Disclaimer: Los personajes y lugares presentes en la historia a continuación no me pertencen, sino que son propiedad de J.K. Rowling. Yo escribo esta historia sin fines de lucro.
Mi Bella Bruja
Capítulo 9
Malfoy llevaba los últimos veinte minutos dando vueltas nerviosamente por su departamento. Su madre los había invitado a él y a Nott, a una cena en su casa, y Malfoy había decidido que era la oportunidad perfecta para mostrar a Hermione y ver si había progresado adecuadamente. Le había escrito a su madre explicándole someramente de qué se trataba el asunto, y ella le había contestado que podría traer a quién quisiera como invitado, ya que la casa también era suya.
— ¡Tranquilízate, Draco! — Le dijo Nott, que estaba relajándose en uno de los sillones con un vaso de whisky de fuego en la mano. —Todavía tenemos mucho tiempo, relájate.
— ¿Crees que está lista, Draco? Apenas han pasado un par de meses desde que empezaron con toda esto. — Le dijo Pansy, que había ido a ayudar a Hermione con su peinado y maquillaje, para ir con sus amigos a la cena, a la también que había sido invitada, como representante de la clase alta que era. Al igual que sus amigos, iba vestida formalmente, con una bonita túnica roja que mostraba su esbelta figura.
—Sí, creo que sí está preparada. A pesar de todo, Granger es una chica inteligente y ha aprendido mucho en los últimos dos meses, creo que puede pasar esta pequeña prueba. — Contestó Malfoy, examinando su reloj por quinta vez en los últimos veinte minutos. — ¡Por Merlín! ¿Qué le pasa a esa mujer que no baja?
Malfoy detuvo sus protestas al ver que Hermione estaba bajando las escaleras. Llevaba la túnica negra de cóctel que habían comprado unas semanas antes. Era muy sencilla, les llegaba un poco más arriba de las rodillas y tenía dos gruesos tirantes en los hombros, que enmarcaban el sencillo escote cuadrado. Pansy había elegido para ella un collar muy simple, que consistía en una delgada cinta de terciopelo, con un pequeño diamante colgando de ella, y un par de aros a juego. Además la había peinado con una sencilla cola de caballo, que dejaba al descubierto el largo cuello de la joven.
— ¿Quién lo diría, Granger? Te ves hasta presentable. — Dijo Malfoy, al recuperarse de la impresión que le había causado la joven. —Aunque después de todo lo que te demoraste en arreglarte, era lo mínimo que podíamos esperar. ¿Vamos?
—Te ves muy bien, Hermione. — Le sonrió Nott, ayudándola a ponerse su abrigo sobre el vestido. Pansy sonrió orgullosa ante su obra de arte.
—Gracias, Theodore. — En el tiempo que llevaban viviendo juntos, Hermione y Nott se habían hecho amigos y habían descubierto que tenían muchas cosas en común. A Hermione le caía bien el joven, era divertido, ingenioso y mil veces más simpático que Malfoy. Al contrario de Malfoy, Nott trataba muy bien a Hermione y trataba de que se sintiera cómoda, en una situación que era incómoda de por sí.
— ¿Podríamos irnos de una vez? — Bufó Malfoy, impaciente, mientras ayudaba a Pansy a ponerse su abrigo. Le ofreció el brazo a su amiga, mientras que Nott hacía lo propio con Hermione. Los cuatro desaparecieron en el pasillo, en dirección a Malfoy Manor.
La mansión estaba completamente iluminada para la ocasión y Hermione se sintió intimidada al verla. Recordaba vivamente lo que había pasado durante la guerra en ese lugar, a veces aún tenía pesadillas con Bellatrix Lestrange torturándola. Cerró los ojos, invocando todo su valor. Malfoy pudo ver la incomodidad de la joven al ver su casa, seguramente estaba pensando en lo sucedido varios años antes en ese mismo lugar.
— ¿Estás bien, Granger? — Le dijo, viendo que la joven abría mucho los ojos. Hermione suspiró y asintió.
—No te preocupes, Malfoy. — Dijo ella quedamente, mientras enderezaba la espalda y erguía la cabeza. No estaba dispuesta a que nadie notara que estaba asustada.
Los cuatro jóvenes se dirigieron a la entrada de la mansión, por donde estaba entrando lo más granado de la sociedad mágica. Un mayordomo los recibió y unos pajes con túnica blancas les quitaron los abrigos para colgarlos en una pequeña habitación junto al hall. Otro paje se acercó al grupo y los saludó con una reverencia.
