Capítulo XIV

Terrence abrió la puerta lentamente, procurando no hacer ningún ruido y asomó un poco la cabeza esperando descubrir a alguien afuera del establo; como no fue así sacó más la cabeza a fin de voltear a un lado y otro. Se estiró y buscó con la mirada si alguien estaba a la vista, pero no pudo ver nada. Intranquilo, regresó adonde lo esperaba Candy, intentando no tropezar aunque no veía casi nada.

-No puedo ver a nadie. Pero no entiendo para que citarnos aquí entonces.-susurró cuando estuvo a su lado.

-Terry, vayámonos. Esto no me gusta.-dijo Candy tomando nerviosamente el brazo de su novio y abrazándose a él, él la abrazó y le hizo sentir con ese gesto que él la protegería.

-Si, te acompañaré a tu habitación.

-No es necesario.

-No discutas Candy, no estaría tranquilo de otra forma. No sabemos con que intenciones nos hicieron venir, no quiero que quien quiera que haya hecho esto te encuentre sola por ahí.

Y salieron de ahí todavía nerviosos porque alguien los viera, no prendieron la lámpara por temor de que las monjas en sus rondas vieran la luz pero podían caminar seguros por la luna que iluminaba su camino.

-Terry, cuando llegues a tu habitación prende la luz para que yo te pueda ver y saber que estás bien.-le suplicó nerviosa una vez que estuvieron bajo el balcón de la habitación de Candy.

-Lo haré pecas. Ahora sube ya.

Él esperó abajo hasta que ella salió como habían acordado y desde el balcón le dijo que todo estaba en orden. Se dirigió a su habitación; pensativo, intrigado y sospechando que quien había planeado todo esto no lo hizo con ninguna buena intención.


-¿Ahora me crees? Yo no te mentí.

-¿Porqué me trajiste aquí, porqué me lo mostraste?-preguntó Anthony con impotencia.

-Porque no quiero verte sufrir más por ella. Entiende que está decidida a atrapar a Terrence, ella no es para ti.-le contestó Elisa tomándolo por el hombro.-Lo hice porque te quiero.

Él no contestó, pensaba que debía haber algún error, algo que él no sabía, alguna explicación para que Candy aceptara encontrarse con Terry en esas condiciones. También pensaba que había sido un encuentro muy breve, no era tan grave; pero de cualquier forma ella no debió haber ido. Miró con desconfianza a Elisa, preguntándose si ella había tenido algo que ver.

-No me mires así, date cuenta que no hago esto para dañar a Candy, de ser esa mi intención no te hubiera traído solo a ti, sino a la hermana Grey para que la expulsara por este comportamiento tan inmoral. Pero te lo dije solo a ti, no quiero que nadie más se entere, sería una deshonra para los Andrey.-dijo con convicción.

-Tienes razón, nadie tiene que enterarse. Confío en que tú no se lo dirás a nadie Elisa.

-Puedes confiar en mí, lo hago por el honor de la familia.

Anthony se fue con el espíritu atormentado, toda esa noche no pudo conciliar el sueño. A pesar de que sabía de la relación que tenían Candy y Terry, él aún no lograba sacarla de su cabeza. Maldecía el momento en que el tío William los había enviado a ese país, si no hubieran ido ella jamás hubiese conocido a ese malcriado y quizás ahora ya sería su novia; todo hubiera resultado como él planeaba.

Seguramente todo había sido culpa de aquel inglés que la había atraído con engaños pero por otro lado le daba miedo encontrar que no había sido así, que Candy había asistido por voluntad propia. Ya una vez Elisa le había sembrado la duda de que Terry se metió al cuarto de Candy, pero ahora él lo había visto con sus propios ojos, además ¿acaso no estaba él seguro que Candy había pasado una noche en su casa en Escocia? No podía armar un escándalo, sería catastrófico para la familia, lo mejor era mantenerse alerta y tratar el asunto de la manera más discreta posible. Una cosa si era segura, tenía que olvidarse de ella, tenía que olvidarse de ella como fuera.


