Disclaimer: los personajes y parte de la trama son de Yana Toboso (si fueran míos Ciel no hubiese terminado siendo un demonio y Sebastián sería MI mayordomo), lo que reconozcan no es mío.


Una Chica... ¿Endemoniadamente Buena?

Cap. 5 Esa Chica, Confundida.


Un Ciel "vacío" y sin memoria se pasea por los pasillos de la mansión Phantomhive. Una chica bastante diferente llega desde Londres o tal vez mas lejos. Un secreto guardado por trece años decide salir a relucir. La venganza que quiere surgir, esta vez ejercida por otra persona. Como dicen: "La venganza es un plato que se sirve dulce y frío".


Ciel se hallaba sorprendido con aquella llamada, hacía mucho que la Reina no se comunicaba con él, de algo se encontraba seguro, los días de tranquilidad que había tenido últimamente habían llegado a su fin.

-Ciel ¿estás ahí?-preguntó ella.

-Sí, su majestad- respondió él.

- ¿Cómo estás, pequeño? Tanto tiempo sin hablarte- dijo la reina. Una cosa que en ella nunca cambiaba, por más años que Ciel cumpliera, ella siempre lo seguía llamando "pequeño", y sin mentir cada vez era más empalagoso-. ¿Has recibido mi carta? no he recibido respuesta por eso te llamo.

-Me temo que no, ¿por qué desea saber?

-Lo sabrás cuando recibas la carta, es algo que no se debe hablar por teléfono, pero es muy importante, ha venido ocurriendo ya hace una semana y me está empezando a preocupar mucho, temo que se convierta en algo mayor e involucre a más personas.

-Ya entiendo, en cuanto reciba la carta, buscaré la forma de resolverlo lo más pronto posible.

-Gracias, sé que no me defraudarás, mi pequeño.

-No lo haré, su majestad.

La llamada terminó y Ciel se sentó en su escritorio. La Reina se oía bastante preocupada, él sabía que algo importante estaba ocurriendo en Londres, tanto como para que no le dijera directamente por teléfono lo que ocurría -la Reina creía que había personas que extraoficialmente

escuchaban las llamadas de teléfono para vigilarla-. Ciel sonrió, hace muchos años que ella creía eso, su padre Vincent, también lo sabía.

Se levantó del escritorio y se dispuso a ir al comedor, donde al llegar Lizzie le contó emocionada sobre sus planes para la fiesta de Anne Sophie y cómo vestirían ella y Mairie. Al terminar el té de las once Elizabeth decidió llevar a Lady Mairie al taller de Nina a buscar un vestido para el baile. En cuanto la mansión quedó vacía, Ciel se dirigió a su estudio dónde al llegar pudo ver en el escritorio que su carta había llegado.

-Hace poco llegó el mensajero de la Reina y trajo esto- dijo Sebastián-. Parecía apurado, creo que se retrasó al entregarla.

Ciel caminó hasta su escritorio y abrió la esperada carta.

"A mi niño lindo:

¿Cómo has estado? Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que hablamos ¿no? A veces el tiempo pasa tan rápido que no nos damos cuenta. Bueno, en cualquier caso ¿has oído hablar de la combustión instantánea? Hace dos semanas se ha ido repitiendo el mismo caso: mujeres, sin razón aparente, se han prendido en fuego, convirtiéndose así en menos que cenizas en sólo segundos. Aunque no parezca así, creo que alguien lo está causando. Por eso quiero que, como la última vez que ocurrió esto, descubras junto a mi Araña lo que ocurre y detengas al autor de éstos crímenes.

Victoria."

Terminó de leer la carta y, dudoso, le preguntó a su mayordomo:

- ¿Quién es la Araña?

-Sinceramente no lo sé, Joven Amo.

-Entonces quiero que investigues quién, es así como lo de la combustión instantánea.

-Si, mi Señor.


La casa de costura de Nina Horpkings era bastante grande. Cuando Lady Mairie entró allí, sorprendida, se dio cuenta de la cantidad de vestidos, trajes y que habían, tantos, que de los cuatro pisos del edificio, tres eran de exhibición, con cualquier cantidad de maniquíes y modelos.

-Hola Nina- saludó sonriente Lizzie a la que parecía ser la modista-.

-Señorita Middleford ¿Cómo está? ¿Qué la trae a mi humilde taller?- preguntó con modestia la mujer-.

-¿Sabes del baile que organizó Madame Fortescue?- preguntó Elizabeth.

-¿El de ésta noche?- la joven asintió- Si, varias personas vinieron para que les hiciera un vestido distinto para la ocasión- respondió pensativa mientras posaba su dedo índice sobre su barbilla, como si se la sostuviese-. ¿No querrás que te haga un vestido para esta noche?- intentó adivinar.

-No, no es para mí, es para ella- aclaró las dudas apuntando con su mano a Mairie.

-Hum… Creo que será difícil terminar un vestido de fiesta para ésta noche- siguió acariciándose la barbilla-. Pero… vamos a tomar tus medidas y vemos que podemos hacer- dijo a la morena. Se alejó y rebuscó en uno de los cajones de la mesa de costura-. Aquí está- sacó un rollete de cinta métrica y agarrando a Mairie por los hombros, la situó en una especie de podio-. No te muevas, por favor-. Empezó a tomar medidas y anotarlas en un pequeño cuaderno de notas.

