Disclaimer: Los personajes y lugares presentes en la historia a continuación no me pertencen, sino que son propiedad de J.K. Rowling. Yo escribo esta historia sin fines de lucro.
Mi Bella Bruja
Capítulo 19
Una lechuza se deslizó por el pequeño espacio de la ventana del living, sobresaltando a Hermione y a Nott, quienes estaban ahí jugando ajedrez mágico. El ave voló a través de la habitación y dejó caer una hoja de papel doblada, en el regazo de Hermione.
—¿Qué es? —Preguntó Nott, señalando la hoja de papel. Hermione se fijó en el sello que llevaba, una "M", muy elaborada.
—Creo que es para Malfoy, de su madre… —musitó Hermione, dando vuelta el papel para ver el destinatario. Levantó las cejas sorprendida al ver que su propio nombre estaba escrito en el papel. Rompió el sello, rápidamente, muerta de curiosidad por saber de qué se trataba todo eso. El mensaje era bastante corto, y estaba escrito con una caligrafía muy elegante.
Malfoy Manor
Estimada señorita Granger:
Ya he tenido el agrado de conocerla, y me encantaría invitarla a tomar té esta tarde, en mi casa, para entablar una amista con usted. Queda usted, mediante esta misiva, citada a las cinco de la tarde. Espero que se encuentre bien al recibir este mensaje, y confió en verla esta tarde.
Atentamente,
Narcissa Malfoy
Tras leer el mensaje, Hermione levantó la vista extrañada. No podía creer que Narcissa Malfoy la estuviera invitando a su mansión a tomar té. La sola idea le parecía tan absurda como que la profesora McGonagall supiera bailar hula-hula. Simplemente, no era lógico. Nott tomó el papelito de las manos de Hermione y lo leyó, esbozando una sonrisa.
Hermione estaba lista para preguntarle algo, pero Malfoy apareció en el dintel de la puerta del living. EL joven reconoció la lechuza y vio el papel en las manos de Nott. Una sonrisa se formó en su rostro: al parecer su madre había aceptado el plan.
—¿Qué es eso, Granger? —Le preguntó, fingiendo sorpresa de ver la lechuza de su madre en el departamento.
—Al parecer, tu madre me ha invitado a tomar el té a su casa —le contestó Hermione, que seguía sin entender de qué iba todo el asunto—. Pero yo ya tengo planes con Harry y Ron, quedamos en juntarnos a cenar esta noche…
—Ah, sí. Me comentó su idea el otro día —la interrumpió Malfoy, sentándose en el sillón con aire despreocupado —. Al parecer, escuchó buenos reportes acerca de ti y quiere conocerte más. Te aconsejo que vayas, tengo entendido que pensaba invitar a algunas de sus amigas. Y, como puedes imaginarte, se trata de amigas muy influyentes. Te aconsejo que llegues más tarde a tu pequeña reunión con tus amigos, no te conviene perder esta oportunidad.
—Me imagino que tú irás también… ¿o no, Malfoy? —Preguntó Hermione, ligeramente preocupada ante la idea de enfrentarse a esas señoras de la alta sociedad, sola.
—No, claro que no. Mi madre me dijo claramente que pensaba en un té de mujeres. Señaló expresamente que la idea de todo eso es conocerte mejor, y en una gran fiesta sería demasiado complicado —replicó Malfoy, tomando un ejemplar de "El Profeta" que descansaba sobre la mesita del café.
Hermione lo miró, intrigada. Nott, por su parte, decidió empezar a guardar las piezas de la partida de ajedrez mágico, ya que no parecía que fueran a seguir jugando.
—¿Qué demonios pasa aquí? ¿Por qué tu madre me invita a tomar el té? Malfoy, no entiendo nada… ¿Serías tan amable de explicarme algo de esto? —A Hermione no le gustaba la idea de que Malfoy estuviera escondiendo algo, de alguna forma que no entendía mucho, quería confiar en él. Quizás Ron estaba en lo correcto, y Malfoy pretendía lastimarla o humillarla en público.
