Capítulo XX

La campanilla de la puerta sonó cuando entraron y ella recorrió con la mirada el lugar, era pequeño y modesto con una tenue iluminación que le daba cierto ambiente de intimidad. El ruido de los platos y los aromas de la cocina salían por una puerta a la izquierda. Había pocas mesas dispuestas en el centro y otras junto a las dos ventanas. En la mesa más alejada se encontraba una pareja de enamorados que no volteó al sonar la campanilla, tan absortos estaban uno en el otro. En una mesa del centro estaba un señor ya mayor leyendo un libro; en otra mesa cercana un matrimonio mayor que seguramente llevaban años juntos y estaban acostumbrados a la presencia del otro, se notaba por la manera confiada y pausada en que comían y en la forma en que se miraban, como si ya no vieran un hombre o una mujer, sino a su amigo y a su compañera.

Ellos tomaron asiento en una mesa junto a la ventana. Durante todo el camino ninguno había dicho nada, excepto por el "Tengo hambre. ¿Ya cenaste?" de Terry. Ella ni siquiera se atrevió a articular palabra, solo contestó negando con la cabeza. Ahora estaba sentada frente a él sabiendo que tenía que comenzar a hablar ya, pero simplemente no sabía como empezar.

La camarera se acercó y ellos pidieron pay de manzana, pues según Terry el que servían ahí era excelente. El silencio se instaló nuevamente entre ellos. Él veía por la ventana, dándole a ella solo la vista de su perfil y ella jugueteaba nerviosa con sus manos en su regazo.

-Terry. Debo explicarte lo que sucedió.-se animó por fin.

Aclaró su garganta y continuó mirando el cincelado perfil del inglés.

-Yo debí habértelo dicho, lo siento. Una tarde la tía abuela solo nos informó que nos comprometeríamos en matrimonio; así, sin pedir opinión. Nada de lo que dijimos sirvió para hacerla cambiar de idea. Yo…-titubeó preguntándose si sus argumentos eran lo suficientemente válidos-yo no te lo dije porque creí que se arreglaría rápidamente. Le escribí al tío William para pedirle que no me obligara a casarme, creí que siendo un hombre tan bueno que ha hecho tanto por mí, tomaría en cuenta mis sentimientos. Esperé su respuesta pero esta nunca llegó. Le escribí nuevamente con el mismo resultado y mientras tanto yo estuve a punto de decírtelo tantas veces, pero cada vez no encontraba como hacerlo y temía a tu reacción. Sin embargo, debes saber, que Anthony y yo nunca nos consideramos comprometidos y desde luego no pretendíamos cumplir con algo tan absurdo.

Lo ordenado llegó y él abandonó la ventana para posar un momento sus azules ojos en los de ella, comenzó a comer mientras la veía a través de una espesa capa de pestañas negras. Ella se llevó algunos trozos a la boca también pero la mirada de él la ponía más nerviosa de lo que ya estaba.

-¡Vamos Terry! Tú mejor que yo sabes de esas extrañas costumbres que tienen las familias acaudaladas que creen que pueden hacer lo que les plazca con la vida de sus hijos para que sirvan a sus intereses.-estalló desesperada porque él contestara, lo que sea, pero que contestara.

Los labios de Terry apenas se curvaron en lo que quizás era una sonrisa.

-¿Me vas a decir que no te agrada haber sido adoptada por una familia rica?-preguntó incrédulo.

-Agradezco lo que han hecho por mí, pero no estoy dispuesta a doblegar mi voluntad ante ellos. No pienso ser su títere para agradecerles por adoptarme.

-Si tan solo la pobre Lucrecia* hubiera tenido esa decisión no hablarían tan mal de ella.

-¿No me crees? ¿Para qué piensas que traigo conmigo esa maleta? Me escapé para buscarte. De ningún modo me casaré con Anthony… porque mi corazón te eligió solo a ti. ¿Me aceptarás? ¿Podrás perdonarme? Terry, debes creerme.

