Kate miro la pantalla de información sobre los vuelos en el aeropuerto.
- ¿Cuál es el número de vuelo Castle? – le preguntó.
- ¿Eh?
- El vuelo Castle – repitió – tengo que hablar con el comandante para que custodie nuestras armas.
- Ah si… ¿Dónde estarán Lanie y Espo? – preguntó él.
- Voy a llamarles – le dijo – haz el favor de buscar el número de vuelo.
El móvil de Castle comenzó a sonar y él se alejó unos metros de Kate, que hablaba con Lanie. Castle comenzó a mirar a su alrededor y Kate le vio levantar la mano y saludar a una mujer vestida de azafata que sonrió y se dirigía a él. Kate torció el gesto, no recordaba con exactitud a aquella azafata, Jacinda, con la que él estuvo saliendo unos días, pero la idea de que fuese ella no le hizo ninguna gracia.
- Más vale que lleguéis cuanto antes – le dijo a Lanie – o creo que voy a matar a Castle.
- Ya te estoy viendo Kate, cuelga, ya te alcanzamos – le contestó Lanie.
Kate se acercó a Castle que acababa de cortar la comunicación por móvil y esperaba a la azafata.
- ¿Qué ocurre? – le preguntó Kate.
- Nada – contestó él con cara de niño bueno.
- ¿Quieres volver a intentarlo? – preguntó enfadada.
- Buenas tardes – dijo la azafata tendiéndole la mano – encantada de conocerle señor Castle, me llamo Miranda y seré su auxiliar de vuelo.
- Encantado de conocerte Miranda – le dijo estrechando su mano – ella es la inspectora Kate Beckett, como ya le dije, viaja con un arma. Estamos esperando a que lleguen las otras dos personas que vendrán con nosotros.
- Hola Miranda – le dijo Kate estrechando la mano que la azafata le tendía - ¿Se puede saber que esta pasando? – le preguntó a él en voz baja.
- Todo tiene una explicación – le contestó él – no te enfades.
- Hola chicos – dijo Lanie con la respiración alterada por las prisas en llegar.
- Lanie Parish y Javier Esposito – dijo Castle – Miranda, nuestra azafata, Esposito también lleva un arma.
- Hola – dijo Lanie dándole la mano y mirando a Kate para pedir una explicación.
- Hola Miranda – dijo Espo.
- ¿Me siguen por favor? – les dijo la chica y Castle asintió.
- ¿Nos vas a explicar que está ocurriendo? – le dijo Kate a Castle enfadada.
- No reserve vuelo – les admitió.
- ¿Cómo? – preguntó Lanie - ¿Qué has hecho Castle?
- Llame a Paula, mi representante – admitió él – en cuanto supe que ibais a ir a Washington y le pedí que me facilitase el avión privado de la editorial.
- ¡Castle! – le regañó Kate – ¿Es tan complicado que viajes como cualquier otro mortal?
- ¡Oh vamos Kate! – dijo Esposito – yo tengo ganas de ver como viajan los millonarios.
- ¡Claro que sí tío! – le dijo chocando sus manos - sabía que tú lo entenderías.
- Y yo también lo haré si nos sirven en vuelo un buen Champagne – añadió Lanie.
- Eso esta hecho – contestó Castle.
- ¡Lanie! – exclamó Kate
- Vamos chica – le contestó ella – ya esta hecho, disfruta del viaje.
- Tu y yo ya hablaremos – le dijo Kate a Castle.
Caminaron detrás de Miranda, hasta llegar hasta una sala VIP.
- Esperen aquí mientras compruebo si su transporte esta listo – les dijo – nos haremos cargo del equipaje – informó haciéndole una seña a un chico para que se hiciese cargo de las maletas.
- Gracias Miranda – le dijo Castle.
- Tomen asiento, les enviaré un camarero – aseguró alejándose.
Se sentaron en unos cómodos sofás. El camarero volvió sirviéndoles champagne, la cara de Kate estaba seria. Castle cogió su mano mirándola.
