Capítulo XIX
Despertó debido al frío que sentía y al dolor en todo el cuerpo. No sabía si era debido a la mala posición en que durmió o a las fuertes convulsiones que había tenido debido al llanto. Se sentó en la cama y movió el cuello de un lado a otro, cubrió con las cobijas su cuerpo desnudo; no supo a que hora se quedó dormida y no le interesó cubrirse al menos con su camisón. Abrazó sus piernas y el llanto comenzó a brotar nuevamente. Nunca había sentido semejante vacuidad, semejante angustia y dolor. Sentía tanto dolor que creía que no lo iba a soportar, que su cuerpo se quebraría en pedazos y su corazón dejaría de latir, pero después pensó que probablemente seguiría sintiendo dolor aun así.
Podía el sol caer del cielo, el cielo dejar de ser azul; podían los pájaros dejar de cantar y los árboles de reverdecer, podía la luna desaparecer y las estrellas no brillar más y ella no lo hubiese notado. El vacío en su interior era tan profundo que no le permitía percatarse de nada más. Se preguntó como era posible que todo pareciera tan normal, que el mundo siguiera girando cuando ella sentía que todo había acabado.
No tenía intenciones de entrar a clases pero la hermana Grey la encontró en un pasillo y la condujo a su aula, después de un buen regaño. Sobra decir que estuvo ausente todo el tiempo y que no atendía a nada ni a nadie. Cuando tuvo un receso corrió a la colina, aunque dudaba encontrarlo ahí no podía dejar pasar ninguna oportunidad de encontrarlo, se aferraría a cualquier esperanza de solucionar el malentendido, por pequeña que esta fuera.
Como lo suponía, no estaba ahí. Él no le haría las cosas sencillas, eso era un hecho. Aun así, lo buscó en las ramas de los árboles y los alrededores donde tantas veces habían jugado, reído, discutido… Ahora no le importaría tener que soportar su mirada fría, su mal humor o sus celos, lo único en lo que podía pensar era en verlo, en tenerlo frente a ella y obligarlo a escucharla. Corrió a los establos recordando que siempre que se sentía apesadumbrado o molesto salía a correr sobre los lomos de Teodora. Alguna vez le había dicho que la sensación del viento en su rostro le tranquilizaba.
La enorme puerta se abrió con un crujido y la yegua blanca volteó de inmediato, atenta a quien entraba.
-Teodora. ¿Creías que era tu amo? –le dijo Candy al notar las orejas paradas y los ojos bien abiertos del animal-¿No está aquí entonces?
La rubia se acercó y acarició brevemente el hocico del equino. Para asegurarse se asomó a todos los rincones donde pudiera estar Terry, no lo halló. Regresó al lado de Teodora y se dejó caer sobre la paja.
-¿No le has visto querida Teodora? ¿Dónde podrá estar?-notó un cubo con zanahorias, tomó una y se levantó para dársela a la yegua-¿Si lo ves podrías decirle que lo amo? Que todo parece tan gris si él no está para iluminar mis días con su sonrisa. Si, tú me entiendes, ¿verdad? Él también te hace sentir alegre; tú también lo amas, solo que tú no le has hecho sufrir como yo. ¡Estúpida, estúpida Candy!
Teodora le dio un empujón en el hombro al ver que las lágrimas comenzaban a correr por las mejillas de la joven y ella rió suavemente.
-Espero que tengas razón. Espero que todo se solucione.-le dijo quedamente mientras acariciaba su crin.
Parado frente a aquel lugar al que creía nunca más volvería sintió que la duda lo embargaba. Sentía como si estuviera traicionándola, a ella y a él mismo, se había jurado no caer nuevamente en los vicios que prometían hacer más ligeras sus cargas pero terminaban añadiendo peso. Inevitablemente terminó pensando en ella, los recuerdos inundaron su mente, recuerdos que ahora eran tan amargos como la hiel, porque ella ya no estaba ni estaría. Contrajo los labios e hinchó las aletillas de la nariz y abrió la puerta decidido. Buscó la mesa más alejada y solitaria y se sentó ahí, casi enseguida se acercó una mujer en sus treintas de caderas anchas y oliendo a grasa y tabaco.
-¿Qué quieres tomar primor?-le preguntó con una sonrisa.
-Whisky. Tráigame la botella.-respondió sin verla.
