Capítulo XXVIII
Una casa desolada, un paraje desierto; eso es lo que era la casa Andrey desde la partida de Anthony. La tía Elroy rara vez salía de su habitación, a Elisa tampoco se le veía mucho. Después del colapso nervioso que sufrió cuando se enteró, solo se le veía raras ocasiones, en todas ellas vagando por los pasillos y jardines profundamente meditabunda. Candy continuaba con sus clases y procuraba acompañar a la tía, cuando esta estaba de humor leía para ella a Stendhal*. Candy procuraba transportarse a Parma, donde poco a poco se enamoraba de Fabrizio, donde guardaba esperanzas para el amor; se transportaba allá para huir de su soledad y su preocupación. Ella tenía sus propios dolores, dolores que le ocasionaban la ausencia del ser amado; el llevar una vida que no era vida. Se sentía suspendida, flotando inerte en un espacio indefinido donde solo podía mirar con añoranza hacia el pasado, pues a veces le parecía que el futuro jamás llegaría. Y al pensar así se apoderaba de ella una ansiedad incontrolable, que le embargaba todo el cuerpo y que, sin embargo, no producía ningún efecto visible; pues cuando esto sucedía ella no podía ni siquiera llorar, mucho menos gritar, como lo hubiese deseado, solo se quedaba ahí, sentada, esperando sin saber que era lo que esperaba.
Elisa, como ya dijimos, se encontraba muy callada aquellos días. Hasta la propia Candy extrañaba oirla, a pesar de que nunca tenía una palabra amable para ella. Estaba callada porque no sabría que decir y esto se debía a que tampoco sabía bien a bien que pensar. Todavía le dolía el saber que no era amada por su marido, nunca lo diría, pero le dolía. Sabía que el que Anthony se hubiese marchado tan abruptamente y sin aviso alguno, se debía, al menos en parte, a su insatisfactoria relación. Así que en ese momento de su vida, Elisa se encontraba en una encrucijada. ¿Tendría que seguir aferrada a un amor unilateral? ¿Debía continuar luchando por un cariño que quizás nunca sería correspondido? Seguramente para cualquier espectador externo resultaría más que obvia la respuesta; pero para ella no estaba nada claro. Había conseguido casarse con Anthony, pero el matrimonio no era lo que ella esperaba. Ella creía que sería capaz de ganarse su amor, pero comenzaba a pensar que tendría que conformarse con disfrutar del estatus que su situación le daba. Después de todo esa también era la intención al casarse; le habían enseñado que debía procurarse un marido conveniente y lo halló. Quizás era hora de sacarse de la cabeza todas esas tonterías del amor.
Gracias a su serenidad y excelente condición física, realizaba una gran labor en la amura*. Desde su puesto solía dirigir la mirada con el porte digno de un caballero, y por fin, miraba como quien sabe lo que busca y está destinado a brillar entre mil peligros. Había pasado algunos meses en el mar, pero aun no deseaba volver. Sin embargo la misión estaba cumplida por ahora para el Pequod, regresaban rebosantes de tabaco, cocoa y especias y debían llegar a puerto para vender las mercancías. Marsella estaba cerca y Anthony supo que esta aventura en el mar también.
Caminaba con su morral al hombro, procurando confundirse en la multitud que abarrotaba el muelle, aunque a pesar de su ropa sencilla, era seguro con solo observar su manera de andar, que no era un simple marinero que había nacido en una modesta casita rodeado de hermanos y hermanas y que había probado suerte en el mar en vez de terminar de jornalero.
-Anthony.-una voz le llamó a su espalda.
Él se viró y quedó asombrado al encontrarse frente a su padre.
-Padre, ¿pero cómo...?
-¿Te encontré?-completó el señor-No fue muy complicado en realidad. Verifiqué en el puerto que habías viajado a Marsella, ya aquí pregunté en el muelle y algunos recordaron haberte visto embarcarte en el Pequod.
Anthony torció la boca sintiéndose un poco tonto. Le sorprendía que lo hubiese encontrado, pero ni siquiera había cubierto sus huellas. De pronto se le ocurrió algo.
-¿Si sabías que viajaba en el Pequod porqué me dejaste terminar el viaje? Pudiste haberme encontrado desde mucho antes.
-Si.-contestó Vincent alzando un poco los hombros-Pero no había razón para estropearte la experiencia.
