Capítulo XVII
Hacía más de un año que había dejado su país, los paisajes que conocía y quería; los lagos en los que creció y sobre todo a la que ella seguía considerando como su familia, aunque legalmente ya formara parte de otra. Sentía nostalgia de aquel cálido hogar donde recibió todo el amor que los suyos le negaron, de aquellas dulces mujeres que cuidaron de ella como si fuera su propia hija, de la colina donde corría y se tiraba en la hierba húmeda, de la luz del sol calentando su piel y reflejándose esplendorosa en el lago.
A pesar de que había encontrado la felicidad en el viejo continente, ahora que se sentía tan perdida, le gustaría tanto contar con el apoyo de sus madres, las únicas a quiénes podría confiarles sus pesares, su confusión, su preocupación.
-¿Sintiéndote nostálgica?-la sacó de sus pensamientos una voz detrás de ella.
-Solo pensaba como estarán todos en el hogar de Pony.-contestó en un suspiro.
-¿No te han escrito?
-Si, pero no es lo mismo. Hace tanto que no los veo.
-Quizás estas vacaciones podamos ir.-la animó el joven a su lado.
-Si, quizás.
Se sentaron uno junto al otro, como tantas veces. Se quedaron en silencio, como tantas otras cuando juntos admiraban las rosas, el lago, el bosque, la vida. No había incomodidad entre ellos, todo estaba dicho y sobreentendido. El cariño que los unía soportó las duras pruebas a las que se habían enfrentado los últimos meses. Anthony notó que ella se sentía tranquila y confiada a su lado, sabiendo que él no la obligaría a nada, que no le reclamaría nada, que era su amigo, pasara lo que pasara. Él también se sintió confiado, en paz. "Es mejor así", pensó.
-¿Estás lista para el festival?- rompió el silencio Anthony.
-Si, va a ser muy divertido.-contestó recuperando su sonrisa.
-Hay algo de lo que quería hablarte.-dijo Anthony sonriendo nervioso.
-¿Qué es?
-No estoy seguro si la tía Elroy habrá regresado para entonces, pero si es así deberíamos pensar como vamos a actuar. ¿Irás con Terry?
-Por supuesto.-aún no hablaban del festival pero era seguro que irían juntos.
-Bueno, es que si viene la tía no estará muy conforme con que tu pareja sea Terry. Se supone que tú y yo estamos comprometidos.
Tenía que recordárselo, justo cuando empezaba a sentir alegría y entusiasmo por el festival que se aproximaba. Ni siquiera cuando estaba con Terry encontraba paz, se sentía culpable por ocultarle algo como eso; pero no encontraba el valor para decírselo y temía su reacción. El tío William aún no contestaba pero ella no perdía la esperanza de que todo este asunto del compromiso podría resolverse pronto y no habría necesidad de contárselo a Terry. Después de todo solo era un disparate de la tía Elroy, ella no pensaba casarse con Anthony, no podrían obligarla. Un coraje subió por su garganta proveniente de lo más profundo de sus entrañas.
-Me importa un cuerno la tía Elroy.-sentenció.
Anthony la miró sorprendido, sin saber que decir y una sonora carcajada los hizo voltear a ambos.
-¿Qué te parece tu prima? ¡Ya me imagino cuando tenga que presentarte en la corte!- dijo Terry divertido.
-No tiene remedio. –lo secundó Anthony.
-Los dos son unos pesados. –dijo Candy fingiendo indeferencia. A lo que siguieron más risas de los jóvenes.
-No te has puesto celoso.-comentó Candy cuando Anthony se había ido.
-¿Celoso, cuándo me he puesto celoso?-contestó Terry con arrogancia.
-No lo niegues. Te pones celoso cuando me encuentras con Anthony.-dijo pícara Candy señalándolo con el dedo.
Terry seguía mirándola con arrogancia, después cambió su sonrisa y mordió el pequeño dedito que lo señalaba. Ella rió.
-Creo que no sería agradable que hiciera una escena cada vez que hablas con él, después de todo es tu primo.-dijo alzando los hombros, sin darle mucha importancia.
-¿Sabes que eres mucho más maravilloso de lo que quieres dejar ver?-le acarició la mejilla.
-Si, lo sé.-contestó con su encantadora sonrisa.
-¡Y además modesto!-rompió a reír Candy.
Él la contempló un momento y se preguntó si eso que sentía al estar con ella era tranquilidad; le parecía que ni siquiera conocía la sensación y no la podría distinguir pero al lado de esa pecosa, al oír su risa y sentir su calor creía que por fin tenía sentido el mundo, que él era capaz de conquistar cualquier meta que se fijase, que el pasado dejaba de doler, de importar y que el futuro le mostraba su lado halagüeño porque el presente era fascinante.
