Capítulo XXV
"Y así dos orillas, tu corazón y el mío, pues, aunque las separa la corriente de un río, por debajo del río se unen secretamente."-José Ángel Buesa.
Siempre que lo miraba sucedía la misma cosa, se perdía en su profundidad, en su belleza. Su pausado e hipnótico vaivén le hacían olvidarse de todo cuanto le rodeaba, cuanto le preocupaba. Nunca había pensado seriamente en ello, pero lo cierto era que se sentía profundamente atraído hacia él. Él que pensaba que era idéntico a su madre, que gustaba de la vida tranquila y hogareña, de cuidar su jardín y contemplar la vida pasar sin demasiadas complicaciones; pero quizás, después de todo, si había heredado algo de su padre. Seguramente él sentía una atracción similar hacia el mar, de otra forma no le habrá dedicado su vida, sacrificando incluso la proximidad con su familia.
Apenas despuntaba el alba cuando salió, ansioso por respirar. Sigilosamente, para no despertar a su esposa, se vistió con un atuendo sencillo y cómodo y salió a caminar sin rumbo para despejar sus pensamientos. La noche anterior había sido una más de cenas fastuosas y conversaciones fatuas, una de esas noches que tanto fascinaban a Elisa y que tanto comenzaban a fastidiarle a él. Elisa conversaba por horas con señoras que se pavoneaban por todos los alones de moda y se enorgullecían de su apariencia, abolengo y refinamiento. Ella, encantada, creía que era totalmente aceptada por lo más selecto de la sociedad francesa; pero Anthony había escuchado como a sus espaldas "la americana" era criticada severamente. Todo era hipocresía, lo asqueaba. Se pasó los dedos por el pelo y soltó un suspiro; él deseaba sinceramente mejorar la relación con su esposa, pero sencillamente su carácter caprichoso, su necesidad de atención, su charla, sus ademanes, sus prejuicios era algo que él no podía amar; se estaba cansando de esa vida.
Siguió con la mirada clavada en el azul que era más brillante conforme el sol aparecía y bañaba las aguas de lila y dorado que confortaban el más atribulado espíritu. Un único nombre venía a sus labios, un único beso saboreaba.
-Arrête de perdre le temps en contemplant la mer, elle n'apparaîtra pas magiquement. Ça serait mieux que tu travailles dans mon bateau, et de cette façon tu pourrais gagner un jour de salaire.-Un hombre enorme como una ballena se había parado a su lado sin él darse cuenta y le hablaba de lo más desenfadado.
-C'est à moi à qui vous parlez ? -preguntó Anthony extrañado.
-Je ne vois que vous en regardant la mer.-dijo el hombre mirando alrededor.
Anthony lo miró impresionado; era un hombre que parecía rudo, que seguramente había llevado una vida difícil en el mar y sin embargo, a pesar de que literalmente le ordenaba no lo hacía sentir molesto su tono.
-Alors oui,-contestó al fin el chico-je vais travailler avec vous.*
Aprendió cosas que jamás imagino aprender, hizo cosas que jamás imagino hacer. Al atardecer estaba agotado, sudoroso y hambriento y la sencilla comida que compartió con los marineros le pareció la mejor que había probado. Tenía ampollas en las manos y su piel se había tostado con el sol pero él se sentía feliz y satisfecho; como si ese día hubiese valido la pena despertar. Se llevó un buen discurso cuando regresó por el estado de sus ropas y por haber dejado plantada a su esposa para el almuerzo, pero no le importó en absoluto. Se metió en la tina y se relajó, se prometió que esa no sería la única vez.
Solo estaría un rato más en la terraza, mientras aún estuviera el sol resplandeciendo. Pero comenzaba a caer, su luz a languidecer, como sentía que su vida languidecía. Se sentía cansada ya, cansada de tantos años de vivir irreprochablemente. A veces creía que ya no tendría fuerzas para continuar y sobre todo porque las nuevas generaciones causaban muchos más problemas de los que ella nunca causó. Y sin embargo las inquietudes eran prácticamente las mismas, envueltas en novedad. La historia de Candice, por ejemplo, era antigua como la humanidad; una muchachita ilusa que pierde la cabeza por un hombre bien parecido y termina engañada por él.
