Capítulo XVIII

"La más larga caminata comienza con un paso" - Proverbio Indio.


India es un impresionante país de enorme colorido que se presenta como un calidoscopio de diferentes gentes y culturas. Al oeste, Rajasthan muestra con orgullo su maravillosa ciudad rosa, Jaipur, mientras Udaipur mezcla con romanticismo palacios de mármol con jardines a orillas del lago; en Uttar Pradesh se encuentran los ghats sagrados de Varanasi, a orillas del río Ganges, los que han sido un punto famoso del peregrinaje para los indios que acuden a lavar sus pecados en el río. Designado a menudo Benarés, Varanasi es la ciudad viva más vieja del mundo. Bengala occidental ofrece al visitante sus impresionantes vistas del Himalaya, monasterios budistas y plantaciones de té; mientras, Kerala se caracteriza por sus lagunas, canales y lagos rodeados de palmeras.

La primera impresión que se llevó Albert al pisar Calcuta fue desconcertante; olores fuertes, ruido, acoso de los comerciantes ofreciendo sus mercancías y de los mendigos pidiendo limosna. La ciudad seguía teniendo mucho movimiento aunque los británicos hubiesen decidido trasladar la capital a Nueva Delhi.* Resultaba demasiado poblada y moderna para el gusto del trotamundos, al igual que Bangladesh; así que estando en esta última ciudad decidió seguir el Ganges, disfrutando del paisaje totalmente indio con un clima tropical que da lugar a exuberante vegetación donde este amante de la naturaleza pudo apreciar por primera vez a un tigre de bengala en libertad. Llegó hasta la ciudad de Patna, ubicada al nordeste de India y a orillas del Ganges; se estableció en sus inmediaciones.

Estaba recargado en una roca, junto al camino por donde sabía regresaban las mujeres de lavar en el río. Recordando la primera vez que la vio, sumergida hasta las rodillas en el río lavando afanosamente la ropa que llevaba en una cesta. Su mirada vagaba sin dirección cuando se encontró con el pelo más negro y brillante que hubiese visto, con el perfil más regio y los ojos violáceos más dulces con una chispa inconfundible de inteligencia. No pudo apartar la vista de ella. A partir de ese día fue diariamente al río esperando verla; pronto descubrió su horario y se presentaba en el lugar de la manera más inocente, como un viajero admirando el paisaje y haciendo bocetos de él, pero quien diera un vistazo a su cuaderno de dibujo lo hallaría lleno de dibujos de ella. Ahora ahí estaba, como un chiquillo ansioso de que llegara lo que anhelaba; nervioso, frotándose los dedos sin poder decidir que haría cuando pasara por ahí; había tomado su mochila muchas veces dispuesto a irse y todas se había arrepentido, entusiasmado por la esperanza de ver más de cerca sus ojos. "El camino es público, cualquiera puede descansar aquí"-pensaba tratando de darse ánimo. Reía internamente de su reacción ante unos ojos bonitos, pero por alguna razón intuía que aquella mujer era mucho más que solo unos ojos bonitos.

Albert se sintió como un adolescente cuando notó la reacción que tuvo su estómago al ver a lo lejos la figura de aquella joven de cabellos negros ataviada con su sari* de brillantes colores. Siempre la había visto acompañada de otra mujer mayor pero por alguna razón esa tarde iba sola. Él sonrió y respiró profundo aferrándose a su cuaderno de dibujo que tenía abierto esperando disimular un poco que solo estaba ahí para esperarla. Ella lo vio y se detuvo un momento, Albert temió que evitara pasar por ahí, aunque en realidad solo le quedaría regresar por donde venía. Para su sorpresa ella reanudó el paso viéndolo fijamente, tanto que fue él quien se sintió intimidado. A pesar de eso se preparaba para hablarle con lo que había estado ensayando todo el día; pero ella se adelantó.

-Me parece que le encantan los alrededores. Debe tener ya muchísimos dibujos del río.-dijo con una sonrisa extraña que le hizo saber a Albert que ella sabía perfectamente lo que hacía ahí.

Se quedó paralizado un segundo y no respiraba, sorprendido ante lo que sucedía.

-Si, la zona es digna de dibujarse, de admirarse. Es muy hermosa.-respondió y no se refería a la zona. Ella desvió un momento la mirada y en sus mejillas se dibujó un leve sonrojo, pero enseguida lo escudriñó nuevamente con sus ojos irreales.

