Disclaimer: Los personajes y lugares presentes en la historia a continuación no me pertencen, sino que son propiedad de J.K. Rowling. Yo escribo esta historia sin fines de lucro.

Mi Bella Bruja

Capítulo 23

Hermione no alcanzó a estar mucho rato sentada e insultando mentalmente al creído de Malfoy, porque otro hombre joven se acercó a ella y la invitó a bailar. Hermione vio de reojo como Malfoy estaba a un lado de la pista, sin hablar con nadie en particular.

"Bah, él se lo pierde", bufó para sus adentros, dirigiéndole una sonrisa al joven que la estaba invitando. Era uno de los empleados del Ministerio, aunque ella no sabía exactamente en cuál de los departamentos trabajaba. Sin embargo, no pensaba quedarse sentada esperando que Malfoy la sacara a bailar; estaba segura de que la espera sería en vano.

Tomó la mano que le tendía el joven, mientras se dirigían al centro de la pista de baile. La música de las Brujas de Macbeth había sido reemplazada por una orquesta mágica, que tocaba piezas lentas y elegantes, mientras los trabajadores del Ministerio se deslizaban con gracia por la pista.

Malfoy vio como Hermione bailaba entre los brazos de un torpe joven, y soltó un gruñido indignado. ¿Tanto esfuerzo invertido en ella para que ella se fuera con cualquiera? ¡Por Merlín, Granger era mucho mejor que eso! Sin apartar la mirada de la pista de baile, bebió un nuevo sorbo de su vaso de whisky. Malcolm Illminster se acercó a él, sentándose a su lado.

—Hola, Malfoy —lo saludó, mirando a la pista de baile, donde Hermione bailaba con el joven, mostrando su nueva elegancia. A su lado, las otras jóvenes parecían casi insignificantes. —Pareces que has hecho un buen trabajo con Granger, ya parece una mujer decente. Aunque no creo que le den el puesto en la embajada; aún no es como nosotros.

—¿De qué estás hablando? —Le preguntó Malfoy, levantando una ceja. Estaba seguro de que todos los embajadores se pelearían por tenerla trabajando con ellos. —Granger es más hábil de lo que crees, Illminster —agregó, mirando de nuevo hacia la pista. Hermione había dejado de bailar con el joven desconocido y estaba bailando con Theodore.

—Sé de buena fuente que hay un puesto libre en la embajada en Francia, y se dice que Helen Grissom se lo llevará —Malfoy no parecía recordar a la joven mencionada, pero frunció el ceño ante la idea de que su plan fallara —. Bueno, Malfoy, espero verte más adelante —añadió Illminster, levantándose de la silla y desapareciendo entre un grupo de magos y brujas que reían alegremente de donde estaban.

Malfoy volvió a dirigir la vista a la pista de baile, Hermione seguía bailando con Theodore, y parecía estar divirtiéndose mucho. Una sonrisa se asomó a los labios de Malfoy, al ver que ella sonreía alegremente. Sin embargo, su sonrisa se desvaneció rápidamente al ver que Blaise atravesaba la pista de baile y le tendía la mano a Hermione.

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—¿Me concedería esta pieza, señorita? —Dijo Blaise, ofreciéndole una mano a la joven y sonriéndole encantadoramente. —Si no te importa, Theodore —agregó, en dirección al compañero de baile de Hermione.

—No me molesta —dijo este, soltando a Hermione —. De hecho, creo que Hermione lo pasará mejor contigo, soy un pésimo bailarín.

—No eres tan malo, Theodore —señaló Hermione, mientras se acercaba a Blaise, que la atrapó entre sus brazos, mientras la guiaba al ritmo de la música —. ¿Cómo has estado, Blaise? —Le preguntó a su pareja de baile, mientras ambos se dirigían al centro de la pista de baile.

—Bien —contestó él, mirándola a los ojos —, aunque tú no has respondido mis cartas. ¿Pasa algo? Pensé que…

Hermione dejó de escuchar lo que decía el joven. ¿Si pasaba algo? El problema era precisamente que pasaban muchas cosas. Empezando por el hecho de que parecía estar sintiendo algo misterioso por Malfoy, algo que la confundía. Y Hermione Granger no estaba acostumbrada a estar confundida.

—¿Hermione? ¿Estás escuchándome? —Preguntó Blaise, notando que la joven estaba completamente distraída. Hermione volvió a la realidad de golpe, sin dejar de bailar. Blaise no dijo nada más, y siguió guiándola con cuidado por la pista de baile. A diferencia de Nott, era un buen bailarín, y Hermione se sentía cómoda en sus brazos.

