Disclaimer: Los personajes y lugares presentes en la historia a continuación no me pertencen, sino que son propiedad de J.K. Rowling. Yo escribo esta historia sin fines de lucro.
Mi Bella Bruja
Capítulo 20
Hermione llegó al departamento agotada. Durante el día había tenido que ir a varias reuniones para organizar el famoso Torneo de los Tres Magos, que iba a realizarse de nuevo en Hogwarts. Como parte del Departamento de Cooperación Mágica Internacional, Hermione era una de las responsables de coordinar las entradas al país de las delegaciones extranjeras, y eso había sido más complicado de lo que esperaba.
—Buenas tardes, Malfoy —saludó al joven, quien estaba en el living, leyendo un libro. Al escucharla, Malfoy le dirigió un gesto con la cabeza, sin decir nada.
Ella suspiró y empezó a subir las escaleras para ir a descansar a su pieza. Después del intenso día que había tenido, lo único que se le antojaba era tirarse en su cama, con una taza de té y un buen libro. Pero mientras subía las escaleras, Malfoy la detuvo.
—¡Granger! Ponte tacones y baja en un rato más —exclamó autoritariamente, haciendo que Hermione se quedara parada a mitad de la escalera.
"No puedo creerlo: ¿quiere que siga practicando mi postura?", pensó Hermione, frustrada. Justo cuando quería quedarse en su cama descansando y leyendo alguno de sus libros, Malfoy salía con una de sus tonterías.
—¿No has analizado mi postura lo suficiente? —Bufó la joven, apoyándose en la baranda e intentando ver dentro del living, sin lograrlo.
—Sí, y ya tienes una postura decente. Pero hay otra cosa que necesito que sepas —señaló, Malfoy, asomándose por la puerta del living—. Lo que pasa es que tenemos invitaciones para el baile anual del ministerio, y quiero asegurarme que sepas bailar correctamente—señaló Malfoy mientras volvía a entrar al living. Hermione rodó los ojos y siguió subiendo a su dormitorio. Un rato más tarde bajó las escaleras, usando los tacones más altos que tenía, los cuales ya había logrado dominar.
Malfoy y Nott estaban en el living, donde habían hecho desaparecer todos los muebles, despejando el salón. A un lado habían instalado un antiguo gramófono, parecido a uno que tenían los Weasley en su casa y que solían usar para reproducir las grabaciones de Celestina Warbeck.
—¿Qué es eso de las invitaciones para el baile? —Les preguntó Hermione al verlos. Estaba ligeramente intrigada por la idea, siempre le había gustado bailar, aunque no solía tener muchas oportunidades para hacerlo. —¿Y por qué es tan importante que sepa bailar?
—Porque han invitado al embajador británico en Francia, será la oportunidad perfecta para que te vea, eso, sumado a que escuchará por todas partes acerca de ti, hará que él mismo exija que te manden allá a trabajar con él —explicó Malfoy, tranquilamente —. Tienes que impresionarlo, Granger.
—Ese plan se parece demasiado a un cuento de hadas, Malfoy. No va a resultar —protestó Hermione, haciendo que Malfoy rodara los ojos —. Necesitarías que el famoso embajador se fijara en mí, y todos sabemos que eso no va a pasar.
—Confía un poco más en mí, Granger —respondió Malfoy, con una sonrisa de suficiencia —. Estas últimas semanas he logrado introducirte en lo más granado de la sociedad mágica, creo que esto será más fácil.
—Ven, Hermione. — Le indicó Nott, quien se había parado en la mitad del living. Malfoy, por su parte estaba junto al gramófono. —Yo seré tu pareja de baile esta noche. Aunque no lo creas, no soy un gran bailarín, así que los dos aprenderemos juntos.
Hermione se paró frente a él, quien le sonreía animándola. Nott puso una de sus manos al lado de la cintura de Hermione, y con la otra tomó la mano de Hermione. Recordando el baile de Navidad de cuarto año, Hermione puso una mano en el hombro del joven.