-Entonces supongo que lo veré algún otro día, dibujando.-se acomodó la cesta dispuesta a irse.

-¿Puedo acompañarla? Le ayudo con la cesta.

-No señor. No puedo caminar con un desconocido.-le contestó viéndolo por encima del hombro.

Él se adelantó hasta quedar de frente a ella y haciendo una reverencia se presentó.

-Albert Andrey a sus pies señorita. Ahora ya no soy un desconocido.-sonrió, ella también sonrió levemente.

-Lo siento pero no es tan sencillo.-lo rechazó pero a pesar de eso no sonó descortés. Comenzó a andar sin mirar atrás.

-Espere, al menos dígame su nombre.

Ella se detuvo pero tardó un poco en voltear, finalmente lo hizo.

-Latika.+

Albert seguía yendo al río a ver a Latika lavar y mientras lo hacía ella volteaba de vez en vez y le sonreía al igual que él. Las mujeres que la acompañaban enseguida se dieron cuenta y no la dejaban sola por ningún motivo así que Albert comprendió que tenía que ganarse la confianza de esas mujeres, cosa que no le resultó difícil. Cualquiera podía darse cuenta de su personalidad con solo verlo. Pronto hasta las más reacias lo saludaban animosas y sonreían cómplices al ver a la pareja conversar.

-¿Nos acompaña Albert?lo sorprendió un día Latika.

-Por supuesto.- Y presto le quitó el cesto de las manos para llevarlo él, a pesar de la oposición de Latika que estaba acostumbrada a ser ella quien realizara esas actividades.

Así Albert conoció al padre de Latika, Dhruv #, un anciano agradable que a veces sin embargo se encontraba de muy mal humor, el pobre hombre no podía soportar el paso del tiempo y las incapacidades que le dejaba; acostumbrado como estaba a trabajar todo el día desde su más tierna infancia, se sentía desesperado de no poder hacer lo de antaño debido a sus achaques.

En la pequeña casa también vivía el sobrino de Latika, un pequeño vivaz llamado Akhilesh &, con unos grandes ojos cafés que veían todo con mucho interés. Su madre había ido en busca de trabajo al enviudar, encontró como sirvienta en la casa de un adinerado señor inglés y dejó al pequeño al cuidado de su hermana y Latika lo hacía con tanto amor como si de su propio hijo se tratara; además de ocuparse de la casa y trabajar en las tierras de su padre.

Albert no viajaba con la finalidad de buscar romances, lo hacía por su ansia de aprender y ayudar. Por su espíritu libre e intrépido que no podía mantenerse encerrado. Por su amor al mundo que lo rodeaba; encontraba la belleza incluso en las condiciones más difíciles. Era capaz de admirar la fuerza de un campesino así como la inteligencia de un diplomático. Y en realidad, no se sentía especialmente inclinado a buscar una compañera; él era feliz viajando y para eso era más sencillo estar solo. Pero ya que la vida le ofrecía ese regalo, él no estaba dispuesto a dejarlo pasar.

La diferencia de culturas, sin embargo, presentó el primer obstáculo a vencer. En la India, los padres arreglan el matrimonio de sus hijos buscando parejas de la misma casta y similar nivel social y económico, así que el matrimonio con extranjeros era algo rarísimo, Albert se dio cuenta de eso cuando seriamente le comunicó al padre de Latika su deseo de desposarla. El anciano, que había estado hasta hace un momento de lo más alegre, borró su sonrisa y su expresión se volvió seria. Miraba intensamente a Albert y él no atinaba a decir nada que sacara al señor de su silencio.

-Nosotros nos casamos con personas de nuestra nacionalidad y clase.-finalmente habló.

-Lo sé señor. Pero yo amo a Latika, es una mujer maravillosa y haré lo que sea necesario para que ella sea mi esposa.-contestó Albert pausadamente.

Dhruv tomó un sorbo de té y suspiró sin levantar la mirada.

-Latika estuvo comprometida. Su nombre era Samir* y era un buen muchacho. Pero también era un idealista y lamentablemente murió por eso. Fue asesinado en los disturbios de Calcuta, donde se manifestó contra la opresión británica.-informó solemne Dhruv.

