Disclaimer: Los personajes y lugares presentes en la historia a continuación no me pertencen, sino que son propiedad de J.K. Rowling. Yo escribo esta historia sin fines de lucro.
Mi Bella Bruja
Capítulo 24
A la mañana después del baile, algo raro parecía flotar en la atmósfera del departamento. Cuando Hermione bajó a desayunar, Malfoy pareció atragantarse con su café, y con un movimiento extraño terminó por dar vuelta su taza y mancharse la camisa blanca. Para Nott, esa fue la señal número uno de que ese día pasaba algo raro, Draco nunca era tan torpe. Por el rabillo del ojo, Theodore vio que Hermione ostentaba una extraña expresión, mientras seguía con la mirada a Malfoy, quien se había levantado de su asiento y se había dirigido a la cocina rápidamente. La expresión de Hermione fue la señal número dos.
—Hermione, ¿pasó algo anoche? —Le preguntó directamente, nunca había sido de los que usaban indirectas. Al escuchar esa pregunta, Hermione dejó caer la tostada que estaba untando con mantequilla. —¿Me perdí de algo, verdad?
—No sé de lo que me estás hablando —dijo rápidamente Hermione, metiéndose la tostada de lleno a la boca. Nott levantó las cejas, curioso.
—¿Segura? —Preguntó, provocando que Hermione mirara a otra parte. El joven no alcanzó a decir nada más, porque se vio interrumpido por la llegada de Malfoy, quien se había limpiado la camisa. No había que ser un genio para darse cuenta de que el aire ahí podía cortarse con un cuchillo de mantequilla y Nott no podía sentirse más incómodo al notar que estaba justo al medio de un juego de miradas intimidante.
Apenas Malfoy se hubo sentado de nuevo, Hermione saltó de su asiento, como si en él hubiera un resorte. Dejando su desayuno sobre la mesa, se dirigió a la puerta de entrada, tomando su abrigo del perchero junto a la puerta.
—Voy… —dudó la joven, mientras abría la puerta, en dirección al comedor donde estaban los jóvenes —a pasar todo el día con… Harry y Ron —agregó apresuradamente, antes de salir y cerrar la puerta ansiosamente.
—¿Qué les pasa a ustedes dos? —Inquirió Theodore, en dirección a su amigo. Malfoy se había servido una nueva taza de café y estaba bebiéndola tranquilamente, como si nada hubiera pasado. Sin responderle a su amigo, se estiró sobre la mesa para tomar El Profeta que estaba junto al plato de Theodore. —¿Serías tan amable de explicarme qué carajo se supone que pasa con ustedes dos? Hermione y tú están actuando muy extrañamente —protestó Nott, indignado por la actitud de su amigo.
—A mí no me pasa nada —dijo, con toda tranquilidad, mirando a Nott por sobre el borde del diario—. Y en cuanto a Granger, ella es rara, no te preocupes —añadió, leyendo una noticia acerca de las Avispas de Wimbourne. Nott arrugó la nariz, pero se abstuvo de comentar. Tarde o temprano descubriría qué demonios pasaba entre esos dos.
-o-
El lunes después del baile del Ministerio, Hermione fue a su trabajo como lo hacía todos los días. Malfoy y ella no se habían dirigido la palabra durante los últimos dos días, y ambos se evitaban rotundamente. Hermione se sentía confundida, ese beso había sido completamente inesperado, y, a su pesar, le había encantado. Pero, ¡se trataba de Malfoy! ¿Cómo podía ser que de repente el joven le pareciera jodidamente atractivo? Hermione sacudió la cabeza y trató de concentrarse en los papeles que tenía sobre el escritorio. Durante toda la mañana no pasó nada, y a Hermione se le hizo eterna. Lo único que deseaba en ese momento era sabe si conseguiría ese dichoso trabajo o no. Sin embargo, poco después de la hora de almuerzo, un avioncito de papel morado atravesó la oficina donde trabajaba Hermione y la golpeó en plena frente. El avioncito atravesó la oficina, llamando la atención de todos los empleados, que se quedaron mirando el trozo de papel morado, sorprendidos. La joven se quedó mirándolo sin hacer nada, hasta que lo tomó ansiosamente entre sus manos, desdoblándolo con rapidez.
Estimada señorita Granger:
Quisiera hablar hoy mismo con usted, respecto a su futuro laboral. La espero en mi oficina a las tres y media. No tarde.
