Disclaimer: Los personajes y lugares presentes en la historia a continuación no me pertencen, sino que son propiedad de J.K. Rowling. Yo escribo esta historia sin fines de lucro.

Mi Bella Bruja

Capítulo 16

Hermione pasó una de las páginas de su libro y siguió leyendo con avidez. Era una novela histórica, ambientada en la época de la caza de brujas, y contaba la historia de un hijo de muggles que se dedicaba a ayudar a magos y brujas a escapar. Estaba tan absorta en la lectura, que no se dio cuenta de que Malfoy había entrado en el living, donde ella estaba, hasta que el joven tosió, haciendo que Hermione pegara un respingo.

—¡Por Merlín, Malfoy! —Protestó, bajando el libro para enfrentase a él. — ¿Tenías que asustarme de esa forma?

—No. Pero estabas tan metida en ese libraco que nunca me ibas a prestar atención —le contestó el joven, sentándose sobre el sillón —. Yo venía a decirte algo, pero me olvidé de qué era… — agregó, intentando recordar qué era el dichoso asunto. Hermione resopló y puso los ojos en blanco. —¡Ah, sí! Arréglate, Granger. Vamos a salir a hacer una prueba.

—Pensé que después de la última prueba habrías desistido de ese tipo de tonterías —comentó Hermione, dejando el libro en la mesita. Llevaba un largo tiempo sin poder leer un libro completo en paz, siempre había algo que la interrumpía.

—Granger, no puedo presentarte al embajador en Francia si no sé si eres capaz de comportarte correctamente en una situación formal. Y puede ser que me haya apresurado en la primera prueba. Anda, ve a cambiarte de ropa, que a donde vamos no puedes ir con ese aspecto —le espetó él, mirando reprobatoriamente el aspecto de la joven y sin permitirle protestar. Hermione apretó los labios y se dirigió a la escalera. —Te esperamos en veinte minutos, tenemos reserva y me rehúso a perderla.

Nott apareció en el dintel de la puerta, amarrándose una corbata al cuello. Levantó las cejas al ver que Malfoy había tomado el libro que Hermione había dejado sobre la mesa del café y lo estaba hojeando con aire distraído.

—Oye, ¿tú no piensas arreglarte? —Le preguntó a su amigo, haciéndolo despegar la vista de las páginas.

—Sí, pero en unos minutos más —contestó Malfoy, simplemente, y volvió a la primera página del libro de Hermione.

—¿Interesante? —Le preguntó Nott, apuntando al libro que Draco sostenía en sus manos. —Pareces estar muy interesado.

—Creo que estoy empezando a entender lo que dice Granger de que nunca le dejamos leer más de diez páginas de una vez —bufó Draco, dejando el libro sobre la mesita —. Pero sí, me pareció un libro muy interesante. Quizás le pida a Granger que me lo preste más adelante —Draco arrugó la nariz al ver un arreglo de flores sobre una mesita lateral, que no había visto antes —. ¿Qué hace eso aquí?

—Blaise no se rinde —fue la simple respuesta de Nott, que se estaba mirando en el espejo del recibidor —.Al parecer, que Hermione se haya escapado de su cita la otra vez, no le dijo nada.

—¿Qué Granger hizo qué? —Preguntó Draco, mirando a su amigo, fingiendo estar impresionado por la noticia. Recordaba perfectamente que había visto a la joven salir arrancando del restaurant, aunque no tenía ni idea de cuál podía ser la razón. —¿Por qué haría algo así? —Agregó, como quien no quiere la cosa.

—No tengo ni idea, no le pregunté —contestó Nott, volviendo al living y sentándose en el sofá —. ¿Algún interés en particular?

—No, pero me parece un interesante comportamiento —comentó Malfoy, levantándose para examinar su aspecto en el espejo. Levantó la varita y la apuntó a las escaleras. —¡Accio, corbata!

Una corbata apareció flotando sobre los peldaños de la escalera y voló hasta la mano de Malfoy, quien se la puso sobre el cuello de la camisa con un gesto elegante, anudándola rápidamente con un movimiento de varita.

—Algún día vas a tener que enseñarme cómo haces eso —dijo Nott, apuntando el perfecto nudo Windsor que Malfoy lucía en su corbata.

—La práctica hace al maestro, Theodore —replicó Malfoy, con una sonrisa de superioridad que hizo que Nott rodara los ojos —. ¡Granger! ¡Por el amor de Merlín, apúrate! —Vociferó desde debajo de la escalera.