Aun no dominaba por completo la inseguridad de la que era presa ocasionalmente, debido a una vida llena de rechazos que lo hicieron creer que no era digno de ser amado. Esta inseguridad, desde luego, la ocultaba con una máscara de orgullo y desenfado. Como aquella vez que peleó con Candy poco antes de año nuevo; no le gustaba creer que alguien sentía lástima por él, y ya que a veces no distinguía cuando alguien actuaba por auténtico cariño lo asociaba con eso, lástima. Y era lo último que quería tener.
Pero ahora, gracias a su niña pecosa de rubios dorados como rayos de sol, comenzaba a sentir confianza en alguien, algo que nunca había experimentado. Prefería no confiar en nadie a salir lastimado nuevamente. Ella fue quien le enseño a reír de verdad, a dejarse llevar, a confiar, a querer, a soñar. De pronto se dio cuenta que no solo la amaba por lo que ella era; sino por lo que él comenzaba a ser gracias a ella.
Mientras ella aún reía la atrajo a su cuerpo y la abrazó con fuerza, ella abrió los ojos sorprendida y trató de voltear para verificar que nadie los viera.
-¿Estás segura de esto Candy? ¿De verdad quieres estar conmigo?-la verdadera pregunta que se le quedó atorada en la garganta era "¿Me amas?", pero no se atrevió a decirla.
-Por supuesto Terry. Te amo, ¿porqué no habría de estar segura?-contestó abrazándolo.
-¿Te confieso algo? Alguna vez llegué a pensar que te sentías atraída hacia mí por lástima.-ella alzó la mirada, desconcertada –Debido a mi historia; pensé que veías en mi a un animal herido con el que podrías llenar tu necesidad de ayudar a los débiles.
-¿Pero qué cosas dices? Si buscara alguien herido para sentirme superior ayudándolo me hubiera enamorado de Anthony, que es huérfano desde muy pequeño o hasta de Stear o Archie que prácticamente fueron abandonados por sus padres. Nunca pienses así Terry; yo no veo en ti a un animal herido, yo te veo como un hombre con muchas cualidades y no me necesitas a mí para comprender que el pasado sirve para darnos lecciones, tomamos de él lo que nos ayude a crecer y seguimos adelante. Tú tienes la fuerza necesaria para hacer eso, conmigo o sin mí. Yo confió en ti y sé que podrás.-le tomó la cara y lo vio a los ojos-Jamás dudes que te amo, no por como creciste, sino por lo que eres o por lo que te estás convirtiendo; un hombre hermoso que me hace sentir mujer.
Para ese momento dejó de importarle si alguien pasaba por ahí, si la misma hermana Grey hubiese pasado no le habría gustado mucho el espectáculo que hubiera visto. Una pareja de enamorados fundidos en un beso no tan casto aunque más breve de lo que habían llegado a ser en otras ocasiones. Candy reaccionó recordando donde se encontraban y separó renuentemente sus labios de los anhelados labios de Terrence para regalarle una sonrisa.
Aquella mujer negra había nacido para combinar con ese paisaje. El sol abrasador caía con gracia sobre sus delgados brazos sin provocarle ningún daño, ya estaba más que acostumbrada a eso. Las acacias dibujaban su sombra a lo lejos, en el hermoso paisaje de la sabana africana. Bajo la sombra de aquellos árboles los guepardos dormían la siesta tendidos, mostrando sus excelentes músculos, los mismos que su Creador les dio para correr a grandes velocidades y conseguir alimento para sus familias.
Los verdes ojos se fijaron en el horizonte, desde que nació había visto semejantes panoramas, pero aunque no le impresionaban tanto como a los citadinos que los veían por vez primera, no dejaban de conmoverla. El dorado de la hierba con la luz del atardecer, el olor de los animales mezclado con la pureza del aire, el sonido de los insectos que comenzaban a salir al percibir que el día moría. Había mucho de espiritual en ese lugar, ahí donde se podía admirar lo perfecto de todo lo creado, donde la vida podía ser tan simple y a la vez tan triste. Un lugar mágico donde costumbres ancestrales se negaban a irse.
-Kamaria +.-la distrajo la voz de su amigo de la infancia, Dembo. Ella volteó a verlo sin mucho interés, su mirada denotaba la tristeza que la embargaba.
-¿Ya se ha ido?-le preguntó al notar su expresión.
-Si, salió hace un par de horas.-contestó tristemente.
-He ido al pueblo y traje una carta para él. Ahora ¿cómo se la haremos llegar?
