Disclaimer: Los personajes y lugares presentes en la historia a continuación no me pertencen, sino que son propiedad de J.K. Rowling. Yo escribo esta historia sin fines de lucro.
Mi Bella Bruja
Capítulo 14
Malfoy caminó alrededor de Hermione, analizando su postura con atención. Hermione se sentía como ganado en exhibición, pero no dijo nada y se limitó a morderse el labio para contenerse. Con el tiempo había aprendido que contestarle con impertinencias a Malfoy no iba a llegar a ninguna parte. Con un gesto de asentimiento, Malfoy le indicó a la joven que caminara unos pasos.
—Trata de relajarte un poco, no es necesario que parezcas una estatua de mármol. Ahora, haz la reverencia a Theodore —dijo el joven, con un gesto de la mano. Habían repetido esa serie de pasos por más de cuatro horas, y sinceramente, Malfoy ya empezaba a aburrirse. La chica lo miró de reojo, indignada por el tono de voz del joven, pero Nott le dirigió una amable sonrisa, animándola a hacerlo. Hermione apretó los labios, y lo hizo. —Bien, bastante bien. Vas mejorando.
Nott le ofreció la mano a Hermione, y la guió al comedor, sin contener ni disimular un bostezo. Malfoy los siguió, sin dejar de estudiar la forma en que Hermione caminaba.
—¡Por Merlín, mujer! Levanta esa barbilla de una vez por todas, pareces una muggle asustada, no una futura diplomática —señaló Malfoy, resoplando. Hermione rodó los ojos y corrigió su postura sin decir nada. Lo que tenía que aguantar por su sueño dorado. Seguramente lo valdría cuando estuviera en París y no tuviera que ver a Malfoy en la oficina cada día. Sólo por eso se contenía de golpear a Malfoy en la cara, no iba a arruinar su sueño por perder los estribos por una estupidez.
Nott apartó su silla para que ella se sentara, y se sentó junto a ella. Malfoy se apoyó en el respaldo de la silla que estaba delante de ella, mirándola críticamente. Hermione cerró los ojos y respiró hondo, estaba segura de que lo había hecho todo mal, y que Malfoy estaba a punto de decirle que se iba a rendir con ella, que ella nunca iba a ser material de embajada ni nada por el estilo, y que le convenía acostumbrarse a su puesto en el ministerio, en el que iba a trabajar el resto de su vida.
—Bastante bien, Granger. Evidentemente aún queda mucho por mejorar, pero creo que vamos por buen camino —dijo, para sorpresa de Hermione. En todo el tiempo que llevaba recibiendo órdenes de Malfoy, esa era la primera vez que le decía algo similar a un cumplido. —Cierra la boca, no es propio de una dama, mucho menos de una diplomática —añadió el joven, y Hermione suspiró. Claro que esa simpatía no podía durar mucho. —Vamos, una vez más.
—¿Qué? Malfoy, son las dos y cuarto de la mañana. Créeme que lo único que quiero en este momento es acostarme y dormir —protestó Hermione, apoyando los codos sobre la mesa. Se dio cuenta de que eso no era una actitud propia de una dama, y corrigió rápidamente su postura. —Haz lo que quieras, yo me voy a dormir, con o sin hechizo.
—Vamos, Draco. Déjala descansar un poco —le pidió Nott, levantándose de su silla y emitiendo un sonoro bostezo —. Llevamos horas en esto, y al menos yo, ya estoy aburrido. Y si como tú dices, Hermione ya dominó esto, ¿podemos irnos a dormir? Ya sé que tú, el gran Draco Malfoy, no necesitas el sueño como los simples mortales, pero te juro que yo sí, y Hermione también.
—Yo nunca he dicho que Granger dominara esto. Aún le falta bastante —declaró Malfoy, arrogantemente —. Vamos, Granger. Si esta vez te sale bien de comienzo a fin, dejaré que ustedes dos se vayan a dormir.
Hermione clavó su mirada en Malfoy, decidida a no dejarse intimidar por ese creído. El muy estúpido había creído que una buena motivación para que Hermione mejorara su postura, era bloquear la subida a las escaleras con un hechizo que sólo podía levantar él mismo. Por lo tanto, nadie se podía ir a acostar hasta que Malfoy no retirara el hechizo. La joven se levantó bruscamente y se dirigió al hall, sin dirigirles una segunda mirada a los chicos. Malfoy la siguió, al igual que Nott, quien seguía bostezando. En mala hora se le había ocurrido ayudar a sus amigos.
—A ver, Granger, desde el principio —dijo Malfoy, parándose tras de la joven, que estaba muy rígida mirando al frente. Hermione suspiró y camino hacia Nott, le hizo una reverencia al joven. Nott volvió a tomarle la mano y los dos se encaminaron al comedor. Malfoy iba tras ellos, con la mirada fija en Hermione, buscando sus errores. Nott invitó a Hermione a sentarse, y se sentó a su lado, apoyando los brazos y la cabeza sobre la mesa.
—Por favor, Draco. Dime que lo hizo bien…—masculló. Hermione seguía mirando al horizonte, con la barbilla levantada, mientras Malfoy la examinaba.
