Disclaimer: No soy inglesa, no soy rubia y para nada soy más rica que la reina de Inglaterra. Aparte de eso, ningún personaje que puedas reconocer me pertenece, todos son de JKRowling.


LECHUZA

Ese cumpleaños era, sin duda, el peor de todos los que había tenido. Su padre se había estancado en la mesa de las bebidas y su madre no hacía más que recibir invitados a los que no conocía ni quería conocer. Otto, por otra parte, se dedicaba a correr de un lado a otro intentando jugar con los demás niños que había ahí.

Estaban los hermanos Black, que realmente nunca le habían caído bien, y sus primas, que formaban un círculo bastante cerrado; estaban los hermanos Carrow, que siempre se reían de él a sus espaldas, y Bozo, que no se separaba de su madre. Además de Avery, Rookwood, Lestrange y otros tantos con los que nunca había hablado. Apenas tenía diez años, pero Ludo ya sabía que no quería tener nada que ver con ninguno de ellos y preferiría quedarse en su casa antes que ir a Hogwarts, a pesar de no soportar a sus padres y que su hermano siempre estuviera rompiendo sus cosas.

Hasta que llegó ella.

Con su expresión resignada, su pelo liso y pegado a la cara, sus granos y su regalo: una cámara de fotos. Era obvio que ella había revolucionado su mundo desde que la vio entrar empujada por el señor Skeeter.

—Venga, Rita, ve a jugar con Ludovic que está solo.

Rita. Rita era un nombre bonito. Vendría de Margarita, que era mucho más feo y sin gracia. Rita, Rita.

Con su sonrisa falsa y sus ojos en blanco, con ese andar pesado y desganado y un tangible deseo de querer estar en cualquier sitio menos aquel.

Tenía una expresión de enfado que le gustó a Ludo… Hasta que el flash de su nueva cámara la pilló desprevenida: nariz arrugada, ceño fruncido y dientes apretados.

No fue amor a primera vista, porque con todas esas tonterías de reuniones sociales se conocían casi desde el día en el que nacieron, pero nunca antes habían hablado.

—Como no rompas la foto cuando reveles la cámara, te juro que no lo pasarás nada bien en Hogwarts, enano. —murmuró Rita, mirándolo con odio.

—¿Quieres jugar al Quidditch conmigo? —preguntó Ludo, ignorando su amenaza.

—No. —Y frunció los labios con el pensamiento, demasiado ácido para una niña de su edad, de que Ludo era algo así como una mosca en su sopa.

Aquel tenía que ser el más aburrido de todos los cumpleaños, pero luego se subió en su vieja escoba y, mientras volaba por el jardín, sintió que las cosas mejoraban un poco, sin importarle que, como sus padres le habían indicado demasiadas veces, irse de su propia fiesta era de mala educación. Llevaba la cámara al cuello, por si a Otto se le ocurría cogerla y estamparla contra el suelo. Había un par de fotos que no quería perder.

Todos los invitados que estaban abajo le habían regalado cosas aburridas y estúpidas como libros, ropa e incluso un par de calderos para cuando empezara Hogwarts. «Ya podrían haberme regalado una escoba nueva para cuando entre al equipo de Quidditch», pensó con cierta amargura. Al menos con la cámara de fotos podría divertirse más que con el tomo «Historia de Hogwarts». Que lo tenía repetido, por cierto.

¡Si ni siquiera tenía ganas de ir a Hogwarts!

Se detuvo de golpe, aguantando la escoba para que no fuera a ningún lado, y bajó rápidamente al suelo. Después de guardarla en el pequeño armario que había en la entrada al jardín, fue hacia donde Rita estaba sentada. Cuando se detuvo frente a ella, la miró y frunció un poco el ceño.

—¿Qué? —preguntó ella fastidiada cuando vio que el chico no hacía ningún amago por hablar.

Su voz sonaba aburrida, pero Ludo no podía culparla. La fiesta era un tostón.

—¿Cuántos años tienes? —inquirió ladeando la cabeza.

—Once —respondió Rita, alzando una ceja.

Ludo asintió. Creía que empezaría el colegio a la vez que él. Tal vez fuera porque sabía que Sirius estaba en Gryffindor, Bozo en Hufflepuff y los Carrow y Bellatrix en Slytherin.

—¿En qué casa estás?

—En Slytherin —dijo sin mucho entusiasmo—, ¿por qué?

Él simplemente sonrió y se fue hacia la mesa de los regalos para coger «Historia de Hogwarts». Quizá ahí ponía lo que tenía que hacer para pertenecer a Slytherin. Porque, a lo mejor si él también era de Slytherin, podría divertirse y hacerse amigo de Rita.

...

No fue hasta unos cuantos meses después de la fiesta cuando reveló la cámara. Había de todo en esas fotos: Otto haciendo algún desastre, él mismo sonriendo a la espera del maldito flash cegador, su padre cayéndose al suelo, un par de pájaros, su habitación… y las dos fotos de Rita.

Con esa picardía infantil que tanto le caracterizaba, fue al despacho de su padre, tomó un pergamino y una pluma y comenzó a escribir con letra grande y desprolija.

Querida Rita:

¡Acabo de sacar las fotos de la cámara que me regalaste! Ya no me acordaba, pero tengo algunas fotos de ti. Te envío una para que tengas un recuerdo de mi cumple, la otra la colgaré en mi habitación de Slytherin.

Un saludo,

Ludo Bagman.

Cogió un sobre y metió la carta en él después de releerla. Después, cogió la foto en la que Rita salía desprevenida comiendo sola y la incluyó en el sobre. Cogió la lechuza marrón, la que más le gustaba, a pesar de que su padre siempre le decía que usara la vieja, y le pidió que se la llevara a Rita.

Cuando vio a la lechuza volando, cada vez más lejos, se imaginó la cara enfadada de Rita, como la de la foto que él se había quedado y le dieron ganas de reírse.

Ahora sí que tenía ganas de ir a Hogwarts.


Notas de Odisea: ¡Hola a todos! Espero que este nuevo capítulo os haya gustado ;) Es un poco especial para mí, ya que nunca antes había escrito sobre personajes siendo niños. Me ha costado un poquitín, pero el resultado no me ha decepcionado, así que espero que tampoco a vosotros ^^

Si tenéis cualquier duda, queja o sugerencia sentíos libres de comentar, estaré más que encantada de contestar a vuestras cosas :D

Y por último... ¡un fanfic con reviews es un fanfic feliz!

Nos vemos en los reviews, ¡un beso muy grande!