-Verás, ese es el problema.-contestó él imprimiendo emoción en su voz por primera vez en toda la noche-Que yo te creí. Te creí cuando me dijiste que me amabas, que cuando llegara el momento te casarías conmigo. Te creí como un idiota mientras tú me mentías.

-¡No te mentí!-rebatió Candy alzando la voz sin pensar en los espectadores-Yo no te mentí cuando te dije que te amaba y que deseaba casarme contigo. Esa es la verdad, te amo. Por ti iré adonde sea, te seguiré a cualquier lugar sin mirar atrás. Estoy poniendo mi corazón en tus manos, ¿qué más quieres?-concluyó modulando su voz para que solo él escuchara.

Terry la miraba con el ceño levemente fruncido, con sorpresa; se quedó callado.

-No quiero estar con nadie más, entiéndelo. Había un vacío en mi vida que ni siquiera sabía que existía, hasta que llegaste tú y lo llenaste. Quizás pueda encontrar mil razones para no estar aquí, pero por cada una de ellas puedo encontrar dos para estar segura que aquí es donde pertenezco, donde tú estés. Porque solo contigo he sentido esto tan hermoso que no sé describir; es como si…como si estando a tu lado nada pudiera salir mal, me siento satisfecha, plena y al mismo tiempo siento que nunca tendré suficiente de ti. Porque contigo puedo ser solo Candy, nada más que Candy; sin temor a que no me aceptes.

-¿Y qué pasaría si yo no deseo que vengas conmigo?-preguntó después de contemplarla por unos momentos-¿Qué harías?

Ahora fue el turno de Candy de quedarse callada. No había pensado en esa posibilidad; ella tomó su equipaje decidida a encontrarlo y convencerlo de su amor. No pensó, solo sintió una apremiante necesidad de ver sus ojos y sentir su roce. De estar junto a él y saberse poseedora de su amor, como él lo era del suyo.

-No lo sé, solo sé que no volveré adonde los Andrey para que me obliguen a casarme.-contestó con la mirada clavada en su falda-Creo que volvería al hogar de Pony.

-¿Tienes dinero para el boleto?-preguntó indiferente colocando sus cubiertos sobre el plato, indicando que había terminado.

-Iré. Aunque sea como polisón iré.

Viniendo de cualquier otra mujer, Terry hubiese considerado eso como una exageración y una amenaza infundada; pero cuando de Candy se trataba, sabía muy bien que no era algo alejado de la realidad.

-¿Terminaste?-dijo sacando dinero del bolsillo de su pantalón para pagar.

-Si.- contestó ella totalmente desconcertada.

-Vamos entonces.-y se puso de pie tomando la maleta.

Una vez que estuvieron afuera Candy no pudo resistir más. -¿Adónde vamos?-le preguntó.

Terry giró y la vio directo a los ojos. La luz que le iluminaba solo parcialmente le daba un aspecto más serio, más dramático.

-Debo preguntarte esto Candy. Aún estás a tiempo de regresar a tu casa, yo puedo acompañarte. ¿Estás completamente segura que no deseas hacerlo?

-Si, estoy segura. Sea cual sea tu decisión, yo no volveré.-contestó enseguida.

-Bien. Vamos, está refrescando.-la tomó de la mano y paró un coche.


Anthony masajeaba sus sienes con los ojos cerrados. Sentía que la cabeza le estallaría y los gritos de la tía, acompañados del lloriqueo de Elisa solo empeoraban la situación. No se sentía particularmente interesado en la discusión o más bien, el monólogo que la tía protagonizaba en la biblioteca, más bien pensaba en tomar algo que le calmara esa insoportable jaqueca. La tía caminaba de un lado a otro nerviosamente, algo muy inusual en ella que siempre procuraba mantener la compostura, Elisa se encontraba sentada en el otro extremo del sofá donde estaba Anthony; con tan solo una bata encima y sosteniendo un pañuelo entre sus manos con el que se limpiaba las copiosas lágrimas.

