Card Captor Sakura y sus personajes pertenecen a CLAMP.
Las consecuencias del alcohol
Sakura se despertó aquella mañana en la cama de aquel guapo extraño con un gran dolor de cabeza y desnuda. Ese encuentro se hubiese quedado en un lío de una noche sino fuera porque al día siguiente se presentó ante toda su clase como el nuevo profesor.
Capítulo 7. Prometiendo mentiras.
POV Sakura
Todo fue muy raro.
O era yo la que lo veía todo como si de una película se tratase porque el casi beso con mi profesor aún rondaba por mi mente, obligando a mi imaginación a terminar esa acción y ver como ambos juntábamos nuestros labios. Oh, qué bonito final se crea siempre en la imaginación, ¿por qué la realidad siempre tiene que ser distinta? Y, sobre todo, ¿por qué la realidad nos tiene que golpear y explotar la burbuja en la que estaba metida, alejada de la fiesta, en aquel balcón, al lado de Shaoran? Podría pasarme la vida preguntándome muchas cosas sobre la cruel y maldita realidad que tanto me odia, pero esta vez tuve que dejar de lado esos pensamientos y centrarme en el presente.
El presente. Cruel y bendito presente.
Los minutos siguiente de haber entrado al apartamento de mi hermano y observar con sorpresa la pelea que se estaba desarrollando sin que nadie pudiera intervenir por temor a recibir un golpe. Busqué a Toya y Yukito, pero no los encontré por ningún lado.
Shaoran corrió hacia su amigo, el ligón, y yo me acerqué a Tomoyo que lo observaba todo con los ojos cristalinos.
—¿Qué ha pasado? —murmuré.
—Estaba hablando con Eriol y de repente..., Lars se puso como loco, empezó a gritarle, discutieron y al final acabaron pegándose... No comprendo nada.
Pasé un brazo por sus hombros y la apreté contra mí, para que supiera que yo estaba ahí por si quería desmoronarse.
Miré a Shaoran, quien mantenía sujeto a su amigo mientras sus ojos recorrían cada partícula de mi rostro. Me puse completamente roja, desvié la mirada justo en el instante en que Lars, que había sido sujetado por mi hermano en algún momento en el que yo no me fijé, se soltó al mismo tiempo que Eriol. Pero mi profesor lanzó a su amigo hacia atrás y se interpuso en su camino, recibiendo el golpe que no iba dirigido a él.
La botella se estrelló en la cabeza de Shaoran, partiéndose en mil trocitos y el golpeado cayó al suelo, desmayado. El piso se mantuvo en silencio durante unos minutos que se me hicieron eternos. Escuchaba lejanamente mi corazón golpear contra mi pecho, como de pasada.
Tomoyo a mi lado seguía rígida, Lars estaba paralizado observando el cuerpo de Shaoran tirado en el suelo sin moverse, sin ayudarle, dándose cuenta que se había equivocado de víctima. Los invitados también parecían haberse paralizado porque nunca creyeron que esta pelea terminara hasta estos extremos, pero, por favor, ¡era lo que estaba pidiendo! Ahora que no se hicieras los dignos porque era lo que habían estado pidiendo desde un principio.
Entonces, sólo en ese momento, reaccioné.
Solté a Tomoyo y corrí hacia el cuerpo inmóvil de Shaoran. Gracias a mi acción, la gente empezó a moverse, gritar y salir corriendo sin molestarse a ayudar, ¿para qué? Quedarse era meterse en problemas. Si yo fuera ellos también me hubiera ido.
Le di la vuelta con cuidado al cuerpo de mi profesor, apoyé sus hombros en mis piernas y la sujeté la cabeza por la parte de la nuca con la mano, intentando ignorar el contacto de su suave y sedoso pelo contra mis dedos débiles. Con la mano libre que me quedaba fui quitándole los trocitos de cristal que tenían enganchados por el cabello y por la ropa.
