Disclaimer: Los personajes y lugares presentes en la historia a continuación no me pertencen, sino que son propiedad de J.K. Rowling. Yo escribo esta historia sin fines de lucro.
Mi Bella Bruja
Capítulo 11
Hermione entró al departamento silbando una alegre canción. Había sido un buen día de trabajo; su jefa le había pedido que se ocupara de unos documentos importantes y le había dirigido unas palabras de aprobación, que hicieron que Hermione esbozara una sonrisa triunfadora. Mientras dejaba su bolso en una silla, Nott se asomó desde el living.
— ¡Hermione, será mejor que vengas a ver esto! — Exclamó al ver que era ella quien estaba entrando al departamento. Hermione arrugó el ceño, extrañada. Parecía que a Nott estaba a punto de darle un ataque de risa de proporciones épicas, por el tono de su voz. Intrigada, se dirigió al living y se quedó helada al ver que un enorme ramo de flores adornaba la mesita del café, cubriéndola por completo.
— ¿Qué es esto? — Preguntó, abriendo los ojos como platos. El adorno era precioso, pero nunca antes había visto algo así en el departamento de Malfoy y Nott. Los jóvenes preferían una decoración más minimalista y sencilla mientras que el ramo era completa mente exuberante, desentonaba completamente con el resto de la decoración, y parecía un poco fuera de lugar.
—Un ramo de flores. — Dijo Nott, como si ella fuera tonta. Ante la expresión que puso Hermione al oírlo, estalló en carcajadas. —Es para ti, de parte de Blaise Zabini. Al parecer, quedó encantado contigo la noche de la cena, y quiere invitarte a salir. — Agregó, disfrutando enormemente con la cara de "no entiendo qué acaba de pasar" que había puesto su amiga.
—Pues no voy a salir con él. — Dijo Hermione, dándose media vuelta y saliendo del living. Nott salió atrás de ella, con las manos en los bolsillos. Blaise había estado como seis horas insistiéndole para que le dijera a Hermione que quería salir con ella y que la convenciera, y Nott estaba aburrido de oírlo.
— ¿Por qué no? Pensé que te había caído bien. — Le preguntó insistentemente. Sabía perfectamente que si Hermione se negaba, Blaise era capaz de insistir por un largo tiempo más, como buen Slytherin, no aceptaba un "no" por respuesta.
Hermione suspiró, entrando en la cocina. No estaba de humor para soportar que Nott insistiera en que ella hiciera algo que no quería hacer.
—Porque no estoy de humor, trabajo ocho horas diarias, llego aquí y tengo que sufrir las "lecciones" de Malfoy por dos horas más. Créeme que eso basta y sobra para agotarme los nervios y hacer que no tenga ganas de nada. — Le contestó, sirviéndose un vaso de agua.
—Vamos, Hermione. Dale una oportunidad al pobre Blaise. — Dijo él, imitándola. Se sentó en una de las sillas altas que rodeaban el mesón. —Una cita no va a matarte, y Blaise es de lo más simpático. —Añadió, intentando convencerla. Cualquier cosa con tal de que Blaise dejara de molestarlo.
Hermione suspiró nuevamente, su amigo no parecía estar dispuesto a rendirse fácilmente. Y no quería tenerlo tras de ella durante semanas, insistiendo por lo mismo. En las últimas semanas había descubierto que la insistencia era un rasgo típico de los Slytherin, cuando se les metía algo en la cabeza, no cejaban hasta que lo conseguían. Y después decían que los Gryffindor eran testarudos.
—Lo pensaré, pero no voy a prometerte nada. — Suspiró ella. Dejó el vaso de agua sobre el mesón y salió de la cocina, dejando a Nott con una sonrisa satisfecha en la cara.
-o-
Malfoy se apareció frente a Malfoy Manor. La mansión ya no estaba decorada como el día de la cena, pero aún así mantenía el aspecto de elegancia que tenía pocas noches atrás. Draco golpeó la aldaba, y esperó unos minutos. Hans, el mayordomo le abrió la puerta y le hizo una reverencia deferente.