La mujer se fue enseguida y él se quedó en el mismo estado en el que había estado desde la noche anterior. Taciturno, solitario, miserable, más de lo que había estado nunca. Antes al menos tenía solamente una ilusión de lo que sería el sentirse amado y necesitado, y amar y necesitar a alguien. Pero ahora lo había conocido, ahora sabía lo que se sentía tener esperanza y sueños, sentir que podría alcanzar las estrellas y tomarlas, que era capaz de todo porque ella así lo creía. Cuando la tenía entre sus brazos el mundo tenía sentido; las injusticias, las decepciones, los rechazos seguían estando ahí pero ya no ocupaban todo su pensamiento ni llenaban su espíritu de amargura porque ahora estaba ella que contrastaba las tristezas con su cálida sonrisa y su mirada enamorada, la que solo le daba a él. O al menos eso le había parecido todo este tiempo, estaba tan convencido que ella lo amaba como lo estaba de su amor por ella. Jamás hubiese imaginado que todo este tiempo ella le había estado mintiendo, jugó con sus sentimientos, los que por primera vez se atrevía a revelar confiando que ella cuidaría de ellos.
La mesera llegó con lo solicitado y le sirvió un vaso, dejando la botella sobre la mesa; él tomó el contenido del vaso de un sorbo y se sirvió otro, pero se limitó a sostenerlo entre sus manos, absorto en su color ámbar.
Su mente voló hasta aquella habitación donde unas horas atrás sus ilusiones habían muerto. Su piel aún se erizaba ante el recuerdo de la rubia envuelta solo con una toalla, del suave tacto de su piel y el sutil aroma de su pelo. Se miró la mano derecha, la misma con la que había acariciado su piel desnuda y frunció el ceño moviendo la cabeza ligeramente recordando que momentos después esa misma mano había limpiado las lágrimas de las rosadas mejillas de Candy. "No debí hacer eso, yo me había jurado respetarla."-se recriminó en su pensamiento. Una risilla salió de sus labios.
-¡Hasta donde he llegado! ¡Ella me traiciona y yo estoy lamentándome porque no me perdonará lo que hice! –dijo con una sonrisa amarga en los labios.
Sintió una presencia junto a él y levantó la vista para encontrarse con una joven rubia de cabellos ondulados que lo miraba insistentemente aunque con un dejo de timidez.
-¿Puedo acompañarte?
Antes que Terry abriera la boca para declinar su oferta ella ya había tomado asiento en una silla frente a él. Él la examinó brevemente y supo lo que la chica buscaba. A pesar de su atuendo que delataba su ocupación había algo en su mirada que dejaba ver aun cierta inocencia, sin duda era una de las muchas jóvenes desafortunadas que se veían forzadas a venderse para poder comer y quizás hasta mantener a sus familias.
-Lo siento pero deseo estar solo.-le dijo procurando no sonar tan hostil.
-Entiendo. Es una mujer, ¿cierto?-él le dio una mirada confundida y entonces agregó:-La que te tiene así, es una mujer.
Él no contestó, desvió la mirada con fastidio. No quería hablar al respecto y menos con una completa extraña. Ella recorrió la silla para estar más cerca de Terry y le sonrió dulcemente.
-Seguro ha sido un malentendido y pronto estarán juntos otra vez. No veo como una mujer no se enamore de alguien tan buen mozo como tú.
Terry solo torció la boca y continuó absorto en las tonalidades de su bebida.
-¿Por ella habías dejado de beber?-insistió en hacer conversación.
-¿Cómo sabes eso?-por fin habló.
-Por el modo en el que contemplas tu vaso, indeciso. Y por tu mirada, se nota que estás pensando en ella.
-Eso ya no importa, pronto dejaré de hacerlo. Tengo que dejar de hacerlo…
La joven lo miró con tristeza y parecía meditar que decir cuando la figura de un hombre al otro lado del lugar llamó su atención; el hombre le hizo una seña con la cabeza y ella torció la boca.
-No es bueno que estés solo en este momento. Yo podría hacerte compañía.-le dijo mientras se acercaba más a él con movimientos sugerentes y colocaba una mano en el muslo de Terry, peligrosamente cerca de su entrepierna. Por un momento Terry se desconcertó y sintió como si su corazón dejara de latir al ver a la rubia y pensar enseguida en una rubia que le había quitado el sueño y las ilusiones. Se fijó mejor y vio que el pelo de esta joven no era tan rizado y que su nariz no era tan respingada, sino más bien recta y tampoco estaba llena de pecas; ni sus ojos eran de un verde profundo sino más parecido a las aceitunas. Soltó un suspiro. Era inútil, ni esa joven ni ninguna otra le arrancaría esa tristeza porque no era a cualquier mujer a la que deseaba, la deseaba a ella.
Apenas oscureció Candy se deslizó con cuidado hasta el dormitorio de Terry. Llevaba todo el día buscándolo y la desesperación se estaba haciendo presente porque las ideas se le estaban acabando. ¿Si no lo encontraba en el colegio donde lo buscaría? Como lo suponía no lo encontró, buscó por todos lados y no había ningún indicio de donde podría estar.
