Capítulo XXVII

Cada uno de nuestros instantes es único y diverso de cualquier otro y nunca somos los mismos en dos instantes, en dos tiempos distintos.-Heráclito


Era algo de lo más extraño, le parecía verdadermante inaudito que una criatura tan frágil, tan delicada, le causara tanto temor. Pero así era, tenía verdadero pavor a toparse con ella; simplemente no sabía como reaccionar, que decirle; no sabía, por más que lo pensaba. La había visto el otro día en el jardín, comiendo unos bocadillos en compañía de Candy y Archie; lo único que atinó a hacer fue mirarla desde lejos. Notar como su cabello brillaba bajo el sol, como sus ojos se iluminaban de alegría, escuchar su risa. Debía conformarse con eso. Otra ocasión por poco y se la topa de frente en un pasillo. Un quinto domingo que fue a visitar a Candy, en compañía de Patty. Las tres amigas conversaban animadamente y él se escondió detrás de la primera puerta que encontró y solo la vio pasar, como un devoto ve con fervor pasar la procesión de un icono. Como un ateniense miraba embelesado a su diosa patrona dirigirse al Partenón. Se sintió el más estúpido de los hombres, pero , ¿qué podía hacer? ¿qué podía decirle? ¿le platicaría acaso como le iba en su matrimonio? No podría ni si quiera mirarla a los ojos sin descubrirse, sin hacer evidente lo que sentía por ella. No importó la boda ostentosa, no importó el largo viaje , no importaron si quiera las noches en el lecho de Elisa; no había logrado olvidarla.

El asunto era harto diferente que con Candy. Cuando supo que Candy no lo amaba, cayó en la desesperación, sentía que el pecho se le desgarraba y él creyó que era por el profundo amor que le profesaba; pero ahora sospechaba que más bien había sido consecuencia de su orgullo herido, de sus esperanzas rotas, esperanzas sin fundamento pero esperanzas al fin. En cambio ahora sentía paz cuando pensaba en Annie; le dolía su ausencia desde luego, pero de alguna forma seguía viviendo cuidando de ese amor escondido. Sin saber porque, cuando llegaba a verla de lejos o cuando tan solo aparecía en sus recuerdos, sabía que no todo estaba perdido, a pesar de su actual situación que le impedía definitivamente cualquier acercamiento a otra mujer que no fuera su esposa, y mucho menos a una mujer como Annie, a la mujer que amaba.

El embarazo de Elisa solo había sido una falsa alarma. Y aunque después se sintió un poco culpable por pensar eso, Anthony se alegró mucho cuando se enteró. A partir de ese momento estuvo varios días meditando, preguntándose que había pasado con sus planes. Él había querido formar una familia, pero ahora no deseaba engendrar un hijo con su mujer. Él había querido una vida tranquila, pero ahora sentía asfixiarse al estar en casa. Ya no era el mismo de antes, eso era un hecho. El problema era que ahora no sabía con certeza quien era; se desconocía, y tenía que hacer algo para remediar eso, y tenía que hacerlo ya. Así que una tarde que nadie estaba en casa, tomó una pequeña valija y acomodó ahí lo necesario, escribió una nota y se fue. Se fue a perseguir horizontes, a llenarse los pulmones de brisa y la piel de sal. Se fue con la esperanza de encontrarse en las algas, en las aguas, en el sol.

Se reunió con la tripulación del Pequod y les acompañó a su viaje a tierras exóticas y bellísimas en busca de mercancías para comerciar. Sonreía cuando pensaba que la tía Elroy se desmayaría al verlo con ropa tan sencilla, fregando la cubierta de un barco que ni siquiera era suyo, pasando frío en las noches de vigilia, con las manos ajadas y ampolladas, con la piel tostada por el sol. No eran en nada las condiciones en las que debería estar un Andrey. Pero él se sentía feliz, se sentía, por primera vez, realmente vivo. Caía rendido de cansancio en su litera, tan cansado que ni si quiera los ronquidos de sus compañeros le impedían dormir. Solo conservaba un momento de lucidez antes de cerrar los ojos para pensar en ella, en la dulce muchachita de negros cabellos que sin saber como ni cuando le robó el corazón.