Salían de misa y Elisa alcanzó a ver a su hermano, no había tenido oportunidad de contarle lo sucedido con Candy y Terrence así que se acercó y se apresuró a resumirle el episodio del establo con una sonrisa triunfante, él la escuchó y quedó sorprendido pero no pudo contestar nada antes de que la religiosa llamara a Elisa para retirarse a clases. Necesitaba hablar con ella tranquilamente, pero viviendo en diferentes edificios y con las monjas prohibiendo casi cualquier contacto entre varones y señoritas era muy difícil; pidió un permiso para entrevistarse con su hermana en la sala de visitas, de esa forma no serían interrumpidos.

Entró a la habitación y ella ya estaba ahí, dio un portazo, visiblemente molesto, dio puñetazos en la pared, pateó la pata de una mesa que se encontró enfrente de él y se dejó caer en el sofá dando un bufido y viendo con rabia a su hermana.

-¿Estás enfadado por algo?-preguntó de manera inocente, provocando más la molestia de su hermano por la obviedad de su pregunta.

-¿Cómo es posible que hayas hecho algo tan estúpido? Te creía más lista hermanita.-Elisa iba a reclamar algo pero él continuó, sin permitirle hablar-Lo que planeaste fue magistral, si tan solo lo hubieses aprovechado. Era la oportunidad perfecta para deshacerse de esa huérfana; si hubieras llevado a la hermana Grey en vez de a Anthony ahora Candy estaría expulsada del colegio y probablemente hasta de la familia Andrey. Pero no, desaprovechaste todo por tu maldita obsesión con Anthony. Ellos no volverán a caer en una trampa así.

-No creas que no lo pensé, pero si hubiese hecho eso me hubiera alejado más de mi propósito: Anthony. ¿No te das cuenta que si Candy salía expulsada tarde o temprano se enterarían o al menos sospecharían que fui yo quien tendió esa trampa y entonces Anthony me aborrecería? En cambio, de esta forma, yo quedé como la que tiene principios y se preocupa por el buen nombre de la familia y ella como una cualquiera que se cita con hombres a mitad de la noche. Te aseguro que el concepto que Anthony tenía de esa ha cambiado para siempre.-contestó con su bien conocida sonrisa prepotente.

-¿Y eso a mí de qué me sirve? Lo que yo quiero es no tener que soportar su presencia.

-Todo a su tiempo hermano, Roma no se hizo en un día.

-Solo espero vivir lo suficiente como para llegar a ser emperador, pero a este paso…-contestó irónico Neal.

Elisa no contestó y dio por terminada la conversación, se levantó dispuesta a irse pero Neal, insatisfecho por la explicación de su hermana, le siguió y comenzó a cuestionar otra vez como se desharían por fin de Candy. Elisa, volteó a verlo fastidiada.

-Neal, ¿cuál es la bestia más grande de la creación?-preguntó de repente.

-El elefante.-contestó dudoso y sorprendido.

-Entonces, grandísimo elefante, déjame en paz de una buena vez.


Los días pasaron y Terry no tenía indicios de quien había enviado aquellas notas, nadie se había aparecido aquella noche ni había escuchado el más mínimo rumor sobre el asunto que es lo que más le preocupaba, por la reputación de su pecosa. Pero ya que no tenía ninguna noticia se fue olvidando poco a poco del asunto.

Una noche se encontraba ya en su cama, dispuesto a dormir cuando escuchó ruidos extraños en el pasillo, se incorporó y prestó atención, los ruidos parecían estar muy cerca de su puerta así que decidió investigar. Al abrir la puerta vio una silueta que se acercaba caminando con dificultad, seguro que no era algún sacerdote. Salió de su alcoba y pudo ver a Anthony que caminaba bamboleándose.

-¿Qué te pasa?-se acercó al rubio.

Anthony levantó la cara y dejó ver una mueca de desagrado al encontrarse con él; ya que estuvo a unos cuantos pasos, Terry pudo percibir el característico olor a alcohol, sonrió incrédulo ante la visión de Anthony embriagado.

-¿Te ríes de mí imbécil? Si, siempre te has reído de mí en mi cara.-dijo Anthony trabándose con las palabras y asiendo a Terry de la solapa con violencia.