—Bien, Granger —señaló Malfoy, caminando alrededor de ellos —. Trata de que la mano que apoyas en el hombro de Theodore sea un poco más grácil, no tienes que aferrarte a él para salvar tu vida, hazlo con delicadeza. Theodore, tú tómale la mano con suavidad, es una chica, no tu varita. Ahora pondré un poco de música, un vals sencillo y muy simple de bailar, sólo tienen que contar hasta tres y girar un poco.
La música comenzó a salir del gramófono, y Nott y Hermione comenzaron a moverse al ritmo de la música con suavidad. A Hermione siempre le había gustado mucho bailar, pero nunca había aprendido mucho, no era el tipo de cosas que uno suele aprender en libros. Nott la guiaba, contando con los labios como le había indicado Malfoy que hiciera, lo que divirtió a Hermione sobremanera. Él no había mentido, no era un buen bailarín en lo absoluto, y pisó a Hermione varias veces, ante la mirada paciente de Malfoy, quien no dejaba de observar a la pareja que bailaba torpemente en el living.
—Nott, lo estás haciendo todo mal —bufó Malfoy, empujando a su amigo y enlazando la cintura de Hermione con delicadeza —. Mira cómo lo hago yo —agregó, indicándole a Hermione que le pusiera una mano en el hombro y tomándole la otra mano con delicadeza. Apenas sus manos se tocaron, ambos sintieron una extraña corriente eléctrica que les recorría la espalda, y se quedaron helados por unos segundos, mirándose fijamente. Nott cortó el silencio con una tos, que hizo que Malfoy y Hermione miraran a otra parte, muy incómodos.
—Bueno, ¿no me ibas a enseñar a bailar como la gente? —Se burló Nott, quien había notado lo que había pasado frente a sus ojos. Malfoy recuperó la compostura y le indicó que prendiera el gramófono. Otro vals empezó a sonar y Malfoy comenzó a guiar a Hermione por la pista con suavidad.
A diferencia de Nott, Malfoy era verdaderamente un excelente bailarín. Se manejaba con confianza y habilidad en la pista, guiando a Hermione sin problemas. Hermione no sentía que estaba siendo guiada, si no que los dos bailaban en perfecta sintonía. Aparte del baile de cuarto y los matrimonios de sus amigos, Hermione nunca había tenido muchas oportunidades para bailar, mucho menos con una pareja de baile tan hábil como lo era Malfoy. El joven la hizo girar con delicadeza y volvió a rodear su cintura con suavidad, acercándola aún más a él.
Malfoy se dio cuenta de que Hermione no era completamente ignorante en lo que se refería al baile, de hecho, se manejaba bastante bien, aunque aún faltaban algunos detalles que pulir. Sin embargo, en conjunto no bailaba nada mal. Era sorprendente el cambio que se había efectuado en los últimos meses en la joven, era cosa de verla como era antes, y verla en esos momentos. Una mujer completamente diferente. De ser una joven desgarbada y mal vestida, se había transformado en una mujer elegante y segura de sí misma. Un auténtico giro de trescientos sesenta grados.
La música se detuvo y por un segundo Malfoy no soltó a la joven, hasta que Nott tosió, distrayéndolos. Hermione se puso roja como un tomate, y se separó bruscamente de Malfoy.
—Er… Eres un muy buen bailarín, Malfoy. ¿Dónde aprendiste a bailar así? —Le preguntó Hermione, muy sorprendida por el despliegue de talento que acababa de demostrar Malfoy. Nunca se hubiera imaginado que el circunspecto Draco Malfoy fuera capaz de bailar de esa forma.
—Mi madre. Aunque no lo parece, es una excelente bailarina —respondió Malfoy, sentándose en una silla que acababa de hacer aparecer de la nada —. ¿Eso responde a tu pregunta, Granger?
—Algo así —contestó Hermione, levantando las cejas sorprendida —. ¿Qué tal lo hice, Malfoy? ¿Necesitaré más lecciones de baile? —Agregó, con sorna.
