Disclaimer: Los personajes y lugares presentes en la historia a continuación no me pertencen, sino que son propiedad de J.K. Rowling. Yo escribo esta historia sin fines de lucro.
Mi Bella Bruja
Capítulo 17
Ron se acomodó en la silla donde estaba sentado. Él y Harry habían escuchado como Hermione y Draco habían discutido en el restaurant, y como había terminado esa discusión.
—¿De verdad hiciste eso? —Preguntó Harry, que parecía haberse divertido con toda la historia que les había contado Hermione. —¿No es algo… infantil? —Hermione no pudo evitar darle la razón acerca de eso último.
—Supongo que sí, tienes razón, no fue lo más maduro que podía hacer —admitió, mientras bebía un trago de su cerveza de mantequilla —. Pero tengo que confesar que se sintió de lo más bien —agregó, con una sonrisa traviesa —. Malfoy me tenía completamente alterada.
—¿Te tenía? —Inquirió Ron, levantando las cejas ante el uso del pasado por parte de su amiga. —¿Ahora no?
—No, ahora no —respondió Hermione, jugueteando con el borde de su vaso —. Desde ese incidente, ha sido mucho más amable y todo eso —sus amigos le devolvieron sendas miradas de incredulidad —. No me miren así, chicos. No dije que fuera excesivamente amable, ni nada de eso, sólo que es más amable de lo que suele ser. De hecho, no me ha insultado ni una vez en los últimos tres días —añadió, con un aire ligeramente distraído.
—Ya te lo he dicho un millón de veces, Hermione —dijo Ron, luego de unos segundos —. Esta buena intención de Malfoy se me hace extraña, ¿por qué querría ayudarte? Digo, estoy casi seguro que se pasó casi toda nuestra estancia en el colegio insultándote y burlándose de ti.
Hermione no dijo nada frente a la acotación de Ron, porque ella se había preguntado lo mismo muchas veces en el curso de los últimos meses. ¿Por qué Draco Malfoy se había ofrecido a ayudarla precisamente a ella? La única explicación que encontraba era que se le había antojado divertido hacerlo. Pero por alguna razón, no la satisfacía mucho. Se encogió de hombros y siguió la conversación de sus amigos, que habían comenzado a hablar de las nuevas bromas que se iban a vender en Sortiliegios Weasley.
—George es un genio creativo —declaró Ron —. Sólo tiene que sentarse en su escritorio por un par de horas y sale con unas veinticinco ideas originales. Claro que como la mitad son casi impracticables, pero las demás son brillantes. Ahora último se le ocurrió hacer una línea de pelotitas de colores, que se pueden usar para escribir mensajes en áreas grandes. Dijo que se inspiró en los leprechauns de la selección irlandesa.
—Suena muy interesante —señaló Hermione, que siempre se sorprendía de las ocurrencias de George. El joven era un genio, con todas las de ley, y siempre estaba inventando cosas originales. La forma en la que inventaba todo tipo de hechizos era simplemente genial. —¿Cómo se supone que funciona?
—Hermione, sabes que no sé nada de eso —apuntó Ron, dejando su vaso de cerveza sobre la mesa —. Eso es cosa de George, más que mía. Pero si quieres hablarlo con él, puedes ir a visitarnos cualquier día.
—Lo haré —dijo Hermione, con una sonrisa —. ¿Cómo está Luna, por cierto? Me escribió el otro día para decirme que la modista quiere hacer una prueba de vestuario la próxima semana, para ver cómo están quedando los vestidos.
—Está bien, muy bien —contestó Ron, con una sonrisa —. Ocupada organizando todo, con la ayuda de mamá, por supuesto. Mamá puso el grito en el cielo cuando supo que Luna estaba haciendo casi todo sola, y se abocó a ayudarla con todas sus energías.
Hermione sonrió, imaginándose a la siempre amable y hacendosa Molly Weasley organizando todo, para ayudar a su futura nuera. Siempre había sido una mujer capaz de organizar cualquier cosa, y estaba segura de que la boda sería todo un éxito.
—Por cierto, dijo Molly que deberías ir a visitarlos alguna vez —dijo Harry, que había adoptado llamar a su suegra por su primer nombre, luego de que la mujer tuviera que insistir bastante. Hermione asintió, extrañaba hablar con ella. Molly era una mujer cariñosa y maternal, y solía hacer que ella se sintiera mejor cuando tenía problemas.
