Capítulo XXIX
¿Cómo describir ese vacío en el cuerpo, ese dolor en el corazón?... ¿El corazón realmente dolerá de tristeza? Oh, si que duele. Annie no sabía localizar específicamente donde sentía el dolor, era algo que la embargaba completa. Era la desilusión de creer indigno de sus sentimientos al dueño de estos. Un hombre que le robó un beso y con él su corazón, para después pisotearlos frente a ella en el altar de una iglesia, donde desposó a otra. ¡Ah! Muy a su pesar, ese beso aún calaba hasta los huesos, aún se sentía palpitante en sus labios; y muy a su pesar, Anne desearía que se repitiera. Soñaba con los ojos abiertos, con un beso más profundo, más deshinibido, donde ella no respondiera con una bofetada sino que lo disfrutara en su plenitud, sin miedos, sin culpas, sin tiempo... Pero todo quedaba en eso, en sueños que una señorita educada como lo era ella calificaba de indebidos y hasta pecaminosos; aunque no por ello abandonaba el placer que le proporcionaban. Es la naturaleza humana; amamos ese placer agridulce que nos proporciona pensar en el que se ha ido. No importa que la herida sangre cada vez que lo recordamos, de hecho quizás eso es precisamente lo que se busca, mantenerla abierta y fresca, después de todo el dolor es una muestra más de que estamos vivos y ese dolor en especial nos recuerda además que alguna vez amamos.
-Buenas tardes.-había saludado Archie al acercarse a la mecedora donde Anne bordaba.
-Hola Archie. Que sorpresa tan agradable.
Los saludos, las cortesías de costumbre, no impidieron que la joven notara la leve incomodidad que mostraban las maneras del elegante visitante.
-¿Qué es lo que te cuesta tanto decirme Archie?-le preguntó viéndolo con curiosidad, con una mirada directa que solía usar desde hace poco la otrora tímida joven Britter.
Archie tomó aire y se dispuso a hablar de una vez por todas del verdadero motivo que lo había llevado aquella tarde a casa de su amiga.
-Bueno, en realidad quería comunicarte una noticia. Que...Elisa está de encargo.-dijo sin perder detalle de su reacción.
-¿En verdad? Pues que buena noticia. Lo que no entiendo es porque te costaba tanto decírmelo, es natural que una mujer casada quede embarazada.-contestó Anne con toda naturalidad, tanta que por un momento Archie creyó que se había equivocado en sus conclusiones; pero enseguida concluyó que esto más bien las confirmaban.
Ahora estaba más que claro el motivo del cambio de Annie. Un corazón desilusiondado causa efectos insospechados en los desafortunados dueños. En la joven de dulces ojos había traído fuerza de la flaqueza.
-Annie.-dijo tomando su mano con afecto-Fui un tonto al no darme cuenta de lo afortunado que pude haber sido al tener a mi lado a una mujer como tú. Pero ahora me alegra tanto tenerte como amiga... siempre estaré ahí para ti.
Por toda respuesta, ella apretó su mano y le sonrió con una sonrisa que ya no era como las que acostumbraba reservar para él; no, esta era una que provocaba complicidad y confianza, que no llevaba ninguna otra intención que agradecer una palabra amiga.
El díá había llegado para conocer finalmente los resultados de la audición. Terrence se despertó temprano, como de costumbre, y tomó el desayuno con toda la tranquilidad de que fue capaz; pero la verdad era que deseaba salir corriendo hacia el teatro y saber, de una vez por todas, si había conseguido el papel.
Una vez frente a la última puerta que lo separaba de la pizarra donde esperaba encontrar escrito su nombre, giró el picaporte y toda la ansiedad y nervios se esfumaron. Consciente estaba de haber dado una buena audición. Lo que debiera de suceder, sucedería... Caminó con paso seguro hasta colocarse frente a la pizarra, donde otros compañeros también buscaban sus nombres. Los unos revisaban una y otra vez, como si tuvieran la vaga esperanza de haber visto mal, obviamente inconformes con el resultado. Los otros se alejaban en silencio, aceptando lo inevitable. Otros más, entre ellos Susana Marlowe, sonreían y aplaudían por haber obtenido lo que querían. En el rostro de Terrence solo se dibujó una discreta sonrisa. No era tan rápido como él hubiese deseado, pero seguía en el camino de alcanzar su meta. No era un protagónico, no era su ansiado Romeo, pero este primer papel en Broadway podía abrirle todo un abanico de posibilidades si él sabía avistarlas a tiempo. Ahora lo que debía preocuparle es hacer de su Benvolio, uno memorable.
