Disclaimer: Los personajes y lugares presentes en la historia a continuación no me pertencen, sino que son propiedad de J.K. Rowling. Yo escribo esta historia sin fines de lucro.

Mi Bella Bruja

Capítulo 21

Malfoy llegó puntualmente al restaurant donde había citado al embajador Orpington. Había salido de la casa diciéndole a Granger que la esperaría hasta las ocho y media, antes de ordenar. No había recibido una respuesta, lo que no le sorprendía ya que Granger era insoportablemente cabeza dura cuando se lo proponía. Bufó al pensar en la porfiada joven, que últimamente ocupaba gran parte de sus pensamientos. No era sólo el hecho que estaba ayudándola a conseguir el puesto de sus sueños por una apuesta, sino que ella le había empezado a caer bien. Granger era una joven inteligente, decidida, y eso le gustaba. Estaba muy acostumbrado a que las chicas se le tiraran encima por ser el heredero de una de las más grandes fortunas del mundo mágico, pero a Granger eso le daba absolutamente lo mismo, y no le daba miedo responder a sus insultos. Quizás había algo más en Hermione de lo que había visto durante tantos años.

"¿Qué estoy haciendo?", se dijo a sí mismo, apretando los labios. "No puedo pensar en Granger de esa forma… ¡por Merlín! Es Granger." Sin embargo, no podía negar que le gustaba la forma en que Granger fruncía el ceño cuando se enojaba, o el tono de sabelotodo que usaba al recitar una definición de diccionario. Sí, Granger era completamente distinta.

—¿Señor Malfoy? —Una voz profunda lo sacó de sus pensamientos, y Malfoy levantó la cabeza para ver quién le hablaba. —Soy el embajador Orpington. Me parece que he acordado cenar con usted esta noche.

—Buenas noches, su excelencia —lo saludó Malfoy, parándose de la mesa para darle la mano al hombre que estaba frente a él —. Espero que esta reunión no le signifique ningún inconveniente.

—No, claro que no, señor Malfoy. Estoy encantado de poder conocer al hijo de Narcissa Malfoy. Eres el vivo retrato de tu padre, si me permites decirlo —dijo el hombre, examinando con atención el rostro del joven —. Aunque tienes un aire a tu madre, a decir verdad.

—Gracias, señor —contestó Malfoy, mirando a la puerta del restaurant. Quizás Granger reaccionara y decidiera ir al restaurant en lugar de al ridículo matrimonio de sus amigos, sabía que ella era más inteligente. El embajador notó que Malfoy estaba impaciente.

—¿Pasa algo, señor Malfoy? —Le preguntó. Malfoy volvió a prestar atención al hombre, volviendo rápidamente la cabeza.

—Nada, señor. Pero una señorita a la que conozco me dijo que quizás podría acompañarnos hoy, pero aparentemente ha tenido algún tipo de inconveniente. ¿Le importaría esperarla un rato? Podemos pedir una copa mientras tanto, claro.

—No se preocupe, señor Malfoy, tengo todo el tiempo del mundo —contestó el hombre, con una sonrisa amistosa, llamando a un mozo para pedirle la carta de bebidas.

-o-

Hermione salió de su dormitorio, vestida con la túnica amarilla que Luna había elegido para sus damas de honor. Nott estaba sentado en la cocina, preparándose una taza de té, al escuchar los pasos de la joven bajando las escaleras se asomó por la puerta de la cocina. Hermione se estaba poniendo una capa sobre la ropa, mientras se acercaba a la puerta.

—¿No vas a ir a la cena, verdad? —Le preguntó, viendo la estruendosa túnica amarilla que llevaba la joven. Hermione le sonrió mientras abría la puerta para salir.

—Obviamente, ya te dije que no pienso dejar a Ron de lado esta noche. Es uno de mis mejores amigos —respondió ella, abriendo la puerta —. Sé que puede que no lo entiendas, pero Ron y Harry son mis mejores amigos, no sería capaz de perdonarme no estar con ellos en un momento tan importante —añadió, antes de cerrar la puerta a sus espaldas. Nott sonrió y se dirigió al estudio.

-o-

Una gran carpa se extendía fuera de la Madriguera, y se veía como varios invitados entraban a ella. Hermione reconoció a varios de sus compañeros de Hogwarts y a los dueños de varias tiendas del callejón Diagon, quienes eran amigos de Ron y Luna. Sin embargo, Hermione no se dirigió a la carpa, sino a la casa, que se alzaba un poco más alejada. Molly Weasley le abrió la puerta, dándole un gran abrazo.