—Claro, iré alguno de estos días —contestó, antes de bostezar notoriamente. Al darse cuenta de eso, se llevó una mano a la boca, insultándose mentalmente por eso. Estaba muy cansada, entre el trabajo y las lecciones con Malfoy, pero no había querido demostrárselo a sus amigos de esa forma.
—Hermione, ¿estás durmiendo bien? —Le preguntó Harry, fijándose por primera vez en las ojeras que rodeaban los ojos de su amiga. Las últimas veces que se habían visto, había notado que su amiga estaba agotada, aunque no lo demostraba abiertamente.
—Sí, estoy bien, Harry —murmuró ella, pero algo en el tono de voz de la joven hizo que Harry no le creyera mucho —. En serio, no me mires así.
—Hermione, te conozco —dijo Harry, levantando las cejas —. Sé cuando estás trabajando a más de tu capacidad. ¿Debo suponer que ese "entrenamiento" de Malfoy te está ocupando muchas horas extras? No te agotes por una tontería como esa, tienes que descansar como la gente.
Hermione suspiró, asintiendo a las palabras de su amigo. Sabía que Harry tenía razón en eso, y que debía empezar a imponerse a Malfoy con sus tonterías. No podía dejar que él se metiera con su salud, en eso Harry tenía razón. Tendría que hablar con Malfoy y decirle que tenía que terminar sus lecciones de noche, no podía quedarse sin dormir. Trabajaba por muchas horas, y eso de tener a Malfoy dándole órdenes hasta la hora que se le ocurriera, no la ayudaba a descansar bien.
Harry le sonrió desde el otro lado de la mesa, dándole ánimos a su amiga. Él entendía que la joven necesitaba hacer eso si quería cumplir ese sueño que tanto anhelaba, pero era incapaz de comprender que ella fuera capaz de sacrificar tantas cosas por ello. Tenía que reconocer que había que admirar la tenacidad de su amiga. Hermione terminó de beber su cerveza de mantequilla, antes de levantarse de la mesa.
—Tengo que irme, chicos. No se imaginan la cantidad de papeleo que tengo que hacer esta semana —se despidió, poniéndose la chaqueta —. Nos vemos —agregó, despidiéndose de ellos con la mano, mientras salía del Caldero Chorreante.
-o-
Draco Malfoy no estaba contento. Desde el incidente del restaurant y lo que había pasado después con Granger, se había estado insultando mentalmente por haber dicho lo que había dicho. No había querido hacerlo, se le había escapado. Con un gruñido, dejó el vaso del que estaba bebiendo sobre la mesa. Él y Nott habían salido a un bar nuevo en el Callejón Diagon. Por lo que sabía, era regido por dos jóvenes de Gryffindor, pero no recordaba exactamente quiénes eran.
—¿Qué pasa, Draco? —Preguntó Nott, al ver el gesto malhumorado de la cara de su amigo. —¿Está todo bien?
La idea de ir precisamente a ese bar, había sido suya. Hermione le había comentado que dos de sus amigos habían decidido abrir un bar en el Callejón, y que el lugar era muy agradable. Draco había accedido de mala gana a la petición de su amigo, ya que (al parecer) estaba muy interesado en el libro que le había prestado Hermione.
—No pasa nada, todo está bien —bufó. Llevaba varios días diciéndose lo mismo una y otra vez: no pasaba nada con él. Pero esa frase que le había soltado a Granger se le había escapado de lo más profundo de su ser. Quizás sí le estaba pasando algo.
—No lo parece —apuntó Nott, decidido a llegar al centro de lo que pasaba por la cabeza de su amigo —. De hecho, desde lo que pasó en el restaurant estás un poco raro. Ya no presionas tanto a Hermione como antes. ¿Pasó algo con ella?
—No —respondió Draco, rápidamente —. Es sólo que… esa noche hablamos. Granger me dijo que estaba muy cansada con todo lo de las clases, por eso decidí que bajaríamos la intensidad de las clases. Eso es todo —dijo, sin mirar a su amigo a los ojos.
Nott asintió, no muy convencido de lo que acababa de escuchar. Pero no comentó nada, dándose cuenta de que cualquier cosa que dijera no sería muy bienvenida por su amigo. En ese tipo de casos, lo mejor era quedarse callado y dejar que los acontecimientos siguieran su curso.
