Card Captor Sakura y sus personajes pertenecen a CLAMP.
Las consecuencias del alcohol
Sakura se despertó aquella mañana en la cama de aquel guapo extraño con un gran dolor de cabeza y desnuda. Ese encuentro se hubiese quedado en un lío de una noche sino fuera porque al día siguiente se presentó ante toda su clase como el nuevo profesor.
Capítulo 6. Una fiesta sobre ruedas.
POV Sakura
Salí de casa saltando las escaleras del porche, derrapé en la calle y empecé a patinar con todas mis fuerzas. Seguramente sabréis qué me pasaba. Y si tiene que ver con que una vez más llego tarde a la universidad, estáis en lo cierto. A veces pensaba que mi vida era monótona, pero luego rememoraba recuerdos, dándome cuenta que la rutina era la única cosa que no adornadaza mi día a día. Sin embargo, eso no me importaba en absoluto puesto que esta vez, aunque me saliera alas y volara por todo el cielo a la velocidad de la luz, no llegaría a tiempo para entrar a la primera clase, así que hice lo que todo el mundo hubiese hecho en mi lugar: aminorar la marcha y patinar lentamente.
Ya decían que de perdidos al río.
A pesar de mover los pies como si me pesaran toneladas, llegue a la universidad cuando aún quedaba media hora para terminar la clase.
Genial.
Ahora tendría que estar dando vueltas hasta que sonara el timbre. Metí los patines en la bolsa que siempre llevaba y me puse mis deportivas, deteniéndome frente al tablón de excursiones que había contemplado hacía dos días con Tomoyo. Intenté no pensar en que ella había anulado nuestra tarde por estar con Lars. Ella parecía no haberse dado cuenta de lo mucho que me afectó y yo simplemente me limité a cerrar la boca. No sabía si era demasiado buena o demasiado tonta. Me inclinaba por lo segundo.
Al fin y al cabo, Tomoyo me quería como a su mejor amiga. Al menos así lo demostró cuando descubrió nuestra ida a la casa de campo para hacer un cortometraje. Quería hacerme vestidos, medirme, disfrutar como una loca..., viendo eso reconocía a la Tomoyo de hacía un año, pero luego la veía en brazos de Lars y lo sabía, sabía que me había arrebatado a mi mejor amiga.
Se lo comenté brevemente a Toya y me aconsejó —casi obligándome— a hablarlo con Tomoyo, pero, ¿qué le iba a decir?
«Hum... Tomoyo, me parece que no recuerdas que soy tu mejor amiga desde que éramos unas mocosas que jugábamos a poder volar o yo ser tu muñeca porque te divertías como una loca al ponerme esos disfraces de hadas y criaturas del bosque..., pues como tu mejor amiga de diecinueve años madura te digo que me tienes abandonada por ese novio tuyo raro llamado Lars. Sí, de acuerdo que yo no pueda ofrecerte las mismas cosas en la cama; lógicamente no tengo pene y me atraen los hombres, ¡pero soy tu amiga! Y como amiga, te exijo que me prestes la atención que me merezco porque seré yo la que aguante tu llanto cuando ese roba amigas te deje».
—Sí, de lo más convincente —dije en un suspiro—. Aunque quizá si le pongo un cuchillo en el cuello me escuche con más atención...
Escuché un carraspeo a mis espaldas y cuando me giré en redondo, lo vi. Al profesor Li, mirándome como si estuviera loca (no me extrañaba; acababa de decir unas palabras que pertenecían a una psicópata). Desde hacía un par de días había comenzado a observarlo con otros ojos. Puede que fuera el mismo amargado de siempre, pero si me esforzaba conseguía apreciarlo bien. Un leve, levísimo, casi invisible brillo de tristeza, como si se acordara de su hijo al que casi no podía ver. Y entonces dejaba de verlo tan ogro, a pesar de que a veces en clase era el ser más odioso que jamás pudieras ver, sobre todo cuando formulaba preguntas trampas para hacer equivocar al alumno a propósito.
Lo cierto es que tenía toda la razón para ser así y actuar como un huraño. Aunque yo creía firmemente que no sonreírle a la vida era mucho peor, te hundía más en la oscuridad cuando estabas triste, pero, claro, eso cada uno lo veía como quería. Shaoran Li decidió darle la espalda a la luz y sólo dejarse embriagar por ésta cuando estuviera su hijo. Nada más era capaz de causarle esa alegría con solo su presencia.
Desconocía cómo se comportaba al estar en su casa, pero dudaba que cambiara y fuera, de repente, alguien sonriente y feliz. No tendría sentido y sería algo muy raro. Además, recordaba su casa vagamente y lo que más destellaba en mi mente era la blancura con la que estaban pintadas las paredes. Yo soy de la opinión que el blanco y el negro, tan diferentes, se parecen mucho. Son dos colores tristes dependiendo de quién hubiese al lado. Y estaba claro que Shaoran Li no era la alegría de la huerta.
—Estaba pensando en voz alta —mi profesor alzó una ceja—, pensando en una serie en voz alta —rectifiqué, dándome cuenta que lo mejor era cerrar la boca y sonreír.
—Intenta no pensar en esas cosas en voz alta —se puso a andar y cuando pasó por mi lado, dijo—: la gente puede llegar a una conclusión muy rara.
Al pasar de largo, su aroma me embriagó y pensé que me caería, pero entonces se detuvo y me miró con sus ojos ámbar. Me fijé en su corbata mal abrochada, su pelo despeinado y su tez pálida. Tuve el impulso de levantar la mano, estirar los dedos y acariciarla para cerciorarme de que era tan lisa como parecía. Por suerte para mí me controlé.
