Hola!
Y llegó el final. La verdad poner la palabra "fin" logró provocar en mi sentimientos encontrados. Es la primera vez que finalizo una historia y me siento feliz, pero a la vez triste porque extrañaré todo lo que esta significó. Fue mi primer fic largo y llegó a su fin…
Fue una historia que me dejó muchas satisfacciones personales y gracias a ella conocía muchas amigas súper especiales, ¡no puedo negar que la extrañaré!
Espero que les guste el final… y nos leemos en mis otras historias… ¡pronto publicaré una nueva! Jejeje….
Sin más… les dejo que lean el capítulo. ¡Espero les guste!
CAPITULO 25
::: CAPÍTULO FINAL :::
- Hola mi amor –una lágrima resbaló por su mejilla- yo soy tu mamá y él –señaló a Terry- es tu papá. Es muy guapo tu papi ¿no te parece? –le preguntó
Candy estaba muy emocionada. Tenía por primera vez a su hija en brazos. Era la niña más hermosa que alguna vez sus ojos hubiesen visto. Sus cabellos eran castaños y cubrían su pequeña cabecita ligeramente; eran lisos y muy finos. Su naricita era muy pequeña y sus labios formaban una pequeña "o". Lloraba al observarla, pero al momento en que su pequeño ángel abrió los ojos lloró aún más… ¡eran iguales a los de Terry!
- Terry –volteó a verlo, él también lloraba- Es igualita a ti.
El médico y las enfermeras, habían abandonado la sala dándoles un poco de privacidad en este mágico momento.
- Pequeña, -le dijo con amor- la bebé está aún muy pequeñita para que se parezca a alguien.
- Yo sé que será idéntica a ti. –aseguró
Terry se sentó junto a ella envolviendo sus brazos con el cuerpo de Candy, ella sonrió al sentirlo tan cerca; se acomodó como el espacio en la cama le permitió y se quedaron en silencio. Juntos admiraban al pequeño ángel que la rubia tenía en sus brazos. Nunca antes habían sentido una plenitud superior… ahora eran una familia.
- ¿Cómo te sientes? –susurró Terry
- Bien. –Sonrió- un poco cansada, pero creo que es normal
- Estuviste muy bien durante el parto, admiro tu fortaleza –dijo orgulloso
Candy solo sonrió.
- Ahora ya no tienes ningún pretexto –bromeó- ya podemos casarnos finalmente
- Tenemos que esperar a que pasen algunos meses, el parto está muy reciente. Debemos esperar a que la bebé esté un poco más grande.
- Tienes razón
- Que bien que lo entiendas
- Bueno, en realidad yo lo decía porque de lo contrario no podríamos dejarla a cuidado de mi madre durante nuestra luna de miel –le guiñó un ojo
- ¿Qué?
- No pensarás que llevaremos a nuestra hija a la luna de miel ¿o sí?
- Si
- De ninguna manera, no podríamos disfrutar bien. Imagínatela despertando en la madrugada… ¡no! No sería conveniente para mis planes -sonrió torcido- Mi madre la cuidará.
- ¿Y ya le preguntaste si la querría cuidar?
- Claro. Ya lo tengo todo planeado.
Candy sonrió y recostó su cabeza en el pecho de Terry. En esa posición, sosteniendo en brazos a su hija; era la mujer más feliz de la Tierra.
Después de esto estuvieron largo rato en silencio, observando embelesados a su hija que por primera vez se alimentaba del pecho de su madre. Cuando hubo terminado su primera comida, la bebé cayó en un profundo sueño. Candy también estaba muy cansada, se estaba quedando dormida hasta que…
- Nadie me dijo que podía entrar… pero yo ¡necesito conocer a mi sobrina! –dijo Karen irrumpiendo en la habitación que momentos antes había sido calma y quietud.
- Sshhh –dijo Terry- la despertarás.
- ¡Perdón! –Susurró- Pero es que en verdad quería conocer a esta princesita –se acercó a Candy- ¡Está divina!
- Gracias –sonrió Candy, quien había perdido el sueño a causa de la entrada abrupta de su mejor amiga.
- ¿Quién te dijo que era niña? –preguntó Terry
- El doctor, tuve que torcerle el brazo; pero finalmente me lo dijo –bromeó- Hola hermosa –se dirigía a la nena- yo soy tu tía Karen. –Le destapó ligeramente su carita que estaba cubierta por una mantita- Nos divertiremos mucho, ya lo verás.
Terry sonrió al ver a Karen tan contenta con su sobrina. Talvez hubiese preferido permanecer más tiempo con Candy y su bebé a solas; pero su prima era muy querida por él; si ella deseaba conocer inmediatamente a su hija, no la podía culpar por ello.
- ¿Cómo se llamará? –preguntó después de unos instantes.
Candy volteó a ver a Terry y sonrió. Ya tenían planeado el nombre desde hacía mucho tiempo. De hecho tenían ya dos nombres planeados, uno si el bebé era niño y otro si era niña.
- Molly –dijo Candy sonriente- tu nombre mi amor es –se dirigió a su bebé- Molly Grandchester.
Como si entendiera lo que su madre decía, la pequeña abrió los ojos y la observó detenidamente.
- ¿Te gusta? –Le tocó ligeramente su barbilla- ¿Te gusta tu nombre mi vida?
Molly meneó sus bracitos ligeramente y balbuceó pequeños sonidos, sus padres sonrieron ante tal acto; en su interior fue casi como una aprobación de parte de su hija.
- Creo que si le gusta –afirmó Karen- Es más, a mí también. Me gusta mucho el nombre. Hola Molly –se sentó junto a Candy del otro lado donde estaba Terry
Los tres se quedaron viendo a Molly quien observaba todo a su alrededor con asombro. Había despertado al escuchar el escándalo que Karen había hecho al entrar pero no lloró, solo se le quedó viendo; como reconociéndola.