Yukito se puso al otro lado, enfrente de mí, y empezó a inspeccionar a Shaoran. Ventajas de tener un enfermero en casa. Le dejé hacer, aunque en ningún momento me pidió que soltara su cuerpo y yo se lo agradecí porque me sentía incapaz de alejarme y sentarme en una esquinita sin moverse. Sólo dejaría allí su cuerpo desmayado si era exclusivamente para gritarle a ese estúpido de Lars.
Aunque por lo que pude ver, Mei Ling salió detrás de Lars cuando la gente empezó a reaccionar porque el muy cobarde había salido por patas. Podía escuchar la voz gritona de Mei Ling subir por las escaleras desde el portal. Eriol, en cambio, se aposentó a mi lado observando con precaución a su amigo. Él también estaba herido, pero seguramente le importaban bien poco esas heridas ya que Shaoran había recibido un golpe que iba destinado a él y ahora estaba inconsciente.
Estúpido Lars. Ahora me caía peor que antes, así que imaginaos...
—¿Está bien? —preguntó con voz tranquila Eriol, aunque de reojo vi sus manos temblar sobre sus rodillas.
—No tiene cristales clavados en la cabeza, pero sí una herida abierta que necesitará puntos. Tenemos que ir al hospital.
Instintivamente cogí de la mano a Shaoran. No sé por qué lo hice, tal vez un mecanismo de defensa para advertir que no iba a dejarlo solo o, qué sé yo, el revoltijo de emociones y sentimientos que tenía en mi interior era una mezcla que me volvía loca y casi prefería seguir ignorándolo. A veces ignorar los problemas funciona. Sobre todo si los problemas tienen a ver con los sentimientos y tu profesor por allí danzando.
—¿Entonces nos vamos?
—Sí, pero primero le pondré un trapo húmedo para detener la sangre.
Hasta que no lo dijo, no me di cuenta que la sangre que emanaba de su herida me estaba manchando la pierna y la mano que le sujetaba la nuca. Nunca me había gustado ver heridas, ni sangre, ni cosas macabras, ni terror... bueno, ya me entendéis, y en la vida real si me encontraba con algo así, huía, literalmente. Sin embargo, y contra todo pronóstico, me quedé allí.
Ver a Shaoran inconsciente con una herida en la cabeza, ocultada por su pelo, era una imagen tan tierna, además de que él parecía estar pidiendo protección urgentemente; no podía dejarlo así. ¿Y qué que estuviera su amigo? ¿Y qué que Mei Ling subiría en cuestión de minuto para ayudar? ¿Y qué si yo no podía hacer gran cosa? ¿Y qué si Yukito me miraba raro y Toya se sorprendía de que no huyera de la sangre? ¿Y qué si Tomoyo ya sospechaba algo? Simplemente no podía dejarlo allí, a pesar de estar rodeado de gente que iba a ayudarlo.
Yukito vino con un trapo húmedo. Entre Eriol y Yukito lo cargaron caminando lentamente mientras a mí me habían indicado que apretara con fuerza el trapo contra su cabeza. Era un poco complicado hacerlo puesto que yo iba un paso por detrás y trataba de no caerme. Pero no fue mucho tiempo ya que pronto llegamos al coche de mi hermano.
—Tú siéntate delante, ya me encargo yo de apretarle con el paño —me ofrecí, metiéndome en los asientos traseros al lado de Shaoran.
Ninguno dijo nada y yo lo agradecí.
Le puse el cinturón como pude, después me lo puse yo y coloqué el paño contra su herida, la cual no paraba de sangrar.
Hasta que el coche no se puso en marcha y Eriol conectó la radio con una música suave para inundar ese silencio, no me di cuenta de que el corazón me latía a mil por hora y que las manos me temblaban demasiado. Le acaricié la mejilla a Shaoran con dedos frágiles y retuve un suspiro; era suave, tal como me la había imaginado. Seguramente se habría afeitado ese mismo día ya que no pinchaba para nada.