Elroy movió la cabeza desaprobando. Aun así era inconcebible, después de todo lo que habían hecho por ella, así era como les pagaba; poniendo en peligro la reputación y buen nombre de toda la familia. De no ser porque William seguía exigiendo que se le protegiera y procurara como una Andrey ella no la hubiese aceptado de nuevo.
El mayordomo interrumpió su meditación, anunciándole la llegada del Duque de Grandchester que pedía una audiencia. La señora ordenó que se le hiciera pasar, irguió la cabeza y dejó de lado el cansancio para proseguir en la labor que le tocó desempeñar en la vida.
Después de hacer alarde de sus maneras exquisitas, el duque fue directo al punto.
-Me he enterado que la señorita Andrey ha vuelto.
Elroy se quedó callada un momento y el caballero pudo leer en su expresión, aunque ella se esforzara en ocultarla, la sorpresa.
-Desde luego yo he procurado mantenerme informado de este asunto por relacionarse con mi hijo. Pero puede estar segura que no es algo de dominio público. Este desafortunado episodio se ha llevado con la mayor discreción y así continuará.
Ambos guardaron silencio mientras la mucama servía el té al visitante, una vez que esta se retiró la mujer habló:
-Le agradezco su discreción duque de Grandchester. Efectivamente, Candice está de vuelta. Hace apenas unos días salió del hospital. Su hijo se la entregó a mi sobrino en un estado deplorable, al borde de la muerte; afortunadamente se le atendió rápidamente y pudo recuperarse.
El duque carraspeó un poco al escuchar el comentario respecto a su hijo. Tomó un sorbo de té, con toda calma y fijó sus azules y profundos ojos en su interlocutora, estudiándola.
-Me he enterado también que Candice no es una legítima Andrey, ¿es cierto eso?
Ahora fue el turno de Elroy para incomodarse, miró al duque y pensó su respuesta. Sabía perfectamente adonde pretendía llegar el duque; siendo Candice adoptada sería sencillo zafar a su hijo de la responsabilidad de hacerla una mujer honesta al casarse con ella. Su origen incierto era una excusa perfecta para repudiarla. Siendo ella misma tan quisquillosa en ese aspecto podía entenderlo completamente, pero en esta ocasión se trataba de su familia, de su apellido y no permitiría que ni el duque ni nadie se burlara de ella.
-Candice fue adoptada por el señor Andrey debido a todas sus cualidades, las que le convencieron de que ella sería una digna representante de la familia y heredera absoluta de su fortuna. Así que a pesar de no llevar sangre Andrey, Candice es considerada como una legítima Andrey y se le trata como tal, pues el mismo señor Andrey ha dado indicaciones específicas y ha hecho todos los trámites legales para que así sea; para que nadie la vea como una muchachita cualquiera, sino como lo que es, la heredera de la familia Andrey.
El duque alzó un poco las cejas, pareciera que no esperaba una defensa tan apasionada para una muchachita adoptada, y mucho menos de una mujer como Elroy. Efectivamente al duque no le había agradado el enterarse del origen de Candy y creía que podría buscar escapar del compromiso en el que se había metido su hijo. Pero dadas las circunstancias, no era buena idea ofender a un señor de la talla de William Andrey. Él estaba seguro que Candy era legalmente la hija y heredera del millonario, también sabía muy bien que la fortuna de los Andrey no era nada despreciable; que tenían acciones en prácticamente todos los bancos de América y que estaban incursionando en el negocio del petróleo, que les estaba reportando cuantiosas ganancias. A pesar de ser adoptada, un matrimonio con Candice no estaría mal y tenía el extra de ser la mujer a quien su hijo amaba, de eso no le cabía duda. Si él ayudaba a que ese matrimonio se efectuara, quizás su hijo le otorgaría su perdón finalmente.