Susana Marlowe era una bella joven de dorados cabellos y ojos azules como el cielo, contaba apenas dieciseis años pero ya había logrado formar parte de la compañía de teatro Stratford, y estab en camino de realizar su más anhelado sueño: ser una gran actriz. Era un sueño acariciado desde su más tierna infancia, cuando su madre le hablaba de hermosas princesas rescatadas por apuestos caballeros, de telones y bambalinas, de aplausos y flores, de alabanzas y regalos que se les concedían a las divas que engalanaban los escenarios. Si, su madre le relataba todo esto con pasión, porque ella misma alguna vez ambicionó ser una de esas divas, pero nunca lo consiguió. No pudo salir del ambiente campirano en el que había nacido hasta que se casó con un abogado de Nueva York. Un hombre noble y amable, pero que no tenía grandes aspiraciones, según creía su esposa. Susana había sido la única hija del matrimonio y por lo tanto la que recibía todas las atenciones. Su madre se sentía feliz de haber tenido una hija tan hermosa, segura estaba de que ella si podría llegar a ser actriz; así que depositó en ella todas sus esperanzas. La familia no era acaudalada, pero la señora Marlowe hizo todo por conseguir pagar clases de actuación para su hija. La niña no desbordaba talento, pero suplía esto con mucha dedicación. No le era fácil memorizar los diálogos ni imprimirles el sentimiento adecuado, pero ensayaba por horas diariamente hasta lograrlo.

Así fue como consiguió el papel que ahora tenía en la compañía de Robert Hathaway y esto era todo lo que ocupaba sus pensamientos; hasta que un nuevo integrante se unió a la compañía. Cuando vio llegar a Terry a un ensayo, lo reconoció como aquel chico con el que se había topado en el pasillo el día anterior, se sonrojó de inmediato. Apenas fijó sus ojos en él, supo que había encontrado a su caballero, ese de los cuentos que va sobre un caballo blanco, con una capa flotando al viento. No había motivo de llamarse a engaño, era él.

El único problema era que Terry apenas la miraba y por desgracia no tenían mucha oportunidad de trabajar juntos, pues él solo era suplente. "quizás sea tímido" se consolaba Susana, "pero con el tiempo me mirará". Lo que ella no sabía es que no se trataba de timidez; sino que el corazón de ese taciturno joven ya tenía dueña.

-¡Madre!-entró corriendo Susana al salón.-¡Lo he hallado! ¡Es él, estoy segura!

La señora Marlowe dejó sus labores a un lado y miró desconcertada a su hija.

-¿Pero de qué hablas niña? ¿Qué maneras de entrar son esas?

-Es que estoy tan feliz madre. Lo encontré. Yo no lo buscaba, pero él llegó, y ahora...

-¡Explícate de una vez por todas! ¿A quién encontraste?-la interrumpió su madre, perdiendo la paciencia.

-A él, a mi príncipe. Mi corazón me dice que es él el hombre que me hará feliz, con el que conoceré el amor. Si lo vieras madre, es tan bello que duele; tiene los ojos ás azules que hayas visto, el perfil más regio y su figura...-decía la joven abrazándose mientras daba vueltas por la habitación.

-¡Susana! Una señorita decente no se expresa así de un hombre. Además no me has dicho ni siquiera como se llama, donde lo conociste ni a que se dedica.

-Lo conocí en el teatro, quiere ser actor y su nombre es el más dulce, se llama Terrence.

La señora Marlowe captó enseguida lo que era de su interés. -¿Quiere ser actor dices? Es decir que todavía no lo es, ¿pues qué es entonces?

-Es actor, pero suplente. Pero él...

-¿Un suplente? Hija mía, tú sabes todo lo que hemos tenido que hacer para conseguirte un lugar en esa compañía; tu carrera va en ascenso, no tienes que poner tus ojos en cualquier jovencito que aspira a ser actor porque posiblemente nunca lo logre. No hija mía, ya verás que en cuanto consigas un papel principal conocerás a más gente que de verdad vale la pena. Irás a todas esas cenas elegantes y todos los hombres querrán bailar contigo porque tú, mi querida Susana, eres hermosa y eso es algo que debes aprovechar. Ya verás que pronto tendrás incontables pretendientes rogando por una mirada tuya y entonces tú deberás elegir de entre ellos al más conveniente. Tú si podrás obtener todo lo que desees hija, con esa cara angelical no te será difícil.