Albert, consternado, agachó la cabeza. No porque le molestara el que Latika hubiera estado comprometida, sino porque de pronto pensó que ella misma no deseaba casarse porque aún no olvidaba a Samir. Albert sabía que el amor normalmente no era la motivación para los matrimonios indios, pero no podía dejar de sentir celos de un hombre muerto que quizás estuvo en el corazón que él deseaba para sí.

-Si Latika no se ha casado no es porque nadie se haya mostrado interesado, pero yo no he querido pactar un matrimonio por falta de recursos.-torció los labios en claro gesto de molestia e impotencia- Mi hija no tiene dote. Ahora ya lo sabe, además de que usted no es indio, no puedo entregarle a mi hija porque no tengo que darle como dote.

Albert lo miró un momento y después sonrió francamente.

-¿Pero no se da cuenta que por eso precisamente es perfecto que me la entregue a mi? Yo no soy indio y en mi país no se acostumbra el recibir dote de la familia de la novia; así que yo no la pido ni la aceptaría. Sería demasiado privilegio desposar a Latika como para además pedir bienes materiales de usted.

-¿Sabe qué es lo que piensa Latika de esto?-preguntó Dhruv pensativo.

-Primero quise hablar con usted, pero creo que no le soy desagradable.-contestó Albert sintiendo crecer en su corazón la esperanza.

-Yo ya estoy viejo y cansado y estoy seguro que a la madre de Latika no le gustaría que dejara a nuestra hija en estas condiciones, tan desprotegida… Lo pensaré y le daré mi respuesta en unos días. Aunque sería más apropiado hablarlo con sus padres.

-Mi padre murió cuando yo era pequeño y mi madre murió al darme a luz; fui criado por una tía pero ella no está en condiciones de hacer el viaje hasta acá.-dijo Albert sopesando que tanto debía informar acerca de su familia y su posición, sabiendo que los indios no ven muy bien los matrimonios entre gente de estratos distintos. Pero quería que esta se convirtiera en su familia también y lo que más deseaba era ser sincero.

-Bien, ya lo veremos entonces.-dijo el hombre levantándose y palmeando el hombro de Albert.


Acomodado en la rama de un árbol, Terry esperaba. Era un quinto domingo como tantos; solo en el colegio, disfrutando la soledad a la que estaba acostumbrado pero sintiéndose también a veces un poco abandonado. Es cierto que había visto más a su padre en estos meses que en cinco años, pero de eso a que el duque lo invitara a convivir con su familia había un abismo de distancia; y de cualquier forma a Terrence no le atraía la idea.

Si tan solo Candy no hubiera ido a recibir a su tía que regresaba de América. Ella era huérfana, como él se consideraba, sin embargo ella había encontrado un lugar dentro de la familia Andrey y era querida por casi todos los que la conocían gracias a su carácter sencillo y alegre mientras que él solo la tenía a ella. En ocasiones se sentía tan celoso de sus primos y cualquiera que obtuviera parte de su tiempo, atenciones y cariño, tan egoísta al desear tenerla solo para sí, al pensar que si ella no tuviera a nadie más, como él, no tendría que compartirla y no estaría completamente solo cuando ella se fuera, porque no se iría.

-¿En qué momento sucedió esto?-se preguntó –Antes no me importaba estar solo porque siempre lo había estado; pero desde que ella llegó supe lo que era sentirse realmente solo siempre que ella no está a mi lado. Tarzán pecosa, te has convertido en una necesidad, en mi mundo y mi familia. Si tan solo pronto pudieras serlo realmente para no tener que separarnos ni un día.

Cansado de esperar, decidió dirigirse al edificio de mujeres para averiguar si ya comenzaban a llegar y procurar encontrarse con Candy. Se encontró con un grupo de jovencitas que eran dirigidas a sus habitaciones por una religiosa pero entre ellas no estaba su pecosa, se escondió en un estrecho y poco transitado pasillo seguro que por ahí tendrían que pasar las señoritas que llegaran. Después de unos minutos su corazón brincó al oír una voz bien conocida por él.

-Candy, baja la voz.-escuchó que le indicaba la hermana Margaret y lo hizo sonreír.

