MIL GRACIAS POR LEER.
Kate se despertó acalorada. Se giró y vio a Castle durmiendo boca arriba y totalmente destapado. En ese hotel la calefacción estaba demasiado alta. Sonrío al verle completamente desnudo recordando como la antropóloga se había metido con él. Le besó en el hombro muy despacio para no despertarle y tras cancelar la alarma del despertador, se levantó con cuidado y se encaminó al baño para ducharse.
Castle entreabrió los ojos y la miró mientras se levantaba. Le fascinaba observarla desnuda cuando ella no se enteraba, porque si se daba cuenta, y pese a todo el tiempo que llevaban juntos, ella enseguida procuraba esconderse de su vista. Espero hasta oír como empezaba a ducharse y tras un minuto y se levantó para colarse bajo el agua con ella.
Kate se sobresaltó cuando Castle abrió la puerta de la mampara de la ducha y la abrazó bajo el agua.
- Auch – se quejó él – está demasiado caliente.
- Siempre dices lo mismo – le dijo girándose para estar frente a él – pero siempre entras sin que te llame, así que, empiezo a pensar que te gusta así de caliente.
- ¿Quieres que me vaya? – le preguntó poniendo morritos.
- No hace falta – le contestó Kate enjuagándose el pelo – ya estoy acabando y te dejaré la ducha para ti solo.
- No es esa mi idea – le dijo acariciándola - ¿te has lavado bien por aquí?
- ¿No tuviste suficiente anoche? – le preguntó esquivando sus manos.
- Vamos Kate… jamás tengo suficiente de ti – contestó volviendo a la carga.
- Ni yo de ti – le dijo besándole – pero no quiero llegar tarde – le dijo saliendo de la ducha y poniéndose el albornoz.
Castle suspiró frustrado.
- ¿Podrías relajarte un poco para variar no crees? – le dijo – Gates no está aquí y te apuesto lo que quieras a que tendremos que esperar a que Lanie y Espo aparezcan a desayunar.
- Castleee
- Vaaale – le dijo – sólo quiero que dejes de pensar en las normas, que te relajes, que te diviertas, que te sueltes el pelo…
- ¿Y que me quite el top? – le dijo Kate abriendo la mampara de la ducha dejando caer el albornoz delante de sus ojos y metiéndose de nuevo bajo el agua mientras él tragaba saliva mirándola.
Entraron a la cafetería abrazados y riendo. Lanie les miró e hizo su típico movimiento lateral de cabeza, que a Castle le recordaba al movimiento previo de ataque de una cascabel y le preparaba para su lengua viperina.
- Quince minutos tarde – les espetó.
- ¿Si? – preguntó Kate consultando su reloj divertida – Quince… vaya.
- Todavía te ganamos por cinco – afirmó Castle – vosotros os retrasasteis veinte.
- Eso sin contar que deben llevar aquí desde las siete y diez – les dijo señalando los cafés aún sin tocar.
- Eso son sólo cinco minutos esperando Lanie – dijo Castle - ¿Y tu no dices nada tío?
- Yo necesito despejarme – dijo Espo tomando su café – todavía estoy dormido.
Castle sonrío y miró de reojo a Lanie que levantó su ceja mientras observaba a Espo.
Antes de bajar al parking, Castle se soltó de la mano de Kate y les pidió que le esperasen mientras iba a hablar con el recepcionista del hotel.
- ¿Qué pasa? – preguntó Kate cuando volvió.
- Le he pedido que bajen la calefacción por la noche o moriré asado como un pollo – contestó cogiendo su mano - ¿nos vamos?
- Es verdad tío – dijo Espo mirando a Lanie – está demasiado alta – añadió con énfasis.
- Pensaba que eras medio caribeño – le recriminó Lanie - ¿no se supone que allí hace siempre mucho calor?
- Nací en Nueva York – se defendió él mientras Kate y Castle se miraban conteniendo una sonrisa.
Cuando llegaron al Jeffersonian Lanie parecía de mejor humor, quizá debido al cruce de mensajes por el móvil que mantuvo con Espo durante el trayecto.
- ¡Hola chicos! – les dijo Cam cuando les encontró en recepción esperándola.
- Cam – le dijo Lanie – Michelle es increíble.