Esperando que usted se encuentre bien,
Atentamente
Henrietta Tillwater
Encargada de Relaciones Exteriores
Ministerio de Magia
Hermione se quedó helada por unos momentos, sin saber qué pensar. Esa entrevista con la señora Tilwater seguramente sería algo bueno, aunque con esa mujer no se sabía qué esperar. Sin embargo, tenía el presentimiento de que esa entrevista cambiaría todo para bien. Ignorando las miradas de sus compañeros, miró su reloj de pulsera y vio que los palitos marcaban las tres en punto, lo que le daba media hora para revisar su aspecto y asegurarse de estar presentable para la reunión que le esperaba. Tranquilamente, sin apresurarse ni un poco, se acomodó la túnica y se arregló un poco el pelo. Era consciente de que las miradas de todos sus compañeros estaban pendientes de ella, pero le daba lo mismo. Sentía que su vida estaba a punto de cambiar para mejor. Una sonrisa orgullosa iluminó su rostro, mientras se paraba y se dirigía al pasillo que llevaba a la oficina de su jefa. Su paso era confiado y seguro; de repente, le había dejado de importar lo que pasara.
—¿A dónde vas, Granger? —Le preguntó Malfoy al verla pasar junto a su escritorio, con esa sonrisita de suficiencia que parecía haber aprendido de él mismo. Eran las primeras palabras que le dirigía en varios días, y no sabía que esperar de la joven.
—La señora Tillwater me llamó, quiere verme en su oficina —contestó Hermione, con una sonrisa esperanzada. Sorprendentemente, no había actuado como una loca de patio, pensó Draco, antes de dirigirle una mueca que se podía traducir como un "suerte", o lo más parecido a un comentario así que Malfoy pudiera hacer.
Hermione atravesó el pasillo con paso firme, hasta llegar a la oficina de su jefa. De pronto, sintió como si toda la seguridad que la había embargado desde que recibió la carta, se desvaneciera. ¿Y si la llamaban para decirle que ya dejara de postular a puestos que nunca iba a conseguir? Estuvo a punto de salir corriendo de nuevo a su escritorio, y hacer como que el memo nunca le hubiera llegado, pero una Gryffindor nunca huía de sus temores; por el contrario, los enfrentaba sin importarle las consecuencias. Ella no iba a huir. Respirando hondo, tocó la puerta y esperó la respuesta de la mujer, con el corazón en la boca.
—Pase —Hermione empujó la puerta al escuchar la voz de su jefa desde el interior de la oficina. Dentro de la estancia no sólo estaba su jefa, sino también el embajador Orpington, lo que hizo que Hermione se animara nuevamente. Eso auspiciaba buenas noticias para ella. Cuando Hermione entró, el hombre se paró y la saludó amablemente, al igual que la señora Tillwater, quien la miraba con curiosidad.
—Por favor, señorita Granger, siéntese —dijo el embajador, indicándole la silla. —¿Puedo ofrecerle algo para beber? ¿Té, café, agua, jugo de calabaza?
—No, gracias —respondió Hermione, sentándose en la silla que el hombre le había indicado —. ¿Para qué me llamaba, señora Tillwater? —Agregó, en dirección a su jefa.
—Bien, señorita Granger, la he llamado aquí para comunicarle que el señor embajador quedó realmente impresionado por usted, el otro día en el baile. Al parecer, según tengo entendido, usted expresó interés en una carrera diplomática en otro país —Hermione asintió a esas palabras, nerviosa por lo que las seguiría —. Bueno, esta mañana el señor Orpington se presentó aquí para decirme que la quiere a usted en la embajada.
—Permítame, señora Tillwater —dijo el embajador, haciendo que la mujer se callara inmediatamente —. Verá, señorita Granger, creo que usted está perfectamente capacitada para una carrera diplomática. Además de tener unas excelentes calificaciones, usted tiene el porte y los modales adecuados para representar a nuestra comunidad en el extranjero. Quiero que usted trabaje en la embajada en París, señorita Granger. Será usted mi mano derecha, necesito a alguien en quien pueda confiar para ese puesto y usted es simplemente perfecta.
—Muchas gracias, señor Orpington —murmuró Hermione, mirando con gratitud al hombre. No cabía en sí de felicidad, ¡había logrado cumplir su mayor sueño! Estaba segura de que si no fuera porque aún estaba frente a ambos funcionarios, en esos momentos estaría saltando y bailando como una loca. Tendría que agradecerle a Malfoy por toda la ayuda que él le había prestado las últimas semanas, y quizás, solucionar eso que sentía cuando estaba cerca de él. Con dificultad, logró contener su alegría, mientras escuchaba al señor Orpington describir sus futuras funciones como vice-embajadora, y los términos del contrato que tendría que firmar.
