Capítulo XXVI


Las olas chocaban contra el barco produciendo un ruido único, que a él le parecía agradable, tranquilizante. Así que no fue eso lo que lo despertó, ni el vaivén de la embarcación, al que ya estaba acostumbrado. Fue más bien una sensación de excitación, una emoción que no podía contener más, fue el ansia de llegar y comenzar de una vez con su planes. Salió a la cubierta y vio las luces del puerto a lo lejos; no se había equivocado, estaban por llegar. Las estrellas aun brillaban en el firmamento y la luna se escondía tímida. La miró y sin poder ni querer evitarlo, pensó en ella. Llevó su mano derecha al bolsillo de su abrigo, donde tenía los papeles a nombre de el señor y la señora Doyle, con los que hubiera viajado ella a su lado.

-Hemos llegado pecosa.-le dijo a su recuerdo.-Comienza la odisea que me llevará de regreso a ti.

La dama de cobre le daba la bienvenida, como ya lo había hecho antes. Irremediablemente recordó aquel viaje, que en un principio resultó tan decepcionante, pero que le reservaba una sorpresa que cambiaría su vida. Aquel viaje donde la encontró. Sonrió sin percatarse, recordando su primer encuentro. Alzó su vista nuevamente hacia "La libertad iluminando el mundo"* y se tocó la boina en gesto de saludo.

-Espero que esta vez tus tierras sean más amables conmigo.

Aduanas, bullicio, y la búsqueda de un lugar donde dormir. En eso se fue el primer día. Pero al segundo, sin darse tiempo para descansar del viaje, comenzaron las visitas a teatros. Recorrió todo Broadway sin ningún resultado satisfactorio. Pero se necesitaba más que eso para desanimarlo. Volvió una y otra vez, sobre todo al teatro que era su objetivo principal; el de la compañía Stratford.

-Buen día joven.-saludó el guardia que a fuerza de verlo le hablaba con familiaridad.

-Buen día Samuel. ¿Hoy si se encuentra el señor Hathaway?-respondió Terry.

-Si, me dijo que hoy si lo atendería. ¿Sabe qué? ¿Porqué no pasa de una vez? Su oficina está al final del pasillo de los camerinos.

No le fue difícil encontrar los camerinos, después de todo no era la primera vez que caminaba por los recónditos pasillos de un teatro. El ensayo ya había terminado y los actores se encaminaban a la salida, en dirección opuesta a Terrence. El pasillo de los camerinos estaba casi vacío, a excepción de un joven que parecía esperar a alguien. Terry pasó junto a él sin verlo si quiera, aunque sintió como él lo escudriñaba con la mirada. No había avanzado ni dos metros cuando de golpe se abrió una puerta y salió apresuradamente una joven rubia que chocó directamente con el pecho de Terry.

-¡Oh, lo siento! Fue mi culpa.-dijo sonrojada la joven, el sonrojo fue más intenso cuando levantó la mirada y se encontró con el rostro de Terrence.

Èl pudo percibir claramente como se había puesto nerviosa al verlo. Lo único que hizo fue tomarla del brazo y alejarla amablemente.

-No se preocupe. Con su permiso.-siguió su camino y escuchó a sus espaldas que el joven llamaba a la rubia.

-Susana, ¿nos vamos ya?

La entrevista con el señor Hathaway resultó bastante fructífera. Quizás no logró un papel, pero si le abrió la oportunidad a hacerlo más adelante. La compañía estaba por terminar la temporada de "El Rey Lear" y por el momento no había audiciones aun para la próxima puesta en escena.

-Quiero trabajar en su compañía.-dijo Terry sentado frente al señor de unos cuarenta años, con aspecto agradable y sencillo, que sin embargo, era toda una leyenda en el mundo del teatro.

-¿Y qué te gustaría hacer?-le contestó prendiendo un puro.

-Actuar.

Al hombre le sorprendió la seguridad que mostraba ese joven. No parecía que llegara a los veinte y ya hablaba como un hombre, con propiedad y decisión. Su mirada no se intimidaba por más que le escudriñaba y su voz no vacilaba ni un momento.

-¡Nada menos que actuar! Y dime, ¿tienes alguna experiencia?