-Desde luego, tiene toda la razón en expresarse así de Candice. Por eso le aseguro a usted, y a través de usted al señor Andrey, que mi hijo actuará como un caballero y resarcirá el honor de la señorita Andrey, tiene usted mi palabra. Ahora, ¿será pertinente si visito a Candice?
El atardecer se acercaba, el sol le calentaba a través de la ventana la piel de sus brazos. Esa hora del día parecía la más dolorosa; esa hora cuando ellos acostumbraban a regalarse su cercanía admirando el cielo, desde hacía años que lo tenía a su lado para ver la puesta del sol; pero ahora estaba sola, sentada en un mullido sillón del salón de té, con una manta cubriendo sus piernas, recordándolo...
-Así que tuviste la desfachatez de regresar, huérfana.-dijo Neal en su tono hostil de siempre en cuanto entró al salón.-¿Tan pronto se aburrió de ti Grandchester?
Candy giró lentamente su cabeza y lo miró. Sabía muy bien que debía soportar esta clase de comentarios. Ya había pasado por el tedioso e hiriente discurso de la tía Elroy, que de no ser porque George le dijo que las órdenes del tío William eran cuidar de ella, la hubiese echado sin ningún miramiento. Sabía también que no tenía otra opción, que su salud era delicada todavía y que debía corresponder a todos los cuidados que había recibido de sus queridos primos y no causarles más dificultades, pero lo extrañaba tanto... "¿Porqué no me llevaste contigo?"-pensó antes de abrir la boca para contestar.
-Créeme Neal, quisiera ayudarte. Debe ser terrible no disfrutar lo que tienes y lo que eres por vivir todo el tiempo resentido.-dijo suavemente.
El joven la miró desconcertado un momento; la recorrió entera con la mirada, buscando un indicio de burla de su parte pero no lo encontró.
-Lo que menos necesito es tu ayuda Candice.-repuso orgulloso y se dio la vuelta para abandonar la habitación; en la puerta se topó con una mucama, a la que hizo a un lado sin ninguna cortesía.
La mujer entraba a avisar a la señorita que tenía una visita. Candice se sonrojó cuando escuchó el nombre de su inesperado visitante y con un vuelco en el estómago le indicó que lo hiciera pasar de inmediato.
-Buenas tardes Candy.-el escuchar esa voz, tan parecida a la de Terry le dio escalofrío y las lágrimas amenazaban con salir a borbotones.-¡Dios mío! ¿Se encuentra usted mal?-se acercó al duque.
-Estoy bien, duque. Perdóneme.-se controló y lo invitó a sentarse frente a ella.
Lucía tan diferente a la última vez que la vio. Con esa mirada triste parecía tan frágil y delicada y entonces, solo entonces, esos ojos le recordaron otros de un pasado lejano y doloroso, unos ojos amados y anhelados que lo miraron con tristeza. Se le veía más delgada y ciertamente pálida, pero tuvo que admitir que era bella.
-Candy, me entristece enormemente saber que ha estado muy delicada de salud.
-Es cierto, pero ya estoy mucho mejor. Solo que los doctores dicen que tomará algún tiempo para que recuperé mis fuerzas y mi peso.-y por primera vez apareció la sonrisa que el duque recordaba tan bien, la que seguramente había tenido mucho que ver para que su hijo se enamorara como lo hizo.
-Me alegra oír eso. He hablado con su tía.-dijo y esto alertó a Candy-Le he dado mi palabra de honor de que Terrence cumplirá con su deber de caballero con usted, no tardaré en encontrarlo y cuando lo haga tendrá que volver para casarse.
-¡No!
-¿No? Pensé que usted lo desearía...
-Si, claro que lo deseo. Pero no quiero que lo haga volver, por favor duque.
-¿Pero porqué no? No lo entiendo. Él actuó de la manera más irresponsable al alejarla de su familia, el resultado, por desgracia, fue que usted enfermara y ; Dios como me avergüenza esto, pero entonces el la abandonó.