—Bien, lo has hecho muy bien —dijo, escuetamente. Hermione abrió mucho los ojos, sorprendida por el comentario. Eso era lo más parecido a un cumplido que Malfoy podía decir, seguramente debía sentirse honrada por ello.
—Gracias —dijo, esbozando una sonrisa de suficiencia que divirtió a Malfoy. Se notaba que la joven estaba orgullosa de ese pequeño logro.
— ¿Eso quiere decir que nos podemos ir a dormir? —Preguntó Nott, levantando un poco la cabeza de entre los brazos, con un gesto somnoliento. —Porque, sinceramente, el sofá del living me está llamando hace un rato, y me está empezando a dar lo mismo que amanecer mañana con el cuello rígido.
—Sí, claro, Theodore. Puedes irte a dormir. Levantaré el hechizo —dijo Malfoy, apuntando a la escalera con su varita. Nott se levantó, bostezando y subió las escaleras para ir a su habitación. Hermione lo siguió, pero se detuvo en el dintel de la puerta del comedor.
—Gracias, Malfoy. Sé que debo ser una molestia para ti, y que seguramente tienes mil cosas mejores que hacer que ayudarme con esta tontería —le dijo, intentando esbozar una sonrisa amistosa. Por mucho que Malfoy fuera un imbécil de pies a cabeza, también era verdad que se había tomad muchas molestias por ella, lo menos que podía hacer era agradecérselo. Ella había sido bien educada por sus padres, y no porque Malfoy fuera un cretino de pies a cabeza, iba ella a olvidarse de eso.
—Si fuera una molestia, no estaría haciéndolo —declaró Malfoy, sin mirarla. Hermione se encogió de hombros y subió a su dormitorio. No era como si se pudiera esperar algo más del joven.
-o-
—Menos mal que ahora sí te dignaste a venir —dijo Ron, quien aún no perdonaba completamente a su amiga por olvidarse de ellos unas semanas antes, al ver llegar a Hermione. Estaban afuera del bar que Seamus Finnigan acababa de abrir en el callejón Diagon, junto con Dean Thomas. La idea era básicamente, recrear un típico bar irlandés en el corazón del Londres mágico.
—¿Cuántas veces tengo que decirte que lo siento mucho, Ron? No me lo habría perdido por nada en el mundo y lo sabes — reclamó Hermione, saludándolo —. Hola, por cierto —agregó, saludando de paso a Harry, Ginny y Luna, que también estaban ahí.
—¿Y esas ojeras, Hermione? Parece que te hubieras quedado despierta toda la noche —señaló Ginny, apuntando a la cara de su amiga. Ella y Harry habían dejado a sus hijos con la niñera que solía cuidarlos cuando ellos salían, no querían perderse la inauguración. Mal que mal, los dueños habían sido amigos suyos de toda la vida.
—Anoche a Malfoy se le ocurrió que mi postura era desastrosa, y me gané cuatro horas de tortura mientras él leía un manual de etiqueta en voz alta —bufó Hermione, mientras se dirigían a la entrada. La verdad es que estaba bastante enojada con el joven, desde el día de la cena con Zabini, Malfoy le trataba con aún más brusquedad que antes.
Dean y Seamus estaban en la puerta del bar, saludando a los clientes que iban llegando. Casi todos eran antiguos compañeros y conocidos suyos de Hogwarts, y a cada uno lo saludaban alegremente.
—¡Harry, Ron, Hermione! —Los saludó Seamus, con una gran sonrisa. Mientras Dean saludaba a otro grupo que entraba junto con ellos. Los jóvenes le dirigieron una sonrisa, que él les devolvió amablemente, mientras invitaba a pasar al otro grupo. —¡Ginny, Luna! ¡Qué bueno que hayan podido venir! Pasen, pasen. ¡Espero que les guste!
Los jóvenes asintieron y entraron al bar, que estaba casi lleno. La mayor parte de la concurrencia se componía de ex alumnos de Hogwarts, y muchos de ellos habían sido sus compañeros en el colegio. Mientras los chicos atravesaban el local, buscando una mesa vacía, saludaron a varios de sus amigos.
—Hola, Parvati, Padma —saludó Ron al ver a las gemelas, que estaban sentadas en una mesa, conversando con unos jóvenes que no reconocieron —. ¡Hey! ¿Ese no es Dennis Creevey? Hace años que no lo veía.
Dennis Creevey les dirigió un amistoso saludo con la mano, antes de volver la mirada a su grupo de amigos, que estaban brindando por alguna razón. Finalmente, el grupo llegó a la mesa al final del bar. No bien se hubieron sentado, una camarera se acercó a su mesa.
—Hola, soy Lucy Corrigan y seré su mesera esta noche —dijo, sonriéndoles. Era una chica joven, con aspecto de haber salido recientemente de Hogwarts. —¿Qué quieren pedir?
Cuando recibieron sus tragos, el grupo brindó por la gran noticia de Ginny y Harry. Los dos estaban muy felices por ello, y parecían más enamorados que nunca.