-¿Qué esperabas, que te dejara una nota así como está de dolido?-se dijo dando un puñetazo a la pared.
Miró la cama y se tumbó sobre ella con la nariz hundida en las almohadas, aspiró profundo, aún olía a él; un olor fresco con notas cítricas mezcladas armoniosamente con maderas, un olor masculino que la hacía imaginar que estaba entre sus brazos y que la hacía sentir mujer a pesar de que todavía no dejaba la adolescencia. Recordó vívidamente lo ocurrido en su propia habitación y se sonrojó violentamente al notar que esos recuerdos hacían reaccionar a su joven cuerpo. Recordó la sensación de las manos de Terry recorriendo su costado y sus brazos desnudos, el peso de su cuerpo sobre el de ella y los arrebatados besos que le dio.
-¡Maldición!-dijo apretando la almohada al encontrarla como única receptora de su enojo y frustración.
En ese momento recordó lo que había escuchado acerca de Jane y se le ocurrió que eso es lo que debió haber hecho esa noche; permitir que todo sucediera, de ese modo la tía no tendría otra opción que permitir que se casara con Terry para reparar la falta. Debió haber pensado en eso en aquellos momentos pero en vez de eso le dio miedo y sintió también una profunda tristeza de saber que Terry actuaba así por el dolor que sentía. No, no era así como deseaba que sucediera.
Salió al balcón, dispuesta a irse y vio que en el contiguo se encontraba Stear viendo a través de un telescopio. Despegó un segundo la cara del instrumento para hacer unas anotaciones y la vio.
-Candy ¿qué haces ahí?-le dijo sorprendido.
-¿No has visto a Terry?-contestó con la voz denotando cansancio.
-No, no lo he visto desde ayer. ¿Pasa algo?
-Es solo que no lo he visto y necesito hablar con él.
-Bueno Candy, tal vez está cabalgando o ha salido con su padre.-dijo Stear preocupado por el semblante que tenía su prima.
-Si, tal vez. Nos vemos después Stear.-y se fue dejando a un Stear preocupado y pensando por alguna razón que no debió haberla dejado ir.
Saltó la barda del colegio en un alejado y oscuro rincón, cuidando de no ser descubierta por la ronda. Una vez en la calle sintió un ligero estremecimiento, sabía que lo que pensaba hacer era peligroso pero no había otra opción, tenía que encontrarlo a como diera lugar. Se dirigió a la zona donde una noche se había encontrado con Albert, él le dijo que había conocido a Terry en una taberna cercana, probablemente la frecuentaba entonces. El problema era que había muchas por ahí.
Trataba de pasar desapercibida, había cubierto su cabeza con una mascada que hacía poco visible su rostro y oraba fervientemente cada vez que descubría que algún hombre la miraba con curiosidad. Recorrió todas las tabernas que pudo preguntando si habían visto a un joven con sus características pero no obtuvo resultados. Cuando despuntó el alba se sintió perdida; no había tomado ropa ni dinero así que por renuente que estuviera a abandonar momentáneamente la búsqueda y regresar al colegio, tuvo que hacerlo.
En el colegio todos se encontraban concentrados en organizar sus vacaciones de verano. Como cada año, muchos se irían para no regresar, su época en el colegio había terminado y ahora tendrían que seguir su camino según les pareciera mejor. Entre ellos estaba Anthony Brown que ante sí tenía una de las decisiones más importantes de su corta existencia. ¿Qué hacer con el resto de su vida? Ya tenía una idea de lo que quería, había estado meditándolo hacía ya varios meses y pensaba comentarlo con su padre a la brevedad. Pero quería estar completamente convencido de que eso es lo que deseaba hacer.
Caminaba apresurado y ensimismado en sus pensamientos cuando chocó de frente con una chica que venía en sentido contrario al de él.
-¡Oh! Lo siento mucho.-dijo e instintivamente alargó los brazos para tomar a la mujer de los brazos y evitar que cayera.
-No, fue mi culpa, venía distraída.-dijo Annie con la cara roja y apenas atreviéndose a verlo a los ojos.
Anthony sonrió al darse cuenta de con quien había tropezado y la miró largamente sin soltarla. Ella se ruborizaba cada vez más pero no hacía nada por romper el contacto, le agradaba la cálida sensación que le provocaba la dulce pero penetrante mirada del apuesto rubio.
-¡Anthony, anda que llegaremos tarde!-le gritó Archie desde el final del pasillo haciendo que reaccionaran apresurada y torpemente, alejándose el uno del otro.