Dejé caer la mano sobre la suya de manera «casual» y me mordí el labio inferior.
Estuve observando las personas pasar a nuestro lado a velocidad de vértigo a través de la ventanilla hasta que un pequeño gruñido por parte de Shaoran me llamó la atención. Sus ojos ámbar, que estaban medio abiertos, me recorrieron el rostro con ternura y mi corazón, que estaba recuperando su ritmo normal de siempre, volvió a latir con prisas, rápido, provocándome un sonrojo.
Separó los labios y los movió, pero no pude escuchar lo que decía. Me di un pequeño impulso para acercar más mi oreja a su boca y volvió a susurrar:
—Sakura... —Me había llamado por mi nombre. Nada de Kinomoto. Sakura. Mi nombre. Pero ahí no acabó porque añadió—, un... ángel...
Giré bruscamente la cabeza para mirarlo a los ojos justo cuando él los volvía a cerrar para sumirse en la inconsciencia. Tragué saliva. Un ángel. Pero no pude maravillarme mucho puesto que me di cuenta que su cara estaba a centímetros de la mía, que su nariz le quedaba nada para tocar la mía. Oh dios mío, ¿por qué era tan guapo? Seguro que estaba prohibido. Levantar pasiones en el sexo femenino no podía estar bien, no cuando él estaba con una herida en la cabeza y los ojos cerrados, inconsciente.
Antes de poder apartarme con dignidad, el coche dio un giro muy brusco y me vi precipitada hacia Shaoran. Para que no se moviera ni se golpeara con nada, lo sujeté un poco mejor por la cabeza —que es donde tenía una mano con el paño— y con la otra lo agarré del hombro para que no chocara contra la puerta. Tan ocupada estaba preocupada en que no se diera ningún golpe que no pude detenerme cuando me di cuenta que a lo único que estaba yo sujeta era su cuerpo.
Cerré los ojos, agarrándome a él con fuerza hasta que noté sus labios inmóviles bajo los míos. Separé los párpados. ¡Oh Dios mío! Me aparté de él de golpe, sintiendo un hormigueo recorriéndome los labios. Me los lamí lentamente y miré a Shaoran. Era patético; nos habíamos besado por culpa de un giro brusco del coche y sólo yo lo había disfrutado. Aunque tampoco se podía considerar un beso porque él estaba inconsciente y fue un contacto que duró largos segundos, pero en ese tiempo nuestros labios ni se movieron.
Suspiré en silencio.
Si Lars no se hubiera peleado con Eriol, sí nos habríamos besado.
Estúpido karma y sus ganas fastidiarme.
Estaba completamente segura que en los próximos días mis sueños serían protagonizados por Shaoran Li y, en su gran mayoría, el contenido de éstos tendrá un alto porcentaje de sexo.
Oh bendito sueño que siempre te deja un sabor amargo al despertarte.
POV Shaoran
Cuando abrí los ojos estaba tumbado en una cama blanca rodeado de paredes blancas y por un momento pensé que estaba en mi casa. Luego olfateé ese olor tan peculiar que tienen los hospitales y el corazón se me aceleró dentro del pecho con tanta rapidez que pensé que moriría o algo.
Me incorporé de golpe. Tenía mis ropas puestas, aunque la camiseta estaba manchada de sangre y me dolía la cabeza. Cerré los ojos y me apreté el puente de la nariz. ¡Eriol! ¡Maldito sea! Ese botellazo iba para él y por culpa de tratar de calmar los ánimos me hirieron a mí. Qué bien... Por eso no tengo muchos amigos porque los pocos que tengo ya me meten en cada fregado que no necesito más la verdad.
Dejé escapar un bufido y saqué las piernas por el borde de la cama, dejándolas colgando. Si mis cálculos no fallaban —y casi nunca lo hacían— me habrían puesto puntos. ¡Og! ¡Cómo odiaba los hospitales! Son solitarios, llenos de tristeza y para los internos, aburridos. ¿Qué se puede hacer en un hospital sin molestar? Nada. Excepto ver la tele que, encima, es de pago.