—¡Ya voy! —Reclamó Hermione en el mismo tono, desde arriba. Acto seguido se escucharon unos tacones golpeando el suelo y los jóvenes vieron a Hermione bajando las escaleras. Malfoy le echó una mirada rápida a su reloj de pulsera. —¿Estás muy apurado, Malfoy?

—Sí, bastante —dijo Malfoy, mientras Nott ayudaba a Hermione con su abrigo —. ¿Nos vamos ya? No quiero perder nuestra reservación.

Nott y Hermione intercambiaron una mirada curiosa, y se encogieron de hombros mientras salían del departamento tras Malfoy. Sin decir nada, Malfoy les indicó que se apoyaran en sus hombros para aparecerse conjuntamente.

Hermione odiaba la aparición conjunta, solía marearse al hacerlo y esa vez no fue la excepción. Al sentir como sus pies tocaban el suelo, se soltó del hombro de Malfoy, intentando no perder el equilibrio. Nott cayó de espaldas al suelo, mientras que Malfoy aterrizó con elegancia.

—¿Estás bien, Nott? —Le preguntó Hermione, tendiéndole la mano al joven para ayudarlo a levantarse. Nott asintió, aceptando la ayuda que le ofrecía la joven.

—Por Morgana, Theodore. Deberías tener más estilo, mira donde estamos —se burló Malfoy, señalando la puerta del restaurant que había elegido. Era un local nuevo, regentado por un par de magos franceses que había visto en Londres una oportunidad para crear un nuevo negocio. Era un lugar extremadamente elegante, y se podía ver que los asistentes eran personas de la alta sociedad, y famosos. Celestina Warbeck, por ejemplo, estaba haciendo su entrada al mismo tiempo que los tres magos se aparecían frente al local.

Nott le ofreció el brazo a Hermione y entraron al local tras la famosa cantante. El maître reconoció a Malfoy, y lo saludó amablemente escoltándolo a la mesa que el joven había reservado. Hermione reconoció a algunos de sus ex compañeros de colegio, quienes la miraron extrañados de que estuviera ahí, acompañada de Nott y Malfoy.

—Ignóralos, Granger —masculló Malfoy por lo bajo, mientras apartaba una silla para Hermione —. Ellos necesitan algo de lo que hablar para distraerse de que sus vidas son aburridas y patéticas. Cualquier tontería les sirve.

Un mozo hizo acto de presencia apenas los tres se hubieron sentado a la mesa, entregándoles el menú. Hermione frunció ligeramente el ceño al leer los nombres de los platillos, no conocía ninguno de ellos. A pesar de haber ido a Francia con sus padres cuando era adolescente, no estaba muy familiarizada con la comida francesa.

—No la necesitamos —dijo Malfoy, con un gesto arrogante dirigido al mozo —, ya sé exactamente qué vamos a comer aquí. Como primer plato, queremos una sopa de cebolla. Para el segundo, estaba pensando en barigoule y de postre, crème brûlée, si es tan amable.

—¿Y para beber, señor? —Le preguntó el mozo, tras anotar la orden que le acababa de dar Malfoy, sin mover un músculo para demostrar sus pensamientos frente a la muestra de arrogancia que le había obsequiado Malfoy.

—Pues, un sauvignon blanc élfico. Cosecha de 1944, por favor —fue la respuesta de Malfoy, tras examinar rápidamente la carta e vinos.

Hermione y Nott volvieron a intercambiar miradas divertidas, sin entender qué demonios acababa de pasar frente a sus narices. Malfoy le señaló al mozo que retirara los menús, con un gesto.

—Malfoy, ¿de qué se trata todo esto? —Preguntó Hermione, frunciendo el ceño. —¿Cuál es la idea?

—Vamos a comprobar cuánto has aprendido, Granger. En el departamento te sientes en confianza y estamos Nott y yo para corregirte. Tenemos que ver cómo lo haces sin esa ayuda —le contestó Malfoy, simplemente —. Pero no te estreses, trata de actuar naturalmente —añadió, con una sonrisa burlona.

Hermione respiró hondo al escuchar las últimas palabras del joven, sabía que él quería intimidarla, pero no iba a conseguirlo. Se sentó derecha y le sonrió a Malfoy.

—Ni se te ocurra que voy a dejar que me intimides, Malfoy —declaró, mientras el mozo aparecía con la botella de vino blanco en un balde de acero. Sin decir una palabra, el mozo le sirvió a cada uno una copa.

—Por favor, este es un lugar de categoría: esperen a volver a casa antes de sacarse los ojos —se burló Nott, divertido por las miradas de odio que se estaban lanzando los otros dos. Hermione lo miró y relajó los hombros, sin que su postura se viera muy alterada.