-Hasta luego Annie.-se despidió Anthony.
-Si, hasta luego.-contestó ella sin perder el rubor de sus mejillas.
Anthony echó a andar hacia su primo pero de pronto se detuvo y se volvió, tomó la mano de Annie y le dio un ligero beso, cuando la soltó sonrió coqueto y se fue. Ella se quedó parada ahí viendo como se alejaba y Archie los miraba con una expresión indescifrable.
Estaba exhausta, hacía dos noches que no dormía casi nada pero no podía ni pensar en quedarse en cama porque las monjas vendrían enseguida y porque quería dar otra vuelta por el colegio a ver si había regresado. Esta vez iría también a los lugares menos pensados, donde él no acostumbraba estar, si volvía al colegio quizás estaría ahí para evitar encontrarse con ella. Estaba en el jardín frontal, muy cerca de la entrada principal cuando alcanzó a ver un carruaje muy elegante con el escudo de los Grandchester en la portezuela. Se encaminaba hacia allá cuando vio al padre de Terry que salía del edificio de las oficinas y desvió sus pasos hacia allá.
-Duque, ¿ha visto a Terry?-se apresuró a preguntar apenas estuvo frente a él, olvidándose de todo protocolo.
Él elegante señor la miró con una disimulada sonrisa.
-Buen día señorita Andrey. Un placer verla, como siempre.-dijo haciendo una ligera reverencia y besando la mano de la chica.
-Lo siento señor, disculpe mi falta de modales. El placer es todo mío.-dijo un poco sonrojada.
-Respecto a su pregunta: no, no le he visto. De hecho yo quería hacerle la misma pregunta a usted. Vine para ultimar los detalles de su salida del colegio y la hermana Grey me ha dicho que tiene dos días que no sabe de él.
Candy pareció descorazonada, desesperada; sus ojos se llenaron de lágrimas pero se contuvo y no las dejó escapar. El duque se agachó un poco y la vio con ternura.
-Lo quieres de verdad, ¿no pequeña?
Ella levantó la mirada hacia él y asintió apretando los labios para no llorar.
-No te preocupes, él es así, impulsivo por naturaleza. Mandaré a varios hombres ha buscarlo de inmediato. Ya verás que pronto regresará, todo saldrá bien.-le dijo en un tono paternal que le hizo pensar a Candy que él sabía que habían tenido algún problema y por eso Terry decidió irse.
-Buenas noches.-saludó Candy al hombre detrás de la barra, ya no podía recordar cuantas veces había entrado a establecimientos parecidos a ese con una débil esperanza que se desvanecía cuando le contestaban que no habían visto a nadie que correspondiera a esa descripción. Maldijo nuevamente el no tener ni si quiera una fotografía de Terry. Y enseguida se regañó por maldecir, pero ni hablar, algo le había contagiado aquel rebelde.
-Buenas noches.-respondió distraído el hombre, después alzó la vista y se sorprendió de lo que tenía enfrente.- ¿Pero qué en el nombre del cielo hace una jovencita como tú en un lugar como este?-dijo con un acento extraño que le dificultó un poco la comprensión a la pecosa.
-Estoy buscando a alguien. ¿Ha visto a un joven alto, delgado, con cabello castaño hasta el hombro y ojos azules? –dijo Candy confiando en que no había muchos que respondieran a esa descripción.
El hombre, muy alto y fornido con una barba negra, del mismo color que su rizado cabello tenía un aspecto atemorizante; ladeó un poco la cabeza y Candy pudo ver como un enorme tatuaje de un ancla se asomaba por debajo del cuello de su camisa.
-Creo que estás describiendo al príncipe.-comenzó y notó la cara confundida de Candy-Aquí le dicen así porque no conocen su nombre y porque dicen que tiene más pinta de príncipe que el mismísimo príncipe heredero; pero algunas veces ha estado de humor para conversar conmigo y yo sé que se llama Terry.
Los ojos de la rubia se iluminaron y sonrió como no lo había hecho en varios días, soltó la maleta que sostenía con una mano y se hizo hacia delante recargándose en la barra, ansiosa.
-¡Si, es él! ¿Lo ha visto? ¿Ha venido? ¿Sabe dónde está?-le brotaron preguntas en tropel.
El señor sonrió ante la ansiedad de la rubia y siguió realizando su labor de secar los vasos mientras la observaba.
-¡Calma niña! Él volvió hace un par de noches pero desde entonces no ha venido.
-¿Volvió?