Oh, Dios mío, ¿por qué lo veía con otros ojos? ¿Porque tenía que tener un niño súper guapo que, al parecer, era el único en derretir su máscara de hielo? ¡Pues no! Debería ser el tipo con el que me acosté una noche, luego resultó ser mi profesor y donde ninguno de los dos debería tener más contacto del permitido. Así de claro. No deberíamos hablar, no deberíamos mirarnos, no debería sentir esta enorme atracción sexual que me obliga a inclinarme, echar a un lado todos los problemas y decirle «soy toda tuya».
Qué fácil podría ser rendirse ante la tentación y sucumbir al deseo...
Esto sólo podía acabar de una manera: en la cama y no para dormir precisamente.
—Se puede saber por qué no estás en clase.
Claro que me iba a decir algo así, ¿qué si no? Tendría que dejar de ver películas románticas donde todo acaba felizmente. Debería empezar a ver películas de acción o aventura o fantasía, allí normalmente no había amor, ¿cierto?
—He llegado tarde a clase..., y no puedo entrar ahora.
Frunció con ligereza el ceño, pero no objetó nada y yo aproveché ese momento para abrir mi enorme bocota.
—Tú..., ¿qué tal estás?
¡Dándole siempre en el clavo, Sakura, sigue así! Me reprendí mentalmente al ver la expresión de frialdad que se extendió por todo su rostro hasta opacar sus hermosos ojos ámbar sin ningún brillo posible. Por mucho que me esforcé no vi nada más que un enorme vacío tanto en sus ojos como en su expresión.
¿Por qué a veces no podía sencillamente callarme? Mira que era fácil... y lo difícil que me resultaba.
—No es asunt...
—Lo sé, sé que no es asunto mío, pero...
—¿Qué? —espetó burlonamente—. ¿Te preocupes por mí? Deja de meterte donde no te llaman, Kinomoto.
Ni siquiera pude replicar. Se dio la vuelta y se largó con la espalda tensa, los brazos tiesos y las manos crispadas en puños. ¿Se podía meter más la pata con menos palabras? Estaba claro que si se podía, yo lo haría. Dejé que mi cuerpo cayera contra la pared y suspiré. No podía recriminarle nada al profesor Li porque estaba claro que su reacción era lógica, como la de un animal feroz que se pone en guardia cuando ven que invaden su territorio.
Pero yo no quería invadir nada. Yo sólo quería conocerlo, pero eso no era imposible. Sólo complicaría las cosas, más de lo que ya estaban, y no, a mí me gustaba la calma, porque presentía que si tenía más contacto con Shaoran cruzaría una línea de la que sería incapaz de volver atrás.
Sacudí la cabeza.
¿En qué cosas pensaba? Nuestra relación se basaba en profesor-alumna. Lo que debía de hacer ahora era dejar esta extraña conversación a un lado, mantenerme alejada de él y de las preguntas que bailoteaban en mi cabeza y, ante todo, olvidar nuestra noche y la escena de Shaoran con su hijo. Si no olvidaba esa tierna imagen y la apartaba de mi mente, me perturbaría cada vez que viera a mi profesor.
Exacto.
Borrón y cuenta nueva.
Ahora me centraría en estudiar y puede que en recuperar a mi mejor amiga.
Shaoran Li se quedaba fuera de mi vida. Ya lo había decidido. Era una decisión irrevocable.
Estaba segura que él pensaba lo mismo que yo.
LasConsecuenciasDelAlcohol
—Sakura, ¿dónde te has metido esta mañana?
Tomoyo me sonreía como siempre.
—Llegando tarde para variar.
Mi mejor amiga se rió y luego me pasó una hoja entera por delante y por detrás llena de su pulcra letra. La miré, interrogante.
—Son los apuntes de hoy —me indicó, dejándomela sobre mi libreta—. Ya me la devolverás.
Tuve ganas de llorar. Siendo invadida por un impulso la abracé. Ella volvió a reírse y me devolvió el abrazo. Era ella. La Tomoyo de hacía un año. La que me daba sus apuntes sin tener que pedírselos, la que se preocupaba por mí, la que siempre iba a estar ahí... Pero ese momento acabó. Una señal de alerta brilló dentro de mi cabeza. Quise alejar el pensamiento de que Tomoyo se comportaba así casi por rutina y porque, bueno, era su amiga, pero si tuviera que elegir, elegiría a Lars.
Ahuyenté ese pensamiento que me traía malas vibraciones y le sonreí.
—Muchas gracias, Tomoyo.
—De nada —rió como siempre solía hacer cuando yo le daba las gracias después de un acto totalmente imprevisto por su parte.
La verdad era que quizá me había ofuscado demasiado y tan solo ella deseaba estar con Lars cuando podía puesto que era una relación «secreta» y su madre no debería enterarse. Tal vez no tendrían que afectarme estas cosas pues era posible que yo actuara igual en su situación.
Decidido entonces. Intentaría comprender a Tomoyo y a ayudarle. No estaba en mi naturaleza ser egoísta; entendía a Lars por querer estar con ella, era una persona agradable, sonriente y, sobre todo, te brindaba paz. Aunque compartirla de vez en cuando no le haría ningún daño... ¡No! Había dicho que iba a comprender a mi amiga y trataría de verlo todo desde un punto vista externo. Pero ella también podría ponerse en mi piel al dejarme tirada el día que tenía la tarde libre...
¡Joder! ¿Por qué la mente me tenía que ir en contra?
—Hummm... Tomoyo, mi hermano da una fiesta mañana por la noche, ¿quieres venirte?
Toya me había dicho que la invitara y que no viniera su novio.
—¿No le importará?
—¡Qué va! Se lo he preguntado y me ha dicho que ningún problema. Chiaru y las demás también vienen —esperé con los dedos cruzados que no me reprochara el haberlas invitado a ellas antes. Simplemente surgió.
—De acuerdo. ¿Vendrá el novio de Chiaru, Yamazaki?
