Capitulo 3.
Hola mi querida Bella.
Espero que te encuentres bien. Ya que si tú estás bien, yo también lo estaré.
El sábado en la tarde te vi en el parque, el aire movía tus frágiles cabellos y tus ojos achocolatados, brillaron cuando comenzaste a leer tú libro.
Te veías tan dulce y frágil a la vez, que quise salirme de tras del árbol donde me encontraba, para abrazarte y decirte lo adorable que lucias.
Pero ya me conoces, fui un cobarde… temí que te espantara y que te desilusionaras, al saber quien soy realmente.
Levante la vista, hacia el cielo, estaba atardeciendo. Cerré los ojos y suspire.
Era la segunda vez que leía su carta, su adorable carta. Sonreí. Fui abriendo lentamente los ojos. Levante mi carta para poderla leer, me acomode en la silla de madera, que se encontraba en el patio de atrás de mi casa.
¿Sabes? A veces ciento la necesidad de abrazarte, de decirte como me has hechizado con aquella sonrisa tuya que me deja sin aire, con aquella voz que a veces oigo por los pasillos, pero lo que más adoro es tu angelical risa.
Siento mucho, no escribirte mucho en esta carta, pero he tenido exámenes, y debo de estudiar, para no ser burro y que la chica que me encanta sea lista y yo casi no. Por eso estudio mas, para cuando me conozcas, no te lleves una mala ilusión de mí que no soy tan listo. Mis manos están sudando y mi corazón late, por que se que en estos momentos estarás leyendo mi carta. Y no he sido tan romántico, prometo que cuando finalicen los exámenes, me esforzare en escribir lo más romántico que pueda ser.
Me despido de ti.
Tu admirador.
Un beso enorme.
Suspire, al terminar de leer la carta. Sonreí, ¿Cómo era posible que siempre sonriera al leer sus cartas? además, como podía escribirme que no era tan romántico, cuando el fue quien me robo el corazón con sus escritos, cortos o largos que fueran.
- ¿Cómo quisiera conocerte?- susurre.
Olí el dulce aroma que aun seguía en la carta, cerré los ojos, y apreté mi carta contra mi corazón.
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Jacob me miraba desde al otro lado de la mesa. Enarque una ceja y el negó.
Trate de estrangularlo con la mirada, pero no fusiono, había pasado dos días, desde la ultima vez que habíamos hablado.
-¿Qué quieres?- dije en seco, agarre una patata frita con mis dedos, y me metí a la boca.
-Oye ¿Cuándo me comenzaras a hablar?-
-Te estoy hablando- dije, terminando de masticar la patata.
Él suspiro- Oye ¿aun sigues con la loca idea, que puedo ser… ya sabes quien?-
Sonreí al verlo sonrojado- ¿Mi admirador secreto? No lo creo. No eres tú, además no eres tan romántico- susurre.
Mire a mi amigo, su piel morena brillaba contra la luz. Baje la cabeza pensativa… ¿y si era él mi admirador secreto? Negué al instante ante aquella locura.
Él no podía serlo, era Jacob, mi mejor amigo, el chico que conozco desde que éramos niños. Además el amaba a otra persona.
- Gracias por tus palabras Bella…-dijo encogiéndose de hombros- Así no podré conquistar a Renesmee-
Lo mire a los ojos arrepentida- No quise decir eso… es solo que… he estado pensando- suspire.
Jacob miro su desayuno, agarro el pedazo de pizza que le quedaba y se lo trajo- ¿Qué has estado pensando?-
-En mi admirador- sonreí. –Nada importante-
Jacob me regreso la sonrisa- ¿De verdad nada importante?-
Me sonroje ante su comentario- Bueno, es importante para mi… pero –
-Pero no lo conoces- termino casi la frase por mi, levante la vista y lo mire- ¿Qué harías, si tú admirador fuera, con quien hablas casi siempre?-
Lo mire desconcertada- ¿Jacob, no creo que seas tú?- sonreí.
-No hablo de mí, de tus compañeros de aula, de tus profesores-
Abrí los ojos en grande- Entonces estoy jodida- asentí lentamente. Jacob comenzó a reírse de mí, lo que ocasiono que algunos de los estudiantes que se encontraban en la cafetería voltearan a vernos. Me sonroje, bajando la mirada.
-Bella, arréglate, pronto tendrás noticias de él- levante la mirada y enarque una ceja.
-¿Y tú como lo sabes?- él sonrío.
-¿No te envía cartas dos veces a la semana?-
Negué lentamente-Antes lo hacia, ahora solo envía una o ni siquiera una- suspire- Creo que se esta desenamorando de mi-
- Pues tú no le das alas- fruncí el ceño.