Emitió unas palabras de felicitación a sus compañeros, se despidió y dio la vuelta para comenzar a andar, sin importarle, sin mirar siquiera a la jovencita de rubios cabellos que lo miraba deseosa de que él se dignara intercambiar unas palabras con ella.
Los días pasaron álgidos y desolados; las hojas caían recordándole que otro invierno se acercaba. Un año ya había pasado. Un año en el que no supo como había hecho para no olvidar como sonreír. Sintiendo que solo vivía porque su corazón se negaba a dejar de latir. Pero sintiendo también que algo había muerto en ella, sin embargo no encontraba el cadáver, solo percibía cierto constante olor de putrefacción. Ya tenía tiempo en ese estado y concluyó que lo mejor era quedarse quieta por un momento y aguzar sus sentidos para que estos la guiaran, le mostraran la manera de deshacerse de eso que le estorbaba y le dañaba. La respuesta llegaría, segura estaba.
Y la respuesta llegó. Anthony se había enlistado en la marina, Alistear y Archibald estudiaban en la universidad; hasta Patty, que para esas fechas ya se encontraba en América, le había dicho que la educación superior comenzaba a ser accesible para las mujeres, y ella que siempre se había interesado por esas materias, deseaba estudiar física o matemáticas o alguna de esas cosas que a Candy la dejaban con dolor de cabeza. Ella ya había concluido sus estudios con el profesor particular y no deseaba una existencia como la de la tía abuela; entre tules y flores, reuniones y fiestas, lo común para una dama de buena cuna pero que resultaba insufrible para Candice. Así que una tarde ociosa y lánguida, decidió que sería enfermera. Habló con George sin que nadie se enterara y solo comunicó sus planes a la tía cuando George le había confirmado que sus clases comenzarían la siguiente semana. La respuesta de la venerable mujer fue la que esperaba, indignación, reproches, reclamos, amenazas y finalmente la mujer dio media vuelta dándose por vencida con esa jovencita que no conforme con arrastrar a su ancestral familia al escándalo, huyendo con un hombre; ahora se le ocurría tener una profesión... ¿Para qué necesitaba ella una profesión? Las mujeres de su clase no trabajaban, nunca lo habían hecho. Pero conociendo a Candice, la pobre señora Elroy se imaginaba cualquier cosa, incluso que después quisiera trabajar como enfermera.
-¡Haz lo que te plazca! Está visto que nunca serás una dama digna de portar el apellido Andrey.-escupió antes de salir de la habitación con una rabieta.
Así Candy salió con un suspiro de alivio de la casa Andrey en Chicago, con dirección al hospital donde estudiaría para convertirse en una enfermera. El chofer la miraba en silencio por el espejo retrovisor recordando cuando él mismo era joven y lleno de ilusiones, creyendo que el mundo sería suyo. Y recordando también a la señorita Andrey que él solía conducir a cualquier lado: Rose Mary Andrey, la madre de Anthony. Ella también, como Candy, solía mirar por la ventanilla con curiosidad, pero a ella le faltaba cierta chispa en los ojos; una que Candy tenía de sobra. Era esa audacia que no solo la movía a sentir curiosidad, sino a salir e investigar por sí misma que es lo que la vida le podía ofrecer.
-Cuando le diga a mi esposa que la heredera Andrey será enfermera no lo creerá.-pensaba el buen hombre con una sonrisa en los labios.
El camino era difícil por donde lo vieras. La guerra, con sus extensos brazos, parecía haber acaparado toda la escena mundial. Cada rincón de la Tierra, incluso su querida India, se había ya visto envuelto en la encarnizada y sin sentido batalla por la supremacía. El viaje en barco era la mejor opción debido a su rapidez, atravesando el Canal de Suez, pero eso era en tiempos de paz... Ahora las cosas eran harto diferentes; todos, desde el capitán hasta los pasajeros lucían evidentemente nerviosos pues todos sabían ya que la guerra también había alcanzado al mar. Hasta esa fecha, dos batallas importantes se habían registrado. Pero los barcos de guerra podían encontrarse en cualquier momento, en cualquier lugar. Y el hado quiso que el barco en que viajaba Albert se encontrara con unas embarcaciones alemanas obstruyendo el paso en el Mar Rojo. El capitán entró en pánico (aunque no había nada que él pudiera hacer de cualquier forma) y ordenó a los pasajeros desembarcar ahí, en Egipto, en un terreno desértico y desconocido, con habitantes que no hablaban su idioma y a miles de millas de su destino.
