Disclaimer: Los personajes y lugares presentes en la historia a continuación no me pertencen, sino que son propiedad de J.K. Rowling. Yo escribo esta historia sin fines de lucro.
Mi Bella Bruja
Capítulo 3
—Genial. —Masculló Hermione al ver el reloj en la pared de la oficina. Ya eran más de las siete de la tarde, y ella aún no terminaba con lo que tenía que hacer para ese día. Parecía como si trabajo extra apareciera sobre su mesa por arte de magia… Cada vez que sentía que estaba a punto de terminar, aparecía un nuevo montón de papeles sobre su escritorio, acompañados de una amable notita de la encargada del departamento, pidiéndole que se ocupara de esos asuntos y pidiéndole disculpas por las molestias. Se echó hacia atrás en su silla, con un gesto de rabia. No había alcanzado a buscar dónde alojar esa noche, tendría que volver al departamento de Malfoy.
Estampó su firma en el último papel y esperó unos cuantos segundos. Ninguna otra montaña de papeles apareció ante ella y respiró aliviada. Cerró los ojos, celebrando mentalmente haber terminado con su trabajo. Si el día anterior había sido espantoso, el que acababa de pasar fue muchísimo peor.
Después de soportar la actitud arrogante de Malfoy a la hora del desayuno, Hermione se dirigió a su pieza y se arregló para salir a trabajar. Decidida a no volver a bajar, para no encontrarse con Malfoy, trató de aparecerse en el Ministerio desde la habitación, pero lo único que logró fue caerse de espaldas contra la cama. Claro, como la mayoría de las casa mágicas de Inglaterra, el departamento de Malfoy y Nott tenía un escudo anti-aparición. Bajó las escaleras intentando disimular el dolor en su parte trasera y trató de abrir la puerta.
—Alohomora. — Intentó, sin conseguir nada. Miró su reloj de pulsera, estaba atrasadísima. Si había algo que odiaba y la ponía de mal humor, era llegar tarde.
— ¿Me permites, Hermione? — Nott apareció a sus espaldas, apartándola y abriendo la puerta con un toque de su varita. Hermione no dijo nada, salió del departamento y con un movimiento de varita, se apareció en el ministerio.
El ascensor que llevaba al quinto piso, donde estaba su oficina, estaba al borde del colapso, por lo que Hermione tuvo que esperar veinticinco minutos para que el ascensor se desocupara un poco. Esa era una de las razones por las que le gustaba llegar temprano, siempre pasaba lo mismo con los estúpidos ascensores del ministerio. Después de un largo rato logró subir al ascensor, mascullando por lo bajo acerca de la ineficiencia del ministerio que sólo tenía un ascensor para llegar a todos los pisos. La voz femenina anunció: "Nivel cinco: Departamento de Cooperación Mágica Internacional, Organismo Internacional de Normas de Instrucción Mágica, Oficina Internacional de Ley Mágica y Confederación Internacional de Magos, Sede Británica." Hermione se bajó del ascensor y se dirigió por el pasillo hacia su oficina. Su cara se deformó cuando vio a Nott y a Malfoy apoyados en el escritorio de Malfoy.
— ¿Cómo llegaron aquí antes que yo? —Siseó, al pasar al lado de ellos.
—Eso es un secreto profesional, Granger. — Le contestó Malfoy en el mismo tono. Hermione le dirigió una mirada enojada y se sentó en su escritorio.
Después de eso, el día de Hermione no había mejorado en lo absoluto. Además de tener que revisar kilos de papeles que aparecían sobre su escritorio, le llegó la notificación para una reunión a la que debía asistir en el primer piso. Cuando llegó ahí, le llegó un memorándum que decía que la reunión había sido trasladada a la cuarta planta. Hermione fue hacia allá a toda velocidad, sólo para encontrarse con que la reunión había sido cancelada.
Bufando, Hermione había vuelto a la oficina, sólo para encontrarse con otro montón de trabajo que no le permitió buscar donde pasar la noche.
Al abrir de nuevo los ojos, Hermione frunció el ceño. Frente a su escritorio estaba instalado nada más, ni nada menos que Draco Malfoy, que la miraba con una sonrisa divertida.
—Granger…
— ¿Qué quieres Malfoy? — Le dijo ella, usando el tono más agresivo que pudo.
—Nada, preguntarte si quieres que te esperemos para ir a casa o si nos vemos allá. — Le contestó él, muy serio.
Hermione lo pensó por un minuto: si le decía que la esperaran, ellos dos estarían molestándola mientras trabajaba, por lo que optó por decirle que se fueran sin ella.
—Está bien. — Le contestó Malfoy, antes de dar media vuelta e irse. Hermione murmuró algo y terminó de enviar los papeles a sus respectivos casilleros con su varita. La idea de pasar otra noche en el pent-house de Nott y Malfoy no le gustaba particularmente, pero era su única opción. Cuando terminó con su trabajo, tomó su chaqueta y se dirigió al ascensor por el pasillo. Al pasar frente a la oficina de la Encargada de Relaciones Exteriores, escuchó una conversación que llamó su atención.