Él lo tomó de las muñecas y se soltó de su agarre sin decir nada.

-Creo que la seguridad en este colegio debería mejorar, hasta tú puedes escaparte para embriagarte.

-Déjame en paz. ¡Maldita sea la hora que te cruzaste en nuestro camino! Tú solo quieres aprovecharte de ella, la harás sufrir y ensuciarás el nombre de nuestra familia.-contestó él visiblemente alterado.

-Cuando estés en tus cabales hablaremos, ahora hay que llevarte a tu habitación o despertarás a todos y créeme que no quieres que te descubran en este estado.-dijo el castaño pasando un brazo de Anthony sobre sus hombros para llevarlo a su cuarto; pero en ese momento escuchó pasos y vio la luz de una lámpara que se acercaba. La habitación de Anthony estaba retirada de ahí, no daría tiempo de llevarlo sin ser descubiertos, así que lo metió casi a la fuerza a su habitación y él lo siguió pero antes de entrar el sacerdote lo alcanzó a ver y lo llamó por su nombre, él cerró la puerta esperando que Anthony no hiciera ningún ruido.

-Señor Grandchester. ¿Qué hace levantado a estas horas?-preguntó un sacerdote de mediana estatura que comenzaba a perder sus negros cabellos.

-No podía dormir y salí a caminar un rato.-contestó naturalmente.

-¿Usando esa ropa?-dijo viendo su pijama.

-Solo caminaba por aquí; a esta hora todos están durmiendo, no hay riesgo de que alguna inocente jovencita me vea.-dijo con su sonrisa irónica.

El hombre movió la cabeza desaprobando y continuó con su interrogatorio.

- Y supongo que fue usted el que estrelló la ventana allá abajo.

-Pagaré por ella, desde luego.-respondió disimulando muy bien su sorpresa.

El sacerdote lo miraba con insistencia, con desconfianza, no parecía muy convencido a pesar de la impecable actuación del inglés.

-No sé porque, pero no me convence.

-¡Esto si que es nuevo! ¿Usted duda que el delincuente del colegio rompa las reglas por milésima vez? ¿Quién más iba a arriesgarse? Todos mis vecinos, usted lo sabe, son extremadamente bien portados.-dijo Terry divertido.

-Está bien, vuelva a su habitación y duerma ya.-ordenó el hombre y comprobó que Terry entrara antes de retirarse.

Terry prendió una lámpara que tenía sobre su mesa de noche y no encontró por ningún lado a Anthony, fue hacia el baño y lo halló recargado en la pared con una mueca que denotaba las náuseas que sentía; Terry sonrió, era claro que Anthony no acostumbraba beber. Anthony lo vio regresar al cuarto y lo siguió, Terry le sirvió un líquido extraño y se lo ofreció, él lo miró con recelo.

-Tómatelo, te sentirás mejor.-lo animó Terrence.

-¿Por qué haces esto? Hubieses podido dejarme allá afuera para que me descubrieran ebrio, así te hubieras librado de mí.-dijo aceptando el vaso.

-¿Y quién te dijo que quiero librarme de ti? Resultas bastante entretenido borracho, además no peleas mal.-contestó después de soltar una risita.

Anthony se sentó en un sillón sosteniendo su cabeza con ambas manos y dando sorbos al remedio que le dio Terry, todo le daba vueltas.

-No creas que por esto ya olvidé lo que tengo contra ti.-le dijo dándole una fría mirada al castaño.

-Ya me lo imaginaba, no te preocupes, no es lo que pretendo.-respondió sentándose frente a él.

Cuando se hubo terminado el contenido de su vaso y Terry se aseguró que no estaba por ahí la ronda, llevó a Anthony hasta su cuarto y él regresó al propio, divertido ante lo irónico de la situación.


-¿Qué tal la cabeza?-dijo casi gritando en su oído.

Anthony cerró los ojos y se llevó las manos a la cabeza creyendo que en cualquier momento le explotaría. Terry rió de buena gana.

-Lárgate de aquí Terrence, no estoy de humor para nada.-contestó sintiendo que cada palabra le perforaba los oídos.

