Capítulo XV
"Las personas son como la luna. Siempre tienen un lado oscuro que no enseñan a nadie." Mark Twain.
"¿Qué es lo que quieres de la vida Archibald? Necesitas tener alguna motivación, algo que te lleve a ser mejor. Creo que ya es momento de comenzar a pensar estas cosas. Últimamente todos parecen muy preocupados por el futuro, hasta el cabeza hueca de Terrence se está viendo más serio. ¿Pero qué pasa si yo solo quiero disfrutar la vida como va llegando?"
-Archie. ¡Ah, aquí estás! He estado buscándote.-interrumpió sus pensamientos su hermano mayor-Ven con nosotros, Anthony ya está esperando allá afuera.-dijo tirando de su mano para levantarlo de la cama.
-Espera un momento. ¿Dónde vamos?
-A…ya lo verás, ven conmigo.-contestó animado y logrando levantar a su hermano.
-¿Qué es eso que traes en el saco?-le preguntó Archie notando un pañuelo que se asomaba de la bolsa del saco de Stear.
-¿El qué? ¡Ah! Es un pañuelo bordado que me regaló Annie, a Anthony también le regaló; supongo que a ti también te habrá dado.-contestó de lo más natural mostrándole un pañuelo con sus iniciales bordadas.
-Así que también le bordó unos a Anthony.-dijo él con cierto tono de ironía.
-Si, es por la temporada, tú sabes.-dijo Stear mirando intrigado la expresión de su hermano.- ¿Nos vamos?
-Si, vamos.
No entendía porque sentía eso, pero él creía que era el único que recibía las atenciones de Annie y el enterarse que no era así le decepcionaba un poco. Si, era decepción mezclada con un poco de celos, pero no precisamente por Annie. Debía ser su ego que se hinchaba cada vez que se percataba como ella lo miraba con devoción y le procuraba sin cesar. Había ocasiones en que le agobiaban todas esas atenciones y deseaba que terminaran, pero ahora que no tenía sus cuidados exclusivos y que pensaba que los estaba perdiendo, no le agradaba tanto como hubiese esperado.
-Ya hemos llegado.-dijo Stear a espaldas de Terry que se encontraba medio oculto por un árbol.
-¿Y para qué has traído a este par?-le reprochó.
-Es que estoy seguro que ellos no hubieran querido perderse el espectáculo. ¡Vamos Terry! Nunca está de más tener refuerzos.-contestó palmeando la espalda del inglés.
-Yo no necesito refuerzos.-aseguró arrogante.
-¿De qué demonios hablan?-preguntó Archie sin entender una palabra.
-Ssshhh. Ahí viene.-lo calló Terry.
Los cuatro jóvenes se quedaron muy quietos y callados aunque dos de ellos no tenían idea de porque lo hacían, solo imitaban a los otros, esperando comprender pronto que hacían escondidos en el bosquecillo detrás del colegio esperando a no se quién. Su sorpresa fue mayor al ver que quien se acercaba por el camino tarareando era Candy.
-¿Todo esto fue para espiar a Candy?-dijo Anthony.
-Desde luego que no. ¡Cállate!-contestó Terry.
Candy pasó frente a ellos sin percatarse de su presencia pues los arbustos los cubrían y ella, como siempre, caminaba distraída. La rubia siguió su camino y ellos permanecían ocultos, poco después apareció Neil, con la mirada fija en la espalda de Candy, obviamente siguiéndola. Entonces, sin previo aviso, Terry salió de su escondite y de un salto se encontraba frente a Neil, quién al verlo, palideció. Los otros tres jóvenes le siguieron aunque no sabían exactamente que pretendía hacer.
-Creí haber sido claro la vez anterior, pero al parecer tienes un problema de aprendizaje. ¿No, Neil?-el chico no contestó-Te dije claramente que no quería verte cerca de Candy o lo lamentarías.
-Ya veo, y para eso tenías que traer a estos tres para que te cuidaran las espaldas.-se animó a decir el pelirrojo.
-¿Ellos? No, ellos solo serán espectadores. El que te va a romper la cara soy yo.-contestó con su sonrisa petulante y soltando el primer golpe que se fue a estampar en la quijada de Neil.
Lo levantó del piso con violencia para ponerlo a la altura de su cara y verlo con desprecio.
-No me podrás decir que soy injusto, primero comprobé que efectivamente seguías a Candy. Y ya que no entiendes por las buenas que no te acerques a ella, lo harás por las malas.