—¿Ya te has despertado? —Di un respingo al escuchar la voz de Sakura a mis espaldas.
Giré la cabeza para verla parada en el umbral de la puerta con un vaso de cartón en las manos. ¿Café? Seguramente.
—Hummm..., ¿quieres?
—No me gusta el café.
Ella sonrió y se acercó lentamente a mí.
—Estás de suerte. A mí tampoco me gusta; es chocolate caliente.
Me sorprendí, pero no lo dejé demostrar.
—¿Quieres? —repitió, entregándome el vaso.
—¿Y tú?
—Este es el cuarto que me voy a tomar. Creo que mi acné lo agradecerá sino lo bebo.
Lo cogí con cuidado. No quemaba. Hasta que no le di el primer sorbo no me di cuenta de que tenía la boca completamente seca. ¿Cuánto tiempo haría que estaba inconciente? ¿Sakura había estado todo el rato conmigo? ¿Por qué?
La miré. Tenía el pelo despeinado, una chaqueta que le iba tres kilómetros grandes, probablemente de un chico, los ojos rojos y aspecto cansado, como quien ha sobrepasado su límite de estar despierto. Bostezó tapándose la boca con la mano y luego se restregó la cara para quitarse el sueño que se dibujaba por su rostro. Incluso con esas pintas, era guapa.
—¿Cuánto tiempo llevo inconsciente? —pregunté, alejando esos pensamientos.
Hizo ademán de mirarse la muñeca, pero luego se detuvo y sacó su móvil.
—Tres horas y media o así —dijo no muy segura de su respuesta—. Son las siete de la mañana.
—Vaya —asintió—. ¿Y quién es quien me ha pegado?
—Lars —murmuró—, el novio de Tomoyo.
—¿Por qué se estaba pegando con Eriol?
—Según he logrado entender, Lars creía que Tomoyo estaba ligando con Eriol y viceversa, y se puso como loco. Muy celoso, vamos. Y fue él quien empezó la pelea...
—Y la terminó conmigo —le sonreí de medio lado y ella me devolvió la sonrisa.
Su mirada era dulce, cariñosa, amable... ¿Por qué me había ido a topar con alguien como ella? ¿Alguien tan buena?
—Y luego salió corriendo. Tomoyo no ha conseguido contactar con él aún.
Al parecer, que su amiga terminara con ese chico no le preocupaba en absoluto.
—¿Te cae mal?
—¿Tomoyo? —preguntó sorprendida.
Puse los ojos en blanco. Era buena, pero en ocasiones era realmente tonta.
—Su novio.
—Ah..., sí. No es sólo celoso con los chicos que se acercan a Tomoyo, sino también conmigo. Nos hemos ido separando progresivamente desde que está con él. —Se encogió de hombros—. Una relación así está condenada al fracaso..., ¿no?
Esta vez fui yo quien se encogió de hombros.
—No lo sé. Hay muchos tipos de relaciones —me miró interrogante con sus enormes ojos verdes, tan brillantes como el sol—. Están las destructivas, las imposibles, las platónicas, las verdaderas, las falsas... De todo hay.
—Dicen que nada es imposible —murmuró con la boca pequeña.
—Quién sabe...
No pude evitar que mi mirada se filtrara por el interior de la chaqueta entreabierta, que dejaba ver una camiseta desacomodada, provocando que se le viera el sujetador negro. Tragué saliva y clavé los ojos en la ventana, diciendo mentalmente los países que me venían a la cabeza, alejándome del cuerpo de mi alumna, de mi perdición.
Tuve ganas de agarrarla, tumbarla en la cama conmigo encima y resolver de una vez por toda esa tentación sexual que me obligaba a volver a ella, a mirarla como nunca había mirado a una alumna, a sentir algo por una niña de diecinueve años que era hermosa en muchos sentidos... Dio mío. Sakura me llevaría a la ruina con su pequeño cuerpo y su inocencia tan grande como desesperante.