Anthony no contestó, solo estaba asimilando que ahora si, verdaderamente, se había acabado la aventura.
-¿Y ahora qué sigue?-preguntó su padre y agregó al ver la expresión de Anthony-¿Adónde irás?
-Pues supongo que a casa.-contestó Anthony inexpresivo. Nunca había sido un niñito berrinchudo y ahora no iba a comenzar. Si tenía que regresar, lo haría con la frente en alto.
-Solo si tú quieres.-lo sorprendió su padre, pero antes que él pudiera decir nada, agregó: -¿Ya almorzaste?- Anthony negó con la cabeza-Vamos, conozco un buen lugar cerca de aquí.
Sentado bajo la sombra que la enorme sombrilla le daba a la mesa, Anthony observaba ya el mar, ya a su padre que sostenía el menú sin decidirse que ordenar. Comenzaba a desesperarse y también comenzaba a sospechar que su padre lo disfrutaba; sabía lo ansioso que estaba Anthony porque le explicara a que se refería con esa frase. "Solo si tú quieres". Pero ahí estaba perdiendo el tiempo, ladeando la cabeza indeciso, como si fuera tan importante decidir cómo prefería la ensalada. Finalmente y para alivio del mesero también, el señor Brown se decidió por una ensalada mediterránea. "Tanto para esto", pensó Anthony entornando los ojos.
-Bien muchacho, hablemos.-dijo de buen humor Vincent, alisando la servilleta en sus piernas- Tengo una propuesta que hacerte.
Anthony lo miraba fijamente, esperando a que continuara, pero no hablaba más.
-Te escucho.-dijo impaciente.
Vincent sonrió antes de comenzar. -Nunca imaginé que heredarías algo de mi. Siempre te has parecido tanto a tu madre...Por eso me sorprende darme cuenta que has heredado precisamente eso-dijo mirando al mar por unos momentos en los que Anthony lo imitó-Dime hijo, ¿porqué te embarcaste?
-Quería conocer esa vida y quería hacer algo por mi mismo. Sentía algo dentro que me decía que lo hiciera.-Anthony supuso que si alguien podría entender ese "algo" sería su padre, pues seguramente él sentía lo mismo.
-¿Y ahora que ya la has conocido? ¿Sigues sintiendo lo mismo?
-Aun con más fuerza.-contestó enseguida el joven.
-Bien.-dijo el padre sonriendo-Entonces te propongo esto: ¿crees que te gustaría entrar a la marina? Yo te daría absolutamente todo mi apoyo. Verás, yo no tengo nada contra los marineros mercaderes, pero para alguien de tu estatus sería mejor otro ambiente. Además el uniforme te sentaría muy bien. -bromeó.
¿Entrar en la marina? Anthony recorrió el impecable uniforme de su padre, la tela oscura del saco largo, los botones y bordados dorados, el cuello blanquísimo... ¿Él marinero?
-Pero solo si me dejas hacerlo solo. No quiero que me ayudes de ninguna forma.
Vincent rió de buena gana. -Anthony, no podría aunque quisiera. No creas que entrarás siendo teniente solo porque eres mi hijo. Todos empezamos igual. Pero, antes que tomes cualquier decisión toma en cuenta que es una vida dura y a veces solitaria, alejado de los tuyos la mayor parte del tiempo. Tú lo sabes.
-Si, lo sé. Pero estoy seguro que esto es lo que quiero.
-De todos los senderos que puede recorrer un hombre en su vida, hay uno que es el más importante de todos, el del auténtico ser humano. Y me alegra ver que tú estás en él. Así que...-dijo tomando su copa con vino blanco-¡celebremos!
Terry se zafó de una manera no muy amable de la charla de su compañera Susana. Ni hablar. Había intentado no ser muy duro, pero la muchachita simplemente no lo dejaba en paz y si por algo se distinguía Terrence Grandchester no era precisamente por su paciencia. No importaba cuanto se afanara Susana por usar sus mejores vestidos, sus más refinados modales, no importaba que sonriera diferente para él, que moviera delicadamente su rubia cabellera para que despidiera su aroma a jazmines; Terry la trataba igual que a cualquier otra: con cierta fría cortesía, pero nada más. Se dirigió a la oficina del señor Hathaway; detrás de la puerta se oían voces, pero aun así tocó. Una voz desde dentro le indicó que entrara.
