Disclaimer: Los personajes y lugares presentes en la historia a continuación no me pertencen, sino que son propiedad de J.K. Rowling. Yo escribo esta historia sin fines de lucro.
Mi Bella Bruja
Capítulo 6
Cuando Hermione llegó esa tarde al departamento después de un largo día de trabajo, Malfoy le indicó a que servirían la comida a las siete y media, y que esa sería su próxima lección. Hermione se limitó a devolverle una mirada helada y se encerró en su pieza a leer. Ya llevaba más de una semana viviendo con los dos chicos, y Malfoy la tenía vuelta loca. No había nadie que la irritara como él, cada vez que le señalaba sus errores. Había días en los que se sentía como una idiota, pero estaba decidida a que algo así no la detuviera. Cuando vio que su reloj señalaba las siete y veinte, se levantó de mala gana, se arregló un poco y bajó las escaleras.
—Hermione, él es Sergei, y será nuestro mozo esta noche. — Dijo Nott, señalando a un joven de aspecto serio que estaba parado junto a la puerta. El joven llevaba uniforme de mozo formal, con una corbatita de moño sobre una elegante túnica blanca, de la que sobresalían unos pantalones negros.
— ¿Para qué necesitamos un mozo? — Protestó Hermione, frunciendo el ceño. La idea de que alguien le sirviera le parecía verdaderamente absurda. — Es absolutamente innecesario, Malfoy.
—No, no lo es. Hoy vas a aprender modales en la mesa; algo muy importante y vital para tu "educación". ¿Cómo vas a conseguir un trabajo de diplomática si no eres capaz de comportarte durante una cena oficial? — Dijo él, rodando los ojos despectivamente. —Ahora, si nos acompañas al comedor, te explicaré cómo debes indicar que se ponga la mesa. — Agregó, dirigiéndose al comedor. Nott aferró el codo de Hermione con una sonrisa simpática, a la que ella respondió poniendo los ojos en blanco.
En la mesa del comedor había extendido un mantel blanco, con bordados de flores, y sobre él tres puestos. Hermione frunció el ceño al ver la cantidad de copas y cubiertos que había en cada uno. Nott movió una de las sillas, y le indicó que se sentara, mientras que Malfoy y él se sentaron en los puestos restantes.
—Empecemos, Granger. — Dijo, tomando la servilleta que descansaba sobre su plato y poniéndosela delicadamente en el regazo. Nott lo imitó. — Desdobla la servilleta con delicadeza, no como si estuvieras haciendo un truco de magia muggle, y ponla en tu regazo. — Hermione hizo lo que él le indicaba, al menos, no era algo tan complicado.
— ¿Para qué son todos estos cubiertos y copas? No necesitamos tantas. — Preguntó Hermione, quien nunca había ido a una cena tan formal como para que exigiera tantos cachivaches sobre la mesa.
—En primer lugar, tienes ante ti: un plato base y un plato de presentación. El de presentación será retirado cuando Sergei sirva el primer plato. A tu izquierda tienes los tenedores: de ensalada, pescado y cena; y a tu derecha, tienes la cuchara de sopa, el cuchillo de pescado y el cuchillo de cena. — Explicó Malfoy, señalándole los cubiertos a medida que hablaba. — El orden en que debes usarlo es desde el que está más lejano al plato hacia adentro. A tu izquierda, además, tienes el plato de pan y a tu derecha, las copas. La más grande es la de agua, las otras dos son para el vino: la más alta es para el vino tinto, y la más baja para el blanco.
Hermione alargó la mano para alcanzar el pedazo de pan y se lo metió a la boca sin más ceremonias. Había sido un día muy largo, y estaba muriendo lentamente de hambre. Malfoy le dirigió una mirada irritada.
—Granger, el pan nunca debe comerse a mordiscos. Tienes que trozarlo con las manos, delicadamente. — Le señaló Malfoy, levantando una ceja. Hermione tragó lo que había puesto en su boca e hizo lo que Malfoy le había indicado.
Sergei salió de la cocina, levitando tres platos de sopa a la perfección con su varita. Depositó cada uno de los platos frente a los comensales con seguridad y volvió a entrar en la cocina.
—Uno debe empezar a comer cuando la dueña de casa lo ha hecho, y ella debe hacerlo cuando ve que todos sus invitados están servidos. En este caso, tú serás la dueña de casa. — Dijo Malfoy, indicándole que ya podía comer.
