Hola mis lectores! Acá les traigo el penúltimo capítulo de este fic. Si me siguen en twitter, sabrán que este me dio MUCHÍSIMOS quebraderos de cabeza. Creo que lo reescribí unas cinco veces. En fin, por eso lo odio, pero espero que a ustedes les guste al menos. Y si no, pues el que viene prometo que el siguiente les encantará :)
Pues sin más preámbulos, acá les va.
Gracias Eli por betareadear como siempre
Enjoy (or not)
Disclaimer: The Mentalist no me pertenece etc, etc.
She Dreams In Red
Capítulo 5
Inconsciente e inmersa mi mente en una especie de neblina roja, pensé en lo que Greg me había dicho la última vez que nos encontramos, que yo no solía ser tan fuerte antes. En ese momento, no fui capaz de negárselo y creo que podría haberlo hecho aunque hubiese querido, porque tenía razón. Me había tomado algún tiempo, pero después de tantos años de sufrimientos y decepciones, pude recoger cada uno de los pedazos y construí todos los muros posibles para protegerme.
Endurecí mis emociones y entrené mi cuerpo para soportar los golpes. No iba a volver a ser aquella muchachita de doce años, indefensa y asustada del mundo. Ahora podría defenderme de todo y todos.
Por eso, me sentí tan frustrada cuando Red John me hizo sentirme otra vez como ella, una vez perdida la conciencia, atada en esa silla. Con un par de golpes había roto algunos de mis huesos y con unas simples palabras había roto mi espíritu.
Creo que esto último era lo que más me dolía, incluso más que mis costillas lastimadas y mi cara seguramente desfigurada ya por los moretones. Jane parecía haberme abandonado.
Una parte de mí, la que había perdido por completo la fe en él, lo odiaba por haberme convertido de nuevo en aquella persona desilusionada e impotente y, si lograba sobrevivir a esta, seguramente jamás lo perdonaría por ello. No importaba cuánto lo quisiera.
Sin embargo, la otra parte dentro de mí, aquella que por años me había hecho creer que en el fondo era un buen hombre, sólo una víctima de las circunstancias, me decía que era imposible que fuera capaz de semejante traición. Jane me había mentido y me había herido incontables veces, pero siempre creí ver un cierto atisbo de bondad inquebrantable a pesar de todos sus engaños y malas maneras. Era esto lo que siempre me hacía darle una segunda oportunidad y ahora mismo guardar la pequeña esperanza de que en algún momento se diera la vuelta y viniese a mi rescate.
Si hubiese podido, hubiese puesto los ojos en blanco ante mi propia ingenuidad ¿Cuán probable era eso? ¿En serio, Teresa? Jane siempre había sido más que sincero acerca de su orden de prioridades en cuanto a Red John. No era un asunto de sentimientos ni de fe, era un asunto de lógica. Cuando despertara, si es que lo hacía, probablemente estaría otra vez en aquella habitación del infierno, viendo impotente cómo Red John hacía conmigo lo que le daba la gana. Tenía que ir haciéndome la idea, sobre todo porque comenzaba a sentir cómo recobraba la conciencia.
Una oleada de pánico amenazó con apoderarse de mí, pero traté de mantener la calma conforme recuperaba cada uno de mis sentidos.
Durante años me las había arreglado sola y esta vez no sería la excepción. Ese bastardo podía lastimarme en todas las formas posibles, mas no iba a lograr someterme a su voluntad ni quitarme mi orgullo. Estaba lista para afrontar lo que fuera.
Lo primero que vi al abrir los ojos fue una luz cegadora que se movía de un lado a otro. No podía ver a mí alrededor, pero de inmediato presentí que me encontraba en un lugar completamente diferente al que había esperado. Todo se sentía diferente. No entendía lo que pasaba, pero me sentía de alguna manera a salvo.
Una voz que no reconocí me acribilló de preguntas, las cuales respondí entre balbuceos y desconcierto. Estaba abrumada y a punto de perder la paciencia cuando dentro de toda la confusión escuché una voz que sí me parecía familiar:
-¡Gracias a Dios! ¡Estás despierta!
La luz molesta me dejó en paz y pude al fin ver qué había a mi alrededor. Junto con un médico que jamás había visto en mi vida, estaba Grace Van Pelt.
-No sabes cuánto me alegra verte- susurré dado que la voz no me daba para más
Aunque sus ojos lucían cansados y aún asustados, la pelirroja sonrió de oreja a oreja.
-A nosotros también. Por unos segundos creímos que no volveríamos a verte
Fue mi turno se sonreír esta vez. Todavía estaba desorientada, pero estaba lo suficientemente consciente para saber que todo esto no era una mera ilusión. Estaba viva, viva y a salvo y no podía estar más feliz por ello.
-Seguramente quieres saber qué ha ocurrido- dijo acercándose a mi cama, casi atropellando a la enfermera que había aparecido para revisar mis signos vitales-. Es una larga historia, verás…
-Señorita- interrumpió el médico- creo que habrá tiempo para eso después. La paciente necesita descanso.
-Oh, lo siento- dijo avergonzada y se volvió a dirigir a mí-. Volveré en la noche. Le avisaré al resto que has despertado y…
-¿Jane aún no ha vuelto de Las Vegas?- pregunté de pronto, sintiéndome completamente estúpida de haberlo hecho.
Van Pelt me miró extrañada
-¿A qué te refieres?
-Fue allí para encontrarse con Red John mientras ustedes me buscaban ¿No es así?
Me iba a responder, pero el médico volvió a insistir que me dejara en paz y no pude obtener mi respuesta. Aunque claro, yo ya creía tenerla.
