HOLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! Jejejeje regresé con el capítulo 2 y bueno gracias por sus comentario, en el final del capi responderé a sus comentarios, gracias por los animos, bueno aclaro que la historia no es mía, sino de Cristina Carvias, así que esto es solo una simple adaptación de personajes, y bueno los personajes tampoco son míos, pertenecen a Rumiko Takahashi, nada es mio! GRACIAS POR LEER!

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Un Ángel para mi corazón

Capítulo II

Durante el mes siguiente y para la extrañeza de Kagome, el señor Taisho no dio señales de vida. Aunque había dicho que almorzaría junto a su abuela cada día su presencia había sido casi nula, tres semanas atrás había tenido que hacer un importante viaje de negocios y no habían tenido noticias de él desde entonces.

La verdad es que Kagome se había alegrado mucho de eso, aun contra su voluntad. No se lo había confesado a Kaede, pero la presencia de Inuyasha Taisho la ponía nerviosa. Él no era como las demás personas de aquella casa. Era huraño, brusco y grosero. Y había mostrado un evidente desprecio hacia ella por ser de clase inferior. Sin embargo, no le importó que fuera así. El personal que trabajaba para él compensaba con su amabilidad la prepotencia del dueño de la casa. Yura, el ama de llaves, era una mujer entrada en años que había servido a la familia Taisho desde hacía dos décadas. Para Kaede, Yura era más que una empleada, era su amiga, una especie de hermana menor. Alguien que de vez en cuando pasaba por alto su dieta y le regalaba un menú especial con salsas, dulces y todo cuanto Kaede deseara ese día. Era su secreto y Kagome había prometido que no diría nada si sólo sucedía esporádicamente. Jaken, el jardinero, debía tener unos cuarenta años. Era robusto y había perdido casi todo el cabello, quedando solo unos mechones plateados en ambas sienes. Siempre sonreía al verla pasar y le regalaba algunas flores que cortaba del jardín. Kaede disfrutaba viendo como ella llenaba los jarrones de toda la casa y aspiraba satisfecha su aroma mientras tomaban una limonada. La mujer de Jaken era la cocinera y ella sí seguía estrictamente las órdenes del señor Taisho en cuanto a la dieta de Kaede. La anciana le había contado que en una ocasión, le había desobedecido y había tenido la ocurrencia de preparar para Kaede un delicioso mousse de chocolate, tan azucarado que el médico tuvo que acudir al día siguiente para controlar su glucosa. Inuyasha Taisho se había puesto hecho una furia y de no ser por la intervención de Kaede, la pobre señora había sido despedida al instante. Así que a partir de entonces, la buena mujer evitaba improvisar en los alimentos. Precisamente, Kaede se había quejado esa noche de su cena y había tenido un breve ataque de rabia porque decía que estaba harta de que la trataran como a una anciana senil. Claro que en cuanto Kagome había subido a su cuarto para darle las buenas noches, se le había pasado.

-"¿Me perdonas, querida niña?" -la miraba con ojos somnolientos y Kagome apretó con ternura su mano sobre las sábanas. Kaede suspiró largamente-. "Sé que a veces soy una vieja gruñona e insoportable. Pero prometo que seré obediente si no me regañas por lo de antes."

-"No la regaño, Kaede -Kagome la besó en la frente y le colocó la almohada bajo la cabeza.- ¿Cómo podría hacerlo? Es la mejor persona que conozco."

-"Ay, criatura… Eres tan extraña… -la mujer sonrió medio en sueños-. Siempre logras arrancarme una sonrisa. Me recuerdas tanto a mi misma de joven…"

-"Duerma tranquila, Kaede... dulces sueños."

Kagome cerró la puerta tras de sí. Bostezó contra su voluntad. La verdad es que era temprano para irse a la cama. Bajó al salón y comprobó que todas las luces de la casa estaban ya apagadas. Todos ya se habían acostado. Se dirigió a la biblioteca, dispuesta a leer durante un buen rato hasta que el sueño la venciera. Solía hacerlo bastante a menudo desde que Kaede le mostrara la maravillosa biblioteca propiedad de la familia Taisho.