-En Londres actué pero no era una compañía famosa como la suya. Fui Petruccio, de "La fierecilla domada". Déjeme demostrarle lo que sé hacer.-le dijo antes que él respondiera.

Recitó el monólogo de Romeo, cuando iba en camino a encontrar su destino, a conocer a su Julieta en la fiesta. Robert Hathaway se consideraba un hombre razonable, pero en lo que a su trabajo se refería era siempre bastante exigente, buscaba alcanzar lo más cercano a la perfección. Cuando le permitió al joven frente a él demostrarle que sabía actuar, nunca se imaginó lo que presenciaría. Esperaba que fuera uno de tantos jovencitos ansiosos de fama que no tenían un verdadero talento, pero en vez de eso observó la naturalidad con la que Terry impregnaba cada palabra del más auténtico sentimiento; su desenvoltura, su postura, su tono, todo él en conjunto le hicieron convencerse que no debía dejar ir a ese joven.

-Esto te puedo decir: tienes potencial. Lamentablemente por el momento no hay audiciones, pero acabo de quedarme sin el suplente del rey de Francia en la obra que está por acabar. ¿Te interesa? Quizás no tengas oportunidad de actuar ante el público, pero podrás estar en todos los ensayos y algo aprenderás. En este mundo Terrence, tendrás que comenzar desde abajo.

-Está bien, gracias señor Hathaway.

Esa noche podía dormir con el pecho lleno de esperanza y satisfacción, sabiendo que había dado el primer paso para llegar a su meta. Sabía que el camino sería largo y penoso, pero estaba resuelto a transitarlo. Encontró un modesto apartamento cuyo alquiler podía pagar; lo encontraba, sin embargo, tan frío y sombrío comparado con el que compartía con Candy en Londres. Se resignó a que así sería, sencillamente porque lo que le faltaba a ese lugar era la presencia de su pecosa.

-Buenas noches Candy.-musitó antes de quedarse dormido.


Anthony trabajó en el barco del señor Dumas tantas jornadas como pudo y a punto estuvo de embarcarse junto a la tripulación del Pequod en uno de sus viajes a las exóticas tierras sudamericanas; pero su conciencia no le permitió abandonar a su esposa en un país extraño y sospechando estar embarazada. Sin embargo decidió que era hora de regresar a casa , para la tía Elroy debía de ser suficiente el tiempo que pasaron de viaje, pues según sus propias palabras "nada como un viaje de bodas largo para que la gente perdiera la cuenta de los meses en caso de un embarazo previo al matrimonio".

Tomaron el barco en Marsella y Elisa dijo sentirse mal el primer día de viaje, sin embargo milagrosamente se sintió bien cuando Anthony le informó de la cena a la que habían sido invitados con el capitán. El mareo desapareció y Anthony la observaba pavonearse por todo el salón riendo y conversando, presentándose como lady Brown. Pareciera que lo que más le gustaba de estar casada era la condición social que esto le otorgaba, ya no se comportaba como cuando soltera; ahora se movía con más cadencia, se vestía más llamativo, en una palabra parecía más desenvuelta y coqueta, aunque con la altivez y elegancia que siempre había tenido.

Había ocasiones en las que Anthony lograba divertirse en aquellas fiestas, como esa noche. Conversó con un señor ya entrado en años que al igual que él, estaba solo en la barra. El señor Melville, según había dicho, nació en un pueblito de la campiña inglesa siendo hijo de un modesto comerciante de telas. Cuando el joven Ismael creció demostró ser muy hábil negociante, trabajó duro e hizo crecer el negocio familiar, tanto que pronto tuvo un gran almacén y una creciente fortuna. Cuando tuvo lo suficiente resultó ser un buen partido para la hija de una familia burguesa venida a menos.

-Ella era la criatura más hermosa que hubiera visto.-decía el anciano con la mirada perdida en sus recuerdos.

Ella no lo amaba, se casó con él por orden de sus padres, como era costumbre. Con todo, compartieron 47 años de vida matrimonial en la que no pocas veces desearon que el otro no estuviera, sin embargo otras veces, la mayoría, ya no podían concebir su vida sin su cónyuge.