- ¿Sigues enfadada? – le preguntó.
- Deberías habérmelo dicho –contestó ella.
- No me hubieses dejado hacerlo – le dijo.
- Eso ya no vas a saberlo ¿no crees? – preguntó.
Miranda se acercó a ellos.
- ¿Me acompañan?
Entraron en el pequeño Learjet 75, preparado para que viajasen hasta ocho pasajeros muy cómodamente. Lanie y Esposito se sentaron juntos y frente a ellos Kate y Castle. Los asientos, grandes butacones de piel beige, estaban lo suficientemente separados entre ellos como para que pudiesen reclinarse y elevar el reposapiés y poder dormir en vuelos más largos.
- Esto es una pasada tío – dijo Esposito a Castle.
- ¿A que si? – le contestó él con voz infantil.
Kate negó con la cabeza mirando a Lanie. El comandante les pidió a Espo y a Kate que depositasen sus armas en la caja blindada que existía en la cabina y que él custodiaría durante el vuelo.
- Por favor, abróchense los cinturones de seguridad – les indicó Miranda – ya tenemos permiso para ir a la pista de despegue.
El pequeño avión se puso en marcha y minutos después se elevaba bordeando Nueva York y tomando rumbo a Washington. El capitán les informó que el vuelo tendría una duración de una hora y quince minutos. Miranda apareció para ofrecerles champagne acompañado de un plato de diferentes tipos de queso cortados en pequeños tacos y un plato de fresas.
El vuelo se les hizo muy corto, los cuatro hablaban animadamente sobre la doctora Brennan y la dificultad que suponía tratarla y cuando quisieron darse cuenta, Miranda les apremiaba para que se abrochasen de nuevo el cinturón.
- ¿Y ahora que sorpresa nos tienes preparada Castle? – preguntó Kate mientras entraban al aeropuerto de Washington cogidos de la mano.
- Te prometo que no hay nada más – le contestó él – el hotel lo reservé delante de ti, es el Hay Adams, frente a la casa blanca.
- Pero ese es un hotel de lujo tío – le dijo Esposito empujando el carrito con las maletas.
- Javi, eso no debe preocuparte – advirtió Castle – yo me ocupo de eso, quiero tener a Obama de vecino – dijo divertido.
Salieron del aeropuerto para tomar un taxi, a Kate le extrañó que Castle no hubiese alquilado un coche de lujo para moverse por la ciudad.
- Pensé que también habrías alquilado un coche – le dijo mientras esperaban el turno para poder subir a un taxi
- El Jeffersonian está muy cerca del hotel –respondió él – no creí que fuese necesario ¿Quieres que lo haga? Aún estamos a tiempo – aseguró.
- No Castle – le dijo riendo – mejor así ¿ok? Ya he tenido suficientes lujos y supongo que aún me queda ver el hotel.
Tomaron un taxi por separado, para poder ir más cómodos, para sorpresa de Castle, Kate le dijo que fuese con Espo para que ella pudiese hablar con Lanie. Ellas salieron un par de minutos antes, indicándole al conductor que les llevase hasta el Hay Adams.
- ¿Me puedes contar que te pasaba en el aeropuerto? – le preguntó Lanie.
- Le vi saludar a la azafata y pensaba que era aquella tipa con la que estuvo en primavera – contestó Kate.
- Menos mal que no le mataste – le aseguró Lanie riendo.
- Debería haberlo hecho – dijo Kate – me ha tomado el pelo con lo del vuelo.
- Pero ha estado genial, no puedes negarlo – le dijo Lanie – chica, tienes la suerte de tener un novio con dinero y no sabes disfrutarlo.
- Prefiero disfrutar con él de otras cosas – le dijo seria Kate
- ¡Kate! – exclamó sorprendida Lanie – no pensé que me hablarías de sexo en un taxi – le dijo en bajito para que el conductor no la oyese.