-¡Es una vergüenza!-repetía la tía Elroy-¿Cómo han podido hacer esto? Anthony, jamás esperé esto de ti. ¡Y en mi propia casa! ¿No dices nada? –le dijo atropelladamente.

El rubio abrió los ojos de mala gana y la miró.

-Tía, quisiera que arregláramos esto en otro momento.-dijo quedamente.

Una expresión de asombro salió de los labios de la tía y Elisa lloró aun más fuerte.

-Perdóname tía, por favor.-suplicaba Elisa. La mujer mayor le dio una severa mirada que la hizo desistir de acercarse a ella como era su intención y se quedó sentada.

-Haré venir a sus padres inmediatamente, esto es algo que yo no puedo solucionar sola, necesitan enterarse para juntos decidir las medidas a tomar. Solo les digo jóvenes que estén preparados para pagar las consecuencias. Desde luego, se procurará por todos los medios evitar el escándalo… ¡pero es que toda la casa ya se ha enterado, hasta la jovencita Britter los vio! ¡Maldita la hora en que Neil armó semejante alboroto!

Hasta ese momento los ojos de Anthony brillaron con interés en lo que se estaba diciendo, se hizo hacia delante en el asiento y olvidó el masaje a sus sienes.

-¿Cómo dice? ¿Annie me vio en la habitación de Elisa?-preguntó.

-Si; ella, tus primos y algunos criados. Nos siguieron a Neil y a mi, alertados por sus gritos. Yo no sabía de que se trataba, desde luego, de otra forma los hubiera despedido a todos. Espero que se pueda confiar en la discreción de esa señorita. –dijo preocupada la mujer.

Anthony se llevó la mano a la frente. Repentinamente su tranquila vida se había convertido en una tormenta en alta mar, donde las olas llevan a la embarcación de un lado a otro a su antojo y no queda otra opción que soportar, aferrarse a algo y esperar que la naturaleza tenga compasión, a que pase pronto la tormenta. Es lo que Anthony esperaba, que pasara pronto.


¿Qué había sucedido? ¿Qué fue lo que falló? ¿Será que había algo malo en ella? Poco a poco el corazón de Annie Britter le había estado enviando señales; convenciéndola de que tenía oportunidad de mirar hacia otro lado, que no debía aferrarse a alguien que no compartía sus sentimientos. Pero ahora la ilusión que, aunque se negara a aceptarlo, albergaba en su interior se había roto en mil pedazos llevándola a derramar lágrimas de impotencia y frustración, de desamor y desilusión.

Todavía no estaba segura de lo que sentía por Anthony, no sabía si lloraba de la forma en que lo hacía porque efectivamente estuviese enamorada de él o solo por el sentimiento de pérdida que le dejaba el pensar que algo más pudo haber sucedido entre ellos, pero ahora nunca lo sabría. Sin importarle las lágrimas que le bañaban el rostro y llegaban hasta sus labios, evocó el dulce sabor de los labios de Anthony, recordando cada detalle de ese, su primer y único beso.

-No pudo ser mejor.-dijo entre sollozos.-Pero es todo lo que tendré de él.-concluyó y lloró con más fuerza.

Herida como estaba, razonó que lo más probable era que fuera cierto lo que había pensado aquella vez; que Anthony estaba dolido por el abandono de Candy y solo la había usado para arrancársela de la mente.

-¿Y ahora yo qué hago para arrancarte de mi mente, de mi piel?-abrazó su almohada y esta terminó empapada con el llanto de la joven; su corazón se desahogó y deslavó, pero por desgracia esto no logró arrasar con el recuerdo de un amor frustrado y de el único beso que había recibido Anne.


Estaba seguro que era una imprudencia, que no estaban en condiciones ni en edad de tomar semejante decisión. Pero no veía otra opción, o no deseaba verla. Por un momento quiso pensar que podría funcionar, que un buen día mirarían hacia atrás y reirían al recordar esto como la mayor locura de su juventud. Quería pensarse bien las cosas cuando de ella se trataba, pues sus sentimientos e instintos constantemente amenazaban con dominarlo. Pero esta vez creía que por impulsivo que pareciera esta proceder, era el que debían seguir. No iba a permitir que un compromiso sin sentido ni consentimiento se interpusiera entre ellos, y lo dejarían bien claro ante todos.