— ¿Señor Malfoy? — Malfoy asintió, con una mirada arrogante. — ¿Y sus acompañantes?
—Señoritas Parkinson y Granger, y señor Nott. — Contestó el joven, con tono autoritario. Otros dos pajes les abrieron las enormes puertas del salón de los Malfoy.
—El señor Malfoy con la señorita Parkinson, seguido por el señor Nott y la señorita Granger. — Anunció el paje mientras el grupo hacía su entrada en el salón.
Al escucharse el último nombre, se hizo un silencio sepulcral en la sala. La mayoría de los invitados habían sido compañeros suyos en Hogwarts y sabían perfectamente acerca de la mala relación de Hermione con Malfoy. Nada podía sorprenderlos más que su aparición en Malfoy Manor, en la mismísima comida de gala de la familia Malfoy. Hermione sintió todas las miradas clavadas en ella mientras bajaba la escalera del brazo de Nott, y respiró hondo. Podía adivinar que los susurros que escuchaba se referían a ella y a su aspecto.
— ¿Los Malfoy siempre tienen tanto servicio en su casa? — Le preguntó a Nott con un susurro. Se había sorprendido con la cantidad de pajes y mozos que pululaban por los salones de la mansión.
—No, claro que no. — Le contestó el joven en el mismo tono. —Seguramente los han contratado para esta ocasión, normalmente hay algunas camareras y un par de mozos, además del mayordomo. Lo habitual. — Contestó él, dejando a Hermione con la boca abierta. Lo habitual para ella era hacerse ella misma la cama y cocinar sus comidas. Nunca había estado en una casa tan distinguida.
Narcissa Malfoy los esperaba debajo de las escaleras, vestida con una túnica verde muy elegante, que dejaba en claro que estaba muy bien para su edad. Saludó a su hijo y a Pansy con dos besos en las mejillas, y saludó cariñosamente a Nott. Al ver a Hermione, se limitó a estrecharle la mano con distancia mientras la miraba extrañada. Pansy guió a Hermione y a Nott a saludar a algunos de sus amigos, y Malfoy se quedó junto a su madre.
— ¿Esa es Hermione Granger? ¿La amiga de Potter? — Dijo Narcissa a su hijo, apuntando disimuladamente a la joven.
—Sí, mamá. ¿Recuerdas algo acerca del experimento del que te hablé? — Narcissa asintió con la cabeza. —Granger ha hecho grandes progresos durante los últimos meses, ¿y qué mejor oportunidad para probarlo que en tu cena de gala anual? No te preocupes mamá, todo va a salir bien.
— ¿Sabes lo que habría dicho tu padre si estuviera aquí, verdad? Seguramente se habría desmayado al verla. — Le dijo Narcissa, examinando el aspecto de Hermione. Al menos la chica estaba presentable, lo que era un punto a su favor.
—Entonces, es una suerte que no esté aquí para verla. — Contestó Malfoy, con sorna, besando a su madre en la mejilla y acercándose a sus amigos para saludarlos. Narcissa rodó los ojos y se dio media vuelta para saludar a Calantha Zabini, quien iba acompañada de su hijo, Blaise.
—Vaya, Granger. ¡Ese vestido es precioso! — Dijo Daphne Greengrass, sonriéndole. Trabajaba junto con Harry en el ministerio y tenía una relación muy cordial con ella, aunque no eran amigas. — ¿Es un Humberto Roballi original?
—Este… Sí, creo que sí. — Contestó Hermione, sin estar muy segura. Pansy había dejado caer algunos nombres de diseñadores mágicos conocidos mientras compraban, pero Hermione no había sido capaz de retenerlos.
—Pues te queda increíble. — Dijo la joven. Hermione le devolvió una sonrisa incómoda y se alejó de ella. En una esquina reconoció a Cormac McLaggen, y decidió que sería prudente evitarlo, aunque tampoco tenía idea de con quién podría hablar. Ernie Macmillan se acercó a ella, con una copa de champagne en la mano, la cual le tendió.
—Hermione, ¡qué gusto verte! — Dijo con su habitual sonrisa amable y tono pomposo. —Debo decir que hoy te ves muy bien. Esa túnica tiene un corte exquisito.