—No es nada, Blaise —murmuró ella a modo de respuesta —. Es que aún no puedo creer que todo esto esté pasándome a mí. Digo, nunca esperé ver a Malfoy ayudándome a conseguir el trabajo de mis sueños. Jamás me lo habría imaginado.

—Bueno, Draco nunca ha sido precisamente un ejemplo de bondad y ternura. Tengo que decir que también estoy sorprendido con todo esto, no me lo habría esperado de él —le contestó él, sonriendo —. Aunque tengo que decir que me gusta lo que ha logrado.

Hermione no dijo nada, pero se puso roja como un tomate. No solía recibir ese tipo de cumplidos, y jamás había sabido cómo reaccionar ante uno de ellos. Se quedó callada, sin dejar de balancearse al ritmo de la música.

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Draco buscó a Granger con la mirada, paseando sus ojos por la pista de baile. La encontró cerca del centro, bailando con Blaise Zabini. Apretó el vaso que sostenía en la mano, al ver que ambos jóvenes se sonreían mientras bailaban. Dejó el vaso sobre la mesa que estaba a su lado, y se internó entre las personas de la pista de baile.

Hermione y Blaise estaban en la mitad de la pista, cuando Blaise sintió que alguien tocaba su hombro. Era Draco Malfoy, quien parecía estar invitando a Hermione a bailar. Blaise soltó la cintura de la joven a regañadientes, y Hermione pasó de sus brazos a los de Malfoy.

Los dos se deslizaron por la pista de baile con habilidad, ambos eran buenos bailarines y se sentían seguros al bailar. Hermione se sentía cómoda bailando con Malfoy, le gustaba sentir la calidez de su mano en la base de su cintura, y tocar la suave tela de su túnica.

Por su parte, Malfoy no lo estaba pasando mal al danzar con ella. Había cosas que le gustaban de Hermione, incluida esa leve manía de intentar guiar al bailar, que él controlaba con su simple movimiento. Granger era diferente, jodidamente diferente.

—¡Vaya, qué pareja más elegante! —Exclamó una voz masculina a sus espaldas, lo que hizo que ambos jóvenes voltearan la cabeza. El embajador Orpington estaba frente a ellos, bailando con la jefa de uno de los departamentos del Ministerio. —Señorita Granger, señor Malfoy, he de decirles que hacen una pareja de lo más encantadora.

—Gracias, señor embajador —contestó Malfoy, dirigiéndole una mirada de superioridad al hombre. Sabía que Granger había causado un gran impacto, y también sabía que ese impacto se debía a él, y sólo a él.

Hermione miró al hombre extrañada, y vio de reojo como Malfoy esbozaba una sonrisa por un instante. Cuando ella intentó mirarlo más detenidamente, la extraña sonrisa ya había desaparecido del rostro del joven.

"Seguramente fue una idea mía, ¿por qué sonreiría Malfoy por algo así?" Pensó ella, arrugando ligeramente la nariz. Aunque no pudo seguir confundida por mucho rato, ya que Malfoy la aferró con aún más firmeza que antes y la arrastró por la pista de baile.

Era un agrado sentir la calidez del cuerpo de Granger junto al suyo, y sentir la mano de la joven en la suya. Aunque no supiera qué era exactamente lo que le gustaba de Granger, decididamente tenía que ver con la forma en la que la chica demostraba su seguridad ante la vida. "Un momento", se dijo, "¿gustarme Granger? Seguramente me estoy volviendo loco." Un mago, vestido con una túnica de gala negra apareció sobre el escenario y empezó a cantar una canción lenta. Las parejas más jóvenes de la pista de baile comenzaron a bailar muy juntos, al ritmo de la canción.

Hermione, por su parte, se limitó a apoyar la cabeza en el pecho del joven, mientras ambos se mecían al compás de la música. Dentro de todo, Malfoy no estaba tan mal. Y Draco pensó que era bueno que Hermione no pudiera verle la cara, porque seguramente se sorprendería al ver que él estaba disfrutando del baile tanto como ella.

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Unas horas más tarde, Hermione y Malfoy regresaron al departamento. Nott había decidido acompañar a Isobel a su casa, por lo que los dos jóvenes volvieron solos. No bien hubieron cruzado el umbral de la puerta, Malfoy dejó escapar un suspiro de alivio y se dirigió al living, donde se derrumbó sobre uno de los sillones. Hermione lo siguió, quedándose parada bajo el dintel que comunicaba el hall y el living.