-No lo sé, no me ha dejado dirección. No sabía donde iba a llegar. Solo se fue igual que vino aquí, con el deseo irrefrenable de conocer y de ayudar. Sin tener idea de lo que le esperaba y sin preocuparse por eso.-tomó la carta entre sus manos y leyó el remitente "Candice White Andrey"-Debe ser su hermana o su sobrina quizás.-murmuró con tristeza.
"O su esposa" pensó Dembo pero no quiso herirla más, así que se calló.
-Ya se te pasará Kamaria. –comenzó él, rodeando sus hombros cariñosamente –Es lógico, te has enamorado de sus ojos azules como el cielo y sus cabellos dorados como el sol, porque es diferente a todos los hombres que habías conocido.
-No Dembo, te equivocas. No me enamoré de su pelo o sus ojos, no me enamoré tampoco del color de su piel. Sino de la persona que es por dentro. Es un hombre íntegro, apasionado de sus ideales, amable y considerado; es un hombre como no había encontrado ninguno, ni creo volver a encontrarlo…-su amigo desvió la mirada, incapaz de verla llorar por otro hombre, incapaz también de abandonar el cómodo lugar que tenía como su amigo para arriesgarse a declararle sus sentimientos y sintiéndose inferior al lado de aquel hombre que ocupaba el corazón de la mujer que había amado toda su vida. –Pero supongo que así tenía que ser; él estaba de paso. Aún no encuentra lo que busca y por eso tenía que continuar su camino, al menos la vida me permitió conocerlo, al menos estuvo aquí, iluminando todo a su paso. Te digo Dembo; la mujer que conquiste su corazón será muy afortunada.
Él no contestó nada, ella se quedó en silencio sin romper la cercanía con su amigo y pronunciando en su mente el nombre que había repetido noche tras noche en sus horas de insomnio: Albert.
El día había llegado, el segundo festival de mayo al que asistía. Era extraño, pero llegó a pensar que no asistiría a otro. No tenía planes de irse del colegio; debía terminar y agradecerle la oportunidad al tío William. Pero, por otro lado, estaba el asunto del supuesto compromiso con Anthony; el tío abuelo no le había respondido aún y George le dijo que posiblemente la carta se perdió así que escribió otra explicándole la situación y rogándole que no la obligara a casarse. Ella tenía sus dudas; pensaba que posiblemente toda esa idea provenía en realidad de él y que la carta había llegado a su destino, pero él simplemente la había ignorado. Pero se rehusaba a creer que un hombre tan bueno, que la acogió en su familia y la llenó de lujos y atenciones, aunque jamás lo había conocido, ahora quisiera tratarla como un objeto, como alguien que no tiene opinión ni capacidad de decisión.
Soltó un suspiro mientras observaba a Annie, que como siempre, era la encargada de arreglar sus rebeldes rizos para la ocasión. Terry y ella habían acordado disfrazarse de Romeo y Julieta, así que lucía un vestido blanco con bordados dorados ceñido hasta el pecho y cayendo amplia y elegantemente desde ahí, el escote cuadrado rematado en una cinta de seda dorada, las mangas le parecían enormes, si bajaba los brazos llegaban hasta el piso; pero lucían espléndidas. Para rematar el estilo renacentista Annie le trenzaba su abundante cabellera rubia, entrelazando una cinta de seda dorada. Mientras tanto ella recordaba el desfile de esa mañana donde ella iba ataviada con un lindo vestido que solo usaban las nacidas en mayo, su caballero iba escoltándola. Recordó lo apuesto que lucía Terry con su traje azul. Sin duda al pobre no le causaba mucha emoción desfilar ante toda la escuela, pero nunca borró de su rostro la sonrisa; lo hacía solo por ella y eso era algo que Candy agradecía profundamente.
-Candy, quiero pedirte que me perdones.-la sorprendió Annie.
-¿Por qué Annie?-la vio por el espejo.
-Desde hace mucho tiempo debí pedir tu perdón por haber tomado tu lugar, por evitar que te adoptaran los Britter y en cambio ser yo su hija adoptiva. Perdóname por arrebatarte tu oportunidad de tener unos padres. Perdóname por favor.- dijo Annie con la voz quebrada debido al llanto que comenzaba a caer.
-Annie, no te pongas así o arruinarás tu maquillaje.-trató de bromear Candy.
-Por mi fue que no quisiste ser adoptada por los Britter, en cambio yo acepté gustosa y te abandoné. Pero es que yo deseaba tanto tener una familia…
-Lo sé Annie. No debes culparte por eso. Además finalmente fui adoptada.-la reconfortó.
-Pero no tienes un papá y una mamá.-habló entre sollozos Anne.