—Buenas noches, amo Malfoy. — Le dijo, indicándole que pasara. Malfoy entró y le tendió su abrigo y bufanda al hombre, quien los dejó en un colgador al otro lado del hall.
— ¡Draco, querido! — La voz de su madre resonó en el hall, mientras la mujer se acercaba a su hijo, con una sonrisa en los labios. Iba vestida con elegancia, aunque con sencillez. Saludó a su hijo con dos besos en las mejillas. —Pasaremos al living a beber un aperitivo antes de la cena, así hablaremos tranquilos. — Agregó, tomando a su hijo por el brazo y guiándolo al living.
Narcissa le indicó a Malfoy que se sentara en un sillón, mientras ella preparaba unos tragos. Le tendió una copa a su hijo, mientras ella se sentaba a su lado.
—Bien, Draco, a mis oídos han llegado ciertos rumores acerca de que la señorita Granger está viviendo contigo y Theodore. ¿Serías tan amable de explicarme qué pasa con ella? Una cosa es que hayas aceptado un desafío, y otra que te la lleves a vivir contigo, como si fuese tu amante. — Le dijo Narcissa. Draco rodó los ojos y se levantó rápidamente, parándose junto a la chimenea. Era evidente que su madre estaba imaginándose los peores escenarios.
—Mamá, sabes perfectamente que nunca jamás sería capaz de pensar en una hija de muggles de esa forma. Granger no es más que una apuesta. — Dijo, mirando el fuego, distraídamente. —Me sorprende que puedas pensar eso de mí, respeto mucho a mis antepasados. Nada me gustaría más que unos viejos muertos estén contentos. — Agregó, con ironía. Narcissa respiró hondo, se veía venir una noche muy larga.
—Pero hijo, no te imaginas los rumores que he escuchado últimamente. No soy capaz de decirlos en voz alta, soy una dama…— Dijo Narcissa, con un tono preocupado. No le gustaba ver a su hijo en medio de un escándalo, no quería que su nombre se relacionara con ese tipo de cosas, impidiéndole avanzar en el ministerio. La felicidad de Draco era lo más importante para ella.
— ¡Deja que hablen, mamá! Al menos así tienen algo que hacer. — Bufó Malfoy, sentándose en el sillón pequeño, con el gesto de un niño malhumorado. Narcissa rodó los ojos al escuchar el comentario de su hijo.
—Bueno, quería aprovechar de contarte que invité a los señores Greengrass, junto con Astoria. Así que, por favor, compórtate como una persona decente. — Le indicó a su hijo. Malfoy se enderezó la columna, al tiempo que vaciaba la copa que tenía en la mano.
— ¿Queda más de esto? No soy capaz de soportar a esa niñita estando sobrio. — Le dijo a su madre, quien le devolvió una mirada severa que Malfoy ignoró olímpicamente mientras se dirigía al bar a servirse otra copa.
—Sólo pórtate como un ser humano, Draco. — Le espetó su madre, optando por ignorar lo que estaba haciendo su hijo. —Yo no te eduqué así, o al menos, pensaba haber hecho un mejor trabajo.
Los Greengrass llegaron un rato después, y Narcissa se paró para recibirlos. Con un gesto de las cejas le indicó a su hijo que se parara, Malfoy lo hizo, sin soltar la copa que tenía en la mano.
—Señores Greengrass, es un placer verlos de nuevo. — Dijo, estrechándoles las manos a los señores. Su madre sonrió al escuchar las palabras de su hijo, al menos sabía cómo actuar educadamente. —Astoria, un gusto, como siempre.
Astoria le dirigió una sonrisa coqueta y cuando Malfoy volvió a sentarse en el sofá, se sentó junto a él, más cerca de lo que a Malfoy le había gustado. Malfoy tuvo que reprimir una mueca de asco cuando vio que ella estaba usando la treta adolescente de restregar su muslo con el suyo. ¿Cuántos años tenía esa chica? Eso era algo infantil y bastante ridículo si se trataba de adultos. Se paró bruscamente y se dirigió al señor Greengrass.
Durante un largo rato la conversación se basó en repasar las vidas de todos sus conocidos. La señora Greengrass comentó que había oído que Luna Lovegood se iba a casar en poco tiempo con Ronald Weasley.
