Disclaimer: Los personajes y lugares presentes en la historia a continuación no me pertencen, sino que son propiedad de J.K. Rowling. Yo escribo esta historia sin fines de lucro
Mi Bella Bruja
Capítulo 7
—Pansy, por favor. — Le dijo Malfoy zalameramente a la joven, que rodó los ojos irritada. —Esta es tu área de experticia, tienes que ayudarnos.
Nott, Malfoy y Pansy estaban en la oficina de ésta, en el departamento de Aplicación de la Ley Mágica. Malfoy y Nott habían estado toda la mañana intentando convencer a Pansy para que los ayudara en el "proyecto Granger", como lo llamaban. Querían aprovechar el conocimiento acerca de moda de Pansy para cambiar el estilo de Granger. Por mucho que Malfoy le enseñara todo acerca de los buenos modales, Granger no iba a llegar a ninguna parte si seguía vistiéndose como lo hacía.
—No, no lo haré, Draco. — Bufó la chica, intentando volver a los papeles que ocupaban su escritorio. Les había dicho muchas veces, en todos los tonos posibles, que creía que ambos estaban perdiendo su tiempo. —Saben lo que pienso: que todo ese "proyecto" es una tontería sin pies ni cabeza. No pienso ayudarlos.
—Pero Pansy, piensa en el desafío que esto sería para tus habilidades estilísticas. — Dijo Malfoy, apuntando a Hermione, quien acababa de entrar al departamento de Aplicación de la Ley Mágica con varios pergaminos en los brazos. —Si hay alguien que puede transformar ese desastre de chica, en una mujer elegante, digna de estar en los mejores salones del mundo mágico, eres tú. Nosotros sólo podemos ocuparnos de algunos detalles menores.
Pansy arrugó el ceño, mirando a la joven que estaba frente al escritorio de uno de sus compañeros de trabajo. Llevaba una túnica oscura, que claramente no eran de su talla, y que dejaba ver unos pantalones, cuyo corte dejaba bastante que desear. Por otra parte, el pelo de Hermione no había mejorado en lo absoluto con los años y seguía coronando su cabeza como una espantosa mata de rizos enredados. "Eso necesita mucho trabajo", pensó Pansy, examinando atentamente la figura de la joven.
—Vamos, Pansy. — La animó Nott, apoyando las palmas en los hombros de su amiga y dirigiéndola una sonrisa brillante y seductora. — A ti te gustan los desafíos.
—Sí, claro que me gustan. Pero no me interesan los imposibles. — Bufó Pansy, rodando los ojos. Malfoy y Nott intercambiaron una mirada de frustración, Pansy era perfecta para lo que necesitaban y con esa obstinación no estaban llegando a ninguna parte. —Esa chica necesita más que sólo ropa nueva, Draco. Le va a hacer falta un nuevo tratamiento para el pelo, hay que domar esa mata, y seguramente algo para la piel también, antes de que pueda siquiera acercarse a los salones elegantes, querido.
— ¿Eso es un sí? — Preguntó Malfoy, con una sonrisa maquiavélica, mientras Nott abrazaba a su amiga. —Bien, el sábado iremos de compras, y tú podrías pedirle una hora en un salón de belleza. ¿A cuál vas tú?
— ¿Una hora? Necesitamos por lo menos tres. — Se burló Pansy, empujando a Nott para deshacerse de su abrazo. —Trato hecho, Draco. — Añadió, tendiéndole la mano a su mejor amigo, quien se la estrechó con una sonrisa de suficiencia.
El sábado Hermione despertó con unos fuertes golpes en su puerta. Aún medio dormida, se levantó para ver qué pasaba, encontrándose con Nott y Malfoy fuera de su dormitorio.
— ¿Qué pasa? — Les preguntó Hermione, viendo que ambos estaban vestidos, a pesar de ser bastante temprano. Ella se sintió desnuda, ya que sólo llevaba un pijama de verano (había sido el único que había encontrado de su estilo en la tienda que había visitado), frente a las atentas miradas de los dos jóvenes.
—Vístete rápido, Granger. Vamos a salir de compras. — Le dijo Malfoy, seriamente, sin inmutarse por la cara de desaprobación que había puesto. —Te daremos unos veinte minutos. — Agregó, cerrando la puerta antes de que Hermione pudiera protestar.