—¡Hermione! ¡Hace tanto tiempo que no te veía! Estás muy guapa, por cierto —dijo, dirigiéndole una mirada admirativa a la joven. Hermione le devolvió el abrazo, cariñosamente. Siempre había querido mucho a esa mujer maternal y acogedora.

—Gracias, señora Weasley. Usted también se ve muy bien, me gusta ese vestido. —comentó Hermione, besando a la mujer en la mejilla y dirigiéndole una radiante sonrisa —. ¿Dónde está Luna? Muero de ganas de verla.

—En la antigua pieza de Ginny —contestó la señora Weasley. Hermione sabía que la mujer había insistido en que Luna se vistiera en su casa, ya que no tenía una madre que la ayudara con esas cosas, y ella estaba dispuesta a cumplir con ese rol. —Sube, te están esperando.

Cuando Hermione se asomó a la puerta, vio que Luna estaba parada frente a un espejo, mirándose sorprendida. Su vestido era bastante sencillo, con dos tirantes gruesos en los hombros y caía con gracia hasta el suelo. El estilo extravagante de Luna se mostraba en el género del vestido, que tenía un estampado de lunas plateadas, que se veían de acuerdo a la luz que les llegaba. En su cabeza estaba la tiara de la tía Muriel, quien había consentido en prestársela, luego de conocer a la joven. Al parecer, la anciana había considerado a Luna como una chica original y divertida, y había quedado encantada con ella. De hecho, había sido ella misma quien había insistido en que Luna usara la tiara.

—Wow, Luna, te ves preciosa —dijo Hermione, entrando a la pieza y abrazando a su amiga. Luna le devolvió el abrazo, sonriendo muy emocionada.

—Gracias, ¿no crees que la tiara es un poco… demasiado? —Preguntó Luna, tocando con la punta de los dedos la delicada tiara. Hermione se desabrochó la capa que llevaba y la dejó sobre la cama. —La tía de Ron insistió en que la usara, pero no sé...

—No seas tonta, se ve perfecta —protestó Ginny, quien se había parado y había saludado a su amiga con un abrazo —. Dile tú, Hermione. Llevo horas diciéndole que se ve muy bien y todavía no quiere creerme.

—Ginny tiene razón, se ve muy bien —contestó Hermione, sonriendo cálidamente en dirección a su amiga. Luna se sentó sobre la vieja cama de Ginny, pero tuvo que pararse rápidamente cuando la señora Weasley se asomó a la puerta.

—¿Chicas, están listas? —Les preguntó, abriendo sus ojos como platos al ver a Luna. —¡Por Merlín, Luna! Te ves preciosa —agregó, abrazando a su futura nuera con cariño —. Los chicos las están esperando, Ronnie está muy nervioso.

Fuera de la habitación, las estaba esperando Xenophilius Lovegoood, listo para ofrecerle el brazo a su hija y acompañarla hasta el altar. Una sonrisa admirativa se dibujó en el rostro del hombre al ver a su hija. Ginny y Hermione bajaron las escaleras de la madriguera, para dejarles un tiempo a solas.

—¡Los esperamos en la entrada de la carpa! —Exclamó Ginny desde el primer piso, mientras arrastraba a Hermione al exterior de la casa, dirigiéndose a la carpa.

Luna y su padre aparecieron unos minutos después, y las chicas comenzaron a caminar hacia donde se encontraba Ron, acompañado por Harry, su padrino. Cuando ellas llegaron junto a Ron y Harry, y se pararon al lado opuesto, Luna y su padre comenzaron a caminar por el pasillo. Luna se veía simplemente radiante, y tenía una sonrisa brillante. Al verla caminar por el pasillo, una sonrisa de oreja a oreja se dibujó en el pecoso rostro de Ron. Hermione sonrió al ver la sonrisa de felicidad de su amigo, le hubiera gustado ver una mirada similar dirigida a ella misma. Aunque no estaba muy seguro de qué ojos quería que la miraran de esa forma.

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Ya había pasado mucho rato desde que Malfoy y el embajador habían llegado al restaurant, y el joven seguía mirando a la puerta del restaurant cada cierto rato. Entre él y el embajador habían bebido bastante, y Granger seguía sin aparecer. Miró su reloj disimuladamente: eran las ocho veinte, a Granger le quedaban diez minutos para aparecer.

—Señor Malfoy, ¿por qué no ordenamos ahora? Llevamos casi una hora y media esperando a su amiga, yo creo que no va a llegar —dijo el embajador, quien se había tomado dos vasos de whisky.