Vio pasar a un surtido grupo de chicas que caminaban muy serias y algunas susurrando sobre su visita al mundo exterior, ninguna se percató de su presencia. Por fin, al final del grupo venía la rubia que le había robado el corazón. Sin pensarlo alargó el brazo para tomar su mano y atraerla hacia donde él estaba escondido, la chica abrió desmesuradamente los ojos y estaba seguro que iba a gritar, por eso enseguida tapó su boca con la suya y le dio un largo beso, ella al principio se revolvía desesperada bajo su cuerpo y gemía molesta pero una vez que pasó la sorpresa y se dio cuenta quien la besaba se relajó y correspondió al abrazo.

-¡Terry! ¿Qué crees que haces? Nos pueden ver.-le dio un golpe cuando se separaron.

-Hace un momento no te acordabas siquiera de las monjas que nos pudieran ver.-le dijo con su sonrisa irónica.

-Además yo venía conversando con Patty, seguro se asustó cuando vio que había desaparecido.

-Como si ella no hiciera lo mismo con Stear.-dijo tirando de un rizo de Candy.

-¡Ay, eres imposible!

-¿Te parece? Tal vez por eso resulte tan irresistible para ti.-dijo mientras se acercaba lentamente al rostro de Candy que no apartaba la mirada de sus labios entreabiertos. Se detuvo cuando estaba a punto de rozar los labios de la chica y sonrió triunfante. -¿Lo ves? Otra vez ha dejado de importarte que alguien nos pueda ver.

Candy reaccionó dándole un empujón y haciendo un mohín de disgusto. Y si estaba un poco molesta pero por el beso que quedó solo como un anhelo.

-Mejor me voy o la hermana Margaret notará mi ausencia.-dijo levantando la nariz, indignada y comenzando a andar.

-Candy.-la llamó Terry y ella volteó por encima de su hombro-Te espero en la colina.-agregó de una manera que no admitía discusiones. Ella solo asintió.

Candy corrió para darle alcance al grupo que ya había llegado a la zona de las habitaciones y se encontró con cierto barullo causado por la partida de una alumna. Se trataba de una chica a la que Candy solo conocía de vista pero que había tenido cierto trato con Elisa. Las señoritas cuchicheaban mientras veían a Jane salir con su maleta acompañada de una monja. La hermana Margaret las instó a seguir caminando en silencio pero las chicas seguían preguntándose unas a otras si alguien conocía la razón por la que la chica abandonaba el colegio.

-¿Su familia ya no tendrá dinero?-dijo una.

-No es eso. Yo escuché que va a casarse.-contestó otra.

-¿En serio? ¿Con quién?-preguntó una tercera.

-Con el hijo de un lord, la muy afortunada…-intervino Luisa, la amiga de Elisa.

-¿Qué es lo que sabes?-preguntó Elisa, interesada.

-Escuché a mi mamá que hablaba con una de sus amigas sobre el asunto. Dicen que los van a casar.

-Un matrimonio arreglado…-supuso la que inició el tema.

-No, no estaban comprometidos hasta hace un mes. Parece que Jane logró obligar a Phillip, que así se llama, a casarse con ella.-contestó Luisa en voz baja.

-¿Cómo se obliga a un hombre a casarse?-preguntó Elisa.

-¿No lo sabes?-preguntó Luisa sintiéndose mayor por poseer un conocimiento desconocido para su amiga, Elisa negó con la cabeza.-Pues parece que los descubrieron en la habitación de Jane haciendo algo no muy decoroso; todavía no se sabe si ella está de encargo, bueno, si ellos lo saben han sido muy discretos.

Candy había escuchado todo en silencio, para ella todo eso era nuevo también. La mirada de Elisa se cruzó con la suya en una expresión indescifrable pero ambas parecían sorprendidas. Candy llegó a la puerta de su habitación y entró sin decir nada.


El período en el colegio pronto terminaría y Anthony se sentía particularmente inquieto; por el compromiso que había decidido la tía y por pensar en el futuro. Era hora de sentarse a pensar que haría con su vida, que deseaba, que lo motivaría, en fin, cual sería su función en su familia y en el mundo. Regresaba de la sala de música en la que le gustaba relajarse cuando vio a lo lejos a Candy que caminaba apresuradamente con una pila de papeles en las manos.

-¿Qué es eso que llevas? Déjame ayudarte.-dijo acercándose a la rubia y quitándole los papeles.