-Pero madre, yo lo quiero a él.

Tomó suavemente las manos de su hija y la haló para conseguir que se sentara en su regazo y comenzó a acariciar los largos cabellos rubios.

-Mi niña, a tu edad el amor no es más que una ilusión que se enciende rápidamente, pero igual de rápido pasa y se va. Escucha a tu madre Susana, ella quiere lo mejor para ti.-dijo con voz suave mientras seguía acariciando los lacios cabellos que Susana había heredado de su padre.


La soledad es una dama desconfiada que no se hace amiga de cualquiera. Y es que aunque todos la hemos conocido alguna vez, no todos le agarran el gusto. Muchos, la mayoría, la desprecian y la culpan de un sinnúmero de desgracias y amarguras; no se dan cuenta que, como todo en la vida, es cuestión de verle el ángulo correcto. Ese, el ángulo que te hace disfrutar de las nimiedades que se te presentan día con día, lo bueno y lo malo; el ángulo que te permite encontrar belleza hasta en la fealdad. Por desgracia pocos lo hallan, en vez de eso caen de rodillas ante la adversidad, lamentándose por su desgracia y por lo injusta que es la vida. Pero esa es la vida. ¿Apreciaríamos igual la dulzura de la miel sin poder compararla con la acidez del limón?

Ese era el ángulo que, a base de costumbre y necesidad, había encontrado el joven Grandchester en la soledad. Toda su vida se había sentido solo, aunque estuviera rodeado de gente. Se había sentido solo porque en realidad lo estaba, porque nunca había sido parte de algo. No de su familia, no de la sociedad, no de sus compañeros de colegio que lo miraban de reojo con cierto temor y aversión. "Ellos son los tontos", acostumbraba decirse mientras les daba la espalda a los comentarios agrios que hacían a costa suya. Así que su única compañía fue esa desconfiada dama que se sentaba junto a él mientras leía, que le acompañó en las comidas en su habitación, donde se le confinaba para no importunar a la Duquesa. Finalmente se dio cuenta que tenía dos opciones: acostumbrarse a ella y aprovecharla o lamentarse sin resolver nada. Optó por la primera, y llegó a gustar tanto de la soledad que se aferraba a ella aun cuando se le ofreciera otro tipo de compañía. Eso pasó con Candy; Terry no estaba dispuesto a cambiar a su fiel compañera de tantos años por una chiquilla escandalosa que seguramente terminaría abandonándolo, como todos. Pero a pesar de todo ella seguía allí, alegrándolo con su charla y contagiándolo con su risa. Algo que la soledad no hacía. Y así, sin planearlo, la soledad fue sustituida por una jovencita rubia, que sin duda le daba más satisfacciones.

Pero ahora ahí estaba otra vez, frente a frente con la dama. La saludó como se saluda a un viejo amigo; aunque al parecer ella estaba un poco resentida, pues el primer contacto fue doloroso. Estaba celosa, seguramente, porque la había cambiado por otra. Y a pesar de que esta vez la relación entre ellos era distinta, tenía que aceptarla nuevamente a su lado. Después de todo gracias a ella había encontrado su amor por el teatro; la primera vez que le agradó estar en soledad fue cuando leyó aquel libro rojo que encontró en la biblioteca de su padre, "Romeo y Julieta".

-Volvemos a encontrarnos.-le dijo a su vieja amiga en la quietud de su apartamento.-Sé que te había abandonado, pero sabes que en el fondo, tú y yo siempre nos encontraremos. Tenemos un pacto tú y yo. Tú me muestras tu mejor cara y yo te acogeré gustoso.

Terry pasaba las mañanas, las tardes y las noches solo. Es cierto que en el teatro estaba en medio de mucha gente y que había entablado conversaciones con sus compañeros en varias ocasiones, pero en general, su trato con ellos se limitaba a lo estrictamente necesario. Él había sido y seguía siendo solitario. Y la única que había logrado penetrar esa soledad ahora estaba a un óceano de distancia.


