Disclaimer: No, aún no me pertenecen los personajes, por más que los use y los quiera. Eso sí, todo lo que aquí aparece es obra de mi imaginación, así que no lo uséis (?).
Hogwarts
Caminaba por los pasillos con los libros en los brazos, radiante de felicidad porque había descubierto un método para poder escuchar lo que quisiera sin ser vista. Sí, Rita Skeeter era lista, era muy lista. No se le escapaba ni una. Sonrió con suficiencia pensando en qué tipo de escarabajo sería; por supuesto, tendría que tener alguna seña característica, no podía ser como un insecto cualquiera, todo patas y antenas.
Sin embargo, esa sonrisa de suficiencia fue cediendo cuando se dio cuenta de que algo raro estaba pasando. Descendió la velocidad de sus pasos y agudizó el oído tan desarrollado que tenía. Eran risas, y le había parecido escuchar su nombre entre ellas. Se acercó a las muchachas que se estaban riendo: no había reparado en ellas en su vida, pero le daba igual. Nunca nadie había hablado sobre ella, y no quería que eso cambiara ahora.
—¿De qué estáis hablando? —dijo con el ceño fruncido y agarrando sus libros fuertemente, con brusquedad.
Las chicas se encogieron y se miraron para después comentarle que no sabían de qué estaba hablando. Se hacían las locas. Malditas fueran, ya se encargaría de que cambiaran de opinión.
Durante todos los años que había pasado en Hogwarts —seis, ni más ni menos—, se había encargado de que nadie supiera nada de su vida. Quizá no tenía amigas, quizá no se había abierto lo suficiente a nadie como para considerarse cercana a alguien, quizá nadie sabía tan siquiera los nombres de sus padres. Sinceramente, le importaba un bledo. No le interesaba tener relaciones de amistad con ninguna de esas charlatanas.
Entró en la biblioteca, algo mosqueada, y enseñó a la señora Pince su permiso para entrar en la Sección Prohibida. Había conseguido el permiso después de alegar que escribiría un artículo sobre la animagia y sus desventajas. ¡Já! Es que hasta algunos profesores eran ingenuos, tenía suerte de que no leyeran los artículos que colgaba en el tablón de anuncios. Ya se había ganado algunas amenazas por eso, pero no le daban miedo. Los chicos del colegio no serían capaces ni de matar a una mosca.
Una vez dentro de la Sección Prohibida, cogió todos los libros que pudieran tener algo que ver con la animagia y los llevó a una mesa que había cercana a las estanterías, al otro lado de la biblioteca normal. Abrió los libros y comenzó a leer, ávida por aprender cómo podría hacer eso. Seguramente le abriría muchas puertas ser animaga, y más si no se registraba en el Ministerio de Magia. Sin embargo, una vez más sus oídos se agudizaron cuando su cerebro hizo "click" al oír una palabra muy concreta: rumor.
—¿Rumor? ¿De quién? —preguntó una voz desconocida para ella. No le importó mucho la fuente en esos momentos, quería escuchar de qué se trataba. Se relamió los labios; quizá ya tendría carnaza para su próximo artículo.
—¿De verdad no lo has oído? ¡Sólo se habla de eso! —respondió otra voz, intentando no ser escuchado. Muy tarde, pensó Rita para sí mientras se miraba las uñas. Se las pintaría de rojo.
—¡Oh, pero dímelo! ¿Qué es lo que pasa?
Rita se enderezó un poco, a sabiendas de que se enteraría de algo que podría ser interesante y, en vista de que cada vez bajaban más el tono de voz, se levantó de la silla y se pegó a las estanterías. Echó antes un vistazo para ver de quién se trataba: Marlene McKinnon era la que parecía que iba a hablar. Sí, fue la que habló.
—Skeeter y Bagman. —Miró a los lados, pendiente de que nadie las escuchara, ya se había llevado problemas por ir contando también todos los secretos que conocía, aunque no era tan odiada como Rita-. Se dice que los pillaron en el armario de las escobas haciendo… ya sabes.
Rita no pudo contener un grito ahogado. Su cara era un poema: los ojos fuera de las órbitas, muy abiertos, el ceño fruncido y la boca abriéndose y cerrándose como si fuera un pez. Un pez que estaba a punto de asesinar a alguien.