Sí.
—No lo sé.
—¿Puedo traer a Lars?
No.
—Claro.
Toya me reñiría y puede que Yukito me defendería. Estaba claro que no era capaz de decirle el torrente de pensamientos que se acoplaban en mi mente, danzando de un lado a otro. O puede que no quisiera decirle nada pues estaba segura que Tomoyo me lo negaría todo y me afirmaría que ella no me estaba dejando de lado y yo me la creería, porque así es como mi mejor amiga lo veía.
Todo era perfecto, sin duda.
Me senté en mi sitio y clavé la mirada al frente. Debería volver a hablarlo con mi hermano. O, no sé, la idea de cambiar de identidad e irme a vivir lejos no la descartaba por nada del mundo.
—Ah, Sakura, por cierto —miré a Tomoyo—. ¿Hoy haces algo?
Fruncí el ceño ligeramente.
—Trabajo, como siempre.
—Oh —parecía descontenta—. Lars tiene cinco entradas para ir al cine esta tarde. Había pensado que fuéramos nosotros, tú, Chiaru, Rita y Naoko.
Aumenté más el mi ceño fruncido.
—¿Chiaru y las demás ya han aceptado?
—Sí. Me las encontré esta mañana con Lars y él las invitó. Es un cielo.
—Corrígeme si me equivoco, Tomoyo, pero, ¿en total no somos seis?
Mi mejor amiga se me quedó mirando muy fijamente y luego abrió la boca con sorpresa al darse cuenta que yo tenía razón.
Tuve ganas de reír. ¿Quién se iba a quedar fuera? Estaba claro.
—No te preocupes. Recuerda, trabajo por la tarde y, de todos modos, si pudiera ir no podrías decirle a alguna de las demás que no fueran.
Mi mejor amiga parecía realmente compungida. ¡Já! Pondría la mano en el fuego que en esos momentos se estaba preguntando cómo era posible que Lars hubiese cometido un error de cálculo. Pero yo estaba segura que no había cometido nada; esa había sido su primera impresión. Que una se quedara fuera y que esa una fuera yo.
—Me sabe muy mal, Sakura.
Le sonreí ampliamente, restándole importancia.
Tomoyo podía ser una ciega enamorada de un tipo que iba de príncipe y en realidad era un ogro (porque su novio sí que era un ogro), pero yo había descubierto su verdadera apariencia. ¡Estaba segurísima que Lars me veía como una amenaza! Además, me había visto cómo le miraba el otro día; como si me hubiera robado algo; seguramente de la misma forma en la que él me miraba cuando yo no le veía.
Juraría que Lars me estaba arrebatando a Tomoyo adrede.
Una voz en mi interior me advirtió que me estaba convirtiendo en una paranoica y que era muy probable que Lars se hubiese equivocado al contar a las amigas de Tomoyo.
Sí, claro, para acabar en la empresa de la madre de Tomoyo errores como ese no puedes cometer.
Así que estaba claro. Mi lado paranoico había ganado. Ese tipo me quería apartar de una patada de la vida de Tomoyo, ¡pues no lo iba a conseguir! Ryo —mi ex novio— no consiguió que yo dejara de lado a mi mejor amiga por sus estúpidos celos, así que yo me agarraría a ella como si fuera una garrapata, ¡ni con fuego me arrancaría!
Se me formó en los labios una sonrisa sádica y mi mirada se tornó macabra.
Esto es la guerra, Lars.
POV Shaoran
Entré en la sala de profesores con rabia, con ganas de patearle a la mesa, a la silla o a la puerta. Pero me retuve porque delante de mí, con su sonrisa imborrable en la cara, se encontraba Fujitaka Kinomoto. ¿Por qué mierdas tenía que sonreír siempre? ¿La vida era perfecta para él? ¿No había nada que lo importunase nunca? Tuve ganas de preguntarle cuál era el secreto; el secreto para sonreír siempre.
—Buenos días, Shaoran —me dirigió una sonrisa—. Te veo algo alterado.
¿Alterado? Que va. Hacía unos minutos que había tenido un encuentro con su hija y ni siquiera sé por qué narices tuve que hablarle, por qué pararme a entablar una extraña conversación ni tampoco sabía el motivo por el que había puesto su cara de preocupación y me había preguntado cómo estaba. ¿Por qué tenía que ser una cría tan metiche, tan cotilla... y tan amable? No entendía por qué se preocupaba por mí..., o quizá sólo quería saber para luego burlarse e ir corriendo la voz de mis desdichas por toda la universidad.
Habían personas realmente crueles. Sin embargo, Sakura Kinomoto no parecía de esas personas, al igual que su padre que me miraba con amabilidad. Esa familia estaba loca. Al menos el hermano era más bien de mi calaña; pocas sonrisas.
—Estoy bien —dije, ocultándome tras la inexpresividad.
Me senté en una silla y saqué los apuntes que daría hoy para mi clase.
—Los profesores para la salida a la casa de campo ya han sido asignados.
Miré al hombre que continuaba sonriendo.
—Tú eres uno de ellos.
Pestañeé, confundido.
—¿Yo? —me señalé a mí mismo—. No me apunté para ir.
—Ningún profesor podía ir y, además, muchos alumnos querían que tú fueras. —Estaba seguro que eran más bien alumnas pervertidas que tenía pensado violarme mientras duermo tranquilamente en una cama llena de paja. No, lo más seguro es que no pudiera dormir.
Me encogí de hombros.
—¿No te importa?
Negué con la cabeza. Tenía entendido que se cobraba más cuando hacías ese tipo de salidas; no me vendría mal el dinero. Además, los demás profesores tenían una vida y una familia. Yo dudaba que tuviera una vida y familia cerca de mi ámbito personal a Mei Ling, pero con ella no podía contar mucho porque tenía entendido que dentro de unos días volvía su novio.