Abrió la puerta de la pequeña habitación que había alquilado en una posada y la hizo pasar mientras él encendía la luz. No se había preocupado demasiado por el lugar porque pensaba que solo serían unos días, mientras decidía que hacer. Sin embargo ahora el panorama había cambiado, ahora tenía compañía y ya no debía pensar solo en él. La realidad que encerraba eso le cayó de golpe al entrar y le provocó un escalofrío, se sintió nervioso, preocupado y hasta un poco asustado. Entonces la contempló, ella recorría el lugar con las manos entrelazadas al frente, ella también estaba nerviosa. Se sentó en el borde de la cama e hizo un ligero gesto que le indicó a Terry lo cansada que estaba, seguro había pasado un día muy pesado buscándolo. Suspiró sintiendo que su amor por ella se reafirmaba y, aunque la preocupación no se había ido, ahora él se sentía dispuesto a enfrentar lo que se presentara, no le importaba que fuera. La admiró en silencio mientras ella jugaba con sus pulgares y mordía su labio inferior y se prometió cuidarla a pesar de todo, a pesar de él mismo, de sus flaquezas e inexperiencia; se prometió evitar que sufriera cualquier daño no importando lo que él tuviera que hacer o sacrificar.

-El lugar no es grande, no pensaba quedarme mucho tiempo aquí. Ponte cómoda. Yo…yo podría dormir en el sofá. ¿Te molestaría? Si gastamos en otra habitación, después podríamos necesitar el dinero.

Candy lo miró y le sonrió al contemplarlo evidentemente nervioso, se sintió más tranquila al saber que no era la única.

-Está bien.-dijo y volteó a ver el sofá donde Terry pretendía dormir.- ¿En el sofá? No cabrás ahí.

-No importa, sino puedo dormir en el suelo. Iré por unas mantas extra.

-De ninguna manera. No permitiré que duermas en el suelo.-dijo vehementemente, miró la cama y se sonrojó violentamente por lo que estaba a punto de decir-La cama no es grande pero creo que cabremos bien los dos.-dijo sin atreverse a mirarlo. Él se sorprendió y de momento no supo que decir.-Puedes ir por otra manta para que te cubras y yo dormiré bajo las que están en la cama.

-¡Ah! –dijo apenas audible él-Si está bien contigo.-ella asintió.

-Terry.-lo detuvo cuando él se dirigía a la puerta. –Ya no irás a la taberna, ¿verdad?

Él la miró con los ojos entrecerrados y una sonrisa retorcida, al fin contestó.

-No debería ser tan vanidosa señorita. ¿Piensa que por usted me hubiera abandonado al vicio, y que ahora, gracias a que usted está conmigo he sido rescatado? Sepa que no hubiese seguido ese proceder indefinidamente; quizás algún tiempo hubiera rumiado mi miseria pero después me sacudiría el polvo y el alcohol y retomaría mi vida.

Candy lo miró discerniendo el trasfondo de sus palabras y tratando de asegurarse si lo decía bromeando o hablaba en serio.

-Pues me alegra mucho que así sea señor.-le contestó en el mismo tono-Yo no tengo porque rescatarlo de nada cuando usted solo se basta.

Terry solo sonrió. Se dio la vuelta y giró el picaporte para salir pero se quedó parado en la puerta, después de un segundo se giró para verla. Ella se había levantado para acercarse a su maleta y abrirla.

-Candy.-le llamó y ella levantó la vista.-Respecto a la otra noche, yo no debí…-comenzó buscando las palabras.

Ella se acercó, hubiese querido abrazarlo pero se sentía nerviosa, como cuando no se atrevía a aceptar su amor por él así que solo le tomó la mano.