- Gracias – le contestó ella.
- Buenos días – les dijeron Booths y Brennan que sostenía a Christine en brazos.
- Voy a llevar a Christine a la guardería – les dijo mientras Booths se despedía de la pequeña – ahora les veré.
- Kate, Esposito – les dijo Booths – tenemos que averiguar todo lo posible de nuestra última víctima, vayamos a mi despacho del FBI.
Kate se acercó a Castle y le entregó la llave del coche de Brennan.
- Por si lo necesita – le dijo – No…
- No tocaré nada y me portaré bien – contestó con una sonrisa - ¿me llamarás?
- Te llamaré – le dijo con una suave risa dándose la vuelta
- Espera – suplicó cogiéndole la mano y tirando de ella - ¿no te irás sin darme un beso no?
- No… - le dijo mirándole – claro que no.
Cam firmó la autorización en las hojas de visita, dándole a Lanie y a Castle una tarjeta como la del día anterior para que se la colocasen a la vista.
Castle se giró para mirar a los tres agentes que salían del Jeffersonian camino de la central del FBI, en ese momento Kate se giró y ambos cruzaron sus miradas, sonriéndose y ella desapareció por la puerta.
- Lanie – dijo Cam – me gustaría que me ayudases a terminar de examinar los restos del señor Glover.
- ¿Cómo? – preguntó Castle – yo comprobé ayer como esos bichitos de Hodgins…
- Sus órganos internos son reservados para revisarlos – le aseguró Cam.
- Ah – advirtió él – bien.
- ¿Qué quieres investigar hoy Castle? – le preguntó Cam – Laboratorio con Hodgins, vísceras con Lanie y conmigo, restos óseos con la doctora Brennan o reconstrucción de escenas con Ángela.
- Se pone complicado – le contestó Castle - ¿Puedo ir de uno a otro? – preguntó con esperanza
- Claro – admitió Cam.
- Por mi no hay problema si cuando nos toque el turno me traes un café – le dijo Lanie
- Eso está hecho – le dijo sonriéndola.
- Te tomo la palabra Castle – le dijo poniendo cara de incredulidad – porque a mi jamás me llevaste un café.
- Deberías pedírselos a Espo – le contestó – no me metas en líos.
- Tienes razón – le dijo – ya lo haces tu solito sin necesidad de ayuda, pero hoy…
- Te llevaré tu café – le dijo – Cam ¿tu también quieres u…
- Nooo – le dijo Lanie poniéndole la mano sobre la boca – ni se te ocurra preguntarlo.
- ¿Qué? – preguntó Castle asustado por la reacción de Lanie - ¿Por qué?
- Señor Castle – le dijo Cam – es una larga historia con un hipnotizador… pero no me importará si me lo trae.
- ¿Me puedes llamar Richard? Señor Castle me suena muy raro – le dijo a Cam.
- Por supuesto… Richard – le dijo
- Y… ¿me contarás esa larga historia? – preguntó
- Vamos Castle – dijo Lanie – no incordies.
- Vaaaale – les dijo – creo que voy a empezar por Hodgins – les dijo dirigiéndose al laboratorio del científico.
- Que no se te olvide ese café – le recordó Lanie.
- Tranquila – contestó él moviendo la mano.
Castle saludó a Hodgins que estaba entusiasmado hundido en su microscopio. Comenzó a tener con él una conversación sobre esporas y polen y le dejó observar por el microscopio para que comprobase por él mismo lo que estaba encontrando en las muestras de ropa que tenía del cadáver más reciente.
- ¿Puedes identificar a que especies pertenecen? – preguntó Castle
- Claro – contestó Hodgins riendo – soy el rey del laboratorio. De hecho – continuó – ya tengo identificadas a simple vista tres.
- ¿De verdad? – le preguntó asombrado.
- Trigo, maíz y zanahoria – le dijo mostrándole el resultado en el ordenador.
- ¿Y es común encontrarlos flotando en el aire de Nueva York? – preguntó Castle.
- Si – admitió Hodgins - es común en el estado de Nueva York
- ¿En el estado?
- Por las granjas – concretó – en la ciudad lo más común es encontrar polen de árboles como el plátano, el cerezo negro o el arce noruego.
- Entonces nuestro hombre no estaba en la ciudad – afirmó Castle.