-¿Me ha mandado llamar señor?-preguntó Terry parado en el umbral. Con Hathaway se encontraba una dama a la que no pudo verle el rostro pues esta estaba sentada frente al escritorio, dando la espalada a la entrada.
-Si, si, pasa Terry por favor. Ven, te presentaré a alguien.-dijo el hombre con una gran sonrisa. -Seguro sabes de quien se trata. Mi querida Eleonor, te presentó a Terry Grandchester.
Terry se quedó muy quieto frente a la dama, observándola a los ojos. Ella le sonreía con ternura y ocultó muy bien la sorpresa que le causó encontrarlo ahí.
-Encantada joven Grandchester.-le tendió la delicada mano.
-El placer es todo mío madame.-dijo con sus perfectas maneras de caballero inglés y besó el dorso de la delgada mano mientras sonreía casi imperceptiblemente, divertido por la situación. Su jefe le presentaba a su propia madre...
-El joven aquí presente está comenzando en el tortuoso camino que lleva a ser actor. El muchacho tiene talento, te lo digo yo Eleonor.-dijo Robert sentándose en el borde de su escritorio con la sonrisa todavía en los labios.
-Estoy segura que lo tiene.-afirmó la rubia dama.
-Terry, como sabes mañana comienzan las audiciones para la nueva obra que pondremos en escena. Supongo que audicionarás, ¿cierto?
-Desde luego. Me he estado preparando para esta ocasión.
-Bien, muy bien. ¿Para qué papel audicionarás?
-Para Romeo.-contestó el joven enseguida, sorprendiendo a los presentes.
-Precisamente por eso quería hablar contigo Terry.-dijo Robert bajando del escritorio-Escucha, sabes muy bien que tienes talento, pero vas empezando en este mundo Terry, todavía tienes mucho que aprender y yo tengo que saber si puedo confiar en ti para que subas a un escenario cada noche. Recuerda que en la obra que terminó fuiste suplente. Y en las ocasiones que actuaste me impresionaste de verdad, pero solo fueron un par de veces; la presión es distinta teniendo que hacer lo mismo noche tras noche ¡y no se diga siendo el principal! Así que mi consejo para ti muchacho es: tomalo con calma. Tienes que ir paso a paso y ahora todavía no es tiempo de un protagónico, pero te aseguro que vendrá, si sigues aplicándote como hasta ahora, vendrá, no tengas duda de ello.-concluyó propinándole una palmada en la espalda.
Terry se sentía desilusionado, no es solo que quisiera avanzar lo más rápido posible, sino que esa obra en especial, ese papel en particular eran muy significativos para él. Si conseguía ese protagónico buscaría a Candy cuanto antes, la llevaría con él, su pecosa estaría en primera fila viéndolo como Romeo, ella, su Julieta. Sin pensarlo buscó la mirada de su madre y ella pudo ver toda la desilusión de su hijo. Se levantó y se acercó a él, posando su mano sobre su hombro con cariño.
-Es verdad lo que dice Robert, querido. Escalar en este mundo no es tan fácil, nada es fácil en realidad. Pero si de verdad quieres algo serás paciente y perseverante. Estoy segura que en esta obra obtendrás otro papel que te permitirá acumular experiencia necesaria.-hizo una pausa y le sonrió-Ni aunque fueras mi propio hijo conseguirías ser Romeo como tu primer papel.
Robert soltó una carcajada y Terry le sonrió a su madre que renuentemente tuvo que soltar su hombro.
-Es verdad.-habló Terry-Es muy pronto para eso. Obtendré otro papel mañana y le demostraré que puede confiar en mi señor Hathaway.
-Muy bien muchacho. ¡Ese es el espíritu!
-Bueno, no los interrumpo más. Hasta mañana.-hizo una pequeña venia Terry, dispuesto a irse.
-Yo también me retiro Robert, tengo un par de pendientes.-se levantó Eleonor.-¿Serías tan amable de escoltarme a la salida Terry?
Después de las despedidas y ya estando juntos en el pasillo desierto Eleonor por fin pudo preguntar lo que deseó preguntar desde el momento que escuchó la voz de su hijo a su espalda.
-Me has dado una gran sorpresa Terry, aunque he de decirte que también un gran alivio. ¿Desde cuándo estás aquí?
-Hace unos meses. Lamento no haberte visitado.
-No es cierto, no lo lamentas. No querías tener contacto conmigo para evitar cualquier posibilidad de que yo te ayudara en tu naciente carrera. Pero eso no sucederá jovencito, como ya te dije, aquí no se obtienen papeles por otro mérito que no sea tu talento y experiencia.