Después de algunos minutos en los que conversaron, Candy bostezó abiertamente provocando las risas de Terry y Karen.
- Karen creo que es mejor dejar dormir un poco a Candy –dijo poniéndose de pie
- Tienes razón. Además eso me dará oportunidad de cargar a esta preciosura –dijo tomando a Molly en sus brazos- La has tenido acaparada todo este tiempo –le reprochó a Candy- estoy segura que ni Terry la ha cargado –bromeó- Anda, duerme. Nosotros cuidaremos a este ángel.
- Gracias Karen
- Duerme, amor. Yo cuidaré a nuestra hija –le dio un breve beso en la frente- Descansa. Más tarde podrás recibir visitas.
Candy sonrió, se acomodó en la cama y en menos de un minuto ya estaba durmiendo profundamente.
Terry y Karen salieron de la habitación para no despertarla. Karen después de varios minutos de estar cargando a Molly, se la entregó a Terry. Él la había acariciado, dado un beso y hasta visto como se alimentaba; pero esta era la primera vez que la tenía en sus brazos. Al sostener a su hija por primera vez sintió una ola de orgullo estremecer su interior. Había soñado con convertirse en padre desde hacía mucho tiempo, pero nada se comparaba al sentimiento que lo embargaba en este instante. Porque Molly no solo era su hija, también lo era de Candy. Eso le daba un toque especial a este momento, significaba que el pequeño ser que tenía en sus brazos era la unión de ellos dos.
Se encontraban en el pasillo afuera de la habitación que ocupaba Candy, alrededor enfermeras y médicos caminaban de un lugar a otro; era el área de labor y sin duda el caos reinaba en el ambiente. Pero para Terry todo había desaparecido, no existía nadie más en ese espacio que su hija y él. En ese momento supo que su vida giraría en torno a este pequeño angelito castaño que tenía en sus brazos. Ella junto a su madre serían su vida. No necesitaba nada más…
- Está muy linda –era Eleonor
- ¡mamá!
- Creo que nadie se tomó la molestia de avisarnos –recriminó Richard, su padre. Karen carraspeó entonces completó- bueno, Karen si lo hizo.
- Lo siento. –dijo apenado- cuando Candy entró en labor, no pude coordinar nada. Se me olvidó avisarle a alguien.
- ¿Entonces por qué Karen si está aquí?
- Bueno tía Eleonor –comentó Karen- en realidad fue una coincidencia. Cuando Candy estaba a punto de llegar al total de su dilatación, Terry salió por el pasillo a llamar a la enfermera. Entonces yo –se apuntó- que estaba aquí visitando a una amiga, lo vi. Él me comentó apresurado lo que estaba ocurriendo y pues fue así como me enteré. No creas que a mi si me avisó. Al saber que mi hermosa sobrina estaba por nacer, pues los llamé tan pronto como pude.
Eleonor los vio con desconfianza
- No te creo –dijo con levantando la ceja
- ¿Por qué? –chilló Karen
- Ya mujer, si Karen dice que así fue… es porque así fue –comentó Richard
- Está bien –dijo Eleonor resignada
- Ahora lo importante es conocer a esta preciosura –dijo Richard,
Ambos se acercaron más a Terry y éste inclinó un poco a Molly para que la pudieran apreciar mejor.
- ¡Está hermosa! –exclamó Eleonor- Se parece a ti –vio a Terry con lágrimas en los ojos
- ¿Tú crees? –preguntó sonriente- lo mismo me dijo Candy, pero yo no le creí
- Es igualita a ti cuando naciste –sonrió- ¿Lo recuerdas Richard?
- Lo recuerdo
- Préstamela –la tomó en sus brazos- Hola mi amor, yo soy tu abuela. Eres una cosita muy linda –le hablaba con cariño- igualita a tu papi. Serás una princesita muy guapa.
Eleonor siguió caminando hasta llegar a la sala de espera que extrañamente estaba vacía. No hizo caso a su esposo que le decía que no se la llevara tan lejos, le fue hablando todo el camino en susurros cariñosos, hasta que se sentó en el sillón más grande del lugar.
- ¿Y Candy? –Preguntó Richard- Quisiera verla
- Está dormida
- Entiendo ¿Le avisaron a sus padres? –preguntó Richard que veía a su esposa desde donde estaba parado.
- Se me olvidó
- Típico
- Yo intenté hacerlo, pero no tenía el número de su casa. En el número de celular que me diste no contestan. –aclaró Karen
- Te daré el número de su casa –dijo Terry anotando en un pequeño papel el número
- Dámelo a mí, yo los llamaré –comentó Richard
- Gracias
Richard se retiró a donde estaba su esposa cargando a su nieta y sacó su celular, marcó el número y cuando Terry estuvo seguro que no lo escucharía se dirigió a Karen.
- Eres una maestra para mentir, mira nada más la historia que se te ocurrió en unos segundos.
- Que te digo –sonrió- por eso soy escritora ¿no? Tengo una imaginación prodigiosa –se alabó Karen
- Debo admitir, querida prima que tienes razón.
- ¿Cómo se te pudo olvidar avisarle a alguien que Candy estaba en trabajo de parto?
- No se me olvidó avisarle a alguien… te avisé a ti. En algo cuenta ¿no?
- Jajaja. Tienes razón… pero aún así, tu madre estaba muy sentida cuando le avisé por teléfono. Ella quería estar en todo el trabajo de parto. No quiero ni imaginar lo que la madre de Candy te dirá. ¡Estará muy enojada!
- Es verdad
- En fin… cuando lleguen a ver que se me ocurre –dijo Karen pícara
Terry agradecía al cielo tener a una prima como Karen, siempre habían sido muy cercanos; pero desde la llegada de Candy a sus vidas la relación se había estrechado aún más.