—Un nuevo Potter al mundo —sonrió Ron, mientras chocaban sus vasos —. ¿De verdad les hacía falta otro? —Agregó, burlándose de la pareja. Ginny le dirigió una mirada que le recordaba peligrosamente a las de su madre, antes de vaciar su vaso de jugo de calabaza.
—Me encantaría que fuera niña —comentó Ginny, tocándose el vientre —. Hace falta otra presencia femenina en la casa.
Harry rodeó a su mujer con el brazo y la besó en la frente, cariñosamente. Él estaba feliz porque iba a tener otro hijo, le daba igual el sexo, y se lo había dicho a Ginny muchas veces. Él sólo quería que sus hijos tuvieran lo que él no había tenido: una familia que los quisiera y se preocupara por ellos.
—Bueno, Luna también les tiene una noticia —comentó Ron, rodeando con el brazo a su novia, ante la mirada atónita de los otros tres, que abrieron los ojos como platos al escucharlo. Al ver la cara que habían puesto sus amigos al escucharlo, tuvo que agregar —. No, no está embarazada, no nos miren así. Cuéntales, tú, Luna.
— ¿Se acuerdan de la línea de collares que estaba haciendo? —Dijo Luna, con su habitual voz soñadora. Sus amigos asintieron. —Le llevé mis diseños a Madame Malkin, y dijo que eran étnicos y muy originales, y que eso iba a ser la última moda este año. Al final, me los compró todos. Serán parte de la línea de primavera-verano.
—¿En serio? —Ginny la miró, sorprendida. Ella siempre había considerado que las joyas que diseñaba Luna eran más del estilo de su amiga, que del común de los mortales. Pero si Madame Malkin había decidido que los diseño de Luna eran "étnicos", allá ella. A Ginny le correspondía alegrarse por el logro de su amiga.
—Sí. Madame Malkin fue muy amable, aunque no quiso creer que algunos collares tenían auténticos cuernos de Plympys de agua dulce. Afirmó que no existían… —dijo Luna, con su habitual tono distraído —. Al parecer no lee Nuevo Naturalismo, ahí dejaron muy claro que si existían.
—Bueno, de todas formas, felicitaciones —le sonrió Hermione desde el otro lado de la mesa —. Y estoy segura de que Madame Malkin dijo eso porque no sabía.
—Quizás debería enviarle el artículo… —murmuró Luna, con la mirada perdida en el techo del bar, que lucía un mural pintado por Dean.
Después de eso, la conversación empezó a girar por temas más cotidianos, discutiendo acerca de sus respectivos trabajos y obligaciones, y contándose anécdotas que les habían sucedido los días anteriores. Ginny era perfecta para eso, ya que en su trabajo como periodista deportiva tenía ocasión de ver todo tipo de accidentes divertidos, que luego les contaba a sus amigos, con la gracia que la caracterizaba. Esa noche deleitó a sus amigos con imitaciones de varios jugadores de quidditch, y los comentarios estúpidos que les había escuchado decir.
-o-
Cuando Hermione entró al departamento esa noche, se encontró con que Malfoy y Nott estaban en el living, jugando una partida de ajedrez.
—Hola —los saludó, haciendo que ambos levantaran la vista del tablero, donde el alfil de Theodore acababa de golpear al caballo de Draco —. ¿Cómo están?
—¿Dónde estabas, Granger? —La interrogó Malfoy, volviendo rápidamente la vista al tablero. —¿Saliste con Blaise?
Theodore se echó hacia atrás en el sillón, mientras su reina acorralaba al rey de Malfoy, que se rindió rápidamente. Malfoy gruñó frente a eso y con un movimiento de su varita guardó todas las piezas.
—No, salí con mis amigos —respondió Hermione, sentándose en un sillón. Malfoy la vio de reojo y se sorprendió al ver la perfecta postura con la que ella lo había hecho. Si no la conociera, pensaría que ella era hija de una de las familias decentes del mundo mágico.
—¿Con Potter y el pobretón? —Preguntó, con el tono más sarcástico que pudo invocar. Un destello de rabia brilló en los ojos de Hermione, y la joven apretó los labios.
—No los llames así —dijo, con un tono de voz suave, pero firme. Draco no dijo nada. —¿Y tú? ¿No saliste con Astoria? Ambos se veían de los más entretenidos el otro día en el restaurant.
Ahí fue el turno de Draco de apretar los labios. No, él no se había divertido con Astoria, la había invitado porque fue lo primero que se le ocurrió para dejar de pensar en… cosas en las que no quería pensar.
—No es asunto tuyo —fue su respuesta, luego de unos segundos. Hermione suspiró, y se levantó del sillón donde estaba.
—Bueno, estoy muy cansada y necesito ir a dormir —dijo ella —. Buenas noches —agregó, saliendo del living y dirigiéndose al segundo piso.
¿Qué les pareció este capítulo? Tenemos a Hermione divirtiéndose con sus amigos, mientras que parece que Draco ha estado pensando mucho en algo en lo que no quiere pensar.
Les agradezco mucho a todas las que me dejaron sus comentarios, y a quienes leen desde las sombras. Me animan para seguir escribiendo, chicas.
¡Hasta el próximo capítulo!
Muselina