La tía Elroy había estado delicada de salud, la desaparición de Anthony fue un golpe muy duro para ella, que lo amaba más que a cualquiera de sus sobrinos. Siempre había sido un joven impecablemente educado, obediente y prudente, un joven que no había causado mayores problemas pues había heredado el carácter amable y pacífico de su madre. Así que lo último que hubiese imaginado la señora era tener de él un disgusto tan grande.

Comenzaba a arrepentirse de unir a Anthony con Elisa, pues estaba segura que ese era el motivo por el que el chico había huido. Pero ¿qué otra cosa podía hacer? Casarlos era lo que el decoro dictaba. Y sin embargo, a partir de esa noche funesta cuando los halló en la habitación de Elisa, la tía había comenzado a ver con otros ojos a la pelirroja que antes fuera tan querida por ella.

El colmo había sido la noticia que leyó en el diario. El mundo definitivamente estaba cayendo en la locura y la ignominia. No era posible que se estuviera perdiendo toda concepción de decencia, que el orden establecido se pasara por alto de una manera tan atroz. Esto no podría llevar a nada bueno, sin duda. Que un hombre malvado, un "nacionalista" se atreviera a quitarle la vida al heredero de uno de los imperios más antiguos y poderosos. Al descendiente de una larga línea de reyes. Era inconcebible. Pero por mucho que le costara creerlo ahí estaba claro, en el diario del 29 de Junio de 1914; el día anterior el Archiduque Francisco Fernando, heredero al trono del imperio Austro-húngaro, había sido asesinado en Sarajevo. Elroy Andrey tuvo un mal presentimiento, su experiencia le decía que esto no se quedaría así.

Un toque en la puerta le interrumpió de sus meditaciones y con voz flemática ordenó que pasara el inoportuno visitante.

-Tía.-asomó la cabeza Stear-¿Podemos pasar?

La señora hizo una señal con la mano, urgiéndolo a pasar. Asi lo hizo y detrás de él pareció Candy con un semblante preocupado.

-Tía, estamos preocupados por ti. Queremos saber si hay algo que podamos hacer para que te sientas mejor.

-Traigan de vuelta a mi Anthony.-contestó ella con la voz quebrada.

Ambos jóvenes se quedaron sorprendidos y mudos. Era la primera vez que veían a la tía en semejante estado. Ella que nunca demostraba ningún sentimiento...

-Con gusto lo haría si pudiera tía. Nosotros también estamos preocupados por él.-se atrevió a decir Candy.

-Todo esto sucedió porque tú no fuiste capaz de acatar tu papel. Si hubieras obedecido a mis órdenes de casarte con Anthony nuestro apellido no estaría corriendo el riesgo de ser enlodado por tu desliz con el joven Grandchester, Anthony no se hubiera visto obligado a casarse con Elisa y por lo tanto estaría todavía aquí, conmigo, no en Dios sabe donde, pasando toda clase de incomodidades y dificultades.-explotó Elroy, cambiando su mirada acongojada por una de franco reproche.

Candice no pudo contestar nada, la garganta no le respondía, la culpa hizo su aparición e invadió su conciencia como el hielo invade las aguas, congelándolas. Se quedó ahí parada comprendiendo lo que le había dicho la tía, comprendiendo que todo había sido una cadena de acontecimientos y nunca antes había reflexionado sobre qué los ocasionó, cual había sido la piedrecilla que desató la avalancha. Pero quizás la tía tuviese razón, quizás si ella no hubiera tomado decisiones pensando solo en sí misma, las cosas hubiesen sido distintas para todos. Las lágrimas se abrieron camino por sus ojos y ella ya no pdo continuar ahí, salió lo más rápido que pudo buscando una salida, una puerta abierta que le permitiera respirar.