No en vano Terrence había pasado muchas noches en las tabernas, entre marineros y jornaleros que peleaban a la menor provocación. El pobre Neil apenas tuvo oportunidad de esquivar un par de golpes y propinarle una patada en la pierna a su adversario; estaba ya bastante maltrecho cuando Terry decidió que era suficiente y lo dejó por la paz.
-Espero que esta vez hayas entendido.-le dijo mirándolo como si fuera un perro sarnoso tirado en el camino.
-Me quejaré ante la madre superiora, te expulsarán por esto.-le dijo Neil desde el piso.
-¿Y cómo comprobarás que ha sido Terry? No tienes testigos.-se agachó en cuclillas Anthony para mirarlo con burla. Neil miró sorprendido a su primo.
-No te fue tan mal Neil, la próxima vez nosotros no seremos solo espectadores.-dijo Archie.
-¿Cómo supiste que Neil seguía a Candy?-preguntó Anthony a Terrence una vez que se alejaron de donde había quedado un apaleado Neil.
-Stear y yo lo vimos merodeando muy sospechoso ayer pero no estábamos seguros, por eso lo esperé en el bosque hoy. Bueno, me voy.-y se alejó de prisa en dirección a la colina.
-Ya entiendo, sabía que Candy pasaría por aquí porque iba al lugar donde se encuentra con él.-dijo Archie arqueando las cejas y mirando con envidia a Terry.-Y ahora va a verla.
-Bueno, él fue el que se ensució las manos.-apuntó Stear.
-Como si yo no hubiera podido hacerlo.-contestó Archie.
-¡Ya, deja eso! ¡Vayámonos amargado!-contestó su hermano revolviéndole el cabello y provocando la risa de Anthony.
La masa recibía fuertes golpes y apretones a manos de la pecosa que se encargaba de moldearla. Las mujeres en la cocina la veían de reojo mientras continuaban con sus labores, a más de una le sacaba una sonrisa imaginarse que sería del pobre chico en el que pensaba Candy si estuviera frente a ella. Efectivamente Candy recordaba la última discusión que tuvo con Terry y la masa era lo único con lo que podía sacar su coraje.
-La tía Elroy ha decidido que pasaremos esta temporada aquí, dice que es muy poco tiempo para hacer el viaje hasta América. Yo tenía la esperanza de ver a la señorita Pony y la hermana María.-le había dicho aquella tarde, la última que pasaban en el colegio antes de salir un par de semanas a pasar las fiestas con sus familias.-Me han enviado esto, ¿no es linda?-agregó señalando la boina azul que usaba y que había sido tejida por sus queridas madres.
-Si, muy linda.-contestó él sin mucho entusiasmo.
-¿Dónde pasarás las vacaciones tú Terry?-dijo intrigada por la actitud de su novio.
-Por increíble que parezca, el duque me ha invitado a pasarlas en su castillo. Y como no tengo otra opción, tendré que ir. Espero que no esté su esposa.-dijo sin mirar a Candy.
-Terry.-dijo y acarició el pelo castaño con ternura-Si pudiera te llevaría conmigo.
Él se alejó bruscamente, como si le molestara la caricia que Candy le daba y la miró con una expresión dura. Ella ya conocía ese tipo de miradas en él, pero hace tanto que no veía una dirigida a ella que se desconcertó profundamente; sobre todo porque no entendía el porque de esa reacción.
-No necesito de tu lástima. No soy un perro desvalido al que te llevas a tu casa porque lo encontraste en la calle.-dijo en un tono áspero y más alto de lo usual, se levantó dispuesto a irse.
-¿Qué pasa contigo? Terry, yo…
-No digas nada.-la interrumpió-Ya sé lo que vas a decir y no estoy para escucharlo. Adiós.
Candy estaba sorprendida y molesta, muy molesta por esa agresividad innecesaria e injustificable.
-¡Eres un idiota!-gritó a sus espaldas-¿Y sabes qué? No quiero volver a ver tu odioso rostro.
Candy y sus primos estaban en la mansión Andrey, en compañía de la tía abuela; había pasado ya más de una semana desde aquella discusión y no había vuelto a ver a Terry, pero no podía olvidar esa despedida que no fue para nada lo que ella deseaba.
-Candy.-la llamó por tercera vez Stear.
-Perdona, no te oía.-reaccionó por fin Candy.
Stear movió un poco la cabeza y sonrió.
-Tengo una sorpresa para ti, para que mejores el humor que traes últimamente.