Terry sonrió y movió lentamente la cabeza.-Entendido madame.-le dijo.
-Gracias a Dios estás bien.-dijo Eleonor en un tono totalmente distinto, acariaciando levemente el brazo de su hijo, del que estaba asida.-¿Y Candy?
La pregunta tomó desprevenido a Terry que enseguida detuvo el paso para mirar a los ojos a su madre.
-Tu padre tuvo la delicadeza de avisarme mediante un intermediario que ustedes dos habían huído. También porque pensó que estarían conmigo, seguramente. Pusieron de cabeza hasta a la señora Potter.-rió Eleonor.
-¿La señora Potter lo sabe? ¿Pero que ya es de conocimiento público?-dijo un poco molesto Terry.
-No, nada de eso. Ni siquiera la esposa de tu padre lo sabe, de otra forma si que sería de conocimiento público.-Terry no pasó desapercibida esa pequeña estocada para la duquesa-La señora Potter lo sabe porque tu padre en persona fue a la villa de Escocia a preguntar a tu nana si sabía algo de ti. Tu padre no le expuso toda la situación pero ella dedujo que estabas con Candy.
-La señora Potter...-dijo en voz baja sonriendo. -¿Y qué te dijo?
-Cuando vuelva a verte te dará unos buenos coscorrones pero en realidad estaba emocionada, me dijo que por fin los dos cabezas duras habían aceptado su destino. Yo misma pretendo darte unos cuantos coscorrones, pero antes llevame a verla.
-No será posible.-dijo escuetamente Terry.
-Terry no seas terco, ¿porqué no me quieres cerca? Quiero apoyarlos, lo que les espera no es nada fácil y además...
-Ella no está conmigo.-la interrumpió.
Habían salido ya del teatro y Eleonor se paró frente a su auto, observando a su hijo intrigada. El viento frío le causó un estremecimiento, sin embargo por dentro sentía un agradable calor por verlo. Por verlo finalmente, después de tanto anhelar este momento; él estaba en América, a su alcance, un sin fin de alegres posibilidades pasaban por su mente.
-¿Tienes tiempo para tomar algo en mi casa?-preguntó ilusionada por una respuesta afirmativa.
Vio a Terry dudar, receloso como siempre desvió la mirada un momento; después la miró y ella hubiese deseado ver una mirada amorosa, como la de cualquier hijo hacia su madre; pero a pesar que ya no le daba esas miradas frías de antaño, seguían distando mucho de expresar el amor que Eleonor desearía.
-¿Porqué no?-respondió finalmente Terrence.
Pasó la tarde con ella, como aquella vez en Escocia. Pero esta vez era diferente, esta vez se sentía confiado como para hablar realmente con ella. No solo compartieron sus silencios, compartieron sus proyectos, sus vidas y, desde luego, Terry le relató lo que había sucedido con Candy. Como tuvo que regresarla a su familia sin despedirse siquiera.
-¿Tu padre no te hubiese dado su apoyo para que la desposaras?-le preguntó Eleonor recostada junto a la chimenea.
-Si, una ocasión me lo propuso. Pero me temo que su propuesta no sería sin pedir algo a cambio. Y yo no estoy dispuesto a dejar de lado lo que siempre he deseado hacer; aunque por ella lo consideré, pero después me di cuenta que tenía que buscar otra forma.-se calló y meditó un momento- ¿Crees que eso me hace egoísta?
-No hijo, creo que eso te hace humano. Todos tenemos sueños, y aunque no podamos cumplir todos y cada uno de ellos, siempre tenemos que luchar por alcanzarlos. De otro modo nuestra existencia carecería de sentido. Una querida amiga me dijo una vez que nunca hay que dudar de los sueños o no se cumplirán. Así que no dudes que lograrás ser actor, porque tienes el talento para hacerlo; y tampoco dudes que Candy volverá a tu vida, porque sus corazones están unidos.
Apenas supo que Anthony había vuelto, a Elisa le volvió el animo para correr por los pasillos de la gran mansión, a su encuentro. Y se olvidó de todas las incoherencias que había estado pensando esos días, repitiéndole a su necio corazón que esta vez lo conseguiría, esta vez Anthony se enamoraría de ella. Se lanzó a su cuello y él la recibió con una sonrisa, la misma que usó para Candy y para Stear al saludarlos; seguía sin haber nada especial para ella. Pero Elisa Legan no era de las que se daba por vencida tan fácilmente. Y esa noche hizo otro intento por acercarse a su marido.