-Amelia tenía el par de manitas más torpes que puedas imaginarte y preparaba el peor té que he probado. -le dijo divertido-Sin embargo, ahora daría lo que fuera por probar nuevamente su té y gustoso le diría que sabe delicioso.

Anthony sonrió al escuchar ese relato y se conmovió al encontrar brillando en los cansados ojos de Ismael la inconfundible llama del amor. Miró a su esposa a lo lejos; se le veía muy atractiva en ese vestido claro, ceñido a su pequeña cintura. Sonrío levemente al recordar como la había llamado su primo Archie, -"Bueno, sin duda tiene al demonio en las caderas."-pensó mirando como se contoneaba al caminar. Se preguntó si algun día llegaría a expresarse sobre ella como el señor frente a él lo hacía de su difunta esposa. No era que no le pareciera atractiva, incluso sentía cariño por ella; después de todo la conocía desde que podía recordar, habían sido compañeros de juego tantas veces. Recordaba muy bien como corría a sus brazos aquella pequeña pelirroja cuando sus primos y hasta su hermano la molestaban. Y no porque ella misma no pudiera defenderse, pues Anhony pudo comprobar muchas veces como se bastaba ella sola; corría con él porque le gustaba sentir que la apoyaba; por eso siempre fue su preferido, porque Anthony siempre la trató bien. Nunca imaginó que ese trato provocaría el amor que Elisa desarrolló hacia él y todo lo que esta desencadenaría. ¿Seía que tenía que conformarse a vivir sintiendo solo cariño por su esposa?


El Ganges, que se la había regalado, era el mismo que ahora se la llevaba. Atrás quedaban los días luminosos y dichosos en los que compartieron los paseos por la tarde, en los que disfrutaba viéndola comer, en los que la cobijaba entre sus brazos por la noche. Atrás sus ilusiones y sueños de envejecer a su lado, después de haber criado una familia con ella. Aquella pequeña de cabellos negros, negrísimos, iguales a los de su madre, que había visto en sus fantasías, nunca llegaría a existir.

Contrario a todas sus costumbres, Albert se había encerrado en si mismo, se había aislado de el mundo. Enclaustrado en su cuarto, entre las cosas de Latika, lloraba a veces audible y a veces en silencio. Nada le satisfacía, nada le motivaba; todo lo que alguna vez fue su aliciente y razón de vivir había quedado olvidado y enterrado debajo de ese profundo dolor que ahora le embargaba.

El padre de Latika, Dhruv, le había dado tiempo para que desahogara su amargura. Indicando a su nieto que le llevara sus alimentos todos los días, sin importar que todos los días regesaran casi intactos. Suponía que Albert necesitaba tiempo y soledad para lamer sus heridas hasta que curaran. Pero el tiempo pasaba y Albert seguía sumido en la misma soledad y silencio, de tal forma que el buen hombre y su entera familia se preocuparon porque nunca lograra salir de ahí. Así que un día Drhuv se presentó en la habitación donde desde hacía más de un mes se encontraba confinado por voluntad propia su yerno. Entró sin tocar y recorrió las cortinas abriendo también la ventana para que entrara aire y luz. Albert cerró los ojos y se cubrió con uno de los saris de Latika que tenía entre sus brazos siempre, aquel hermoso sari rojo con el que contrajó matrimonio.

-Albert, hijo, ya has sufrido demasiado. No es bueno para tu espíritu sufrir así. Levántate, tienes que salir de aquí.-le dijo con cariño sentándose frente a él.

-Déjeme papá. No tengo a que salir. Déjeme aquí donde están sus cosas, donde aun huele a ella.

-No Albert. Ya no te voy a dejar aquí solo, ya la lloraste todo lo que tenías que llorarle. Escúchame. Yo te agradezco con todo mi corazón que hayas amado tanto a mi hija, que le hayas dado tanta felicidad como lo hiciste, pero no puedo permitir que por ese amor te hundas como lo estás haciendo. Quizás vuelvas a encontrarte con Latika y entonces, ¿crees que le gustará verte en ese estado? ¿Ver que toda esa energía y alegría que tenías murió junto con ella?