—Gracias, Ernie. Tú también te ves muy bien. — Contestó ella, ligeramente divertida por la pomposidad de la que hacía gala su amigo. — ¿Cómo ha ido tu trabajo? He oído que el jefe de tu departamento te tiene mucha estima.
—Bueno, creo que los rumores son correctos. — Contestó él, inflando el pecho. Era evidente que estaba muy orgulloso de sus logros laborales, y tenía razón de estarlo; el departamento de transportes mágicos estaba logrando cosas que antes habrían sido sólo locuras. —El señor Northwood me tiene en gran estima, de hecho, recientemente me ha concedido un ascenso a su asistente personal.
—Te felicito, Ernie. Te lo mereces, por lo que he escuchado. — Dijo Hermione. En un rato, otros compañeros de Hogwarts se acercaron a ellos y empezaron con los recuerdos del colegio. Malfoy la tomó del codo, arrastrándola a otro grupo, compuesto mayormente por Slytherins.
—Ven, Granger. Ellos son tus amigos, no tiene gracia que los impresiones. Esto es una verdadera prueba. — Dijo Malfoy con una sonrisa malévola. —No pongas esa cara, no te van a comer.
—Me encantaría poder creer eso. — Murmuró Hermione, dejándose guiar por el joven. Tenía la sensación de que iba a meterse en una piscina llena de tiburones, y no le gustaba mucho la idea.
— ¿Así que esta es Granger? — Dijo Astoria Greengrass, la hermana menor de Daphne, con una sonrisa cínica. —Vaya, querida. No te había reconocido sin esa mata asquerosa que normalmente tienes en la cabeza.
Hermione le devolvió una sonrisa confundida. Claramente eso era un insulto, y normalmente le habría contestado, pero estaba segura de que hacerlo hubiera sido considerado una falta de respeto, aunque también estaba segura de que ese insulto tampoco había sido muy educado. Astoria le dedicó una sonrisa de superioridad y se volteó para hablar con Adrian Pucey, dejando a Hermione sola.
—Señorita Granger. — La saludó una voz a sus espaldas, haciendo que Hermione se volteara, solo para encontrarse con Blaise Zabini, sonriéndole. El joven tomó su mano y besó delicadamente su dorso. —Un placer volver a verla.
—Zabini… — Dijo Hermione, sorprendida por la caballerosidad del joven. Nunca habían hablado en Hogwarts, y por lo poco que sabía de él, Zabini no apreciaba a los hijos de muggles pero no había sido un mortífago. —Un gusto verte.
—Por favor, dime Blaise. Ya hemos pasado los años de los apellidos. — Sonrió él, y Hermione no pudo evitar darse cuenta de que era bastante guapo. — ¿Qué ha sido de tu vida? Sé que estás trabajando en Cooperación Mágica Internacional, debe ser muy interesante.
—Sí, lo es. ¿Qué ha sido de ti? — Le preguntó ella, sonriéndole a su vez. Para su sorpresa, el joven estaba siendo muy amable con ella, siempre había pensado que él era como Malfoy y que prefería cualquier cosa antes de siquiera acercarse a una sangre sucia, pero al parecer, se equivocaba.
—Todo bien, cuando cumplí la mayoría de edad, mi mamá me dio la presidencia de una de las compañías de mi padre. — Dijo, y ante la mirada interrogativa de Hermione, le explicó —: Soy el dueño de la empresa que diseña las "Saetas de Fuego", y últimamente me ha ido muy bien. — Dijo él, sonriendo con humildad. Hermione asintió impresionada. —Y lo mejor de todo, es que tengo todo el tiempo libre que quiera para dedicarlo a mis aficiones.
— ¿Cómo cuales? — Le preguntó Hermione. Nunca había sido amiga de Zabini, ni siquiera recordaba haber hablado alguna vez con él, por lo que no tenía idea acerca de cuáles podían ser esas "aficiones".
—La literatura. Estoy empezando a escribir mis propias historias. — Contestó él, sorprendiendo gratamente a Hermione. Pocos minutos después estaban absortos en una interesante conversación acerca de libros. Resultó que Zabini sabía mucho de literatura muggle, tanto como de literatura mágica, y había leído casi los mismos libros que Hermione.