— ¿Quién será el nuevo agregado en Francia? — La voz del jefe de departamento era fácilmente reconocible. Por la puerta a medio abrir, Hermione vio que ambos jefes estaban sentados frente a su escritorio tomando té. Tratando de no hacer ruido, se acercó lo más posible para escuchar la conversación.
—Creo que Roger Davies es la mejor opción que tenemos. De todos los que enviaron una solicitud, él era el más apropiado para el trabajo.
—La señorita Granger insistió en enviar su solicitud, me imagino. — Señaló el jefe del departamento. Hermione se puso roja como tomate al oír eso. Así que era verdad lo que decían Malfoy y Nott, todo el mundo sabía que ella quería ese trabajo con toda su alma. Siguió escuchando lo que decían tras la puerta.
—Bueno, sí… pero ella…no es lo que buscamos. No sabemos si ha tenido la educación necesaria, la familia del señor Davies es muy antigua, y seguramente él tuvo las mejores oportunidades en la vida para desarrollarse en todas las aéreas en las que quisiera. No sabemos nada acerca de la educación de la señorita Granger en su hogar, ni podría saber qué esperar de ella.
—No se excuse conmigo, mi querida señora Tillwater. — Le dijo el jefe del departamento, con un tono comprensivo. —Todos sabemos que este ministerio debe estar bien representado en el exterior. La señorita Granger es una bruja muy competente en muchos aspectos, pero la presentación personal y la gracia, no son algunos de ellos…
Hermione estaba furiosa: ¡le habían negado el trabajo de sus sueños por ESA estupidez! No quiso seguir escuchando, e intentando hacer la menor cantidad de ruido posible, terminó de atravesar el pasillo. Se subió al ascensor, y subió los cuatro pisos que le quedaban.
En el hall, se sentó junto al homenaje a las víctimas de la Segunda Guerra Mágica. Además de estar muy enojada, se sentía choqueada, ella siempre había pensado que la guerra había terminado con todo ese tipo de prejuicios, estaba muy orgullosa de haber contribuido a ello. Pero ahora, se sentía como una estúpida. Y lo peor de todo, era que Malfoy tenía razón. A ella no le habían dado el trabajo, no por falta de calificaciones, sino por prejuicios, porque no creían que ella tuviera los modales y el porte exquisitos de cualquier sangre pura. Se sentía traicionada y dolida. Enterró la cabeza en sus manos. Ese trabajo era uno de sus mayores sueños, siempre había querido vivir en otro país y después de conocer París con sus padres, había quedado fascinada. Levantó la cabeza, mirando decididamente a la pared. Hermione Jean Granger nunca se había rendido en su vida, y no pensaba hacerlo. Respiró hondo y pensó: ¿Cómo podía vencer esos estúpidos prejuicios, que eran su único obstáculo para conseguir su sueño? Las palabras de Malfoy de esa mañana volvieron a su mente: "¿Sabes? Yo podría hacer que te dieran el puesto… Cuando termine contigo, ellos mismos te van a pedir que vayas a París."
No, no podía hacer eso, era caer demasiado bajo. Ella no pensaba pedirle ayuda al mocoso mimado de Draco Malfoy, por mucho que él dijera que podía ayudarla. Pedirle ayuda a Malfoy era… simplemente inconcebible.
Unos pasos retumbaron en el hall vacío. Hermione dio vuelta la cabeza, y vio a Roger Davies caminando hacia el ascensor. Seguía siendo tan guapo como en Hogwarts, y tenía un porte muy aristocrático. Al verla, inclinó la cabeza a modo de saludo y esbozó una sonrisa compasiva. Hermione se limitó a apretar los labios. La estúpida sonrisita de Davies, sólo había logrado enfurecerla aún más. ¿Qué se creía ese estúpido para sonreírle así? Sólo había conseguido ese trabajo porque la encargada de Relaciones Exteriores no la había considerado a ella como adecuada para el trabajo, no porque fuera el mejor. Se imaginó años de futuros empleados pasando frente a ella, sonriéndole con compasión y consiguiendo SU trabajo soñado. Hermione golpeó su mano contra el suelo. Ella iba a conseguir ese trabajo, aunque tuviera que tragarse su orgullo y suplicarle al estúpido de Draco Malfoy que le enseñara acerca de modales y esas cosas. Ella, Hermione Jean Granger, se iba a convertir en la bruja más elegante y con mejores modales de todo el Ministerio, y quienes no la habían considerado apta para la diplomacia, tendrían que tragarse sus palabras.
Con un gesto decidido, se paró y desapareció con un movimiento de varita, con la mente puesta en el departamento de Malfoy.
Malfoy y Nott estaban cómodamente instalados en el living de su departamento. Malfoy tenía un libro entre sus manos y leía, ignorando a su amigo, que parecía querer preguntarle algo.
—Malfoy, ¿me puedes decir cuál es tu jodido plan con Granger? No la vi demasiado convencida esta mañana, y tampoco hoy en el trabajo. No es que me moleste ganar cinco mil galeones, pero la duda me tiene vuelto loco. ¡Responde, estúpido! — Le dijo a su amigo, que levantó la cabeza de su libro.
