Disclaimer: Los personajes y lugares presentes en la historia a continuación no me pertencen, sino que son propiedad de J.K. Rowling. Yo escribo esta historia sin fines de lucro.
Mi Bella Bruja
Capítulo 18
Los días que siguieron al incidente del restaurant y lo que siguió a eso, fueron muy incómodos en el departamento de Malfoy y Nott. A pesar de que Hermione y Malfoy parecían haber dejado de pelear por todo, no se hablaban más que para las lecciones de etiqueta, y el resto del tiempo usaban a Nott como mensajero. Nott estaba irritado por la inmadurez de sus dos compañeros, que parecían niños de cinco enojados.
—Hermione, dice Malfoy que te vistas elegante, porque vamos a ir a la ópera —dijo Nott, indignado desde el marco de la puerta de Hermione. Hermione estaba sentada en el suelo, con un libro entre las manos. Desde los incidentes de la semana anterior, se sentía un poco confundida. Malfoy le había dicho que lo estaba haciendo bien, pero había algo en sus ojos que le había llamado la atención. Por alguna razón, estaba segura de que Malfoy había sido completamente sincero al decirle eso. Hermione siempre se había jactado de ser una buena lectora de personas, pero la forma en la que Draco la había mirado y cómo le había tomado el brazo para detenerla. Ella misma había sentido un extraño estremecimiento al contacto con la piel del joven. ¿Qué habría sido eso?
—¿Podrías decirle a Malfoy que no quiero ir? —Bufó Hermione, volviendo la vista a su libro. Nott frunció el ceño.
—¿En qué minuto me transformé en una lechuza? ¡Solucionen sus problemas de una maldita vez! Me aburrí de hacer de mensajero porque los dos idiotas no quieren dirigirse la palabra —reclamó, mostrando a las claras que estaba muy irritado. Evidentemente la tensión de los últimos días había llegado a un punto máximo. —¡Si quieres decirle algo, dile tu misma!
—¿Qué son esos gritos, Theodore? —Inquirió Malfoy, saliendo de su dormitorio y asomándose por la puerta de la pieza de Hermione.
—Significa que estoy aburrido de jugar a la lechuza entre ustedes dos —bufó Nott, irritado, y mirando alternativamente a Malfoy y Hermione, que no tenían idea de qué pasaba con el habitualmente calmado joven —. A ver, ustedes dos tienen que vivir juntos, lo mínimo que pueden hacer es comportarse como adultos y dirigirse la palabra como dos personas civilizadas.
Hermione se levantó y se acercó a Malfoy, tendiéndole la mano amistosamente. Estaba segura de que Nott tenía razón, y la forma en la que se estaban comportando no ayudaba a la convivencia amistosa entre ambos.
—Vamos Malfoy, Theodore tiene razón, tenemos que llevarnos bien si queremos que esto funcione —dijo, con un suspiro de resignación. Malfoy miró la mano de Hermione, como si dudara acerca de si estrechársela o no. —¿Cuántos años se supone tienes, Malfoy?
Ante semejante provocación por parte de Hermione, la respuesta de Malfoy fue simplemente estrecharle la mano firmemente, mientras la miraba fijamente a los ojos.
—Sólo porque tenemos que convivir —fue lo único que declaró —. Ahora, cámbiate de ropa para ir a la ópera, que me costó mucho conseguir las entradas para la gala —Hermione le dirigió una mirada amenazante, ante la cual Malfoy añadió —: Por favor.
—Está bien —resopló Hermione, resignada —. Ahora, salgan los dos de mi pieza para que pueda cambiarme en paz.
Los dos jóvenes salieron de su dormitorio, y Hermione se cambió de ropa. En el callejón Diagon había un teatro donde se solían presentar compañías mágicas de ópera y ballet. Los escenarios eran mágicos y se movían por sí solos al cambiar de escenas, y los efectos especiales eran muy distintos a los muggles, lo que hacía de ir a ver uno de los espectáculos que se . Las entradas eran muy caras, y más aún las de la gala anual, así que Hermione estaba muy sorprendida por lo que había conseguido Malfoy.