- No puedo situarlo de momento, tengo que analizar el resto de esporas y el barro del zapato. Pero es muy raro que en pleno Manhattan encontremos polen de trigo, maíz y zanahoria y en esos niveles encontrados…
- Pues yo ya estaría buscando una granja cerca de la ciudad – afirmó Castle.
- ¿En que se basa para afirmarlo? – preguntó Brennan entrando al laboratorio.
- Por tres cosas- comenzó a decir Castle - el polen: maíz, trigo y zanahoria, el arma utilizada contra la víctima: un arma de electrochoque antigua y que suele utilizarse para controlar a los animales y por último la sierra antichispazos ¿no dijiste que se utilizaban para los silos o almacenes de cereales? – preguntó Castle – es un tres en uno, yo diría que una granja…
- Es posible – dijo Hodgins pensativo – será mejor que analice ese barro. ¿Necesitas algo de mí? – le preguntó a Brennan.
- Cuando quieras puedes tomar muestras de los otros restos – le dijo – ya hemos separado los huesos de los tejidos.
- Gracias – le dijo mientras ella salía del laboratorio.
- Será mejor que te deje continuar – le dijo Castle a Hodgins – creo que iré a ver a Ángela.
- Dile de mi parte que no olvide que la quiero – le pidió sonriendo y Castle asintió.
Castle llamó con los nudillos sobre la puerta abierta del despacho de Ángela.
- Hola Richard, pasa – le dijo - ¿vienes a ver como intentó averiguar con que mataron a Arthur?
- Y a darte un recado – afirmó él acercándose.
- ¿De quien? –preguntó ella.
- Jack – aseguró- me pidió que te recuerde que te quiere – le dijo sonriendo.
- Ese es mi marido – afirmó ella – te apuesto a que vendrá en un rato a recordármelo él mismo.
- ¿Te molesta? – preguntó confundido.
- En absoluto – respondió ella de inmediato – el día que no lo haga será cuando me moleste.
- Vivo rodeado de mujeres y creo que jamás os llegaré a entender – aseguró él.
- Pues a juzgar por como te defendió ayer Kate – le dijo ella – yo diría que vas aprendiendo bastante.
- Bueno Kate es… - dijo Castle con los ojos iluminados – es lo mejor que me ha pasado – afirmó.
- ¿Cuánto lleváis juntos? – preguntó Ángela
- Desde la primavera pasada – contestó – pero llevamos trabajando juntos casi cinco años.
- Se te resistió ¿eh? – preguntó ella riendo.
- No lo sabes bien – admitió él con una sonrisa – pero no pienso dejar que se me escape – le dijo con voz triunfal - ¿Qué es lo que haces con eso? – le dijo señalando uno de los dos moldes de material gris.
- Los ha hecho Vaziri sobre las marcas hechas en las costillas – le dijo mostrándole la recreación que había hecho en la pantalla del ordenador - ¿ves? Aquí y aquí – le señalo las marcas y las amplió para que él viese como coincidían con el molde.
- Ya veo – admitió él.
- Y esta es la trayectoria que supuestamente tuvo que seguir – le dijo mostrándole una recreación con una línea – desde abajo hacía arriba.
- Claro – le dijo él observándolo– parte externa abajo, parte interna arriba.
- Eso es – afirmó Ángela – ahora solo me queda saber que pudo causar estas marcas y provocar la muerte.
- Un solo surco y redondo – dijo Castle cogiendo los moldes en su mano.
- Puede ser cualquier cosa - admitió Ángela suspirando.
- ¿Puedes probar con alguna herramienta utilizada en una granja? – preguntó Castle.
- ¿Por qué?
- Una corazonada – le dijo Castle.
- Está bien – le dijo Ángela – buscaré en mi base de datos, tardaré un rato.
- Bien – le dijo Castle - Mientras lo haces iré a llevarles un café a Lanie y a Cam.
- Ni se te ocurra preguntarle a Cam si quiere un café – se apresuró a decirle Ángela.
- ¿Por qué? – preguntó él.
- No le digas que te lo he dicho – le dijo en voz muy baja – la hipnotizaron y cuando le preguntan si quiere un café se pone a cacarear como una gallina.
- ¿No? – dijo con una sonrisa - ¿de verdad?