-Él no me abandonó. Él solo buscó desesperadamente que yo recobrara la salud pero se dio cuenta que no tenía la capacidad de brindarme los cuidados que requería por eso me dejó con mi primo, pidiéndole que cuidara de mi. ¿No lo entiende? Él se sacrificó por mi. Por que el separarnos no es otra cosa que un sacrificio.-le dijo con la voz quebrada.
-Bien. De cualquier modo él tiene obligaciones que cumplir, con usted y conmigo.
-Pero es que Terry no tiene un "deber" conmigo.-respondió sonrojada.
-Por favor Candy. No quiero avergonzarla de ninguna forma, pero él si tiene un deber. No permitiré que ponga en mal el apellido Grandchester, que el señor Andrey jamás diga que mi hijo no es un caballero honorable.
-Oh, no lo hará. Por que estoy segura que Terry volverá por mi. Solo le pido que le de tiempo.
-¿Pero tiempo para qué?
-Él necesita encontrar su lugar, necesita demostrarse a sí mismo que es capaz de salir adelante por sus propios medios, eso es lo que está haciendo ahora. Y también necesita que usted se sienta satisfecho de él por lo que es. Se lo ruego duque de Grandchester-le dijo con las mejillas mojadas de lágrimas mientras inesperadamente se hincó a sus pies-Déle un voto de confianza, lo necesita. Por favor, no lo haga volver.
El duque se apresuró a intentar incorporarla, pero la joven estaba aferrada a su piernas llorando a lágrima viva. Al verla así supo que no solo había sido su sonrisa la que enamoró a su hijo.
¿Un voto de confianza? ¿Será lo que se necesitaba para recuperar la relación con su hijo? Tendría que hacer a un lado sus más arraigadas ideas, su percepción de la vida, o al menos no esperar que su primogénito guardase los mismos ideales que él. ¿Encontrar su lugar? La sola mención le parecía de lo más risible. Para Richard Grandchester, su hijo tenía su lugar en el mundo desde el día que nació, como había sucedido con él mismo. Nacer como el primer varón de la casa de Grandchester le daba un lugar, una responsabilidad, un destino. ¿Porqué Terrence no podía sentirse satisfecho con eso?
A su memoria vinieron imágenes de un pequeño Terry en su lección de violín. El niño había tocado con esmero la pieza indicada por el profesor, pero el resultado había sido más bien desagradable. Sin embargo el duque estaba presente y seguramente por respeto a él, el profesor alabó a Terry. Él lo miró fijamente desde su pequeña estatura, con una decisión inusual en un niño de su edad y le dijo:
-Soy un niño señor Pazzi, no un tonto o un sordo. ¡Toqué horrible!
El duque rió ante el comentario de su hijo, le complació enormemente ver que no tenía miedo ni vergüenza ante nadie. Siempre fue así, y por esto el duque estaba convencido de que Terrence sería un sucesor estupendo. sin embargo él nunca mostró mucho interés en estas tareas.
-¿Estudio violín porque a eso me dedicaré?-le preguntó una tarde a su padre.
-Desde luego que no. Estudias violín para aumentar tus habilidades y cultura. Pero tú te dedicarás a lo que yo hago ahora, tú serás un duque y ayudarás a Su Majestad a dirigir el país.-contestó el duque al pequeño de grandes ojos que siempre veía con curiosidad todo, incluido a su padre.
Terry hizo una mueca y ahora su mirada parecía incrédula.
-Yo no quiero ayudar a dirigir el país, en ese caso prefiero dedicarme a tocar el violín.
El duque nunca supo si esa conversación tuvo algo que ver, pero Terry demostró mucho empeño en sus lecciones, practicaba por horas hasta que finalmente logró interpretar complicadas piezas con una calidad bastante elogiable.
Quizás enternecido por estos recuerdos, quizás enternecido por la muchachita que lloraba a sus pies, el duque tomó una decisión que nunca hubiese creído posible tomar.