-¿Humor? ¿Qué hay de malo con mi humor?-contestó de una forma que confirmó lo que decía su primo. Se percató, suspiró y cambió su tono.-Lo siento. ¿Cuál es la sorpresa?
-Lo sabrás esta noche en la fiesta, tú solo asegúrate de verte bellísima. Estoy seguro que te alegrará.
Stear se fue sonriendo satisfecho de ahí, porque acababa de recibir la confirmación de que su sorpresa llegaría.
Miraba por la ventanilla del carruaje con aire pensativo y melancólico, las calles bulliciosas de Londres pasaban ante sus ojos pero él no prestaba atención realmente. Lo único que podía era esperar que fuera bien recibido, a pesar que él sabía muy bien que se exponía a no serlo, y con razón. Se había reprochado una y otra vez el trato que le dio, maldecía su naturaleza que a veces le impedía pensar con claridad antes de actuar; cuando tenía ira contenida explotaba en cualquier momento, sin previo aviso y a veces, como en esta ocasión, con quien no debería.
"Me odio, no tenía ningún derecho de hablarle de esa forma. Ella no es culpable.-sacó la cajita que guardaba en su saco y la miró con esperanza- Espero que me perdone."
Ella ni si quiera tenía ánimo para fiestas pero debía asistir o la tía Elroy se disgustaría seriamente. Hubiera preferido encerrarse en su habitación a comer la tarta que había hecho bajo la dirección de Mary, la cocinera; pero en vez de eso Dorothy la ayudaba a enfundarse en un vestido de seda verde.
Odiaba admitirlo pero se sentía tan desolada sin él, habían pasado tan solo unos días pero pareciera que fueran años sin tocar su piel ni ver sus ojos, lo extrañaba tanto. Estaba segura que aquella fiesta pasaría completamente desapercibida para ella, porque su pensamiento estaría junto a aquel castaño grosero que sin embargo la tenía totalmente enamorada.
Tocaron a su puerta cuando ella comprobaba su apariencia en el espejo, sin mucho entusiasmo. Dorothy abrió para dejar entrar a sus tres primos que quedaron boquiabiertos al verla.
-Vamos Candy, los invitados han comenzado a llegar y la tía te espera. Nosotros te escoltaremos.-le dijo Archie.
El salón principal de la mansión victoriana que ocupaban los Andrey en Londres lucía esplendoroso; lleno de gente elegantemente vestida, música de la orquesta que tocaba para deleite de los invitados y meseros que procuraban satisfacer los fastuosos gustos de los presentes.
-¿Qué hace ese aquí?-preguntó Archie mientras bajaban las enormes escaleras, haciendo que sus primos voltearan hacia la puerta.
Los ojos de Candy se abrieron de par en par y sus mejillas se tiñeron de rosa al mismo tiempo que sentía un repentino vuelco en el estómago. Allí, bajo el resplandor deslumbrante de centenares de cirios reflejados en los espejos, estaba Terry que le entregaba su capa negra a un empleado, junto a él se encontraba su padre. Candy quedó paralizada y por un momento lo creyó tan solo una visión, un espejismo evocado por su corazón sediento y sus ojos hambrientos. Lo había visto durante todas las horas de aquellos pocos días y noches. Estaba pintado dentro de su cerebro y de sus párpados y de su doliente pecho. Pero, ahora, era suficientemente real.
-¡Ah! Justo a tiempo.-dijo Stear sonriente.
-¿Tú sabías de esto?-le preguntó su hermano.
-Desde luego, yo le envíe la invitación. A mí no me lo negaría la tía.-contestó guiñándole un ojo a Candy.
-Vamos, la tía espera.-dijo Anthony sin darle mucha importancia al recién llegado.
La tía Elroy comenzaba a parecer complacida con la conducta de Candy; la educación recibida en el colegio estaba surtiendo efecto pues, al menos en las ocasiones solemnes, se comportaba con modales exquisitos, aunque en el día a día continuaba siendo la misma atolondrada y extrovertida de siempre. Sentada en un ornamentado sillón de terciopelo mantenía a Candice junto a ella para presentarla ante sus amistades inglesas. Los invitados que recién llegaban se acercaban a presentarle sus respetos a la señora conocida por su solemnidad y su apego al decoro y los buenos modos.
Candy saludaba cortésmente a una tal lady Hamilton cuando una voz conocida la sobresaltó y por mucho que intentara disimular su nerviosismo era más que evidente.
-Buenas noches madame. Es un honor saludarle.-habló con elegancia el duque.