Contrario a Eleonor, Sarah White no se mortificó demasiado por su ausencia en la labor de Candy de dar a luz. No era algo que tenía en sus prioridades, y se limitó a llegar a conocer a su nieta.
Charles y Richard se conocían de muchos años atrás, pero nunca habían sido tan cercanos como ahora. Ahora ambos tenían en común a Molly, ella los uniría para siempre.
Como era de esperarse, cuando la conocieron quedaron maravillados con la lindura de su nieta. Ellos también coincidieron que la nena se parecía mucho a su padre, estuvieron largo rato en los cuneros viéndola junto a los Grandchester, después de que se la llevaran a descansar en una incubadora para que se mantuviera cálida.
Candy despertó cerca de la media noche, y al abrir los ojos observó la imagen más hermosa que alguna vez hubiese visto.
Sentado en un sillón junto a la cama se encontraba Terry sosteniendo en brazos a su hija, susurrándole palabras que no alcanzaba a distinguir, pero que sin duda estarían cargadas de amor. Él no se había percatado que había despertado, por lo que ella no hizo por hacerse notar; deseaba permanecer otro rato observando juntos a los dos grandes amores de su vida.
De pronto, luego de varios minutos Terry la volteó a ver y notó que estaba despierta. Sonrió al verla, pero después se preocupó al notar que estaba llorando.
- Candy ¿por qué lloras?
Ella sonrió entre lágrimas y se secó su rostro mojado.
- De felicidad –sonrió
Al oírla Terry sonrió ampliamente. La entendía, a él poco le hacía falta para no romperse a llorar cada vez que cargaba a Molly. Se acercó y colocó a su nena en la pequeña cuna que tenía al lado. Prácticamente le había rogado al médico que le permitiera tener a Molly esa noche junto a ella.
- ¿Cómo te sientes? –Se sentó a su lado- Ya estás menos cansada
- Si
- El médico me informó que pasado mañana podrás abandonar el hospital.
- Me alegra
- Mañana temprano iré a nuestra casa a preparar todo para mudarnos de una vez. Ya quiero que durmamos por primera vez en nuestro nuevo hogar –indicó con una sonrisa mientras acurrucaba a Candy en sus brazos
- Yo también –se recostó en el pecho- ¿No tienes sueño?
- Un poco
- Deberías ir al apartamento a dormir un rato. No quiero que te desveles
- Estaré bien. –Aseguró- No quiero dejarlas mucho tiempo solas.
- No nos ocurrirá nada.
- No quiero arriesgarme –dijo besándole el pelo
- ¿Y si duermes un ratito aquí? Cabemos perfectamente ¿ves? –dijo acomodándose para darle más espacio
- Pero le puede pasar algo a Molly
- ¿Qué le va a pasar? –Preguntó divertida- Está dormida, no creo que despierte hasta mañana. Además tienes que acostumbrarte a esto, de ahora en adelante tendremos que aprender a estar con ella. En algún momento estará sola y no tenemos porque ser tan aprehensivos.
- Supongo que tienes razón
- Yo siempre la tengo, amor –dijo rodeando el torso de Terry con su brazo- durmamos un rato.
- Está bien –dijo resignado ante las palabras de Candy, se acomodó lo más que pudo y junto a sus dos mujeres… durmió hasta despuntar el alba.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
A la mañana siguiente Terry fue el primero en despertar. Observó a su alrededor y recordó donde estaba. Sonrió al ver a Candy apoyada en su pecho profundamente dormida, muchas mañanas había despertado de esa manera… pero esa vez era especial. Ahora ya no estaban solos, junto a la cama estaba la cuna de su hija… volteó sonriente hacia el lugar donde se encontraba; pero no vio nada…
Recordó perfectamente la conversación que había tenido en la madrugada con Candy y repasó cada palabra. Era verdad… Molly se había quedado junto a ellos, dormida. Pero ahora no estaba. Se movió bruscamente, despertando a Candy con el movimiento.
- ¿Qué sucede? –preguntó adormilada
- Molly no está
- ¿Cómo que no está?
- Así es –dijo caminando hacia la puerta apurado- ¡No está!
Estaba a punto de salir, cuando su madre entró a la habitación con Molly en sus brazos.
- Buenos días hijo. –le dio un beso a Terry quien respiró aliviado al ver a su hija- Buenos días Candy –saludó desde lejos a su nuera
- Buenos días Sra. Grandchester
- ¡Eleonor! –Corrigió- Dime Eleonor
Candy sonrió
- Mamá, ¿por qué te llevaste a Molly? –Dijo molesto- me preocupé al ver que no estaba.
- Bueno… es que, cuando entré esta mañana ambos dormían y Molly ya había despertado. Quería estar con ella así que para no molestar su sueño la saqué un momento. No te enojes…
- No estoy enojado, es solo que me asusté.
- Bueno, no te asustes entonces. ¿Cómo durmieron? –Preguntó cambiando de tema- De ahora en adelante tienen que apreciar cada momento de sueño que tengan, este pequeño angelito no los dejará dormir de ahora en adelante. –dijo señalando a su nieta
- No lo creo Eleonor –dijo Candy- Molly no molesta durante la madrugada, anoche apenas si despertó.
Candy y Eleonor estuvieron largo rato hablando de hábitos que enseñarle a Molly y experiencias vividas por parte de la madre de Terry, éste solo las escuchaba divertido. Le agradaba que su madre se llevara tan bien con su esposa.
El resto del día transcurrió con normalidad para Candy y Terry, recibieron algunas visitas para conocer a la nueva integrante de la familia Grandchester, muchos de ellos coincidieron en que Molly se parecía enormemente a su padre; hecho que llenó de orgullo al feliz padre.
Al siguiente día, la hora de dejar el hospital llegó.