La azabache había encontrado en ella un lugar donde podía estar a solas consigo misma, con la única compañía de una buena lectura y sus propios pensamientos. Como era costumbre, dejó las luces apagadas y encendió únicamente la lámpara de mesa que había junto a la elegante butaca. Recorrió con la mirada la inmensa estantería y sus ojos brillaron en la oscuridad al localizar lo que estaba buscando. "Romeo y Julieta", un clásico que adoraba y que había decidido leer por sexta vez. Extendió su mano hasta el libro, pero retrocedió asustada al ver que otra mano interceptaba la suya en el aire. Parpadeó repetidamente, tratando de distinguir en la penumbra el rostro del intruso.

-"Una gran elección, señorita Higurashi."

El sonido de aquella voz la sacó enseguida de dudas. Era inconfundible. Inuyasha Taisho había regresado a la casa. Kagome apretó el libro contra su pecho, colocándolo de tal manera que se diría que le servía de escudo contra quien sabe qué enemigo. Quizá contra él, quien al ladear un poco la cabeza, recibió en pleno rostro el haz de luz que provenía de la lamparilla. Kagome escudriñó en silencio su expresión. No parecía estar de mal humor, lo cual le pareció una buena señal. Sin embargo, desconfió de su repentina amabilidad. Inuyasha Taisho era cualquier cosa menos amable. Lo vio encender un cigarrillo y aspirar el humo lentamente. La miraba con fijeza y Kagome se alejó de él, incómoda.

-"No lo estaba robando -aclaró, segura de que si no lo hacía, él era muy capaz de acusarla de ello-. Kaede dijo que podía tomar lo que quisiera si luego lo devolvía a su sitio. Me lo llevaré a mi cuarto…"

-"¿Porqué iba a hacerlo? -preguntó él sin moverse de su sitio y sin dejar de mirarla-. Puede leer aquí, señorita Higurashi. ¿Acaso no lo hace cada noche?"

-"¿Cómo lo sabe?"

-"Tengo mis espías. Ya le advertí que la vigilaría" -el tono de él era burlón.

-"Entonces, sus espías le habrán informado que he seguido al pie de la letra sus instrucciones -respondió, controlando la rabia en su interior. Aunque la misma rabia la impulsó a añadir-. Así que como ve, no le he dado motivos para despedirme, señor Taisho."

-"¿Es sarcasmo eso que noto en su voz, señorita Higurashi?" -arqueó las cejas. Parecía divertido por la forma en que ella se defendía de sus burlas. Escuchó como chasqueaba la lengua un par de veces-. Precisamente hoy, que estoy siendo amable con usted. No creo que lo merezca."

Kagome pasó junto a él sin responder.

-"¿No dice nada?" -Inuyasha interceptó su paso, colocándose ante la puerta para evitar que ella huyera.

-"Buenas noches, señor Taisho" -murmuró, ella. No pudo ver como la expresión del hombre se suavizaba.

-"¿Se marcha? ¿No quiere que conversemos un rato?"

-"No sé de que podríamos hablar" -replicó Kagome, consciente de que aquella proximidad la turbaba, sin que pudiera explicar los motivos de ello.

Él señaló la butaca y ocupó a su vez la que estaba junto a ella. Kagome obedeció, preguntándose qué estaría tramando la perversa mente de aquel hombre.

¿Nunca sonreía? La idea la asaltó mientras observaba con disimulo la expresión seria de su rostro.

-"Cuénteme algo sobre usted" -la invitó y su tono era engañosamente cordial al hablar.

-"Lo aburriría."

-"Entonces, abúrrame un poco, señorita Higurashi" -insistió y esta vez, había un matiz imperioso que ella fue incapaz de ignorar.

-"¿Qué quiere saber?"

-"Dígame, ¿porqué una chica joven y bonita como usted, ha decidido elegir un trabajo tan insípido como este? No creo que haya encontrado demasiada diversión en esta casa."