-¡Ay, Dhruv! A veces quisiera tanto creer lo mismo que ustedes...

-No es importante lo que creas; tengas la fe que tengas no puedes dejarte morir porque uno al que amaste ya no está. Tú todavía tienes vida en este cuerpo y es tu deber aprovecharla. La vida siempre va a arrebatarte algo de lo que amas pero tú no puedes dejarte vencer por eso. Porque alguien, un ser superior, le llames como le llames, te dió el don de la vida para que la usaras de la mejor manera. Además ya no debes sufrir por Latika, ella no sufre más. Mi querida hija fue tan buena que estoy seguro que en la próxima vida estará muy bien.

Albert miró lo convencido que Dhurv estaba al decir esto, incluso lo orgulloso que se le veía al hablar de su hija. Él no había sido criado con las mismas creencias pero por un momento quiso creer que podría ser. Que a su Latika le aguardaba una vida mejor y que algún día volvería a ver esos ojos hechizeros, aunque ya no pudieran ser suyos.

-Tiene razón papá. No puedo quedarme así todo el tiempo. Debo seguir viviendo aunque tenga un vacío en el corazón.

-Querido niño, ese vacío te acompañará por el resto de tu vida; así que más te vale aprender a vivir con él. Anda, ahora come esto y lee tu correspondencia de una buena vez.-dijo retomando su usual tono refunfuñon que a Albert hacía sonreír, pues sabía muy bien que la mayoría de las ocasiones era fingido.

Comió con apetito todo lo que Akilesh, como cada día había llevado para él y leyó por fin a correspondencia apilada a la que no le había prestado el mayor interés en todos esos días. Se enteró de las situaciones de los negocios familiares, de las medidas que se estaban tomando por la situación política y de los asuntos de su familia. Se decidió a que era tiempo de regresar.


El encuentro con Anthony no pudo ser más incómodo. A pesar de estar ya enterada, por boca de sus primos, de su matrimonio y las circunstancias que llevaron a el, verlo llegar con Elisa del brazo le dejó una desagradable sensación. Era como esas pinturas en las que sientes que algo no está bien, que algo está fuera de lugar y en vez de disfrutar la experiencia estética volteas la mirada procurando olvidar esa imagen. Nunca deseo eso para su querido primo, él no la amaba, lo sabía. ¿Qué había sucedido? ¿Cómo es que sus vidas se habían complicado tanto?

-Ah, ya estás de vuelta.-la saludó Elisa sin soltar el brazo de Anthony.

Él se zafó del agarre de su mujer y corrió a dar un abarazo a su prima mientras Elisa no lo perdía de vista. Elisa, creyendo que Anthony aun guardaba algún sentimiento romántico hacia Candy, sentía la sangre hervir al ver a su marido abrazado a aquella chica que, según su punto de vista, solo había llegado a sus vidas para traer cosas desagradables y para intentar robarle lo que le correspondía por derecho: el amor de Anthony.

-¡Candy! ¡Que alegría verte!

-A mí tambien me da mucho gusto ver que han vuelto.-contestó viendo por encima del hombro del joven a la pelirroja.

Una vez solos, los jóvenes Cornwell explicaron a Anthony las circunstancias del regreso de Candy pidiéndole prudencia pues la habían visto melancólica y triste y temían aun por su salud.

-No mencionaré nada. No quiero mortificarla más de lo que seguramente está. Candy siempre será nuestra prima y pase lo que pase nosotros tres juramos protegerla. Pero sinceramente me sorprende que Terrence se haya ido, yo llegué a creerlo sincero. Y además no entiendo como un joven de buena familia se niegue a cumplir con su deber de caballero con una señorita como Candy; yo lo hice con Elisa a pesar de que no siento amor por ella, él con más razón debió hacerlo por todo ese amor que decía tener por Candy.-dijo manoteando un poco mientras caminaba por el salón.

-Yo todavía tengo confianza en él Anthony. Debiste haber visto lo preocupado que lucía cuando me pidió que llevara a Candy al hospital, era otro te lo aseguro. Apenas si pude reconocer a aquel chico arrogante que golpeó a Archie; ese día ni siquiera intentó responder mi agresión.