Terry había decidido tomar algunos días de descanso en la oficina para disfrutar al máximo de esta nueva experiencia. Tal y como se lo había dicho, había dado órdenes de tener su nueva casa en perfectas condiciones para su arribo ese día. Hubiese preferido hacerlo él mismo, pero como cuestión de capricho hacia él mismo había decidido pisar por primera vez el lugar en compañía de sus mujeres.
Entraron al lugar y aunque ellos mismos se habían encargado de la decoración meses atrás, todo pareció distinto.
Subieron al segundo nivel, con dirección a la habitación de Molly y admiraron la decoración exquisita del lugar. Este había sido el único lugar de la casa en donde no había tenido nada que ver en la decoración, de esta se había encargado Karen. Así lo pidió ella como favor especial para su sobrina consentida, como ella llamaba a Molly.
Tenía un patrón de hadas y unicornios en colores pasteles que habían dejado la habitación con un toque digno de una princesa.
- ¿Cómo hizo Karen esto en dos días? –preguntó Candy sorprendida
Terry rió. Karen no lo había hecho en dos días…
- No fueron dos días –dijo sonriendo- sobornó al médico para que durante un ultrasonido que te hicieron meses atrás le comunicara el sexo del bebé. Lleva meses sabiendo que Molly era la que venía en camino
- Pero ella dijo que le había torcido el brazo al médico para que le dijera… creí que había sido ese día
- Yo también, hasta que esa noche me contó lo que había hecho
- ¡Karen! –sonrió Candy
Los siguientes días fueron cuestión de cambios en la vida de Terry y Candy, si bien Molly no molestaba durante las noches; sus vidas había dado un giro de 180 grados en relación a antes. Los pañales, biberones y leche estaban a la orden del día en su nuevo hogar.
Pero aunque ambos estaban muy cansados cada día al terminar la jornada, sabían que no había nada mejor en este mundo que la llegada de Molly a su vida.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
Una noche, tres meses después del nacimiento de Molly, mientras estaban acostados en la cama después de dormir a su hija, Terry decidió tocar de nuevo un tema pendiente con Candy.
- Candy… -susurró
- ¿Si? –preguntó adormilada
- Necesito preguntarte algo
- ¿Qué?
- Pero, necesito que me mires a los ojos
Candy levantó su cabeza del torso de Terry y lo vio a los ojos lo más que la luz de la luna que entraba por la ventana le permitió.
- ¿Recuerdas lo que te pedí hace meses?
- No
- Recuérdate. Fue en la cama del hospital cuando acababas de dar a luz a Molly
Candy trató de hacer memoria
- No lo recuerdo.
Terry rodó los ojos. Tendría que ser más específico.
- Bien, ya que no recuerdas te lo diré nuevamente. ¿Te quieres casar conmigo, ahora si? Ya no tienes el abdomen abultado a causa del embarazo y te mirarías preciosa de novia.
Candy sonrió. No era la forma más romántica de pedírselo pero era una propuesta al fin ¿no?
- Jajaja. Esa vez no me preguntaste nada. Solo me dijiste "Ahora ya no tienes ningún pretexto, ya podemos casarnos finalmente"… -dijo imitando su voz de forma graciosa
- ¡Qué memoria! –Sonrió- En fin… ¿entonces? ¿Nos casamos?
- Si
- Entonces me encargaré de todo
- Espera –aclaró- No, tu no te encargarás de nada. Lo haré yo. Quiero disfrutar los preparativos de mi boda.
- Pero si lo haces, seguramente tardarás mucho tiempo. Yo quiero casarme contigo cuanto antes.
- ¿Por qué la prisa?
- Bueno, quiero estar casado ¿es algo malo?
- Al contrario, es bueno que quieras comprometerte. Pero lo que me pregunto es porque no esperar un tiempo prudencial. Después de todo tu mismo me dijiste que querías que Molly estuviera lo suficientemente grande para irnos solos de luna de miel ¿lo recuerdas? –dijo trazando ligeros círculos en su pecho
- Tienes razón –sonrió
- Entonces, ¡déjame a mí encargarme de todo!
- ¿Cuánto tiempo tardarás?
- Bien, no lo sé… te parecen bien ¿seis meses?
Terry torció la boca, no muy convencido de lo que Candy decía. Seis meses era mucho tiempo.
- ¿Tanto?
- No es tanto, solo son seis meses. Piénsalo, en ese tiempo Molly tendrá casi diez meses. Entonces podríamos dejarla ya con tu madre un tiempo.
- Está bien –dijo no muy convencido.
Desde ese momento Candy se encargó junto a su madre, Eleonor y sobre todo Karen de los preparativos de su boda. Acordaron con Terry que se casarían en Escocia, en la villa Grandchester; un 4 de mayo a las 10 de la mañana.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
¡El día había llegado! Finalmente era 4 de mayo.
Habían llegado a la villa un mes antes para preparar todo para el tan esperado evento. Candy trató de hacer todo lo más íntimo que pudo pero por más que intentó siempre fue imposible lograrlo. Existían demasiadas personas a las que tenían que invitar, ya sea por cuestiones sociales, familiares o financieras.
Resignada por la magnitud de su enlace, la noche anterior a la boda Candy durmió sola con su pequeña hija. Terry renuente tuvo que hacer caso a la petición de Karen de que el novio no podía dormir una noche antes de la boda con la futura esposa.
¡No era correcto!
Y aunque todos sabían que ellos hacía mucho tiempo que hacían mucho más que dormir juntos, pues era la tradición y pues ¿cómo hacerle?
Se despertó muy temprano esa mañana. el sol estaba en todo su esplendor y su pequeña estaba ya despierta, balbuceando y jugando con sus manitas. Sonrió al verla, se dirigió al baño y preparó la tina para darse un baño antes de que llegaran a arreglarla.