Después de descongelarse hizo lo que cualquier persona normal hubiera hecho. Salió hecha una furia de la Sección Prohibida y corrió hacia las dos chicas que habían estado hablando. Rita se caracterizaba por ser calmada, perseverante y como una estatua de hielo: nunca mostraba sus sentimientos, a nadie. Por eso, cuando McKinnon y la otra chica, que no le interesaba para nada, la vieron en ese estado, hasta se preocuparon.
—¡¿Quién te ha dicho esa… esa… aberración? ¡Y en el armario de las escobas, como si no hubiera un sitio más patético! —gritó, sin importarle que estuviera en la biblioteca y que todos la miraran como si estuviera loca. Al ver que Marlene no le contestaba, la cogió del cuello de la camisa y la estampó contra la estantería que había tras ella—. ¡Que me contestes!
Sin embargo, a pesar de que la señora Pince llegó corriendo para decirle que bajara la voz, Rita continuaba gritando, empujándola contra la estantería y afirmando que ella nunca haría nada con ese bufón que se llamaba Bagman.
Aunque no solía caer bien a los profesores, también era sabido que nunca montaba jaleo, o al menos, no ella misma. La señora Pince se preocupó e hizo que la llevaran inmediatamente a la enfermería, por si había sufrido alguna intoxicación por culpa de los libros de la Sección Prohibida, que sabía que algunos eran peligrosos.
Rita pataleó para que la soltaran, diciendo que no le pasaba absolutamente nada, hasta que llegó a la enfermería y la sedaron. Cabe decir que Rita era una joven llena de vitalidad; tuvieron que utilizar dos pociones porque, incluso con una, seguía diciendo incongruencias.
A la mañana siguiente Rita estaba de un humor de perros. ¿Por qué todo le tenía que pasar a ella? Se dirigió a su primera clase, ya más calmada pero con la seguridad de que encontraría a quien había esparcido ese rumor sobre ella y lo destrozaría con su propia pluma. Pasó por un pasillo atestado de gente, pero al parecer estaba especialmente sensible a cualquier mención de su nombre, porque en cuanto oyó "Skeeter" se escondió tras una armadura.
Dos chicos a los que reconoció como amigos de Bagman pasaron por el pasillo, ajenos a las demás personas y sin ser conscientes de que estaban siendo observados por el motivo de sus burlas.
—Sí, en el baño del segundo piso —comentó el más alto—. No sé cómo Ludo ha podido caer tan bajo. Total, Skeeter ni siquiera es guapa.
—Ni tiene tetas, según dicen —rió el bajo, pegándole un codazo a su compañero—. Lo único que tiene es una cabeza rubia y hueca.
Rita apretó los puños ante lo que decían y miró hacia abajo. Tampoco tenía tan poco pecho, la verdad. Y no creía que fuera fea, se consideraba normalita.
—Oh, joder, se me había olvidado —el alto soltó una carcajada muy fuerte y se detuvo justo a la altura de la armadura tras la que se escondía Rita—. Dicen que no es rubia natural. Bueno, no se lo he preguntado todavía, pero me han dicho que Ludo ha dicho que en realidad es morena —alzó las cejas, aún conservando su sonrisa burlona—. Ya sabes, ahí abajo.
Y Rita ya no pudo aguantar más, salió de detrás de la armadura, tirándola al suelo sin ningún cuidado y haciendo que los dos chicos se dieran cuenta de que ella lo había escuchado todo. No sabía cómo no se lo había imaginado, por supuesto que había sido Ludovic el que había ido soltando todas esas tonterías. Pero había llegado muy lejos.
No sólo había dicho que no tenía tetas y que habían hecho… "cosas" en el armario de las escobas y en los baños del segundo piso. También se había atrevido a decir que su rubio no era natural.
Pero, cuando se dirigía a la clase en la que Ludo debía estar, paró en seco, tomó aire y respiró profundamente. No debía montar más escenas, ella nunca lo había hecho, y no quería ahora que empezaran a hablar de ella cuando no lo habían hecho en seis años. Era su último año allí, estaba estresada con los exámenes y para colmo Ludo había decidido pasarse de la ralla.