—Lo que pasa, es que mi madre se ofreció a ayudar en nuestro pequeño "proyecto". Según ella, lo mejor que puede hacer es ayudarme a introducirte en la sociedad mágica. Aunque no lo creas, mi madre tiene un lado bastante compasivo y generoso, y practicar la caridad es una de sus actividades favoritas —fue la respuesta de Malfoy, mirando la taza de café que tenía en la mano.
Hermione apretó los labios al escuchar el último comentario de Malfoy, quien no se dio por aludido ante la mirada furiosa de la joven. Hermione resopló irritada, y se tiró de nuevo en el sillón, con los brazos cruzados ante el pecho.
—¡Me niego a ser una obra de caridad! —Bufó, ante las miradas divertidas de Nott y Malfoy.
—Granger, era una broma —se burló el joven, provocando que el ceño de Hermione se relajara un poco, aunque ella seguía mirándolo con irritación—. Vamos, no me mires así. ¿Por qué no eres capaz de aceptar una simple broma?
Hermione rodó los ojos y se paró del sillón, dirigiéndose a las escaleras. Malfoy y Nott intercambiaron miradas, Hermione parecía estar verdaderamente enojada esa vez. Cuando la joven estaba en el dintel de la puerta, se detuvo y se dio media vuelta.
—Malfoy, ¿qué debería ponerme para ir a tomar el té? —Preguntó, con un gesto de resignación en los labios. Si ese té en casa de la señora Malfoy la iba a ayudar, lo haría perfectamente bien.
-o-
Aparecer sola era mucho más fácil para Hermione, y se apareció frente a Malfoy Manor sin dificultad. Aún al ver la mansión a plena luz del día, Hermione sintió que un escalofrío recorría su espalda. No era fácil olvidar lo que había pasado en esa casa durante la guerra, muchas veces había tenido pesadillas acerca de eso. Requirió de todo su valor para atreverse a cruzar el portón de hierro forjado y recorrer el camino de grava que llevaba a la entrada de la mansión. Pero Hermione era muy valiente, y no iba a dejarse intimidar con tanta facilidad. Tragó saliva y golpeó la puerta de entrada con la aldaba.
—Buenas tardes, ¿señorita? —Dijo el mayordomo al abrir la puerta, esperando que Hermione le diera su nombre. Al ver que la joven no contestaba, añadió —: ¿A quién debo anunciar?
—Granger. Hermione Granger, un gusto conocerlo —fue lo primero que logró decir Hermione y estiró la mano para saludarlo. El mayordomo levantó las cejas, ligeramente sorprendido y la hizo pasar sin decir una palabra.
Hermione atravesó el hall, siguiendo al mayordomo. Aparentemente, la señora Malfoy lo había remodelado bastante después de la guerra, porque era difícil asociar ese lugar con la tétrica mansión en la que había sido capturada hacía muchos años. El lugar había sido cambiado completamente, con mejor iluminación y bonitas obras de arte colgadas en las paredes. El mayordomo la guió hacia el living, donde Narcissa Malfoy la esperaba con una amable sonrisa en los labios.
—Hermione, querida, es un placer tenerte en mi casa —la saludó amablemente, indicándole que se sentara junto a ella en el sofá—. ¿Cómo has estado últimamente? Espero que mi hijo no te esté haciendo pasar un mal rato, puede ser muy malcriado cuando quiere.
Hermione abrió los ojos como platos al escuchar eso. No conocía mucho a la señora Malfoy, pero siempre había tenido la idea de que era tan arrogante como su marido y su hijo, nunca se habría imaginado que ella podía ser tan amable y simpática.
—Er… Hola, señora Malfoy… —balbuceó Hermione, tendiéndole la mano a la mujer, quien se la estrechó sin dejar de sonreír—. Gracias por preguntar. He estado bien, y Mal… —Hermione se interrumpió antes de llamarlo por el apellido—, su hijo no me ha molestado demasiado —logró decir unos segundos después, ante la atenta mirada de la mujer.