Recordó perfectamente que ya había tenido un día parecido, meses atrás. Esa vez había sido todo tan tormentoso que no se podía comparar a la dicha que embargaba ahora su corazón. Ese día, cuando se llevó a cabo su "boda" con Anthony; no había parado de llorar. Ahora también quería llorar, pero de la alegría… finalmente uniría ante Dios y los hombres su vida con Terry.
¿Podría haber algo mejor en el mundo?
Entonces vio hacia la cama y supo que si lo había… había algo mejor que estar con Terry. Eso era tener una familia con Terry. No estaban solos, después de ese día no empezarían a planear una familia futura. Ellos ya la tenían. Tenían a Molly. Un pequeño ángel que había iluminado sus vidas por casi diez meses.
Cargó a su hija en brazos y desnuda se sumergió en la tina junto a su ángel. Disfrutaron de un relajante baño juntas, hasta que del otro lado de la puerta se escuchó la voz de Karen
- Candy ¿estás allí?
- Si, estoy bañándome con Molly
- Ah. Bueno, tienes que apurarte. Ya llegó el estilista que te peinará y maquillará
- En un momento salgo
Esto también ya lo había escuchado antes. Pero ahora, contrario a la vez anterior… deseaba con todas sus fuerzas que llegara la hora del enlace.
Salió de la tina y se colocó una bata blanca y cubrió a Molly con una toallita de bebé, se colocó una también en su cabello y salió del baño. Karen estaba en la cama sentada, ya prácticamente arreglada y ¿con el ceño fruncido?
- ¿Ya viste que hora es?
Candy dirigió su mirada al reloj de pared que había en la habitación y con una sonrisa le contestó.
- Las ocho
- ¿Y lo dices así tan tranquila?
Candy sonrió y colocó a su hija en la cama.
- ¿Por qué habría de ser distinto?
- ¡Es tardísimo! Ya tendrías que estar casi lista.
- No exageres –le restó importancia- Además tengo que hacer esperar un poco al novio –le guiñó un ojo
- Bueno, en esto tienes razón. Pero aún así debes apresurarte.
- Karen, por favor. Aún faltan dos horas.
- Lo que es muy poco. –se levantó y tomó dirección a la puerta- Iré por el estilista para que suba a arreglarte –sonrió- Pero espera –caminó hacia la cama nuevamente- me llevaré a tu hija para que la arreglen a ella también
- ¿Quién?
- Tía Eleonor
- Está bien
- Bueno, ahora si voy por el estilista
Candy nuevamente tuvo un deja vu, todo estaba siendo tan parecido a ese día con Anthony; pero al mismo tiempo todo era tan distinto. Contrario a la otra vez, ya quería verse en el espejo con su vestido de novia y totalmente lista para la ceremonia.
En cuestión de minutos Karen ya se encontraba en la habitación acompañada del estilista, tardaron poco más de una hora en arreglar a Candy y cuando estuvo lista le ayudaron a colocarse el vestido. Candy había mandado a colocar un espejo de cuerpo completo en la habitación para verse en él antes de bajar, así lo hizo. La imagen reflejada… la hizo emocionarse. Ahora si se veía como una novia, tenía lo que le hacía falta la vez anterior… ¡una sonrisa!
¡Estaba feliz! ¡Completamente feliz!
- Te ves hermosa –dijo Karen
- ¡Gracias!
- Pero vamos, no llores –le limpió una lágrima- se te correrá el maquillaje
- Tienes razón –sonrió tranquilizándose- Es un día feliz
Karen la dejó un momento sola para arreglarse ella también y entonces se dirigió a la ventana, estaba a unos instantes de encontrarse con Terry.
¿Cómo se vería? ¿Estaría nervioso?
Observó el reloj y notó que ya no faltaba mucho, eran las nueve cuarenta y cinco de la mañana. Estaba haciendo un día grandioso y todo era luz y felicidad en su vida.
¿Por qué se casaría tan temprano?
En parte porque Terry así se lo solicitó, pero de cualquier manera ella deseaba hacer una boda a plena luz del día… quería que todo fuera distinto a la vez anterior. Esa vez sería en la tarde, y la recepción en la noche. Quería borrar los pocos recuerdos amargos que aún tenía, reemplazándolos por recuerdos felices. ¡Qué mejor forma que casarse con el sol en todo su esplendor!
Cinco minutos después, oyó a Karen entrar. Iba acompañada de su madre y de Eleonor que traía cargada a Molly. La princesita tenía colocado un vestido hermoso color hueso como el de su madre, con una pequeña cinta rosa en la cintura. Además de zapatitos blancos y una cadenita que había sido regalo de su tía Karen.
- Te ves muy linda, hija –dijo Sarah
- Gracias
- Es verdad, Candy. Mi hijo se irá de espaldas cuando te vea. Estás muy hermosa
- Gracias Eleonor, espero gustarle a Terry. –sonrió
Después de todo, solo para él se quería sentir así siempre.
Acompañada de ellas, bajó las escaleras de la casa y se dirigió a la cocina que comunicaba la casa con el jardín trasero; donde se realizaría la ceremonia. Desde donde se encontraba podía observar claramente el pequeño altar que se había colocado y las sillas, todo bellamente decorado. Al lado izquierdo, estaban colocados toldos blancos con mesas y sillas muy elegantes en donde se llevaría a cabo la recepción, momentos después de la boda civil y religiosa.
Tenía que admitir que ver todo eso, la hizo sentir nerviosa.
- ¿Vamos? –preguntaron
- Si
- Tu padre llegará en unos segundos. –informó Sarah
- Está bien, ustedes adelántense. Yo lo esperaré. –sonrió nerviosa
Las tres salieron de la casa no sin antes Candy darle un beso a su hija. Al verla hoy vestida tan bonita, pudo confirmar con más ahínco lo que meses atrás aseguró. Molly era el vivo retrato de su padre. Con su piel tan blanca, sus ojos azules y su cabello castaño muy fino y totalmente liso.