—¡Oh! —Ella se puso en pie de un salto y me sonrió con disculpa—. Voy a avisarles a los demás que estás despierto. Me había olvidado por completo. Ahora vengo.
Se acercó a mí para comprobar si tenía el vaso vacío y sonrió, cogiéndolo, acariciando a su vez mis frías manos. Las suyas eran tibias, suaves, hermosas. Sujetó el vaso pero antes de que se alejara, apoyé una de mis manos sobre la suya que rodeaba el vaso y pude sentir como todo mi cuerpo reaccionaba ante ese simple acto.
Noté como Sakura contenía la respiración y se ponía rígida ante ese contacto. Ignoraba si le gustaba o no, pero en esos momentos me daba igual. Yo estaba siendo egoísta y disfrutando de su piel. De esa piel que hacía muchas noches había disfrutado pero que ya el poco recuerdo que se mantenía vivo se alejaba rápidamente como si nunca hubiera estado allí.
Alcé la mirada y me encontré con sus ojos verdes, prendados de mi rostro. Sus labios entreabiertos, su cuerpo completamente inmóvil. Sakura cerró un poco sus orbes e inconscientemente se acercó a mí. Yo a su vez hice lo mismo. Íbamos a acabar lo que aún no habíamos comenzado en el balcón de la casa de su hermano. De más está decir que aquí teníamos una cama por si la cosa iba a más.
Es tu alumna. Un escándalo. Una mancha en tu currículum. Es una niña. No puedes tirártela y luego dejarla y seguir con tu trabajo porque seguirás viéndola cada día y quizá ella te amenaza...
Abrí los ojos justo cuando nuestros labios estaban a punto de encontrarse. Me hice hacia atrás y giré la cabeza, clavando la mirada en la almohada. El corazón me latía muy rápido, amenazándome con salir disparado.
—Deberías ir avisar a los demás.
Ella parpadeó muy confusa y se separó de mí de un salto. Luego salió corriendo de la habitación sin decirme nada.
Maldita sea.
Esto iba de mal en peor.
Estúpida Sakura.
POV Sakura
Después de decirle a Eriol, Mei Ling, Yukito y mi hermano que Shaoran había despertado, me excusé para ir al lavabo. Caminé a paso rápido mordiéndome con fuerza el labio superior. Entré en el primer cubículo libre que vi y me cerré con pestillo. Me apoyé en la puerta con la mirada clavada en las baldosas sucias de encima del váter.
Suspiré y me restregué la cara con las manos. Se había tirado hacia atrás para no besarme, ¿y qué? Me había dejado con las ganas de poder probar sus labios, ¿y qué? No estaba bien tener estos pensamientos, ¿y qué? Pero él estaba en todo su derecho de no querer besarme ni llegar a nada, al fin y al cabo, era mi profesor y, bueno, el adulto en este asunto.
Me giré y vi la inscripción que alguien había puesto en la puerta:
"Mai y Kai siempre juntos". Con un enorme corazón al final.
—Que esto es un hospital, no un colegio —gruñí saliendo del cubículo del lavabo.
Cuando salí al pasillo me encontré a Toya y Yukito esperándome.
—¿Nos vamos? —me dijo mi hermano echando a andar.
—Ya nos hemos asegurado que está bien. Deben quedarse con él su amigo y su prima —me explicó Yukito sin necesidad de preguntar.
Asentí, me acomodé mejor la chaqueta de Toya y les seguí pasillo abajo.
Me alegré de que no me dijeran que me despidiera de Shaoran. Ignoraba cómo actuar delante de él.
Supuse que debía actuar como alumna-profesor.
Ni recordaba cuántas veces me había repetido eso
LasConsecuenciasDelAlcohol
Todo esto era muy raro.
La extraña relación que mantenía con Shaoran no podía llamarse profesor-alumna ni estrictamente profesional.