-Gracias Anthony. La hermana Clide me pidió que la ayudara y ya que no voy muy bien en su clase no tengo otra opción que hacerlo.-contestó ella levantando los hombros. Él sonrió.

-Candy,-comenzó Anthony pero hizo una pausa, parecía temeroso a seguir hablando, Candy lo miró alentándolo a continuar. –la tía habló conmigo este último domingo. Me ha dicho que sigue en pie lo del compromiso y que pronto organizará la fiesta en la que lo anunciará a la sociedad.

El semblante de la joven se ensombreció. Pensaba en las cartas que había enviado al tío William y que eran su esperanza, pero que nunca habían recibido respuesta. George le preguntó si él podía ayudarle, al ver la insistencia con que preguntaba por el paradero del tío, pero seguramente él no podría hacer nada y ahora aunque buscara su ayuda él se había marchado a América. No había nada que hacer.

-Me lo esperaba.-fue lo único que dijo.

Anthony se extraño ante su reacción, pero pudo notar la tristeza de Candy. Se quedó callado, pensando en una solución para todo ese embrollo. Se decidió a hacer lo que se le había ocurrido un tiempo atrás; prefería irse, huir sin destino definido a ser el causante, aunque fuese indirecto, de la infelicidad de Candy. Ninguno de los dos se percató que una figura femenina los seguía a poca distancia, escondiéndose entre los arbustos.


Elisa entró a su habitación dando un portazo, sin importarle que alguna monja pasara por ahí y la reprendiera. Las lágrimas brotaban de sus ojos sin control, le dolía la cabeza y se sentía desesperada. Se tiró en la cama y dejó salir todo su dolor hasta que su cuerpo se cansó y sus ojos se hincharon, el dolor de cabeza empeoró.

No podía creer lo que había escuchado, Anthony y Candy comprometidos. ¿Desde cuándo? ¿Cómo es que no sabía nada? Y sobre todo, ¿por qué? Ella creyó que Anthony ya estaba perdiendo interés en la rubia y que Candy era pareja de Terry. Creía que con un poco más de paciencia y persistencia Anthony terminaría por notarla, por apreciarla, por quererla como ella a él.

Se levantó lentamente respirando con dificultad y fue al cuarto de baño. Se lavó la cara y se quedó no supo cuanto tiempo recargada en el lavamanos, se miró en el espejo, se veía fatal. Su boca se contrajo y sintió un nudo en la garganta nuevamente, otra vez lloraría.

-No,-se dijo-esta no soy yo. Elisa Legan no se deja vencer tan fácilmente, ni es de esas mujeres que no sabe hacer otra cosa que llorar cuando las cosas no salen como ella esperaba.

Desvió la mirada con los ojos entrecerrados, pensando. Otra vez se miró en el espejo y notó que aunque sus ojos seguían enrojecidos habían recuperado su chispa habitual, torció la boca en lo que sería una sonrisa y se arregló un poco para salir.

Sabía que a esa hora lo encontraría ahí, todos sabían que por las tardes gustaba de cabalgar con la yegua que le permitían tener en los establos del colegio. Mientras se dirigía al establo oyó los cascos del caballo que se acercaban y se quedó parada en el camino, sabiendo que pasaría por ahí.

Terry haló las riendas fuertemente cuando la vio a mitad del camino y le dirigió una mirada molesta.

-¿No sabe que es peligroso hacer eso señorita?-le dijo.

-¿Crees conocerla bien?-le preguntó sin hacer caso a lo que él había dicho.

-¿A quién?

-A Candy.-contestó y se fijo muy bien en la reacción del joven.

Él sonrió con fastidio mientras Teodora se movía de un lado a otro, ansiosa por continuar con su carrera.

-No tengo tiempo ni interés para tus intrigas Elisa.

-No es una intriga, lo que voy a decirte no es más que la verdad. Lo acabo de escuchar de los propios labios de Candice. ¿Tú sabías que está comprometida en matrimonio con Anthony?-le dijo de golpe para evitar que se fuera.

-¿De dónde sacas eso?-dijo con el entrecejo fruncido.

-Ya te lo dije, los escuché a ambos conversando al respecto. Anthony le informó a Candy que la tía Elroy pronto organizará la fiesta de compromiso.-hizo una pausa y notó la duda en el rostro de Terrence-Así que tú tampoco lo sabías. Nos han engañado Dios sabe desde cuando.-dijo y la voz se le quebró.