-"Lo paso bien con Kaede, señor Taisho -objetó con sinceridad.- Además, Yura y los demás, son buenas personas."

-"¿Y?"

-"Y no es diversión lo que buscaba al venir aquí" -añadió.

-"¿Ah, no?" -él se burlaba nuevamente-. ¿Qué era entonces, señorita Higurashi? ¿Tal vez está huyendo de sus fantasmas? ¿Cree que esta isla es un lugar paradisíaco donde encontrará a su príncipe azul?"

-"No he dicho eso" -Kagome se mordió los labios. No tenía intención de explicarle los motivos que la habían llevado hasta allí. No eran de su incumbencia-. "Y no creo en los cuentos de hadas."

-"Pero lee a Shakespeare" –observó él con cinismo.- En el fondo, es una romántica, ¿no es así?"

-"Quizá" -reconoció molesta y levantó la barbilla en actitud desafiante.- "¿Es un motivo de despido?"

-"Porqué está a la defensiva conmigo, señorita Higurashi? ¿Le doy miedo?"

-"Claro que no."

-"Aún no... ¿Qué le ha contado mi abuela? ¿Le ha dicho que soy un mal nieto y que la hago sufrir porque me preocupo en exceso por su salud?"

-"No. Me ha dicho que era usted un niño encantador. Y que le entristece que se haya convertido en…" -se detuvo, comprendiendo que estaba yendo demasiado lejos en sus comentarios.

-"¿En qué, señorita Higurashi? ¿En un hombre sin escrúpulos, huraño, poco cariñoso y falto de sensibilidad?" -él terminó por ella la frase. Escuchó su risa seca en la oscuridad.- "¿Es así como ve usted?"

-"Yo no soy nadie para opinar."

-"Hágalo, por favor. Sé que lo está deseando."

-"En ese caso" -Kagome se aclaró un poco la voz antes de continuar.- "Le diré que me parece imperdonable que pase usted tan poco tiempo con su abuela. Por muy importante que sean sus negocios, Kaede debería serlo más. Usted es su única familia. Y ella le necesita."

-"¿Eso le han dicho? ¿Que soy su única familia?" -Inuyasha frunció el ceño. Una vez más, Kagome comprendió que era mejor no mantener ningún tipo de conversación con alguien como él. Intuía que todo lo que hiciera o dijera, le enfurecería de cualquier modo-. "Señorita Higurashi…"

Él iba a decir algo, pero su expresión se tornó burlona nuevamente al dirigirse a ella cambiando de tema.

-"Ha dicho que Yura y el resto de mis empleados eran buenas personas" -comentó mientras abandonaba su asiento para quedar de pie a escasos centímetros de ella.- "¿Qué hay de mí? ¿No le parezco también una buena persona?"

-"No le conozco lo suficiente" -respondió precavida. Él la estaba retando a que expresara abiertamente la opinión que le merecía. Pero Kagome sabía que si lo hacía, Inuyasha Taisho no tardaría en poner sus maletas en la puerta.

-"Una respuesta inteligente. ¿Qué diría si le propusiera un trato a cambio de que más adelante me aclarara su opinión sobre mí?"

Kagome no supo qué contestar. Lo pensó unos segundos.

-"¿Un trato…? ¿Qué clase de trato?"

-"He cerrado un negocio muy satisfactorio estos días en Nueva York. Dispongo de un par de semanas libres y después tendré que marcharme otra vez" -informó, como si esperara que ella diera saltos de alegría ante la inestimable concesión que les hacía con su presencia.- "Le propongo una cosa. Me quedaré ese tiempo en casa y le demostraré que puedo ser gentil cuando me lo propongo. Le demostraré que soy el nieto que toda abuela sueña. Pero usted… Tendrá que ser menos hostil conmigo. Y después, se tragará sus palabras de reprobación de antes. Y por supuesto, borrará esa mirada de censura de sus ojos."