-Bueno no, pero tengo unos primos fabulosos. –le guiñó el ojo la pecosa. –Escucha Annie, yo nunca te guarde rencor por lo de tus padres, además estoy segura que tu mamá me hubiera echado antes de una semana, con lo revoltosa que soy.
-Candy. –hizo una pausa para controlar su llanto y continuó-Yo sé que sonará mal lo que voy a decirte pero creo que si hubiese sido yo la que se quedara en el hogar de Pony, bueno ahora no sé que sería de mí. Si me hubieran llevado a casa de los Legan yo no hubiese soportado y seguramente los Andrey no me hubieran adoptado a mi. Yo no tengo esa cualidad que tú tienes de provocar que todos te amen.
-¿Pero qué dices? Seguro que te hubieran adoptado; eres linda y talentosa, tú si que eres una dama. Mi hermanita es una dama.-dijo acariciando sus negros cabellos. –No vuelvas a mortificarte con eso, creo que pasó lo que tenía que pasar. Tú tienes una familia y yo también; – y pensó no solo en sus primos sino en el castaño que habitaba su corazón – justo como lo soñábamos de niñas. Ahora su majestad, sonría. No querrá que su caballero esta noche la vea con ese semblante. Archie seguramente lucirá guapísimo.-quiso animarla Candy.
-Si.-respondió sin mucho entusiasmo Annie.
-Annie, ¿es mi impresión o ya no estás enamorada de Archie?
La morena sonrió tristemente y lanzó un largo suspiro antes de responder.
-No sé si alguna vez lo estuve. No sé lo que es estar enamorada, no sé que siento por él. Pero tengo la impresión que entre él y yo no existe amor. Bueno, en él siempre ha sido obvio que no me ama y yo… no lo sé, tal vez me cansé de esperar que un día lo hiciera.
-Pero él es atento contigo y te pidió ir con él al baile.
-Eso no significa nada, vamos juntos porque es cómodo para ambos. Porque nos conocemos y tenemos confianza, es mejor que ir con otra persona.-Annie interrumpió a Candy que quería objetar algo-Déjalo Candy; una vez te pedí que me ayudaras pero ahora te pido que no le digas nada, así está bien. Déjame caer Candy, quizás lo necesito para crecer.
La rubia se quedó callada y ambas prosiguieron con su tarea de embellecerse para el baile, el último evento del festival de mayo. Candy se sorprendió de la tranquilidad con la que Anne habló, ella estaba segura que al hablar de su desamor estaría destrozada, llorando y pidiéndole que hiciera algo para que Archie estuviera con ella. Siempre había sido así, Annie lloraba y Candy solucionaba el asunto para que su hermanita tuviera lo que quería. De pronto pensó que posiblemente se equivocó al tratarla así y ahora Annie pagaba las consecuencias. Al menos parecía no ser demasiado tarde para enmendar el camino, al menos Annie parecía dispuesta a hacerlo aunque en el proceso sufriera algunos golpes.
Patty que como siempre estaba lista mucho antes que sus dos amigas, golpeó nuevamente la puerta para encaminarse junto con Candy y Annie al salón. Lo encontraron todo espléndido, nada parecido a lo frío y severo que lucía siempre el colegio. Desde lasemana anterior las religiosas se afanaron en el arreglo de la escuela. Cuidaron al extremo la limpieza y el orden y engalanaron los pasillos principales y desde luego el gran salón donde se llevaba a cabo el baile que cerraba el festival. Gran parte de los padres de familia se reunían esa noche y tenían que constatar que las enormes sumas de dinero que desembolsaban para mantener a sus hijos en ese prestigiado colegio valían la pena en cuanto a lujo y cuidado se refería.
Miles de luces alumbraban el amplio salón con cortinas nuevas en sus ventanales, grandes mesas con manteles de fina tela que tenían ponche y excelentes bocadillos. Los meseros se paseaban elegantemente vestidos procurando atender a los muchos invitados que asistían con llamativos trajes, procurando mostrar su buen gusto y fortuna.
Los primos Andrey ya se encontraban en el salón esperando ansiosos a sus damas. La que acompañaría a Anthony esa noche llegó primero y él se alejó un poco de sus primos para recibirla.
-Señores.-se acercó Terry a saludar inclinando de cabeza.- ¿Dónde está el tercero?
-Buenas noches Terry. Anthony se fue hacia allá, supongo que volverá.-contestó Stear intentando arreglar la corbata que acompañaba su atuendo de sir Isaac Newton. 1
-Espero que no lo haga.-comentó Archie ayudando a su hermano al notar su incapacidad en esos asuntos.