Albert estaba bien consciente que debía regresar son su familia. Había postergado suficiente ya el acato de sus responsabilidades, pero ahora que todo estaba de cabeza, era su deber hacer uso de su papel de jefe del clan para poner orden de una vez por todas. Pero antes debía poner en orden sus asuntos en la India, la que había llegado a ser como su segunda patria. Ahí también tenía una familia y no podía desentenderse. Hizo todos los arreglos necesarios para poder partir tranquilamente, sabiendo que dejaba amaparados a los suyos; porque aunque el lazo que lo unía con Dhruv y su familia estaba roto, para él seguían siendo su familia. Los que lo acogieron como uno de ellos aunque apenas le conocían, aunque fuera un extraño en esa tierra. Ahora él debía corresponder y lo hizo dejando una importante suma de dinero a disposición de Dhruv, la hermana de Latika regresó a la casa paterna para cuidar de él y de su hijo y Albert se encargó de conseguir que un joven honesto, amigo suyo, trabajara las tierras.

Solo tenía que hacer una última parada antes de irse. Aquella belleza marmórea y eterna que visitaría con su amada Latika. El tiempo apremiaba, pero no podía dejar de cumplir su promesa de llevarla. Tomó su mochila y el pequeño recipiente de cristal donde había guardado, de rodillas en el piso, un poco de los restos del que fuera su gran amor. Y la llevó a admirar aquel monumento de bóveda blanca, inspirado por el amor. Cuando estuvo frente al Taj Mahal, pensó en ella, en lo mucho que hubiera disfrutado contemplarlo; y pensó también que comprendía perfectamente al emperador Shah Jahan pues él también sentía un amor tan grande latir aun por su esposa muerta que gustoso haría cualquier proeza en su nombre, en honor a su bendita memoria. Buscó tatuar en su propio imaginario las sombras vespertinas del sol hindú, sentir sus extraños perfumes imantando el alma medrosa del occidental en tierra incógnita.

Cuando nadie lo veía hizo un agujero en los jardines y colocó ahí las cenizas. Lo dudó un momento, desearía llevarlas siempre con él, pero sabía que no podía haber mejor lugar que aquel para que su dulce esposa descansara; ahí pertenecía, en su amada tierra ocre y roja de belleza deslumbrante como la que ella misma poseyó. La miró por vez última y la cubrió con tierra. Después de todo, no necesitaba contemplarla para sentirla... Frente al Taj Mahal se quedaba una parte de su corazón que nunca recuperaría, una parte de su vida, de su ser. Con él, sin embargo, se llevaba ese amor que había alcanzado la frontera de la sacralidad laica, que creció intempestivo y sin aviso alguno dentro de su extranjero corazón. Un amor que nunca pensó encontraría cuando por primera vez se vistió los exóticos e irrtantes ropajes del expatriado voluntario. Ahora que lo había perdido, no quería ya renegar más, más bien agradecer a quien tuviera que agradecer; a Dios, al cielo o la vida, por el regalo de haberla tenido junto a él; viviendo, descubriendo, sintiendo, aunque solo hubiese sido poco tiempo.

El sol se ocultaba detrás de las nubes violetas y él creyó escuchar una vez más su risa. Se levantó porque sabía que es lo que ella hubiese querido y comenzó el largo camino de regeso a casa sintiendo una incómoda irritación, como si percibiera que el batir de las alas de la mariposa elemental* iba a porducir algo dramático e irremisible.


Patna, India a 1 de junio de 1914.

Mi querido George:

No imaginas como me han preocupado las noticias que me has hecho llegar. Tú sabes bien que mi gran interés era por el bienestar de esos chicos y ahora me lamento por haberlos dejado solos para que sufrieran todos esos reveses. Así que he decidido regresar a Inglaterra y tomar mi posición en la familia, esperando que no sea demasiado tarde.

La epidemia ha pasado ya pero ha dejado al país muy lastimado y a mi mucho más. Me es muy triste informarte que mi amada esposa, Latika Andrey, falleció víctima del cólera y esa es la razón por la que no había viajado antes. Pero ya he puesto en orden mis asuntos, así que salgo lo más pronto posible.

Mientras tanto siguen en pie mis instrucciones de cuidar de Candy como lo que es, mi legítima heredera. Y como tal, deseo que su salud sea una prioridad. En cuanto a Terrence, ya me encargaré yo al llegar. Sobre mis sobrinos, deseo que no se tome ninguna otra decisión respecto a su futuro hasa que yo llegue. A menos, claro, que sea otro el deseo de sus padres. Pero mientras ellos no regresen y tomen pleno uso de su autoridad, esos jóvenes están a mi cargo y exijo que esta vez si se escuchen mis órdenes y no se arreglen más matrimonios, ni se orille a más huidas.