-Duque de Grandchester.-comenzó la tía con un dejo de ¿emoción? en la voz.-Es un verdadero placer que nos visite.
La señora Elroy efectivamente se sentía emocionada de que un miembro tan encumbrado de la aristocracia inglesa, como lo era el duque asistiera a su casa. Cuando su sobrino le dijo que invitaría a los Grandchester no creyó que hablara en serio, pero el tener la oportunidad de hablar con él después de tanto tiempo de conocerlo únicamente de vista le daba aquella satisfacción que solo los burgueses sentían al socializar con aristócratas, como si hubieran subido un peldaño más en la escalera social.
-Permítame presentarle a mi hijo Terrence.-continuó el duque.
-A sus pies madame.-dijo Terrence tomando la mano de la señora y depositando un beso en el dorso.
Candy sorprendida se dio cuenta que ni siquiera la ecuánime tía Elroy escapaba del encanto de Terry, pues por primera vez desde que la conocía vio lo que nunca imaginó que pudiera ocurrir: la tía se sonrojó.
-Encantada.-dijo recuperando la compostura-Duque, ella es Candice, hija del señor William Andrey.
-Ya había tenido el placer de conocer a esta bella señorita, mi hijo y ella asisten al mismo colegio. Señorita Andrey.-contestó el galante señor besando su mano.
-Por favor Duque de Grandchester, llámeme solo Candy.-dijo sonriendo.
-Es verdad, ya me lo había pedido antes. Candy será entonces.
Terry se aclaró la garganta y se removió inquieto detrás de su padre. El duque sonrió mientras aún veía a Candy.
-Parece que hay alguien aquí ansioso por saludarla.-bromeó y le cedió el paso a su hijo.
-¿Cómo estás Candy?-saludó amablemente, incómodo de sentir la mirada de la tía.
Él hubiese deseado estrecharla en sus brazos hasta que sus cuerpos se fundieran en uno solo. Besar sus labios hasta quedar sin respiración y después besarla nuevamente.
-Muy bien, gracias Terrence.-contestó ella en el mismo tono, intentando sonar impersonal.
Aunque la realidad es que lo que quería era lanzarse a su cuello y acariciar su pelo, colocar sus manos en su pecho y rozar la suave tela de su frac que lo hacía lucir tan apuesto. Había dicho que no quería volver a verlo pero ahora, al ver sus ojos, apenas si recordaba porque habían peleado.
-¿Me permitiría el honor de bailar con su sobrina madame?-preguntó Terry al oír que comenzaba un vals.
-Por supuesto, adelante.-dijo la tía que se había percatado de las miradas que ambos jóvenes se daban.
-Bon soir.-dijo él en voz baja al rodear a Candy con el brazo y mientras se alejaban en los giros del vals-Bon soir, m'amie.
-Estás aquí. ¿Porqué estás aquí?-preguntó con muy poco dominio sobre su voz.
-Porque tú querías que yo estuviese aquí esta noche y bailáramos juntos. No mientas ahora preciosa mía. No digas que no lo deseabas. ¿No te alegra verme?
-No, no me alegra.-dijo tratando de convencerse de que no mentía y disimuladamente le dio un pisotón con toda intención.
-Debí imaginarlo.-dijo mientras hacía muecas de dolor-Me merecía eso, lo admito. Pero tú eres tan buena que me perdonarás, ¿verdad que si pecosa?
Oculta a medias por los cortinajes, un poco olvidada y otro poco helada, se encontraba Annie Britter, cuya madre había dejado sola para charlar animadamente con su grupo de amigas que sin mucho disimulo criticaban a las señoras que no eran de su agrado. Annie miraba con anhelo y cierta tristeza como Terry rodeaba fuertemente la cintura de Candy y como su sonrisa y su mirada cambiaban cuando se encontraba frente a ella. Los veía y pensaba que se sentiría ser amada así, debía ser sin duda muy halagador. Su joven cuerpo de mujer comenzaba a tener curiosidad por experimentar el roce del hombre amado. No quería envidiar a su hermana pero se preguntaba si en verdad ella era tan poca cosa, tan insignificante y poco atractiva que aún no poseía lo que hasta Patty ya tenía. ¿Qué le faltaba? Tantas veces había deseado ser más como Candy para que la gente la quisiera como a ella.
-¿Me permites esta pieza?-tan absorta estaba en sus pensamientos que no se percató cuando Anthony se acercó a ella.
Lo miró sorprendida y sus mejillas se tornaron rojas al recordar el beso que él le había dado.