- ¡Lanie por favor! – contestó Kate moviendo la cabeza y en el mismo tono bajo– no me refería al sexo.
- Pero te va bien en esa área, ¿verdad? – le inquirió Lanie – se te nota… no sé… cambiada…
- Lanie no empieces… - le contestó Kate
- ¡Oh vamos chica! – regañó Lanie – no seas tan estirada, te veo alegre, diferente y tan sólo me preocupo por mi amiga.
- Esta bien Lanie – claudicó Kate – esa área esta muy bien cubierta – le dijo provocando una gran sonrisa en Lanie – cuando dije disfrutar de otras cosas me refería a como se preocupa por hacerme sentir cómoda en nuestra relación, a su trato siempre pendiente de mi, de lo que quiero y necesito – continuó Kate – su forma de intentar protegerme ante todo, de lo payaso que puede llegar a ser sólo para hacerme sonreír, de sus palabras, de sus caricias…
- ¡Vale! –espetó Lanie -¡Ya he tenido suficiente! Deja de darme envidia.
- Ahora me toca a mi – devolvió Kate - ¿Qué pasa con Javi? Me sorprendió que quieras compartir habitación… por no decir más bien, que quieras compartir cama…
- Lo nuestro es una relación yo-yo – contestó Lanie – ya sabes, sube y baja por un cordón dependiendo del movimiento…
- Y el movimiento es sólo el de tú muñeca – añadió Kate – porque a Javi le tienes dominado.
- Kate, amo la libertad – confesó la forense – y Javi pide más de lo que puedo darle.
- ¿De momento? – preguntó la detective.
- No lo sé Kate, no lo sé – suspiró la forense – pero mientras – dijo cambiando el tono – no pienso perder el tiempo – confesó y ambas rieron.
Continuaron hablando hasta que el conductor les indicó que habían llegado al hotel, los chicos aún no habían llegado, Lanie salió del coche silbando.
- ¡Guau! Chica – exclamó Lanie mientras entraban al hotel – si yo fuese tú, me acostumbraría a esto rápido.
- Eso es lo que no entiendes Lanie – aseguró – no quiero acostumbrarme por…
- ¡Kate! – regañó Lanie – las dos sabemos que es el hombre de tu vida.
- ¿Lo sabemos? – preguntó Kate frunciendo el ceño con una sonrisa.
- Es más – añadió Lanie – creo que todo el mundo lo sabe.
- Anda, vamos a ver que sorpresita nos ha reservado Castle – le dijo acercándose al mostrador.
Tal y como Kate intuía, el recepcionista en cuanto oyó el nombre de la reserva, mencionó las palabras "suite presidencial" y Kate elevó sus ojos dejándolos en blanco.
- ¿Ves? – le dijo a Lanie – no podía ser una habitación normal.
- ¿Qué les pasa a las habitaciones? – preguntó Castle abrazándola por la espalda – hola Ed – le dijo al recepcionista tendiéndole la mano para saludarle.
- Hola señor Castle – le contestó él – nos alegra verle de nuevo aquí señor, hacía mucho tiempo.
- Si Ed – afirmó Castle - ¿todo sigue igual?
- Si señor – afirmó Ed – me he permitido el atrevimiento de cambiar la habitación de su reserva por la suite presidencial – le dijo – cortesía de la dirección del hotel.
- ¡Ah! – exclamó Castle mirando a Kate – ahora entiendo, gracias Ed, no era necesario hacerlo, prefiero la suite de la reserva.
- Me temo que ya no es posible hacerlo – respondió Ed – estamos al completo.
- Vaya – contestó Castle mirando a Kate – ¿eso es un problema? – preguntó Castle
- No es problema señor Castle – sonrió Ed pensando que se dirigía a él - ¿quiere que reserve mesa para la cena o prefiere que se la sirvamos en la habitación?