Él siempre se había comportado como un caballero con ella y había cumplido con sus déberes conyugales como era debido. Pero Elisa quería más. Ella quería sentirse deseada, anhelada, amada. No era mucho pedir. Mentira, si lo era para un hombre enamorado de otra. Así que cada vez resultaba más difícil encender la pasión de Anthony, y a veces Elisa creía que las ideas se le agotaban. Era una situación por demás desgastante para ambos. Pero así continuaron, porque era lo correcto. Estaban unidos en matrimonio, aunque este fuera un matrimonio que no traía dicha a ninguno de los integrantes. Había que seguir hasta que uno de los dos se cansara; ya fuera él de pretender algo que sencillamente no podía ser o ella de luchar por hacer suyo algo que nunca le había pertenecido ni le pertenecería.
Los sucesos que precedieron a la Gran Guerra fueron un claro ejemplo de "una cosa lleva a la otra". Fueron esas famosas fichas de dominó que cayeron en secuencia y nadie pudo detenerlas. Después del asesinato del archiduque Francisco Fernando, el imperio Austro-húngaro envió un ultimátum al gobierno de Serbia, pero no satisfaciéndole su respuesta, le declaró la guerra el 28 de julio de 1914. Rusia estaba unida por tratado con Serbia, así que comenzó la movilización de su vasto ejército para defenderla. Alemania, aliada de Austria-Hungría, vio esto como una amenaza contra su aliada, así que le declaró la guerra a Rusia el 1 de agosto. Francia estaba unida por tratados a Rusia, así que también se encontró a sí misma en guerra contra Alemania, y por extensión, contra Austria-Hungría; la declaración formal de Alemania contra Francia llegó el 3 de agosto. Alemania entonces invade la neutral Bélgica para alcanzar Paris por la ruta más corta. Esto provoca otra razón más a Inglaterra para entrar en el conflicto; estaba aliada con Francia aunque más bien era una obligación moral la que tenía de defenderla, pero también existía un tratado de 75 años de antigüedad con Bélgica. Cuando Alemania la invadió el 4 de agosto, esa misma tarde Inglaterra se comprometía a ir en su ayuda. Japón honró un acuerdo militar con Inglaterra y le declaró la guerra a Alemania, Austría-Hungría respondió haciendo lo mismo.
Y así, gracias a una intrincada maraña de alianzas y tratados, casi todas las potencias del mundo se vieron atrapadas en una guerra que las desangraría durante cuatro interminables años. Muchos de los que habitaban en Europa cuando todo comenzó, huyeron a América. Estados Unidos había declarado una posición de absoluta neutralidad, que mantendría hasta 1917.
Entre los que optaron por alejarse del conflicto embarcándose a América, estuvo la familia Andrey. La mañana el 13 de agosto abordaban el trasatlántico que los llevaría de regreso a casa, después de casi tres años en la vieja Londres. Candy veía con ojos humedecidos el paisaje. Era igual a aquella vez, igual a cuando llegó a Inglaterra y lo conoció a él. La neblina le recordaba a cada momento la primera vez que lo vio, envuelto en ella. Sentía nostalgia al dejar aquellas calles que ahora estaban cargadas de recuerdos, aquel puerto donde se lo imaginaba parado esperando abordar el barco que lo alejaría de ella. Entonces sentía algo muy parecido a la alegría, al saber que iría al país donde él se encontraba; se acercaba a él. Cuando se encontraran nuevamente, ya se encargarían de llenar de recuerdos las calles de América. Pero por lo pronto, era inevitable, la nostalgia la había tomado de la mano y estaba segura que no la soltaría mientras se encontrara en ese barco donde se imaginaba a cada minuto bailando en la cubierta, envuelta en sus brazos, en su fragancia...
Con los Andrey regresaba también Annie Britter y su madre; la señora Britter insistió en tomar justo ese barco y no entendía el empeño de su hija en esperar al siguiente. Nunca hubiese imaginado que la joven deseaba con todas sus fuerzas seguir evitando el encuentro con Anthony, lo deseaba con las mismas fuerzas que deseaba verlo otra vez...
