Disclaimer: Los personajes y lugares presentes en la historia a continuación no me pertencen, sino que son propiedad de J.K. Rowling. Yo escribo esta historia sin fines de lucro.

Mi Bella Bruja

Capítulo 25

Nott se asomó a la cocina, donde Malfoy estaba tomando desayuno. Le sorprendió no ver a Hermione ahí, ya que siempre se levantaba mucho antes que ellos. Estaba acostumbrado a despertarse y ver a la joven ahí, comiéndose un par de tostadas con una taza de café con leche al frente.

—¿Y Hermione? —Le preguntó a Malfoy. El joven se limitó a encogerse de hombros, mientras masticaba una tostada con mermelada y hojeaba el suplemento deportivo de "El Profeta". —¿No las has visto?

—¿Tendría que haberlo hecho? No soy su niñera —masculló Malfoy, con malos modos —. Seguramente ya se fue al trabajo. Yo te dije que se le pasará rápido.

Nott asintió, no demasiado convencido y se sirvió un plato de cereales con leche. Estaba verdaderamente preocupado por Hermione, sólo con verla la noche anterior se había dado cuenta de que estaba profundamente dolida, y se sentía un poco culpable por ello. Tenía un mal presentimiento acerca de todo el asunto, algo no estaba bien.

Cuando los dos jóvenes llegaron a su oficina, se encontraron con que el escritorio de Granger estaba vacío, y despejado de las habituales montañas de papel que solía tener encima. Malfoy se acercó a la recepcionista de la sección.

—Bianca, ¿no has visto a Granger? —Le preguntó a la mujer, apoyando las manos en el mesón donde trabajaba la mujer.

—Sí. Vino esta mañana a buscar sus cosas. Aparentemente le ofrecieron un excelente puesto en París, como la asistente del embajador. Me imagino que sabes que es lo que siempre quiso, aunque tengo que decir que esta mañana no parecía muy contenta —dijo la mujer, esforzándose en recordar la escena de esa mañana —. ¿A dónde va, señor Malfoy? —Agregó al ver que Malfoy salía disparado hacia el área de los ascensores.

—Discúlpalo, Bianca. Se levantó con el pie izquierdo esta mañana —le contestó Nott, echando a correr tras su amigo. Logró alcanzarlo mientras él entraba a un ascensor. —¿Puedes explicarme qué dragones pasa?

Malfoy no le contestó, sino que se limitó a apretar la mandíbula y los puños. La voz femenina del ascensor anunció: "Segunda Planta: Departamento de Seguridad Mágica, Oficina Contra el Uso Indebido de la Magia, Cuartel General de Aurores y Servicios Administrativos del Wizengamot; Oficina contra el Uso Indebido de Artefactos Muggles".

Al oír eso, Malfoy salió del ascensor, y atravesó los diversos pasillos, seguido de Nott, hasta llegar a los Cuarteles de los Aurores, que estaba recubierta de carteles de "se busca" y mapas con alfileres de colores. Malfoy se abalanzó sobre una puerta en la que se leía "Harry Potter, Jefe del Departamento de Aurores".

—¡Potter! ¿Dónde demonios está Granger? —Vociferó, haciendo que algunos Aurores levantaran las cabezas de sus escritorios. Harry le dirigió una mirada extrañada, hasta donde él sabía, Hermione vivía con Malfoy, él no tenía por qué saber dónde estaba su amiga.

—¿De qué estás hablando, Malfoy? Tenía entendido que Hermione estaba viviendo en tu casa. ¿Por qué tendría que saber yo dónde está? —Un segundo después de decir eso, Harry se dio cuenta de que algo extraño estaba pasando ahí. —Espera, ¿me estás diciendo que no sabes dónde está? ¿Qué demonios pasó?

—Granger desapareció. ¿No está contigo? —Replicó Malfoy, con los labios apretados. Harry arrugó el ceño ante la actitud del joven. Ahí había algo raro, algo que no alcanzaba a entender.

—No, no está conmigo… —antes de que Harry alcanzara a decir algo más, Malfoy salió disparado de vuelta hacia el ascensor. Nott volvió a seguirlo, exasperado por no entender nada de lo que estaba pasando.