—No creo que la necesites. Sorprendentemente bailas muy bien —contestó Malfoy, sorprendiendo a Hermione. Malfoy nunca había sido generoso con sus halagos, y no solía darlos tan generosamente. —Aunque Nott necesita un par de lecciones, ¡bailas terrible! — Se burló de su amigo, intentando relajar la tensión que el rato de baile había provocado en la pieza.
—Creo que prefiero quedarme con las ancianitas que me encuentran adorable. El baile no es lo mío —dijo Nott, apoyándose en la pared del living —. Ni insistas, Draco —agregó, mirando fijamente a su amigo.
Hermione miró a Nott, muerta de la risa por el comentario que acababa de hacer. Se acercó al joven, tomándolo de la mano y arrastrándolo al centro del living. Cualquier cosa era mejor que soportar la extraña tensión que parecía haberse instalado entre ella y Malfoy. ¿Cómo un toque tan leve la había hecho estremecerse hasta la médula?
—Vamos, Theodore. Puedes aprender a bailar, tratemos de hacerlo —dijo, apoyando una mano en el hombro del joven y tomando su mano para apoyarla en su cintura —. Malfoy, pon algo de música.
Ella misma se encargó de guiar los pasos del joven, mientras Malfoy le señalaba a Nott sus errores al bailar, siendo bastante sarcástico. Nott se esforzaba en hacer lo que Hermione y Malfoy le indicaban, tratando de no pisar a Hermione. Un rato más tarde, los dos se detuvieron y se sentaron en el suelo, riendo.
—No eres tan mal bailarín, Theodore — señaló Hermione, riendo ante la evidente incomodidad del joven —. Quizás tienes que practicar un poco más.
— ¿Un poco? ¡Por Merlín, Granger! ¿Un poco de práctica? Theodore necesita mucho más que eso, baila como un troll con epilepsia —bromeó Malfoy, haciendo que Nott lo golpeara secamente en la nuca —. Oye, no tienes que hacer eso. Sabes que es verdad —protestó, mientras Nott cruzaba los brazos ante su pecho y lo miraba divertido.
—Bueno, si no hay nada más de lo que hablar, yo me voy. Llevo todo el día esperando por una taza de café y mi libro —dijo Hermione, levantándose del suelo para dirigirse a las escaleras —. Buenas noches.
—Granger —Malfoy la obligó a detenerse en su camino a la escalera —. Hay otra cosa que tengo que decirte.
—¿Qué cosa, Malfoy? —Preguntó Hermione, dándose media vuelta y enfrentando a Malfoy con una mirada agresiva—. De verdad quiero irme a descansar, tuve un día terrible.
—Resulta que el señor Orpington, el actual embajador en París, es un gran amigo de mi madre. — Dijo Malfoy, con una mirada misteriosa, que dejaba claro que estaba dudando acerca de la conveniencia de decir o no lo que pasaba por su mente.
—Si vas a presumirme de tus conexiones familiares, Malfoy, no me interesa —bufó Hermione, poniendo los ojos en blanco. "¿Para eso me llamó?", pensó, indignada contra el joven. Malfoy siempre tenía que sacarle en cara lo genial que era él y su familia.
—No es eso, Granger. Lo que pasa es que hace unos días le envié una carta, invitándolo a cenar la próxima semana, ya que estará en Londres por el asunto del Torneo de los Tres Magos, acompañando a una delegación francesa, además de que está invitado al baile. Vamos a cenar con él el próximo jueves en la noche. Es tu oportunidad para darle la mejor impresión —comentó Malfoy, como si fuera algo absolutamente común y corriente.
Hermione se quedó helada al escuchar eso. No podía creer lo que Malfoy había hecho por ella, era sorprendente que el joven se hubiera tomado tantas molestias sólo por ella. Estuvo a punto de darle un enorme abrazo al joven, cuando se dio cuenta de la fecha. El jueves. El jueves era el matrimonio de Ron y Luna, y ella no podía faltar a eso.
—Malfoy… yo no puedo ir el jueves… Es el matrimonio de Ron y Luna, y no puedo faltar. Ron es mi mejor amigo —balbuceó Hermione. Al escuchar la última frase, Malfoy frunció el ceño.