—Sí, Granger. Por favor, controla tus impulsos —replicó Malfoy, con una mueca burlona, a la que Hermione le respondió con una mirada asesina —. ¿Un brindis?

Ni Nott ni Hermione secundaron la sugerencia de Malfoy, que parecía hecha más bien para burlarse de ellos. Un silencio incómodo se instaló entre ellos, hasta que los platos de sopa aparecieron frente a ellos, como en los banquetes del colegio. Hermione tomó la cuchara, y se llevó el primer sorbo a la boca, delicadamente.

Malfoy la examinó atentamente, buscando un error por parte de la joven. Sin embargo, Hermione no cometió ningún error, la postura era la adecuada, y sostenía los cubiertos de la manera correcta. Malfoy se sonrió, claramente había sido capaz de enseñarla modales a esa chica. Ahora era toda una dama, y quizás incluso estaba lista para ser presentada al embajador en Francia. Sólo había que pensar en qué situación sería la más adecuada para hacerlo.

—Vaya Granger, estoy impactado. Lo estás haciendo muy bien —le dijo el joven, con una mirada de aprobación, que sorprendió gratamente a Hermione.

—Gracias —fue la simple respuesta de la joven, mientras dejaba su cuchara a un lado del plato hondo y se quitaba la servilleta de las piernas, dejándola a un lado de su plato —. Discúlpenme —añadió, parándose de su silla y dirigiéndose al baño.

Nott miró a Malfoy, juntando las cejas. Sabía que Malfoy siempre había sido un arrogante y un cretino, pero cuando se trataba de Hermione, se pasaba. La joven se había deslomado trabajando para aprender, y había seguido todas las órdenes que Malfoy le había dado durante las últimas semanas. No obstante, a pesar de todo eso, Malfoy seguía sin mostrarse amable con ella.

—Draco, tengo que hablar contigo —le dijo a su amigo, obligándolo a mirarlo —. Es acerca de Hermione.

—¿Granger? —Preguntó Malfoy, alzando las cejas. —¿Qué pasa con ella? Parece que lo está haciendo bien.

—No, no es eso. Sólo quería saber si puedes ser más amable con ella, de ahora en adelante. Mal que mal, tú también sacarás tu parte de todo el asunto y sus constantes peleas crean un ambiente espantoso en el departamento —le explicó, llevaba semanas agotado por las constantes peleas entre sus dos compañeros, y pensaba en detenerlos lo antes posible.

—¿Yo he tratado mal a Granger? —Dijo Malfoy, fingiendo inocencia. —¿Estás diciendo que le hecho algún daño?

—No, claro que no. Pero no has sido muy amable con ella —protestó Nott, mirando fijamente a su amigo.

—Ay, por favor. Granger es muy inteligente como para preocuparse de las tonterías que digo — replicó Malfoy, con cara de no haber roto nunca un plato —. Además, ella tampoco me ha tratado bien… —añadió, antes de interrumpirse por la llegada de Hermione.

—¿De qué hablaban? —Le preguntó la joven a Nott, mientras se sentaba. Malfoy y Nott intercambiaron miradas alarmadas, antes de que el joven contestara:

—De nada importante… Quidditch… —musitó, intentando desviar la atención de Hermione, de la que sabía que no le interesaba el deporte en lo absoluto. Justo en ese momento, tres platos de barigoule aparecieron frente a ellos.

—La verdad, Granger, yo te tengo una pregunta —dijo Malfoy, en dirección a Hermione quien empezaba a comer de su plato. —¿Qué pasó con Blaise el otro día? Saliste muy apurada del restaurant.

—No es asunto tuyo, Malfoy —dijo Hermione, apretando los labios.

—No puede que no, pero creo que es muy interesante —contestó Malfoy, esbozando una sonrisa burlona —. Vamos, Granger, cuéntanos: ¿qué pasó con Blaise?

—Nada. Si es absolutamente necesario que lo sepas, me fui porque iba a juntarme con mis amigos —bufó Hermione, volviendo sus ojos a su plato.

—¿Cambiaste a Blaise por los inútiles de tus amigos? ¿El cara rajada y la comadreja? —Dijo el joven, levantando las cejas burlonamente. —Vaya, Granger, creo que estoy perdiendo mi tiempo contigo. Nunca vas a llegar a ninguna parte si no empiezas a hacer mejores amistades.

Hermione dejó caer el tenedor sobre su plato, mirando a Malfoy de hito en hito. Lentamente, tomó su plato y se paró, acercándose a Malfoy. Sin decir una palabra, volteó el plato sobre la cabeza del joven.