-Si, él frecuentaba mi humilde taberna hace tiempo pero repentinamente dejó de venir. Un día lo encontré en la calle y le pregunté la razón de su abandono; él me contestó que alguien lo había hecho volver al buen camino.-se quedó mirando fijamente a Candy y le dijo:-Eres tú; tú eres la pecosa que lo devolvió al buen camino.
Candy apretó los labios al escuchar lo que Terry decía de ella, con una punzada de remordimiento atormentándola.
-No te preocupes, criatura. Verás como todo se resolverá.-ella le dio una mirada interrogativa y él alzó los hombros en un gesto que parecía bastante extraño en un hombre de su complexión. –Es fácil deducirlo. Él de pronto regresa después de meses, más taciturno de lo usual y después apareces tú buscándolo con una maleta en la mano…
-¿Sabe dónde podría encontrarlo?
-Hay solo un par de tabernas que frecuenta, dependiendo de su humor. Si hoy no vino aquí probablemente esté en una que está cerca del muelle.-contestó el hombre viendo de reojo como dos tipos veían con lascivia a Candy y hablaban entre ellos.
-¿Dónde es? Dígame por favor.-le urgió Candy.
-No es muy lejos pero no es prudente que una señorita como tú vaya sola allí. Yo te acompañaré. ¡Josh, hazte cargo!-le gritó a un joven pelirrojo que le respondió con el mismo acento irlandés.
Salieron del lugar y el enorme hombre les dio una mirada amenazante a los dos que veían a Candy. Caminaron por un rato y Candy agradecía el haber encontrado a un señor tan amable porque la zona en la que se adentraban parecía más peligrosa. En el camino se enteró que el tabernero se llamaba Nathaniel Williamson, todos lo llamaban Nathan; y por supuesto, era irlandés.
-¿No te parece que con un nombre como el mío pude haber sido un abogado respetable?-le preguntó riendo. –Claro que mi aspecto no me ayudaría mucho… No hay duda, yo tenía que ser tabernero. No me quejo, me gusta lo que hago.
Entraron al lugar en cuestión y Nathan dio un vistazo a todo el lugar dejando en claro que venía con la jovencita. Se concentró en las mesas del fondo y volteó con una sonrisa a ver a Candy.
-Ahí lo tienes; tu príncipe azul en persona.-dijo señalando a una mesa en el rincón más alejado.- ¿Quieres que te espere aquí?
-No es necesario. Muchas gracias por acompañarme.-le dijo Candy apenas conteniéndose para no correr hacia donde estaba Terry.
Se acercó al principio rápida y ansiosa, pero después le dio miedo y caminó más despacio. Iba con la mirada clavada en el castaño solitario que parecía ajeno a todo a su alrededor y no se percató que un hombre que por su manera de andar había bebido ya demasiado se acercaba a ella. Apareció enfrente con una sonrisa maliciosa y lasciva, mostrando que le hacían falta dos dientes.
-¿Desde cuándo las virgencitas rubias vienen aquí? ¿Buscas trabajo? Yo podría emplearte.-le dijo y trató de tocarla.
Ella reaccionó enseguida apartando la mano que buscaba el contacto.
-¡No se atreva!-le gritó.
-Oye niña, si vienes a estos lugares sabes a lo que te expones, así que no te hagas la digna conmigo.-dijo tomándola por un brazo con fuerza.
-¡Suélteme!
-¿Qué no oyó a la señorita? Dijo que la soltara.-alguien llegó por detrás e hizo girar al hombre para que soltara a Candy.
-Terry.-y su nombre en sus labios sonó como una oración.
Terry lo asía con fuerza de la solapa, como aquella vez que la defendió de Neil y a Candy le pareció la mejor visión que podía tener a pesar que no estaba tan arreglado como acostumbraba, sino que tenía la sombra de la barba que comenzaba a crecer y el cabello algo desaliñado, recogido en una descuidada coleta.
-¡No te atrevas a poner tus asquerosas manos en ella!-le gritó en la cara.
-¿O qué? ¿Me vas a tumbar los dientes que me quedan principito?
-¡Hey, calma! No quiero peleas aquí.-gritó el cantinero.
-Si eres tan hombrecito demuéstralo.-lo retó el hombre.
-No tengo que demostrarte nada a ti imbécil.-le dijo con desprecio y lo soltó para tomar a Candy de la mano y encaminarse a la salida con ella pero antes de llegar a ella el tipo les dio alcance y rompió una botella en la cabeza de Terry, haciéndolo caer desorientado. El hombre aprovechó para jalar a Candy y sacarla del lugar pero no pudo llegar muy lejos pues chocó con el ancho pecho de Nathan que se había quedado afuera esperando para comprobar que la pareja no necesitara ayuda.