-Así que esta vez usted se sacrifica por él...-la rubia levantó la cabeza sin responder-Usted misma lo dijo; que estar separados es un sacrificio.
-Si, pero así debe ser por ahora.
-¿Lo quieres mucho verdad pequeña?- ella asintió- Está bien Candy, no lo obligaré a volver, pero levántese por favor.
-¿De verdad? Gracias, muchas gracias.-le dijo besando su mejilla-No se preocupe por nada, yo le explicaré todo al tío William.
Albert corría tan rápido como podía y sin embargo creía que no avanzaba, era como en aquellos sueños en los que solo sabes que debes correr con todas tus fuerzas, pero por más que lo intentas no puedes mover los pies. El corredor parecía eterno y la habitación a la que se dirigía, inalcanzable. Solo al verla, sus esperanzas cayeron por los suelos, indudablemente estaba infectada. Pero él se negaba a admitirlo, se repetía una y otra vez que sería una leve infección estomacal, solo eso. Cuando el vómito y la imparable diarrea, no dejaron lugar a dudas, entonces se aferró a la idea de que los medicamentos y cuidados que le estaba proporcionando la curarían, que estaba empeorando antes de comenzar a mejorar. Era posible, tenía que ser así.
Fue una noche larga como ninguna otra. Solos los dos. A él no le importó exponerse, había cuidado antes de tantas personas con cólera, que nadie le quitaría el derecho de hacerlo con su esposa. Los pájaros nocturnos cantaban, el viento susurraba y él oraba.
-No sufras amor,-le dijo Latika con una voz débil-así tiene que ser. Tú tienes que seguir viviendo. Prométeme que buscarás la felicidad, prométemelo.
-Te lo prometo. Pero quédate conmigo.-respondió él aferrado a su mano como un náufrago a la única tabla que lo mantiene a flote.
-Gracias por todo. Nos volveremos a encontrar.-fue lo último que la escuchó decir.
Latika no pensaba más en ella, ni siquiera en la sospecha que abrigaba en su vientre. Se congratuló por no haberlo dicho, pues sabía que en ese caso el dolor agobiaría a su esposo. Ella ya no sentía dolor. No sentía frío, ni calor, ni angustia, ni tristeza. Cerró los ojos y se dejó llevar como un pétalo por la suave brisa.
Frente al río donde la conoció gritó, renegó, maldijo y lloró como nunca lo había hecho. No podía concebir que la que cambió su vida se escapara de sus manos convertida en un fino polvo. La última muerte que causó aquella epidemia de cólera fue una mujer de apenas veinte años; para las autoridades era solo un número más, pero para Albert Andrey, era su vida.
Londres, a 6 de marzo de 1914.
Estimado William A. A.:
No hemos tenido noticias suyas últimamente y esto nos tiene muy preocupados a su tía y a mi. Espero que se deba al largo camino que debe recorrer el correo y que usted siga tan bien como me lo hacía saber en su última carta.
Me causa una profunda consternación tener que informarle algunos hechos que han tenido lugar, que sin duda lo entristecerán más de lo que han hecho conmigo. Mientras yo me encontraba en América atendiendo los negocios familiares que usted ha tenido a bien encomendarme las vidas de sus sobrinos y de la señorita Candy, han sufrido cambios bastante serios. Su sobrino Anthony ha contraído matrimonio con la señorita Legan y ahora se encuentran de viaje por Europa. El enlace fue arreglado por la señora Elroy y los Legan, pero me he enterado que el señor Brown estuvo aquí y dio su aprobación para la boda de su hijo.
Mientras tanto, la señorita Candy desaparecía con el joven Grandchester. Me enteré por el joven Alistear que el motivo de esta huida fue un supuesto compromiso que planeaba la señora Elroy entre la señorita Candice y el joven Anthony, desde luego antes que se comprometiera intempestivamente con la señorita Legan. Hace unos días recibimos una nota del joven Grandchester pidiéndonos que nos dirigiéramos inmediatamente adonde él se encontraba con la señorita Candy. El motivo era que la señorita se encontraba muy enferma, se le trasladó rápidamente al hospital donde se le atendió y afortunadamente pudo recuperarse totalmente de su neumonía. Ahora se encuentra descansando en la casa de Londres, me he atrevido a decir a su tía que eran órdenes suyas cuidar de ella, porque estoy seguro que ese será su deseo.
