Disclaimer: Los personajes y lugares presentes en la historia a continuación no me pertencen, sino que son propiedad de J.K. Rowling. Yo escribo esta historia sin fines de lucro.

Mi Bella Bruja

Capítulo 12

Hermione salió de la cocina con una taza de chocolate caliente con malvaviscos. Llevaba puesto un pijama viejo y unos calcetines rayados muy gruesos, era viernes por la noche y no pensaba salir a ninguna parte. Malfoy y Nott tenían un estudio-biblioteca muy cómodo y agradable para estar y leer durante horas. Hermione se dirigió ahí y se sentó sobre el confortable sillón que los jóvenes tenían ahí. Durante la tarde había bajado unos libros que había comprado en las últimas semanas y no había tenido tiempo de leer, y se había mentalizado para pasar largas horas leyendo.

Hermione se acomodó en el sillón, apoyando las piernas en el reposabrazos. Con un movimiento de varita, levantó el primer libro de la torre e hizo el hechizo de la mesa invisible para acercar su taza al sillón.

No bien se hubo sumergido en su lectura, Hermione sintió pasos en el pasillo, que la hicieron levantar la cabeza de las páginas.

— ¿Qué haces aquí, Granger? — Le espetó Malfoy desde la puerta del estudio. Había bajado a buscar un libro que leer durante la semana, y no esperaba encontrarse con Granger en pijama y sentada en su sillón.

—Bailo ballet. ¿No lo ves? — Contestó ella, sarcástica, mientras Malfoy entraba en el estudio. — ¿Qué crees, Malfoy? Leo.

— ¿No vas a salir esta noche? — Le preguntó el joven, examinando distraídamente las estanterías. —Nott salió a un club con algunos amigos, pensé que te había invitado. ¿Y qué pasó con la comadreja y el cara rajada?

—Theodore me invitó, pero la verdad no tenía ganas de salir. Considerando el dolor de mis pies, sería un milagro que pudiera bailar o estar parada más de cinco segundos. — Dijo ella, burlona, apoyando el libro en su regazo. —En cuanto a Harry y Ron… —Agregó, recalcando bien los nombres de sus amigos. —Es la despedida de soltero de Ron. Cosas de chicos. ¿Cuál es tu excusa?

—No tenía ganas de salir, simplemente. Aunque no lo creas, a veces me gusta quedarme en casa, por mucho que El Profeta diga lo contrario. — Dijo Malfoy, sacando un libro al azar de la repisa. — ¿Y se puede saber qué libro eligió la rata de biblioteca? Nuestra biblioteca tiene los mejores ejemplares de las más grandes obras de los mayores autores mágicos, aunque no sé si sepas aprovecharla.

Hermione rodó los ojos frente a ese comentario. Puedes quitar a Malfoy de Slytherin, pero nunca al Slytherin de Malfoy, pensó, indignada.

—De hecho, elegí uno de mi propia colección. "El Gran Gatsby", de Francis Scott Fitzgerald. — Dijo ella, mostrándole la tapa de su libro. Malfoy se sentó en la silla frente al sillón, dirigiéndole una mirada desaprobadora.

—Un libro muggle… Bueno, seguramente será literatura barata. — Comentó, mirando a Hermione con un gesto que demostraba a las claras que consideraba la elección de la joven como una estupidez, cuando podía leer a los mejores autores mágicos.

—No lo es. Para que sepas es un clásico de la literatura americana contemporánea. — Le contestó ella, frunciendo el ceño. —Y es una gran historia. — Agregó, dispuesta a defender uno de sus libros preferidos hasta la muerte.

—Escrita por un muggle. — Señaló Malfoy, acercándose a la pila de libros que estaba junto a Hermione. —No entiendo cómo eres capaz de leer esto, yo pensaba que eras más inteligente, Granger.

Hermione no le contestó, sino que se limitó a sacar otro libro de la torre y a buscar algo frenéticamente entre sus páginas. Se paró y puso el libre frente a la cara de Malfoy, mirándolo desafiante.

— ¿Esto te parece una tontería? — Dijo, señalando un poema en las páginas del volumen. Malfoy lo leyó con atención, intentando descubrir que le llamaba tanto la atención a la chica acerca de esas líneas.

Cuando a sesión de calmo pensamiento
convoco los recuerdos del pasado
la pérdida de antaño es lo que siento
y el tiempo agoto en un pensar gastado;
se arrasa mi ojo, casi siempre enjuto
por amigos sepultos en la noche,
lloro otra vez con revivido luto
de esfumadas visiones el derroche.
Puedo llorar por penas transcurridas
de pena en pena, así, pesadamente,
contar series de penas ya gemidas
por las que ahora pago nuevamente.
Pero cuando en ti pienso, buen amigo,
todo lo encuentro y el penar mitigo.

(Soneto 30, William Shakespeare)(1)

—No. — Contestó Malfoy, con reticencia. La verdad era que el soneto era muy bueno, los escritores mágicos no destacaban por su poesía. — La verdad, no es malo. Puede que no todo eso sean tonterías, Granger.