—Ay, Nott. Se nota que no entiendes nada. — Nott resopló al escuchar eso último. —Vas a ver, que esta misma noche, Granger me va a pedir a mí que la ayude a conseguir su trabajito.
— ¿Y cómo lo vas a hacer, si me permites la pregunta? — Le preguntó Nott, sirviéndose un vaso de whisky con hielo.
—Un buen mago nunca revela sus trucos. — Se burló Malfoy, dejando a un lado el libro. —Digamos que me preocupe de crear las circunstancias adecuadas.
Nott levantó las cejas al oír el último comentario de Malfoy. ¿Qué diablos querría decir con eso de las "circunstancias adecuadas"? Tomó un sorbo de su vaso, mientras se sentaba en el sofá. Desde el sillón, Draco le dirigió una mirada y volvió a leer.
Tres toques a la puerta rompieron el silencio. Antes de que Nott pudiera reaccionar, Malfoy ya estaba junto a la puerta, abriéndola para revelar a una Hermione Granger que no parecía estar precisamente contenta.
—Granger, ¿cómo estás? — Malfoy le indicó que pasara con un gesto de la mano y ella entró dando grandes zancadas hasta la puerta del living, donde se detuvo con los brazos cruzados sobre el pecho. Definitivamente, estaba de muy mal humor. Malfoy cerró la puerta tras ella y volvió al living, con una sonrisa triunfante en los labios, sabía que tenía el asunto en la bolsa.
—Malfoy — empezó Hermione, intentando contener la rabia —, quiero que me enseñes lo que necesito para ir a la embajada en Francia.
Malfoy amplió aún más su sonrisa de triunfo, pero no dijo nada, sino que se limitó a sentarse en su sillón, examinando atentamente a Hermione.
— ¿Y qué pasa si yo ya no quiero enseñarte? — Le dijo, con una mueca arrogante. La cara de Hermione se deformó, sus ojos parecían a punto de echar chispas y se notaba que estaba conteniéndose la rabia.
— ¡Tú dijiste que querías enseñarme! —Exclamó la joven con incredulidad. Draco esbozó una sonrisa burlona de lado.
—Y ahora no quiero, ¿qué vas a hacer con eso? — La desafió él, sin dejar de sonreír. Hermione se quedó sin respuesta por unos segundos.
— ¡Buscaré a alguien más que me enseñe, hijito de mami creído! — Le gritó, furiosa. Draco se levantó y se dirigió al bar a servirse un vaso de whisky. Ni Hermione, ni Nott dijeron nada. La primera estaba muy ocupada pensando en cómo asesinar a Malfoy sin su varita, y el segundo estaba demasiado confundido para decir algo.
— ¿A quién? ¿A Potter o a la comadreja? — Se burló. Hermione empuñó las manos. —Acéptalo Granger, soy tu única opción.
— ¿Qué quieres a cambio? — Dijo Hermione entre dientes. Malfoy se acercó a ella, sin perder su sonrisa arrogante.
—Es muy simple, Granger. Lo que quiero es que tú admitas mi superioridad en esta área, después de eso, ya veremos. — Si iba a hacer esa tontería, por lo menos podría disfrutar un poco.
Hermione apretó los labios, y respiró. Tenía que tragarse su orgullo y olvidarse de su estúpida dignidad si quería ese trabajo.
—Draco Malfoy, ya que tú eres experto en las artes de la etiqueta y la elegancia, ¿serías tan amable de traspasarme algo de tu sabiduría? — Le dijo Hermione, con el aire de una niña obligada a pedir disculpas por su madre.
—Hubiera preferido algo menos sarcástico, pero por el momento, pasa. — Dijo Malfoy, con una mueca burlona. —Está bien, te enseñaré a ser una dama. Mis reglas son simples: harás lo que yo diga y no discutirás mis órdenes. Tómalo o déjalo, Granger.
Hermione respiró hondo antes de responder. No iba a darle a Malfoy el placer de verla dudar, ella estaba dispuesta a soportarlo si eso significaba que podría conseguir el trabajo de sus sueños.
— ¿Cuándo empezamos? — Dijo, tendiéndole la mano a Malfoy para que éste se la estrechara.
¡Y Malfoy logró su objetivo número uno! ¿Les gustó el capítulo?
Para que sepan, yo actualizo Martes, Jueves y Sábados, sin falta. La razón de esto es que yo empiezo a publicar mis historias una vez que las termino, porque no me gusta dejar colgados a los que leen mis historias. Si por alguna razón no puedo actualizar, les avisaré de antemano o les pediré las disculpas pertinentes en la siguiente actualización.
Además, me niego a exigir reviews a cambio de capítulos, porque me parece un chantaje barato que ustedes no se merecen. Por otra parte, si quieren dejar un review con un crítica o para decir que les gustó el capítulo, ¡harían a una escritora muy feliz!
¡Hasta el próximo capítulo!
Muselina