-Si.-contestó nerviosa.
-Annie.-se animó a hablar Anthony después de unos minutos-No quisiera que nuestra creciente amistad se estropeara. Aquel día en el salón de música, no quise ofenderte. Lo siento mucho. ¿Crees que podamos seguir siendo amigos?
Ella lo miró sin saber que contestar, porque en ese momento se sintió decepcionada por sus palabras. Ella no se había molestado realmente por aquel beso, sino que se sintió utilizada, creyó que Anthony, en su desesperación, intentaba olvidar a Candy con quien tuviera a la mano. Pero una vez que se calmó y recordó lo que sintió al ser besada por él, se dio cuenta que lo disfrutó. Sin embargo ahí estaba él ahora, pidiéndole que fueran amigos; esto confirmaba su primera impresión, que lo hizo sin sentir nada por ella. La desilusión se reflejó en sus ojos pero Anthony no la notó.
-Si, amigos está bien.-dijo en un esfuerzo por mantener si dignidad.
Cuando la música paró, Anthony le pidió que lo acompañara y la llevó a un pasillo, alejado de la multitud. Ella lo siguió nerviosa, con el corazón saltando sin control aunque procurando alejar los pensamientos que asaltaban su inquieta mente.
-Es un pequeño presente para agradecer tu amistad. Espero que te guste.-dijo él entregándole una pequeña cajita de terciopelo.
-Anthony, no debiste.
-Tú me hiciste un obsequio también, uno muy bonito por cierto.-contestó mostrando el pañuelo que traía en su saco.-Ábrelo.
Annie obedeció y una hermosa peineta en forma de mariposa apareció; con incrustaciones de piedras preciosas que sorprendieron gratamente a la joven.
-Muchas gracias, es preciosa.-dijo sonriendo y se levantó un poco en puntillas para besar la tersa mejilla del rubio.
Se miraron detenidamente, sin decir nada, con las mejillas sonrosadas y los ojos mirando directamente a los del otro. Anthony vio lo hermosa que lucía con su vestido celeste y una duda se instaló en su interior: ¿realmente deseaba ser solo su amigo? Desde aquella ocasión que probó sus labios le daba vueltas a lo mismo y no lograba entender porque la besó, él creía que no sentía nada por ella que no fuera cariño. Pero entonces, ¿por qué se había descubierto varias ocasiones pensando en ella cuando antes no lo hacía? ¿Por qué ahora la encontraba linda cuando antes apenas si notaba su presencia? ¿Qué había cambiado en ella o en él para que ahora disfrutara tanto de su compañía?
Archie esperaba con una copa de champagne en la mano y no le agradaba que tardaran tanto. Había visto cuando Anthony y Annie salieron del salón y le intrigó, pero no quería seguirlos o dar la impresión de que los espiaba. Primero los pañuelos bordados, que para él fueron una clara señal que le enviaba Annie, ya que antes todos los obsequios eran exclusivamente para él; y ahora esto. No lograba entender que estaba ocurriendo.
Por fin regresaron al salón y Archie dejó la copa en la charola de un mesero que pasaba para ir adonde Annie se encontraba.
-Te he estado buscando. Quiero tener el placer de bailar contigo.-dijo dándole una mirada que tenía toda la intención de ponerla nerviosa.
Lo logró, Annie sintió como sus mejillas se enrojecían y las palabras se evaporaban de su cabeza. Hizo un esfuerzo por reaccionar y aceptó, ofreciéndole su mano con finos dedos.
Ahora si que no sabía que pensar; creyó que al estar en brazos de Archie todo lo demás se desvanecería, como dicen que sucede cuando estás con el hombre que amas. Y ciertamente este hermoso joven de ojos castaños y chispeantes la ponía muy nerviosa y le atraía sobremanera, entonces no entendía porque al bailar con él pensaba en Anthony y en lo bien que se sentía a su lado. Sacudió ligeramente la cabeza en un intento por sacarlo de su cabeza; después de todo él solo la quería como amiga.
La noche transcurría entre bailes y risas y Candy bailó con todos sus primos, procurando evitar a Terry, aunque no le gustó nada ver que él le daba una sonrisa burlona cuando pasó frente a ella bailando con Elisa. Comenzó a pensar que no era muy buena idea lo que estaba haciendo, pero no quería perdonarlo tan fácilmente después del trato que le dio.
Candy se atiborraba canapés, dando la espalda a la pista cuando junto a ella se asomó Terry sonriendo como solo él sabía hacerlo, encantador aunque con un toque se podría decir que hasta maléfico.