— ¿Y la comadreja es más importante que tu trabajo? —Dijo él, choqueado por la respuesta de la joven, él había esperado un poco más de efusividad o algo así, pero no que le dijera que no podía ir porque prefería ir al matrimonio de su amigo, que nunca la iba a ayudar a superarse en el trabajo. Él pensaba que Hermione era más inteligente y que se daría cuenta de que la cena con el embajador era una oportunidad imperdible.
—¡Claro que sí! —Fue la respuesta de Hermione, observando a Malfoy con incredulidad. —Ron es uno de mis mejores amigos, y no puedo perderme uno de los días más importantes de su vida. Lo siento Malfoy, y te lo agradezco infinitamente, pero no puedo ir a esa cena. Mis amigos están primero.
—Haz lo que quieras, Granger. Yo no puedo impedir que tires esta oportunidad por la borda, pero si tú quieres hacerlo, es tu problema. Yo sólo te comunico que el embajador Orpington y yo estaremos en Chez Charlotte el jueves a las siete en punto. Tú decides —le espetó Malfoy, dirigiéndose a las escaleras que llevaban al segundo piso. Hermione le dirigió una mirada frustrada y volvió la vista a Nott.
—Haría cualquier cosa por ese puesto en París, menos abandonar a mis amigos —murmuró la joven, agachando la cabeza, apenada.
—Yo también creo que deberías ir a la cena, Hermione —dijo Nott, mirándola comprensivamente —. Es una gran oportunidad y no deberías desaprovecharla así, estoy seguro de que Weasley entenderá.
Hermione lo miró decepcionada, hubiera esperado que Nott entendiera su posición. ¿Por qué ninguno de los dos era capaz de entenderla? Sabía que Malfoy nunca lo haría, pero al menos esperaba que Nott entendiera lo importante que eran sus amigos para ella.
—Sí, puede que él lo entienda, pero yo nunca me lo perdonaría. — Musitó, antes de subir las escaleras a toda velocidad.
Rápidamente se encerró en su pieza y se sentó sobre su cama. Lo que había sentido hacía un rato con Malfoy la había dejado descolocada. Sabía que desde hace unas semanas que lo veía de forma diferente, pero eso la había sorprendido más de lo que esperaba. Malfoy era un joven inteligente, sarcástico, y que la irritaba cada vez que podía hacerlo. Y sin embargo, todo eso había dejado de molestarla, le divertía conversar con él, discutir acerca de sus respectivas opiniones o simplemente buscar temas en común. Draco Malfoy era mucho más de lo que podía parecer a simple vista. Cerró los ojos, aferrándose con las manos al borde de la cama.
Un pensamiento apareció en su cabeza en esos momentos, "siento algo por Draco Malfoy". La idea la golpeó con fuerza, impactándola. Aunque no podía definir exactamente lo que eso era, sabía que había algo en Malfoy que le parecía distinto y atractivo. Apenas esa idea cruzó su mente, abrió los ojos, ligeramente espantada, ¿acababa de aceptar que creía que el creído e irritante Malfoy era atractivo? Seguramente algo estaba mal con ella. Algo estaba muy mal.
Hermione suspiró hondamente, tirándose de espaldas sobre su cama y cerrando los ojos. Tenía que olvidarse de él, porque Draco Malfoy jamás la vería como alguien más que la sangre sucia que siempre la había considerado. Tendría que controlar sus sentimientos, antes de que pudiera hacerse daño. Ese tipo de cosas no solían terminar bien.
Bueno, si no hay fuegos artificiales; al menos hay una chispa. ¿Qué les pareció? Ahora sabemos cómo se sienten nuestros protagonistas (al fin, ¿no creen?), ahora sólo falta ver cómo se van a manejar en lo que viene.
Como siempre, gracias por leer mi historia y les agradezco especialmente a quienes se han tomado el tiempo de dejar un review o agregarla a sus favoritos y alertas.
¡Hasta el próximo capítulo!
Muselina