—Draco, ¿serías tan amable de decirme qué pasa? —Malfoy no le contestó, sino que miró a otra parte. —Por lo menos, ¿serías tan amable de decirme a dónde rayos se supone que estás yendo? —Agregó, sin recibir respuesta por parte de su amigo. Nott maldijo entre dientes, mientras el ascensor seguía subiendo. La voz femenina anunció que habían llegado al vestíbulo, donde Malfoy volvió a salir disparado hacia las chimeneas, empujando a un mago que venía en sentido contrario. Al llegar a una chimenea, se introdujo en ella, tomó un puñado de polvos flú en la mano, y los tiró al fuego.

—¡Callejón Diagon! —Nott rodó los ojos, y lo imitó un par de segundos después de ver desaparecer a Malfoy. Seguía sin entender qué rayos pasaba por la cabeza de su mejor amigo.

Apareció en una chimenea de un local en el callejón Diagon, donde había una bruja que lo miraba sorprendida.

—Disculpe, señora —dijo Nott, saludándola educadamente con una inclinación de cabeza —. ¿No ha visto a un joven rubio que apareció aquí? Seguramente estaba algo apurado.

—Sí, se fue por allá —contestó la bruja, que aún parecía shockeada, indicándole por dónde se había ido su amigo. Nott le agradeció y corrió en la dirección que la mujer le había indicado. Logró distinguir el pelo rubio de su amigo entre la multitud, sorprendiéndose al verlo entrar a "Sortilegios Weasley". ¿En qué estaba pensando ese animal? Mascullando insultos dirigidos a Malfoy, Nott entró también a la tienda de bromas.

Malfoy atravesó todo el local a grandes zancadas, buscando a Ron. Los dependientes lo miraron extrañados, era bastante mayor que su clientela habitual, y parecía estar verdaderamente furioso. Ron Weasley se dio cuenta de que algo estaba pasando en la tienda y fue a la fuente de la inquietud, encontrándose con Malfoy, bastante irritado, en la mitad de la tienda.

—¿Malfoy, qué haces aquí? —Preguntó Ron, extrañado por la presencia de Malfoy. Nunca se habría imaginado al aristocrático joven entrando a la tienda. Era tan rara como la idea de MacGonagall usando un tutú y mallas de bailarina; cosas que simplemente no pasaban en la vida real.

—¿No has visto a Granger, Weasley? —Le espetó Malfoy de malos modos, apenas escuchó la pregunta de Ron. Ron levantó las cejas al escucharlo, no sabía de Hermione desde la fiesta de su matrimonio, acababa de volver de su luna de miel y ni siquiera había hablado con ella. ¿Por qué estaba Malfoy interrogándolo acerca de su paradero? Ni que él fuera su niñera, ¡por Merlín! —Desapareció de mi casa anoche, y no estaba con Potter —explicó Malfoy, al ver que la cara de Ron demostraba que no entendía nada de lo que estaba pasando.

—¿Qué estás diciendo, Malfoy? ¿No sabes dónde está? —Dijo el joven, con los ojos casi echando chispas. —¿Qué mierda le hiciste? —Bufó, acto seguido, lanzándose hacia Malfoy y dándole un sonoro puñetazo, a lo muggle.

Malfoy se tambaleó por la fuerza del golpe, pero no perdió el equilibrio y se abalanzó sobre Ron dispuesto a golpearlo de la misma forma. Su puño se estrelló contra la mandíbula de Weasley, obligando al otro joven a retroceder. Sin embargo, Ron no estaba dispuesto a dejar las cosas así, y apenas pudo, intentó golpear a Malfoy en el estómago.

—¡Impedimenta! —Gritó George, desde el otro lado de la tienda, haciendo que los dos jóvenes se separaran violentamente, y que ambos chocaran violentamente contra unas cajas.

Nott acababa de entrar al local, cuando se encontró con una escena muy curiosa: Ron Weasley estaba tirado en el suelo, entre varias cajas de Surtidos Saltaclases, mientras que Malfoy estaba sentado entre varios frascos de pociones. George Weasley estaba parado en la mitad de la tienda, intentando devolver las cajas y frascos que estaban esparcidos por todo el suelo del local.

—¿Qué pasó? —Le preguntó Nott a Malfoy, ayudándolo a incorporarse. George le dirigió una mirada curiosa, sorprendido por la aparición del otro joven. Al parecer, Malfoy estaba demasiado enojado como para contestar.