-Vamos a bailar glotona.
De repente el perfecto caballero que se había presentado ante la tía Elroy, había desaparecido. Candy solo pudo emitir un gruñido gutural, con la boca llena de comida, cuando sintió que él tomaba su mano y la conducía al centro del salón para bailar; sin permitirle oponer resistencia.
-¡Vente conmigo!-le dijo casi como una orden.
-¿Irme? ¿Adónde? ¿Cómo podría hacerlo?
-¿Qué te pasa pecas? ¿Por qué le das una apariencia difícil a las cosas más sencillas? Necesito estar contigo en un lugar donde pueda asir tu mano y hablarte sin que nos miren absortos quinientos imbéciles.-dijo y Candy notó que luchaba por contenerse pues se veía muy pálido.
-¡Irme contigo! ¿Pero qué es lo que quieres, un escándalo?
La algarabía que apareció de pronto en los invitados que despedían la última noche del año los interrumpió, pero también le dio a Terry una buena oportunidad para sacar a la terraza a Candy. La llevó hasta un rincón alejado y la recargó en la pared.
-Si, si.-dejó de dominarse- Quiero un escándalo. También quiero golpearte hasta que comprendas lo que trato de decirte. Te amo. Te amo. No creo en el amor y (¡maldita seas!) te amo.
Candy lo escuchaba como si de un sueño se tratara, pero el fulgor en sus azules ojos le confirmó que era verdad lo que sus oídos escuchaban. Sus palabras entraron como un poderoso torrente y ella creyó que su corazón latía realmente por vez primera. No pudo contenerse, no lo pensó, simplemente su cuerpo actuó por sí solo y se lanzó a rodear el cuello de Terry y a besar sus labios con apremio.
-Yo también te amo.-dijo cuando se separaron un segundo para tomar aire-No sabes cuanto te amo. Eres un mocoso engreído, un grosero y un testarudo pero te amo.-y no pudo hablar más porque él poseyó su boca nuevamente y ella se dejó llevar por ese estado de embriaguez.
Perdió la noción del tiempo, no supo cuanto estuvieron así y solo recordó donde estaba hasta que oyó que alguien la llamaba a lo lejos. Era Patty que la buscaba. Cuando la vio salir de entre las sombras agitada y turbada Patty se sonrojó, imaginando lo que había interrumpido.
-Lo siento mucho. Stear me dijo que la tía está preguntando por ti.
-Enseguida voy, gracias.-contestó Candy también ruborizada.
Terry tomó su mano y la regresó a su refugio en la oscuridad, dándole suaves besos en la mejilla.
-¡Al diablo con tu tía! No te vayas.
-Tengo que ir, pero espérame aquí, volveré enseguida.-y renuentemente abandonó su abrazo.
-¡Ah, santa, santa noche! Temo que, siendo de noche, todo sea un sueño, harto halagador y sin realidad*.- susurró él quedándose solo y saboreando el dulce sabor de los besos de su amada.
Le pareció eterno el tiempo que no la tuvo a su lado. Nunca pensó que pudiera sentirse tanto amor y necesidad por alguien pero hubiese deseado no perderla de vista jamás, cuando se trataba de su pecosa se sentía egoísta y celoso, tanto que se desconocía.
-¡Ay! Tanto para presentarme ante ¿cómo se llamaba? Ya lo olvidé.-llegó Candy.
-Ven aquí.-la atrajo Terrence besándola otra vez-Por poco lo olvido, toma.-dijo mostrando una cajita.
-¿Y esto?
-Es tu regalo de aniversario. ¿O es que lo olvidaste?-dijo con el ceño fruncido pensando que ya comenzaba a verse como un tonto enamorado.
Ella comenzó a reír al ver su expresión, pues sabía lo que cruzaba por su cabeza.
-¿Cómo olvidar el día que conocí al inglés más mal educado?-le dijo acariciando su pelo.
-Y yo lo recuerdo muy bien porque nunca había visto tantas pecas juntas. ¿No piensas abrirlo?
En la cajita, la pecosa descubrió un dije de esmeralda en forma de corazón que iluminó su rostro con una sonrisa.
-¡Terry, es precioso!
-Lo escogí pensando en tus ojos, pero en realidad, comparado con ellos se opaca.
-No deberías consentirme tanto, me acostumbraré y cuando no lo hagas te lo reprocharé.-dijo acurrucándose en sus brazos.