Lo habían conseguido durante muchos meses ya, ambos se evitaban con la misma insistencia con la que desearían verse a los ojos una vez más. Era inevitable. No supo que fuerza extraña, que magnetismo, lo llevó directamente hasta lo más recóndito de la popa; pero ahí la descubrió a ella, escondiéndose a plena vista. Éterea, ajena, hechizante y hechizada, bellísima. Se quedó ahí mirándola, con su pelo negro danzando al viento, con su vestido blanco envolviéndola encantadoramente, con sus blancos brazos envueltos en largos guantes. La miró y no se cansaba de hacerlo, hasta que ella percibió su presencia y volteó para clavar sus ojos en los suyos. Se quedaron inmóviles no supieron cuanto tiempo. Annie no quería ni podía moverse, pues temía que sus piernas no le obedecieran y en vez de alejarse fueran directamente hacia él.
Anthony fue el que se decidió y avanzó lento hacia ella, con paso firme aunque por dentro muriera de miedo. Anne se aferró a la baranda, sintiendo que sus piernas no la sostendrían más si él continuaba acercándose.
-Hola.-dijo Anthony no encontrando algo mejor que decir.
-Hola.-contestó Annie recorriéndolo con la mirada. Así, tan cerca, pudo comprobar que lucía diferente. Era algo que iba mucho más allá del tono tostado que había adquirido su piel, era algo más de los centímetros que sin duda había crecido y de lo definidos que lucían ahora sus rasgos. Era su presencia, su actitud, su voz, sus maneras; era todo él lo que le gritaba que ya no era más un muchachito sino un hombre. Un hombre que la hacía temblar con solo mirarla y que tiraba a la basura sus resoluciones de ignorarlo completamente con solo decirle "hola".
-¿Cómo has estado?-la obligó a reaccionar Anthony con su pregunta.
-Muy bien, gracias.
-Luces preciosa.
-Gracias.-se sonrojó levemente, muy a su pesar-Supe que te fuiste de viaje. Luces bien.-"Tonta", se dijo, "ahora sabe que te interesa y además lo halagas"
-Annie.-dio un paso más hacia ella, Annie se quedó clavada en su sitio-Quiero que sepas...que lo de Elisa fue...
Anne levantó la mano enérgicamente y él calló.
-No quiero oírlo.-dijo ella sin mirarlo.
-Tienes razón.-admitió él y el silencio se impuso entre ellos.
Annie se iba con la mirada baja, escondiendo las lágrimas que comenzaban a formarse. pero él la detuvo por el brazo. No sabía porque, pero no podía dejarla ir aún.
-Annie, mirame. -le dijo casi suplicante.
Ella así lo hizo, después de controlar aquellas necias lágrimas que se empeñaban en aparecer. Anthony llevó su mano a la mejilla que tantas noches había soñado acariciar, por mucho que fuera pecaminoso, se sentía endiabladamente bien y se dejó llevar. Acercó su rostro al de ella hasta que sus frentes se tocaron.
-Perdóname.-susurró antes de bajar sus labios hasta los de ella y rozarlos con suavidad.
Esta vez no hubo bofetada y Annie se reprocharía por no habérsela propinado, pero su dolor era tan intenso que no sentía fuerzas para nada. Abrió sus ojos y por sorprendente que fuera ya no había lágrimas.
-Si en algo me aprecias, no vuelvas a hacer algo así.-le dijo con toda la serenidad de que fue capaz y se fue.
Diario de Candice Andrey 30 agosto 1914
Hemos llegado a América y por extraño que parezca me siento más alegre. Creo que es porque sé que él está aquí, es una tontería pero lo siento más cerca y eso me da fuerzas. También me alegra, desde luego, que estemos todos juntos; mis primos y Annie han vuelto también, solo falta Patty, pero es probable que llegue el próximo mes. Anthony habla de enlistarse en la marina, Stear de estudiar ingeniería y Archie también ingresará en la universidad. Annie y yo estamos a punto de terminar el colegio, aunque sea con profesores particulares; pero estoy contenta porque ahora estudiamos juntas.
Todos parecen diferentes y me pregunto si yo también lo soy. Si me siento extraña, como si las cosas las viera diferentes de un tiempo para acá. La simpleza de la vida parece escaparse entre mis manos y yo no soy capaz de retenerla. He llegado a la conclusión de llamar a este período transición, solo espero que sea hacia algo mejor...