Sacó un vestido del clóset, el vestido de cóctel que le habían elegido Pansy y Ginny, el mismo que había usado en la desastrosa cena en casa de Narcissa Malfoy. No pudo evitar una leve sonrisa al recordar esa velada, ¡qué desastre había sido! Se vistió rápidamente y se arregló con sencillez. Dirigió una mirada a su reflejo, decidió que se veía bien y salió, después de sacar un chal de seda de su clóset y un par de guantes largos que había elegido al comprar su ropa, por sugerencia de Pansy.
—¡Gracias a Merlín! —Comentó Malfoy, al verla bajar las escaleras. —Estamos llegando tarde, y el teatro mágico no acepta tardanzas.
Le ofreció el brazo a la joven, y le indicó a Nott que se apoyara en su hombro. Con un movimiento de varita, los tres desaparecieron y reaparecieron en el callejón Diagon, frente al teatro. Al aterrizar, Hermione se balanceó, a punto de caerse, pero Malfoy la sostuvo, impidiendo que la joven se cayera de bruces en el pavimento.
—Gracias —murmuró Hermione, mientras Malfoy la ayudaba a incorporarse. Le dirigió una sonrisa amistosa, esperando una contestación amable por parte del joven.
—No hay de qué, Granger —fue la seca respuesta de Malfoy, antes de tomarla delicadamente por el codo para guiarla hacia el interior del teatro.
El hall del lugar estaba lleno de lo más selecto de la sociedad mágica, y todas las miradas se volvieron hacia ellos tres cuando entraron. Inmediatamente muchas conversaciones se reanudaron, señalando a los tres jóvenes. Muchísimos rumores (sin confirmación) habían surgido acerca de ese pequeño grupo, y ninguno dejaba bien parados a los involucrados. Hermione volvió a sentirse como cuando había llegado a la casa de los Malfoy para la cena, se sentía observada y criticada por todos los presentes. Estaba segura de que todos ellos la estaban juzgando, que en sus mentes las frases "¿Cómo se atreve?" o "Ella no es como nosotros, ¿por qué lo sigue intentando?", se repetían de una cabeza a otra. Inconscientemente, se aferró con más fuerza al brazo de Malfoy, quien la miró interrogativo.
—¿Todo bien, Granger? —Le preguntó, fijándose en que la joven se había puesto súbitamente muy pálida. Hermione lo miró, enderezó la espalda, levantó la cabeza y relajó su agarre.
—Todo bien, Malfoy —afirmó, provocando una sonrisa por parte del joven. Granger era ciertamente una mujer muy valiente, no cualquiera se atrevía a enfrentarse a todas esas personas que seguramente la estaban juzgando a cada paso que diera. Por su parte, ella estaba decidida a que Malfoy no se Nott se acercó a un grupo de mujeres, saludándolas encantadoramente y dejando a Hermione y Malfoy solos a un lado del hall.
—Draco, querido, ¡qué gusto verte aquí! Estaba diciendo que no veía a tu madre hace semanas. ¿Cómo ha estado? —Una mujer muy elegante se acercó a los jóvenes, dándole a Malfoy dos besos en las mejillas. Luego, dirigió su atención a Hermione, quien no tenía idea de quién era la señora. —Y señorita…
—Granger —la interrumpió Malfoy, señalándola con la mano, para presentarla —. Señora Flint, permítame presentarle a Hermione Granger, una de las mejores empleadas del departamento de Cooperación Mágica Internacional. Hermione, supongo que recuerdas a Marcus Flint, estaba con nosotros en Hogwarts —Hermione le dirigió una mirada sorprendida a Malfoy, era primera vez en su vida que él se dirigía a ella por su nombre, en lugar de un apellido o algún insulto —. Era el capitán del equipo de quidditch de Slytherin.
—Sí, claro —Hermione no tenía los mejores recuerdos de Marcus Flint, especialmente en los partidos de quidditch, pero era mejor omitir esos detalles—. Un gusto conocerla, señora — añadió, con una sonrisa graciosa.
La mujer murmuró una excusa y se acercó a saludar a otro grupo de personas, de aspecto importante, que pululaban por ahí. Un par de amigas de Narcissa los saludaron, diciéndole a Malfoy que le enviara sus mejores deseos a su madre.
—¿Tu madre no asiste a estos eventos? —Le preguntó Hermione, curiosa.