Terry lo miró confundido pero no tuvo tiempo a preguntar el por qué de su comentario pues en ese momento sus ojos voltearon a la entrada como si los llamaran; enseguida entendió porque: su Julieta había entrado. Annie lucía espectacular con ese vestido del siglo XVI, como la reina Elizabeth* y Patty también lucía muy linda vestida de hada, pero para Terrence ellas no eran más que el sequito de la verdadera reina, su reina, su pecosa. Se acercó embelesado a besar su mano, los otros chicos a su lado hicieron lo mismo con sus respectivas parejas pero para él todo lo demás perdió importancia; no oía más que un vago rumor de las voces a su alrededor, no veía más que sombras difusas junto a él. Solo veía y oía a la rubia Julieta que tenía frente a él y lo hechizaba con su cálida sonrisa.
-¿Me permite esta pieza milady?-le preguntó sin soltar su mano.
-Por supuesto milord.-contestó con un ligero rubor en sus mejillas que para él le daba un aspecto más encantador.
-Deberían apresarte.-le dijo de pronto mientras bailaban, ella lo miró sorprendida-Debería ser un pecado lucir tan hermosa que arrebatas el aliento de cualquier hombre que te ve. Tú vas a llevarme a la tumba hermosa Julieta; vas a ser la causante de que me bata en duelo con un sinfín de hombres que osen mirarte con deseo y quizás alguno logré matarme, envalentonado por el ansia de tenerte.
Candy parpadeó repetidas veces, pensando que era el halago más extraño que había escuchado, incluso viniendo de Terry.
-No tendrás que batirte en duelo con nadie; no debe importarte que alguien me mire, mientras no se atreva a más. Por que sabes muy bien que las únicas miradas que aprecio son las tuyas, que ningunas otras manos me acarician sino las tuyas y que los únicos besos que ansío son los de tus labios.-él se humedeció los labios al escuchar esto y ella siguió cada lento movimiento con la mirada, saboreando esos dulces labios y refrenando su deseo de besarlos ahí mismo, sacudió un poco la cabeza y continuó-Soy tu Julieta, solo tuya, completamente tuya.
Terrence curvó un poco los labios en una extraña sonrisa y la miró con cierta picardía.
-Bueno, no completamente aún. Pero pronto.
Candy prefirió desviar la mirada con la cara roja de vergüenza; no es que supiera con lujo de detalle a que se refería Terry, nadie había hablado de esos asuntos con ella, pero si sabía que entre el hombre y la mujer ocurría algo muy íntimo, algo que parecía ser un secreto pero no por que fuera malo. Si era algo que hacían las parejas por que se amaban, no veía porque tendría que ser malo. Pero las monjas decían que esas cosas ya se las enseñaría el esposo y Terry todavía no lo era.
Annie bailaba ese vals con Stear, después de haber concedido el primero a su pareja de esa noche y súbitamente se percató que sentía con Archibald algo muy parecido a lo que sentía al estar con su hermano. La hacían reír, le agradaba su compañía, se sentía tranquila a su lado, pero todo ese cosquilleo e inquietud que le provocaba en otros tiempos Archie, estaba desapareciendo para dejar en su lugar solo un cariño sincero, una amistad perdurable. Sonrió al convencerse que este nuevo conocimiento le ayudaría en el camino que se había trazado para encontrarse a sí misma. Pero entonces le golpeó como un rayo la intranquilidad cuando vio bailando a unos cuantos pasos de ahí a Anthony vestido con el kilt de su clan, acompañado de Elisa que lucía un vestido violeta fantástico.
-¿Qué hace Anthony con Elisa?-le preguntó a Stear, percatándose que el tono que usó no es el que debiera haber usado. ¿Sonó celosa acaso?
-¡Ah! Es una desgracia pero que se le va a hacer. Elisa le pidió a Anthony que la acompañara esta noche y él aceptó alegando que era mejor su prima a una desconocida, Anthony no tiene muchas amigas; además supongo que le dio pena que Elisa tuviera que venir acompañada de su hermano.-contestó Stear viendo a la pareja y saludándolos con la cabeza. Anthony sonrió y su mirada se fijó en Annie que por más que se esforzó por lucir sonriente no pudo ocultar del todo su descontento.