—Cuídame bien a Sakura, que ella irá —volvió a sonreír y yo quise darme de cabezazos contra el escritorio.
Si yo te contara... Retuve una sonrisa arrogante y asentí.
—Cuenta con ello.
Estúpida gente amable que se pensaba que todo el mundo era como ellos.
LasConsecuenciasDelAlcohol
—Por favor, que alguien me mate... —murmuré dejando caer la cabeza contra el reposabrazos del sofá.
¿Por qué? ¿Por qué mi vecino tuvo que invitarme a una estúpida fiesta?
—Va, Shaoran, si tu prima está muy guapa con ese vestido amarillo —mi amigo alzó los pulgares en señal de asentimiento para Mei Ling y ésta dio una vuelta sobre sí misma y sonrió.
—¡Genial! Me pondré este vestido para la fiesta de esta noche, pues.
—Yo me pondré unos tejanos y camiseta amarilla de Shaoran para ir a juego.
Dios, que alguien me matara, no quería seguir viviendo así, no con otra mosca cojonera que se me había colado en casa.
—Por cierto, Shaoran, esta noche duermo en tu casa. Dicen que no es bueno conducir cuando vas bebido.
—¿Y a ti quién te ha invitado a la fiesta? Y más importante aún, ¿quién narices te ha invitado a mi casa?
—Oh, vamos, amigos, me has echado de menos todo este tiempo que llevo en Inglaterra, pero ya estoy aquí.
—Yo no te he echado de menos, cuatro ojos.
Eriol me miró con fingida indignación, frunció el ceño e inclinó la cabeza hacia delante, provocando que el flequillo cayera sobre su frente y su pelo diera destellos azules.
—No te voy a contestar. He madurado en todo este tiempo, ahora soy alguien más responsable, más amable, más...
—¿Echamos unas partidas al juego de lucha de la play? —le interrumpí.
De un salto se colocó a mi lado y encendió la videoconsola, pasándome un mando a mí y quedándose otro él.
—Te voy a dar una paliza, Shaoran. Esta vez no ganarás. Prepárate para la venganza.
—Dices lo mismo después de cada derrota. Acéptalo, soy mejor que tú.
—Te tragarás tus palabras. En Inglaterra he estado practicando para ganarte y borrarte esa estúpida sonrisa de la cara.
—¡Já! Eso habría que verlo, viciado.
—Te vas a enterar...
Por el rabillo del ojo observé como Mei Ling se lanzaba sobre el sillón de al lado y nos miraba entre incrédula y sorprendida. Empezó a negar con la cabeza y suspiró, hundiéndose entre los cojines.
—Maduros... —murmuró—. Sois unos críos.
Ignoramos a mi prima y Eriol, que llevaba el primer player, le dio a elegir personajes y comenzar pelea.
Esto iba a ser épico.
POV Sakura
Locura.
Nada más llegar al piso de mi hermano me mandaron a guardar los muebles frágiles y los marcos de fotos y estatuas que tienden a romperse. No hubiese sido tan malo si durante el ajetreo de ordenarlo todo Toya no hubiera estado echándome la bronca por no saber imponerme y decirle a Tomoyo las cosas claras. Yo, como buena niña, mantuve la boca cerrada, intercambiando de vez en cuando alguna mirada comprensiva con Yukito.
Pero al fin, cuando mi hermano se cansó de reñirme —seguramente se calló porque se había ido por las ramas y había acabado en el tema de mi ex novio Ryo y lo más probable es que no tuviera ni idea de por qué me gritaba—, nos dimos cuenta que faltaba media hora para la fiesta y yo decidí que era hora de darme una rápida ducha y cambiarme.
Me puse una falda tejana, unas botas hasta la rodilla y una camiseta ajustada y escotada de color verde.
Cuando me quise dar cuenta, el piso se fue llenando de gente que no conocía —amigos de mi hermano y Yukito, supuse— y esperaba ansiosa la puerta para ver si llegaban mis amigas, pero en lo más hondo de mí deseaba ver a Tomoyo sin Lars.
Mi deseo no se cumplió porque primero vi al novio arrebata amigas que me miró de forma despectiva y yo le fruncí el ceño, pero luego apareció mi mejor amiga y ambos pusimos nuestra mejor cara de llevarnos bien con todo el mundo. Llegaron hasta a mí mis amigas, diciéndome el buen ambiente que había en esa fiesta, pero sobre todo los chicos guapos que abundaban demasiado.
Yo también me había fijado, pero de pasada. No tenía tiempo ni ganas para ligar esa noche.
Tomoyo se me acercó hasta llegar a mi oreja y susurró:
—Oye..., ¿estás segura que el profesor no viene?
Le sonreí y negué con la cabeza.
—No creo. Dudo que Toya le haya invitado.
Ni siquiera se conocían. Seguramente la única conversación que entablaban era un hola y adiós. Nada que obligara a mi hermano a invitarlo. De eso, por esta noche, no me debería preocupar.
—Pues no sé si me habré vuelto loca o él se ha colado, pero está entrando ahora mismo por la puerta mientras saluda a tu hermano —me di la vuelta en redondo—. Viene con una chica muy guapa y con un chico que no está nada mal.
Efectivamente, Tomoyo tenía razón.
Shaoran Li estaba en el umbral de la puerta hablando tranquilamente con mi hermano, vistiendo unos tejanos y una camisa de cuadros de manga corta abierta y de interior una camiseta de tirantes negra. ¿Se podía estar más guapo? Enseguida mi cuerpo vibró ante esa visión y tuve que sacudir la cabeza para centrarme y no dejarme guiar por las hormonas.