-Acostúmbrate. Siempre que este en mis manos te consentiré. Todo lo que pueda llegar a tener será tuyo. Solo hay un detalle por el que me lo pensaré seriamente antes de casarme contigo.
-¿Cuál es?-dijo levantando la cara para verlo a los ojos.
-Que emparentaré con los Legan.-contestó haciendo una mueca de asco y provocando que Candy riera divertida.
El tiempo implacable les hizo regresar al salón por mucho que desearan seguir afuera a pesar del clima, pero estaban solos y podían demostrar el amor que latía fuerte en sus corazones. Candy entró primero por uno de los enormes ventanales que daban a la terraza, un momento después entró Terry. Para la tía Elroy, por mucho que quisieran disimular, era obvio que habían estado juntos, esto junto con la actitud de ambos al saludarse la puso a pensar.
Camino al castillo de su padre Terry sonreía discretamente, recordando lo sucedido en esa, la mejor noche de año nuevo que había tenido en toda su vida.
-Podrías encontrar una señorita de mejor familia. Por ejemplo la hija del conde de las Fuentes, el embajador de España, suspira cada que te ve.
-No me interesa.-dijo fríamente Terry dándole una mirada furiosa a su padre.
-Está bien.-suspiró el duque-Afortunadamente pusiste tus ojos en una joven cuya familia tiene fortuna e influencia, aunque no tenga título. Una vez que acabes el colegio, hablaré con su tutor, te apoyaré para que te cases con ella.
Terry se sorprendió ante la actitud de su padre; primero lo invita a su castillo, después prefiere acompañarlo a casa de Candy en vez de asistir a la fiesta del duque de Buckingham con su esposa y ahora esto. Se dijo que necesitaba meditar detenidamente en todas las implicaciones que llevaba el aceptar la ayuda de su padre. Nunca había hecho nada para ganar su confianza y no podía esperar que así como así creyera que todo lo hacía con buena voluntad y por amor de padre.
Los jóvenes Andrey se preparaban para regresar al colegio así que la tía, después de mucho pensarlo, decidió que era el momento oportuno para echar a andar su plan. Ella, preocupada siempre por el buen nombre y también el bienestar económico de la familia, se dio cuenta aquella noche del baile que se le estaba escapando algo importante. Sus sobrinos crecían rápidamente y habían dejado ya de ser unos niños. El caso de Candy, por ser adoptada, requería medidas especiales. Se estaba convirtiendo en una hermosa señorita y la matriarca tenía que velar por la familia de acuerdo a las nuevas circunstancias.
-¿Nos has mandado llamar tía?-preguntó Anthony entrando al estudio.
-Si, entren. Necesito hablar con ustedes.-contestó con su pausada voz la mujer.-Solo quiero informarles de la decisión que se ha tomado con respecto a su futuro.
Candy y Anthony se miraron intrigados, la rubia palideció pues rápidamente se le ocurrió que los enviarían a otro colegio y eso le rompería el corazón.
-Cuando se gradúen del colegio anunciaremos formalmente su compromiso en matrimonio. Mientras tanto deseo que estén concientes de su situación y se comporten de acuerdo a ella. ¿Quedó claro?-anunció la tía.
-¿Cómo dice? ¿Comprometidos? ¿Pero quién decidió esto, el tío William lo sabe?-estalló Candy.
-Candice, no tienes nada que objetar, debías estar consciente que en nuestra clase una señorita acata lo que se le ordene. Agradece que tome en cuenta que Anthony y tú se agradan.
-Pero tía…-intentó hablar Anthony.
-No tienes nada de que preocuparte Anthony, tú seguirás estudiando para convertirte en el nuevo jefe de la familia Andrey pero casado con Candy. Y tú Candy, tienes que comportarte como toda una dama, porque serás la esposa de un hombre muy poderoso. Bueno, creo que ya está dicho todo, ahora retírense.
Ambos chicos salieron de la habitación con semblante confundido, nunca esperaron esto. Se miraron uno al otro sin abrir la boca, tratando de asimilar lo que acababan de escuchar.
-¿Qué vamos a hacer Anthony?
-¿Sería tan malo convertirte en mi esposa?-dijo con una sonrisa triste, recordando los tiempos en que soñaba con ese día.
-Anthony…-respondió con tristeza Candy.
-Ya lo sé Candy.-se interrumpió y pensó en lo que harían-Escribe al tío William, necesitamos saber si el aprueba este compromiso.
-Lo haré. Mientras tanto, ¿podríamos ocultarlo?-dijo preocupada.