Hermione entró a su baño, refunfuñando y se duchó rápidamente. Ya había aprendido que no sacaba nada con discutir con ellos dos cuando ya tenían decidido lo que querían hacer. Envuelta en una toalla, sacó lo primero que encontró en el clóset y se lo puso, sin pensarlo dos veces. Secó su cabello con un hechizo y se puso los zapatos. Con un suspiró, tomó su abrigo y salió de su habitación.
Al bajar las escaleras, Hermione vio que había alguien más en el living. Pansy Parkinson le estaba dirigiendo una mirada desaprobadora desde el sillón del living, mientras Malfoy y Nott se estaban poniendo sus abrigos.
— ¿Qué hace ella aquí? — Preguntó Hermione con los brazos cruzados, señalando a Parkinson. Pansy rodó los ojos, y se paró, enfrentando a la joven con la mirada endurecida.
—Ayudarte, querida. — Le dijo con un tono falsamente dulce, que activó las defensas de Hermione en un momento. —Mis estúpidos amigos, aquí presentes, quieren hacerte un cambio de look, y si alguien es experta en eso, soy yo. Así que más te vale mantener esa boquita bien cerrada y hacer lo que yo diga.
Hermione se apartó de ella y se dirigió a los jóvenes, indignada. Se paró frente a ellos con los brazos en jarra y el ceño fruncido.
— ¡No la voy a soportar! — Gritó, enojada. Se estaba empezando a aburrir de que ellos dos decidieran por ella todo el tiempo. — Una cosa es que me someta a las estupideces que se te ocurran, Malfoy, y otra muy distinta es tolerar que esa niñita de papi critique mi aspecto y me diga cómo debo vestirme.
Malfoy levantó una ceja al escuchar el arrebato infantil de la joven. Pero él no estaba dispuesto a dejar que Granger le llevara la contraria.
—Granger, pensé que nuestro trato decía explícitamente que tú obedecerías lo que yo dijera. Si yo digo que Pansy va con nosotros, es que Pansy va con nosotros. No me importa lo que puedas decir, o que protestes.
Hermione se sentó en un sillón, con los brazos cruzados delante del pecho y el ceño fruncido. Malfoy y Pansy rodaron sus ojos, mientras Nott se acercaba a la joven.
—Si ella va, yo no voy. — Resopló la joven, con los labios fruncidos. Nott suspiró.
—Si tú no vienes, no tendría mucho sentido y no podrías opinar acerca de la ropa. — Le dijo, conciliador, y Hermione arrugó el gesto. —Quizás podrías llamar a una de tus amigas, para que nos acompañe.
Hermione relajó el ceño, pensando. Nunca había tenido muchas amigas, siempre había sido más amiga de los chicos. Pensó en Luna, pero definitivamente si alguien tenía que ayudarla a cambiar su estilo, probablemente ella no fuera la mejor opción. Por su mente pasó una imagen fugaz de ella misma usando los aros de rábanos y el collar de corchos de su amiga. No, Luna no habría sido una buena idea. La otra alternativa era Ginny, que siempre había sido reconocida por su buen gusto y estilo, aunque estaba segura de que a los Slytherin no les gustaría su elección.
—Ginny Potter. — Dijo, simplemente. — La llamaré con la chimenea y le diré que nos juntemos en Diagon Alley.
— ¿Esa es Weasley menor? — Preguntó Nott, pensando en sus compañeras de colegio. —Creo que me acuerdo de ella, la mitad de los chicos de Hogwarts babeaban por ella.
—Espero que tú hayas sido de la otra mitad, Nott. — Dijo Draco, con un gesto despectivo. —Está bien, Granger, Weasley menor puede ir con nosotros. Dile que nos encontraremos en quince minutos frente a Florean Fortescue.
Hermione llamó a Ginny por la chimenea, y su amiga accedió alegremente a acompañarla de compras. Dejaría a los niños con Andrómeda Tonks mientras salía con Hermione y los Slytherin. Hermione adivinó por el tono de voz de su amiga que ésta estaba esperando una oportunidad para descansar un poco.
— ¡Qué divertido! ¡Siempre había querido hacerte un cambio de imagen! — Fueron sus palabras, que hicieron que Hermione dudara de su elección.
El grupo se apareció en el callejón Diagon, cerca de Florean Fortescue, como le habían dicho a Ginny. Unos minutos después, vieron como una joven de pelo rojo se les acercaba con una sonrisa alegre.