-Olvidemos eso, ¿quieres? Yo no debí ocultarte lo del compromiso y tú no debiste…- se sonrojó sin poder terminar-Bueno, creo que lo mejor será comenzar otra vez. ¿Quieres comenzar otra vez?

Terry sonrió con esa sonrisa que solo le obsequiaba a ella, hizo a un lado unos rizos que se habían zafado de su coleta y besó su frente con infinita ternura.

-Comencemos pecosa.

Y se fue pensando en lo que recién le había dicho a Candy. Así debía ser de ahora en adelante, si deseaba madurar hasta convertirse en un hombre capaz de cuidar de alguien más, debía primero cuidarse a sí mismo. Estaba seguro que tarde o temprano hubiese reaccionado de ese estado de despecho y depresión que lo llevó a retomar sus antiguos hábitos; quizás hubiese necesitado una bofetada de la vida o quizás un duro azote, pero finalmente hubiese tenido que abrir los ojos para ver que su realidad depende en gran parte de lo que él haga. Se prometió no caer más en la falsa salida de huir de sus problemas, sino afrontarlos con la frente en alto, al igual que las consecuencias de sus decisiones.


Parecía que iba a caer una tormenta como la tarde anterior, sin embargo tan solo fue una llovizna. Minutos después salió el sol, algo tímido, pero brillaba en el cielo.

-Así es con las dificultades.-se dijo Anthony-A veces son una fuerte tormenta a la que no le ves fin, a veces un chaparrón sin mayor relevancia; pero al final siempre termina saliendo el sol.

Salió al extenso jardín de la mansión a disfrutar del olor que dejaba el rocío en las plantas, de la frescura que impregnaba el ambiente. Sus azules ojos se posaron en el laberinto al fondo de la propiedad y recordó cuando se divertía allí con sus primos cuando eran tan solo unos chiquillos; cuando sus padres aún estaban con ellos y la vida parecía tan brillante. Recordaba una tarde en especial; era primavera y sus padres habían organizado una reunión con sus más íntimos amigos, mientras los adultos conversaban en la terraza ellos tres se dirigieron al laberinto, intrigados desde hacía tiempo por los secretos que podía esconder. Se pararon en la entrada y lo contemplaron absortos.

-¿Quién va a entrar primero?-dijo el pequeño Archie.

-Vamos todos juntos.-sugirió Anthony.

-Yo tengo un plan para no perdernos.-dijo Stear. –Lo leí en un libro de mitología hace poco*, atamos el extremo de una cuerda a la entrada y nos llevamos el otro; de ese modo si no hallamos la salida siempre podremos regresar aquí.-aseguró acomodándose los lentes que recién tenía que usar.

-Suena bien.-dijo Anthony.

-¿Y qué cuerda ataremos?-preguntó ansioso Archie.

-En el establo siempre hay, iré por una.-y salió corriendo.

Stear tardaba en regresar y Archie se había cansado de esperar, pateaba las piedras que se encontraba y lo buscaba con la mirada cada segundo.

-No viene, yo me adelantaré.

-No Archie, esperemos a Stear.-le pidió Anthony preocupado por su primo menor.

-Se tarda mucho, perderemos nuestra oportunidad de entrar por estarlo esperando. Nuestros padres se darán cuenta que no estamos jugando en nuestra habitación y vendrán a buscarnos. Tú espéralo si quieres.-y se adelantó a la entrada del laberinto, justo antes de entrar volteó a ver a Anthony.- ¿No vienes entonces?

Anthony se quedó pensando, mirando a su primo. Le preocupaba dejarlo ir solo, por otro lado el plan de Stear sonaba bastante sensato…

Cuando Alistear volvió ató la cuerda rápidamente sabiendo que seguramente se usaría no solo para sacarlo a él, sino también a sus dos primos que no habían aguardado por él. Efectivamente los encontró después de mucho tiempo totalmente perdidos, Archie lloraba y Anthony le rodeaba los hombros tratando calmarlo.