Albert tuvo que hacer uso de todo su sentido común, que en una tierra tan diferente a veces no lo era tanto; porque el sentido común difiere según el contexto; la cultura y circunstancias en que cada uno ha vivido. Y sin duda, las circunstancias de Albert nunca habían sido iguales a pesar de todas sus andanzas. Solo en un país extraño al que no tenía planes de visitar, ansioso por salir pero imposibilitado para hacerlo, al menos con la rapidez que él quisiera, debido a una que no era su guerra pero que afectaba, y afectaría aún más, su vida.
En otras circunstancias hubiese disfrutado enormemente recorrer ese país ancestral. Conocer su riquísima cultura y adentrarse en sus ecuménicas construcciones antiquísimas. Esas pirámides imponentes lo estremecieron e hicieron sentir tan pequeño y a la vez tan grande. Tan pequeño comparado con tanta belleza y tan grande por saberse parte de esa, la raza que hace milenios fue capaz de construir algo como eso, algo... algo que dejaba sin palabras y sin aliento de solo verlo. Pero no se encontraba ahí como turista, debía continuar con su viaje y lo hizo lo más rápido que los medios de transporte se lo permitieron. Hasta llegar a aquel sitio donde se encontró con la escena más desconcertante que había visto en toda su vida: un grupo de soldados con uniforme británico pero que claramente eran de la India, corrían desesperadamente agitando las manos sobre sus cabezas. Albert se detuvo, alertado por sus gritos y no comprendía lo que les acontecía hasta que se acercaron un poco más y pudo ver una mancha negra que volaba sobre ellos.
-¡Corre!- entendió que le gritó uno de los soldados.
Pero él sabía bien que eso era precisamente lo menos recomendable. En pleno desierto no había hacia donde huir, así que se tiró sobre la arena ardiente, procurando cubrir sus brazos con el tórax y su cara con el lino que traía en la cabeza y se quedó inmóvil, esperando mientras sentía como pasaban corriendo muy cerca de él. Pero el ataque de las abejas no sería lo peor que le ocurriera aquel 4 de noviembre de 1914. Él no podía saberlo; los soldados huían tanto de las abejas como de su regimiento, eran desertores sin duda y, desde luego, no se quedaron a advertirle. Pero pronto descubrió que los soldados tenían mucha razón al huir desaforadamente.
Las órdenes del general Aitken eran claras: capturar la colonia alemana ubicada en Tanga. Fue un fiasco desde el principio. Las fuerzas de Aitken constaban de 8,000 reservas poco entrenadas provenientes de la India, numéricamente eran superiores a los 1,000 soldados alemanes, pero eso si, entrenados en la tradición prusiana. Los alemanes, efectivos y rápidos, lograron en tan solo unas horas hacer que los ingleses se retiraran a sus barcos. Pero regresemos un poco: la batalla aún no terminaba cuando Albert llegó cerca de la ciudad y teniendo como opciones solo aquella ciudad o regresar por donde venía, con el riesgo de morir deshidratado en el desierto, dudó un momento, solo un momento, cual sería su siguiente paso. No llegó a decidir nada: cuando se dio cuenta se vio envuelto entre el mar de soldados mientras él seguía en la tirado en la arena, cubriéndose de las abejas. No alcanzó a hacer mucho, solo se enroscó, abrazando sus rodillas y lo último que vio fueron un par de botas polvosas junto a su cara.
Diario de Anthony Brown 30 noviembre 1914
Ya tengo suficiente tiempo aquí como para haberme acostumbrado a la vida disciplinada y estricta de la marina. No me resulta difícil ahora el despertarme al amanecer y realizar todas las extenuantes tareas que implica el entrenamiento. Se podría decir que me siento satisfecho haciéndolo; debe ser esa agradable sensación de saberse útil y capaz. He encontrado mi camino y no pienso abandonarlo por nada.
Alistear me ha escrito preguntando con mucho interés si yo creía que Estados Unidos entraría en la lucha. Todos estamos atentos a las noticias de la guerra, sabemos que América no está involucrada, pero sabemos también que esta es una bola de nieve que en cualquier momento nos alcanzará. Lo que nos inquieta es si estaremos preparados a asumir lo que sea, cuando eso suceda. ¡Vaya época para tener hijos! Me he enterado por una carta de Eliza que seré padre. No sé que pensar, nunca imaginé, ni deseé, formar una familia precisamente con ella; pero ahora que sé que ya está hecho, que un hijo mío crece en su vientre, no puedo más que convencerme que lo amaré con todo mi ser. Aunque todo mi ser me diga que es otra la que debió ser su madre.
