Kate empezó a despertarse, estaba tapada con el edredón hasta la mitad de su cabeza. Tenía demasiado calor, ella no acostumbraba a taparse así. Se dio cuenta que estaba en la cama de Castle, y frotó su cara contra la almohada, notando la mezcla de olores: su aftershave, su colonia, el suavizante de su ropa… sonrío extrañada de no estar entre sus brazos, sin duda en algún momento de la noche habría tenido calor y se habría separado de él. Se giro sobre la espalda con la intención de arroparse entre sus brazos y al hacerlo descubrió que él no estaba en la cama. Se volvió de nuevo para mirar la puerta del baño, pensando que él estaría allí, y descubriendo que estaba abierta y la luz apagada. Se sentó sobre la cama y un aroma dulce la invadió. Sin duda Castle estaba haciendo el desayuno.
Se levantó y se puso un pantalón de pijama pensando que Martha y Alexis podrían estar allí y no podía salir vestida tan sólo con una camiseta de tirantes. Salió a la sala y abrió la boca para decir buenos días, pero se contuvo al observar la escena de la cocina y volvió a cerrarla, alargando sus labios en una gran sonrisa.
Castle sostenía una sartén en la mano derecha, estaba vestido con un pantalón de pijama y una camiseta de manga corta, el pelo revuelto y tan descalzo como ella. Con la mano izquierda y sujeta contra su cadera, sostenía a Christine que reía a carcajadas cada vez que Castle daba una vuelta en el aire a la tortita que cocinaba en la sartén y le decía cosas absurdas a la pequeña.
Kate les observó por unos segundos tras los cuales comenzó a andar hacía ellos.
- Buenos días – les dijo y ambos la miraron.
- Hola cariño – contestó él - ¿Qué haces descalza? – le dijo inclinándose sobre ella para besarla.
- Lo mismo que tú – contestó respondiendo a su beso y señalándole los pies - ¿Se ha marchado Alexis?
- He venido a por agua y Alexis ha aprovechado para dejarme a Christine mientras se ducha – le dijo mirando a la pequeña – es una preciosidad y muy buena.
- Anda – le dijo Kate – déjame cogerla a mí o se quemará el desayuno – tendió los brazos a la pequeña que no se opuso a cambiar de cuidador – hola pequeña – le dijo cariñosamente dándole un beso en la cabeza y sentándose con ella sobre un taburete.
- También podías haber hecho tú el desayuno – le dijo Castle – y nosotros te mirábamos.
- A mi también me apetece tenerla en brazos – contestó Kate – me encanta como huelen los niños – le dijo hundiendo su nariz en el pelo de Christine y dándole un beso en la frente.
Castle las observó mientras servía las tortitas en varios platos. Christine miraba a Kate y cogió un mechón de pelo con su mano, tirando un poco y haciendo que Kate ladease la cabeza e intentase soltarse con cuidado. A Castle esa escena le pareció adorable. En ese momento, Christine, totalmente concentrada, comenzó a balbucear, repitiendo monosílabos.
- ¿Qué quieres decirnos, cariño? – le dijo Kate sonriendo y la pequeña elevó el tono de su voz repitiendo continuamente "da, da, da".
- Creo que quiere decir que esta mañana estás preciosa – le dijo Castle acercándose a las dos y dándoles un beso a ambas sobre el pelo.
- Vaya Castle, que dominio del idioma – le dijo riendo.
- No olvides que soy un niño – afirmó él besándola suavemente en los labios.
- ¿Os pensaréis eso de darme un hermanito? – dijo Alexis sonriendo y acercándose – os queda muy bien Christine.
- Es un poco pronto para niños Alexis – contestó Kate sonrojándose.
- Alexis… - dijo Castle reprendiéndola.
- Vale – contestó ella – pero no esperéis demasiado o me pondré a trabajar y no podré ayudaros.
- Lo tendremos en cuenta – contestó Castle sonriendo a Kate.
- Deberíais – dijo Martha bajando por la escalera – el tiempo pasa volando, déjame coger a esa preciosidad – le dijo a Kate tendiendo los brazos a la niña – es tan agradable tener a un bebé en brazos – afirmó Martha mirando a Kate que volvió a sonrojarse.