—No mucho. Desde el final de la guerra ha intentado mantener un perfil más o menos bajo, prefiere relacionarse con los que siempre ha conocido y no aparecer donde pueda generar comentarios malintencionados —contestó él, guiándola con delicadeza a un grupo de hombres mayores —. Ellos son los jefes de algunos departamentos, como me imagino que sabes. Tienes que impresionarlos, Granger.
—Buenas noches, señor Malfoy —dijo un hombre mayor, tendiéndole la mano a Malfoy para que se la estrechara. Tenía una mirada seria y expresión adusta. —Espero que su madre se encuentre bien.
Hermione estaba segura de que el hombre le parecía familiar, tuvo que pensarlo unos minutos antes de recordar que había luchado en la Batalla de Hogwarts junto a la Orden y el ED. También lo había visto una que otra vez en el ministerio, si estaba en lo correcto, era el jefe del departamento de Defensa.
—Sí, lo está, señor Perks —contestó Malfoy —. Permítame presentarle a la señorita Granger, empleada del Departamento de Cooperación Mágica Internacional.
—Y heroína nacional —agregó el hombre, con una sonrisa amable que lo hizo parecer menos adusto —, un placer conocerla, señorita. Me parece que no había tenido el placer de conocerla.
—Muchas gracias, señor Perks —dijo Hermione, estrechando la mano que le tendía el hombre.
Otro hombre se acercó al pequeño grupo que se había formado. Hermione calculó que debía tener aproximadamente la edad de la señora Weasley, mientras que el señor Perks era bastante mayor. Malfoy le indicó que era el señor Boot, padre de Terry.
—Hola, señor Boot —saludó Malfoy, tendiéndole la mano al hombre —. ¿Conoce usted a la señorita Granger? Trabaja en el departamento de Cooperación Mágica Internacional.
—Claro que sé quién es la señorita Granger —comentó el hombre, con una sonrisa muy amable, mostrando que era muy parecido a su hijo —. Aunque debo decir que no he tenido el gusto de conocerla en persona.
—Muchas gracias —contestó Hermione, sonriéndole al hombre —. Es un placer conocerle, señor Boot.
—¿Nos disculpan, señor Boot, señor Perks? Deberíamos ir a saludar a los señores Montague y Bletchley —se disculpó Malfoy, arrastrando a Hermione hacia donde se encontraban los hombres que acababa de mencionar —. Bien, Granger, eso fue fácil. Pero hay que señalar que ninguno de los dos tenía prejuicios de sangre. Estos de aquí, son huesos más duros de roer —agregó en voz baja, con una mirada malévola. Hermione sonrió un poco al ver esa mirada en los ojos de Malfoy.
—Gracias por avisar —bufó Hermione por lo bajo, frunciendo el ceño —. Por cierto, ¿qué es eso de presentarme con tantos elogios?
—Hay que crear una buena imagen, y esperar que se riegue. Este ambiente es perfecto para eso, ya que tenemos a muchos funcionarios importantes del ministerio dando vueltas por aquí —fue la respuesta de Malfoy, que guiaba a Hermione hacia el grupo de hombres. Al llegar frente al grupo de hombres, Hermione recompuso su expresión y adoptó una sonrisa de oreja a oreja, mientras Malfoy la presentaba.
—Señor Montague, permítame presentarle a Hermione Granger, una de las empleadas más capaces del ministerio —dijo Malfoy, mientras Hermione le tendía la mano al hombre —. Hermione, él es el señor Montague, jefe del departamento de Juegos y Pasatiempos Mágicos.
—Un placer conocerlo, señor Montague —dijo Hermione, con mucha educación. Montague se quedó mirándola con un gesto despectivo, pero finalmente le estrechó la mano, esbozando una sonrisa falsa.
—Un placer, señorita Granger —dijo, con los labios apretados, mientras estrechaba la mano de la joven. Sin decir nada más, la soltó rápidamente y se limpió disimuladamente la mano con su túnica.
—Hermione, déjame presentarte al señor Bletchley. Tenía un hijo en Hogwarts, que jugaba en el equipo de Slytherin —Hermione recordaba perfectamente al joven, porque una vez había hechizado a Alicia Spinnet antes de un partido —. Señor Bletchley, ella es Hermione Granger, una de las jóvenes promesas del Departamento de Cooperación Mágica Internacional.