Ella agradeció que las vueltas del vals los alejaran de ahí, suspiro lo más quedo que pudo y trató de enterrar esa intrigante punzada que se instaló en su pecho. Miró hacia otro lado intentando borrar esa imagen y vio a Patty que parecía bastante divertida por algo que le decía Terry mientras bailaban, miró a Stear, él también los veía pero no parecía preocupado en lo más mínimo. Patty era su novia y sin embargo a él no le molestaba que bailara y bromeara con un joven tan apuesto como Terry, sin duda estaba seguro de los sentimientos que compartían, no había motivo para sentir celos. ¿Entonces porqué ella sintió eso al ver a Anthony bailando con Elisa? La diferencia era que Anne sabía las intenciones de Elisa para con Anthony y no le agradaban. Pero no tenía derecho, solo eran amigos, no tenía porque importarle que bailara con alguien más. Miró a Candy del otro lado del salón, bailando con Archie que ciertamente lucía estupendo en su atuendo medieval, a ella tampoco parecía molestarle que su novio bailara con otra chica y ella, al ver a Archie bailando con Candy no sentía el mismo desasosiego que le provocaba ver a Anthony. Su mirada se instaló en el piso y sonrió aunque no precisamente porque estuviera divertida.
-¿Qué pasa? –le preguntó Stear sonriente.
-Nada.-levantó la mirada y procuro mostrarse amable-Es solo que veía lo pequeña que luce Patty junto a Terry.
Stear soltó una carcajada. –Es verdad.-dijo-Se le ve muy bajita. Terry es más alto que yo.
A pesar de la reticencia de Elisa, Anthony la convenció de cambiar de pareja en una pieza. Ella creía que iría corriendo a buscar a Candy, pero para su sorpresa la llevó adonde se encontraban sus primos conversando y tomando ponche, descansando un momento después de bailar "el Danubio Azul"2. Saludaron a todos y tomaron un poco de ponche también. Candy bailaba con Terry y Elisa pensaba que Anthony esperaba a que llegaran para llevar a bailar a la rubia. Sintió coraje mezclado con decepción. Pero cuando la pareja se acercó y la orquesta comenzó a tocar otra pieza no fue a Candy a quien invitó a bailar Anthony, sino a Annie. Elisa los miró desconcertada pero procuró ocultar su sorpresa; carraspeó y se dirigió a sus primos.
-Bueno, mi pareja se ha ido. ¿Quién va a bailar conmigo?
Los jóvenes se miraron unos a otros, evidentemente nadie quería invitarla a bailar.
-Tú bailaste con ella en la fiesta de la tía. – le dijo Archie a Terrence.-Hazlo ahora también.
Terry lo miró con enfado, estuvo a punto de decir que aquella vez fue solo para encelar a Candy que estaba molesta con él, pero no podía ser tan grosero con una dama aunque se tratara de Elisa.
-Con gusto lo haría pero acabo de regresar de la pista, deseo tomar un poco de ponche. Pero tú ya has descansado, ve tú.
Archie miró a su prima como si lo estuvieran enviando al patíbulo, no a bailar un vals. Elisa bufó y manoteó en el aire.
-Son todos unos groseros. Vamos Alistear.-y jaló la mano de Stear que solo pudo dejar en manos de Patty su vaso y darles una mirada de espanto.
-Miren. ¡En buena hora se aparece Neal!- dijo Archie mostrando como Neal se acercaba a la mesa para coger un bocadillo.
-¿Qué?-preguntó Neal desconcertado al notar como todos lo miraban.
-Que debiste estar aquí hace un minuto para llevar a bailar a tu hermana.-le dijo Archie y todos echaron a reír.
La noche era cálida y hermosa; el jardín del colegio aunque siempre estaba perfectamente cuidado parecía más encantador que nunca. Las violetas y azucenas que eran el orgullo de la hermana que cuidaba el jardín esparcían su delicioso y embriagador aroma, el murmullo de la fuente se antojaba relajante, la esplendorosa luna nueva y las miríadas de estrellas que brillaban orgullosas en el cielo completaban la atmósfera romántica y mágica.
Terry y Candy se habían escabullido del baile, procurando no ser vistos; con tanta gente en el salón no resultó difícil. Las monjas por mucho que intentaran siempre mantener el orden se veían superadas por la gran afluencia que siempre tenía ese evento. Se desvivían por atender a todos como reyes, eso tenía que admitirse. Preparaban todo con esmero y dedicación y cada festival era aclamado por las familias de los estudiantes.
La pareja se sentó en una banca cercana a la fuente, tomada de las manos, pero sin decir palabra. Candy agradecía internamente que el mal tiempo provocara que la tía pospusiera su viaje a
Inglaterra y no hubiese podido asistir al festival; de otra forma no hubiera pasado desapercibido para ella que Candy fuese pareja de Terry.
-¿Qué piensas?-le preguntó ella suavemente mirando su perfil dirigido al cielo nocturno.
Terry soltó un suspiro y sin mirarla contestó:-En nada. En todo. En como ha cambiado mi vida desde que te conocí.