Los cuatro desayunaron turnándose para tener a Christine en brazos, la pequeña estaba encantada de ir de brazo en brazo, recibiendo mimos y caricias de todos, que reían ante los gestos y sonidos de la pequeña.
- Christine y yo vamos a ir al parque un rato – dijo Alexis cuando la tuvo en brazos.
- ¿Y si vienen sus padres? – preguntó Martha.
- La doctora Brennan me ha llamado hace un rato - contestó la chica – iban a pasar a por ella para ir a la editorial a firmar un contrato, le dije que viniese después de la firma, sobre las doce, volverán a Washington.
- ¿Cuándo pensáis viajar Espo y tú? – preguntó Castle a Kate con un toque de tristeza.
- Eso me recuerda que acordé con Gates que yo me encargaría de la reserva de los vuelos y el hotel – dijo Kate - ¿puedo usar tu portátil?
- ¿No te acompaña Richard? – preguntó extrañada Martha.
- No me importaría Martha – le dijo mirando a Castle – pero en el Jeffersonian y en el FBI tendrían que darle permiso para hacerlo, no depende de nosotros.
- Voy a por el portátil – dijo Castle con entusiasmo – la doctora Brennan y Jack Hodgins me invitaron ayer a visitarles en el Jeffersonian cuando quisiera.
- Creo que finalmente va a acompañarme – dijo Kate jugando con las manitas de Christine.
- Yo no lo habría dudado querida – le dijo Martha.
- Y no lo dudaba, sólo esperaba para ver como se las apañaba para hacerlo – contestó Kate sonriendo.
- ¿Y Ryan no os acompaña? – preguntó Alexis.
- No, él aprovechará que no estamos para tomarse unos días libres – contestó Kate – y eso me recuerda que tengo que llamar a Lanie, ayer quedó con Cam en ir a visitarla y puede que este sea el momento adecuado.
- Aquí esta el portátil – dijo Castle poniéndolo sobre la encimera para alegría de Christine que le lanzó los brazos para que la cogiese.
- Oh no señorita – dijo Alexis – usted y yo nos vamos al parque.
- Cariño – comentó Castle – ir con ella en brazos te cansará enseguida.
- Si, papá, cuando baje le pediré a Edward que me preste el carrito de su nieta – afirmó Alexis confiando que el conserje lo tendría en su casa.
- Voy a llamar a Lanie – dijo Kate dirigiéndose al despacho de Castle.
Alexis abrigó a Christine, cogió una pequeña mochila en la que metió un par de pañales, toallitas, un biberón con agua y una pequeña manta que utilizaba cuando se sentaba en el sofá y se marcho al parque.
Kate salió del despacho de Castle despidiéndose de Lanie con quien hablaba por su móvil.
- Lanie también viene – informó a Castle – pedirá unos días libres.
- Bien… - contestó Castle que estaba mirando una página de un hotel.
- Chicos – dijo Martha – voy arriba a ducharme – les dijo mientras desaparecía escaleras arriba.
- ¿Cuándo queréis que viajemos? – preguntó Castle.
- ¿Esta tarde? – preguntó a su vez Kate – pero que no sea a primera hora, tengo que ir a casa a preparar ropa.
- Voy a buscar vuelo – le dijo él.
- Castle, en turista – le advirtió – o el departamento de policía no nos reintegrará los billetes a Espo y a mi.
- Vale – dijo divertido Castle – entonces primera para Lanie y para mi y vosotros dos en turista.
- No creo que Lanie te autorice a que la reserves en primera – aseguró – trabajamos para el ayuntamiento Castle, no cobramos derechos de autor como tú.
- Bien, pues entonces primera para mí y vosotros en los asientos estrechos – sonrío.
- Castle – le dijo regañándole - ¿Cuánto dura el vuelo? ¿una hora?
- Más o menos – contestó él.
- ¿No crees que puedes aguantar una hora en turista? – preguntó.
- Yo acepto ir en turista, pero tu aceptas el hotel que yo elija – aseguró.
- Castle viendo el hotel que elegiste en Los Ángeles – comenzó ella – imagino que hotel quieres reservar, te recuerdo que Lanie y Espo…
- Por eso no te preocupes – le dijo quitándole importancia – reservaré una doble, como en Los Ángeles, pero esta vez no te escaparás de dormir en mi cama.