—Que amable de tu parte concederme eso, Malfoy. — Le dijo ella, cerrando el libro y dejándolo sobre los demás. Miró la pila de libros pensativamente. — ¿Sabes? Tú has ocupado tu valiosísimo tiempo en enseñarme todo lo que sabes acerca de modales y esas cosas, yo te enseñaré de lo que sé: literatura.

—No creo que puedas enseñarme nada, Granger. — Repuso el joven, mientras Hermione se sentaba a lo indio en el sillón. —Son libros de muggles.

—Vamos, no puede ser peor que caminar con tacones de lado a lado en tu living. — Le contestó la joven, tomando un libro de la pila. —Este es "Matar a un Ruiseñor"…

— ¿Los muggles de verdad necesitan eso para matar a un pajarito? — Preguntó Malfoy levantando una ceja. Nunca había pensado que los muggles de verdad fueran tan tontos. Hermione se rió al escuchar ese comentario.

—No, qué ridiculez. Es sólo el nombre del libro, se refiere a que es un crimen matar a un ruiseñor, ya que es un ave que no hace daño, si no que canta.

— ¿Y el libro se trata de alguien que mata pajaritos? — Preguntó Draco, extrañado, decididamente los muggles estaban muy locos. Hermione puso los ojos en blanco, intentando aguantar el ataque de risa que estaba a punto de tener.

—De nuevo, no. — Le respondió, jugueteando con el libro entre sus manos. —A ver, déjame ver por donde empiezo… El libro está ambientado en el sur de Estados Unidos en los años treinta, un lugar y una época marcadamente racistas. La historia la cuenta una niña de seis años, hija de un abogado que defiende a un hombre negro, acusado de violar a una chica blanca. Deberías leerlo, muchos de sus temas se relacionan con las ideas de la "pureza de sangre" que tanto defendiste hace unos años.

—Quisiera que la gente dejara de recriminarme esas tonterías. — Dijo Malfoy por lo bajo, esperando que Hermione no lo escuchara. Ella sí lo escuchó, pero no dijo nada y prefirió cambiar el tema.

—Este es otro de mis favoritos. — Dijo, tomando un libro muy corto de la pila. —"La señora Dalloway" de Virginia Woolf, una de las mejores escritoras británicas de todos los tiempos.

—Déjame adivinar, no hay ninguna señora Dalloway en toda la historia, ¿verdad? — Le preguntó Malfoy, irónico. Hermione no pudo evitar reírse al escuchar ese comentario.

—Esta vez sí, es la protagonista, una mujer de la alta sociedad. El libro se trata de los pensamientos de esta mujer y de varios de sus conocidos a lo largo de un día, mientras ella prepara una fiesta para esa noche. — Le contestó Hermione.

—Si se trata de eso, prefiero hablar con mi madre una vez al mes, es casi lo mismo. — Bromeó él, acomodándose en la silla, que era muy incómoda. Con un gruñido, sacó su varita y la transformó en un sillón muy mullido. — ¿Por qué alguien querría leer los pensamientos de una vieja aburrida?

— ¿Sabes? Nunca lo había pensado así. — Le contestó Hermione, dejando el libro con los demás. —Supongo que refleja el interés que tenemos todos por saber qué pasa por las mentes de los demás.

—Para eso se hace Legeremancia. — Dijo Malfoy, como si estuviera hablando con una estúpida.

—Malfoy, estos son libros muggles. No saben hacer Legeremancia ni nada por el estilo, además de que son personajes ficticios, no hay cómo leerles la mente. — Le contestó Hermione, mirando al techo en busca de paciencia. —Y de cualquier forma es un gran libro.

—Sí, sí. Lo que digas, Granger. Aunque no puedo creer que ese sea tu libro preferido. — Le contestó él, que estaba mirando fijamente a la taza de chocolate caliente que flotaba cerca de la cabeza de Hermione, con un movimiento de varita hizo aparecer otra taza de chocolate caliente para él.

—Pudiste haberte parado y haberla buscado tu mismo. — Señaló Hermione. Malfoy se encogió de hombros, y se llevó la taza a los labios.

—Para eso tenemos magia, Granger. — Le contestó, como si le hablara a una niña de cinco años que no entendía cómo funcionaba el mundo. —Y cuando no queremos usarla, siempre están los elfos domésticos. — Agregó, recordando la opinión que Granger tenía acerca de esa creaturas.

— ¡No puedo creer que tantos años después sigas defendiendo un sistema basado en el abuso y la esclavitud! —Saltó la joven, inmediatamente, apuntando a Draco con un dedo acusador. El joven se limitó a responderle con una sonrisa indiferente.

—Granger, ¿has visto alguna vez un elfo doméstico en este departamento? — Le preguntó, simplemente. Hermione se quedó pensándolo por unos segundos: no, no había visto a ningún elfo doméstico en el tiempo que llevaba en esa casa. Ellos mismos se encargaban del aseo y de las comidas, con las varitas todo era más fácil.

—No. — Contestó, dejándose caer nuevamente en el sillón.