- ¿Chicos? – dijo Castle dirigiéndose a los tres
- Yo prefiero cenar en la habitación – se adelantó a responder Kate que no había metido en la maleta ropa adecuada para cenar en aquel lujoso hotel.
- A mi me parece bien – contestó Lanie por la misma razón que Kate.
- Ed, ellas mandan – le dijo.
- Bien señor – asintió sonriendo – me encargaré que les hagan llegar la carta – dijo mientras hacía una señal a un botones y les entregaba las llaves magnéticas – las dos habitaciones son contiguas señor Castle.
- Gracias Ed – le dijo - ¿vamos? – preguntó al resto cogiendo de la mano a Kate y tirando de ella levemente mientras se dirigían al ascensor.
- Vaya tío – le dijo Espo - ¿tanto venías por aquí?
- Y sigo viniendo – confirmó Castle – firmas, presentaciones, entrevistas… promociones, ya sabes.
- No lo sabía – le dijo Kate extrañada.
- Eso es porque últimamente no vengo demasiado, estoy más ocupado en otro tema – respondió divertido.
- Vale, vale – dijo Lanie agitando su mano – ya sabemos cual es tu tema Castle.
- Espero que mi tema no esté enfadada por el cambio de habitación – dijo Castle abrazando contra él a Kate y dándole un pequeño beso.
- A ver chicos – añadió Espo – esas muestras de afectividad…
- ¡Oh no Javi! – respondió de inmediato Kate abrazándose con más fuerza a Castle – no estamos en Nueva York y no tengo que esconderme de nadie aquí – añadió para sorpresa de los tres ganándose un beso más largo de Castle.
Salieron del ascensor riendo, Castle no soltó de la cintura a Kate, no iba a desaprovechar la relajación de la detective, si podía darle así mimos y caricias sin tener que mirar a su alrededor para poder hacerlo. Castle señalo la suite de Espo y Lanie.
- Esa es la vuestra chicos – les dijo señalando una puerta cercana – y esa de ahí, es para mi y para mi tema –añadió riendo – la nuestra tiene una gran mesa donde podremos cenar cómodamente – dijo más serio.
- Vale tío –contestó Espo - ¿a que hora?
- Eh… pues – dijo Castle mirando su reloj.
- Cuando estéis listos – añadió Kate mirando a Lanie que la sonrío.
- Pongamos que en una hora – confirmó Lanie.
- Una hora – repitió Castle mientras andaba de espaldas hacia su habitación arrastrado del brazo por Kate.
- ¿Estáis seguros que es suficiente con una hora? – preguntó casi para sí Espo riendo.
Castle sonrío a Kate mientras abría la puerta y se echaba a un lado para que ella entrase primero. Kate observó la habitación, enmoquetada en su totalidad en tonos beige y marrón claro, un gran salón decorado con estilo clásico, dos sofás de tonos beige y chocolate y dos butacas a juego alrededor de una mesa baja frente a un gran televisor de plasma, sobre una chimenea. Al otro lado una gran mesa ovalada de madera noble con seis sillas conjuntadas en perfecta armonía con el resto de la decoración. Grandes ventanales por los que se podía ver la casa blanca y el monumento a Washington a través de sus cortinas a juego con la tapicería de los sofás.
Castle entregó al botones una propina mientras cerraba la puerta y llevaba las maletas de ambos hacia la habitación.
- ¿Vienes? – le dijo a Kate y ella asintió siguiéndole por el pasillo hasta la habitación.
Kate se quedo parada en la puerta de la gran estancia, frente a ella una enorme cama cubierta por un grueso edredón blanco, en una de las esquinas junto a la cabecera de la cama, una chimenea con dos butacas, en la misma pared, una gran ventana con las mismas vistas al parque Lafayette y la Casa Blanca. La habitación conservaba el mismo estilo de decoración de la sala y los mismos colores.
Castle llevó las maletas hasta el vestidor de la pared contraria a la ventana, en esa pared un gran tocador con una silla y junto a la puerta donde estaba apoyada Kate se encontraba la puerta del baño, Kate se acercó y miró dentro, doble lavabo, una gran bañera, una cabina de ducha y el inodoro separado por una pequeña pared.