—No sé, pero escuché unos gritos, y cuando llegué aquí, estos dos animales se estaban golpeando a lo muggle —contestó George, antes de que Malfoy pudiera responderle —. ¿Tú eres Nott, verdad? ¿Serías tan amable de llevarte a tu amigo? No tengo interés en que él y mi hermanito destruyan la tienda —agregó, mientras ayudaba a Ron a levantarse. Ron le dirigió una mirada de odio a Malfoy, y trató de soltarse de su hermano.

—¿Qué le hiciste, desgraciado? —Maldijo el joven, furioso, mientras su hermano se esforzaba en contenerlo. Nott tuvo que hacer lo mismo con su amigo, quien parecía dispuesto a terminar de golpear a Ron.

—¡Nada, estúpido! Ayer se enojó conmigo por una estupidez y esta mañana ya no estaba — vociferó Malfoy, mientras Nott lo obligaba a dar media vuelta y salir de la tienda —. Mierda, Nott. No tengo ni idea de dónde puede estar Granger.

—Hermione ya es grande, no creo que necesite que la cuides. Seguramente ella volverá cuando se le pase el mal genio —contestó Nott, intentando calmar a su amigo, que parecía cada vez más alterado.

—¡Más le vale volver! Invertí tiempo y dinero en ella, lo menos que puede hacer es agradecérmelo como persona bien educada —bufó Malfoy, empujando a su amigo y alejándose de él con brusquedad —. ¡Mujeres! ¿Quién las entiende? —Agregó, bufando. En ese momento, Malfoy lo miró como si súbitamente se le hubiera ocurrido una brillante idea. —¡Claro!

Agitó su varita, y desapareció ante las narices de Nott, quien masculló una maldición. Nunca iba a comprender a Malfoy y sus tonterías, mucho menos cuando se ponía así. Frustrado, se dirigió a la heladería de Florean Fortescue, que era regido por uno de los sobrinos del desaparecido mago. Si no podía saber a dónde se había ido Malfoy, al menos podría disfrutar de una buena copa de helado.

-o-

Malfoy se apareció frente al portón de hierro forjado de Malfoy Manor con un suave estallido. Apretando los labios, corrió por el camino de grava que llevaba a la puerta de la casa, y al llegar a la puerta, la golpeó violentamente con la aldaba. Unos segundos después, la puerta se abrió revelando al mayordomo, quien lo miraba con las cejas levantadas.

—Señor Malfoy, ¿qué desea? —Le preguntó, con el tono circunspecto que le caracterizaba, mientras Malfoy entraba arrolladoramente a la casa, ignorándolo completamente.

—¿Está mi madre? Tengo que hablar con ella —replicó Malfoy, parándose en la mitad del hall de entrada —. ¡Madre! ¡Madre! —Exclamó, dirigiéndose al segundo piso.

Su madre apareció en la escalera, con una expresión calmada en su rostro. Al ver a su hijo, levantó las cejas al ver el estado de agitación del joven.

—Madre, ¿has visto a Granger? —Le preguntó con los labios apretados. Su madre no le contestó inmediatamente, sino que lo tomó del brazo y lo arrastró hacia el living. Malfoy bufó, exasperado por la calma que mostraba su madre.

—Sí, la chica vino anoche, parecía muy alterada. ¿Qué le hiciste, Draco? —Le preguntó la mujer, mientras se sentaba con elegancia en el sofá. Malfoy se quedó parado, mirando la chimenea con aire ausente. ¿Estaría Granger aún ahí?

—Nada, madre. No le hice nada. ¿Por qué todo el mundo cree que le hice algo? Anoche estaba muy contenta porque había conseguido el trabajo de sus sueños, lo único que hice fue decirle que sin mí, no habría llegado a ninguna parte —Narcissa le dirigió una mirada severa, como si intuyera que su hijo no estaba diciéndole todo lo que había pasado. Ante esa mirada de su madre, Draco no pudo evitar añadir algo más. —Está bien, también le dije lo de la apuesta. Ella dice que está dolida porque no le dije antes y todo eso.