Después de que los invitados socializaran entre ellos por un rato, Narcissa Malfoy subió un par de escalones, para quedar a la vista de todos sus invitados y se apuntó a la garganta con su varita. Cuando habló, su voz llenó todos los rincones de la casa, pero a un nivel perfectamente refinado, que no molestaba en lo absoluto.
—Queridos invitados, la cena está servida. Sean tan amables de pasar al comedor. — Dijo, señalando las puertas, que se abrieron cuando ella las señaló. Los invitados le obedecieron, mientras ella volvía a apuntarse la garganta con la varita. Su hijo se acercó a ella y le ofreció el brazo educadamente.
—Gracias, Draco. — Dijo Narcissa, tomando el brazo que le ofrecía su hijo. — Parece que la señorita Granger ha logrado… mimetizarse de lo más bien entre nosotros, hijo. Quizás tu pequeño experimento dé frutos, después de todo.
— ¿Lo dudabas, mamá? — Le contestó su hijo, con una mueca arrogante, que hizo que Narcissa recordara a su difunto marido. —Con mi guía, Granger será la estrella del ministerio. — Dijo, entrando al comedor y apartando la silla para su madre.
Al ser muchos invitados, estaban dispuestos en varias mesas. Narcissa había decidido que Malfoy y sus acompañantes se sentaran con ella, así como Zabini y su madre.
—Calantha, querida, ¿no es maravilloso que la juventud se lleve tan bien? — Dijo Narcissa, señalando la animada conversación que Hermione sostenía con Zabini y Nott. Calantha le sonrió encantadoramente de vuelta, en su juventud había sido muy famosa por su extraordinaria belleza y a pesar de que ya había pasado mucho tiempo de eso, seguía siendo excepcionalmente guapa. Hermione se había asombrado mucho cuando las presentaron, nunca se había imaginado que la señora Zabini la saludara con la amabilidad con la que la había saludado.
La comida empezó a ser servida, a la manera de los banquetes en Hogwarts, donde la comida aparecía mágicamente en los platos. Malfoy miraba atentamente a Hermione, dispuesto a intervenir apenas ella cometiera el más mínimo error de etiqueta, pero la joven se manejó perfectamente, para su enorme sorpresa.
—Discúlpenme un segundo. — Dijo Hermione con una sonrisa, en dirección a la señora Malfoy, al tiempo que ponía su servilleta a un lado y los cubiertos como Malfoy le había indicado. —Necesito levantarme un momento.
Hermione se levantó lentamente y se dirigió a la puerta del comedor. Estaba usando unos tacones altísimos, que por suerte no le habían ocasionado molestias en toda la noche. Pero justo en ese momento decidieron fallarle, haciéndola tropezar con una alfombra a la entrada del comedor, justo en el momento que un mozo iba entrando, con una bandeja con copas de vino. Hermione cayó sobre él, haciéndolo botar la bandeja que llevaba sobre la mesa más cercana, más precisamente, sobre Astoria Greengrass.
— ¡Qué hiciste, estúpida! — Le gritó a Hermione, quien se había parado y estaba mirando toda la escena como congelada. — ¡Esta túnica es nueva!
Hermione se dio cuenta de que todos los invitados estaban mirándola a ella y su primera reacción fue dar media vuelta y salir corriendo del comedor, y atravesar el salón y el hall de entrada, corriendo a toda velocidad. Un paje la abrió la puerta al verla correr hacia ella, y la chica salió apresuradamente de la mansión. El aire nocturno la golpeó en la cara, obligándola a detenerse fuera de las rejas de fierro forjado. La joven miró hacia atrás, insultándose mentalmente por su torpeza. Estaba segura de que lo había arruinado todo, y que Malfoy le diría que era una inútil que no se merecía que él desperdiciara su tiempo en entrenar. Con un movimiento de varita, Hermione desapareció de las afueras de la mansión.
Sé que les prometí que ahora cambiarían las cosas entre ambos, y que probablemente se sientan un poco decepcionadas por este capítulo, pero les aseguro (palabra de niña exploradora) que esto cambiará la forma de relacionarse de ellos dos. Además, agregué un momento en el que Malfoy le pregunta a Hermione cómo se siente, notando que ella está incómoda con la idea de volver a Malfoy Manor (considerando lo que pasó en la guerra, es lo menos que podía preguntarle), pero como Hermione es una Gryffindor de pies a cabeza, es capaz de sobreponerse.
¡Espero que les haya gustado!
Muselina