- Ve a llevárselo – ordenó – pero ni se te ocurra preguntarle.
Castle salió del despacho de Ángela y fue hasta la zona de descanso. Se puso a prepararse un café y decidió tomárselo tranquilamente allí, después prepararía los otros dos y se los llevaría a Cam y a Lanie.
Después de hacer las averiguaciones necesarias sobre Brad Glover, Kate, Booths y Espo volvieron al Jeffersonian. Booths había hablado con Brennan y le había comentado que Hodgins estaba intentando situar a la víctima.
Booths y Espo entraron al laboratorio de Hodgins, mientras Kate se quedaba rezagada al lado del escenario de examen contestando a una llamada de su móvil.
- Beckett – contestó.
- Hola jefa – le dijo Ryan – tengo datos de Brad Glover.
- ¿No estabas de vacaciones? – preguntó Kate.
- Si, pero Jenny ha tenido que volver a su trabajo por un problema así que – contestó él – llamé a Gates y las he cancelado.
- ¿Qué has averiguado? – preguntó.
- Gates me dijo que queríais saber que hobbies tenía – le dijo.
- Así es – contestó Kate - ¿y?
- Era entrenador de un equipo de baloncesto de chavales, tocaba la guitarra y hacía pequeñas maquetas de madera – le informó.
- Bien – contestó ella mirando a Brennan que salía de su despacho saludándola y se dirigía hacía la puerta de salida– gracias Ryan.
- ¿Qué tal lo estáis pasando? – se atrevió a preguntar él.
- Oh… - dijo ella tomada por sorpresa – bien, Ryan, bien… nos están ayudando mucho y deberías ver como avanzan con las pruebas, es una pasada.
- ¿Y mi compañero? ¿se han matado ya él y Lanie? – preguntó gracioso.
- Ufs – suspiró ella – son como una montaña rusa.
- Paciencia jefa – le dijo riendo.
- Gracias Ryan – contestó mirando a Brennan que volvía a entrar acompañada de un hombre – ya hablaremos – le dijo colgando.
Kate sonrío a ambos.
- Pero… ¿Kate? – preguntó él hombre parándose en seco - ¿eres tú?
- Vuelvo a mi despacho – le dijo Brennan al hombre – luego te veo.
- Hasta luego Tempi – le dijo él dándole un beso en la mejilla - ¿Kate? ¿Kate Beckett? – volvió a preguntarle riendo.
- Si – contestó ella con una sonrisa.
- Deja que te vea – le dijo él cogiéndole la mano y levantándosela sobre la cabeza, haciendo que girase como en un paso de baile – mírate, estás preciosa Kate – le dijo atrayéndola contra él y robándola un rápido beso en los labios.
- ¡Jared! – le dijo ella separándole – oye no…
- Tranquila Kate – le dijo Jared – sólo era por los viejos tiempos. No lo volveré a hacer – le aseguró riendo.
- Más te vale o …
- Me pegarás un tiro – aseguró – sí… lo sé, no has cambiado en eso. ¿Qué haces aquí?
- Estoy aquí por un caso – le explicó – trabajo con tu hermano y con tu…
- Mi cuñada – terminó él riendo – aunque aún no se han casado.
- Estamos colaborando para resolverlo – terminó ella - ¿has venido para verles?
- No – le dijo – no, a ellos dos no. Vengo a ver a mi preciosa sobrina, paso de vez en cuando a darle unos achuchones para que sepa que tiene un tío estupendo.
- Bien… - le dijo ella - ¿Qué tal el resto de tu vida? – le preguntó
- Bueno… es largo – le dijo – me echaron de la marina, me he casado y ahora me dedico a la seguridad privada, pero… ¿Qué tal si me acompañas a ver a Christine y te lo cuento? – le dijo cogiéndole la mano y tirando de ella para ir a la guardería
- No creo que …
- Vamos Kate – le dijo suplicante – ya verás que preciosidad de sobrina que tengo.
- Jared en serio yo…
- Vamos Kate – le dijo otra vez tirando de ella con ambas manos – ponme al día de tu vida…
- Está bien… - cedió ella – pero tengo que volver rápido.
- Sólo te robaré cinco minutos – le dijo mientras ambos desaparecían él tirando de la mano de ella por la puerta camino de la guardería.