A su lado, estaba Mei Ling tan sonriente y feliz como la recordaba. Llevaba un vestido amarillo chillón que podría verse a ocho kilómetros de distancia y estaba subida encima de unos enormes tacones de aguja. Se agarraba felizmente al brazo de su primo, seguramente para no caerse.
Luego, mi mirada pasó hacia el «chico que no estaba nada mal» según Tomoyo y me sorprendí al descubrir que era bien guapo —no tanto como Shaoran, pero no se quedaba atrás—. Tenía unas gafas, donde detrás de éstas se hallaban unos hermosos ojos azules que hacía juego con su pelo con destellos del mismo color. Él, para mi sorpresa, tenía una camiseta amarilla, yendo a juego con Mei Ling, con quien intercambiaba alguna frase y se reían. Bueno, ella se reía escandalosamente; él, en cambio, sonreía sin enseñar los dientes y movía los hombros.
—Pues sí que los había invitado...
—Ya lo creo. Dudo que hayan venido vestidos así a quejarse del ruido.
—¡Aaaaah! —un grito de emoción a mi lado me hizo pegar un salto y mirar a Naoko, que se colocaba bien las gafas—. ¿Ese no es el profesor? ¿Qué hace aquí? Oh, Dios, está más bueno que cuando viene a clase. Le sienta bien esa ropa.
Vaya. No era la única que lo pensaba.
—Es el vecino de mi hermano.
—¿Lo tiene de vecino? ¿Y no has pensado en espiarle por el balcón? Quizá se pasea sin camiseta por la casa..., ¡o desnudo!
Estaba claro que Naoko necesitaba un chico pero ya.
—¿Y el que va con él, Sakura? —preguntó Rita.
Tuve ganas de poner los ojos en blanco, gritar y salir corriendo.
—Es su vecino, no el mío. Y, además, yo no me sé su vida. Tendrá amigos el hombre.
—¿Y la chica?
Apreté los dientes y me abstuve de decir que era su prima. No quería que me siguieran preguntando cosas que no sabía y no sabría nunca, por mucho que quisiera. Además, me había impuesto a mí misma ignorarlo y verle como un profe más. Sería difícil, pero no imposible.
—Debe ser su novia.
Me gustó que pensaran eso porque al menos no se le acercarían con extraños pensamientos... Mierda. Fuera. Fuera. Me apreté la frente con las palmas de la mano para apartar todo eso de mi mente. No tenía que pensar en ello, no tenía que pens...
—El profesor te acaba de localizar —me susurró Tomoyo y las piernas me temblaron.
Maldita sea. ¿Por qué estaba tan nerviosa? ¿Por qué mi corazón había decidido latir con fuerza? ¿Por qué me sudaban las manos? ¿Por qué el aire se me hacía cada vez más pesado? Mierda, ¿y ahora por qué me miraba en el espejo para corroborar que seguía tan espléndida como hacía una hora? Me sorprendí a mí misma preguntándome cómo me vería Shaoran o qué estaría pensando.
Joder. Esto no iba pero que nada bien.
—¡Sakura! —Me alegré que Yukito me salvara del caos de mis pensamientos.
—Dime, ¿qué?
—¿Puedes ir a poner más hielo en la cubitera? Se ha acabado —alzó las manos y me enseñó todo tipo de bolsas de patatas—. Yo voy a llenar los platos. Parece que esta gente no haya comido en semanas.
—Claro.
Me pareció buena idea hasta que me di cuenta que Toya seguía hablando con Shaoran, su prima y su amigo al lado de la puerta de la cocina. Volví a ponerme nerviosa y miré suplicante a Tomoyo —ella era la única que sabía con quién me había acostado aquella noche. Mis amigas sólo sabían que me fui con un tío muy guapo, pero ignoraban su identidad— y me sonrió, asintiendo.
Entrelacé mi brazo con el de Tomoyo y empezamos a abrirnos paso entre los cuerpos medio borrachos que bailaban y saltaban como si no hubiera un mañana.
—¡Tommy! ¿Dónde vas?
Mi amiga se giró para ver a Lars, quien la había sujetado del brazo. Me fijé en que su ceño estaba fruncido y sus labios crispados de rabia.
—Voy a acompañar a Sakura. Ahora vengo —le sonrió, se dio la vuelta y me arrastró por la multitud.
Yo le dirigí una última sonrisa de triunfo a Lars, quien me miró como si yo fuera la peor escoria del mundo.
Le apreté el brazo inconscientemente a mi amiga, quien me sonrió para tranquilizarme. Pasé por detrás de mi hermano hacia la cocina y, antes de entrar, mi mirada se cruzó con la de Shaoran y pude sentir como todo mi cuerpo era de mantequilla. Por suerte ese momento pasó y yo me resguardé en la cocina. Me apoyé sobre la nevera y suspiré.
—Esto va a ser duro.
—Oye, Sakura —miré a mi amiga—, ¿a ti te gusta el profesor Li?
La sangre subió por mi cuello hasta acoplarse en mis mejillas y hacerle la competencia al semáforo rojo. Empecé a negar con la cabeza, sintiendo un enorme cosquilleo en los labios. Oh, Dios, ¿cómo podía pensar eso Tomoyo? ¿Shaoran Li? ¿Gustarme? ¿A mí? Era... una completa locura. Quizá si tuviéramos la misma edad o en otra realidad remota hubiera esa diferencia de años, pero no fuéramos alumna y profesor, podría ser. Pero no estábamos en ningún universo paralelo y él era mi profesor.
Tomoyo estaba loca.
—¡No digas tonterías! —exclamé, dándole la espalda y abriendo el congelador—. Está bueno, pero eso es todo.
Ignoré el mal estar que me recorrió todo el cuerpo.
Saqué dos bolsas de hielo y le pasé una a mi amiga para que me ayudara. Ella no me comentó nada al respeto y yo se lo agradecí porque si me paraba a pensarlo, lo único que sentía por Shaoran Li era atracción física. Al fin y al cabo, yo me había enamorado de Ryo y no eran las mismas reacciones que me provocaba en el cuerpo.