-o-
Cuando Hermione salió de la oficina de la señora Tillwater, un largo rato después, una brillante sonrisa decoraba su rostro. Lo que había tenido que soportar, las horas que había pasado parada o caminando con libros sobre su cabeza, las comidas con miles de cubiertos, y todo eso había valido la pena y ella había logrado su objetivo. Estaba tan animada, que se sentía capaz de ir donde Malfoy, y besarlo de nuevo. Se sonrió sólo al pensar en eso, ¿de verdad se atrevería?
—¿Por qué esa sonrisa, Granger? —Una voz masculina la sacó de sus pensamientos, devolviéndola a la realidad del pasillo del Ministerio. Era Malcom Illminster, otro de los empleados del Departamento, un par de años menor que ella. Hermione no recordaba haber cruzado más de dos o tres palabras con él, por lo que le sorprendió que la saludara de esa forma.
—Voy a trabajar en la embajada de París, Illminster —contestó, orgullosa de sí misma —. La señora Tillwater me acaba de llamar para decírmelo.
—Oh, Malfoy va a estar contento —fue la respuesta que recibió por parte del joven, quien se empezó a alejar de ella con las manos en los bolsillos. Algo en el tono de voz de Illminster llamó la atención de Hermione, casi tanto como lo que había dicho.
—Espera un segundo —dijo, alcanzándolo y tomándolo del brazo para obligarlo a detenerse —. ¿De qué estás hablando?
—De la apuesta, querida Granger —dijo él, como si nada —. Malfoy apostó conmigo que lograría que tú consiguieras ese trabajo que tanto querías. Tengo que reconocer que fue de lo más interesante, en todo caso. Ahora tendré que pagarle —agregó, como si estuviera quejándose.
Hermione, por su parte, se quedó helada. Siempre había sospechado que Malfoy tenía otros motivos para ayudarla, pero en el fondo de sí misma esperaba que él de verdad fuera una buena persona. Se había equivocado como una estúpida y se sentía como tal. ¿Cómo había podido ser tan idiota? No debería haber caído tan fácilmente en el estúpido jueguito de Malfoy. Se sentía usando y Illminster le dirigió una sonrisa burlona, y la dejó sola en el pasillo. De pronto, a Hermione se le quitaron las ganas de hablar con Malfoy.
-o-
Unas horas después, Hermione salió de la oficina con una expresión inescrutable. Ya era bastante tarde, y la mayoría de los trabajadores del Ministerio ya se habían ido a sus hogares. Se dirigió a su oficina, a buscar sus cosas, encontrándose con que estaba completamente vacía, por suerte para ella. No se sentía capaz de enfrentarse a nadie. Con la mirada clavada en el suelo, tomó su bolso de su escritorio y se encaminó a la salida. Se subió a uno de los ascensores, subiendo hasta el vestíbulo. Se sintió estúpida al recordar lo sucedido el sábado anterior en el baile del Ministerio. Salió del edificio del Ministerio, sin mirar a ninguna de las personas con las que se cruzó a los ojos. No quería que nadie viera lo humillada que se sentía. Una vez afuera del edificio, movió su varita para aparecerse frente a la puerta del departamento de Malfoy y Nott. Aunque no le gustara, tendría que enfrentarlo.
Abrió la puerta, y se encontró con sus dos compañeros en el hall. Los dos la miraban con las cejas levantadas, esperando las noticias de Hermione.
—¿Qué quería la vieja Tillwater? —Preguntó Malfoy, mientras Hermione se dirigía a las escaleras, sin decir nada. Él y Nott se pararon de donde estaban sentados en el living, y la siguieron. —Vamos Granger, te mueres de ganas de decirlo. ¿Qué pasó?
—Tengo el trabajo —fue la simple respuesta de Hermione, dándose media vuelta y mostrando su rostro inexpresivo —. Tengo el trabajo en la embajada. Soy la nueva asistente del embajador —agregó, sin mostrar la emoción que cabría esperar con ese tipo de noticias. No se sentía capaz de demostrar sus sentimientos, principalmente porque estaban tan mezclados que la confundían.
—¡Bien hecho, Hermione! —La felicitó Nott, aunque se quedó mirándola extrañado, algo le pasaba a la joven. Malfoy, por su parte se mantuvo a cierta distancia, mirando a la joven con una mueca inescrutable en el rostro.
—Sí, bien hecho Granger —dijo, con sorna luego de unos minutos, aún no entendía que le pasaba a esa joven —. Aunque claro, tienes que reconocer que el mérito es casi todo mío. Sin mí, no hubieras llegado a ninguna parte —agregó, con un tonito de superioridad que molestó mucho a Hermione, quien lo miró, furiosa.