-No puede ser. Es una mentira o un malentendido.-dijo más para sí Terry.

-¿Por qué no se lo preguntas tú mismo y salimos de dudas?

Terrence le dio una penetrante mirada a Elisa, parecía desencajada, por mucho que se esforzaba no era la misma joven altiva y segura de siempre. Sus ojos estaban enrojecidos e hinchados. ¿Sería verdad lo que decía? A su mente vinieron diversos episodios a los que no le había dado importancia; el que frecuentemente encontrara a Candy conversando con Anthony a solas, sus evasivas cuando Terry le hablaba del futuro, de aceptar el apoyo de su padre para que le otorgaran su mano. La última vez que le habló al respecto ella había alegado que deseaba que estuviera presente el tío William y que le había enviado una carta tratando de persuadirlo de regresar a Londres, pero ahora ya no estaba tan seguro que eso fuera cierto.

Le indicó a Teodora que diera la vuelta y la fustigó para que comenzara a trotar, se fue sin decir nada más.


Candy se encontraba sumergida en la bañera disfrutando de un baño tibio al final del día. Pero después de un rato se dio cuenta que el agua ya no era tibia y salió. Se enredó en una toalla su rizada cabellera y su cuerpo en otra. Pasó tarareando a su habitación para vestirse con su camisón y secar su cabello; buscó a tientas el interruptor y prendió la luz. Dio un salto cuando en su cama se encontró con Terry, sentado esperándola.

-¡Dios mío Terry! ¡Que susto me has dado! ¿Qué haces aquí?-dijo atropelladamente llevándose la mano al pecho.

Él no contestó, solo la veía con una mirada fría, dura como el acero. Se puso de pie lentamente y se acercó a ella mientras la recorría de pies a cabeza de una forma que la hizo estremecerse y tensarse.

-Terry, no es correcto que estés aquí. Como ves no estoy vestida, ¿por qué no me esperas afuera? Enseguida salgo.-le dijo Candy nerviosa, sin saber que le ocurría a Terry.

De repente Terry soltó una carcajada que sonaba hueca e inspiradora de temor.

-Que no es correcto dice ella. Creo que no te corresponde hablar de lo que es correcto.-ella lo miraba con el entrecejo fruncido, totalmente confundida-¿O te parece que alguien que tiene novio estando comprometida con alguien más tiene la autoridad moral para definir lo que es correcto y lo que no?

Candy palideció y sintió que las piernas le flaqueaban. Lo sabía, Terry lo sabía. ¿Pero cómo se había enterado? Estaba segura que solo Anthony y ella estaban al tanto y no había manera de que Anthony se lo hubiese dicho.

-Puedo explicarlo…-comenzó Candy.

-Así que es cierto. ¿Sabes? Todavía me resistía a creerlo.-la interrumpió Terrence-No puede ser, me decía, no mi pecosa. Pero ahora que lo pienso ni siquiera eres "mi" pecosa. Debo admitir que lo hiciste muy bien, lograste engañarme. ¡Y yo que pensaba que yo era el que llevaba camino andado!-dijo riendo.

-Terry escúchame por favor.

-No hay nada más que decir. Excepto quizás cuando pretendías decírmelo. ¿Me ibas a enviar una postal desde tu viaje de bodas? ¿No me invitarás a la boda? Creo que me lo merezco por los servicios que te he dado. Me parece que Anthony quedará complacido con lo que te he enseñado, aunque claro, nos faltaron lecciones. De haber sabido que tenían la mente tan abierta y liberal me hubiese tomado otras libertades.-rompió la distancia entre ellos y llevó una mano a una de las nalgas de Candy, apretándola. Ella dio un respingo y le propinó una fuerte bofetada.

-¡Eres un insolente!

Él con la cabeza volteada aún debido al golpe la vio directamente a los ojos y Candy fue testigo nuevamente del fuego que se encerraba detrás de esos ojos azules. Sin darle tiempo a reaccionar se lanzó sobre ella besándola y la tiró a la cama. Terry dejó caer todo su peso sobre su delgado cuerpo desnudo. Candy sintió como la toalla se movía de su lugar e intentó sin éxito acomodarla y empujar a Terry. Él no se inmutó, era muy pesado y parecía enceguecido, la besaba con pasión y coraje, casi salvajemente, lastimándola. Una lágrima se deslizó por la mejilla de Candy al darse cuenta que eso precisamente es lo que él buscaba: lastimarla como ella lo había lastimado a él. Entonces, más que nunca, estuvo segura que ese hombre la amaba profundamente.