-¡Ay hermano! Tú nunca cambiarás. Confías demasiado en las personas, siempre les imputas buenos motivos...-dijo Archie desde su sillón.

-Pues prefiero pecar de confiado. Muchos de nosotros solo necesitamos un poco de confianza y de tiempo para recomponer nuestro camino.-contestó Stear acomodando sus gafas sobre su nariz.

Anthony parecía más calmado, mientras sus primos hablaban el pensaba en lo que Terry le había dicho a Stear, que debía encontrar su lugar...¿Cuál sería su propio lugar en este mundo? Estos últimos días, gracias a sus días de trabajo en el Pequod, comenzaba a tener más claro en su cabeza cual sería ese lugar. Pero ahora tenía que pensar, ¿qué esaba dispuesto a sacrificar por él?


Diario de Candice W. Andrey 30 mayo 1914

La vida ha vuelto a ser gris y sin sentido. Estudio con el profesor particular que viene cada día,;cuando la tía está de humor tomo el té con ella mientras tengo que escuchar unade sus lecciones sobre como ser una dama respetable. Desde luego no pierde oportunidad para reclamarme por mi ligereza imperdonable de haber huido con Terry y decirme de lo avergonzada y arrepentida que debería sentirme. Si supiera que esos meses a su lado han sido de los más hermosos que he vivido. ¿Cómo podría arrepentirme de algo así?

Por otro lado he escuchado que la tía está inquieta, es debido a todos los rumores que se escuchan entre los que gustan de hablar de política. La paz está sobre hielo muy fino y en cualquier momento puede quebrarse. Si es así, volveremos a América. Desde luego no deseo una guerra donde tanta gente muere sin sentido, pero me encantaría volver a América. Así, cerca de él, no me sentiría tan triste.

Ahora voy a procurar dormir, y segura estoy que como cada noche soñaré con él, con aquelos días felices en los que estaba a su lado. ¡Dios mío! Haz que pase pronto el tiempo, que vuelva a mi. Buenas noches Terry.


REFERENCIAS:

* Mejor conocida como la Estatua de la Libertad, en la isla de la Libertad, al sur de Manhattan. Inaugurada el 28 de octubre de 1886.

NOTAS:

Me apuré todo lo que pude, de verdad. Bueno, según yo esta vez me tardé menos. Que bueno que siguen conmigo, su presencia en mi vida ha venido a cambiarla por completo, para bien. Espero que se encuentren muy bien, que el frío no las esté tratando tan mal. Aquí en mi tierrita ha estado frío y lluvioso; no me quejo, me gusta el frío, pero la lluvia puede impedirte hacer algunas cosas. Ni hablar, así es esto de las ondas gélidas. Gracias miles por su tiempo y por sus reviews. Y por petición de mi amiga Roni, aquí están los comentarios: (la verdad a mí también me encanta escribirlos, aunque me tarde un poco más en subir el capítulo)

Estrella: Yo, al igual que Albert, lloré la muerte de Latika. Era una linda mujercita pero mi cabeza malévola ya la había matado desde que la creó. Anthony si que está pensando en la vida en el mar, pero todavía falta que se decida. Saludos.

Roni de Andrew: ¿Verdad que si estaría bien de marinero? Se vería muy guapo y como dices, lo lleva en la sangre. El Duque de Grandchester creo que es uno de esos personajes juzgados muy duramente, hay que comprender su procedencia, su educación; pero con todo y esto en la historia original si le da libertad a Terry. Porque mira que con la mano en la cintura pudo haberlo hecho regresar a Inglaterra aunque sea a rastras. Y tu güero, ya ves que triste está el pobre; ponte lista Roni que es tu oportunidad.

Syndy: Yo también pienso que son el uno para el otro. Para serte sincera, de niña no vi la serie completa y siempre creí que ellos dos habían terminado juntos, porque se complementaban tan bien...No fue sino hasta variosaños después que me enteré de la cruel verdad, pero al menos en mi cabeza, eso cambiará.

Marie Grandchester Andrew: Ahí estuvo Terry, sé que lo extrañan, igual que yo, si no lo ven. Pero no está sumido en la depresión, sino trabajando arduamente, con la certeza de que será por un futuro junto a su amor. Te juro que me apuré, pero entre casa, marido y escuela ando loca.