—¡Pero mira a quién tenemos aquí! —dijo una voz desagradable y cantarina. Rita levantó la cabeza y vio a Peeves revoloteando sobre ella—. ¿Sabes que no se pueden hacer esas cosas en el colegio? ¡FILCH, UNA NINF…!
Rita abrió mucho los ojos. No quería que eso pasara a mayores, así que salió corriendo de ahí antes de que Peeves pudiera terminar lo que estaba diciendo. Abrió una puerta y entró al aula que había quedado abierta lo más rápidamente que pudo, pero no se esperaba que un cubo de agua le cayera encima, aplastándole el pelo tan bonito que le había quedado ese día y empapándola por completo.
Peeves asomó la cabeza por la puerta y se rió de una forma que no gustó nada a Rita.
—¡Parece que alguien está muy húmedo por aquí!
Y, antes de que Skeeter pudiera decir nada, se fue volando, saltando, riendo y cantando una canción que parecía decir "Rita está muy mojadita", o algo así. Rita sólo pudo apretar los puños y morderse el labio para no gritar toda la frustración que llevaba dentro, porque en todo el tiempo que llevaba allí, nunca le había pasado nada igual tan seguido.
No iría a clase ese día, no quería ver la burla en ojos de sus compañeros. Se levantó y fue a su sala común, pasando por todos los pasillos hasta llegar a las mazmorras. A esas horas no habría nadie en Slytherin y lo agradecía, porque no quería que nadie la viera así. Pero su sorpresa fue mayúscula cuando, después de decir la contraseña y poner el primer pie dentro, vio a Ludo sentado junto al fuego, jugando nerviosamente con ese mazo de cartas que ella le regaló hacía tantos años.
Tomó aire y se acercó a él, decidida a llegar al fondo del asunto y saber por qué demonios había ido diciendo eso sobre ella.
—¡Eres un idiota, Ludovic! —gritó, olvidándose de su plan de no perder la calma y llegar al fondo del asunto. Con Ludo nunca podía mantener la calma.
Él la miró y se levantó, quedando a su misma altura —aunque un poco por encima de ella— y guardando el mazo de cartas en uno de los bolsillos de su túnica.
—Te he dicho que no me llames Ludovic, me llamo Ludo —respondió un poco enfadado, como siempre solía ponerse, y después terminó:—. Y no sé de qué estás hablando.
Rita le pegó una bofetada antes de que terminara de decir esa frase y, cuando él se giró para mirarla y enfrentarla, se tragó sus palabras al verla de esa forma. Ya se había fijado en que iba calada hasta los huesos, pero juraría que antes de la bofetada ella no parecía a punto de llorar. De hecho, creía que era la primera vez que Rita parecía a punto de llorar de verdad.
—¡Eres idiota! ¿Cómo se te ocurre decir eso? —Antes de que él pudiera preguntar nada, lo miró con rabia—. ¿Cómo se te ocurre decir que nos hemos acostado?
—¿Qué? ¡Yo no he dicho eso! —Frunció el ceño—. Sólo dije que me habías dado un beso. Además, tú empezaste. Tiraste mi cámara al lago, ¿recuerdas?
Rita se mordió el labio inferior, enfadada. Sabía que no debería haber tirado la cámara, era cara, pero estaba harta de que la persiguiera como un maniaco para hacerle fotos desprevenida. Negó con la cabeza violentamente, arrojando algunas gotas al rostro de Bagman.
—Ese no es el caso, Ludovic. ¡Que nos hemos acostado! ¡Todo el colegio dice que nos hemos acostado! —Ludo abrió la boca para decir algo, pero ella lo cortó—. ¿Sabes? No te molestes en decirme nada, no quiero oírte más, ya has hecho suficiente.
Él se quedó medio paralizado, no sabiendo si iba en broma o no. Normalmente, siempre que se enfadaba, le gritaba y salía corriendo tras él como cuando eran críos, pero esa vez parecía que realmente estaba furiosa. Apartó la vista y se marchó, dejando a Rita frente al fuego y con una sensación algo amarga.
Ese día no volvió a saber de Bagman, no salió de su habitación y no habló con nadie. Cuando sus compañeras de habitación entraron para dormir y la vieron sobre la cama, soltaron una risita dañina y susurraron durante varias horas. Rita se dio la vuelta en su cama, mirando hacia la pared. No quería saber nada de lo que dijeran, de lo que hicieran. En ese momento, no se le ocurrió pensar que quizá sus víctimas se sentían de esa forma cuando ella escribía sobre ellos.