Con un movimiento rápido Terry hizo a un lado la toalla que los separaba y comenzó a deslizar sus manos por la nívea piel del cuello y los brazos de Candy, después siguió el contorno de su cintura y bajó hasta sus caderas. La sensación de las manos de Terry acariciándola le provocó un fuerte calor y temblor a Candy, a pesar de las circunstancias lo hallaba placentero. La boca de Terry abandonó sus labios para dirigir su atención a su cuello. De la garganta de la rubia salió un gemido ahogado.

-No Terry, por favor no.-dijo con un hilo de voz que dejaba ver su miedo.

Terry se detuvo al escucharla, se separó un poco de ella y la miró llorando, con su mano rozó la mejilla de Candy limpiando sus lágrimas. Se levantó sin mirarla profiriendo una maldición y salió por el balcón. Candy se levantó rápidamente al ver que se iba, sin importarle su desnudez.

-Terry espera.-dijo tratando de seguirlo pero él saltó sin prestarle atención.

Candy cayó de rodillas en el suelo, llorando aun más.

-Terry-musitaba una y otra vez entre el llanto-¿Qué no te das cuenta cuánto te amo? Si no fuera porque sé que es idolatría me postraría ante ti adorándote como si fueras una divinidad. Tanto así te amo, tanto así te necesito. No te vayas, no te vayas amor mío.


Patna, India a 2 de junio de 1913.

Querida tía Elroy:

Espero que todos se encuentren bien, que tu salud sea buena y que todo esté bajo control. Hace algunos meses que llegué a la India pero he estado viajando mucho dentro de ella. Esa debe ser la razón por la cual no había recibido correspondencia. Pero finalmente me establecí cerca de una pequeña ciudad donde he conocido gente maravillosa.

Antes de comunicarte lo que he hecho aquí, hay un asunto que me inquieta sobremanera y que quiero tratar contigo. He recibido una carta de Candy en la que me informa de su compromiso con Anthony. Como comprenderás me sorprendió mucho ya que yo soy su tutor y no recuerdo haber dado autorización para ningún compromiso. Tía, sé que me dirás que todo lo que haces es pensando solamente en el bienestar de la familia y te lo agradezco. Pero en esta ocasión tendré que negarme a acceder a tus deseos. En primer lugar, Candy no está interesada en casarse con Anthony y yo no tengo intenciones de obligarla; y en segundo, debiste haberlo consultado conmigo antes de tomar ninguna decisión. Sé que estando lejos es difícil considerarme como el responsable de la jovencita, pero lo soy, solo yo puedo decidir sobre su futuro y he decidido darle oportunidad a buscar su camino.

Te aseguro que quisiera ir a Inglaterra en el primer barco pero por desgracia ahora es imposible. Se ha desatado una epidemia de cólera y aunque aun no llega a esta población toda la zona está en cuarentena, así que por el momento no puedo salir del país; pero no te preocupes, estaré bien. Me he hecho amigo de un médico británico que está trabajando duro para controlar la epidemia.

Sé que no es la manera más adecuada para informarte esto pero como ves por el momento no tengo otra. Conocí una mujer extraordinaria llamada Latika y nos hemos comprometido en matrimonio. Supongo que la idea no te agradará mucho pero es una decisión inapelable, ya verás que te agradará cuando la conozcas. Además de ser preciosa, tiene una mente tan ágil que me fascinó desde la primera palabra que cruzamos, es sensible y considerada y yo la amo. En cuanto pasé la cuarentena y podamos viajar iremos a casa para que se conozcan.

Con todo mi afecto,

William A. Andrey

P.D. Confío en ti en lo referente a Candy; que cumplirás mi deseo de que siga estudiando sin preocuparse por el momento de ningún compromiso matrimonial.


Fin de la primera parte


REFERENCIAS:

* En 1772, Calcuta fue nombrada capital de la India británica (el llamado Raj británico), rango que conservaría hasta 1911.