Tenía que admitir que tener hijos junto a Terry le garantizaba que le salieran bonitos.
Su padre llegó casi al instante en que su madre, suegra y dama de honor abandonaron el lugar.
- ¿Lista? –dijo después de decirle lo linda que se veía. Empezaba a creérsela. Le ofreció su brazo para que lo tomara y contestó…
- ¡Lista!
Salieron por la puerta posterior y la música comenzó a sonar… dirigió su mirada al hombre que la esperaba en el altar, ¡lucía exquisito! Portaba un traje negro y el cabello peinado hacia atrás. Se veía precioso. Al verlo allí… nuevamente oyó…
…Caminarás por el pasillo de la iglesia del brazo de tu padre y yo estaré al final del pasillo sonriente, esperando por ti…
Ahora era verdad. Allí estaba él, el amor de su vida la estaba esperando en el altar.
…en mis ojos mirarás el amor que tengo por ti, para mí en ese momento… no habrá más persona en el mundo que tu. Sonreiré para ti y mi felicidad la notarán a millas de distancia. Estaremos a minutos de unir nuestras vidas para siempre…
Era verdad. Cada palabra que había dicho Terry ese día había sido cierta. Todos notaban su felicidad. Estaba sonriente, la miraba como si fuera la única mujer en la Tierra y la certeza de que pronto se unirían ante Dios; la hizo estremecer. Una lágrima traicionera rodó por su mejilla, al igual que aquella vez… solo que ahora si era de felicidad.
- Te entrego a mi hija, hazla muy feliz. –repitió su padre al llegar frente al altar, al igual que la otra vez. Solo que ahora si tenía la certeza que lo sería.
¡Ya lo era!
- Hola –sonrió tomándola de la mano
- Hola –repitió
Entonces se giraron y la ceremonia inició formalmente.
Cada momento, movimiento y palabra quedarían grabados para siempre en la memoria de ambos.
Entonces el sacerdote, al igual que aquella vez dijo…
- Terry, aceptas a Candy para amarla y respetarla en lo próspero y en lo adverso en la salud y en la enfermedad todos los días de tu vida, hasta que la muerte los separe…
- Acepto –dijo con una voz tan varonil que casi la hizo desmayarse. Sonaba seguro, como si de repetir esa sencilla palabra dependiera su vida
Casi lloró nuevamente, pero se tranquilizó
- Candy, aceptas a Terry para amarlo y respetarlo en lo próspero y en lo adverso en la salud y en la enfermedad todos los días de tu vida, hasta que la muerte los separe…
- Acepto
El sacerdote continuó, para finalmente decir.
- Entonces por el poder que la Iglesia me confiere, los declaro marido y mujer. Terry puedes besar a tu esposa.
Terry sonrió, se giró hasta quedar frente a frente con Candy y la besó. Aunque había miles de besos compartidos entre ellos, este en particular le pareció diferente.
¡Era su primer beso como esposos!
Cuando rompieron el beso, todos los presentes aplaudieron sonoramente y ellos sonrieron. Se giraron para los invitados y caminaron por el pasillo tomados de la mano finalmente como esposos.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
La recepción fue muy linda, bailaron su primera pieza como esposos y después lo hicieron con Molly entre ellos.
Después hicieron el brindis frente a los invitados, y entonces sirvieron la comida, cerca del medio día. Cuando la mayoría había terminado sus alimentos, los novios abrieron la pista de baile y pronto los invitados comenzaron a acercarse para imitarlos.
Todo estaba saliendo a la perfección.
Cerca de las dos de la tarde, Terry se dirigió a la pista de baile donde Candy estaba bailando con su padre e interrumpió la pieza. Si quería que todo marchase según lo planeado, debían retirarse de la recepción en este preciso momento.
- Señor White –se dirigió al padre de Candy- ¿Me permitiría secuestrar a esta preciosa dama con la que está bailando? –sonrió
- Terry, ¿cuántas veces tengo que decirte que me digas Charles? –Preguntó- Ahora que eres mi yerno y el padre de mi nieta; tenemos que tenernos más confianza ¿no crees?
Terry sonrió, desde el nacimiento de Molly las cosas entre ellos estaban cada vez mejores.
Todo esto era en parte a que los padres de Candy se sentían en un principio muy culpables de cómo habían sucedido las cosas con el matrimonio fallido con Anthony; y por otro no estaban ciegos al amor que Terry irradiaba por Candy. Nadie que estuviera cercano a ellos podía obviar el hecho de lo mucho que ambos se querían.
Charles y Sarah White rápidamente llegaron a apreciar mucho a Terry por la manera en que cuidaba y protegía a Candy y su nieta, ellos creían que alguien que amara tanto a esos dos seres que tanto querían era digno de su total respeto.
Pero definitivamente lo que catapultó la relación entre Los Grandchester y los White, fue el nacimiento de Molly. El pequeño angelito había llegado a obrar maravillas en las relaciones entre suegros y yerno; los White comprendieron que si querían tener una estrecha relación con Molly, debían llevarse bien con su padre.
- Está bien, -sonrió- Charles me permite a esta dama. Tenemos que ir a un lugar –le dijo a Candy
- ¿A dónde?
- Es una sorpresa
- Adelante –hizo una señal de aprobación- Vayan sin pena. Nosotros nos quedaremos a ayudar a Richard y Eleonor con el cuidado de Molly.
- Gracias. Mi madre se encargará de despedir a los invitados.
Con esto, Terry tomó a Candy de la mano y la condujo adentro de la casa. Solo pasaría por una maleta y de allí se irían a la parte trasera a recoger la camioneta del castaño. Serían algunas horas de viaje y si quería llegar antes que atardeciera, necesitaban salir ya.
- Estás muy misterioso –sonrió Candy- pensé que dormiríamos aquí hoy.