—¿Y ese suspiro, Malfoy? —Le preguntó, levantando una ceja. De alguna forma que no podía explicar, le había molestado el alivio que se adivinaba en el suspiro. Como si de alguna forma Malfoy estuviera aliviado del estrés que ella le había provocado; y ella no había sido quien le pidiera ayuda.

—Nada, es que estoy feliz de poder descansar de una vez por todas —contestó él, extendiendo las piernas y apoyándolas sobre la mesita de centro. Hermione frunció el ceño al ver eso, pero no se movió del dintel.

—¿Descansar? ¿Tan cansado estás? —Bufó ella, llevándose las manos a la cintura. —Déjame adivinar, estás cansado de dar órdenes y decirme que hacer a cada momento. Debe ser agotador, Malfoy, de verdad te compadezco —agregó con sorna.

—Ni te lo imaginas, Granger —declaró Malfoy, echando la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos —. Eres más insoportable de lo que crees, si tengo que decirlo.

—Bueno, si soy tan insoportable, ¿por qué hipogrifos hiciste todo esto? —Preguntó Hermione. Algo en su tono de voz le indicó que estaba decepcionada de la actitud de Malfoy. Draco no dijo nada, y se levantó del sillón. Lentamente, se acercó a ella, hasta quedar a pocos centímetros de ella.

—Porque se me dio la real gana, ¿te parece una buena respuesta? —Le espetó a la joven, que no retrocedió un paso, dispuesta a enfrentarlo sin importar las consecuencias. —Por si no te has dado cuenta de esto: yo hago lo que quiero, y si no quiero dar explicaciones, no las doy.

—Ah, claro, se me había olvidado que estaba tratando con el gran "Draco yo-hago-lo-que-quiero Malfoy" —dijo ella, sarcástica —. Pero no te preocupes, ya te librarás de esta gran molestia. Aunque no consiga el trabajo, volveré a mi departamento el lunes —dijo, dándose media vuelta y dirigiéndose a las escaleras.

No alcanzó a dar dos pasos, cuando sintió una mano aferrándole el antebrazo. Malfoy la estaba mirando fijamente, de una forma que Hermione no había visto nunca antes.

—Suéltame, Malfoy —logró decir, tras dudar unos segundos —. Ya te dije que te librarás de esta molestia, no tienes nada más que a… —trató de decir, pero no logró terminar su oración, ya que algo completamente inesperado sucedió en ese momento.

Malfoy la besó. De un momento a otro, Hermione sintió que los labios de Malfoy tocaban los suyos con brusquedad. Y por cierto, no le molestaba en lo absoluto. Sus manos se deslizaron por el cuello de la camisa de Malfoy, posándose a ambos lados de la cabeza del joven. Al mismo tiempo, Malfoy apoyó una de sus manos en la espalda de la joven, mientras que la otra la apoyaba en la barbilla de Hermione. Ella le devolvió el beso con delicadeza, acariciando los labios del joven con los suyos. Si en esos momentos pudiera pensar correctamente, seguramente estaría dándose golpes por la estupidez que estaba cometiendo, pero la verdad, el beso de Malfoy la había dejado anonadada y era incapaz de hacer algo más que devolverle el beso apasionadamente.

Ninguno de los dos parecía dispuesto a soltar al otro, hasta que finalmente las neuronas de Hermione decidieron volver a funcionar. ¿Qué estaba haciendo? ¿Estaba besando a Draco Malfoy? Sus reflejos se activaron inmediatamente y se separó ágilmente del joven, subiendo un par de escalones para alejarse de él.

—Yo… este… —dijo, dubitativa, sin saber exactamente qué decir. ¿Qué podía decir, en cualquier caso? Estaba segura de que no quedaba nada por decir —. Me voy a dormir, Malfoy —musitó, mientras terminaba de subir los escalones a toda velocidad.

Malfoy se quedó helado por unos momentos. No tenía idea de cómo había terminado besando a Granger de esa manera. Quizás había terminado de volverse loco, eso no podía estar pasándole.


¿Y? ¿Qué les pareció? ¡Por fin pasó algo entre esos dos! Ahora cambiará todo entre ellos, para bien o para mal. Y quizás ellos se den cuenta de que los prejuicios y esas tonterias que van arrastrando no valen la pena.

Como siempre, muchas gracias a todos los que leen la historia, especialmente a quienes han agregado esta historia a sus favoritos/alertas.

¡Hasta el próximo capítulo!

Muselina