Lamento mucho no haber podido hacer nada por evitar este desastre y lamento también informarle hasta ahora. Sé que no es justificación, pero yo apenas me enteré a mi llegada a Londres.
Me despido de usted, quedando a sus órdenes.
Sinceramente,
George Johnson.
REFERENCIAS:
*Traducción de la conversación:
-Deja de perder el tiempo contemplando el mar. Ella no aparecerá mágicamente. Mejor trabaja en mi barco y gánate un día de salario.-
-¿Me habla a mí?
-No veo a nadie más contemplando el mar.
-Si, trabajaré con usted.
NOTAS:
Esta historia me ha traído muchas satisfacciones, entre ellas, y de las más importantes es conocer chicas tan amigables, con un corazón tan grande como para compartirlo con una desconocida que irrumpe en su casa o trabajo, que pretende robar un pedacito no solo de su tiempo, sino de sus pensamientos, de sus sueños e ilusiones; de esas que perduran con los años, de las que no nos abandonan al crecer y que hacen la vida digna de vivirse.
Lamento mucho la demora, la angustia a la que las someto. Créanme que no me deleito en torturarlas, mi carga de trabajo se ha incrementado y tengo menos tiempo, pero de que acabo Nada más, la acabo. ¡Faltaba más! De hecho, estoy pensando en responder a sus comentarios vía PM, porque hemos llegado a un punto en el que me tardo horas escribiendo las notas. ¿Ustedes qué opinan? Me resisto porque las tengo acostumbradas a los comentarios finales y porque algunas solo me ponen el nombre y no hay manera de enviarles un mensaje. Pongámoslo a votación, ¿les parece? Mientras tanto, continuemos como siempre.
Syndy: Dicen que las cosas que más importan son las que más cuestan. Así es el amor, no es algo sencillo de conservar, pero cuando se encuentra uno verdadero, vale la pena luchar hasta las últimas consecuencias.
Lady: Pues, ya ves que no está disfrutando mucho sin su Terry, pero esperemos que al menos no se meta en problemas. Aunque conociéndola...
Coral: Gracias por tu apoyo, si que se necesitan las porras. ¿Casi lloras? Mmmm Lástima, no te hice llorar. Jajajaja. Saluditos.
Mildred: Querida mía, lamento ser la causante de tu tristeza. Pero por otro lado, me halaga, porque sé que no eres de las que se ponen sentimental por cualquier cosa; así que creo que entonces puedo decir de el capítulo anterior: "misión cumplida", refeljaste lo que querías Nashtinka. Un abrazote. ¡Ah! Y que gusto que te haya agradado el poema, qunque te pusiera como violín.
Shane83: Ciao bella! Grazie per leggere. El dolor es inevitable en esta vida, pero ya verás que este fic no te dejará llorando. Mi piace molto scrivere questo fic e conoscere ragazze come tu. A proposito, di dove sei? Raccontami di la tua città. Arrivederci.
Mimicat: Me sonrojas. Aunque desde luego, agradezco mucho tus comentarios y me satisface que te guste tanto lo que hago. Despertar emociones, esa es la finalidad cuando se escribe, llevar de la mano al lector a otro mundo, al que tú creaste para compartirlo con él o ella. La separación de estos dos enamorados era inevitable, pero que bueno que aun eso te gustó. Un abrazo.
Yelibar: Supongo que ya te habrás dado cuenta que me gusta mucho escribir cartas y diarios, porque son tan personales, que en ellos podemos conocer a los personajes de una forma que en ningún otro medio lo haríamos. Que bueno que te gustó la carta de Terry, seguimos leyéndonos.