-Así que aquí estás.-lo arrancó de sus recuerdos la voz de Archie. Anthony sonrió al ver a su querido primo; ya no lloraba como antes pero seguía rigiéndose más por sus instintos que por su razón. –No te veía desde la noche fatídica.-Anthony solo rió.

-¿Es verdad que vendrán los padres de Elisa y tu padre?

-Si, la tía les envió telegramas, probablemente ya vengan hacia acá.

-Anthony, ¿qué…?-movió la cabeza confundido-¿Qué sucedió?

-Por lo que me dijo la tía lo presenciaron todo, bueno, no todo, quiero decir…-se turbó y no supo como continuar.

-Espera un momento. ¿Quieres decir que efectivamente sucedió algo entre Elisa y tú?-preguntó ansioso Archie.

-Archie.-lo reprendió Stear que llegaba-No seas así de entrometido.

-¡Oh, por favor! Se trata de Anthony, además te aseguro que tú también te preguntas lo mismo.

-Está bien Stear.-se adelantó Anthony a la nueva reprimenda de Stear.-Yo no puedo asegurar que no haya sucedido.-le dijo pausadamente. Sus primos lo miraron sin entender. –Estaba muy bebido.

No sé en que momento perdí el control; lo cierto es que solo recuerdo haber comenzado a beber en la biblioteca con Elisa; conversábamos amenamente, después de un rato nos fuimos a su habitación para evitar que la tía nos pillara y luego recuerdo vagamente que…-se aclaró la garganta y se sonrojó un poco-no sé si yo la besé o ella lo hizo.

Archie lo miraba con una expresión de asco, Stear estaba asombrado, ambos se quedaron callados un momento que a Anthony le pareció interminable.

-¡Esa maldita!-gritó Archie-Te sedujo, te embrujo; solo Dios sabe que te hizo.

Anthony rió ante la reacción de su primo.-Hablas de ella como si fuera el diablo en persona.-dijo.

-Te aseguro que su segundo nombre es Mefistófeles °.-contestó señalándolo con el dedo.

-¿Qué piensas hacer?-le preguntó Stear después de darle un ligero codazo a su hermano.

-Por lo pronto esperar a que llegue mi padre para hablar con él. Aún no he decidido nada.-suspiró y regresó su mirada al laberinto preguntándose porque aquella ocasión había ido con Archie cuando sabía que lo más sensato era esperar por Stear.

Los tres primos entraron juntos a la mansión cuando el mayordomo atendía la puerta y se sorprendieron al ver que se trataba del duque de Grandchester.

-Nosotros atenderemos al duque señor Farrel.-despidió al mayordomo Anthony.

Lo saludaron e hicieron pasar como les indicaba su educación, pero ansiaban preguntarle muchas cosas en tropel. Fue Archie quien no pudo contenerse más.

-¿Dónde está Terrence? ¿Él lo ha enviado?-le preguntó cuidando lo más que pudo su tono.

El duque lo miró sorprendido, con la ceja izquierda arqueada.

-Disculpe a mi hermano por favor. –intervino Stear-Verá duque, estamos sumamente preocupados porque Candy desapareció y suponemos que Terry sabría algo.

-¿Qué Candy desapareció?-repitió el duque. -¿Desde cuándo?

-Hace una semana.

-No tenía idea, de hecho yo venía buscándola a ella.-dijo dubitativo el duque.

-¿Podríamos preguntarle a Terry si él sabe algo?-dijo Anthony buscando la mejor manera de plantear su pregunta.

-La cuestión es que no veo a mi hijo desde antes que terminara el colegio. No sé donde está; por eso quería ver a Candy, ella me pidió que lo buscara y así lo he hecho, sin resultados.

Los jóvenes Andrey intercambiaron miradas, no hubo necesidad de más. El duque se aclaró la garganta y por un segundo creyeron ver en su mirada nerviosismo. Se irguió en toda su estatura y adoptó la expresión de quien está a punto de hacer algo bastante incómodo pero está siempre dispuesto a hacer lo necesario.