—Bueno, si es hija de Xenophilius, es lo menos que se podía esperar. — Dijo despectivamente la señora Greengrass, al contar la noticia. —Tiene que estar igual de loca que su padre para casarse con un Weasley.
— ¡No puedo creer que Lunática vaya a casarse! — Exclamó Astoria, con una mirada incrédula. —Siempre pensé que estaba loca y que iba a terminar sola. En Hogwarts era un fenómeno.
— ¿En contraste con ser una niñita mimada que cree que papi puede comprarle la luna si se la pide? — Dijo Malfoy, con sorna. Astoria se quedó mirándolo, sin entender a qué iba eso.
— ¿Qué dijiste, Draco? — Preguntó la señora Greengrass, que había escuchado perfectamente las palabras del joven. Malfoy le dedicó una sonrisa falsa y murmuró algo que sonó como "de tal palo, tal astilla", antes de acercarse de nuevo al bar para servirse una nueva copa.
—Déjalo, Calista. Draco se cree muy listo, y olvida que a nadie le importa lo que dice. — Dijo Narcissa, con una mirada reprobadora dirigida a su hijo, quien le devolvió su mejor sonrisa de inocencia, mientras se sentaba de nuevo en el sillón pequeño. —Lo mejor será ignorarlo, quizás así se le bajen los humos.
Malfoy le sonrió y levantó la copa hacia su madre con un gesto burlón. Astoria se levantó del sofá y se sentó en uno de los apoyabrazos del sillón donde estaba Malfoy.
—Draco, ¿cómo va tu trabajo? — Le dijo, con una sonrisa que pretendía ser seductora, pero que en realidad sólo la hacía verse como una niña intentando ser sexy. Draco rodó los ojos y vació la copa que tenía en la mano de un trago.
—Bien, ¿qué tal el tuyo? — Le preguntó de vuelta, sabiendo que Astoria no trabajaba. Al parecer, trabajar estaba por "debajo de ella".
—Trabajar es para chicas que quieren parecer independientes. No sé por qué mi hermana lo hace. Además, ella ya tiene novio, el próximo años va a casarse con Michael Corner. No sé qué ve en él, es tan común… yo estoy buscando a alguien con más… clase. — Dijo, con un tono que pensaba sensual, poniendo una mano en el pecho de Malfoy, mientras batía las pestañas rápidamente. Draco volvió a pararse bruscamente, e hizo que la joven perdiera el equilibrio y cayera de espaldas al lado del sillón. Los señores Greengrass y la señora Malfoy miraron la escena sorprendidos.
— ¿Otra copa, Astoria? — Le preguntó Draco desde el bar a la joven que intentaba pararse. Se hizo un silencio muy incómodo entre los presentes, que se vio interrumpido por la aparición de Hans en la puerta que separaba el comedor del living.
—La cena está servida, señora Malfoy. — Dijo, solemnemente. Narcissa exhaló un suspiro aliviado, al menos con la boca llena, Draco sabría comportarse.
—Gracias, Hans. Queridos, acompáñenos al comedor. — Dijo, mientras el señor Greengrass le ofrecía el brazo para acompañarlo. Malfoy, al ver que Astoria se acercaba peligrosamente a él, se acercó a la señora Greengrass para ofrecerle el brazo con sus modales más encantadores. Se dirigieron al comedor, siguiendo al señor Greengrass y a Narcissa. Astoria los siguió, con una mueca malhumorada dibujada en el rostro. Malfy apartó amablemente la silla para la señora Greengrass, y Astoria se quedó mirándolo, parada junto a su silla. Malfoy se sentó junto al señor Greengrass, sin dirigirle una segunda mirada a la indignada chica. Astoria, con los labios apretados, se sentó en su silla, frente a Malfoy, a punto de hacer pucheros por la desilusión.
—Draco, sé que tienes un alto puesto en el ministerio, tengo entendido que en el departamento de Cooperación Mágica Internacional. ¿No has pensado alguna vez en dedicarte a la diplomacia? Con los contactos que tiene tu familia, seguramente podrías terminar siendo embajador en algún país interesante. — Le dijo el señor Greengrass.
