Disclaimer: Uno se llega a aburrir de decir que todo esto pertenece a JK.


CERVEZA DE MANTEQUILLA

Ahí estaba. Entre los jugadores de las Avispas de Wimbourne, unas chicas que parecían sacadas de un anuncio de Nimbus 1990, y entrenadores y patrocinadores tan aburridos como sus negras túnicas.

Ludo, rodeado de tres de esas chicas Nimbus, parecía la mar de contento. Así de sonriente, con su rostro sonrosado como si fuera el de un niño, y esos ojos azules que parecían refulgir a cada halago que recibía. Era la estrella del equipo en esos momentos, y su fama parecía que no podía ser mayor después de todo lo ocurrido. Si bien era cierto que la gente habría mantenido la desconfianza con cualquier otro, con Ludo todo era diferente. Incluso su juicio fue diferente.

Siempre había sido ese muchacho manipulador y ávido de atención que conoció en casa de sus padres, y no creía que fuera a cambiar nunca.

Sin embargo, cuando algunas semanas atrás recibió una carta en la que le informaban que sería la reportera representante de Entre pociones y corazones, la revista para la que trabajaba, para cubrir el juicio de Ludo pensó que quizá estaría desmejorado, pálido, preocupado, deprimido. Contra todo pronóstico, Ludo no perdió la sonrisa durante todo el juicio.

No debería extrañarle que soliera caer tan bien a la gente, porque tenía ese don del que ella carecía: sabía mentir, sabía elogiar, sabía contentar a todo el mundo.

Rita nunca había pensado que Ludo pudiera ser un mortífago. ¿Quién lo creería? Con esa cara de niño, las decenas de partidos que las Avispas ganaron gracias a él y con ese don de gentes.

Suspiró cuando el hombre con quien hablaba le dijo que iría a saludar a otras personas y, después de que se marchara, cogió un par de canapés y se apoyó en la pared más cercana. Eso era lo que ella solía conseguir: estar sola. Aunque no es que le importase demasiado, repeler a todo el mundo empezaba a ser preocupante. Más aún en una fiesta en la que todos hablaban, reían, disfrutaban y celebraban que Ludo se hubiera librado de Azkaban. Incluso los otros reporteros que había ahí lo estaban pasando en grande.

Pero ella era una profesional, y no estaba ahí para hacerse amiga de nadie. Estaba haciendo su trabajo, y era conseguir "un artículo fresco y amable sobre el gran Ludo Bagman", cita textual de su jefe. Si no fuera por eso, se habría marchado varias horas atrás.

Se cruzó de brazos después de dar un trago largo a la copa de vino, y refunfuñó por lo bajo. Ahora Ludo había pasado un brazo por los hombros de una de esas chicas Nimbus. Lo que le faltaba por ver.

Intentó convencerse de que, por lo menos, Ludo no se había acercado a saludarla. Y eso debería ser un alivio para ella, ya que básicamente la desquiciaba, pero lo cierto era que estaba más aburrida que un horklump y habría agradecido cualquier tipo de distracción. Aparte de la que Bagman le ofrecía lanzando miraditas a sus acompañantes.

Decidió que se iría y se inventaría algo, no sería demasiado difícil y todos ganarían. Así que, todo lo dignamente que pudo, se puso a caminar hacia la salida para usar alguna chimenea. Sin embargo, antes de poder atravesar la puerta algo hizo que se girara en redondo.

—¡Rita!

—¿Bozo?

A pesar de mantenerse siempre fría, no pudo evitar darle un abrazo. Estaba más gordo, más calvo y más feo, pero ella seguía recordando a su amor platónico de juventud. Lo recorrió con la vista, escuchando lo típico que se solía decir en esa situación, y reparó en un pequeño anillo de su mano izquierda.

—¿Estás casado? —Directa, cortante y con el ceño un poco fruncido.

—Desde hace un par de años —respondió el otro lánguidamente.

—Me voy. Ha sido un placer volver a verte —dijo bruscamente, pensando que no lo había sido en absoluto. Hasta él había conseguido dejar de estar solo.

Decidida a no hacer caso si volvían a llamarla, salió del salón en el que estaba. No tardó mucho en llegar a su pequeño piso, tan sólo unas palabras y un puñado de polvos flu, y había llegado preparada para tomar un baño de espuma relajante y pintarse las uñas.

Dejó las gafas sobre la repisa de la chimenea y fue directa hacia el aseo. Abrió el agua e hizo que aparecieran velas y espuma por todas partes con un movimiento de su varita. El final perfecto para una velada que pasaría sin pena ni gloria.

Sin embargo, se sobresaltó cuando escuchó tres golpes fuertes en la puerta. Salió de la bañera a toda prisa y se secó con un rápido hechizo antes de ponerse algo de ropa e ir hacia la puerta.

Pero al mirar por la mirilla se quedó helada, y olvidó que se había estado relajando tan sólo minutos atrás. Abrió la puerta bruscamente, por lo que su inesperado visitante estuvo a punto de caer al suelo.