*Prenda típica femenina que se coloca envolviendo un extremo de la tela alrededor de la cintura y pasando el otro encima de los hombros o de la cabeza.

+Nombre hindi que significa "Elegante"

# Nombre hindi que significa "Estrella polar"

& Nombre hindi que significa "Señor del universo"

*Nombre indio que significa "Viento"

NOTAS:

Hola queridas niñas espero que se encuntren muy, pero muy bien y muchas gracias por leer el capítulo XVIII de Nada más.

Betsy-pop: Mil gracias por seguir otorgándome el placer de tu compañía. Espero de verdad que este capítulo también haya sido de tu agrado. Un abrazo. Seguimos en contacto.

Yelibar: ¿Qué te pareció este capítulo? ¿Esperabas que se fugaran? Soy un poco mala creo pero esto tenía que pasar. Ya conocemos a Terry, es un poco impulsivo. Por cierto, ¿qué es pisa pasito? jeje

Chibandrey: Que gusto me dio recibir tu review y que me dices que esperas ansiosa la actualización. Eso es lo que me motiva seguir a pesar de todo, sus amables palabras. Pues una a favor de Annie, pobre nunca pensé que fuera tan odiada; la verdad a mi nunca me cayó mal, tampoco muy bien, pero creo que me daba un poco de lástima por ser tan insegura. Eso que decía que esperaría a Archie a pesar que sabía muy bien que él quería a Candy me daba no se qué. jaja Y eso que dices que si preferimos a Anthony con Elisa, mmmm...

Roni de Andrew: Nuevamente gracias por darte un tiempo para leer mi historia. Si, resulta lindo ver el lado amable de Terry con los que desea que sean sus primos, jeje. Y Roni, porfavor no te me enojes y no te vaya a dar un ataque porque Albert está comprometido con Latika. Es una buena chica, de veras. Pero además solo están comprometidos y aunque se casaran, muchas cosas pueden pasar. Pero no creas que me he olvidado de lo que te prometí, tú ten paciencia que Albert tiene mucho que contar todavía.

alsha: ¿Te sirvió el té de tila? Yo tuve que estar tomandouno compuesto de tila, azhar y con una sobredosis en él de gotas de pasiflora y valeriana mientras escribía el final de este capítulo. Ups, creo que quedé medio pacheca y por eso me quedó así. jaja Oye, si que te cae mal Annie, pero dale una oportunidad, la gente puede mejorar y madurar; y si no lo hace pues como le decía a Yelibar, la mandamos al Tibet y ya.

marianasofía: Que gusto me da encontrarte por estos lares y bienvenida seas al club Nada más. Si, creo que a Anthony se le dio un poco el complejo de Edipo, pero ya se le pasará, espero. Aún así lo queremos. Que gusto que te haya gustado la escena del tren, sin duda es de mis favoritas. Y gracias por compartir tu primer beso, seguramente ya leíste el mío; narré el primero que me dio mi marido, si, el que me sabotea mis Muchos saludos y espero que nos veamos luego por el cofre. Por cierto, marianasofia está algo largo, ¿no te podría llamar por el otro nombre?

Sé que me tardé un poco en actualizar y les ofrezco mis disculpas pero tuve unos días difíciles. Me lastimé la mano y pues no puedo escribir muy bien todavía. En segundo lugar estuve trabajando en un artículo que enviaré a un concurso, si sale ganador les avisaré para que compren la revista donde se va a publicar. Echenme porras. Y por último y lo peor fue que falleció mi primo, bueno era primo de mi esposo pero yo lo conocí desde pequeño y lo quería, jugabamos juntos cada que ibamos para allá y era un muchachito de diecisiete años muy noble, respetuoso y sonriente. Así que muchos dpias no tuve ánimo para escribir, ya que llegamos del pueblo donde vivía. Si los adultos no deberían morir por una enfermedad tan horrible como el cáncer, los jovencitos menos. Pero mientras vivamos en este mundo tendremos que sufrir de una u otra forma, esta vida es injusta. No pretendo predicarles ni mucho menos, cada una tiene sus creencias totalmente respetables pero al menos yo me consuelo leyendo en la Biblia que mi primo está descansando, que ya no siente dolor y que ciertamente Dios no se complace con injusticias como su muerte.

Así que este capítulo está dedicado a tí, Erick.

Hasta la próxima,

Nash