Kagome permanecía muda por el asombro.

-"¿Qué le parece, acepta?"

-"Eso no es un trato, señor Taisho" -contestó, saliendo al fin de su estupor.- "Soy su empleada. No tiene que pedirme permiso para permanecer en su casa."

-"Y no se lo estoy pidiendo" -los ojos de él brillaban con intensidad y Kagome no estaba segura de si se debía solo al hecho de que ella le contradecía peligrosamente.- "Pero por lo que se, mi abuela le ha tomado cariño. ¿No le parece que podríamos intentar ser amigos, a pesar de la opinión que tengamos el uno del otro?"

Kagome no sabía qué opinión podía tener él de alguien como ella. No la conocía, no sabía nada sobre ella. No podía siquiera imaginar el inmenso dolor que atravesaba su corazón cada noche cuando se quedaba a solas en su cuarto.

-"¿Señorita Higurashi? Aún no me ha contestado."

-"Haré todo lo que haga feliz a Kaede" -y aclaró de inmediato.- "Todo lo que refiera a mi trabajo, quiero decir."

-"Eso suena a advertencia, señorita Higurashi" -lo escuchó reír secamente- "¿Qué otra cosa cree que podría interesarme de usted?"

Kagome soportó que la estudiara detenidamente en la oscuridad de la habitación. Inuyasha Taisho no se dio ninguna prisa en hacerlo. Primero, su mirada recorrió el rostro desprovisto completamente de maquillaje. Los ojos curiosos de color marrón intenso, la nariz pequeña y puntiaguda, los labios rozados carnosos y entreabiertos, bien dispuestos para protestar en cualquier momento. Sonrió para sus adentros, preguntándose qué clase de mujercita frágil y llena de fortaleza era a la vez era Kagome Higurashi. Después, su miraba bajó hasta su pecho, que se elevaba agitadamente bajo aquel camisón que había sido diseñado para apagar el menor atisbo de pasión en un hombre. La prenda la cubría de pies a cabeza. Como una infranqueable armadura protectora contra los tipos que quizá como él en ese instante, la veían como una presa fácil de seducir. ¿Lo era? ¿Era la señorita Higurashi de ese tipo de mujeres que soñaban veladas románticas a la luz de la luna y se entregaban al primero que le susurraba palabras engañosamente dulces al oído? Lo asaltó la insólita idea de probar su teoría. ¿Qué haría la educada señorita Higurashi, cómo reaccionaría si él decidiera darle una lección y le hiciera olvidar la mala imagen que tenía de él y la convirtiera en una imagen aún peor? Su mirada regresó al lugar inicial. Los ojos de ella se clavaban en él, la barbilla erguida con altivez esperando que dijera algo. Sin embargo, no fue capaz de lanzar ningún comentario desagradable o comportarse del modo en que lo hubiera hecho con cualquier otra mujer en aquellas circunstancias. ¿Por qué no podía simplemente, dirigirle un par de observaciones desagradables y humillantes sobre su aspecto? Sabía la respuesta. Sencillamente, Kagome Higurashi no era cualquier mujer. Había algo en ella que lo desconcertaba. Quizá era aquel aire de inocencia al que no estaba acostumbrado. Las mujeres que frecuentaba las elegía con mucho cuidado. Hermosas, poco inteligentes y de lágrima fácil que él contentaba con unas perlas y no volvía a ver jamás. Muy discretas. Pero no inocentes. En absoluto inocentes. Se acercó más a ella, a sabiendas de que eso la haría vulnerable. Dio una larga bocanada a su cigarrillo y expulsó el humo directamente sobre la cara de ella, provocando que la joven tosiera ruidosamente.

-"¿Y bien?" –Insistió, sin disculparse por su falta de delicadeza.

-"No he imaginado ni por un momento que le interesara nada de mi persona que no tuviera que ver con mi empleo" -contestó Kagome con orgullo-. "Nunca he sido pretenciosa, señor Taisho."