—¡Sakura! —Toya apareció ante mí y me agarró la bolsa de hielo y después se la cogió a Tomoyo—. ¿Yukito te ha hecho encargada del hielo?
—Sí.
—Trae. Ya lo llevo yo —asentí y lo seguí con la mirada hasta que se perdió entre la multitud de gente que llenaba el ya no tan ancho comedor.
Dios santo. ¿A cuánta gente conocían mi hermano y Yukito?
—¡Hola, Sakura! ¿Cómo estás?
Sonreí.
—Mei Ling —intenté no mirar descaradamente el vestido amarillo chillón que deslumbraba incluso de lejos—. Muy bien, ¿y tú?
—Aquí estoy con mi amargado primo y su amigo, Eriol.
El chico que había visto de lejos se interpuso entre Mei Ling y yo y me cogió de las manos, sonriendo sin enseñar los dientes.
—Eriol Hiragizawa, encantado, bella flor de cerezo —sonreí nerviosamente y miré a mi amiga en busca de ayuda, pero ella se encontraba muy ocupada aguantándose la risa.
Eriol siguió la dirección de mi mirada para encontrarse a Tomoyo con las mejillas dulcemente sonrojadas por los segundos intensos de controlarse las carcajadas, acompañada de una tierna sonrisa. Sus ojos se encontraron con el chico que me había soltado las manos casi sin querer y por un momento tuve la sensación de que los que estábamos alrededor dejamos de existir para ellos.
Tomoyo lo miraba con los ojos medio entrecerrados, como si fuera la primera vez que abre los ojos y ve el mundo en color. Y Eriol, bueno, parecía estar comiéndose a mi amiga con la mirada.
Tragué saliva y di unos cuantos pasos atrás, escuchando dentro de mi mente la risa malvada que quería apoderarse de mi pecho y salir al exterior. ¡Ja! Lars no tenía nada que hacer con alguien tan guapo como ese chico. Sonreí de lado y decidí que yo sobraba bastante. Bueno, en realidad me di cuenta de que no hacía más que molestar al ver a Mei Ling perderse entre la multitud y a Shaoran decidir, enfrente de la mesa de las bebidas, qué beber.
Me alejé casi feliz. Me hubiese gustado saber qué iba a ocurrir, pero de haberme quedado, Tomoyo se hubiera acordado de que Lars estaba por ahí rondando y hubiera dejado a Eriol con dos palmos de nariz. Ya me contaría qué había ocurrido al día siguiente. Me encargaría personalmente que me lo explicara todo con pelos y señales.
Salí al balcón que estaba vacío para sentir la frescura de la noche y suspiré al notar el viento colarse entre las hebras de mi cabello.
Estuve bastante tiempo ahí fuera, observando la luna y dejándome abrazar por las pocas ráfagas de aire que se levantaban para tocar mi piel desnuda. Perdí la noción de los minutos y las horas hasta que escuché el sonido de la ventana abrirse y cerrarse de golpe y un suspiro, acompañado de un murmullo.
—Aquí estaré a salvo...
Me giré para ver a Shaoran Li, con los ojos cerrados y apoyado contra el cristal. Desde dentro no se veía qué o quién había en el balcón puesto que las cortinas estaban corridas y eso nos daba... privacidad. Escuché a mi corazón acelerarse rápidamente dentro del pecho.
—Profesor...
—Kinomoto —me miró sorprendido y por un momento pensé que se daría media vuelta y entraría de nuevo al piso. Sin embargo se acercó a mí y se apoyó en la barandilla, a mi lado.
—¿Aquí estarás a salvo?
Frunció el ceño.
—Sino me han seguido, sí —me miró—. Me he encontrado con una alumna de la otra clase de periodismo y me ha seguido hasta que me he podido escabullir y esconderme aquí.
Creo que era la primera vez que decía una frase tan larga sin ofenderme. Tragué saliva y disfruté de esa sensación de ¿libertad? No sabía bien qué era esa extraña corriente que corría libremente por mi cuerpo.
—¿Naoko?
—Una chica con gafas. Va borracha.
Me encogí de hombros.
—No tiene que coger el coche para volver a casa, así que...
—Me recuerdas a Eriol diciendo eso.
Le miré de reojo. Se le veía tan calmado, tan relajado, permitiendo que el viento jugara con su cabello y lo moviera a su antojo mientras algunos mechones rebeldes le acariciaban la frente. Tuve la necesidad imperiosa de levantar el brazo y apartarle el pelo que tentaba con metérsele dentro de los ojos. Oh, Dios, daría lo que fuera por hundir la mano entre su cabello.
Aparté ese extraño pensamiento y pregunté en un tartamudeo.
—¿Vive cerca?
—¿Quién?
—Tu amigo.
Entrecerró los ojos y me miró.
—¿Te interesa? —Genial. Ahora seguro que se pensaba que quería acostarme con él o algo. Me gustaría saber la imagen que tenía de mí.
—No... Lo digo por Tomoyo, se les veía a gusto —murmuré clavando la mirada en la piscina que había en el patio trasero del edificio. Ya le había dicho a Toya que en verano vendría a bañarme pues para algo su edificio tendría piscina.
Se encogió de hombros.
De repente un silencio incómodo nos rodeó y tuve ganas de ponerme a chillar, agarrarme de los pelos y no sé, salir corriendo y puede que tirarme a la piscina luego. Con ropa y todo.
Me mordí el labio y retuve un suspiro.