NOTAS:
Mis queridas y fieles lectoras. No tengo palabras para expresar mi gratitud por todos sus mensajes pidiendo un capítulo más de esta historia. Gracias por su interés, por su paciencia y por sus palabras de aliento. A la gran mayoría de ustedes solo las conozco por este medio, pero eso no impide que les profese un verdadero cariño y las sienta cercanas a mi.
Roni: Querida amiga. Te he extrañado, siento que tiene ya años de la Guerra Florida aunque han pasado unos cuantos meses. Será porque he vivido más estos meses de lo que hice en años... No te preocupes que no le cuento nada a Albert; ya sabemos que tienes cierta debilidad por el güerito menor, pero tu sueño dorado es el príncipe de la colina.
Galaxylam84: ¡Como soy mala, que te pongo a sufrir! Y ya me imagino que quisieras ahorcarme por tardarme tanto... Pero ahí está, ya se vislumbran los proyectos de todos; bueno, en algunos casos no son proyectos, sino lo que la vida les depara. Ya veremos qué es ;)
Anita asakura: Gracias, gracias, que gusto que te esté gustando. Espero que este espera también haya valido la pena. Saludos.
Eli de Grandchester: ¿En serio prefieres a Eliza para Anthony? Eres la segunda que me dice eso. Veamos que opinas de Annie y, en fin, de todos los personajes con los perfiles que les estoy dando. Espero que te agrade. Y de que Terry y Candy se aman no tengas duda alguna... ;)
Chibandrey: Calma, respira, nada de colapsos nerviosos aquí porque cuando me llegue la nota del hospital yo diré que ni conozco a la tal Nashtinka jajaja. Quién sabe quien será esa loca que escribe una bola de tonterías para atormentar a las señoritas amantes de Candy Candy. ;)
Candida Grandchester: Pues creo que este capítulo también está tranquilo, aunque sucede algo muy importante, algo que después significará mucho, ya lo verán... Saludos y gracias.
Arizza: Si, es bueno, muy bueno que ahora Terry cuente con su madre. Y Anthony ¡ay Anthony!, más amarrado que nunca... (Por cierto, no me linchen).
Alyshaluz: Intentaré no imitar a Stendhal. ¡No, estoy bromeando! Que no daría yo por llegarle a los talones... Pero en cuanto a lo trágico, al menos, no lo imitaré (creo). ¿Sabes? no me había puesto a pensar en eso, pero creo que todos mis libros favoritos acaban trágicamente. Solo espero que no me traicione el inconsciente con esta historia...
Yelibar: Ahora resulta que le echas porras a Annie y primero decías que no la soportabas. Jajaja, me vas a querer ahorcar por lo del embarazo, ¿cierto? Tú dame chance, si al final no te gusta, entonces si me ahorcas ;)
Cary: ¡Ya, por fin se me ocurre actualizar! Lo siento, lo siento de verdad. Tarde pero segura, ya sabes. Gracias por tu paciencia y por recordarme que tengo algo pendiente con ustedes. Saluditos niña.
Goshy: Gracias por tu review. Aquí está ya la continuación, espera el siguiente próximamente. Saludos.
Marie Grandchester Andrew: Pues espero que si te siga pareciendo interesante, al menos entretenida, esta locura que se me ocurrió. Que bien que estés considerando Historia. Te anticipo que debes tener verdadera vocación para leer hasta que los ojos te ardan y seguir leyendo después, para dejar de sentir los dedos por escribir y por irte a enterrar viva entre libros y periódicos. ¡Ah, pero si de verdad te gusta, eso te hace sentir plena!
jennat84: Te aseguro que si pensaba seguir tu consejo, pero se me fue la onda y ya no he podido postear tanto en el foro. Pero espero que este mes ya los dejé al parejo y el próximo capítulo, el XXX, saldrá simultáneo. Besos amiga.
Myrslayer: Al menos ya están en el mismo país, ya solo es cuestión de tiempo para el tan esperado reencuentro. Gracias por seguir leyendo nena.