- Pequeña, te aseguro que en donde estemos lo menos que haremos esta noche es dormir –sonrió de lado
Candy enrojeció
- No te sonrojes –le tomó la barbilla para darle un breve beso en los labios- Anda, apúrate que debemos irnos
- ¿Pero no quieres que me cambie? –dijo señalando su vestido de novia
- ¡No! –Exclamó- Quiero que lleguemos al lugar a donde nos dirigimos vestidos de novios. Es un pequeño capricho que me quiero conceder.
- Está bien –sonrió
Subieron a la camioneta y después de poner la maleta en la parte posterior de la camioneta, Terry arrancó finalmente el auto.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
- Creo que no es muy educado habernos ido sin despedir a los invitados –dijo Candy luego de un largo tramo recorrido
- No te preocupes –le tomó la mano y le besó el dorso de ella- Ellos entenderán, después de todo es normal que los novios se vayan antes de que termine la recepción para celebrar en privado –dijo con una sonrisa torcida
- ¡Terry!
- ¿Qué? –Sonrió- es la verdad
- ¡Qué horror! –Exclamó- entonces con más razón debo sentir vergüenza, todos sabrán lo que estamos haciendo.
- Supongo –se carcajeó
- ¡No tienes remedio!
Terry solo sonrió y continuó conduciendo, tenía el tiempo en sus hombros. Quería llegar antes del atardecer.
Podría sonar cursi y sentimentalista, pero deseaba ver su primer atardecer en el lugar a donde iban junto a Candy.
- Ahora si ya me dirás ¿a dónde vamos?
- ¿No lo imaginas?
- Tengo mis sospechas
- Bueno, las confirmarás en unos minutos.
Y es que Candy al ver la desviación que Terry había tomado entendió al "lugar especial" a donde la llevaba.
- Con este vestido no podré caminar hacia la cabaña –dijo Candy sonriente
- veo que ya descubriste a donde nos dirigimos. –Sonrió- Pero no te preocupes, pensé en todo
Luego de estacionar el auto, en el mismo lugar que meses atrás… Candy notó que amarrado a un árbol se encontraba un caballo. Rió al notar que efectivamente él había pensado en todo.
- ¿Cabremos en el caballo los dos?
- No lo creo –la ayudó a bajarse- Tu irás arriba y yo caminaré junto al caballo.
Lo hicieron tal cual él lo sugirió, luego de media hora de camino… finalmente llegaron a la cabaña en donde se habían resguardado meses atrás durante una tormenta. Cabaña en la que Terry le abrió su corazón a Candy y en donde ella finalmente admitió lo mucho que le gustaría pasar el resto de su vida al lado del castaño.
El camino lo disfrutó mucho más que en aquella ocasión, ahora se sentía dichosa y muy feliz.
Cuando estuvieron frente a la cabaña, Candy pudo notar que se encontraba totalmente diferente a la primera vez en que fueron. Estaba reparada y lucía esplendorosa.
- ¿La reparaste? –dijo al bajar del caballo ayudada por Terry- Luce distinta
- Si –sonrió tomándola de la mano- Era una sorpresa para ti.
- Me gusta mucho
- Espera a ver el interior
Candy sonrió y efectivamente, el interior era más bonito. Todo lucía acogedor igual que antes, pero estaba todo pulcramente arreglado y reparado.
- Terry –susurró antes de entrar- sigo pensando que no es adecuado entrar a propiedad privada
- Querida mía, esta cabaña… es tuya
- ¿Qué?
- Si, contacté a los familiares de los amigos que te dije que visitaba aquí y logré arreglar una negociación para que me la vendieran. Tomó algún tiempo pero finalmente lo logré. Esta propiedad es toda tuya, mi amor.
- Terry… ¡gracias! –lo abrazó
- Todavía no me agradezcas, aún falta lo mejor
En el umbral de la puerta, la tomó en brazos y cruzó la puerta con Candy en sus brazos. La cargó escaleras arriba con las risas de Candy como música de fondo. Todo esto era tan lindo… ¡no existía más felicidad que esta!
Al lado de Terry era plena…
Entraron a la habitación principal y Candy se maravilló del lugar.
- ¿Te gusta? –le dijo al oído al ponerla sobre sus dos pies
Candy no respondió, estaba estupefacta de la imagen que veía. Había reparado todo en ella, no era nada de lo que había visto meses atrás.
Las paredes eran color hueso y la cama en el centro de la pieza estaba adornada con pétalos de rosas sobre una sábanas pulcramente blancas. En el piso de la habitación también había pétalos que conducían a la cama y en todos lados había grandes ramos de rosas blancas.
Junto a la cama, había una botella de champagne y dos copas al lado. Pero lo que más le gustó fue que en la mesa junto a la ventana hubiera pequeños recipientes de fondue de chocolate y queso, junto a pequeños trozos de fruta, malvaviscos y embutidos. Al igual que la primera vez que hicieron el amor.
- ¿Te gusta? –repitió al verla abstraída
- ¡Me encanta!
Terry sonrió y se dirigió a la botella de champagne, descorchó la botella y sirvió dos copas.
- ¿Recuerdas que la última vez no brindamos? –dijo al recordar que en esa ocasión no habían tomado una gota de champagne
- Si –sonrió- nos emocionamos con el chocolate –bromeó
- Y lo haremos nuevamente, solo que ahora tomaremos una copa primero…y después ya nos entretendremos con el chocolate.
Candy se sonrojó.
- Brindemos –le entregó una copa
- ¿Por qué?
- Por nuestra felicidad. Por nuestro futuro juntos. Por la familia enorme que formaremos juntos
- ¿Enorme? –bromeó
- Si, muchos… muchos hijos –la tomó por la cintura atrayéndola
- ¿Tantos? –dijo antes que Terry la besara largamente
- Muchísimos.