-Él no me deja nada para comunicarme, tan siquiera un número o Hotmail, nada- suspire.
-¡Vaya, vaya! La señorita Isabela Swan, anda de humor-
Fruncí mas el ceño al escuchar aquellas palabras- Cállate Edward- comente, él se sentó a lado de Jacob, casi de frente junto a mi.
-Estaría en el mismo lugar que tú admirador, si yo estuviera enamorado de ti y me hablaras así todos los días, creo que aria lo mismo que hace tú admirador secreto-
Suspire sin mucho animo.- No le hecho la culpa que lo haga…no convivo con él, y si tú estuvieras enamorado de mi, te diría que no lo hicieras-
Él enarco una ceja -¿Por que?-
-Por que te aburrirías de mi- Edward comenzó a reírse. -Es cierto lo que te dijo Cullen, soy un caso perdido, no merezco que se enamoren de mí-
-Entonces tú admirador secreto es un tonto, por fijarse en ti- murmuro Jacob- Tú no lo quieres y el te adora de lejos-
Edward sonrío ante el comentario de su amigo.- Tienes toda la razón. Ha de ser un chico ciego, por que pierde el tiempo enviándote aquellas cartas que pienso que han de ser cursis-
-No son cursis, son hermosas- susurre. Un largo suspiro salio de mis labios.
-Bella, no merece aquel chico que pienses en él, ni siquiera se atreve a decirte quien es ¿o no Edward?-
Edward trajo saliva pero asintió- Es cierto, es un idiota y tú también- fruncí el ceño.
-¿Y yo por que, por enamorarme de él?-Abrí mis ojos al decir aquello, había revelado mucha información al oponente.
Edward me miro- Ves por eso eres una idiota, ya te enamoraste de sus escritos-
-El baile se acerca Bella, es hora de dejar ir a tú admirador y buscar a gente verdadera- comento Jacob. Edward asintió.
Los mire. –Tienen razón, mi admirador es un idiota por ser tan tímido y ni siquiera se anima a hablarme de frente, como si mordiera- comente.
-¿Y ahora que harás?-
Me encogí de hombros- Esperarlo- susurre. Jacob y su amigo me miraron con los ojos en plato.
- Pierdes tú tiempo- dijo Jacob, se levanto de su lugar y se marcho de ahí, Edward me miro por un largo instante.
-¿Y tú que quieres?- murmure.
-No tengo nada mas que hacer, así que estaré aquí un rato más, molestándote- susurro divertido.
-Pierdes tú tiempo- me levante de mi lugar yo también- Me voy, las clases ya comenzaran- le sonreí algo tiernamente a Edward y me marche de ahí.
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Admirador secreto pov.
Hoy era viernes. ¡Perfecto ya no la vería en dos días!
Mi corazón se apachurro ante mi comentario. Dos días era algo eterno para mí y mi corazón que ya sufría. Comencé a caminar con paso despreocupado por la escuela, hoy no la había visto en toda la mañana. Me encogí de hombros, gire mi cabeza hacia los pasillos solitarios, era hora de la salida, ella ya se debió de haber ido.
Salí por aquellas puertas azules, el aire soplaba, me acurruque más contra mi chamarra. Mi mochila se cayó de mis hombros. Bufe. Me agache para recogerla, cuando la vi.
Era la criatura más hermosa que había visto en toda mi vida.
El viento soplaba moviendo sus frágiles cabellos, el sol iluminaba la palidez de su piel, y sus sonrojadas mejillas se hacían por el estar leyendo una carta. Mi carta.
Hoy le había dejado una carta en la hora del receso. Pero no me quede a esperarla, hasta que llegara y abriera su casillero, tenia clases ha esa hora. Suspire. Me había perdido de su reacción…
Se encontraba debajo de un árbol, sentada en el pasto verde, y acurrucada contra su chamarra roja. Cada renglón que leía, sonreía más y más. Al ver su sonrisa ocasiono que mi corazón latiera.
Me escondí detrás de un árbol, para mirarla un poco más, y para que cualquier estudiante que todavía estuviera en la escuela o saliera por la salida no me viera, mirándola, como un loco demente...
-Vamos, sal detrás del árbol y dile quien eres- me repetía una y otra vez más, aquellas palabras. Debía de salir, debía ir con ella y presentarme.
Traje saliva y me arme de valor para salir detrás de mi escondite, entonces su amigo llego y arruino todo.
Ella levanto la vista y le sonrío, se intercambiaron algunas palabras y ella se levanto de aquel lugar, guardo mi carta en su mochila y comenzaron a caminar hacia el estacionamiento, donde se encontraba su camioneta roja vieja.
Mi corazón se quebró al verla despedir de su amigo y que ella arrancara su camioneta y se marchara de ahí.
Continuara…
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