-¿Adónde vas tan deprisa John?-le dijo impidiéndole el paso. El hombre volteó hacia arriba para poder ver a Nathan a la cara y abrió los ojos con temor.
Terry había salido ya del lugar trastabillando un poco y sangrando. Sin embargo hizo girar violentamente a John y le dio un golpe en la quijada que lo tumbó al suelo.
-Eso es para que aprendas algo de modales y no golpees por la espalda. Gracias Nathan.-dijo dirigiéndose al tabernero.
-No hay de que. No podía irme sin dejar sana y salva a esta señorita contigo. ¿Quieren que los acompañe?
-No, gracias. Estaremos bien, tomaremos un coche.
-Bien. Hasta luego Terry, Candy un placer.-se despidió inclinándose un poco.- ¿Lo ves? Te dije que pude haber sido un abogado.-agregó divertido y Candy sonrió.
Una vez que el hombre se alejó Terry miró a Candy con reclamo en los ojos, no dijo nada, solo la tomó de la mano, tomó la maleta en otra y comenzó a andar con ella casi a rastras.
-¿Adónde me llevas?
-Te regreso a tu casa.-respondió sin voltear y sin dejar de caminar.
-¡Ah no! ¡Eso si que no!-gritó ella usando todas sus fuerzas para detenerlo-Te he buscado por días y ahora que por fin te encontré no pienso moverme hasta que me escuches.-dijo decidida, plantándose en el piso.
Terry vio por encima del hombro de la chica que un grupo de marineros se acercaban y sabiendo que no la movería de ahí si no accedía a lo que quería suspiró aunque sin cambiar su mirada.
-Está bien, vayamos a otro lugar.
-¿De verdad no me llevarás a casa?-desconfiaba Candy aún sin moverse.
-No te llevaré… ahora. Pero camina, no podemos estar aquí.
-Está bien.-accedió comprendiendo su temor.
La tía Elroy sufría una fuerte jaqueca desde que se enteró de la desaparición de Candy. Sus sobrinos que ahora debían estar disfrutando sus vacaciones, no querían salir a no ser para buscarla por la ciudad, sin éxito. La joven solo había dejado una escueta nota diciendo que debía irse y que no se preocuparan por ella. ¿Cómo no preocuparse? ¿Es que creía que no se interesaban en ella? ¿No se daba cuenta cuánto la amaban sus tres paladines? Por petición de los jóvenes habían enviado empleados a buscarla también, pero no tenían mucha idea de donde. Lo único que se les había ocurrido era que tal vez querría ir a América y fueron al puerto a preguntar, si alguna Candice White compraba un boleto, se enterarían.
Stear y Archie estaban totalmente desconcertados, no hallaban una explicación a la huída de Candy. No sabían que problema pudo haber tenido que la obligó a irse así, tan abruptamente. Anthony, en cambio, tenía una idea muy clara de las razones de la pecosa y se sentía responsable. Se culpaba y lamentaba por no haber actuado, por no haber sido él quien se fuera imposibilitando el cumplimiento de ese absurdo compromiso. Ahora ella se había expuesto no solo al peligro de estar fuera del seno familiar, sino también al desprecio de la sociedad o al menos, si lograban mantener el incidente oculto, al de la tía que estaba escandalizada ante la decisión de Candy. ¿Qué sería de ella si las cosas le salían mal? ¿Podría ser aceptada nuevamente en la familia?
Era una lluviosa tarde de verano, las gotas caían en tropel en la ventana de la biblioteca creando, junto con el crepitar del fuego de la chimenea, un efecto casi hipnotizante. Los primos Andrey, sin darse por vencidos, habían salido en grupos en busca de Candy; incluso Elisa se ofreció para acompañar a Anthony, fue infructuoso, regresaron con la misma información que habían salido. Archie, Annie, Stear y Patty aún no volvían y la tía había decidido aceptar la invitación de Lady Hamilton a tomar el té, decía que todos debían comportarse de lo más natural a fin de no levantar ninguna sospecha. Lo que menos quería era que la huída de Candy fuera conocida, sería un escándalo y ella siempre había sido una mujer que había cuidado meticulosamente el buen nombre de la familia.
Anthony se pasaba los dedos por el pelo, en un claro gesto de impotencia. Con la mirada perdida en el fuego tamborileaba los dedos en el fino sofá como si con eso pudiera revelársele repentinamente el paradero de su prima. Un ligero toque en la puerta lo hizo salir de su trance.
-¿Anthony? ¿Puedo hacerte compañía?-dijo suavemente Elisa.
Él asintió tratando de esbozar una sonrisa. Ella tomó asiento a su lado.