- De acuerdo… pero para eso, tenemos que practicar mucho. Probar y probar hasta que se forme otro pequeño ser en mi vientre.
- ¿Empezamos? –bromeó Terry
- ¡Encantada!
Terry tomó esa palabra como una invitación, más que apetitosa. La besó largamente mientras sus dedos desabrochaban lentamente los botones del vestido de Candy. Por esto es que la quería vestida de novia… para disfrutar desvestirla.
Necesitaba sentir y vivir cada instante de su noche de bodas. Porque aunque en muchas ocasiones anteriores hubiesen hecho el amor, esta vez sería distinta.
Poco a poco dirigió sus labios al cuello de Candy provocando en ella pequeños estremecimientos y gemidos de sus labios. Ella también lo desvestía entre besos, disfrutando ambos de la deliciosa anticipación de lo que vendría.
Así de pie, como estaban; Terry la observó en ropa interior, con el vestido abultado en el suelo. La ayudó a salir de este y comenzó a quitarle el sostén, le deslizó lentamente una tira y luego la otra, para de último terminar desabrochándolo. A sus ojos se develó la imagen de los turgentes senos de Candy, senos que meses atrás habían alimentado a su hija y que no había tenido la oportunidad de disfrutar en mucho tiempo. Saboreó cada centímetro de la piel suave de esta región del cuerpo de Candy, provocando jadeos agitados en ella. La instó a acompañarlo a la cama después de saciarse de los pechos de Candy y la acomodó sobre el lecho. Le quitó lentamente la última pieza que cubría a Candy y su desnudez apareció frente a sus ojos… ¡ella era la mujer más hermosa del mundo!
Candy por su parte, también disfrutó ver en todo su esplendor la desnudez de Terry. Agitándose al verlo listo y preparado para la ceremonia de amor que vendría.
- Te amo Candy. Te amo como nunca amé o amaré a nadie… -decía sin dejar de besarle el cuello y atraparle con los dientes el lóbulo de su oreja.
En la habitación, no se escuchaba nada más que gemidos y palabras de amor por parte de ambos. Había llegado el momento.
Terry se colocó en la entrada de la feminidad de Candy y sin prisas penetró su interior. Ambos lanzaron sus cabezas hacia atrás por el choque que les provocó la unión.
- Te amo Terry
- Yo también
Terry se movía en su interior cadenciosamente, provocando en ella estremecimientos que no tardarían demasiado en hacerla llegar a la cima. Él estaba en igualdad de condiciones…
- Ya… no puedo… Terrrrryyyyy
- Candyyyyyyyyy –gritó él al llegar junto a ella al orgasmo.
Procurando no lastimarla Terry se colocó junto a ella momentos después del reciente éxtasis.
- Te amo –la besó
- No más que yo –bromeó con una sonrisa satisfecha
- No lo creo. Te amé desde el momento en el que te conocí. Y creo que moriré amándote pequeña. Eres la persona que llegó a complementar mi vida. Te amo –le besó el cuello
Ella se colocó entre los brazos de él, entrelazando sus piernas con las de él.
- Yo también te amé desde el día que te conocí, solo que no fui lo suficientemente valiente para admitirlo. Pero ahora, ya no temeré de decirte lo mucho que te amo.
- ¿Sabes? –Dijo acariciando su espalda- En algún momento creí que había llegado a tu vida demasiado tarde.
- No lo hiciste. Llegaste en el momento justo.
- ¿Lo crees?
- Si, nunca será tarde para amar. Siempre que haya vida habrá tiempo para encontrar el verdadero amor. Mi momento había llegado al verte, cuando te vi… encontré mi verdadero amor –le besó el torso
- Tienes razón.
Candy acercó sus labios a los de él, besándolo largamente. Con la certeza que tendría una vida feliz a su lado… feliz como lo era en este instante.
Pronto las caricias fueron subiendo de tono… pero antes de iniciar nuevamente Terry bromeó…
- Creo que ahora fue el champagne lo que nos emocionó… nos olvidamos del chocolate –sonrió colocándose sobre ella
- No te preocupes… la noche es larga y yo no tengo prisa.
Terry sonrió y la besó, ella respondió gustosa al intercambio y comenzaron nuevamente el rito de amor que llevarían a cabo… el resto de su vida.
Habían encontrado el amor, y estaban seguros que nunca lo dejarían ir de sus vidas.
- Te amo Terry –susurró Candy- Te amo mucho.
- Yo también Candy… te amo más que a mi vida.
::: FIN :::
HOLA!
Les gusto? Espero que si…
No saben lo mucho que me costo subir este capitulo... tanto como poner la palabra fin!... espero cumplir sus expectativas...
MIL GRACIAS POR SUS REVIEWS….
LettyG (cambiaste de nombre?), luna, Oligranchester, WISAL, ChrisK (amiga! Felicidades por tu bebé… no te conozco personalmente pero te deseo muchas bendiciones), Val rod, hellen franco, Annie de madero, EdbEll CuLLen, Olgaliz, Patty reyna, LUISA1113, gabyselenator, Janeth, sofia, carmen, lluvia, LUZ GRANDCHESTER, Mayuel, Lisseth, Wendy….
Gracias por sus palabras…. ¡se los agradezco infinitamente!
Esperaré ansiosa los comentarios de este capítulo final… y ya saben… ¡esperen el epílogo! Ya lo tengo casi listo… solo avísenme cuando lo quieren? Jejeje….
En el epílogo agradeceré a cada una de ustedes… amigas que me acompañaron durante estos meses… ¡mil gracias!
SALUDITOS
P.D. Una amiga muy querida mia en Terryland, me hizo el favor de realizar unas bellas firmas alusivas al final de esta historia... tiene mucho talento y pues... a la que la quiera... me avisa! estan preciosas! tiene mucho talento... Muchas Graicas Lulu!