—Señor Bletchley, un placer conocerlo —dijo Hermione, estirando su mano hacia el hombre con un gesto amistoso. El señor Bletchley se la estrechó sin decir nada, y la soltó rápidamente.
Un timbre sonó en la sala, anunciando el comienzo de la función, y Malfoy se despidió de los hombres, mientras buscaba a Nott, quien se había quedado conversando con un grupo de mujeres mayores. Por alguna razón, Nott era muy atractivo para las mujeres mayores, y siempre terminaba siendo acaparado por ellas en fiestas y reuniones sociales. Al ver a Malfoy, se despidió de las damas, besándolas en las manos y siguió a sus amigos al interior de la sala del teatro.
—Malfoy, estoy segura de que Bletchley y Montague me odiaron. Saben perfectamente que soy hija de muggles, y seguramente no van a perdonármelo tan fácilmente —murmuró Hermione, mientras Malfoy los dirigía a sus asientos en platea.
—¿Y de verdad esperabas abracitos tiernos y que te dieran la bienvenida a su club? —Le preguntó Malfoy, con sorna —. Tranquila Granger, está todo incluido en el plan. Si ellos llegan a señalar que no eres sangre pura, seguramente alguien les dirá que eres una de las promesas de los funcionarios jóvenes del ministerio. Y, teniendo en cuenta que eso de la "pureza de sangre" ya no está de moda, seguramente esos idiotas irán repitiendo eso de que eres una joven promisoria, a pesar de ser hija de muggles.
—Suena un poco ingenuo, si me permites decirlo —dijo Hermione, mientras se sentaba en donde Malfoy le había señalado —¿Cómo sabes qué dirán eso y no que no me merezco ser una bruja?
—Porque conozco la naturaleza humana, Granger, y sé muy bien que a nadie le gusta ir contra la corriente y ser tachado de retrogrado y anticuado —contestó Malfoy, simplemente. Las luces se apagaron en el teatro, y la función comenzó.
-o-
Unas horas después, cuando la ópera terminó y las luces se encendieron, Hermione se encontró a sí misma mirando a Draco mientras el joven se levantaba de su silla, antes de acercarse a ella para guiarla hacia afuera. Le llamaba la atención esa decisión que él parecía despedir por los poros. Al parecer los años fuera del colegio habían cambiado al temeroso chico que había sido durante la guerra. ¿Qué lo habría hecho cambiar de esa forma? Hemione se dio cuenta de que no sabía nada acerca del joven que la albergaba en su casa, y que (para su enorme sorpresa), le interesaba conocerlo. Suspiró para sus adentros al darse cuenta de lo que estaba pasando por su mente. ¡Era Malfoy, por Merlín! Y sin embargo, ahí estaba, dejándose guiar por el hall atestado de magos y brujas elegantes, por él.
—¿Pasa algo, Granger? —Susurró él, al ver que Hermione tenía la mirada perdida, como si estuviera perdida en sus pensamientos.
—No, Malfoy —le contestó ella, usando el mismo tono. "No pasa nada", repitió en su mente, como para confirmarse a sí misma lo que había dicho. Los dos jóvenes salieron del teatro tras Nott, quien iba un par de pasos delante de ellos. Mientras los tres salían del lugar, escucharon una voz que llamó su atención.
—Al parecer, la señorita Granger tiene un gran futuro en el campo de la diplomacia —Hermione no alcanzó a fijarse en quien había emitido esas palabras, pero sí vio una sonrisa arrogante dibujarse en el rostro de Draco, antes de que los tres desaparecieran.
¿Les gustó? Ahora tenemos a ambos protagonistas dándose cuenta de que el otro no es tan malo como pensaban. Creo que ya estamos llegando a algo, ¿no les parece? Ya les he dicho muchas veces que tengan paciencia y que pronto tendrán mucha acción entre ambos.
Como siempre, gracias a las que me dejan unos comentarios, y a quienes agregaron mi historia a sus favoritas y alertas. ¡Se los agradezco mucho, no se imaginan el ánimo que me dan!
¡Hasta el próximo capítulo!
Muselina