Hermione cogió la cuchara y tomó algo de sopa. Malfoy frunció la nariz, mirando el agarre de Hermione al cubierto. "Esto va a ser muy largo", pensó.
—Estás tomando bien la cuchara, pero hazlo con más delicadeza, no se te va a caer. — Bufó Malfoy, frunciendo el ceño al ver como la joven agarraba el cubierto. Hermione relajó su agarre. — Mucho mejor. — Dijo, sin mirar a Hermione, quien sonrió con satisfacción. Era lo más cercano a un cumplido que había escuchado en semanas.
Mientras tomaban la sopa, los tres se quedaron callados. Hermione estaba muy concentrada en no equivocarse en nada, mientras que Malfoy analizaba cada uno de sus movimientos para encontrar sus errores. Nott, por su parte, estaba más concentrado en la deliciosa sopa de tomates que Sergei había servido, que en establecer algún tema de conversación, o preocuparse de sus modales. AA diferencia de Malfoy, nunca le había dado mucha importancia a esas cosas, y estando en un ambiente familiar se relajaba y no tomaba demasiado en cuenta los modales. Cuando terminaron la sopa, Sergei apareció levitando tres platos de ensalada de palitos de apio con ricota, rodeados de lechuga cortada en tiritas. Hermione tomó el tenedor de ensaladas que le había indicado Malfoy y empezó a comerla.
—Bien, Granger. — Dijo él, asintiendo con la mano al ver que la joven estaba comiendo correctamente. —Se me olvidó decirte que si por alguna razón necesitas pararte de la mesa, debes dejar la servilleta a un lado, ligeramente arrugada, y los cubiertos haciendo un ángulo de 60º sobre el plato.
Hermione arrugó la nariz, pero tomó nota mentalmente de lo que le estaba diciendo Malfoy, que para algo le sirviera ser superdotada en esta situación. Sin decir una palabra, la chica siguió comiendo su ensalada. Cuando la hubieron terminado, Sergei sacó los platos y sirvió la carne con patatas, que era el plato principal.
—Bien, Granger. Al menos sabes cortar la carne como una persona decente. — Al escuchar ese comentario, Hermione tuvo que reprimirse para no golpearlo en la nariz. Claro que sabía comer bien, no había crecido en una selva criada por monos. —Recuerda que sólo debes cortar el pedazo que vas a comer, no debes cortar toda la carne para luego comerte los pedazos.
—Sí, mi general. — Contestó ella, con un tono burlón. Malfoy rodó los ojos, mientras Nott reía por lo bajo.
—Muy chistosa, Granger. Tendremos que trabajar en eso más tarde. — Fue la única respuesta de Draco, sin mirarla. Hermione se mordió el labio con fuerza. El trabajo de sus sueños le estaba costando más de lo que imaginaba.
— ¿Malfoy? — Le preguntó Hermione con una voz falsamente dulce. — ¿Por qué crees que todas estas tonterías son tan importantes? La verdad es que me parecen simples superficialidades, no creo que de verdad valgan la pena.
Malfoy levantó una ceja al oír la pregunta, para ser sincero consigo mismo nunca se lo había preguntado a él mismo, pero recordaba las palabras de su madre cuando le había enseñado eso.
—Granger, es muy simple. El saber y manejar estas normas de urbanidad, es la verdadera diferencia entre la gente que vale la pena, y los que no merecen que uno les dirija la palabra. — Contestó, arrogantemente. Hermione arrugó el ceño. —Cuando alguien conoce estas normas, de inmediato puedes notar que está a un nivel superior a los demás, separado de la chusma ordinaria. Tu amigo Weasley es un ejemplo perfecto…
Hermione lo interrumpió en ese punto, furiosa. ¿Qué se creía Malfoy para decir algo así de uno de sus mejores amigos? Le importaba un comino que se metiera con ella, pero que ni se le pasar por la cabeza decir algo en contra de sus mejores amigos.
—Ni te atrevas a decir algo acerca de mis amigos, Malfoy. — Lo amenazó con el dedo, levantándose de su silla con brusquedad. —Mira, todas tus tonterías elitistas me da lo mismo, por mucho que creas que es la verdad suprema. La verdadera diferencia entre las personas, es el respeto que muestras por los demás.