—La diplomacia nunca me ha atraído, señor, tendría que tratar bien a la gente. ¿Más vino Astoria? — Contestó Malfoy, sin arrugarse ante la mirada atónita de los Greengrass y el ceño fruncido de su madre. Astoria se puso roja recordando lo que había ocurrido en la cena unos días atrás. —Propongo un brindis, por tan agradable velada. Esperemos que no se repita por mucho tiempo, y que…
— ¡Draco! — Lo cortó su madre, indignada. El resto de la comida transcurrió en completo silencio, mientras los comensales se dirigían miradas recelosas entre ellos, con la excepción de Malfoy, que sonreía abiertamente mientras comía.
Apenas los Greengrass se hubieron ido, Narcissa detuvo a su hijo, que parecía dispuesto a marcharse lo más rápidamente posible.
— ¡Draco Lucius Malfoy! ¡Explícame qué demonios hiciste! Hiciste que los Greengrass pasaran un rato terrible, y yo misma sufrí toda la noche. No he educado a un troglodita incapaz de respetar a los demás. — Le recriminó su madre. Draco le devolvió una sonrisa encantadora, y la besó en la mejilla.
—Lo siento, mamá. Con Granger en casa, he tenido una semana espantosa, y sabes que odio que trates de emparejarme con las hijas de tus amigas. — Le contestó, con su mejor sonrisa de disculpas. —Y Astoria Greengrass es particularmente un dolor en el trasero. Te prometo que la próxima vez me portaré mejor.
—No sé por qué no te creo. — Contestó Narcissa, levantando las cejas. Su hijo la besó en la frente y salió de la casa, desapareciendo en el umbral.
-o-
Cuando Malfoy entró al departamento, Hermione seguía en el living, con la nariz en un libro que había comprado la semana anterior.
—Buenas noches, Granger. — Dijo él, entrando al living y tirándose sobre el sofá. Fue entonces cuando vio el enorme arreglo floral que decoraba su living. — ¿Qué es eso, en el nombre de Morgana?
—Blaise me lo envió. — Contestó Hermione, sencillamente, mientras se paraba y cerraba el libro que traía entre sus manos.
— ¿Desde cuándo Blaise te manda flores? — Inquirió Malfoy, sorprendido. —Tengo que decirlo: estoy impresionado Granger.
— ¿Por qué? ¿Tan raro es que alguien se moleste en mandarme flores? — Preguntó ella, a modo de respuesta, apoyándose en una mesita lateral.
—Bueno, sí. Al parecer estoy haciendo un buen trabajo. — Contestó él, sonriendo con arrogancia. Hermione dejó escapar un resoplido de indignación, ¿cómo alguien podía ser tan egocéntrico?
—Claro, como todo en este mundo tiene que ver contigo. — Replicó ella, sarcástica. —Me voy a dormir, buenas noches. — Añadió, volteándose para dirigirse a las escaleras.
Malfoy se quedó mirándola, pensativo. Quizás su madre tenía razón y la convivencia con Granger le estaba metiendo ideas extrañas en la cabeza, pero por un momento había pensado que ella era ligeramente atractiva, en su particular forma de ser. Sacudió la cabeza para espantar esos pensamientos, antes de levantarse del sofá y subir al segundo piso para dormir.
Cuentan los rumores que circulan libremente por "El Profeta", el joven empresario (y soltero) Blaise Zabini demuestra interés en Hermione Granger, empleada del Ministerio de la Magia y mejor amiga (y antigua novia) del héroe nacional, Harry Potter. ¿Qué le parecerá esto a Draco Malfoy?
Lo siento, Rita Skeeter también quiso aportar (siempre tan tierna, ella). ¿Qué les pareció el capítulo? ¿Le gustó? ¿Lo odiaron? ¿Se rieron de la pobre Astoria? ¡Saben que me encanta leer sus opiniones! Como siempre, les agradezco a todas aquellas que se tomaron la molestia de leer esta historia, y con especial amor a quienes se molestaron en dejar reviews y agregar esta historia a sus preferidos. ¡Ni se imaginan como me emociono con esas pequeñas cosas!
¡Hasta el próximo capítulo!
Muselina