-¿Se encuentra en casa madame Elroy?-les preguntó.


Diario de Candice W. Andrey 2 agosto 1913

La primera noche que dormí con Terry fue la experiencia más deliciosa que he tenido. Yo ya estaba metida en la cama, cubierta hasta la nariz cuando él entró en el cuarto, me miró y sonrió maliciosamente. Yo sentía que cada músculo de mi cuerpo temblaba ante la expectativa de tener su cuerpo junto al mío, aunque las cobijas nos separaran.

-Cúbrete.-me dijo riendo-Voy a quitarme la ropa para dormir.

Yo abrí los ojos sorprendida pero obedecí de inmediato. Tenía tentación de bajar un poco la manta que me tapaba la visión, pero no me atreví.

-¿Dormirás sin ropa?-le pregunté sintiendo que la sangre brotaría de mis mejillas.

-Desde luego, siempre duermo sin ropa.-me dijo sin ningún empacho y adiviné que se contenía para no reír a carcajadas.

Apagó la luz y sentí como se acostó a mi lado y bajó la manta que cubría mi cabeza.

-Ya puedes bajar esto.-la luz de luna que se filtraba a través de las cortinas me permitió ver que seguía sonriendo.- ¿Quieres comprobar que no llevo ropa?

-¡Terry!-grité y volví a cubrirme. Ahora si rió abiertamente.

-No es verdad pecosa. Afortunadamente traje unas pijamas conmigo, no tienes de que preocuparte.-bajó nuevamente la manta, pero al notar el efecto que tenía su sola mirada en mi, dude que las pijamas fueran suficiente protección.

Él me miró en silencio largamente y pude sentir un estremecimiento que me recorrió, y temo que él también lo notó. Besó mis labios brevemente y murmuró "Buenas noches" antes de voltearse. No supe a que hora pude finalmente dormir, me sentía tan extraña; tan nerviosa y tan feliz que no podía ni cerrar los ojos y creí sentir que él también estaba despierto. Así ha sido desde entonces; dormir junto a él resulta un dulce tormento que gustosa repito cada noche. Nunca respirar había implicado tanto esfuerzo pero cuando lo siento tendido junto a mí y el calor de su cuerpo llega al mío es como si olvidara de repente la manera en que se respira con normalidad; tengo que esforzarme mucho porque se oiga fluida y natural cuando la verdad es que es entrecortada, no sé porque no lo puedo controlar. Es como si mi cuerpo me exigiera algo y no sé como calmarlo, solo sé que deseo acercarme más a él, que me atrae como un imán y quisiera poder clavarme en la cama para no moverme y delatar todo lo que su presencia me hace sentir.

Las condiciones en las que estamos no son las mejores, pero extrañamente me siento tranquila.

Hemos decidido ir a América, mañana veremos si nos alcanza para los boletos. Terry es quien me preocupa, no está acostumbrado a las privaciones; pero tengo que admitir que hasta ahora lo ha tomado muy bien.


REFERENCIAS:

*Lucrecia Borgia, hija del papa Alejandro VI y hermana de César Borgia, quienes la utilizaron para aumentar su poder político y territorial gracias a sus tres matrimonios. Sin embargo la leyenda negra dice que ella fue activa participante de los muchos crímenes de su familia.

*Se refiere, desde luego, al mito del minotauro cretense y del héroe Teseo que le dio muerte ayudado de Ariadna.

° Nombre que se le da en ocasiones al demonio. Véase "Fausto", de Goethe.

NOTAS:

No sé como agradecer toda la amabilidad que han mostrado conmigo, créanme cuando les digo que cada review que recibo me hace muy feliz. Espero que haya valido la pena la espera y que este capítulo haya cumplido con sus expectativas, de no ser así háganmelo saber. Sé que muchas van a querer ahorcarme por lo de Anthony pero era el giro natural de la historia, yo no pude hacer mucho; sigan leyendo por favor, siempre puede suceder algo inesperado.