Isa: Lo dicho, ya sabemos donde anda Terry y que hace. Gracias por tu entusiasmo por mi historia y nos seguimos leyendo.

Lupita Hernández Merlín: Bienvenida seas a esa locura llamada "Nada más". Me alegró mucho recibir tus reviews y que me digas que te ha gustado lo que has leído hasta ahora. Espero seguir contando con tu gentil compañía.

Arizza: Entonces esta respuesta vale por dos, jijiji. Gracias por tu apoyo, seguiré adelante también gracias a todas sus porras. Susana, como ves, ya apareció y seguro que muchas están mordiéndose las uñas, pero calma que todo puede ser diferente, recuerden que Terry llegó después de lo que lo hizo en la historia original y ese detalle puede significar a la postre.

Mildred: Hermanita gracias por seguir conmigo. Tienes razón, pobres de todos, es una época negra para todos los personajes, pero ya saldrá el sol. Nuestro Terry bómbon está creciendo efectivamente y creo que cada vez me gusta más. (que raro...)

Mary: Seguiremos con la misma fórmula de los mensajes, porque es cierto, es un contacto más cercano. Siento como si las conociera a todas aunque jamás las haya visto. Pues Anthony como que si se pasó de honorable pero así es él, tengamos fe que será recompensado. Y Albert, pobre Albert, pero estoy segura que se repondrá. Un abrazo hasta Chile.

Karelem: Muchas gracias por estar al pendiente de mi historia. Agurada paciente por el reencuentro, porque cuando menos te lo esperes se dará. Saludos y gracias por los buenos deseos.

Yelibar: Hola amiga, que bueno que te gustó el capítulo. Como ves Anthony está despertando a otra vida y espero que te agrade verlo en esa faceta. Gracias por los deseos y por el review. Nos leemos pronto.

Karencita: Gracias por el piropo para mi fic. Espero que al final puedas decir lo mismo. Un sañudo.

Gigi: ¡Mi querida sirenita! ¡Que gusto tenrte por acá! Así que curiosa la niña...está bien, aquí o allá me encanta saludarte. Es cierto, solo Terry puede sentir de esa forma, tan intensa y me alegra que pienses que lo he captado bien; porque es una de las razones por las que me cautivó. Un abrazo amiguita.

Valerys: Jajaja, ¿así que eres masoquista por leerme? Bueno, lo admito, he sido un poco cruel, pero no todo puede ser miel sobre hojuelas. A Elisa todas le desean la muerte, pero paciencia que ya veremos como se da ese matrimonio un tanto extraño entre Anthony y ella. Ahí tienes a Terry, disfrútalo. Hasta luego.

Cary: Aquí está ya el nuevo capítulo. Si que recuerdo que empezaste a leer mi historia hace poco por allá y muchas gracias por demostrar semejante interés. Espero que sigas emocionadísima. Disculpa pero no entendí lo de tu corre. (ups!)

Celine: Espero de verdad que el resto de los capítulos te agraden también. No sé qi ya llegaste hasta acá, pero cuando lo hagas recibe un cordial saludo.

Shirley xD: Tú también siéntete más que bienvenida. Gracias por tus reviews y por el entusiasmo por mi historia. Que gusto que te haya hecho soñar, finalmente ese es el propósito. Olvidar un ratito el cruel e injusto mundo y soñar con otro mejor. Muchos saludos.

Alsha: Hola, es cierto. ¡Mi fic ya cumplió un añito! Lo empecéen diciembre del 2008, sin tenr la menor idea de todas las cosas buenas que me traería admás del desahogo creativo: ustedes desde luego. Ya que veo que te gusta la poesía te diré que mi favorito de todos los tiempos es Manuel Acuña, sus poemas son magníficos. Si no lo has leído te lo reomiendo ampliamente.

Ahora si, me despido y quedamos con una cita para el próximo capítulo.

¡Feliz mes de Terry! El 28 de enero cumple 113 años. (Que Dorian Grey ni que nada, este hombre se ve más que apuesto siendo un centenario)

Nash