Terry, te extraño tanto. ¿Cómo estás, cariño mío? Parece que hace una eternidad que no estoy entre tus brazos. Quisiera sentir tu calor en las noches frías y ver tu sonrisa bañada con el sol por las mañanas. Comprendo muy bien porque debemos estar separados por ahora, pero al final del día, cuando la nostalgia me atrapa más que otras veces, ese dolor dentro de mí me hace querer gritar "Regresa a mi". ¿Me piensas como yo a ti? Ah, mi Terry, no importa cuanto tiempo pase, mi pensamiento y mi amor siempre serán tuyos. Buenas noches Terry.
REFERENCIAS:
*Escritor francés de tendencia romántica y realista. Su verdadero nombre era Marie-Henri Beyle. La novela de la que se habla aquí se titula "La Cartuja de Parma".
*Es la parte del barco donde el casco se estrecha para formar la proa.
NOTAS:
Hola, hola. Ya estoy de regreso. ¿Me extrañaron? Bueno, a mi no, a ellos. Terry querido, diles lo mucho que tú también las extrañaste.
-Si, las extrañé; pero tú preferiste pasártela leyendo sobre Aristóteles, Galileo, Newton...que escribir lo que me sucedía.
-¡Terrence, no me reclames que bien sabes lo importante que es para mi esta carrera!
-Ya, ya mi Nash. Lo sé. Por eso no te presionaré. Y por eso mis queridas lectoras tendrán paciencia contigo. Todo para que cumplas tu sueño de ser historiadora.
-Bueno.-respondí haciendo un puchero-Gracias Terry.
Disculpen que hayan presenciado esta pequeñísima discusión, pero al menos ya se enteraron la razón de la tardanza de los capítulos. Decidí regresar a la universidad, ahora a estudiar otra cosa que me ha apasionado desde niña: Historia. Así que perdonen que no escriba tan rápido como quisiera.
Naeliz de Grandchester: Ya sabes que la mosca en la sopa no puede faltar...pero me gusta ver como mi Terry la desprecia, juajuajua. Sobre Albert, las dejaré en suspenso...
Arizza: Gracias, que bueno que no te parecen de relleno estos capítulos, tienes razón, no lo son. Son necesarios para que lo que viene tenga sentido y cabida en la historia. ¿Qué libros leo? ¡Uf! He leído tantos...porque me apasiona leer. Pero estos son los que creo que han causado una honda impresión en mi: La Cartuja de Parma, de Stendhal (del que hablo en este capítulo); Guerra y paz, de León Tolstoi; El ángel sin cabeza, de Vicky Baum; Romeo y Julieta, de William Shakespeare; El retrato de Dorian Grey, de Oscar Wilde; Ana Karenina, de Tolstoi; Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez y por el momento son los que recuerdo. Lee, querida, lee, nunca te arrepentirás.
Valerys: Pues...no sé si fue antes que el capítulo anterior, pero espero que igual te den ganas de leerlo. Ahí estuvo la pareja que está ganando terreno en esta historia: Annie-Anthony. Las cosas siguen complicadas, pero Roma no se hizo en un día, jejeje.
Syndy: Muchas gracias por tus cumplidos ;) ¡Ay Terry! Además de hermoso es leal, no cabe duda que cuando lo hicieron rompieron el molde. Porque bien sabemos que la Gusana si se le ofreció pero él nada, seguía pensando solo en su pecosa...Me arranca suspiros aunque no quiera.
Galaxylam84: Jajaja, pues no hubo paro cardíaco pero si colapso nervioso y la transición sigue su curso así que quédate al pendiente. Yo también no trago a esa Gusana x.x
Marie Grandchester Andrew: Gracias por leer Marie. Los fics que mencioné los encuentras en la Biblioteca del Foro Rosa, googlea ciber hogar de pony y ahí encontrarás todos los de Alys Avalos y La señora Andley. Aquí en Fanfiction encuentras Ave Fénix, Azul y Yume, yo los tengo en mi lista de favoritos, si quieres date una vuelta por mi perfil para que no sea tan engorroso buscarlos.
Myrslayer: Si, la muy ilusa...se cree que ya encontró a su príncipe azul, jajaja. Pobre, lo que le espera...Yo también extraño escribir sus escenitas que cada vez se ponían más "interesantes" pero ni hablar, paciencia que ya vendrán. ¡Y yo también apoyo el escape de Anthony!
crazzy76: Gracias por dejar un review en horario laboral, jajaja. Saludos.