Malfoy le dedicó una mueca burlona, nadie podía ser tan inocente. No era secreto en el mundo mágico que había personas con las que convenía relacionarse más que con otras. Por mucho que Potter y Weasley fueran héroes nacionales, no eran precisamente de los que convenían, especialmente Weasley, que era un simple socio de una tienda de bromas.
—Ay, que tierna, Granger. ¿De verdad crees eso? — Le dijo con sorna. —Querida, en la vida necesitas ser del tipo que triunfan, y tienes que relacionarte con las personas adecuadas. Tus ideas ridículas acerca de la igualdad, son ideales y nada más.
—Entonces, ¿por qué estás ayudándome? — Le preguntó Hermione. —Soy una hija de muggles, seguramente no soy de las chicas con las que te conviene relacionarte. No puedo dejar de serlo, por mucho que tú me enseñes todos los modales del universo.
—Granger, tú, al igual que yo y mi amigo Nott aquí presente, somos parte de la elite. Yo nunca he dicho que una persona no pueda introducirse en la buena sociedad, pero tiene que tener materia prima. Tú, aunque me duela, eres la bruja más inteligente de nuestra generación. — Le explicó Malfoy, con un tono condescendiente. — Si no pensara que puedes entrar en nuestro círculo, no me molestaría en ayudarte.
— ¿De verdad eres tan elitista? — Hermione lo miró incrédula, sin poder creer lo que estaba escuchando. —Si tengo que pensar como tú para conseguir el trabajo, prefiero seguir siendo íntegra.
La joven salió del comedor dando grandes zancadas. Nott y Malfoy se miraron al escuchar un portazo en el segundo piso y volvieron a sus respectivos platos.
—Esta escena se está volviendo demasiado común en esta casa. — Comentó Nott, dejando el tenedor a un lado. Malfoy se encogió de hombros.
—Ya te dije, así funciona Granger. — Masculló, antes de meterse una papa en la boca.
Hermione maldijo entre dientes, tirándose sobre su cama. Sobre la colcha había varios cojines y ella se descargó tirándolos a la pared y volviendo a cogerlos con la varita. Malfoy había logrado tocarle los nervios e irritarla al máximo. Estúpido creído elitista. Suspiró mirando al techo. ¿Su trabajo soñado valdría tanto la pena como para seguir soportando las constantes humillaciones de Malfoy? Se levantó de la ama de un salto y tomó un abrigo de su clóset. Salió apresuradamente de su pieza y salió del departamento, ignorando olímpicamente a los dos jóvenes que seguían sentados en el comedor, comiendo el postre. Afuera del departamento, desapareció y reapareció frente a una bonita casa en Godric's Hollow. La casa tenía una cerca blanca, que rodeaba un bonito jardín lleno de flores. Abrió la puertecita del cerco y caminó por el camino de piedras que llevaba a la puerta. Tocó la puerta, y esperó unos segundos a que le abrieran.
— ¡Hermione! ¿Qué haces aquí? — Dijo Ginny, abriéndole la puerta. Llevaba puesto un delantal y tenía una fuente en la mano, en la que una cuchara batía mágicamente una mezcla. —Estoy cocinando, Harry tiene una misión y llegará más tarde, pasa. James y Albus por fin se quedaron dormidos y es el primer momento que tengo para hacer esto.
Hermione se sentó junto al mesón de la cocina, en un piso alto, mientras Ginny seguía moviendo la varita y preparando la comida.
—Ginny, ¿quieres dejar de hacer eso? — Bufó Hermione, aburrida de ver a su amiga moviéndose a su alrededor. Ginny hizo un último movimiento, y los instrumentos se detuvieron. —Gracias, me estabas poniendo un poco nerviosa. ¿Té? — Hermione agitó su varita y dos tazas humeantes aparecieron frente a ella.
—Gracias. ¿Podrías decirme ahora qué demonios pasó? — Le dijo la joven, sentándose en una silla alta junto al mesón. —Me imagino que tuviste algún problema con Malfoy. — Ante la mirada interrogativa de Hermione, Ginny agregó. —Harry me contó todo. No se me ocurre cómo puede funcionar ese arreglo de ustedes. La verdad, creo que es una locura.
Hermione evitó la mirada de su amiga, y se concentró en revolver su taza. Ginny rodó los ojos.