Cuando despertó, tenía el pelo encrespado y una cara de zombie que trató de disimular con algo de maquillaje pero, desgraciadamente, no lo consiguió. Bajó a desayunar al Gran Comedor, haciendo oídos sordos a todas las conversaciones que había a su alrededor. Sin embargo, cuando pasó de largo el tablón de anuncios, volvió sobre sus pasos para poder leer una nota grande, con letras mayúsculas que le había llamado la atención.
¡ATENCIÓN!
Nunca he hecho nada con Rita Skeeter.
No sé si tiene las tetas grandes o si no es rubia natural.
A quien se haya inventado eso, le diré: sólo besos.
Gracias por leer.
Ludo Bagman.
¿Sólo besos? Rita bufó, no sabía por qué era tan idiota, pero al menos se había tomado la molestia de colgar eso en el tablón. Quizá debería devolverle el permiso para hablar.
Entró en el Gran Comedor y lo vio sentado solo, comiendo unas tostadas o algo así. Se dirigió a su lado y se sentó junto a él antes de que nadie más lo hiciera. Había tomado precauciones de ir temprano para que no hubiera mucha gente cuando llegara, así que aún no estaba muy lleno.
—¿Por qué has colgado eso? —dijo sin mirarlo, tomando zumo y echándoselo en el vaso—. Pensaba que los rumores no te afectaban.
—No me afectan —respondió encogiéndose de hombros, Rita lo miró de reojo—. Pero parece que a ti sí.
Eso la enfadó. Se creía con derecho a colgar una nota para deshacer un rumor que los afectaba a ambos, aunque luego tratara de hacerse el héroe. Hasta ahí bien. Pero había algo que no cuadraba. Giró la cabeza para mirarlo, con el ceño fruncido y el vaso de zumo en la mano.
—Pues entonces deberías haber desmentido también la parte de…
No pudo terminar de decir lo que estaba pensado. No pudo terminar de reñir a Ludo con esa voz tan pedante que usaba casi exclusivamente para él. E incluso casi ni pudo coger el vaso bien de la sorpresa cuando Ludo la besó sin previo aviso, a pesar de que se apartó casi tan rápido como había juntado sus labios con los de Rita.
—Ahora no podemos decir que sea mentira. —Sonrió de esa forma tan característica, con una sonrisa más bien infantil, medio quebrada pero que parecía tan ingenua e infantil, esa que escondía todo lo que era, todo lo que nadie sabía… excepto Rita.
Se levantó del banco y se alejó un paso, por si se le ocurría pegarle, y sonrió más ampliamente.
—Si ves que hablan de ti, no te preocupes. Hablan porque te tienen envidia. —Le guiñó un ojo y comenzó a caminar hacia la puerta del Gran Comedor.
Rita se quedó mirando cómo se alejaba, algo sorprendida y, por qué no, paralizada, por lo que acababa de hacer, pero fue recobrando la capacidad de raciocinio conforme los segundos pasaban. Entonces, cuando comprendió todo lo que acababa de pasar, se levantó como si fuera un resorte.
—¡Ludovic! ¿Cómo te atreves? ¡Vuelve aquí ahora mismo! —Salió corriendo tras él ante la atónita mirada de medio Hogwarts.
Lo último que oyó fue la risa infantil de Ludo y unos cuantos comentarios.
—¡La ha besado!
—¡¿Lo has visto?
Oh, esta vez sí que lo iba a matar.
Notas de Odisea: vuelvo después de mucho tiempo sin publicar en este minific con una viñeta que espero que os haya gustado mucho, pues a mí sí que me ha gustado. Se centra en Hogwarts, cuando aún eran alumnos. Recordad que Rita tiene un año más que Ludo. Espero que os hayáis divertido leyéndola y que, tanto si os gusta como si no, me dejéis un pequeño comentario, pues un fanfic con reviews es un fanfic feliz :) Nos vemos en los reviews.
Si veis que falta algún signo de exclamación o interrogación es por culpa de fanfiction, que no sé por qué no me deja ponerlos bien.
Por cierto, muchísimas gracias a Alive to live a lie por beteármelo.
¡Un beso!