- Si claro, y en la otra Lanie y Espo… - dijo Kate.
- ¿Quieres que la llame y la pregunte si la molesta? – le dijo riendo – tengo claro que a Espo no…
- Le enviaré un mensaje – dijo Kate escribiendo en su móvil.
- Voy reservando – dijo él – porque va a decirte que sí…
- No conoces a Lanie – aseguró Kate
- No tanto como tú – afirmó- pero te recuerdo como ayer tonteaba con Espo y si lo unes a que ya han estado juntos…
- Veamos que dice – le informó tras recibir la contestación al mensaje – dice que: "Eso estaría bien"
- Te lo dije – le dijo Castle sacándole la lengua.
- Richard Castle – le reprendió ella – como vuelvas a hacerme eso…
- ¿Qué vas a hacerme? – le dijo cogiéndola por la cintura y atrayéndola contra él hasta quedar con su nariz pegada a la de ella - ¿Mordérmela?
- Pensaba más bien en mandarte a dormir al sofá – le dijo sonriéndole en su boca.
- Hum… ¿no necesitabas mi abrazo para dormir? – dijo picándola.
- Si, eso sería ir en contra mía. Entonces tendré que optar por mordértela – le dijo lanzándose a besarle e intentando atrapar con sus dientes la lengua de Castle.
Al cabo de un rato de besos y caricias y después de que Castle asegurase que tenía todo reservado, llamaron a Espo y a Lanie para confirmarles la hora del vuelo.
Martha volvió de su habitación y se despidió de ambos con un beso y un abrazo. No volvería hasta la hora de cenar.
Castle fue hasta su habitación para hacer su maleta, y Kate le siguió para vestirse y marcharse a su casa.
- ¿Cuántos días crees que tendremos que estar allí? – preguntó él
- Gates nos dijo que no más de una semana – afirmó Kate - ¿comemos juntos?
- Claro – respondió Castle - ¿Voy a buscarte cuando tenga todo preparado?
- Si quieres te espero y nos vamos juntos – contestó ella
- Voy a esperar a que Alexis vuelva – le dijo – quiero verla antes de irme.
- Esta bien – afirmó ella – la esperamos ¿quieres que te ayude?
- Sólo si yo puedo elegir después tu ropa – advirtió él.
- Mmm… creo que puedes hacerlo tú solito – le dijo riendo.
- Vamos, solo bromeaba – le dijo acercándose a ella para abrazarla – ayúdame.
Alexis volvió del parque con una Christine bastante hambrienta, la joven había llamado a la doctora Brennan y había pasado por una farmacia para comprar un tarro de comida preparada para bebés, la pequeña en cuanto vio el tarro, lanzó sus brazos para intentar alcanzarlo.
- Dámelo Alexis – le dijo Castle – yo lo calentaré, busca si en la bolsa que te dejo la doctora hay cubiertos para niños.
- Si papá – le dijo Alexis algo nerviosa por el pequeño llanto de Christine.
- Y busca un babero – añadió Castle mientras ponía el contenido del tarro en un bol de desayuno y lo introducía en el microondas.
- Déjame a Christine – le dijo Kate cogiendo a la pequeña que estaba muy inquieta – ven aquí preciosa.
- ¿Dónde esta el biberón del agua Alexis? – preguntó Castle con una botella de agua mineral en la mano.
- En la mochila papá – contestó la chica – ¿Cómo sabías que había cubiertos para niños? – le dijo mostrándole una cuchara de plástico y goma.
- Alexis cariño – le dijo Castle sonriendo – soy tu padre ¿recuerdas?
- ¿Le puedes poner el babero Kate? – le dijo Alexis mientras se lo daba – me esta sonando el móvil.
- Si claro – contestó ella – ve a contestar, tu padre y yo nos ocuparemos de Christine.
- ¿No os importa? – les preguntó
- Ve a tu cuarto a hablar – le dijo Castle sonriendo.
Castle sacó el bol del microondas, moviendo el contenido con una cuchara y probando un poco del puré para comprobar la temperatura
- Perfecto – aseguró – vamos a ver que tal come esta niña – dijo con voz infantil.