—Mira Ginny, el puesto en París es muy importante para mí. Estoy dispuesta a hacer lo que sea necesario para conseguirlo, es el sueño de mi vida. Y Malfoy me irrita de una manera que ni siquiera te imaginas, hoy dijo que los modales en la mesa distinguían a la gente que valía la pena de la que no. Eso es una estupidez, los modales se aprenden según tus circunstancias, he conocido a personas con modales exquisitos, que son incapaces de tratar bien a los demás, mientras que gente que no los tiene, respeta a todo el mundo y es amable. No sé si voy a poder aguantar esas tonterías por mucho más tiempo.
— ¿No podías tener sueños normales, como ser una princesa o algo así? — Se burló Ginny. Hermione levantó las cejas, divertida por el comentario de su amiga. —Está bien, no te enojes. Si es tan importante para ti como dices, sigue con tu trato con Malfoy, pero por favor, no dejes de lado tu integridad.
— ¿Cómo hacerlo? Tengo que escuchar tonterías como esas casi todos los días. —Protestó Hermione, apoyando los codos sobre la mesa. Apenas se dio cuenta de lo que estaba haciendo, los bajó, aferrando su taza de té. —Sinceramente no sé cómo voy a hacer para aguantarlo por más tiempo.
—Hermione, ¿y vas a dejar que él gane? — Le preguntó Ginny a la chica. —Tienes que demostrarle que se equivoca, pero no mediante la fuerza o la agresión. ¡Eras la chica más inteligente de Hogwarts! Te aseguro que puedes demostrarle que se equivoca, haciendo todas esas cosas mejor de lo que él espera. — Le dijo, animándola.
Hermione le sonrió a su amiga, vaciando su taza de té antes de dejarla de nuevo sobre la mesa. Ginny tenía razón, la única forma que tendría de que Draco se tragara sus palabras era demostrarle que efectivamente se equivocaba. No lograría su objetivo siendo agresiva y cruel con Malfoy, había otras formas, y ella estaba decidida a lograrlo.
—Bien, haré que Malfoy se trague sus palabras. — Afirmó, limpiando su taza con la varita. —Por cierto, ¿qué estás preparando?
—Una de las recetas de mamá, pollo a las finas hierbas. No soy muy buena con los hechizos domésticos, pero voy aprendiendo. — Contestó Ginny, apagando uno de los fuegos de la cocina con su varita. —El pobre Harry y los chicos han tenido que sufrir varios fiascos culinarios, en todo caso. Andrómeda viene con Teddy cada cierto tiempo, y me ayuda con todo esto. — Le contó, apuntando a una de las ollas con su varita para apoyarla en un mesón.
—Huele delicioso, Ginny. — Comentó Hermione, mientras su amiga se asomaba por sobre la olla para revisar la comida.
—También luce bien, espero que también tenga buen sabor. — Comentó Ginny, sacando unos platos. — ¿Quieres quedarte a comer? — Le preguntó a Hermione, mientras apuntaba a otro de los muebles con la varita, para sacar unos vasos y cubiertos.
—Creo que ya comí bastante por hoy. — Se burló Hermione, ayudando a la joven a poner la mesa para ella y Harry. —Pero los puedo acompañar a comer, no tengo muchas ganas de volver al departamento esta noche, y mientras más tarde llegue, mejor.
—Buen punto. — Sonrió Ginny, antes de escuchar cómo se abría la puerta de entrada y la voz de Harry anunciaba su llegada.
¿Qué les pareció? En mi caso, al igual que la mayoría de las personas que conozco, las reglas de "comer bien" se basan en: masticar con la boca cerrada, no apoyar los codos en la mesa, tomar correctamente los cubiertos y poco más. Ni siquiera sabía la diferencia entre la copa de vino tinto y la de vino blanco (aunque creo que podría sobrevivir sin saberlo), o en qué posición se deben dejar los cubiertos cuando uno se levanta de la mesa. Tuve que revisar varios blogs y otras páginas de etiqueta para poder escribir este capítulo (y yo que me consideraba muy bien educada). Espero que les haya gustado.
Como siempre, muchísimas gracias a todos los que han leído mi historia, especialmente a los que dejaron reviews. ¡Les agradezco que me den a conocer su opinión y me ayuden a mejorar!
¡Hasta el próximo capítulo!
Muselina