-¿Te refieres a que antes no asistías a los festivales?-trató de bromear Candy. Él solo sonrió levemente sin apartar su vista de las estrellas.
-A eso también. –y se inclinó hacia atrás en la banca, recargando el peso de su torso en sus brazos –Pensaba en el mañana y en el ayer que nos condujo hasta donde estamos hoy.
Por mucho que a Candy le parecía encantador como lucía Terry cuando se encontraba meditabundo, no pudo disfrutar ese momento en su máxima expresión pues la mención del mañana le produjo un escalofrío. Había evitado pensar en el mañana, en la posibilidad de que el tío William no deshiciera el compromiso con Anthony, en tener que comunicárselo a Terry. Meditó si lo mejor sería decírselo en ese momento, debía confiar en que él lo entendería así como él confiaba en ella y le compartía sus más íntimos pensamientos. Algo la detenía; quizás era que se aferraba a aquella última esperanza que representaba la segunda carta que le enviaba al tío y que probablemente acabaría con todo ese embrollo antes si quiera que alguien más se enterara.
Sintió miedo repentinamente y se abrazó a aquello que le daba seguridad, el cuerpo cálido y amado de Terrence. Lo tomó por sorpresa pero la recibió gustoso, rodeando sus hombros mientras ella se aferraba a su cintura.
-¿Qué pasa?- preguntó él enrollando sus rizos en su índice, algo que ya se había convertido en una costumbre y una caricia entre ellos.
-Nada.-contestó con la voz ahogada por el pecho de Terry.
-Si te sucediera algo me lo contarías. ¿Verdad Candy?- ella solo asintió.
-Es solo que repentinamente sentí miedo.-respondió quedamente.
-¿Miedo de qué?
-De que un día no estemos más juntos.
-¿Y por qué habría de suceder eso? Creedme señorita pecas cuando te digo que tendría que morir para alejarme de ti y aún entonces volvería aunque fuera en forma de mariposa que evolucionara de las larvas provenientes de mi cuerpo descompuesto; regresaría adonde quiera que tú estuvieras para llevarte mis besos de muerto.
La rubia levantó la cabeza para verlo a los ojos, los de ella estaban salpicados de lágrimas. Tomó el perfilado rostro con sus pequeñas manitas y le dijo:
-Terry, te amo. Nunca olvides que te amo.
Pocas veces ella había tomado la iniciativa de besarlo, pero ya había experimentado suficiente para perder la vergüenza, ahora incluso deseaba que él se diera cuenta lo mucho que anhelaba sus besos, lo bien que se sentía entre sus brazos. Llevó sus labios a los de él con ternura y los acarició suavemente, él correspondió de la misma forma. Después de unos momentos él sacó la punta de su lengua y delineó con ella los labios de Candy, ella se estremeció pero no se alejó. Terry la atrajo a su cuerpo con un brazo, firmemente pero a la vez con delicadeza. Ella quiso hacer lo mismo con su lengua sobre los labios de Terry pero apenas si saboreó un poco el carnoso labio inferior y retiró su lengua; parece que todavía se ponía nerviosa con ciertas cosas. Él sonrió sin despegar sus labios y volvió a besarla. Ella correspondió desatando la cinta que sujetaba el pelo de Terry y acariciándolo, sabiendo que era algo que él disfrutaba. Un crujido muy cerca de donde ellos estaban los sobresaltó, se separaron y buscaron a su alrededor, temiendo encontrar una monja pero lo único que vieron fue la silueta de un pequeño animal que no pudieron distinguir, corriendo hacia un árbol. Respiraron aliviados, se miraron y echaron a reír.
Recordarían esa noche como una de las más hermosas de sus vidas. Bailaron, rieron y disfrutaron el estar vivos y jóvenes. Sin pensar en que pronto algunos de ellos concluirían sus estudios ahí y tendrían que decidir que camino tomar, sin meditar que estaban por entrar a la adultez con todas las responsabilidades que implica. Solo llenando su ser de música y alegría, de luz y esperanza, de amor y amistad, de todo lo bueno que tiene para ofrecer la juventud.
Diario de Candice W. Andrey 1 de junio 1913.
Ha sido más de un año en el cual me he sentido madurar como un fruto, tornándome suave, dulce y pesada por dentro, pronta a ser arrancada. Hace un año que dejé de sentir como una niña para comenzar a sentir como mujer. En el cual descubrí el amor y el alborozo de sentirse amado. Todo gracias a un hombre singular que irrumpió en mi mundo con su mundo atormentado, aristocrático, liberado, masculino. Un año en el que aprendí tanto no solo gracias a las monjas sino a él que me ha enseñado a decidir con el corazón, que se lleva cualquier rastro de tristeza o nostalgia, que no le interesa en lo absoluto de donde vengo solo que vaya hacia adelante tomada de su mano.