—¡Granger! ¿Qué demonios hiciste? —Estalló Malfoy, viéndose cubierto de verduras. Hermione no le contestó, si no que se dio media vuelta y salió del local. Malfoy salió tras ella, limpiándose como pudo con la servilleta, pero apenas llegó a la puerta, Hermione sacó su varita y desapareció.

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Hermione se apareció con un sonoro "pop" en el pasillo del departamento. Rápidamente acercó su varita al agujero de la cerradura mágica, y abrió la puerta. Estaba indignada con Malfoy, y furiosa consigo misma. Se había prometido a sí misma no dejarse aplastar por nadie, jamás, y estaba dejando que Malfoy lo hiciera.

Mientras subía las escaleras, escuchó como la puerta se abría a sus espaldas, y la voz de Draco inundó el departamento.

—¡Granger! —Gritó, a todo lo que daban sus pulmones. —¿Qué hiciste?

Hermione se dio media vuelta en las escaleras, enfrentando al enojado joven. Al parecer, Malfoy había alcanzado a limpiarse con un hechizo antes de aparecer en su casa, porque no se veían las manchas de comida en su camisa. Sin embargo, parecía estar muy enojado.

—Te tiré un plato de comida en la cabeza, ¿acaso no lo notaste? —Replicó ella, sarcástica. —Pero no te preocupes, ya no seré más un problema para ti. Me voy.

—¿A dónde? —Preguntó Malfoy, irritado. —Tu departamento sigue infectado de doxies, Granger, no seas estúpida.

—Estúpida tendría que ser para quedarme un solo minuto más aquí —bufó Hermione, dándose media vuelta y siguiendo su camino por las escaleras —. Además, ¿si soy una molestia para ti, no sería mejor que me fuera?

Malfoy maldijo entre dientes y subió apresuradamente la escalera tras ella. Hermione estaba a punto de entrar a su pieza, cuando Malfoy le agarró el antebrazo para detenerla. La joven encaró a Malfoy con el ceño fruncido.

—¿Qué se supone que estás haciendo ? —Musitó entre dientes. Tenía la mirada clavada en los ojos de Draco, dejando ver que no pensaba rendirse tan fácilmente. En ese momento, Malfoy se dio cuenta de que estaba agarrando a la joven con demasiada fuerza.

—Impidiendo que hagas una estupidez, Granger —respondió Malfoy, soltando a Hermione con brusquedad —. Si te vas ahora, lanzarás por la borda cualquier oportunidad que puedas tener de conseguir tu famoso puesto diplomático. ¿No se supone que es tu sueño?

—Sí, pero te seguro que ningún sueño vale lo que estoy pagando —contestó Hermione, apretando los labios —. ¿Sabes? He hecho todo lo que me has dicho que haga, he cambiado mi forma de vestirme y de peinarme, ¿y aún no es suficiente?

—Sí, claro que sí es suficiente —soltó Malfoy, sorprendiendo a ambos —. Estás casi lista para conseguir ese maldito puesto, Granger. De hecho, si no te lo dieran, seguramente consideraría a ese animal como un idiota.

Al escuchar eso, Hermione se quedó con la boca abierta. ¿Draco Malfoy había dicho eso? Eso era una de esas sorpresas de la vida. Al ver la mirada de Hermione, Malfoy se dio cuenta de lo que acababa de decir.

—¿Qué? ¿No vas a decir nada? —Inquirió el joven, luego de unos segundos de incómodo silencio. —La decisión es tuya, Granger, pero no te aconsejo que te rindas justo antes de llegar a la meta —espetó, antes de darse media vuelta y alejarse por el pasillo.

Hermione se quedó, apoyada en el marco de su puerta, mirando como el joven entraba apresuradamente a su propia pieza. Una sonrisa se dibujó en los labios de la muchacha. Draco Malfoy le había dicho que lo estaba haciendo bien; seguramente eso era algo que destacar. Sin dejar de sonreír, entró a su pieza y cerró la puerta tras ella.


¿Qué les pareció? Ahora sí hay una especie de acercamiento entre ambos, aunque supongo que no exactamente lo que ustedes esperaban. Como ya les he dicho, tendrán que tener paciencia. Una relación entre estos dos tiene que ir lenta y de a poco. Ya vendrán los fuegos artificiales.

Como siempre, gracias por leer mi historia. Les agradezco especialmente a quienes comentaron, o agregaron mi historia a sus favoritos o alertas.

¡Hasta el próximo capítulo!

Muselina