Escribiré también a mi tía, pero por favor guarda esta misiva como prueba de mis deseos. En caso de que algo me sucediera, tú tienes todos los documentos que acreditan a Candice como mi hija adoptiva y también deseo que hagas efectivo el cargo que te he encomendado como su albacea. El testamento está debidamente legalizado, asegurando a cada uno suficiente para vivir holgadamente. Esto lo escribo por mera precaución, porque ya iré en camino para arreglar los asuntos por mi mismo.

Recibe un saludo querido amigo,

William Albert Andrey


REFERENCIAS:

*Una de las alegorías más populares de la Teoría del caos, que enuncia que el batir de las alas de una mariposa puede convertirse en un huracán en el otro lado del mundo.

NOTAS:

Aquí está ya el siguiente, gracias por su paciencia. Dicen que los que esperan son recompensados, espero que este sea el caso con este capítulo y que sea de su agrado. Sin más preámbulo, vámonos a los agradecimientos:

Roni de Andrew: Calma, calma; por ahí va a estar Susana, por desgracia está en la compañía teatral, no hay nada que yo pueda hacer, excepto claro no ponerlos a ensayar juntos porque Terry apenas es suplente...tú espera. Y tu príncipe sigue desolado pero me emociona mucho que te esté gustando su historia y que te parezca que comprendo su esencia. Y gracias porque ya me enteré que andas recomendando mi fic.

Angeles Grandchester: Más vale tarde que nunca. Gracias por darte el tiempo de dejarme un comentario, y pues si, esperemos que la musa no me abandoné...

Mimicat12: ¡Ups! Nudos en la garganta y sentimientos a flor de piel, eso es lo que cualquiera que escribe busca despertar, así que permíteme alegrarme por tu sufrimiento, jeje. ¡Vaya que me han puesto un seudónimo bastante halagador, aunque yo creo que algo exagerado, mira que "heroína de nuestra generación"...pero desde luego, se los agradezco enormemente. Por cierto, ¿te conozco de algún lado, del Foro Rosa quizás?

Coral: Si existiera esa mujer no quisiera estar en sus zapatos, ser odiada por toda una generación, una horda embravecida de señoritas culpándola de sus traumas no debe ser nada agradable. Pero ella se lo buscó por meterse donde no le llaman, así que ¡a la hoguera con Gusana!

Arizza: Exactamente, es como lo que escribí al final de este capítulo, un pequeño cambio puede ser muy significativo. Y Albert, bueno, es humano después de todo así que sufre como cualquiera, como "emo", jajaja.

Galaxylam84: Yes, it is sad about Latika, but Albert can get up, you will see. There are dark days for our friends but soon the sun will rise. And you are thinking about Anthony having something with Eliza, LOL! I rather not think about it.

Isa: Gracias por tus ánimos, seguiremos adelante para traerles más de este mundo de fantasía al que amablemente visitan.

Arly: Me alegra que te guste mi fic, lo de Anthony y Elisa. Bueno, una cosa llevó a la otra, pero todo puede resolverse.

tamborsita333: Cuando gustes, siempre serás bienvenida y tus comentarios serán más que apreciados. Saludos.

crazzy76: Muchas gracias, pero procura que tu jefe no te sorprenda leyendo "Nada más" porque no creo que le agrade mucho. Y que emoción que te declares fan, jejeje.

Yelibar: Supongo que no te gustó mucho leer sobre la Gusana, digo Susana, pero era algo que debía escribir; a todos les he dado oportunidad de explicarse, por decirlo así, y ella no podía ser la excepción. Y yo que nada más no me apuro a desaparecer a Elisa, ¿verdad? Calma tus ansias de sangre amiga, algo inesperado sucederá.