Ha sido definitivamente una época hermosa y dichosa en la que he disfrutado tanto de estar viva y junto a la gente que quiero. Alguna vez me pregunté que hubiese pasado si no conocía a Terry en el barco; creo que de cualquier forma lo hubiera visto en el colegio y me hubiera fascinado con sus ojos de mar y su aire arrogante y melancólico a un tiempo. ¿Y si no lo hubiera conocido en lo absoluto? Probablemente ahora sería la más feliz esperando ansiosa mi boda con Anthony. Pero la vida lo puso en mi camino y mi corazón decidió entregarse a él; no hay nada que yo pueda hacer.
George se ha ido a América a atender los negocios, según dice, antes de partir me aseguró que la carta debía de llegar esta vez a manos del tío abuelo y que pronto me responderá. Espero que así sea, el tiempo se agota. Si por alguna razón no consigo nada con el tío William estoy decidida… huiré con Terry.
REFERENCIAS:
+ Nombre africano que significa "Bella como la luna".
*Elizabeth o Isabel I (7 sep. 1533, Greenwich, cerca de Londres, Inglaterra–24 mar. 1603, Richmond, Surrey). Reina de Inglaterra (1558–1603). Hija de Enrique VIII y Ana Bolena.
1 Sir Isaac Newton. (4 ene. 1643, Woolsthorpe, Lincolnshire, Inglaterra–31 mar. 1727, Londres). Físico y matemático inglés.
2. El Danubio azul, o El bello Danubio azul (título original en alemán: An der schönen blauen Donau ), es un vals compuesto por Johann Strauss (hijo) en 1867.
NOTAS:
Hola mis queridas niñas. Ahora si me apuré para traerles su dosis de "Nada más" y espero que queden satisfechas con el contenido de este capítulo.
Yelibar: Gracias por seguir leyendo mi historia. Tomaré en cuenta tus sugerencias, aunque si te tomara la palabra al pie de la letra la pobre Annie ya habría sufrido un serio accidente de seguro. jajaja
Hime-Sora: ¡Soratan! ¡Haberlo dicho antes! Si tú fuiste de las primeras que me honraron con su preferencia, como olvidarlo. Pues muchas muchísimas gracias por seguir aquí. jajaja Súmate al club de las que queremos ver a Susana muerta.
alsha: Te entiendo, eso de estar en arresto domiciliario no fue muy agradable. Pero al menos ya tenemos algo que contarles a nuestros hijos. -En mis tiempos se desató una epidemia...-jajaja
Roni de Andrew: Entiendo perfectamente las razones de tu ausencia porque son las mismas por las que yo me ausente de estos lugares durante abril. Pero que bueno es tenerte de vuelta. Así que tú también le tienes mala voluntad a Annie ¿eh? Si, yo sé que es medio egoísta, pero ¿quién no lo ha sido alguna vez? No sé que vaya a suceder con esos dos (bueno si, tengo una idea de lo que va a suceder) pero veamos que tal se desarrola. Supongo que Maly no está enterada de lo que está sucediendo con su Anthony por aquí y no le digas ¡porque se me arma la de San Quintin! Espero que ahora si hayas comprendido un poco mejor a mi Terry que a veces no puede controlar sus impulsos, pero igual es bellísimo. (también Albert, ya lo sabes) Bueno, esta comentario quedó muy largo pero es que vale por tres reviews que me enviaste. Saludos.
Betsy-pop: que linda eres por escribirme esas cosas. Hiciste que mi corazón latiera más rápido de la emoción. ¿Yo escritora? ¡Que no daría por eso! Se me hace que les voy a cambiar los nombres y la voy a editar. Terencio en vez de Terrence, Candida en vez de Candice... jajaja
Chibandrey: jajaja Si, es cierto no podemos dejar a nuestro bello Anhtony con cualquiera. Por fin una que defiende la pareja Annie- Anthony. Muchas gracias por leer y por enviarme tu review. Cuídate.
Karina Natsumi: Tú si que eres de pocas palabras pero concisa. Me alegra mucho que te parezca linda mi historia y espero seguir contando con tu compañía. Saludos.
¿Qué les parece si organizamos una encuesta? ¿Quién está a favor de la pareja Annie-Anthony y porqué? ¿Y quién aborrece la idea y porqué? Espero que me puedan comentar.
Les envío muchísisisisisimos saludos y mis mejores deseos. Que tengan unos días estupendos y que sus planes se lleven a cabo.
Un beso a todas.
Nashtinka