- ¿Todo a tu gusto? – preguntó Castle acercándose.
- ¿Veníamos a trabajar? – devolvió Kate la pregunta - ¿O era otra clase de viaje?
- Recuerda que yo reservé habitaciones diferentes – le dijo abrazándola.
- Nos habría bastado con un hotel de esos funcionales, con una cama, dos sillas y una ducha – le dijo Kate.
- Una cama que no será tan cómoda como esta – advirtió él dándole un beso – creo que tenemos una hora…
- Castle…
Una hora después golpearon la puerta y Kate fue a abrir a Espo y a Lanie, que la miró sonriendo al comprobar que Kate tenía el pijama puesto.
- Vaya chica – le dijo - ¿te hemos pillado en la cama?
- Lanie – regañó Kate – me he puesto cómoda.
- Vale – le dijo Lanie moviendo la mano – supongo que Castle también estará cómodo.
- ¿Qué pasa conmigo? – preguntó Castle saliendo de la habitación mientras terminaba de colocarse una camiseta.
- Nada tío, no le hagas caso – le dijo Espo riendo – vaya pasada de habitación.
- Eso es cierto Castle – añadió Lanie – sabes lo que haces, la nuestra es igual que esta.
- ¿Elegimos que cenamos? – preguntó Kate enseñándoles la carta intentando cambiar de tema.
Eligieron la cena, compartiendo una ensalada de tomates asados caramelizados, queso de cabra, jamón crujiente y piñones tostados. Lanie y Kate se decantaron por tomar un plato de lenguado con verduritas y salsa de limón y alcaparras, mientras que Castle y Espo eligieron un filete acompañado de patatas crujientes y salteado de setas y espárragos. Castle pidió una degustación de postres (mousse de chocolate, tarta de manzana al cardamomo, peras con crema de limón y almendras y tarta de cerezas).
Kate eligió para ella y para Lanie un vino blanco italiano Pinot Grigio y como Castle le pidió también eligió para ellos, un Sonoma Coast californiano.
Mientras esperaban que les subiesen la cena, Castle y Espo abrieron el mini bar y se sirvieron unas cervezas mientras salían al balcón para admirar mejor las vistas.
Lanie se sentó frente a Kate en uno de los sofás y aprovecho para meterse un poco más con Kate.
- ¿Estás cómoda? – le preguntó con énfasis señalando el pijama.
- Lanie…
- Chica, si me parece muy bien – aseguró – tenéis que recuperar cuatro años perdidos esquivándoos mutuamente.
- Vale, Lanie, si – admitió Kate soplando– esa cama tiene las medidas justas ¿contenta?
- Si… - le dijo riendo – yo también he comprobado lo mismo – afirmó y ambas comenzaron a reír.
- ¿Qué os hace tanta gracia? – preguntó Espo mientras Castle cerraba la puerta del balcón.
- Nada – contestaron ambas a la vez haciendo que Espo mirase a Castle y este se encogiese de hombros.
El teléfono de Kate comenzó a sonar en algún lugar y Kate se puso en pie intentando localizarlo pero Castle que sabía donde lo había dejado, se lo entregó mirando el nombre que aparecía en la pantalla: Seeley Booth. Kate le miró sonriendo y deslizó su dedo para contestar a la llamada.
- Beckett – contestó.
- Hola Kate – dijo al otro lado Booth - ¿Ya estáis en Washington?
- Si, llegamos hace un par de horas – contestó ella.
- ¿Dónde estáis alojados? – preguntó él.
- En el Hay Adams – contestó ella con un poco de fastidio.
- Creo que te pasa lo mismo que a mí –le dijo sintiéndose identificado con ella en cuanto oyó el nombre del hotel – tu escritor tiene mucha pasta mientras que tu, como yo, sobrevivimos con sueldos de poli. Te acostumbraras a dejarle que haga lo que quiera – aseguró Booth – para ellos es lo normal.
