Hola de Nuevo! Acá les traigo el cuarto capítulo de mi fic. Estoy muerta de sueño en estos momentos así que no tengo comentarios ingeniosos para decir, sólo puedo puntualizar que este fue mi chap favorito de escribir así que espero en serio que les guste :)

PS: Gracias a mi beta Eli como siempre :D

Disclaimer: The Mentalist no me pertenece, etc…


She Dreams In Red

Capítulo 4

Regresó esa misma tarde, entrando sin golpear y completamente extasiado. Yo lo miré extrañada, sin saber qué rayos sucedía y cómo podría afectarme su súbita felicidad. Él no notó mi desconcierto ni menos la falta del vaso para mi fortuna. Estaba demasiado inmerso en su emoción y comenzó a pasearse de un lado a otro, diciendo cosas en voz baja que no era capaz de entender.

-¡Oh, querida Teresa!- dijo finalmente dirigiéndose a mí- Todo ha salido como yo lo esperaba. Pronto verás algo hermoso, muy hermoso.

-¿En serio? ¿Hermoso para mí o para ti?

-No es necesario el sarcasmo, cariño. Sobre todo cuando estoy de tan buen humor- respondió sin afectarse en lo más mínimo-. Ahora, debido a que estamos tan cerca de la recta final, vamos a tener que cambiar las reglas del juego o de lo contrario el efecto se perderá y todo habrá sido en vano…

Definitivamente estaba hablando más para sí mismo que para mí. Se veía descontrolado, fuera de sí. Eso lo hacía todo aún peor. Era como una bomba esperando a explotar de un momento a otro. Por unos segundos pensé en reconsiderar mi plan de escape. Quizá era mejor calmarlo un poco antes, de lo contrario, sólo estaría adelantando mi muerte.

-¿Sabes? He estado pensando durante mi tiempo aquí…-dije viéndolo mover su silla otra vez frente a mí, pero esta vez sin tomar asiento- Y sé que no tengo derecho a pedirte ningún favor, pero eres la única persona que está aquí, así que…

Se detuvo y me sonrió afectuosamente.

-Teresa, tienes todo el derecho a pedirme un favor, mientras que no se relacione con escapar, claro está. Te debo mucho como para negarme. Dime y veré si soy capaz de cumplirlo.

-Ambos sabemos que no saldré viva de esta, así que quisiera dejar una carta a mis seres queridos a modo de despedida.

Frunció el ceño, dudando por unos instantes.

-Es posible, pero sabes que tengo que leer todas esas cartas antes de que considere entregarlas. Digo, no quiero que me delates ni nada por el estilo.

-Por supuesto, sólo quiero darles algo a modo consuelo para cuando yo no esté.

-Nunca pensé que fueses tan sentimental. En serio creí que eras un poco más fría- dijo divertido.

-Cualquiera en mi lugar tiene el derecho de ponerse cursi- respondí encogiéndome de brazos-. Entonces ¿Ese puede ser mi último deseo?

-No suelo dar tales privilegios a mis víctimas, pero haré una excepción dado que has sido tan buena chica. Déjame traerte un pedazo de papel y un lápiz. Anda pensando en qué escribirás, porque, como te iba diciendo, las cosas van a cambiar un poco y no podrás ocupar las manos- sacó unas amarras de plástico blanco de su bolsillo y después apuntó a la silla frente mío antes de irse.

-¡Mierda!- susurré con nerviosismo una vez sola otra vez.

Se habían acabado las delicadezas. Al momento que me amarrara esa silla, ya no había vuelta atrás. No habría posibilidad de escape.

Tratando de mantener la calma y controlar el temblor de mis manos, me lancé al otro lado de la cama y saqué pedazo de vidrio envuelto en tela que había escondido esa mañana, aferrándome a él con todas mis fuerzas.

Era ahora o nunca. Tenía que poner en marcha mi plan a toda costa.

No tenía miedo, porque no tenía nada que perder. Sin embargo, una parte de mí sentía el hecho de no llegar a tener la posibilidad de escribir esas cartas.

Si esto salía mal, al menos me hubiese gustado despedirme de Jane y todas las personas que amaba.


Uno, dos, tres…

Con todo el tiempo que había estado aquí, había logrado determinar la cantidad de pasos que le tomaban a mi captor para atravesar todo el pasillo hasta mi puerta.

Eran 16, a veces 17. Nunca variaba de eso.

Ocho, nueve, diez…

Mi corazón latía fuerte, como nunca lo había hecho. Mis manos sudaban y mis oídos zumbaban. Odiaba sentirme tan indefensa, pero las cosas eran diferentes cuando todo lo que tenías era un pedazo de vidrio en vez de una Glock cargada.