-"No me diga" -lanzó una sonora carcajada que retumbó en los oídos de la joven-. "Debe reconocer que no es apropiado que ande usted por mi casa vestida con ese camisón, ¿no le parece?"

Kagome se cubrió el pecho instintivamente con el ejemplar de Romeo y Julieta.

-"No fue mi intención…"

-"Seguro que no lo fue" -la interrumpió con sequedad.- "Aunque puede estar tranquila. Tenía razón, señorita Higurashi. No estoy interesado en nada que pueda darme usted."

La dejó allí plantada, el corazón palpitando y los nervios a flor de piel. Kagome no esperó un segundo, temiendo que si lo hacía, Inuyasha Taisho regresaría dispuesto a seguir divirtiéndose a su costa. Mientras se arropaba entre las sábanas, no podía concentrarse en la lectura que había escogido. Sus emociones eran confusas. ¿Por qué le había molestado que él fuera tan sincero con respecto a sus intenciones a con ella? Debía sentirse feliz porque él no la viera más allá de sus funciones como dama de compañía. Realmente, debía dar gracias por ser invisible para él. Un hombre como Inuyasha Taisho solo era sinónimo de problemas. Y ella no los necesitaba. Mucho menos en esos momentos tan difíciles, cuando lo de Miroku estaba aún tan reciente…

Sollozó en silencio, sintiéndose aliviada al derramar las primeras lágrimas. Odiaba llorar. Odiaba ser tan débil. Pero en la soledad, nadie podía reprocharle que lo fuera. Nadie la escuchaba. Y tía Avi no sufría viendo como su mundo se desmoronaba a su alrededor. Se sobresaltó al escuchar el golpe seco de unos nudillos en su puerta. ¿Quién podía ser? Se acercó con sigilo.

-"Señorita Higurashi, ¿se encuentra bien?"

Kagome entreabrió la puerta, sorprendida. Se restregó los ojos con el dorso de la mano y sonrió, rezando porque él no hubiera escuchado sus sollozos.

-"¿Estaba llorando?" -la expresión de él era tan extraña que Kagome fue incapaz de articular palabra para contestar.- "No lo niegue. La he oído al pasar junto a su puerta. ¿Es por algo que he dicho?"

-"No es nada, de verdad… Es solo que…" -señaló con un gesto el libro abierto sobre la cama y sonrió.- "Shakespeare siempre me emociona."

El frunció el ceño y echó una ojeada a su reloj de pulsera.

-"Miente muy mal, señorita Higurashi. Pero no discutiré con usted" -esta vez, le dedicó una sonrisa que parecía franca.- "Será mejor que se acueste ya. Es muy tarde."

-"Buenas noches, señor Taisho" -cerró la puerta con suavidad. Oyó como él también le daba las buenas noches y después, escuchó sus pasos alejándose en el pasillo. Se dijo que tenía que ser más cuidadosa en adelante. Si alguna vez ellos descubrían el verdadero motivo por el que había escogido aquel empleo, tendría que responder a muchas preguntas que no deseaba responder. Y lo que es peor, sentirían pena y compasión hacia ella. Eso sería mucho más duro de soportar.

"No volveré a hacerlo. No volveré a llorar. Nunca más", se prometió y desobedeciendo los consejos del señor Taisho, reanudó la lectura.

Continuara...

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Y que tal les pareció el capitulo? Espero que les haya gustado mucho! Y ahora responderé a sus comentarios!

Rosekagome22: Saludos a ti también nena, y gracias por leer, de verdad me da mucho gusto! Muchos besos para ti!

Miko kaoru-sama: jajaja siii, Kagome es una suertuda por trabajar con Inuyasha, pero no creas, más adelante juro que detestaras a Inuyasha, le hará la vida imposible a Kagome! Saludos! n_n y espero verte en este capi

Danita-inu: jejeje gracias a ti preciosa por leer! Y espero que este capi te haya gustado

Y bueno chicas gracias por sus mensajes me han animado mucho, espero verlas pronto!

Ja-né!

Pamelita-Sakurosa! :D