- ¿No soy la única por lo que oigo? – preguntó Kate – es un alivio.
- No – le dijo riendo – no eres la única. Mañana pasaré a por Espo y a por ti a eso de ¿las ocho os parece bien?
- Si – contestó Kate – perfecto.
- Bien – le dijo Booth – iremos a las oficinas del FBI. ¿Castle y Lanie irán al Jeffersonian mañana?
- La verdad es que no lo tengo claro – le dijo ella – espera un segundo - ¿Lanie has hablado con Cam?
- No Kate – contestó Lanie – luego la llamo, he quedado con ella en ir mañana al Jeffersonian.
- Si Booth – le dijo Kate – mañana irán.
- Bien – afirmó Booth – Huesos me ha preguntado si Castle iría mañana para que le enseñasen a investigar – le dijo con una pequeña risa – para ella los hechos son fundamentales y creo que ha encontrado varios datos en los libros de Castle que no la convencen – continuó Booth - así que esta convencida que tiene que enseñarle a comprender las causas para que no vuelva a fallar en sus libros.
- Ah, bien – contestó ella sorprendida.
- Kate – le dijo Booth en tono más bajo – dile que tenga paciencia, Huesos es… es demasiado lógica, dile que no se moleste con ella y que sea puntual, Huesos estará allí a las ocho.
- No te preocupes Booth – aseguró Kate – él admira su trabajo.
- Gracias Kate – le dijo – nos vemos mañana.
- Adiós – le dijo cortando la comunicación.
Kate miró el teléfono elevando las cejas con sorpresa y lo dejó sobre la pequeña mesa.
- Booth dice que Brennan – comenzó Kate mirando a Castle – te espera mañana para enseñarte a investigar.
- Vale – dijo él sonriendo.
- Me ha pedido que tengas paciencia con ella – le advirtió – porque puede molestarte su lógica, y que seas puntual, mañana en el Jeffersonian a las ocho.
- No hay problema con eso – le dijo él - ¿Lanie vendrás conmigo?
- Voy a llamar a Cam – dijo Lanie buscando su móvil.
- A nosotros nos vendrá a buscar Booth a las ocho para ir al FBI – dijo Kate a Espo que se limitó a sonreír.
Llamaron a la puerta y Castle abrió a los camareros, que pasaron para preparar la mesa y servir la cena. Lanie cortó la comunicación después de hablar con Cam.
- Mañana a las ocho en el Jeffersonian – le dijo a Castle.
- ¿Quieres caminar o prefieres que vayamos en Taxi? – le preguntó a Lanie.
- Eso dependerá de cómo este de cansada – dijo Lanie mirando a Espo con una sonrisa.
- No quiero oír más – le contestó Castle riendo y fingiendo taparse los oídos.
Cenaron hablando del caso y de la forma con la que Castle debía comportarse con Brennan. Los camareros volvieron a la habitación después de una hora para retirar la mesa y servirles la bebida que Castle había pedido y que tomaron sentados en el sofá.
- Creo que deberíamos ir a dormir – dijo Espo mirando su reloj – se hace tarde.
- ¿A las siete y media Castle? –preguntó Lanie.
- ¿Y que tal a las siete en la cafetería y así desayunamos? – preguntó él.
- Si, tienes razón – afirmó Lanie – a las siete en la cafetería.
- No te hagas ilusiones tío – le dijo Espo – yo también bajaré a desayunar.
Acompañaron hasta la puerta a Lanie y Espo, Castle había cogido de la mano a Kate y en cuanto cerró la puerta le dio un tirón acercándola y apretándola contra él.
- Se nos hace tarde – le dijo él en sus labios
- Pues no deberíamos perder más tiempo – contestó Kate y él la cogió en brazos caminando hasta la habitación…
Muchas gracias por leer hasta aqui.