No me habían dado más calmantes de los necesarios, por lo que no tenía sueño. Así que me quedé sola en mi habitación sin nada más que hacer que mirar cómo caía la noche a través de la ventana.
A pesar de que había pasado días encerrada en un ático sin nadie más con quien hablar además de Red John, agradecí el silencio y la soledad. El médico me había enumerado todas mis dolencias y me había advertido que venía un proceso largo de recuperación, pero había ciertas heridas que tenían que sanar solas.
El reloj dio la una de la mañana y sentí un golpe en la puerta. Mis músculos se tensaron. Sentí un miedo irracional de que fuera él otra vez. Nadie me había confirmado si estaba muerto o vivo, en custodia o prófugo, así que mi mente podía darse el lujo de jugarme esa clase de malas pasadas. Quizá venía a terminar lo que había empezado.
Traté de reconocer la sombra que entraba por la puerta a pesar de la oscuridad y, para mi completa sorpresa, y no sólo porque no se trataba de Red John como lo suponía, me di cuenta que no era nada más ni nada menos que Patrick Jane.
-Teresa- susurró, sin molestarse en encender la lámpara que estaba en la mesa de noche.
Lo ignoré y aprovechando la falta de luz, me hice la dormida. No quería nada con él, absolutamente nada. Quizá algún día sería capaz de tratarlo al menos con un poco de cortesía, pero no ahora.
-Sé que estás despierta- continuó- y sé que todo esto debe ser difícil para ti y que seguramente quieres estar sola. Sólo quería saber si estabas bien.
-Lo estoy- le respondí cortante.
-Me alegra-hubo un silencio de su parte y prosiguió-. Solamente quería decirte que siento mucho que hayas tenido que pasar por todo esto y…
-¿Cuándo volviste?- disparé sin poder soportar su hipocresía.
-¿Perdón?
-De las Vegas. Él me lo dijo todo.
La luz se encendió y finalmente pude verlo completamente. Me tomó unos instantes, pero caí en cuenta de su ojo morado, una mano vendada y un aspecto peor del que traía durante esos seis meses perdidos.
-Algo había dicho Van Pelt acerca de que le habías preguntado si había vuelto de las Vegas- sonrió sin poder ocultar su nerviosismo- ¿Podrías explicarme por qué tendría que haber estado ahí?
-No tengo energía en este momento de discutir contigo- respondí, dándole vuelta el rostro y hundiéndome en la almohada.
Escuché un suspiro exasperado de su parte, como si estuviese tratando de mantener la calma.
-Red John es un verdadero hijo de perra ¿No es así?
No dije nada, esperando que se marchara por su propia voluntad, pero aún podía sentirlo a mi lado, inmóvil.
-El médico dijo que no te abrumáramos con detalles sórdidos, pero tú sabes qué opino de ellos así que al demonio con ellos- dijo con voz fría e impasible-. Los hechos son estos, desapareciste hace una semana de tu apartamento y después de una semana frenética llena de pistas falsas de parte de Red John, se dio con tu locación. Estabas en el ático de la antigua casa de Rosalind Harker, semi desnuda, herida y atada a una silla de manos mientras Red John comenzaba a "prepararte…
Con mi mano, la cual no estaba enyesada, apreté el cobertor conteniendo la ira. No quería seguir escuchando todo esto y menos de él ¿Quién me aseguraba que estaba diciéndome la verdad? Sólo estaba empeorándolo todo.
-Ahora, te preguntarás ¿Dónde rayos estaba yo?- continuó- Bueno, no sé qué rayos te habrá dicho Red John, pero yo estaba ahí en cada maldito momento.
Sin quebrársele la voz por ni un instante, comenzó a relatarme cómo habían sido todos estos días desde su perspectiva.
Desde la última llamada que recibió de mí, el único contacto que había hecho Red John con él había sido enviarle mi ropa ensangrentada a su habitación de motel y nada más, lo cual explicaba por qué Red John las había conservado cuando me había hecho ducharme. Por días todo lo que tenían eran pistas que no llevaban a ninguna parte y la incertidumbre de saber si estaba realmente viva o no. Sin ninguna vergüenza admitió haber tenido un exabrupto con Cho que había terminado en golpes producto de la presión y admitió haber recurrido al favor que Brett Stiles le debía para saber de mi paradero.
Sonaba convincente, demasiado de hecho. Sin embargo, yo no quería bajar la guardia. Volteé a mirarlo para tratar de ver en sus ojos si todas esas palabras eran ciertas y entonces todo cobró sentido. Su voz sonaba impasible, pero su cabeza estaba gacha y sus hombros caídos. Era la imagen misma de la derrota. Muchas veces lo había visto así por Red John, demasiadas, pero nunca por mí.
Sin poderme contener entonces, comencé a llorar silenciosamente mientras me contaba cómo se había adelantado al equipo y había ido a buscarme y también cómo Red John había muerto producto de un disparo efectuado por Van Pelt cuando nos habían encontrado.
Jane levantó la mirada, interrumpiendo su relato, y se me acercó con el rostro lleno de preocupación.
-¿Qué te sucede?- preguntó tomándome mi mano sana- ¿Necesitas que llame a la enfermera?
-No es eso- dije
-¿Entonces?
Lo miré entre lágrimas y entonces lo comprendió.
Me sonrió tratando darme a entender que todo estaba bien e intentó tranquilizarme, pero yo seguí derramando lágrimas por un largo rato, sintiéndome terriblemente culpable.
Guardó silencio y se puso de pie para recostarse a mi lado y dejar que apoyara mi cabeza en su pecho para terminar de desahogarme.
Esperaba que un día llegara a perdonarme por haber dudado de él. Eso era todo lo que me preocupaba en esos momentos.
Me merezco review?