Candida Grandchester: ¡Dios mío, me llevas cuenta del tiempo! Te confieso que yo hasta pierdo la cuenta =( . Antes podía actualizar más seguido pero es que ahora mis actividades se incrementaron, asñi que hago lo que puedo. La frente de marquesina...jajaja, no te preocupes que yo cuidaré del hermosísimo Terry a capa y espada. Y Annie, por ahí estuvo en este capítulo aunque sea de lejos, es que ya no quiero describir tanta tristeza, pero no, Annie tendrá una evolución, creo que ya la están viendo. Gracias por tu review.

Marie Grandchester Andrew: Que bueno que, fuera de tus quejas por Susana y Elisa, te guste mi fic, jajaja. ¡Ay! Es que si les escribo todo rosa se me iban a aburrir. Gracias por tus comentarios Marie.

Valerys: Pues al paso que vamos yo creo que si se va a cumplir tu deseo de que este fic dure mucho más, y es que me falta tanto por platicarles...La relación de Anthony con Elisa pues es de matrimonio, pero de esos matrimonios concertados, donde no existía el amor, al menos estamos seguras que de pate de él no lo hay, de parte de ella habrá que ver si es en verdad amor y, si es así, cuanto soportará el saberse no correspondida.

Walda Perhi: El capítulo donde te animaste por primera vez a enviarme un review es de mis favoritos, sin duda, y me alegra que a ti también te haya gustado. Un saludo hasta Guatemala.

Syndy: No te preocupes por tu demora, más bien perdona mi demora en subir este capítulo. ¿La horrorosa de Susana hará de las suyas? Descúbralo en el siguiente episodio de su fic favorito "Nada más".

Hailander: Me emociona tu halago, pero la verdad es que hay muchas historias más que son una verdadera belleza. Esta, bueno, es mi primer fic, pero creo que está saliendo más o menos. Y por el final no te preocupes que aborrecí tanto ese final escueto e inconcluso que por eso me decicí a escribir esto, para darles otro que para mi será más digno de esa bella historia de amor.

CFRío: ¡Hola, que gusto tenerte por aquí! ¡Ah, que bien que pude mantener tu atención por 25 capítulos! Como ves, tu Albert tiene un papel importante en esta historia y tiene su propia historia, me he esforzado por dársela a cada uno. ¿Si te gustó mi versión del nacimiento de Albert? Que bien, y si, si era George el que cabalgaba junto a su padre. Veamos si te gusta lo que tengo planeado para él. Bienvenida a otra de mis queridas Albert-fans. Por cierto, siempre he tenido curiosidad: ¿Porqué CFRío, significa algo?

Alsha: Otra tarde lluviosa en la Ciudad de México, y yo con gripe...Hola mi melancólica amiga (provocada dicha melancolía por mis letras) ya iremos preparando los tormentos para la gusana más odiada, al menos, como dices le bamos a echar sal para que se retuerza como babosa, jajaja. Nos leemos.

Yume-xan: Bueno, bueno, no es para tanto. Lo importante es que ahora me dejaste review y te lo agradezco mucho. ¿Qué te puedo decir? Estoy totalmente de acuerdo en que Terry es el más hermoso de los hermosos, jajaja. Seguiré actualizando, de eso puedes estar segura; bueno, si no es que me arrolla un camión en la calle o algo así, seguiré actualizando.

Ivy: Gracias, gracias por tus lindos comentarios. Aquí está la siguiente entrega, pero creo que no logrará sacarlas de la desolación, lo siento. Pero tú sigue leyendo, que ya vendrán tiempos mejores.

Quería recomendarles algunos de mis fics favoritos: Aquí pueden encontrar, para las que no los hayan leído Azul, Yume, Ave fénix, Anecdotario de Terry Grandchester, Huellas en la arena, por supuesto el clásico Reencuentro en el vórtice. Y en la Biblioteca del Foro Rosa pueden encontrar otras obras de Alys Avalos, como Rosas rojas, Historia neoyorquina y La trampa. También del Foro Rosa les recomiendo ampliamente La Señora Andley, de mi buena amiga Maya, me parece que también lo estaba subiendo por aquí. Si les interesa leer más fics y alguno de estos no los conocen, leánlos, son muy buenos.

Se despide de ustedes, la siempre agradecida,

Nashtinka