—No dejes que lo haga, Draco está acostumbrado a salirse con la suya. Supongo que estaría bien que de vez en cuando las cosas no le salieran exactamente como quiere —dijo Narcissa, sin dejar de sorprender a Hermione con sus palabras —. Tú pareces ser una chica inteligente, no dejes que él te pase por encima, si te atreves a plantarle cara no va a saber qué responder.
—Gracias, señora Malfoy —sonrió Hermione, sin saber qué decirle a la mujer —. Pero no tiene que preocuparse por mí.
—Eso espero, Hermione —contestó Narcissa, sin dejar de sonreír —. Espero que no te importe que haya invitado a algunas amigas, Draco me explicó lo que estaban intentando hacer, y creí que podría ayudarte con eso.
—Muchas gracias, señora Malfoy —murmuró Hermione, quien aún no comprendía el motivo de la actitud de la señora.
—Bueno, además, tengo que reconocer que quería conocerte mejor. Mal que mal, vives con mi único hijo. ¿En qué trabajan tus padres? —Le preguntó la mujer, acomodándose en el sillón.
—Bueno, los dos son dentistas —respondió Hermione, y al ver la cara que había puesto Narcissa al escuchar la palabra, tuvo que agregar —: se preocupan de arreglar los dientes de la gente.
—Oh, ya veo… —dijo Narcissa, evidentemente incómoda —. Debe ser un trabajo… muy interesante —la joven se dio cuenta de que la mujer no sabía qué decir —. Supongo que ellos están muy orgullosos de que seas una bruja, para ellos debe ser una alegría tener a una hija como tú.
—Sí, claro. Aunque creo que estarían orgullosos de mí de todas formas —contestó Hermione, que estaba muy incómoda en la situación. Narcissa le dirigió una sonrisa amable, a pesar de la tensión que se palpaba en el ambiente.
—Oh, claro que sí. ¿Qué clase de padres no estarían orgullosos de su hija? Especialmente cuando su hija es una bruja, y al parecer, una bastante talentosa. ¿No tienes más hermanos? —Siguió preguntando la mujer, quien parecía dispuesta a averiguar todo acerca de la vida familiar de Hermione.
—No, soy hija única —fue la simple respuesta de Hermione, que se estaba empezando a cansar del interrogatorio al que la estaba sometiendo la señora Malfoy. Miró disimuladamente a su reloj de pulsera: eran casi las seis y aún no tomaban el té, de hecho, las demás invitadas ni siquiera habían hecho su aparición. Hermione suspiró, había quedado de ir a la casa de Harry y Ginny a las ocho, a ese paso, no llegaría ni al postre.
El sonido de la puerta del living llamó su atención, y vio como el mayordomo ingresaba al lugar, guiando a cuatro mujeres. Hermione no tuvo dificultad en reconocer a la señora Greengrass y sus hijas: Daphne y Astoria, pero no tenía ni idea de quién era la otra mujer. Se paró, imitando a la señora Malfoy, quien se había acercado al grupo con una enorme sonrisa en los labios.
—Queridas, es un gusto tenerlas aquí —dijo, dándole dos besos en las mejillas a la señora Greengrass —. Daphne, Astoria, me imagino que ya conocen a Hermione Granger —añadió, señalando a la joven a su lado.
Daphne le dirigió una sonrisa amable al estrechar su mano, mientras que Astoria se limitó a estrecharle la mano con un gesto despectivo. La señora Greengrass, por su parte, le sonrió y comentó que había escuchado "muy buenos comentarios" acerca de Hermione y su desempeño en el ministerio.
—Hermione, por si no la conoces, ella es Marianne Cornfoot. Es la jefa de la oficina contra el Uso Inapropiado de la Magia —dijo Narcissa, presentando a la mujer desconocida —. Marianne, ella es Hermione Granger, aunque supongo que has oído hablar de ella.