Narcissa rodó los ojos al escuchar el comentario de su hijo. Era obvio que Malfoy no consideraba que lo que había dicho estaba mal, a pesar de que había visto la reacción de Hermione. Con un movimiento de varita, hizo aparecer un juego de té sobre la mesita del living.

—Tranquilízate, Draco. ¿Una taza de té? —Preguntó Narcissa, sirviendo dos tazas de té con delicadeza, como si no estuviera pasando nada.

—Madre, quiero ver a Granger —espetó Malfoy, haciendo una mueca similar a la que hace un niño caprichoso cuando le niegan un deseo —. ¿Dónde está? —Draco Malfoy siempre obtenía lo que quería.

—Arriba, le dije que esperara un rato antes de bajar, para darte tiempo de calmarte. Ella no tiene la culpa de tu mal genio —le contestó Narcissa, ofreciéndole una taza de té con absoluta calma. Malfoy la rechazó, frunciendo el ceño. —No pongas esa cara, te ves terrible, Draco. Cualquiera diría que acabas de estar en una pelea.

Su conversación fue interrumpida por la aparición de Hermione, quien bajó por las escaleras, luciendo muy calmada. Lentamente y con mucha calma, pasó junto a Malfoy. En su interior, sintió un ligero estremecimiento al pasar junto al joven, aunque se obligó a sí misma a mantener la compostura.

—Buenas tardes, Malfoy —lo saludó, con una sonrisa tranquila. Sin decir nada más, se sentó junto a Narcissa y se sirvió una taza de té, sin dirigirle una segunda mirada a Malfoy. El joven le dirigió una mirada irritada, que ella ignoró olímpicamente.

—¿Buenas tardes? ¿Buenas tardes? —Malfoy le preguntó, incrédulamente. Hermione le devolvió una sonrisa inocente y bebió de su taza de té con un gesto delicado. — ¿Así me saludas, Granger?

—Creo que mejor los dejo solos —señaló Narcissa, levantándose del sillón y saliendo de la habitación. Hermione bebió otro sorbo de su taza, sin mirar a Malfoy a los ojos. Sabía que si lo hacía, no sería capaz de decirle todo lo que estaba pasando por su cabeza en esos momentos. Simplemente no sería capaz.

— ¿Qué? ¿No vas a decir nada? —Espetó Malfoy, mirando a Hermione, quien esquivó su mirada con decisión. En cambio, ella esbozó otra sonrisa inocente, dejando su taza cuidadosamente sobre la mesa.

—¿Debería decir algo? —Preguntó ella, fingiendo ingenuidad. —Espera, quizás sí debería hacerlo… —dudó, arrugando la nariz mientras pretendía pensar —. Déjame pensarlo unos segundos, ¡ah, sí! Te perdono por ser un egoísta, creído y arrogante, y te agradezco por la ayuda que me prestaste, aunque haya sido completamente interesada —agregó, levantándose de su asiento y parándose ante Malfoy.

—¿Así me lo agradeces? —Preguntó Malfoy, con sorna. —Ya te lo dije anoche, sin mí, no habrías llegado a tener lo que conseguiste. Gracias a mí tienes ese trabajo que tanto querías, deberías agradecerme de rodillas por eso.

—¿Agradecerte? Pero si tú también sacaste tu tajada de todo esto, Malfoy —replicó ella, indignada, pero sin perder la compostura —. Ya te di las gracias, si esto te interesa tanto. Sin embargo, creo que tú deberías pedir disculpas.

Malfoy le dirigió una mirada furiosa, ¿qué se creía ella para exigirle que le disculpara? Él la había transformado en lo que era, él le había conseguido ese trabajito que ella tanto anhelada, ¿y ella le pedía disculpas? Sintió como la ira lo invadía por completo, y apretó los puños antes de contestar.

—¿Disculparme? ¿Por qué? ¿Por transformarte en una dama? ¿Por conseguir que te den ese famoso trabajo? —Dijo, intentando contener la ira, pero sin poder ocultar el sarcasmo en su tono. —Claro que me disculpo. De hecho, debería ir ahora mismo donde el embajador a decirle lo mucho que siento que tenga que soportarte a ti y tus bipolaridades.

Hermione le dirigió una mirada helada al oír eso, y se levantó del sillón donde estaba. A paso lento, se dirigió a las flores que adornaban el borde de una de las ventanas. Con su varita, hizo aparecer un regador, que flotaba sobre las flores y les dejaba caer agua.