Aunque no quisiera pensar en ello mi mente no dejaba de darle vueltas. Me había cogido de la mano y él también se me había acercado para besarme, sin embargo al final había decidido apartarse porque, suponía, que era lo mejor.
Y ni siquiera podía comentarlo con Tomoyo, entre otras cosas porque llevaba discutiendo con Lars desde las doce de la mañana y, bueno, a las ocho de la tarde estaba agotada y su madre me había dicho que estaba durmiendo en su cuarto. Que no se encontraba bien. Y mañana me quedaría un largo día escuchando a mi mejor amiga sobre sus problemas con Lars y preguntándose qué hacer con esa relación que, en mi opinión, no iba a ningún lado. Un chico así de celoso y posesivo que quería incluso apartar a las amigas de Tomoyo de su lado no era bueno.
Lars era mala gente.
Y esperaba que Tomoyo se diera cuenta.
Justo cuando estaba por apagar la luz y meterme en la cama, deseando que la noche fuera eterna y al día siguiente no tuviera que ver al profesor Li, sonó el teléfono. Al descolgarlo, escuché la voz susurrada de Yukito.
—¿Ocurre algo? —pregunté, bajando yo también la voz.
No sé por qué tenemos la estúpida manía de bajar el volumen de nuestra voz cuando con la otra persona que estamos hablando tiene que hablar en voz baja. Creo que nunca lo entenderé, como tampoco entenderé por qué yo también lo hago.
—Sakura, no he podido evitar ver algo raro y..., bueno, quiero asegurarme de que es todo obra de mi imaginación.
El corazón se me detuvo.
Yukito era observador pero no tanto. No podía haber adivinado nada de nada. Imposible. Traté de relajarme y decir con voz calmada:
—¿De qué hablas?
—¿Hay algo entre tú y Shaoran?
Vale, pues sí que se había dado cuenta. Me hubiese echado a reír de no haber sido de las lágrimas que se amontonaron en los ojos. Oh, dios, no iba a poder mentir, estaba demasiado inquieta, nerviosa y de todo. Clavé la mirada en mi mano que no paraba de temblar. No. Todo mi cuerpo temblaba cual hoja expuesta al viento furioso. Ojalá yo fuera una hoja y me llevara volando a un lugar del que nunca se puede volver.
Sakura, vuelve, tienes que mentir. Me recriminó una voz en mi mente que me hizo pestañear y respirar con parsimonia.
—N-No, ¿qué quieres que haya? —reí nerviosamente y tuve ganas de darme de cabezazos contra la pared.
¿Tartamudeo? ¿Risa nerviosa? ¡Hombre, por favor! Hasta la persona más despistada se daría cuenta de que algo no iba bien. Incluso yo me daría cuenta de no ser la protagonista de toda esta mierda.
—Estás mintiendo.
—No.
—Sakura, que nos conocemos.
Tragué saliva.
—Es mi profesor —una verdad a medias—, y bueno, tengo que tratarle bien para que no me coja manía y más habiendo sido agredido en la fiesta de mi hermano, ¿no? —volví a reír, esta vez más tranquila.
Suspiré en silencio, orgullosa de haberme salido por la tangente sin ser descubierta. Era una verdad a medias y bastante creíble. Yo me la hubiera creído a pies juntillas sin dudarlo ni un minuto. Lástima que Yukito no se diera por vencido tan fácil como yo. Algo se olía y estaba dispuesto a descubrirlo...
—Pero hay algo más, ¿verdad?
—¿Algo más? —repetí, haciéndome la sorprendida.
—Sí. Demasiado preocupada, demasiado...
—Demasiado, ¿qué? Yukito no sé qué me intentas decir..., yo creo que es normal ser un poco tímida con tu profesor de universidad, ¿no?
—Sí, pero tampoco te hablas con los profesores al encontrártelos en una fiesta..., y tú sí...
—Soy amable.
—Sakura.