—Claro que sí, después de lo que pasó hace diez años, creo que sería difícil no haberlo hecho —señaló la mujer, sonriéndole amablemente a Hermione —. Aunque me parece que no había tenido el gusto de conocerla personalmente, Hermione.
—No, señora Cornfoot —replicó Hermione, estrechando la mano que le tendía la mujer —. Es un placer conocerla.
Las mujeres se sentaron en los respectivos sofás y sillones, mirándose incómodamente entre ellas. Hermione volvió a sentirse observada, era como si estuviera en un zoológico y todas la miraran a través de los barrotes de la jaula. Sin embargo, y para su sorpresa, la que rompió el silencio fue Daphne Greengrass, con una pregunta dirigida a ella misma.
—Hermione, ¿cómo van las cosas en tu departamento? Tengo entendido que están organizando el próximo Torneo de los Tres Magos en Hogwarts, y que seguramente están bastante ocupados con eso —le preguntó, Hermione se quedó mirándola sorprendida. Daphne y ella nunca habían sido amigas en Hogwarts, de hecho, nunca se habían dirigido la palabra.
—Sí, no te imaginas todo el papeleo que implica la organización del Torneo, menos mal que no soy de las encargadas de organizar las pruebas, me basta con todo lo que he tenido que hacer para autorizar las llegadas de las delegaciones y de algunos elementos de las pruebas.
Pronto las demás se incorporaron a la conversación, interrogando a Hermione acerca de su trabajo en el Ministerio y otras cosas. La joven se sentía un poco incómoda con eso de ser el centro de atención, pero se esforzó mucho en no dejar traslucir su incomodidad.
-o-
Había pasado mucho rato, cuando Hermione se dio cuenta de que se le había hecho tarde. Les había prometido a sus amigos no volver a dejarlos de lado por nada en el mundo y era justo lo que estaba haciendo en esos momentos.
¿Cómo podría irse sin insultar a la señora Malfoy? Estaba segura de que irse en la mitad de un té al que te habían invitado especialmente era una muestra de pésima educación, pero no podía dejar a sus amigos de lado. No por segunda vez. Tendría que disculparse con la señora Malfoy. Respirando hondo para tomar valor, se acercó a la mujer.
—Señora Malfoy —Narcissa le dirigió una mirada con sus intensos ojos azules —, siento mucho decirle esto, pero necesito irme. Tengo otro compromiso —murmuró, sintiéndose examinada por la mujer.
—Por supuesto, querida, puedes irte —le dijo la mujer, sonriéndole amablemente. Hermione le agradeció, mientras se despedía de las mujeres ahí presentes.
Sin demorarse demasiado, salió de la mansión, desapareció y apareció nuevamente en el Valle de Godric, frente a la casa de Harry y Ginny. Se dirigió a la entrada apresuradamente, mientras chequeaba su reloj. Aparentemente, no estaba demasiado atrasada, aunque nunca le había gustado llegar tarde a nada.
Ginny fue quien le abrió la puerta, sonriendo al ver a Hermione con un bonito vestido, muy femenino.
—Hola, Hermione —la saludó, mientras la hacía pasar al interior de la casa—. Ron y Luna llegarán en unos minutos, se atrasaron un poco.
Hermione suspiró aliviada, entrando a la casa y se sentó en uno de los sillones. Al menos Ron no tendría motivos para sacar a colación el tema de Malfoy. Ella no quería pensar en él, no más de lo que ya lo hacía.
¿Qué les pareció? ¿Les gustó? Sé que están impacientes por ver qué pasa con esos dos, pero les prometo que todo esto es necesario, y que falta muy poco para que la tensión estalle. Cada vez falta menos.
Como siempre, gracias a todas por sus comentarios o agregar esta historia a sus favoritos o alertas. ¡No se imaginan lo mucho que me alegran!
¡Hasta el próximo capítulo!
Muselina