-¡Vaya! Que bueno que anoche no te ayudé esperando tu agradecimiento.-dijo sonriendo y sentándose en el pupitre frente a Anthony.

Anthony le dio una mirada inquisidora.

-¿No te acuerdas de lo que pasó anoche?-le preguntó al ver su expresión.

-Me acuerdo que fui a un bar, bebí y recuerdo vagamente haberte encontrado al regresar al colegio.

-¿Cuántas botellas bebiste?

-No lo recuerdo.-contestó tratando de hacer memoria.

-Toma mi consejo Brown: aléjate del vino. Tú no estás hecho para eso.

-¿Qué quieres decir, que no soy lo suficiente hombre para embriagarme?-se puso a la defensiva Anthony.-Para que lo sepas puedo beber tanto como un irlandés en el día de San Patricio.*

-¿Y quién dice que para ser hombre necesitas embriagarte como irlandés en el día de San Patricio? Solo digo que no te cae bien el vino, pero si mientras estás totalmente perdido en el alcohol, quieres hacer algo de lo que después te arrepientas, allá tú.-dijo y se levantó para tomar asiento en otra parte pues el profesor de esa clase había entrado ya.


El clima veraniego de Escocia había quedado atrás, ahora, en Londres, el otoño iba cediendo lugar a la siguiente estación, con sus olas de frío ocasionales y sobre todo lluvia, mucha lluvia. Cuando esto sucedía los estudiantes en el San Pablo no salían de sus edificios a veces en todo el día. Ya que tanto en el de damas como en el de caballeros tenían absolutamente todo lo que pudieran necesitar este asunto no preocupaba demasiado. No así a dos jóvenes enamorados a los que no les preocupaba precisamente la lluvia; pudiera estar nevando, pero mientras pudieran verse sería el día más soleado. Pero el no poder salir y encontrarse en su colina les ponía tan melancólicos y apesadumbrados como si les hubieran robado el sol de sus vidas.

Patty y Candy veían desilusionadas por la ventana, esperando a que la lluvia cediera. En cuanto paró, tomó su capa y salió discretamente para ir a la colina antes que al cielo se le ocurriera soltar otro chubasco.

-Candy.-la detuvo Patty-¿Crees que Terry quiera entregarle esto a Stear?-dijo mostrando una carta que tenía en las manos.

-Supongo que si. Pero, ¿por qué no se la das tú misma?

-Porque no me he citado con él…-contestó dudosa.

-Yo tampoco con Terry pero no es difícil saber donde encontrarlos; Stear está en la biblioteca o el taller y Terry en la colina. Ve a buscarlo.-la animó.

-Bueno, iré.-dijo sonriendo sonrojada.

Caminando con cuidado debido a los charcos y lodo que había dejado la lluvia llegó a la cima de la colina y la desilusión se pintó en su rostro, él no estaba ahí. Volteó hacia el camino que venía del edificio de varones, esperando verlo caminando con su característico aire arrogante y a la vez triste, pero tampoco lo halló ahí. Suspiró decepcionada.

Sus ojos se iluminaron cuando el sonido de unas notas alcanzó sus oídos, era una armónica y quien la tocaba no podía ser otro que su arrogante preferido. Giró hacia el sonido y él apareció detrás del árbol tocando la armónica pero sonriendo para ella. Candy se acercó gustosa y tomó la mano de su novio cariñosamente.

-Terry. Ya quería verte.-admitió ruborizada.

-Yo también pecosa, este clima no ha sido muy amable con nosotros.-y le dio un beso en la mejilla-Tengo algo para ti.

-¿Qué es?-preguntó emocionada.

-Tú me diste tu instrumento favorito, así que yo te doy mi libro favorito.-dijo sacando un libro de su saco.

Candy lo tomó y leyó el título, "Romeo y Julieta". Lo abrió y encontró una dedicatoria:

Para Candy,

la pequeña pecosa que me devolvió la sonrisa, la esperanza, y me enseñó lo que es el amor.

Te quiero siempre, siempre.