— ¡Claro, por tu estúpida apuesta! —Protestó, indignada. Ella había pensado agradecerle a Malfoy por toda la ayuda que él le había prestado, pero después de descubrir lo de la apuesta, ni pensaba en darle todo el crédito a él, ella también había hecho mucho por conseguir. — ¡Si mal no me equivoco fui yo la que estuvo paseándose por ahí en unos tacones imposiblemente altos! ¡Yo fui la que soportó a los estirados de tus amigos! Tuve que soportar tus críticas e insultos, además de a ti. ¡Y todo por ganar una apuesta! ¡Por Merlín, Malfoy, eres despreciable!
—Ni se te ocurra despreciar mi ayuda, yo te ayudé con toda esta tontería, no puedes negarlo Granger… — empezó a discutirle Malfoy, quien también parecía estar muy indignado con ella —. Espera un momento, Granger, ¿dijiste apuesta?
—Sí, Illminster me lo dijo hace un rato —lo interrumpió ella, quien se había llevado las manos a la cintura y lo miraba furiosa —. ¿Y sabes? Ni siquiera me importa que me hayas usado para tu apuestita, lo que de verdad me indigna es que no me lo hayas dicho —le espetó, casi sin detenerse a respirar —. Al menos podrías fingir que te importa algo que yo haya conseguido el trabajo.
—Y tú podrías reconocer que sin mí, no hubieras llegado a ninguna parte, con o sin apuesta —dijo Malfoy, obstinado, no estaba dispuesto a dejar que esa bruja mal genio lo hiciera sentirse culpable —. Reconoce que no fuiste tú quien consiguió ese trabajo, sino yo. Te lo dieron por cómo actúas, no por tus calificaciones.
—De hecho, el embajador dijo que estaba impresionado por mis calificaciones, y que eso fue lo que lo decidió a contratarme —repuso Hermione, quien se iba poniendo más furiosa por momentos —. Pero claro, tú eres el centro del mundo, y absolutamente todo lo que pasa en él tiene que ver contigo —agregó con sorna y apretando los labios.
—No pongas en mi boca cosas que no he dicho, Granger —siseó el joven, peligrosamente.
—Es lo que piensas, no puedes negarlo. — Espetó Hermione. —Al menos con esto se explica todo, nunca entendí por qué querías ayudarme. Eso se contradecía con tu egoísmo y con eso de que te sientes superior a todos. Vamos, Malfoy, sé sincero. Sin la apuesta, ¿por qué me habrías ayudado, si te importo un comino?
—Nunca he dicho que me importes un comino, Granger —musitó él en voz baja, súbitamente herido por la acusación de la joven —. Pero si tienes que saberlo, la apuesta no fue la única razón por la que acepté ayudarte con esta estupidez.
—No te creo —declaró Hermione, obstinada —. Tengo muy claro que yo fui sólo una herramienta para que ganaras esa apuesta—añadió Hermione, con un tono helado, que Malfoy nunca habría esperado de ella —. Gracias por aclarar eso. — terminó, ella también estaba herida por las últimas palabras de Malfoy.
Nott estaba parado, viendo como ellos dos discutían y sin saber qué demonios decir. Ambos jóvenes parecían estar dispuestos a sacar sus varitas y enfrentarse en un duelo ahí mismo. Cuando Hermione soltó su última frase, se dio media vuelta y se dirigió a su pieza subiendo los escalones a toda prisa. Nott le dirigió una mirada irritada a Malfoy y salió tras Hermione, para tranquilizarla.
—Hermione, no reacciones así. Deja que te expliquemos —le dijo, deteniéndola antes de que ella pudiera terminar de subir las escaleras —. Tranquilízate, por favor.
— ¿Tú también sabías de esto, Theodore? —Le preguntó Hermione, levantando las cejas con un gesto interrogador. Nott bajó la cabeza, sintiéndose culpable. —Creo que no hay nada más que hablar. Yo creí que éramos amigos, Theodore —agregó ella, dolida. Se soltó del agarre de Nott y subió rápidamente el tramo de las escaleras que le faltaba. Los dos jóvenes escucharon el portazo que ella dio, desde el primer piso.
—¿Estás contento, Draco? ¡Se enojó de nuevo! —Le preguntó Nott a su amigo, señalando las escaleras.
—Déjala, para mañana se le habrá pasado y todo estará bien —bufó Malfoy, sirviéndose un vaso de whisky de fuego. No le habría admitido ni a su sombra que se sentía un poco culpable por el enojo de Hermione.
—No lo sé…Creo que esta vez sí la heriste —señaló Nott, dudoso. Malfoy le dirigió una mirada de odio intenso.