—Buenos días, Hermione. — Dijo Ginny, saludando a su amiga. —Malfoy, Nott, Parkinson. — Agregó, con un gesto de la cabeza, dirigido a los tres que la miraban desaprobadoramente. — ¿Por dónde empezamos?
Hermione suspiró al escuchar el entusiasmo en la voz de su amiga. Decididamente, ese iba a ser un día demasiado largo para ella. Unos minutos después de vio arrastrada a una tienda de ropa que nunca antes había pisado porque era demasiado cara.
—Hermione, ¿qué te parece esta chaqueta? — Ginny le mostró una túnica azul petróleo, entallada en la cintura.
—Buen gusto, Weasley. — Le dijo Pansy con una mueca de aprobación, mientras tiraba una montaña de ropa sobre Hermione. —Granger, a los probadores.
Hermione rodó los ojos e hizo lo que la joven le indicaba. Se vio a sí misma en el espejo del probador, rodeada de más ropa de la que había tenido alguna vez en su vida. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para decirse que París valía esa tortura y empezó a probarse cosas. Todo lo que Pansy le había entregado era ropa para la oficina, y para su día a día. Alguien golpeó la puerta mientras Hermione se probaba una falda que le pareció demasiado ajustada.
—Vamos, Hermione. Sal de ahí, queremos ver cómo te queda. — Dijo Ginny, golpeando impacientemente la puerta del probador.
Hermione salió con el ceño arrugado y los labios cruzados ante el pecho. El día se estaba haciendo demasiado largo para su gusto. Ginny le indicó que se parara derecha y levantara la cabeza.
— ¿Podrías al menos intentarlo? Si te sigues parando como el jorobado de Notre Dame, nada te va a quedar bien. — Le dijo Ginny, exasperada por la actitud de su amiga. Para la sorpresa de ambas Gryffindors, Pansy la apoyó.
—Granger, no nos estás haciendo esto más agradable. — Le dijo, examinando a la joven. —Mira, la verdad es que no tienes mal aspecto, pero necesitas preocuparte un poco más de tu aspecto. Ser tan inteligente como lo eres, no sirve de nada te ves como si no te hubieras mirado al espejo en la mañana. Ahora, termina de probarte la ropa de diario, tenemos que pasar a las túnicas de gala. Hermione rodó los ojos, mientras Ginny y Pansy la empujaban dentro del probador.
Un día de compras con presupuesto ilimitado seguramente es el sueño de cualquier mujer, menos de Hermione Granger. La pobre tuvo que soportar horas de probarse diversas túnicas, blusas y faldas para la oficina.
—Bien, al menos ya terminamos con esto. — Bufó Hermione, tirándose de espaldas en un sillón de la tienda.
—Ni lo sueñes, Hermione. Esto acaba de empezar. — Dijo Ginny, tirándole unas túnicas de gala en el regazo. — Al probador. — Ordenó.
Hermione salió del probador, con una sencilla túnica negra de cóctel.
— ¡Qué bonito! ¿Lo elegiste tú, Ginny? — Le preguntó Pansy a Ginny. En el rato que habían pasado juntas eligiendo ropa, habían descubierto muchas cosas que tenían en común y habían empezado a actuar más amistosamente entre ellas. Hermione maldijo entre dientes, no esperaba que esas dos se hicieran amigas y se aliaran en su contra.
—Sí, es precioso. — Contestó Ginny, con una sonrisa. — Y la verdad es que te queda increíble, Hermione. Mírate en el espejo.
Hermione se miró en el espejo y sonrió. La túnica era muy bonita, y le quedaba bastante bien. La verdad, era un gran cambio con respecto a su desaliñado aspecto de todos los días.
— ¿Ves, Granger? La túnica correcta puede hacer toda la diferencia del mundo. — Dijo Pansy, golpeándose el mentón con un dedo. —Ahora, pruébate la túnica roja de gala que te elegí, creo que es de tu estilo.
Hermione volvió al probador y se quitó la túnica negra. Mientras se lo quitaba, se le ocurrió que no necesitaba otra túnica de gala, la negra era perfecta y le serviría para todo tipo de ocasiones.
— ¿Para qué necesito otra túnica? La negra seguramente me servirá para todos los eventos. — Dijo, enfundándose en la túnica roja, que era larga.