Terry

Esas breves palabras fueron suficientes para hacerla sentir la más dichosa, repitiendo en su interior: "Él me quiere, de verdad me quiere." Una solitaria lágrima de felicidad se asomó por su ojo derecho, se llevó la mano al pecho para evitar que el corazón se le saliera por lo alocado que lo sentía. Sin siquiera importarle que alguien pasara por ahí se lanzó a sus brazos y lo besó con mucho amor en ambas mejillas.

-¿De verdad te gustó?-le dijo él feliz ante su reacción.

-Terry, todo lo que venga de ti me gusta.-contestó sin soltar el abrazo.

Terrence levantó con un dedo su barbilla, buscando sus labios y ella se los ofreció gustosa. Ella se acomodó entre sus brazos y él contestó recargando su barbilla en la rizada cabeza, abrazándola con ternura.

-¿No tienes frío?-preguntó Terry en un susurro.

-Ya no.-dijo Candy aspirando fuertemente el delicioso olor masculino que desprendía su pecho y sus brazos y sintiendo que no necesitaba de nada más en el mundo para ser feliz.


Anthony se reprendió a sí mismo por haber tomado ese camino, por haberse quedado observando cuando Terry y Candy se abrazaban, recordó entonces la escena del establo y un molesto cólico se apoderó de su estómago acompañado de un vacío en su pecho. Siguió caminando, enfrascado en sus pensamientos y ni siquiera el aire frío pudo llevarse la agitación que crecía en él.

Llegó hasta la sala de música dispuesto a descargar su frustración en el teclado de un piano pero se encontró con que la sala no estaba vacía. Vio una figura de negros cabellos sentada al piano y se dio la vuelta sin prestarle atención, no deseaba tener compañía.

-Anthony.-lo llamó una vocecita conocida y se detuvo. Dio la vuelta y hasta entonces se percató que era Annie quien estaba ahí.

-Annie, perdóname, no te reconocí.

Annie lo miró largamente, se notaba agitado, con las mejillas sonrojadas y la respiración un poco alterada; supuso que sería porque había caminado y recibido frío. Él se acercó, respirando profundo para controlarse y tomó asiento junto a ella.

-¿Qué estabas tocando?

-La que tocamos aquella vez en Escocia, ya me sale mucho mejor.-contestó sonriente Annie.

-Hagámoslo otra vez.-y comenzó a tocar, seguido de Annie.

Las notas fluían y penetraban en el ánimo de Anthony haciendo que se calmara y su respiración se normalizara. El enojo fue sustituido poco a poco por algo muy parecido a la alegría y agradeció interiormente a esa morena que sin saberlo le había ahuyentado aquellos fantasmas dolorosos.

-Somos un buen dueto, ¿no lo crees?-le dijo Annie cuando terminaron de tocar.

Él no contestó, se limitó a mirarla detenidamente; delineó con la mirada sus bien formadas mejillas, sus ojos azules con expresión siempre triste, ensombrecidos por unas tupidas pestañas, su largo y brillante pelo negro guió sus ojos hasta su largo cuello de aspecto marmóreo y sus rosados labios llamaron su atención por primera vez desde que la conoció.

Anthony no lo pensó así, no decidió que haría eso, solo la besó porque así lo deseó en ese momento; no se preguntaba porque lo hacía, no pensaba en lo que sucedería después, no le interesaba. Solo quiso saciar el deseo de probar esos labios que lo incitaban y así lo hizo, la tomó del cuello y la atrajo con decisión, su boca poseyó la de Annie con dulzura pero dejándole claro que no aceptaría un no por respuesta, que no había nada que ella pudiera hacer para evitarlo. Ella se quedó muy quieta al principio, totalmente desconcertada y sin saber que hacer, pero conforme sentía la humedad de la boca de Anthony sus labios fueron destensándose y tímidamente correspondió a la caricia. Las cosas hubiesen sido diferentes si en ese preciso instante no hubieran atravesado por la mente de Annie una serie de pensamientos amargos, oxidadas cadenas de las que no había logrado deshacerse.

No pudo ser más agresiva la forma en que Anthony regresó a la realidad, una sonora bofetada se estampó en su mejilla dejando una marca roja en su blanca piel.