POV Shaoran
No podía creerlo. Estaba nervioso. Por tener a Sakura tan cerca, a centímetros de mi piel, por haber entablado una conversación con ella (extraña, pero una conversación al fin y al cabo) y porque era tan hermosa y sus ojos simplemente hacían que se me olvidara cualquier problema. Eran verdes, intensos, profundos, amables... ¿Por qué mierdas tenía que ser mi alumna? ¿Y por qué había tenido que acudir a esa estúpida fiesta? De haberme quedado en mi piso, estos pensamientos no me acecharían...
Al principio me había negado de ir a la fiesta porque yo no pintaba nada y mi prima y mi amigo menos aún, pero como eran más cabezotas que una mula, ahí estábamos, plantados en el umbral de la puerta, hablando con Toya Kinomoto.
Me estaba diciendo que no le importaba que hubiera traído a un amigo y como Eriol era un poco más abierto con la gente y de alguna forma a veces se le contagiaba la alegría que destilaba mi prima, pues se pusieron a hablar con mi vecino como si fueran amigos de toda la vida.
Yo aproveché ese momento en el que nadie me prestó atención para observar el ambiente. Algunos borrachos, chicas guapas, tíos en abundancia, unas alumnas de mi clase de periodismo... Fruncí el ceño y fui pasando por todas las caras; la de las coletas a los lados, la de las gafas, la del pelo hasta los hombros, la chica pálida que siempre iba con Kinomoto, Kinomoto... Mierda. Adiós a la falsa esperanza a la que me había agarrado.
Desvié la mirada rápidamente cuando descubrí que su amiga, la del pelo largo con novio, me observaba con cuidado y después le decía algo a Sakura.
Lo cierto es que, a pesar de haber rezado para que esa muchacha no estuviera, en el fondo sabía que iba a estar. Al fin y al cabo, se la veía muy unida a su hermano y se llevaba de maravilla con Yukito, así que, ¿por qué demonios no iba a asistir a la fiesta que daba Toya, pudiéndose quedar a dormir en su casa? Por mucho que meditara sobre el tema, nunca podía sacar nada en claro.
Estuve observando sus movimientos de reojo, sin que se diera cuenta, hasta que vino hacia mí..., pero en realidad se dirigía a la cocina, sin embargo mi cuerpo ya había reaccionado al ponerse nervioso por tenerla tan cerca de mí. Después Toya se ofreció a llevar él el hielo y yo ideé una vía de escape hacia las mesas de las bebidas. Desde allí tenía una vista perfecta para ver como Eriol se presentaba ante Sakura y decía cualquier tontería para conquistarla y acostarse con ella.
Tsk. Ni siquiera sabía por qué eso me molestaba. Cuando éramos más jóvenes, Eriol y yo siempre competíamos para ver quién conquistaba antes a cualquier chica que a los dos nos pareciera atractiva (fue un momento de descontrol en mi vida, cuando mi hijo pasaba más tiempo con su madre que conmigo y ésta no quería ni verme en pintura. Perdí los papeles y quería hacer daño a las chicas, como me lo habían hecho a mí). Incluso habían veces que uno de los dos se acostaba con una chica y luego el otro se la tiraba también y después comentábamos, criticábamos y adulábamos sus dotes por hacer mamadas o simplemente por su cuerpo escultural.
Pero luego Eriol se fue a Inglaterra durante un tiempo y yo me centré, sabiendo que ese hueco que había en mi pecho no se llenaría con mujeres, sino con estar con Souta.
Perdido en mis pensamientos no me di cuenta cuando una de mis alumnas se me había acercado, rodeado mi cintura con su brazo, acariciándome descaradamente el trasero. Me deshice de su agarre, percibiendo que estaba muy borracha y que al día siguiente, por suerte para ella, no se acordaría de este momento.
—Profe, vayamos al baño —se metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó un pequeño paquete cuadrado—. Tengo condones.
Tragué saliva y me alejé unos cuantos pasos.
—Esto no está bien. Soy tu profesor y tu eres mi alumna y...
—Por eso —sonrió, acercándose a mí. A la par, yo iba retrocediendo—. Podemos jugar a las fantasías. Yo puedo ser la alumna traviesa y tu un profesor muy, muy, muy estricto.
Yo lo que más deseaba en ese momento era que se abriera un boquete bajo mis pies y me tragara. No importaba dónde ir a parar, seguro que cualquier lugar era mejor que estar frente a una alumna borracha que me pide sexo, insinuándose de una forma que a mi me resultaba un poco patética.
Si fuera Sakura seguramente habría ido detrás de ella sin pensármelo...
Sacudí la cabeza y, acechado por mis pensamientos y por la loca borracha, eché a correr, colándome entre la gente hasta que me topé con Mei Ling, quien me dijo que me escondiera en el balcón.
—Allí no te buscará y las cortinas están echadas, así que nadie te verá. Seguro que estarás a salvo.
Ella y su estúpida manía de juntarme con Sakura.
Pero esta vez no la iba a reñir.
Aunque tampoco le daría las gracias.
Sakura se movió a mi lado ligeramente incómoda y no me extrañaba. Le había contestado un poco mal al escuchar su pregunta sobre dónde vivía Eriol. Al menos no le había dicho que era una suelta queriendo acostarse con todos. En un primer momento, había sido lo que me pasó por la cabeza. Luego, por suerte, me mordí la lengua y no le falté al respeto. Quería creer que no era de esas chicas.
—Eriol no suele enamorarse, así que no te hagas muchas ilusiones de que acabe con tu amiga. —No sé por qué lo dije, quizá porque quería seguir hablando con ella o porque quería oír su dulce voz musical.
—Bueno, ella tiene novio —parecía triste cuando me lo dijo, pero entonces me miró y me sonrió, dejándome a su completa merced.
—Ya..., ¿y tú?