—No te metas, Theodore —fue la única respuesta de Malfoy. Nott se encogió de hombros y subió a su pieza, dejando a Malfoy solo en el living.
Como siempre que estaba particularmente molesto acerca de algo, Malfoy se sirvió un vaso de whisky de fuego y se derrumbó sobre el sillón. Sí, se sentía mal por haber ofendido a Granger. Tenía que reconocer que ella le caía bastante bien y que era muy agradable, a pesar de ser la sabelotodo de siempre. Había aprendido a conocer el lado amable de la joven, el lado que mostraba que Hermione era leal a sus amigos, ambiciosa y decidida. Nunca había conocido a alguien como ella, era completamente distinta a sus antiguas compañeras de Hogwarts, y a las hijas de los amigos de sus padres. Y al mismo tiempo, Granger era capaz de irritarlo a niveles impensables. Era cabezota, mal genio y mandona, y eso lo exasperaba. Sin embargo, esas mismas características la hacían distinta al resto.
"¿Qué estoy haciendo?", se dijo, furioso. "Es Granger, ¡por Merlín! Es la amiga de Potter, sabelotodo y sang… hija de muggles. No puedo pensar que ella es atractiva o algo así. ¡Es Granger!". Su mente estaba tan confundida como lo estaba la noche del baile. "¿Cómo se me ocurrió besarla? Qué estupidez más grande." Suspiró y se levantó del sillón, pensando que por lo menos Granger se iría pronto a París, y dejaría de verla. Quizás así podría sacársela de la cabeza.
-o-
Hermione estaba en su pieza, se sentía herida, y le dolía mucho el haberse dado cuenta de que sólo había sido un medio para que Malfoy ganara su apuesta. A pesar de sus muchas peleas, habían empezado a llevarse mejor y Hermione había descubierto un lado de Malfoy que desconocía hasta ese momento. Había conocido a un Malfoy leal, culto, e incluso amable a ratos. La había sorprendido gratamente, tanto que incluso llegó a considerarlo atractivo. E incluso, había sentido algo por él. Se sentó en la cama, escondiendo la cara entre las manos, furiosa consigo misma. "¿Cómo se me pasó por la cabeza enamorarme de Malfoy?", pensó, en su fuero interno había querido pensar que Malfoy también sentía algo por ella.
"No puedo quedarme aquí. Tengo que irme lo antes posible", pensó, levantándose de la cama. Con un movimiento de varita hizo aparecer un baúl abierto en el suelo de su habitación.
—Bauleo —dijo en voz alta, volviendo a agitar su varita. Sus cosas comenzaron a volar a través de la pieza, hasta guardarse en el baúl, perfectamente dobladas y ordenadas. Apuntó nuevamente al baúl con su varita, haciéndolo liviano como una pluma.
Su mente estaba funcionando a mil por hora, mientras decidía a donde ir. Balanceó diversas opciones, mientras analizaba fríamente las ventajas y desventajas de cada una. La casa de sus padres estaba descartada, a ella le gustaba la ciudad, y aunque sólo le quedara unos días en Londres no iría con sus padres, aunque debía hacerles una visita antes de irse. Las de sus amigos tampoco le parecieron una buena idea. No quería que Malfoy apareciera al día siguiente fuera de la casa de Harry o la de Ron, era obvio que eso ocasionaría una pelea entre sus amigos y Malfoy. Y tampoco tenía muchas ganas de escuchar los "te lo dije" de sus amigos. Pero había un lugar al que podía ir, y donde Malfoy nunca se le ocurriría buscarla.
—Locomotor baúl —susurró, apuntando su baúl con la varita y asomándose por la puerta. Todas las luces del departamento estaban apagadas, de lo que dedujo que los dos jóvenes se habían quedado dormidos. Intentando no hacer ruido, bajó por las escaleras, tras su baúl flotante. Con cuidado, abrió la puerta y salió del lugar.
Bueno, un capítulo más largo de lo habitual. ¿Qué les pareció? Por una parte, Hermione debería estar feliz con eso de haber conseguido su trabajo soñado; y por otra, se siente herida y traicionada. Y el pobre Nott, soportando toda esa tensión (sexual) entre ambos, deber ser muy estresante, ¿no creen? Y por último, la pregunta del millón: ¿dónde va Hermione?
Como siempre, muchas gracias a los que leen esta historia, y muy especialmente a quienes se han tomado la molestia de dejar reviews o agregar esta historia a sus favoritos y alertas.
Por otra parte, me da mucha pena decirles que estamos llegando al final de esta historia, quedan sólo dos capítulos que espero que les gusten mucho.
¡Hasta el próximo capítulo!
Muselina