-¡No! No estoy dispuesta a ser la que te consuele por la pérdida de Candy. ¡No, ya no! Estoy harta de vivir bajo su sombra. Siempre ha sido así y ya no quiero. Desearía dejar de ser la segunda en la lista por una vez en mi vida.-dijo con los ojos llenos de lágrimas, Anthony la miró confundido, se quedaron en silencio un segundo y ella se fue corriendo.

Siguió corriendo hasta llegar a un rincón apartado del jardín donde pudiera sacar el dolor que llevaba desde hacía mucho en su interior.


Diario de Anthony Brown. 10 de diciembre 1912

Mi cabeza no encuentra la luz por más que se esfuerce en buscarla, mi espíritu está acongojado, resentido y confundido, todo a la vez. Nunca pensé que podría hallarme en semejante estado, últimamente me desconozco, este no soy yo, no puedo ser yo. Pero, ¿y si así soy realmente? No, no puede ser, algo está mal en mí.

No culpo a nadie, Candy no me hirió con intención y hasta creo que esa herida ya está sanando, es solo que el verla en brazos de aquel maldito inglés me revuelve el estómago y a veces pienso que no porque sienta celos, sino envidia y no precisamente por Candy. Después de todo ya me estoy haciendo a la idea que ella no es para mí; pero es mi prima y no desearía ver que Terrence la lastimara de ninguna forma. Es por eso que me preocupa lo que presencié.

En cuanto a mi confusión; es por Annie. ¿Por qué la besé? Me pregunto una y mil veces lo mismo y no sé si no tengo la respuesta o es que no la quiero ver.


REFERENCIAS:

*El día de San Patricio es la fiesta anual que celebra al santo patrón de Irlanda, el 17 de marzo.

NOTAS:

JAJAJA. Las espanté, admítanlo. ¿Qué dijeron? Esta desalmada ya los separó vilmente como en el manga; pues no. Yo creo que estuvo justificada la desición de Elisa de solo llevar a Anthony, ¿o no ?

Roni de Andrew: Me alegra mucho que hayas aprobado lo que escribí sobre Albert, ya que la señora Mizuki nunca aclaró en que circunstancias murieron sus padres me tomé esa libertad. Y en ese tiempo no era raro que las mujeres murieran en el parto así que me pareció razonable. ¡Ah! Y que bueno que te gustó la frase de Terry. Todas soñamos con que nos susurren esas cosas al oído. (jeje)

lerinne: Bueno, siendo así sigue leyendo "Nada más" en la oficina y si alguien te llega a descubrir siempre puedes probar a contagiarle la fiebre del fic. Saludos.

Soratan: El principio del capítulo anterior es sobre el nacimiento y niñez de Albert, ya sabes que me gusta ahondar en sus antecedentes y esta vez fue el turno de nuestro querido "príncipe de la colina". Y en cuanto a la relación de Albert y Candy, mi humilde opinión es que ellos se tenían un profundo amor fraternal, como que yo no los ubico como pareja. (No se ofendan las Albertfans por favor)

Myrslayer: Muchas gracias por ser mi fiel seguidora y no te preocupes si a veces no me escribes; pero siempre que llegan tus comentarios son muy apreciados.

Betsy-Pop: Quedas perdonada porque sé que me sigues leyendo. Que bueno que lees mis capítulos bien happy.

alsha: jajaja. No sabes como me reí con to review. Tu solución para la escena del establo de que Drácula acabara con Grey es algo que solo podría escribir mi esposo, pero te aseguro que si lo dejaba en sus manos, no solo hubiera fallecido Grey, aquello habría sido un reguero de sangre. Pero por tu salud mental y la de todas nosotras, tuve piedad y no los separé.

Cuídense mucho todas aquellas que me regalan su atención. Y muchos saludos hasta sus hermosos países; Ecuador, Argentina, Chile, Colombia, Venezuela, Perú, USA, El Salvador, Bolivia, Japón, Italia, España, Canadá, China, República Dominicana, Guatemala, desde luego a mi patria, México, y si alguno se me pasa mil disculpas pero también muchos saludos.

Hasta la próxima,

Nashtinka