-Muchas gracias por tu ayuda esta tarde. Significa mucho que, a pesar de tus diferencias con Candy, estés dispuesta a ayudarnos en su búsqueda.
-No hay nada que agradecer. Lo hago sobre todo por la familia; no quisiera que los impulsos de esa chiquilla acaben con el honor que tanto tiempo hemos conservado. ¿Ya lo ves que no estaba tan errada en pensar que ella no era apta para ser una Andrey?
-Elisa.-fue lo único que dijo Anthony con un leve tono de reproche.
-Bien, no hablemos de eso ahora. Sé que te preocupa donde y como pueda estar. Espera, creo que se me ocurrió algo que te ayudará.-se levantó y tomó dos vasos de la cantina en la esquina de la habitación y llenó sendos vasos del whisky contenido en una licorera de cristal cortado. Se acercó con una sonrisa y ofreció uno de ellos a Anthony.
-No veo en que me pueda ayudar el alcohol.-dijo él mirándola desconfiado.
-Al menos a entrar en calor, cogimos mucho frío al andar bajo la lluvia. ¡Anda! No está la tía para regañarnos por tomar una copa.-le urgió.
Él alzó un poco los hombros y por fin tomó el vaso que le ofrecía y bebió de él. Efectivamente sintió un calor que viajaba por su garganta hasta llegar a su estómago y de ahí parecía esparcirse por todo su cuerpo. Le ofreció un consuelo momentáneo a su atribulada conciencia y aceptó un segundo trago, hasta que él mismo se levantaba para llenar nuevamente su vaso.
Neil corría por los pasillos de la mansión haciendo a un lado con rudeza a los pocos sirvientes que seguían ahí a esas horas. Su bata de seda azul volaba con la carrera al igual que su pelo. Sus ojos estaban abiertos más de lo normal y de su boca salían agudos gritos.
-¡Tía Elroy! ¡Tía!
-¿Qué pasa? ¿Qué es todo ese escándalo?-Archie salía adormilado de su habitación encontrándose con su hermano que se acomodaba las gafas para enterarse de que era lo que lo había despertado.
Frente a sus ojos pasó Neil a toda velocidad sin mirarlos, hacia la habitación de la tía. Desconcertados lo siguieron, al igual que Annie que estaba de huésped con los Andrey pues había cancelado sus vacaciones por la desaparición de su hermana.
-¿Neil, qué es lo que te ocurre? ¿Porqué armas semejante escándalo?-salió la tía envuelta en una bata blanca de seda con vuelos de encaje que le daba un aspecto sinceramente ridículo.
-Tía, tienes que hacer algo. Esta es una ofensa que no puede quedar impune.-habló con la respiración entrecortada el joven Legan.
-¿De qué hablas niño?-respondió visiblemente irritada por la interrupción de su sueño.
-Ven conmigo.-la tomó de la mano y la guió seguidos de los otros tres jóvenes que estaban intrigados. Algunos miembros de la servidumbre miraban disimuladamente la escena también.
-A esto me refiero tía. ¡Es una vergüenza! ¡Tiene que resarcir el honor de mi hermana!-gritó fuera de si Neil, mostrando a la tía y a los jóvenes detrás de ella una escena por demás inesperada: Anthony yacía profundamente dormido junto al cuerpo desnudo, al igual que él mismo, de Elisa, en la propia habitación de esta.
Diario de Archibald Cornwell 17 julio 1913
El colegio ha terminado para Anthony y mi hermano. Yo soy el único que quedo. Pero en este momento es en lo último que pienso. Han pasado tantas cosas en estos días que mi cabeza aún no encuentra ninguna lógica a lo ocurrido.
Justo el día que salimos del colegio, dispuestos a olvidarnos de todo y disfrutar de las vacaciones Candy, mi gatita, desapareció. Yo fui quien descubrió su habitación vacía, su maleta no estaba al igual que muchas de sus pertenencias. La única explicación que encontré fue una escueta nota en su secreter donde ponía que no nos preocupáramos por ella y que en cuanto pudiera hallaría la forma de comunicarse. Nada más, ninguna pista de donde pudo haber ido ni porque. Stear dice que una noche antes la vio bastante extraña buscando a Terry, casi estoy seguro que ese mal nacido tiene algo que ver, de ser así no se librará de mi. Tengo la firme intención de presentarme en casa de su padre exigiendo una explicación, si cree que por ser huérfana Candy está sola, está muy equivocado. Nosotros tres la defenderíamos con nuestra vida de ser necesario.