Castle se acercó a ambas, Kate se sentó sobre uno de los taburetes, sentando a la niña encima de su pierna izquierda sujetándola con su antebrazo por la espalda y poniendo la mano sobre la tripa de la pequeña.
- ¿Se lo das tú? – preguntó Castle – voy a limpiar el biberón y llenarlo de agua.
- Claro – contestó Kate acercándose a la encimera donde Castle había dejado el bol – tranquila cariño – le dijo a la pequeña mientras cogía un poco de puré con la cuchara y se lo llevaba a la boca de la pequeña.
- Tiene bastante hambre – comentó Castle mirándolas mientras lavaba el biberón comprobando la avidez con la que la pequeña tragaba cada vez que Kate le metía la cuchara en la boca.
- Es una suerte – contestó Kate – cuando no quieren comer es desesperante.
- ¿Y tú como sabes eso? – preguntó entrecerrando los ojos – y ¿Cómo se te da tan bien darle de comer?
- Imagínatelo – desafío Kate divertida – una loca teoría de esas tuyas…
- ¿Tienes un hijo secreto de tus días universitarios? – le preguntó entusiasmado – seguro… tu amiga Madison me dijo que estaba segura que habías salido con un miembro de la realeza, que será su padre y has tenido que ceder la custodia por que es el heredero de algún pequeño país centroeuropeo – aseguró - ¿me equivoco?
- Por completo – le dijo Kate riendo – pásame el biberón ¿quieres volver a intentarlo?
- Veamos – dijo pensando mientras contemplaba la escena de su novia tratar a la pequeña con gran habilidad - ¿tienes sobrinos de algún hermano o hermana a quien no conozco y con quien ya no te hablas? – preguntó algo más serio.
- Vamos Castle – le dijo – es mucho más sencillo que eso – le dijo volviendo a dar de comer a Christine.
- Ya pero no tiene el mismo encanto – aseguró - ¿hiciste mucho de canguro?
- Yo tenía dos o tres años menos que Alexis – comenzó Kate - nuestra vecina tenía mellizos, niño y niña – confirmó Kate – su marido tuvo un accidente y mi madre se hizo cargo de los pequeños durante dos o tres meses y tuve que ayudar.
- Era más romántico que tuvieses un hijo secreto de la realeza – aseguró dándole un beso en la mejilla.
- Pero eso sería mucho más triste Castle – le dijo – mi vecino se recuperó y todo volvió a ser como era – le dijo pensativa – afortunadamente, porque cambié muchos pañales aquellos días.
- Ya se ha terminado el puré – observó Castle – le daremos un yogurth sin lactosa, de los que toma mi madre – dijo abriendo la nevera y eligiendo un yogurth.
- Toma – le dijo Kate tendiéndole a la niña – veamos como lo haces tú.
- ¿Crees que no sé? – dijo extrañado – ¿Quién crees que daba de comer a Alexis?
- Claro que sabes – le dijo mientras se inclinaba sobre él que se había sentado con Christine en su regazo y le daba un beso en la mejilla – pero mientras lo haces voy a por una toalla para ponerla sobre el sofá y cambiarle ese pañal.
- Si – dijo Castle tocando el pañal – aquí ya no cabe nada más, pequeñaja – le dijo a Christine con voz infantil.
Kate preparó el improvisado cambiador sobre el sofá, echando de vez en cuando miraditas a Castle, que le daba a la niña el yogurth jugando con la cuchara y haciéndola de reír. Buscó las toallitas, un nuevo pañal y la crema y las puso junto al sofá.
- Esto ya esta – le dijo a Kate - ¿quieres que lo haga yo? – preguntó.
- No, dámela – pidió Kate tendiéndole los brazos – yo lo haré, deberías limpiar la cuchara y volver a dejarla en la bolsa.
- ¿Sabes? te pones un poco mandona cuando tienes un niño en brazos – le dijo sonriendo.
- ¿Sólo cuando tengo un niño en brazos? – preguntó Kate riendo.
- Es verdad – confirmó – te pones mandona siempre – dijo inclinándose sobre ella que se había sentado en el sofá y besándola suavemente en los labios.