Karelem: De verdad que yo sufro con él, creo que por eso no quise describir su viaje solitario; no me gusta verlo triste. Pero esta será una buena oportunidad para que él aparezca como lo que es: un hombre capaz de valerse por si mismo.
Roni de Andrew: Nada de consolar a mi Territo que para eso me tiene a mi. ¿Por qué crees que no apareció en este capítulo? Porque lo tengo bien arropadito entre mis cariñitos, consentido para que se le pase la tristeza. Mejor tú corre a consolar a tu Albert, que el pobre se nos va a deprimir. ¡Corre o te lo ganan! Run, Roni, run!
Naeliz d Grandchester: Una cosa si te digo; mi bombón no se queda con la Gusana. He dicho. Gracias por tus comentarios.
Karencita Bombom: Me alegra mucho poder hacerte pasar un rato agradable. Al menos sirvo para que te despejes un rato, yo también lo hago en ocasiones, me desconecto para después pensar con más claridad en las posibles soluciones a los problemas que me aquejan. Espero que tus dificultades, sean las que sean, tengan una solución que te complazca; que pasen pronto y que tú encuentres las fuerzas para soportarlas. Un saludo.
Valerys: No hay ningún problema por la tardanza, lo importante es que no me dejaste sin tu comentario. Ya supiste que está sucediendo con Anthony, ¿qué opinas? Y en cuanto a Susana, si, quizás será divertido ver como Terry la rechaza. Jejejeje. Estaré esperando tu review.
Marie Grandchester Andrew: Pero claro que somos amigas. Nos une este lazo especial que es nuestra fascinación por Candy Candy, y especialmente por Terry hermoso. Así que de que tenemos cosas en común, las tenemos. Las interrogantes no te las puedo responder ahora, déjame sorprenderte; pero espero que tengas la paciencia para leer toda la historia y descubrirlo.
Myrslayer: ¡Hola niña! ¿De plano te hice llorar a mares? Cuanto lo siento, pero sinceramente, esa era la intención. Jajajaja La verdad yo no lloro con cualquier cosa pero de repente lloro con lo que menos te imaginas, hace unos días lloré como Magdalena viendo un documental. Así que creo que está bien sacar las lágrimas de vez en cuando. Un saludo hasta la bella Lima.
Lerinne: Querida amiga, hemos llegado a la parte triste, tenía que ser. Al final de esta historia, espero haber podido ser capaz de hacerlas reír, ilusionarse, enamorarse, preocuparse, llorar y suspirar. Ya me platicarás si lo logro contigo. Saludos.
Candida Grandchester: Gracias a ti por seguir pendiente de esta historia por la que siento un cariño tan especial. Ya verás que no sufrirán indefinidamente esos dos enamorados. Nos leemos en el siguiente.
Jazmine21: Gracias por darte el tiempo para leer y dejarme un comentario. La inspiración fluirá y si en un momento se atasca, buscaré reavivarla con un bellísimo inglés de ojos azules. Tú no te preocupes. Saludos.
Alsha: ¿Terry Jasón? Bueno, podría ser por el espíritu aventurero, jajaja. Le he dado tu mensaje a Candy, ahorita está a base de té de tila para que no se nos ponga como loquita sin su Terry, esperemos que podamos mantenerla así. Del tránsito ni me hables; entre temporada navideña, segundo piso del periférico, manifestaciones y demás cosas que se les puedan ocurrir, esta ciudad esta cada vez más caótica. Bueno, mejor ya ni me quejo. Nos leemos.
Jazmine: Aquí estoy de regreso. Espero haber cumplido con tus expectativas, hice lo mejor que pude, ójala sea suficiente y que te siga gustando mi historia como hasta ahora. Eso es, imagina lo que lees, vívelo que para eso está.
Isa: Voy a paso lento, pero aquí me tendrán hasta acabarla. Nos leemos pronto, bueno, más o menos pronto.
Gracias de todo corazón por leer, por soñar conmigo. Que la pasen muy bien y que no les de mucho frío.
Hasta luego,
Nashtinka