Sin embargo ahora sucedió otra cosa que me distrajo un poco de ir al castillo Grandchester. Algo inaudito, totalmente inesperado y tan bizarro que todavía dudo que mis ojos hayan visto bien; Anthony en la habitación de Elisa, abrazado a ella y los dos durmiendo plácidamente solo cubiertos parcialmente por una sábana. Ninguno lo podíamos creer, aunque me pareció que la reacción de Annie fue mucho más allá de la sorpresa, comenzó a sollozar y salió corriendo hacia su habitación sin decir una palabra. La tía nos despidió a Neil, Stear y a mi diciendo que ella se encargaría. Lo último que supe fue que se encerró con los dos en el estudio.
NOTAS:
Hola mis queridas lectoras de esta locura llamada "Nada más". Espero que todas se encuntren muy bien, que la vida les sonría aunque sea un poquito y que si pasan por alguna situación difícil, esta se resuelva pronto y de la mejor manera.
myrslayer: ¡que alegría saber de ti! Pensé que ya te había decepcionado mi historia, que bueno que no es así. Como pudiste ver en este capítulo, Terry si se siente traicionado y para quitarle eso la pecosa tendrá que hacer muchos méritos seguramente. Eso le pasa por mensa. La escena de la habitación si que me subió la temperatura a mí también. jeje
Roni de Andrew: Muchas gracias por tu apoyo, como siempre. Si he leído lo que mencionas y estoy convencida de ello, áun así sientes tristeza, pero eso sin duda te ayuda a sobrellevarlo. Por otro lado que bueno que te gustó la historia de Albert, este capítulo se alargó con la historia de la búsqueda pero en el siguiente traeré más de tu Albert.
lerinne: Gracias de todo corazón por tus condolencias y por echarme porras con mi artículo, todavía espero ansiosa los resultados. Espero que esta capítulo también te haya gustado, aunque aun no se resuelve el malentendido, pero todo a su tiempo.
Yelibar: ¡Que linda que me extrañaste! Si, te explicaste muy bien con lo de pisa pasito jajaja. Pues ¿qué crees? Que pensé que dirían un rotundo no, pero en realidad va muy parejo. oh oh. Cuida mucho de tus angelitos y gracias por tus palabras.
maat sacmis: ¿Este capítulo relajó un poco tus nervios o te estreso más? Disculpa, pero teníamos que pasar por esto. Soñaste con Terry apasionado, ¿a que si? jajaja
Betsy-pop: ¿Crees que si se mandó mucho Terry? si, creo que si. Si se entera Albert no le va a ir muy bien. Gracias por las felicitaciones.
marianasofía: Mildred para mi. jeje ¿Sabes que esa frase de Candy arrodillada viendo como Terry se va la tenía en la mente desde que empecé con el fic? A mí también me gustó mucho y creo que quedó muy bien para la situación. Ahora que no sé si fue ella o yo la que la dijo. jeje. si, Albert es todo un rompecorazones. Gracias amiga por tus condolencias.
alsha: ¡Si que emoción que Albert se nos casa! Y Terry, como dice su papá, así es él; pero es parte de su encanto y de porque nos trae locas. Pues creo que no le declararás la guerra a Annie, sino a otra...Gracias por tu palabras.
Maya del bosque: No sabes que gusto me ha dado tenerte por aquí. Gracias de veras por tus felicitaciones; espero que te siga gustando la historia mientras avanza. Que bueno que te gustó el primer beso, es como yo lo había soñado jeje. Terry si cayó redondito sin darse cuenta y Candy, la pobre no pudo hacer mucho ante ese papasote. en cuanto a Stear, a mi también me encanta como pone a todos en su lugar, es muy lindo. Muchos saludos y un abrazo.
Weissesherz: ¡Que gusto saber de ti querida Weiss! Espero que lo que escribo cumpla tus expectativas y que, al menos te distraiga un rato de la realidad y despierte alguna emoción en ti. Saludos cordiales y nos seguimos leyendo.
Nallely- Uchiha: Gracias por tu pésame y por tus buenos deseos con lo de mi artículo. ¿Te gustó este artículo? Pronto leeré lo que me has dicho, dame un poquito de tiempo. Gracias por dejar review. Saludos.
Candice Grandchester Andrew: A tu amiga y a ti gracias por leer. Tienes razón, ese Archie como que está muy indeciso y se va a quedar como el perro de las dos tortas si no se pone listo. jeje. ¿Las teorías de tu amiga resultaron ciertas? Creo que si. Soy mala, muy mala.
Ruth: Gracias por tu preferencia y por tu review. Espero sinceramente seguir contando con tu amable presencia. Saludos.
Uf! Ahora si me tardé en los agradecimientos y me encanta. Gracias a todas por ser tan lindas y regalarme unos momentos de su atención.
Abrazos y besos,
Nash