Gigi: ¡Hola, que gusto me da leerte! No he tenido casi nada de tiempo de pasar a saludarlas chicas :'( , las extraño. Pero gracias por escribirme aquí, que gusto me da que te siga gustando mi historia. Un abrazo Gi.
Mary desde Chile: Un gusto saludarte. Yo siempre me dije que estaba bien que Candy fuese linda y todo, pero que acaparadora, todos los hombres de la serie se enamoran de ella... Vamos a ver si pueden encontrar otro amor, al menos aquí, en Nada más. Saludos.
Conny de Grandchester: Gracias por todos y cada uno de tus reviews, te aseguro que los leí con mucha atención y agradecimiento por tomarte la molestia de escribirme. Pues sé que fue cruel lo de Latika, yo también la quería, créeme. Ella era realmente mía; yo la moldeé, le di nombre y carácter, pero ya estaba planeado. Quizás no era necesario, pero si posible y decidí tomar esa opción, aunque fuera triste. Espero que tus nervios aguanten al siguiente capítulo :)
Alsha: Ahorita también estás vuelta loca con cuatro chiquillos alocados en casa ¿no? Por eso yo no tengo hijos... jajaja. Gracias por seguir al pendiente de mi historia y nos leemos pronto. Mientras tanto, el conflicto internacional seguirá poniendo todo de cabeza para nuestros protagonistas.
Milery: Gracias, que gusto que te agrade. No seguí el triángulo amoroso porque Anthony me parece un hombre inteligente y eso de estar aferrado a un imposible requiere de mucha necedad y ceguera, además que no quería abusar de un recurso o esto resultaría tedioso. Al menos es como yo lo veo. Espero no defraudarte.
Syndy: No, perdóname tú por la tardanza. El reencuentro se acerca, sigue pendiente ;)
Carolina: ¡Ups! Me desaparezco, lo sé. Pero he vuelto. Con calma y algunos trastabilles, pero seguimos en lo dicho: esto no se acaba hasta que se acaba.
Karelem: Saludos, saludos niña. Gracias por seguir por aquí, no te fijes de haber leído hasta después. Ya ves que yo si que me tardo en actualizar...
Lita: Gracias. Aquí seguimos. Espero que tú también ;)
CFRío: ¡Ahora está muy claro porque te haces llamar así! Lindo ;) Espero que no te enojes mucho conmigo por dejarlas en suspenso con Albert, pero te aseguro que no lo puedo controlar, solo agarro su mochila y se fue a Egipto, por mucho que yo le decía "No Albert, por ahí no". Pero tú lo conoces mejor que yo, es un espíritu libre. Jajaja.
Andrea: Gracias por tus palabras. Aquí está ya el siguiente y espero que el otro no tarde tanto.
Gema: Yo tuve una amiga en la uni cuyo nombre es también Gema. Y me gusta por una canción que supongo que has oído. Gracias por tus comentarios.
Mimicat12: Ya decía yo que te conocía... Eres la bella chef. Es cierto, ¡demonios! ahora Anthony puede burlarse de Terry, porque él tiene que maquillarse para actuar mientras nuestro niño tierno terminó siendo un rudo marino. Cosas de la vida... Como sea, Terry es Terry, se maquille o no. Gracias por seguir mi historia, muchos saludos.
Eris: O la diosa de la Discordia en Grecia. ¡Oh si! Eris es la que comenzó con la famosa competencia de belleza entre las diosas que desencadenó la guerra de Troya. Eris y su manzana de oro... Muchas gracias por tus amables comentarios Ericka, seguiremos escribiendo, aunque sea un poco (o mucho) más lento de lo de costumbre.
Rizzolys: Pues muchas gracias por haberte animado a dejar un comentario. Todos me encantan, porque me hacen pensar que esas botellas que arrojo al mar encuentran destinatario.
Pauchis: Muchas gracias de verdad. Que gusto que se cumpla el propósito: que puedas ver, oír y hasta oler lo que describo; no pido más nada, solo poderles transmitir eso que pasa en mi cabeza, poder abstraerlas un ratito de la realidad para transportarlas a otro mundo, a mi mundo.
Raquelisc: Gracias por la espera. Aquí lo tienes ya, el nuevo y recién terminado capítulo de Nada más ;). ¿Que si Annie y Anthony podrán estar juntos? Bueno, todo en esta vida es posible; mientras respiremos todo se puede.
No me cansaré de agradecer todas sus finas atenciones. Nos leemos próximamente con el capítulo XXX (¡Que bárbara, ya son 30!)
Abrazos a todas:
Nash