—Esperemos diez minutos más. Quizás tuvo un inconveniente, o algo así… —contestó Malfoy, mirando de nuevo a la puerta.

-o-

En la carpa fuera de la Madriguera, Ron y Luna dijeron sus votos frente a todos sus invitados, mirándose a los ojos y sin dejar de sonreír alegremente. Cualquiera que los viera, notaría que ambos estaban completamente enamorados el uno del otro; y a nadie le cabría duda de que los dos estaban más felices de lo que habían estado en su vida. Molly Weasley tenía los ojos llenos de lágrimas y consolaba al señor Lovegood, quien también lloraba. Desde el fondo de la carpa se escuchaban los sollozos de Hagrid, que siempre se emocionaba en los matrimonios.

—Tú, Ronald Bilius, ¿aceptas a Luna como tu esposa, para amarla y respetarla por el resto de tu vida? — Le preguntó un mago que presidía la ceremonia. Hermione no puedo reprimir una sonrisa, al ver la mirada infantil que había aparecido en los ojos de Ron.

—Sí, acepto —declaró Ron firmemente, mirando a Luna a los ojos. Luna le devolvió una sonrisa radiante.

—Y tú, Luna, ¿aceptas a Ronald Bilius como tu esposo, para amarlo y respetarlo por el resto de tu vida? —Luna miró a los ojos de Ron, sin dejar de sonreír, mientras escuchaba las palabras del mago.

—Sí, acepto —afirmó, con la vista fija en los ojos de Ron. Nunca se había sentido más segura acerca de algo; y confiaba absolutamente en Ron, si había alguien que podía hacerla feliz, era él.

—Entonces, los declaro unidos de por vida —declaró el mago, cuando hubo dicho eso, hizo caer una lluvia de estrellas sobre las manos entrelazadas de Luna y Ron, quienes se miraban arrobados. Los invitados al matrimonio comenzaron a aplaudir alegremente, mientras Luna y Ron se besaban tiernamente frente a ellos.

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Malfoy volvió a mirar su reloj, ya eran las ocho y media. Malfoy apretó los labios con rabia, furioso con Granger por desperdiciar esa oportunidad. Él era un Malfoy, y ellos siempre cumplían sus promesas, y no pensaba esperar a la joven ni un segundo más. Con un gesto de la mano llamó al mozo, para pedirle la carta.

—No se preocupe por gastos, señor Orpington, yo invito —dijo, en dirección al embajador, que estaba medio achispado por la cantidad de copas que había tomado.

—Gracias, señor Malfoy —agradeció el hombre, examinando atentamente la carta, se le antojaba algún vino francés.

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Cuando los novios dijeron sus votos y hubieron sido declarados marido y mujer, las sillas desaparecieron mágicamente y una pista de baile apareció en el centro de la carpa. Ron había conseguido una banda tributo a las Brujas de Macbeth para amenizar la fiesta, pero antes de empezar había decidido que quería bailar un vals con su nueva esposa, a pesar de que nunca había sido un gran bailarín. Una mujer joven apuntó con su varita a un grupo de instrumentos que estaban a un lado del escenario, y estos comenzaron a tocar por sí mismos una melodía de vals, mientras Ron llevaba a Luna de la mano, hacia la pista.

A pesar de que Ron no bailaba muy bien, estaba tan feliz que sólo le importaba estar junto a Luna en ese momento tan especial. Poco después, mientras ellos bailaban se les unieron Bill y Fleur, al igual que Harry y Ginny, bailando en la pista. Dean Thomas se acercó a Hermione y la invitó a bailar, mientras el resto de los invitados se unían al grupo poco a poco. George y Angelina también se unieron, riendo.

Cuando la banda de rock comenzó a tocar, algunos de los mayores prefirieron sentarse, mientras los más jóvenes seguían bailando y riendo entre ellos. Durante una de las canciones, George se acercó a la mesa de los niños y tomó en brazos a la pequeña Roxanne, llevándola a la pista para bailar con ella, mientras Angelina obligaba a un reticente Fred II a bailar con ella. Unos minutos más tarde, casi todos los invitados adultos bailaban con uno de los muchos niños presentes, incluyendo a Bill, quien bailaba con sus dos hijas a la vez, al mismo tiempo que Fleur abrazaba al pequeño Louis, que sólo tenía tres años y giraba con él en brazos, viéndose tan bella como siempre. Hermione se encontró tomada de las manos de Teddy Lupin, de diez años, riendo mientras el niño la guiaba al bailar.