Roni de Andrew: Querida amiga, nunca olvidaré que tú fuiste de las primeras que le dio una oportunidad a esta historia, aunque yo era mundialmente desconocida y aquí sigues, capítulo a capítulo echándome porras y hasta recomendando mi fic. Gracias por eso. Ya ves que estabas en lo cierto, Anthony regesó echo un hombre y lo que le falta...Susana, bueno, ¿qué puedo decir? si está medio loca, jajaja. La canción que dices no la he escuchado nunca, o no me acuerdo XD Y tu Albert, pues seguramente si se sintió ofendido de pensar que deshonraron a su protegida, yo que Terry me andaba con cuidado cuando vuelva a verlo, jejeje.
Yelibar: Pues ahí estuvo un poco de la reacción de Elisa, espero ser capaz de plasmar lo que quiero con esta señora pelirroja. Y hasta con Susana pretendo algo en específico. Te cuidas mucho y gracias, muchas gracias por seguir leyendo mi historia a pesar de la tardanza.
CFRío: Si, tenía que ser George, jeje. Pues ahora también me dejaste con la duda, ¿Cómo se llamara? Lo siento, no puedo evitarlo, soy tan curiosa, jeje. Y la guerra ya llegó y como en la historia original jugará un papel importante en la vida de todos. Nos leemos chica.
Coral: Calma, respira profundo cada vez que aparezca la Gusana, aunque admito que por mucho que una quiera ser pacífica, esta mujer saca de sus casillas a cualquiera. Saludos.
Fernanda Di Amore: Otra que como yo no suelta el libro hasta que lo termina, jajaja. Gracias por leer y espero que te guste este capítulo.
Seni hina-chan: Gracias por tus reviews. Dices que no eres buena con ellos pero lo importante en verdad es saber que te va gustando lo que escribo, aunque si tuvieras quejas o tomatazos también serán bien recibidos. En realidad la idea no es odiar a Anthony, aunque cada quien es libre de opinar lo que desee de cada personaje, pero mi idea era explicar porque creo que Candy se hubiese identificado más con Terry aunque Anthony siguiera con vida. Bye.
Mary desde Chile: Me he acorado tanto de ti. Espero que todos en tu familia se encuentren bien y creéme que lamento muchísimo la desgracia que golpeó a tu hermoso país. Que Dios les de las fuerzas para recuperarse. Un beso y un abrazo.
Goshy: Gracias por tu review, que alegría que te gustara. Al principio me quedé descncertada con tu review :) pero no te preocupes, lo entendí muy bien aunque sin espacios, jeje.
Alsha: Al menos alguien es más despistada que yo...¡Ah! Yo también conozco a esa dama desconfiada, por eso puedo describirla, la he visto muy de cerca, pero todo es cuestión de verle el lado bueno. ¿Y te imaginas a Anthony con uniforme de la marina? Pensé que después de todo, lo lleva en la sangre, así que no me pareció tan loca la idea u.u Esa historia de amor en trno al Taj Mahal si que es romántica, ¿cierto? Aprendete el fic de memoria amiga, nunca cae mal ejercitar la mente, jejeje. Te mando saludos.
Juanis: Me apuré, lo siento. Espero que valga la pena la espera.
Estrella: No asumas nada, porque conmigo nunca se sabe, jejeje. Mejor lee lo que tengo preparadao para nuestra odiada Susana. Yo tampoco vi la serie completa cuando niña, fue hasta que me la compré hace algunos años cuando me traumé con el final, por eso cree este universo alterno, espero que les guste hasta el final. Saludos hasta la Madre Patria.
Candy Caroline Mercury Grandchester: Una reverencia te hago por todos tu halagos. Pero ¿cómo que te tengo al borde del suicidio? No, no, no quiero llevar una muerte en mi conciencia. Así que tómatelo con calma por favor. ¿Y que dónde hay hombres así? Ese es nuestro gran problema, que como Terry no hay dos...
Zara Andley Cullen: Gracias, espero que te siga agradando. Saludos.
Anita-asakura: Haces que me sonroje, pero gracias por todo lo que me dices. Espero no defraudarte, a ninguna de mis queridas lectoras. Nos estamos leyendo.
No me canso de agradecerles su compañía, me alegran los días cada que veo en mi bandeja un nuevo review.
Reverencia y hasta luego.
Nashtinka