- Ve a lavar la cuchara – ordenó.
- Voy.
Kate desnudó con facilidad a Christine, quitándole el pañal mojado y limpiándola mientras la hablaba y se inclinaba sobre ella para pegar sus labios en la tripa de la pequeña y soplar, haciendo ruido y provocando las carcajadas de la niña. Después de un breve momento de risas entre ambas con Castle apoyado sobre el respaldo mirándolas, Kate decidió ponerle crema y colocarle el pañal limpio.
- ¿Qué tal ha comido? – preguntó Alexis bajando por la escalera.
- Se lo ha comido todo – aseguró Castle.
- En una niña encantadora – afirmó Kate cogiéndola en brazos y tendiéndosela a Alexis
- Yo iré a abrir – dijo Castle al oír el timbre.
Castle abrió la puerta a Booth y a Brennan, a quienes invitó a pasar.
- Mira quienes están aquí - le dijo Alexis a la pequeña que jugaba de nuevo con su pelo.
- Christine – dijo Brennan acercándose a su hija que le lanzó los brazos – hola pequeña – le dijo besándola entre sus brazos.
- ¿Qué tal se ha portado? – preguntó Booth a Alexis - ¿te ha dado mucha guerra?
- Oh no – contestó de inmediato Alexis – es una niña muy buena.
- Christine es una niña tranquila – afirmó Brennan – muchas gracias por cuidar de ella Alexis.
- Me ha gustado hacerlo – contestó Alexis – aunque he tenido ayuda – dijo sonriendo y mirando a Kate y a su padre.
- Gracias – dijo Booth acariciando a su hija - a los tres. Debemos irnos Huesos – dijo – tenemos aún un largo viaje hasta casa.
- Me ha dicho Booth que iréis a Whasington – dijo Brennan.
- Si – le contestó Kate – nuestro vuelo sale esta tarde.
- Bien – dijo Brennan – mañana o pasado tendremos datos suficientes para que podamos atrapar a quien lo hizo – aseguró mirando a Kate fijamente.
- ¿Tan pronto? – preguntó Castle.
- Si señor Castle – le dijo – tal y como le dije, esta invitado para observar nuestro trabajo y comprobarlo por si mismo.
- Será un placer – admitió él.
- Alexis – le dijo Brennan – si en algún momento necesitas hacer prácticas en cualquiera de las áreas en las que trabaja el Jeffersonian, llámame y te conseguiré un tutor – le aseguró poniendo la chaqueta y el gorrito a Christine.
- Oh, muchas gracias – le dijo Alexis.
- Tenemos que irnos – insistió Booth – Kate, Castle, nos vemos mañana. Alexis, muchas gracias de nuevo.
Se despidieron de la pareja y la niña, Alexis hizo un pequeño puchero.
- Creo que me gustan los niños – aseguró mirándoles.
- Alexis, no empieces – reprendió su padre.
- Sólo os informaba – les dijo sonriendo.
- Entendido – contestó Castle.
- Voy a salir a comer fuera – informó Alexis - ¿Cuándo sale el vuelo?
- Esta tarde – se apresuró a responder Castle – nosotros también vamos a marcharnos ya. ¿Cuidarás de tu abuela? – preguntó.
- Papá, tengo que volver a clase – le dijo.
- Si pero podías volver a casa por las tardes y dormir aquí mientras yo no este – le dijo.
- Papá…
- Castle, creo que Martha es perfectamente capaz de cuidarse por si misma – aseguró Kate.
- No me preocupa que no pueda cuidarse sola – les dijo – me preocupa que puede pasarle a la casa mientras esté aquí sola.
- ¡Castle! – le regañó Kate riendo al ver su cara de preocupación.
- Oh vamos papá… - le dijo Alexis – eres…
- Al menos amenázala con venir por las noches, aunque luego no lo hagas – le pidió – así no tendrá tiempo de montar ninguna fiesta – dijo muy deprisa.
- Veré lo que puedo hacer – le dijo besándole en la mejilla – será mejor que me marche, Kate cuida que papá no se meta en líos – le dijo dándole un beso.
- Creo que me pides imposibles – contestó Kate riendo.
- ¡Eh! – se quejó él – que estoy aquí…
