reviews... les agradezco sus palabras! me agrada que les haya gustado...
ahora, esperaré sus impresiones con este nuevo... ya saben estaré ansiosa por sus palabras
SALUDITOS
P.D. no se olviden de comentar "Amor Apasionado"...