—¿Yo qué? —nos contemplábamos sin apartar los ojos del otro, hablando en susurros, como si alzar la voz nos obligara a volver a la realidad. El sonido de la fiesta se veía amortiguado por la ventana cerrada y la tranquilidad nos rodeaba. Esto no estaba bien..., pero en esos momentos me dio igual. Ya me arrepentiría mañana o pasado.
—Si tienes novio.
—No —contestó en un murmullo.
Diez centímetros me separaban de su rostro. Sería inclinarme, apoyar mis labios sobre los suyos y ya la habría besado. Parecía tan fácil y era tan difícil, ¿o al revés? Ni idea, estando cerca de ella mi cerebro perdía todas las cualidades para pensar con claridad. Aunque tampoco lo necesitaba, tan solo quería besarla y hacer el amor allí mismo.
La atracción que sentía por esa muchacha era tan grande que perdía razón de ser.
Vi a Sakura cerrar lentamente los ojos e inclinar la cabeza hacia atrás. Hasta ese momento no me di cuenta que me había ido acercando hasta su boca y que mis ojos estaban a punto de cerrarse también. Me relamí los labios y a nada de tocar los suyos, escuchamos un enorme golpe contra la ventana, la música detenerse de golpe y un coro que gritaba «pelea, pelea, pelea» como en el patio del colegio.
Nuestra burbuja de privacidad se rompió y nos separamos de golpe, ambos frunciendo el ceño, pero no pudimos pensar muy bien porque yo me dirigí a la ventana con Sakura pisándome los talones. La abrí para encontrarme al novio de la amiga de Kinomoto en el suelo con el labio sangrando y a Eriol con la ceja abierta.
—Oh Dios mío —escuché que murmuraba Sakura a mis espaldas.
La miré. Tenía los ojos muy abiertos, las manos sobre su boca, observándolo todo horrorizada. Quise abrazarla y obligarla a ocultar su rostro en mi pecho para que no viera nada de eso, pero no podía. Debía mantenerme alejada de ella. Alumna y profesor estaba prohibido y yo no podía permitirme perder el trabajo por un simple calentón.
Era hora de concentrarse.
Entré al piso y sujeté a Eriol por la cintura justo cuando se lanzaba sobre el tipo aquel, que creí escuchar que se llamaba Lars, al mismo tiempo que Toya sujetaba a Lars puesto que también se había lanzado al ataque.
—¡Vuélvete a acercar a Tomoyo y te mato! —exclamó el tío aquel.
Le fruncí el ceño, forcejeando con Eriol, quien intentaba soltarse.
De reojo observé a Sakura acercarse a su amiga para preguntarle qué había pasado. No sé qué le dijo Tomoyo, pero ella alzó la vista para mirar a Eriol, aunque sus ojos se desviaron a los míos, provocando que se sonrojara al descubrir que la estaba mirando y volvió su mirada a Lars para fruncirle el ceño. Así que no le caía bien el novio de su amiga...
Por culpa de este despiste por mi parte al analizar las mejillas rojas de Sakura y pensar en lo guapa que estaba cuando se ponía nerviosa, Eriol consiguió zafarse de mi agarre, empujándome con el codo. Conseguí retenerlo por un brazo, tirándolo hacia atrás. Se tropezó con sus propios pies y cayó sobre su trasero. Alzó la mirada rabioso, pero su expresión cambió a una de horror.
Gritó algo, creo que un «¡Shaoran, agáchate!», pero no me dio tiempo siquiera a girarme para ver qué ocurría cuando noté un fuerte golpe en la cabeza y después miles de cristales rompiéndose y cayendo por mi cuerpo.
Después, todo se volvió negro.
¡Já! Parece que ha ido bien la fiesta de Toya y Yukito, ¿no creéis? A mí me da que se les van a quitar las ganas de hacer más fiestas y, ante todo, invitar a diestro y siniestro como si nada.
Pobre Shaoran..., ¿nunca le han dicho que meterse en las peleas (ya sea de pareja, de lucha y de todo en general) siempre acaba mal el tercero en discordia? En este caso, él ha acabado mal, pero no os preocupéis que siempre después de un duro golpe, donde hay alguna que otra herida, como en este, alguien tiene que curar.
En fin, ¿qué os ha parecido? A mí la verdad es que me hizo gracia escribirlo, pero lo que me importan son vuestras opiniones :)
Y ahora os tengo que dar una mala noticia (sí, más mala que el golpe que ha recibido Shaoran xD). Hoy he empezado a estudiar para unas oposiciones y como sabréis se tiene que estudiar mucho y ser muy empollona y eso me obliga a reducir las horas en el ordenador, móvil, libros... Bueno, ya sabéis, cuando una tiene obligaciones se le quita todo lo bueno... NO abandono la historia para nada, así que no os asustéis; sólo espero que me entendáis si por razones de la vida (como tener que estudiar) no llego a subir cada jueves como llevo haciendo hasta ahora. Lógicamente iré escribiendo y subiendo capítulos, y aunque intentaré tenerlo siempre listo para el jueves, lo dudo mucho porque tengo que ponerme las pilas, así que si me tardo unos días más no es porque quiera y esté haciendo el vago por ahí, sino por razones que me obligan a dejarlo aparcado sin mi consentimiento. No sé cuánto me tardaría en subir, pero espero que no pasen muchos días de cada jueves.
De verdad que me da mucha rabia tener que deciros esto, pero es para que lo sepáis por si el jueves que viene no actualizo pues así sabréis que haré lo posible por escribir el capítulo, pero que estoy ocupada siendo una empollona.
¡Espero que tengáis piedad de mí! Jajajaja.
Y sin nada más que añadir para no seguir molestando, espero de verdad que os haya gustado el capítulo y tengáis paciencia por si me tardo un poco más del plazo acordado. ¡Gracias!
¡Que tengáis buena semana!
¡Nos leemos pronto, aunque tenga que escribir un poco cada noche antes de acostarme!
LadyRubí