Él la contempló un momento y al fin respondió: -Si.
Diario de Candice W. Andrey 8 de enero 1913
¡Lo amo, lo amo tanto que siento que este amor no cabe en mi pecho! Ahora lo sé con más certeza que nunca y se lo dije. Y él también me lo dijo con tanta pasión que era imposible dudar de sus palabras y de sus divinos ojos color de mar que lo gritaban también. Además lo siento cada vez que me abraza, cada vez que me mira, que me besa y me acaricia. ¡Ah! Quizás arda en las llamas del infierno si lo que dice la hermana Grey es verdad, pero sinceramente no me importa; si puedo disfrutar del infinito placer que me proporciona el estar con él. No tengo experiencia en esto, nunca había sentido algo así, pero sé que algo tan profundo y poderoso no puede morir jamás.
Sin embargo algo nubla mi felicidad, la tía Elroy nos anunció a Anthony y a mí que nos comprometeremos en matrimonio. En otros tiempos hubiera sido la más feliz al recibir esta noticia, antes de conocerlo a él. Pero ahora vivo sumamente preocupada de que esto llegue a ser verdad. Le he escrito al tío William para pedirle que no de su consentimiento, que yo deseo elegir cuando y con quien contraer matrimonio. Ruego a Dios que me escuche e impida ese absurdo compromiso porque si no es así, ¿cómo voy a librarme de el? ¿Qué le diré a Terry? No, no tiene que enterarse, conociéndolo explotará en ira. Lo mejor será solucionarlo sola, convencer al tío William. Mi amor por Terry me ayudará a perseverar hasta conseguirlo.
REFERENCIAS:
*Fragmento de Romeo y Julieta de William Shakespeare, acto II escena I.
NOTAS:
Boungiorno! Come sta oggi? Espero que de maravilla.
Muchas gracias por leer este capítulo, por regalarme algo tan valioso como lo es su tiempo. Realmente me honran con su atención.
Les tengo una sorpresa: al principio de este capítulo se describe una paliza que Terry le da a Neal, no crean que es casualidad, él sospechaba de los hermanitos Legan respecto a la trampa del establo, por eso le dio su merecido. Pero como es un caballero y desde luego no iba a golpear a Elisa se vengó de otra forma. Ha llegado a mis manos una carta perdida donde se relata lo que esa víbora tuvoque pagar por su bromita. (Ya saben que yo tengo acceso a documentos personales de los Andrey y allegados).
El asunto estuvo así:
Elisa fue emocionadísima a las aulas abandonadas, detrás del colegio, porque Anthony le envió una nota citándola. Pero cuando abrió la puerta se encontró con que en vez de ser recibida por la sonrisa de Anthony fue con un balde de abono que le cayó en la cabeza. jajaja ¿Han visto Volver al futuro? ¿Recuerdan como Marty siempre se las ingeniaba para que Piff terminara bañado en excremento? Pues así quedó nuestra querida Elisa. Todos nuestros amigos rieron desde lejos al verla salir rabiando y apestando de ahí.
Agradecimientos:
Alyshaluz: Espero que si te hayas animado a leer el 14; puedes respirar tranquila, todavía no viene Susana. (si es que vendrá)
Camila Ulloa: Que bueno que te gustaran los capítulos anteriores, espero tu extenso review.
soratan: No hagas trampa, si te digo como saldrán del colegio se va el suspenso. Mejor sigue esperando pacientemente cada entrega. jeje
maat sacmis: ¡Bienvenida! Si fue un poco cruel, pero nada más fue a ver si estaban atentas. jajaja Y si, yo que tú tenía preparado un galón de helado de chocolate, porque si que se pone color de hormiga.
Yelibar: Gracias a Dios que no te dio el infarto sino me enviabas la cuenta. jajaja Y dime, ¿qué quieres que hagamos con Annie? ¿La mandamos al Tibet?
alsha: No sabes como me reí con eso de que esto no es Annie Annie. Y que bien que no aventaste tu compu, sino tendría una deuda más como con
Betsy-pop: Muchas gracias por el acróstico. Espero que haya abierto el capítulo adecuado, te aseguro que no sé que pasa pero gracias por leer aún así. Si, la escena de Terry y Candy abrazaditos fue linda. ¿La de este cápítulo te gustó?
Me despido por el momento y regresaré tan pronto como me sea posible, si me atraso tomen en cuenta que es el mes de la guerra florida y eso me tendrá entretenida.
¡Cuídense mucho!
Nashtinka