—Está bien, no pasa nada —dijo, y notó como la espalda de Malfoy se destensaba —. Pero ya que hablamos de Hermione, ¿puedo hacerte una pregunta?
—¿Qué cosa? —Resopló Draco, de mal humor. Su mano aferraba el vaso con fuerza, como si quisiera transmitir parte de la frustración, que obviamente sentía, a ese pequeño recipiente de vidrio.
—¿Cómo la ves? Digo, no falta mucho para el baile del Ministerio, al que se supone que irá el famoso embajador en Francia —explicó Theodore —, ¿crees que ella está lista para eso? Además, ¿qué pasará si ella no consigue el trabajo? Hay muchas cosas que no has tomado en consideración respecto a esto, Draco.
—Tranquilo, Theodore —dijo Malfoy, esbozando una sonrisa arrogante —. Granger conseguirá ese trabajo, ya lo verás. En cuanto a si veo que está lista para esto, te tengo que decir que sí. Granger no tiene un pelo de tonta, y ha aprendido mucho en los últimos meses. Te aseguro que causará una gran impresión cuando la presentemos en sociedad.
—Genial, ahí hay otro punto que quería tocar —señaló Nott, provocando un bufido por parte de su amigo —: ¿crees que será bueno llevarla al famoso baile sin más? Creo que Hermione podría necesitar acostumbrarse un poco más al ambiente al que la piensas introducir a la fuerza.
—No te preocupes por eso, ya lo tengo pensando —fue la respuesta de Draco, que dejó a Theodore un poco intrigado —. Ahora, ¿podemos hablar de algo que no sea Granger? Aunque no lo creas, me basta con tenerla en casa dando vueltas y discutiendo por todo.
Theodore sonrió al escuchar esas últimas palabras y rápidamente pasó de tema, iniciando una conversación acerca de quidditch. El Puddlemere United había destrozado a los Chudley Cannons en el último partido de la liga, continuando con la buena racha que llevaban los últimos años. A Draco siempre le había gustado mucho el quidditch, y la conversación pareció animarlo, mientras comparaba las tácticas defensivas de ambos equipos.
-o-
Al entrar al departamento, ambos jóvenes vieron que Hermione ya estaba ahí. La joven estaba sentada en la mesa del comedor, rodeada de un montón de papeles del Ministerio, y profundamente dormida. Al ver eso, Malfoy se acercó decididamente a ella, y movió la silla con delicadeza. Theodore lo siguió, sin entender qué se proponía su amigo.
—¿La vas a cargar hasta su pieza, acaso? —Le preguntó Nott, esbozando una sonrisa socarrona. Draco le devolvió una mirada irritada, antes de sacar su varita y apuntar a la joven.
—¿Qué? ¿Tengo cara de caballero encantado? —Comentó, sarcásticos, mientras dirigía su varita a la joven que dormía profundamente y musitaba un encantamiento. El cuerpo de Hermione se elevó unos centímetros sobre la silla, como si estuviera sostenido por una hamaca. Sin dejar de apuntar a Hermione con la varita, Malfoy subió las escaleras tras ella. Nott no pudo evitar notar que su amigo estaba teniendo cuidado con ella y había evitado un par de golpes seguros. Malfoy la guió hasta el dormitorio de la muchacha, y ahí, la acostó sobre su cama, siempre ayudado de su varita.
—¿Qué miras? —Dijo, de mal modo al ver de reojo como su amigo miraba la escena apoyado en el marco de la puerta. Nott se encogió de hombros, dejándolo salir con un movimiento.
—Nada, pero me llamó la atención que no la dejaste abajo —señaló Theodore, con una sonrisa burlona, que terminó de irritar a su amigo —. No tenías para qué subirla a su pieza.
—Ni siquiera Granger se merece despertar con el cuello adolorido —fue la única respuesta de Malfoy, antes de entrar a su pieza y cerrarla de un portazo.
Y al final, resulta que Malfoy sí es un caballero como los de antes. Hermione, por su parte, parece ser de las que no escuchan los consejos que le llegan. ¿Valdrá la pena todo ese esfuerzo? La pobre chica está muy cansada.
Gracias a todos los que leen esta historia, y especialmente a quienes me dejan sus comentarios, o agregan la historia a sus favoritos y alertas. Y gracias también a los lectores en las sombras, aunque se escondan, sé que están ahí.
¡Hasta el próximo capítulo!
Muselina