Pasaron varios minutos así y luego de terminar, la modista se quedó observando sus anotaciones. Pareció tener una idea, porque luego de varios segundos pensando, arrojó la libreta al mesón y se retiró del taller corriendo. Pocos minutos después regresó, ésta vez con un vestido en sus manos.

-No creo que pueda terminar un vestido tan rápido- dijo Nina- pero te puedo prestar éste. Lo hice para un festival de nuevas modas el año pasado, la persona que lo compró al parecer se arrepintió y lo devolvió rápidamente- explicó-. Creo que te podría quedar, él tiene una contextura bastante parecida a la tuya.

-¡Oh por Dios! Es tan lindo, se parece…- se interrumpió a sí misma al reconocer el vestido rosa con hombros descubiertos, adornado con listones negros y rosas. Había visto aquel vestido, era aquel que usaba la hermosa chica misteriosa que hablaba con el vizconde la fiesta antes de que lo apresaran por tráfico de personas y órganos. Rápidamente pensó mejor lo que acababa de decir la modista, "él tiene una contextura…"- ¿Dijiste 'él'?

-¿Eso dije?- intentó negar Nina lo que había dicho antes.

-Si, eso dijiste- respondió Lizzie, quien ya estaba empezando a perder la compostura-. Entonces ¿quién compró éste vestido?

-Siento no poder responder a su pregunta señorita Middleford, por dos razones: primero, yo no vendí éste vestido, en ése momento yo estaba de viaje; segundo, aunque escuché rumores sobre quien lo había utilizado, no sería prudente decirle- respondió-.

Elizabeth intentó respirar de modo normal hasta que pudo volver a su estado anímico de siempre: sonriente y siempre linda, aunque por dentro Londres siga ardiendo en llamas. Luego de lograrlo le preguntó a Lady Mairie:

-¿Por qué no te lo pruebas?

-No se, es como que muy…-falló al buscar un adjetivo que lo describiera- rosado.

-¿Qué tiene el color rosado?- preguntó la rubia, quien como no había reparado antes, llevaba un vestido rosa, con toda la gama de rosas posible adornándolo.

-Nada- intentó evitar una discusión sobre qué colores eran mejores-, olvídalo me lo probaré- le restó importancia con la mano.

Tomó el vestido de las manos de Nina y se fue detrás del biombo. No le convencía mucho aquel vestido, para la morena era demasiado colorido para su gusto. Se probó el vestido, que "mágicamente" cerró detrás de su espalda sin la necesidad de un corsé. Salió con el vestido a la vista de Elizabeth y la modista, quienes sonrieron para sí mismas, una por su excelente ojo para el diseño y costura, y la otra por su excelente gusto para el vestuario. Las chicas salieron de la casa de costura y se dirigieron a la mansión Middleford, donde comenzaron a prepararse para el baile.


Mairie se miró al espejo. Era cierto lo que decía Elizabeth, se veía muy hermosa con aquel vestido. La chica sacó un pequeño frasco que llevaba consigo, atado a un listón que iba colgado a su cuello. Lo traía siempre ahí, escondido bajo su ropa. Su amigo Louis se lo había obsequiado en su último cumpleaños, él mismo, con ayuda de su padre, había preparado aquel perfume para ella. Nunca lo había abierto y sintió un remordimiento de conciencia al hacerlo, pero lo olvidó todo al sentir la fragancia que emanaba del frasquito de vidrio y mas tarde de ella, llenando toda la habitación.

Se quedó inmóvil varios minutos observado su reflejo. Ya no era la misma niña que salió de los Estados Unidos, llorando en un gran transatlántico, llorando por sus padres, llorando por sus hermanos, por su querido amigo, por la ciudad en la que había vivido, llorando porque creía que ya no podría regresar, porque creía que tendría que vivir con sus tíos el resto de su vida.

No le gustaban sus tíos, nunca lo habían hecho, nunca le habían gustado sus primos, para ella, eran demasiado pretenciosos, nunca habían jugado con ella por el simple hecho de que ella era la adoptada en la familia, porque ella era la oveja negra, porque no había nacido en Inglaterra y porque tampoco lo había hecho en los Estados Unidos.

Aunque había pasado un año ya después de eso, había madurado y muchas cosas habían cambiado en ella, ahora era una fría calculadora de planes, había huido de 'casa' y no faltaba mucho ya para terminar con el negocio fraudulento de Lord Frederic, quien para ella, no valía lo suficiente para ser su tío.

Guardó el perfume y salió de la habitación. Pudo sentir el peso de la falda que la incomodaba al caminar los las botas de tacón. Ignoró por completo esto y bajó tranquilamente las escaleras de la mansión y junto a Lizzie se montó en el carro y comenzaron el camino hacia la gran casa de ciudad de su prima.

Al llegar, bajaron solemnemente del carruaje y entraron a la mansión dónde su prima y un gran número de invitados se encontraban celebrando.


Espero que les haya gustado este capítulo, se me salió un poco lo sentimental al escribirlo... pero bueno aquí está. Tardé un poco porque comencé a trabajar en un nuevo fic también de kurushitsuji y la verdad me distraje con el otro. Ahora, hay algo que me preocupa, siento que nadie me está leyendo ya D: así que no olviden dejar rewiew.

Se despide sin más,

Dani~

PD: un adelanto de mi nuevo fic... se llama "Descenso por la Madriguera" o algo así, todavía no lo decido ;D