Trece, catorce, quince…

Se detuvo unos instantes, Dios sabe para qué, pero finalmente dio los dos infames últimos pasos y la puerta se abrió.

Todo sucedió muy rápido a partir de entonces. Sentí el sonido de algo desgarrándose al momento que mi puñal improvisado le daba en el hombro. Me sentí triunfante aún entre toda la confusión. No lograría reducirlo con un golpe así, pero al fin estaba en control después de todo este tiempo.

Recuerdo que después de eso le di una patada, aunque me había agarrado por los brazos. Gritó por el dolor y yo sólo me sentí con más fuerzas. Le mordí las manos para que me soltara, aprovechando la oleada de valor que se había apoderado de mí. Podía sentir la victoria al sentir uno de mis brazos libres. Yo iba a salir de ahí por mis propias fuerzas, lo presentía…

Fue en ese momento cuando sentí un golpe seco en mi rostro y perdí el conocimiento.


No te dije, porque quería protegerte

Siempre voy a salvarte, Lisbon, te guste o no.

Un tirón de mi cabello hizo que la oscuridad desapareciera y así también las voces.

¿Estaba muerta?

¿Estaba viva?

No me importaba, sólo quería que el dolor desapareciera.

-Perra astuta, en serio me engañaste. Creo que se te pegaron los malos hábitos de Jane.

Traté de abrir los ojos, pero no pude, al menos no completamente. Sentía mi rostro inflamado, la cabeza sumergida en la niebla y mis extremidades amarradas. Sólo era capaz de ver la silueta de mi captor. Probablemente producto del dolor o quizá porque al fin había mostrado sus verdaderos colores, su sombra tomaba la forma de un demonio. Un demonio rojo.

Bueno, al menos ahora sabía con toda seguridad quién era.

-¿Creíste que tu querido Patrick está allá afuera buscándote?- me susurró en mi oído - Pues siento romper tu burbuja, querida Teresa. Le has dejado de importar hace tiempo ¿Por qué crees que estaba tan feliz esta mañana? ¿Por qué crees que te iba a dejar escribir esa carta? A él no le iba a interesar leerla, esa era la razón. Todo este tiempo me ha buscado a mí, no a ti. Claro, tu secuestro era necesario para darle algo de motivación, pero pronto dejaste de ser el foco de atención. A él ya no le importa lo que pase contigo, por eso te iba a matar. Ya no te necesitaba más.

Soltó una carcajada. De un tirón soltó mi cabeza y ésta quedó colgando mirando al suelo. No tenía fuerzas para levantarla de nuevo.

-La verdad duele ¿No es así? Lo cierto, Teresa, es que ese Patrick que tanto amas me lo debes a mí ¿Crees que hubieses sido capaz de quererlo siendo quién era antes? Por eso Ángela siempre será la única en su corazón. Ella conoció su verdadero yo y fue capaz de no sólo ser su esposa y sino que también de darle una hija. Pero tú, cariño, tienes buenas intenciones, pero nunca podrás igualar eso. Porque, tal como te dije, ese Patrick que tanto quieres yo lo creé y lo acabo de destruir. Ese Patrick que se hubiese preocupado por ti ya no existe desde el momento que le ofrecí la opción de encontrarme.

Un gemido de angustia se escapó de mis labios y las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos sin poder controlarlas. No podía ser cierto. Jane me quería, quizá no de la misma forma que yo lo hacía, pero era una buena persona y no dejaría a su mejor amiga morir a manos de Red John. No tenía que escucharlo. No podía dejar que jugara con mi mente, pero él continuaba diciendo esas palabras llenas de veneno y no lograba ser inmune a ellas.

-En estos momentos, él está en una bodega en las Vegas creyendo que yo me encuentro ahí- continuó-. Menuda sorpresa se llevará cuando note que yo no estoy ahí y a su regreso encuentre tu cuerpo en su habitación de motel bajo una de mis famosas sonrisas. Claro, no le importará que hayas muerto, sino más bien la vergüenza de saber que otra vez lo he vencido en sus narices.

Sentí un pinchazo en mi brazo y la poca conciencia que había recobrado se perdió en un velo de oscuridad. No sabía si ahora sí era el fin o no, pero al menos los sollozos habían parado y el dolor desaparecía poco a poco. Aún podía escuchar unas voces a lo lejos, pero eran casi imperceptibles. Lo único que pude entender antes de caer rendida fueron las palabras que Jane me había dicho antes de fingir dispararme:

Buena suerte, Teresa. Te quiero.

Curioso.

Hasta en la muerte, mi estúpido corazón le jugaba una mala pasada a mi cabeza.


Reviews?

:D