—¿Qué haces, Granger? Vuelve al departamento, y hasta que te vayas a París todo podrá ser como antes —dijo Malfoy, luego de unos momentos de silencio. Al ver que Hermione parecía decidida a ignorarlo con todas sus fuerzas, Draco agregó —: Vamos, no seas testaruda. Me lo debes, sin mí no habrías llegado a ninguna parte.

—¿Sabes cuál es tu problema, Malfoy? Crees que todo el mundo gira en torno a ti, y que los demás no podríamos vivir sin ti —le espetó Hermione, dejando el regador a un lado y llevándose las manos a la cintura —. ¿Pero sabes qué? Eso no es verdad, si tú no estuvieras el mundo sería un lugar mucho mejor. Y si te pido que te disculpes, es por tus constantes agresiones e insultos.

—Granger, quisiera saber si alguna vez me has visto tratar a alguien mejor —Hermione arrugó el ceño y negó con la cabeza —. No, ¿verdad? Eso es porque yo trato a todos de la misma forma, no hago distinciones entre hijos de muggles o no.

—Esa es la diferencia que tienes con Theodore. Él siempre me trató como a un igual, y me sentía como una igual. Tú nunca fuiste capaz de asumir que yo tenía tanto derecho como tú a ser respetada —declaró, mirándolo a los ojos por primera vez en ese largo rato —. Pero claro, se me olvida que nadie está a la altura del perfecto y genial Draco Malfoy —añadió con sorna.

¡Por Merlín! Esa mujer iba a terminar por volverlo loco. Lo mejor para su salud mental era irse de ahí lo más rápidamente posible, y dejar que las cosas siguieran su curso. Pero había algo más que necesitaba saber. Odiaba estar ahí con ella, especialmente si ella lo miraba con esos ojos inundados de desprecio. ¿Acaso ella no podía mirarlo de otra forma? Pero ahí estaban, a pocos centímetros de distancias, asesinándose mutuamente con la mirada. Ahí no había ni ganadores ni perdedores.

Por su parte, Hermione estaba encontrando cada vez más difícil mantener el control de sus emociones. En ese momento, lo único que quería era echarse a llorar, pero no iba a cejar delante de Malfoy. No iba a demostrarle que le afectaba lo que él pensaba de ella. Y aún así, hubiera querido que ese momento durara para siempre, como si sintiera que nunca más iba a haber un momento parecido entre ambos.

—¿Y qué pasará con Blaise, Granger? —Preguntó a bocajarro, los ojos de Hermione se abrieron de par en par al escuchar la pregunta, y ella se puso roja como un tomate. —¿Vas a dejarlo en Londres, solo y con el corazón roto? No me esperaba eso de ti.

Hermione sintió un intenso deseo de saltarle encima y golpearlo con todas sus fuerzas. ¿Cómo era capaz ese cretino de sacar un tema así en una situación como esa? Típico de su arrogancia, esperar una respuesta a una pregunta que jamás debió ser formulada.

—Eso no es asunto tuyo —bufó, pero algo en los ojos de Malfoy la hizo seguir hablando —. Al menos, Blaise supo respetarme, y si quiero seguir saliendo con él, es problema exclusivamente mío —dijo Hermione, con una altivez que no tenía nada que envidiarle a la arrogancia de Malfoy.

—En ese caso, Granger —declaró Malfoy, dirigiéndose al vestíbulo —, creo que ya no tenemos nada que hablar —añadió, mientras atravesaba el vestíbulo a grandes zancadas y desaparecía dando un portazo.

Al escuchar el atronador sonido que resonó por toda la mansión, Hermione se dejó caer sentada sobre uno de los sillones. Al menos lo peor ya había pasado.


¿Qué les pareció? Claramente ambos necesitan dar su brazo a torcer, el problema es que ninguno quiere hacerlo. Pero bueno, ya queda sólo un capítulo. ¿Qué creen que pasará? Por cierto, varias le acertaron al decir que iba a ir la Mansión Malfoy, ¡buena deducción!

Como siempre, gracias a todos los que leen esta historia, en especial a quienes han dejado reviews o agregado esta historia a sus favoritos/alertas.

¡Hasta el próximo capítulo!

Muselina