— ¡Cambio de parejas! — Gritó George Weasley, quien bailaba con Audrey, la mujer de Percy. Hermione se encontró entre los brazos de Harry. Al igual que Ron, Harry era un mal bailarín, pero muy entusiasta y Hermione se divirtió mucho bailando con él.

—Me alegro de que hayas venido —le dijo Harry a su mejor amiga, mientras ambos luchaban por bailar coordinadamente (más bien, Harry luchaba, ya que Hermione no era mala bailarina) —. Y te aseguro que Ron también se alegra.

—No iba a perderme esto por nada en el mundo —fue la respuesta de Hermione, sin que Harry se imaginara lo cerca que había estado de no ver a su amiga esa noche.

-o-

Malfoy se despidió del embajador en la puerta del restaurant y se apareció rápidamente en su departamento. Estaba indignado con Granger que no se había dignado ni siquiera a aparecer en el restaurant. ¿Qué se creía esa desagradecida para desprecia así la ayuda que él le ofrecía? En lugar de dirigirse a su pieza inmediatamente, se instaló en el living, mientras bebía un vaso de whisky de fuego. Estaba sirviéndose, cuando un ruido llamó su atención. Se dio vuelta, sólo para encontrarse con Hermione entrando al departamento, usando una horrenda túnica amarilla.

Hermione adivinó que el joven estaba dispuesto a empezar una pelea, y decidió que lo mejor sería evitarlo. Después de admitir que sentía algo indefinido por Malfoy, estaba segura de que pasar más tiempo con él no la ayudaría a eliminar esa confusión.

—¿Qué es eso Granger? ¿Le pediste consejos de moda a un elfo doméstico? —Dijo el joven, con sarcasmo. Hermione adivinó que él estaba enojado con ella y apretó los labios al escucharlo. No contestó, porque estaba decidida a no dejar que Malfoy la irritara. —No puedo creer que de verdad hayas preferido ir a ese aburrido matrimonio, que a una cena que podría determinar tu futuro laboral.

—¿Sabes? Estoy aburrida de escuchar tus comentarios, siempre diciendo que lo que tú crees es lo que está bien, y lo que los demás pensamos son tonterías —gruñó ella —. Puede ser difícil de entender, pero algunas personas preferimos tener amigos que éxito en nuestros trabajos —le espetó Hermione, enojada —. Aunque no espero que tú, de todos los magos, entiendas —agregó, empezando a subir las escaleras —. Y si el embajador cree que soy una irresponsable por no ir a esa cena, me da lo mismo —bufó ella, dándose media vuelta.

Malfoy miró a la joven, de hito en hito, sin poder creer lo que oía. ¿Hermione Granger señalando que algo relacionado con su trabajo no le importaba? Eso era un interesante giro en los eventos, siempre había pensando que ella era tan ambiciosa como él mismo, y lo que acababa de pasar había golpeado esa idea de un golpe. Al parecer, Hermione creía que había cosas más importantes que su trabajo. El descubrimiento lo sorprendió un poco, quizás había algo más en Granger que la estudiosa y trabajadora que siempre había sido.

—El embajador no cree que seas irresponsable —dijo Malfoy, haciendo que Hermione se detuviera en la mitad de la escalera —. No sabe que eres tú la que iba a cenar con nosotros, no le di tu nombre.

— ¿Por qué hiciste eso? — Le preguntó Hermione, mirándolo intrigada. Ese no era un comportamiento normal en Malfoy. De hecho, ella hubiera esperado que él la delatara inmediatamente, para dejar que el embajador se formara una imagen negativa de ella.

—Quizás no quería que te fuera mal con lo de tu trabajo —fue la respuesta de Malfoy, antes de darse cuenta de lo que había dicho. No había querido hacerlo, y sin embargo, parecía que las palabras se habían escapado solas de su boca. Granger tenía ese efecto en él, muchas veces decía cosas que no quería decir, lo que lo hacía enojarse consigo mismo.

Sin agregar nada más, se alejó rápidamente de la escalera, dirigiéndose al estudio, lo que dejó aún más intrigada a Hermione. ¿Le pasaría algo a Malfoy?


Ahora tenemos a dos jóvenes confundidos e incapaces de comprender lo que sienten por el otro. ¿Qué creen? ¿Va esto por buen camino, o estos dos jamás van a estar juntos? No hay que olvidar que ambos son de lo más testarudos y orgullosos, ¿dejarán de lado sus prejuicios tan fácilmente?

Como siempre, gracias a todos los que leen mi historia; y gracias especiales a quienes han dejado un review o la han agregado a sus alertas/favoritos.

¡Hasta el próximo capítulo!

Muselina