—¿Qué crees que estás haciendo aquí? —preguntó enfadada, sin dejarle entrar en su piso.

—Está claro, ¿no? —preguntó con una sonrisa quebrada—. No me he podido aparecer dentro ni tenía polvos flu.

Rita olisqueó, arrugando la nariz. Justo cuando hizo eso, vio que Ludo puso una de sus habituales caras de bobo, como ella las solía llamar.

—No me digas que estás borracho.

—Sólo he tomado dos cervezas de manquetilla.

—Ya.

Rita se mordió los labios, sin saber qué decir o qué hacer. Desde que había salido del colegio no había estado cara a cara con él en una situación que no fuera profesional.

—He ganado —continuó él, con esa sonrisa quebrada y boba tan característica de él—. No estoy en Azkaban y soy el mejor jugador de las Avispas de Wimbourne. ¿No me vas a felicitar?

—Felicidades. —Rita alzó una ceja, sin saber a dónde quería llegar—. Sigo sin entender qué haces aquí. Si sólo has venido para eso…

Ludo la miró de los pies a la cabeza con una expresión rara, y Rita se sintió incómoda. Hizo lo que nunca antes se le habría ocurrido hacer: se escondió detrás de la puerta.

—¿No me vash a invitar a pasar? —Al ver que Rita fruncía el ceño por su pregunta, no se le ocurrió otra cosa que añadir: —. Por los viejos tiempos, vamos. Mira, llevo un álbum de fotos.

No supo si fue porque estaba borracho, porque intentar celebrar con ella su triunfo era muy patético, porque ese álbum la haría evadirse o porque le había recordado a ese crío perdido de Hogwarts, pero a los diez minutos siguientes ambos estaban sentados en su viejo e incómodo sofá con una copa de vino cada uno.

—¡Dios mío! ¿Cómo es que sigues teniendo esta?

Preguntó Rita cuando, después de un tiempo, vio la foto que tanto odiaba: ella con el pelo liso, con su acné adolescente y unas gafas redondas de culo de vaso.

—Lo guardo todo —admitió Ludo pasando la página, por si se le ocurría arrancarla.

En la siguiente, Rita estaba hablando con un chico. Aunque no conseguía recordar su nombre, sí que pudo recordar el momento de la foto. Había ido a hablar con él después de reunir el valor necesario algo antes de que él hiciera los EXTASIS. Recordaba que se había rizado el pelo durante dos horas, que se había pintado las uñas con su nuevo rojo, e incluso se había maquillado un poco para parecer más mayor. Recordaba, también, que la inmediata respuesta había sido un "estaría loco para querer salir contigo".

—¿Por qué tienes esta foto? —preguntó apretando los dientes, consciente de que su respuesta sería una de las habituales.

"Para que recordaras ese vergonzoso momento toda tu vida". "Para documentar tu biografía no autorizada". "Porque tu cara de vergüenza no tiene precio".

No le contestó nada de lo que ella creía. En cambio, volvió a mirar la foto y le mostró de nuevo su habitual sonrisa quebrada, como la de ese niño de Hogwarts que estaba roto por dentro.

—Ibas guapa.

Y a pesar de que tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para no sentirse vulnerable, atacada o incluso enternecida por ese comentario, logró reunir el valor para quitar la copa de vino a Ludo y arrastrarlo hasta la puerta de entrada. Mientras tanto, él balbuceaba cosas que prefirió no escuchar. Los borrachos y los recuerdos no eran buenos compañeros, y ella no quería volver a saber de él. Ahora eran demasiado diferentes.

—Hasta mañana —dijo Ludo y, antes de que Rita pudiera decirle que mañana no se iban a ver (y quizá ningún otro día), le dio un beso rápido antes de desaparecerse, por si se le ocurría pegarle o algo así.

Rita se quedó rígida y sintió cómo los colores le subían al rostro. Después, volvió a respirar con normalidad y dejó escapar un largo suspiro. Maldito Bagman, ahora por su culpa no haría un artículo decente sobre él y una de las chicas Nimbus.


¡Hola a todos!

Bueno, lo primero que quería decir es que este capítulo participa en el reto "Arcanos Mayores del Tarot", propuesto por Lady_Lathenia. La carta que yo escogí para el reto es ELMUNDO, que implica la realización final, el éxito, la plenitud, y eso se puede observar (creo) en Ludo: tiene una carrera exitosa, no ha acabado en Azkaban y, básicamente, tiene el mundo a sus pies.

En el fic menciono que Rita estaba más aburrida que un horklump. Es una criatura mágica que tiene aspecto de seta y no tiene ninguna utilidad conocida.

Y ya, dando de nuevo las gracias a Alive to live a lie por ayudarme y betearme, y sobre todo por ser tan paciente conmigo, me despido.

Espero de todo corazón que os haya gustado y que os animéis a dejarme un review ;)

¡Un beso!