—¿Qué? ¡Es la verdad!
—Te conozco desde que eras una niña de ocho años. Y tienes suerte de haberme fijado yo y no tu hermano. Está demasiado estresado con el trabajo, así que considérate afortunada.
—Yukito...
—Cuéntamelo. ¿Qué pasa?
Tragué saliva, fijé la mirada en los peluches de mi habitación y me dejé caer sobre la cama. Mis párpados se cerraron lentamente y suspiré. Necesitaba soltarlo. Necesitaba que alguien lo supiera que no fuera Tomoyo, quien por su parte estaba demasiado ocupada con su amor o su ex amor o yo qué sé. Necesitaba que alguien me sonriera y me dijera que no pasaba nada, que yo no iba a sentir nada raro por ese profesor ni que el instinto de besarlo me acogiera a cada momento que le viera.
—El día que salí de fiesta hace unas cuantas semanas —empecé—, me lo encontré en la discoteca, no sabía que sería mi profesor. De hecho, parecía más joven, no alguien con la edad suficiente como para ejercer de profesor... —tragué saliva—. Yo había bebido, él también, nos besamos en la discoteca y..., creo que te imaginas el resto.
—Acabaste en su casa y no precisamente para ver la televisión, ¿no?
—Así es —murmuré—. Pensé que no iba a volver a verle nunca, que fue un lío de la noche como todo el mundo ha tenido alguna vez, pero el lunes se presentó ante mi nueva clase como el profesor y todo fue a peor. Luego me enteré de que era vuestro vecino y supe que el mundo y la vida y el karma y la suerte definitivamente me odiaban. Y yo..., estoy nerviosa, estresada y tengo ganas de llorar y creo que es lo que voy a hacer o no porque ya he llorado bastante..., y encima tú te has dado cuenta, lo que siginifica que Toya puede darse cuenta en cualquier momento y entonces me mataría y luego mataría a Shaoran y... ¿Se lo vas a contar? ¡Oh, Dios, claro que se lo contarás! Es tu deber, decirle lo que hace su hermanita peq...
—¡Sakura, Sakura! —me interrumpió—. No le diré nada. Tu secreto está a salvo conmigo, ¿de acuerdo?
—¿Seguro?
—Sí. Pero me tienes que prometer una cosa.
—¿El qué? ¡Lo que sea!
En ese momento la frase "lo que sea" no la había pensado lo suficiente hasta que escuché lo que deseaba que prometiera.
—Que no tendrás nada con él. Sé cómo acaban estas cosas.
—¿Eh?
—Quiero que vuestra relación sea alumna-profesor, nada de intimar, ¿de acuerdo?
Bueno, era lo que yo quería, ¿no?
—¿Sakura?
Tragué saliva.
—De acuerdo, claro, no quiero tener nada con Shaoran Li. Sólo deseo olvidar lo que pasó. No tendré nada con él, de verdad. No lo tenía en mente —y la mentira me picó en la lengua, pero supe aguantarme.
Era lo que yo quería, pero no deseaba en absoluto cumplir esa promesa.
No lo deseaba, pero lo haría, ¿verdad?
¡Lo siento, de verdad! ¡Lamento haber tardado tanto y que el capítulo no sea largo comparado con los demás, pero es todo lo que tengo! Aparte de los estudios, la inspiración me falta desde hace ya un tiempo, pero de verdad que siento mucho haber tardado tanto. No sé si la espera habrá valido la pena, pero algo es algo al menos, ¿no?
Intentaré subir un nuevo capítulo en dos semanas (este lunes me voy a la playa y estoy allí un poco más de una semana, pero probablemente pueda escribir a través del portatil, pero no tengo internet) y espero que sea largo y que os guste.
En fin, si seguís queriendo saber qué ocurrirá y si aún la seguís, hacérmelo saber. Espero que no me odiéis demasiado por haber tardado tanto, la verdad.
¡Cuídense!
LadyRubí.