Maat sacmis: ¿Crees que sea buena idea que me de unos toques de tu fórmula secreta? ¿No está ya demasiado enredado todo? Ya sé que esperabas ver algo más entre Candy y Terry pero todo con calma. Y en cuanto a Anthony, creo que tienes más ganas todavía de golpearme.

Yessi Grandchester: Muchas gracias por releer la historia, yo también lo hago y a que es rico, ¿a poco no? Bueno, lo de la maleta ya se aclaró y seguro que te gustó. En cuanto a Anthony ¡ups! Creo que a partir de ahora recibiré muchas amenazas de muerte. Jejeje. Por cierto te sugiero que no bebas agua mientras leas el siguiente capítulo.

Roni de Andrew: Lamento la tardanza, espero que te hayan quedado un poco de uñas. ¿Ya ves? Tú te oponías rotundamente a la relación Anthony- Annie y mira. ¿Ves lo que provocas? Jejeje P.D. Ya tengo escrito lo de tu güerito, ahora si el próximo capítulo.

Betsy-pop: Que lindo es seguir recibiendo tus reviews. Lo de la borrachera de Anthony ya se aclaró un poco por lo que les narró a sus primos, pero al güerito como que le dan lagunas mentales cuando bebe, ¿recuerdas la vez que Terry le ayudó? Seguiré y seguiré y agradezco tu apoyo. Nos leemos.

Chibandrey: Si, tú eras de las que estaba de acuerdo con lo de Annie y la pobre terminó llorando. La cosa se pone buena así que no dejes de leer. Gracias porque me has dicho que no lo harás. Espero no defraudarte.

Myrslayer: ¿Qué puedo decirte? Esos dos buscan estar solos, pero puedes estar tranquila que aún no pasa nada. Me hiciste reír mucho con eso de la honra de Elisa. Jajaja. Yo entiendo que a veces andes corriendo, no te preocupes pero me encantaría que me siguieras acompañando aunque no siempre me escribas.

Yelibar: Haré lo que pueda por Anthony, pero mira que está metido en un buen lío. Deseo cumplido, por otra parte, Terry y Candy se van juntos. Gracias por estar conmigo vía internet, saludos.

Mildred: A mí también me gusta la pareja Annie –Anthony, creo que tienen mucho en común. Pero ya ves que Elisa se nos adelantó y ahora Anthony está con el agua al cuello. Terry, ya ves que finalmente pudo más su amor por la pecosa. Se lo prestamos un rato, porque en realidad es nuestro.

Pao -Hale 20: Bueno, no tuviste mucho éxito en eso de no sonar desesperada… Que alegría que te haya gustado tanto mi fic, los pasajes históricos y literarios a mí también me encantan; son dos de mis pasiones por eso no pierdo oportunidad de introducirlos, como ya te habrás dado cuenta.

Nallely -Uchiha : Pues si me tardé un poco porque he estado sumamente atareada pero de que sigo, sigo. Así que no te despegues. Muchos saludos desde México.

Lerinne: Amiga, eres vidente. Todo lo que me dijiste en tu review sucedió en este capítulo. Bueno, excepto que no se sabe si sucedió o no sucedió algo entre Anthony y Elisa. Para eso tendrán que seguir leyendo y sacar sus propias conclusiones. Gracias por seguirme.

Alsha: ¡Ahora si ya todas están a favor de Annie! Jajaja. Primero me decían que la mandara a otro continente y ahora les duele que sufra, ¿quién las entiende? No es cierto, niña, sé que esto fue inesperado para todas pero veremos que pasa. Gracias por tu review.

Anyablack: Siéntete cordialmente bienvenida, es un gusto tenerte por aquí. Si te aventaste un maratón de Nada más. Jajaja. Que bueno que te gustó y espero que este también te haya gustado. ¿Crees que alguna televisora se interese en mi guión? Jejeje.

Marrosydejose: Bienvenida seas tú también. Yo también era novata en esto hace poco tiempo y mírame ahora. Es un lindo escape, espero seguir contando con tu compañía.