—Ay, Granger. Esa túnica negra es una túnica de cóctel, la roja es de gala. Se usan para distintas situaciones. Y necesitaremos una túnica corta, había una azul bastante bonita, voy a buscarla. — Dijo Pansy, mientras Hermione salía del probador.
—La verdad, no me fascina, Ginny. ¿Hay otro? — Dijo Hermione, dándose una vuelta sobre sí misma. La túnica tenía un escote demasiado amplio para su gusto.
—Pansy eligió otra, es del mismo color que las que usaste en el baile de Navidad del Torneo de los Tres Magos. Si mal no me acuerdo, ese color te quedaba muy bien. — Dijo Ginny, señalándole la percha de la que colgaban varias túnicas de diversos colores. — ¡Pansy! Busca una túnica corta roja, el color le queda muy bien a Hermione y se va a probar la túnica de gala azul que elegiste.
Unas horas después, las tres jóvenes salieron del local con muchas bolsas en las manos. Además de ropa de diario y vestuario formal, habían comprado todo tipo de zapatos (con unos tacones que hicieron que Hermione temblara de horror) y accesorios. Ni Malfoy ni Nott pudieron esconder la sorpresa que sintieron al ver la enorme cantidad de bolsas que las chicas llevaban.
—Draco, ¿por qué no mandas las bolsas a tu casa? Nosotras iremos al salón de belleza… — Empezó a decir Pansy, pero fue interrumpida por Hermione.
— ¿Salón de belleza? Nadie dijo nada acerca de un salón de belleza. ¿Les molestaría mucho preguntarme mi opinión de vez en cuando? —Protestó, mirando a los dos jóvenes con el ceño fruncido.
—Claro que sí nos molestaría, Granger. Cada vez que te decimos nuestros planes haces un berrinche de niñita. — Le contestó Malfoy, agresivamente.
—Yo no hago berrinches de niñita. — Protestó Hermione, cruzando los brazos frente al pecho.
—Sí, lo haces. Ahora, deja de protestar de una maldita vez y anda al maldito salón de belleza. — Le espetó Malfoy, furioso. Granger le estaba empezando a atacar los nervios con sus estúpidas pataletas cada dos por tres.
Pansy y Ginny agarraron a Hermione por los brazos y la arrastraron al salón de belleza de Madame Beaumont. Pansy le presentó a sus acompañantes a la dueña del lugar, quien se encargó especialmente de atenderlas.
—Uy, pog Dios, niña. Esa mata de pelo necesita mucha ayuda. — Dijo tomando un mechón del cabello de Hermione. —Ven conmigo, queguida, nos encagaguemos de te veas pegfecta. — Dijo, tomando a Hermione del brazo y arrastrándola a una de las sillas donde se lavaba el pelo.
Unas horas después Hermione salía de la peluquería, con el pelo en bonitos y bien formados rizos castaños, gracias a una poción de la que se llevaba varios frascos de cristal en una bolsa, junto con maquillaje de primera calidad. Además, la habían depilado con el último método mágico, que aseguraba que duraría por lo menos dos años y le habían hecho un tratamiento en la piel que la había dejado como porcelana.
— ¿Ves que incluso te paras de otra forma? El mundo es otro lugar cuando te sientes linda. — Le sonrió Ginny, abrazándola mientras se despedían. Hermione se giró y vio su reflejo en la vitrina de una tienda. Y le gustó lo que vio.
—Sí, claro, Ginny. Lo que tú digas. — Dijo, sonriéndole a su amiga antes de darse media vuelta para despedirse de Parkinson. —Muchas gracias, Parkinson. No tenías que haberse molestado.
—Creo que después de hoy, puedes llamarme Pansy. —Contestó la joven, con una sonrisa simpática, tendiéndole la mano para que Hermione se la estrechara. A lo largo del día había empezado a apreciar a la sabelotodo de Granger, no era tan desagradable como se había imaginado. Hermione levantó las cejas y se la estrechó, pensando que tener una aliada en el retorcido mundo de Malfoy podía ser muy útil.
Bueno, ¿qué les pareció el cambio de imagen? (tarde o temprano tenía que hacerse) Me divertí mucho escribiéndolo, especialmente porque tampoco me gusta demaiado ir de compras (mi madre se desespera conmigo). Y a las que esperan el romance, me temo que aún tendrán que esperar un poco, pero no puedo hacer que se enamoren tan rápidamente.
¡Hasta el próximo capítulo!
Muselina