— ¿No se te ha ocurrido que lo que dije pudiera haber sido una simple broma? Pero claro, la perfecta sabelotodo Granger se toma todo en serio. Deberías aprender a relajarte, te haría bien. — Le contestó él. Hermione se limitó a mascullar algo entre dientes y volvió a tomar el libro que leía antes de que llegara Malfoy.

Durante el rato que siguió, Hermione y Malfoy se concentraron en sus respectivos libros, o así fue al menos hasta que Malfoy terminó el suyo, que era bastante corto y empezó a sacar libros de las estanterías con su varita, haciendo un ruido terrible que desconcentró a Hermione de su lectura. Levantó la cabeza de entre las páginas, exasperada.

— ¿Te importaría Malfoy? Estoy tratando de leer. — Le dijo al joven, que siguió tonteando con los libros. — ¡Malfoy! — Protestó de nuevo, al ver que el joven no se detenía. Con los labios apretados, tomó su varita y con un movimiento, todos los libros que Malfoy había dispersado por la habitación volvieron a sus lugares en la repisa. Malfoy se quedó mirándola, irritado.

— ¡Hey! — Protestó, indignado con esa rata de biblioteca que acababa de arruinarle su diversión. Hermione le dirigió una mirada irritada.

—Estoy intentando leer, Malfoy. — Le dijo, intentando contener la rabia que sentía por el infantil comportamiento del joven. —Con todo ese ruido me estás desconcentrando. Y yo llegué aquí primero. — La última frase se escapó de sus labios, e inmediatamente se arrepintió del argumento infantil que había usado, esperando que Malfoy no lo hubiera notado.

—Esta es mi casa. — Fue la respuesta automática del joven, casi tan inmadura como la de ella. Tuvo que pensarlo unos segundos antes de darse cuenta de lo infantil de su pelea, y estalló en carcajadas. Hermione se quedó mirándolo sin entender qué demonios pasaba por la cabeza de Malfoy.

— ¿Qué es tan gracioso, Malfoy? — Dijo, con un tono muy parecido al de Minerva McGonagall cuando se enojaba, lo que sólo hizo que Malfoy se riera aún más, exasperando aún más a Hermione. —Por Merlín, ¿es tan difícil actuar de tu edad?

—Lo que pasa… es que… nuestros argumentos… eran como… de una pelea de niños. — Dijo Malfoy entre jadeos. Hermione se quedó de una pieza, ¿Draco Malfoy con ataque de risa por una tontería así? El mundo se había puesto completamente de cabeza. —Ay, vamos, Granger. Fue divertido. Supongo que las peleas entre hermanos son así. — Dijo Malfoy, cuando se hubo calmado.

—Supongo, mi única experiencia con hermanos son los Weasley. Yo no tengo hermanos. — Contestó simplemente Hermione, encogiéndose los hombros. —Pero tienes razón, sonó como una de sus peleas.

Sin decir nada más, Hermione volvió su atención al libro y Malfoy se paró de un salto a revisar las estanterías por segunda vez. Hermione sintió como el joven sacaba libro tras libro y volvía a ponerlos en sus lugares, sin decidirse por ninguno en particular. Después de un rato, tosió para llamar la atención de la joven, haciendo que Hermione levantara de nuevo la cabeza. Se le estaba haciendo difícil leer con tantas interrupciones, ni Harry y Ron molestaban tanto.

—Oye, Granger. ¿Te importaría prestarme el libro ése de los pajaritos?

—Claro, tómalo. — Contestó ella, tendiéndole el libro. Malfoy lo cogió y se sentó en el sillón que había hecho aparecer, con el libro frente a él.

-o-

Al llegar al departamento, varias horas más tarde, Nott notó que las luces del estudio estaban prendidas y se acercó para apagarlas. Su sorpresa fue grande al ver que Hermione y Draco estaban ahí, cada uno absorto en su respectivo libro y sin pelear.

— ¿Quién lo diría? Resulta que ustedes dos pueden convivir sin sacarse los ojos. ¡Llamaré al Profeta! — Se burló, cuando ambos levantaron las cabezas al escucharlo.

—Bueno, al parecer Granger no es tan terrible como imaginábamos. — Contestó Malfoy en el mismo tono burlón que había usado su amigo.

—Y Malfoy puede ser amable cuando se lo propone. —Dijo Hermione, socarrona. —Bueno, no sé ustedes, pero yo tengo mucho sueño. Me voy a dormir. —Agregó, levantándose y saliendo de la habitación.

—No digas nada, Theodore, o yo mismo me encargaré de hacerte un bonito mocomurciélago. — Amenazó Malfoy, al ver que un brillo maligno se había instalado en los ojos de su amigo.


¿Les gustó? Espero que sí, y tiene mucho Draco/Hermione como les prometí. Los libros que Hermione le muestra a Malfoy están en mi colección de favoritos, ¿qué les parecieron? ¿Han leído alguno de ellos? Les recomiendo que los lean, son maravillosos.

Lamentablemente, les tengo que decir que durante las próximas dos semanas, no subiré nada porque me voy de vacaciones, sin internet. ¡Pero les prometo que apenas vuelvas les regalaré un bonito capítulo!

¡Hasta el próximo capítulo!

Muselina