Castle dejó con un golpe sobre la mesa las tazas de café que había comenzado a preparar en cuanto vio a Kate aparecer junto a Booths y Espo con la intención de llamarla en cuanto colgase su móvil.
Pero ahora, solo notaba que su corazón acababa de dar un tremendo vuelco al ver desde la zona de descanso aquella escena. Pensó en huir de allí, refugiarse en el hotel, o mejor volver a Nueva York y beberse todo su mueble bar y si no tenía suficiente con el mueble bar, acabar con todo el almacén de "La vieja guarida". Intentó tranquilizarse, podría quedarse ahí un buen rato, nadie le iba a echar en falta. Su cabeza daba vueltas. ¿Quién era ese tipo? ¿Por qué Kate se había marchado de la mano con él pese a que no parecía haberle gustado que la besase? ¿Por qué la había besado? ¿Por qué? Se había ido con él, maldita sea…
- ¡Ah! Hola señor Castle – le dijo Brennan - ¿tomando un café?
- Si… si – contestó él ausente.
- No debería tomar tanta cafeína – le dijo señalando las dos tazas.
- ¿Puedo hacerle una pregunta? – le dijo sin poder contenerse.
- Claro – le dijo ella tomando una botella de agua.
- ¿Quién era ese hombre con el que ha entrado hace un momento?
- Jared – le dijo ella de inmediato – Jared Booths
- Booths – dijo él pensativo
- Ha venido a ver a Christine – explicó ella – viene a menudo para verla, para él es importante ver crecer a su sobrina.
- Si claro… - dijo él sin saber muy bien lo que contestaba.
Jared. ¿Un viejo novio de Kate? ¿Tal vez una conquista de una sola noche? ¿Por qué no la preguntó más cuando ella le contó que había conocido a Booths, a su hermano y a unos amigos una noche? ¿Qué debía hacer? ¿Huir? ¿Hacer como si no hubiese visto nada y dejar que ella se lo contase?
- ¿Quiere ver como examinamos los restos de la tercera víctima? – le preguntó Brennan – Vaziri y yo estamos descubriendo unas marcas que podrían haber sido la causa de la muerte.
- Ehm… si… si claro – le dijo con una sonrisa forzada.
Quizá así podría olvidarse por un momento de lo que había visto y pensar en lo que debería hacer. Se levantó del sofá donde se había dejado caer pesadamente minutos antes y siguió a Brennan escaleras abajo mientras ella le iba relatando como los etíopes utilizaban el café como estimulante extendiéndose por oriente medio y Europa y como erróneamente la mayor parte de la gente pensaba que el café tenía su origen en Sudamérica, hablaba sobre la tradición de hablar o reunirse alrededor de la infusión y como esa costumbre aún seguía en nuestros tiempos, pero él se había evadido de sus explicaciones y sólo veía a Kate girar bajo la mano de Jared y el beso que este le había dado a su novia.
Castle paso el resto de la mañana observando el trabajo de Vaziri y Brenan, observando minuciosamente cada uno de sus huesos, utilizando palabras que jamás podría recordar aunque lo intentase, en parte porque estaba totalmente desconcentrado pensando en Kate y en parte porque eran casi impronunciables.
Cuando llegó la hora de la comida, los científicos le indicaron que pedirían algo de comida para todos. Castle no se atrevió a preguntar si la parte policial comería con ellos. En ese momento sonó su teléfono y Castle miró la foto de Kate sonriente en su móvil sin saber si debía contestar o estamparlo contra el suelo.
- Hola – le dijo furibundo.
- Te echaba de menos – le dijo ella – he estado en el Jeffersonian pero hemos tenido que marcharnos rápido y no te he visto.
- Vaya – contestó él – ahora vamos a comer.
- Nosotros estamos en un restaurante de comida oriental – le dijo – Sweets está realizando un perfil con los datos que tenemos y… ¿Castle?
- Dime – le dijo con tono neutro.
- ¿Va todo bien? – le preguntó notando su falta de entusiasmo.
- Si – contestó él – tan sólo… me duele un poco la cabeza – mintió.
- ¡Oh! – le dijo ella – pide a Lanie que te dé algo para que se te pase.
- Si – le dijo – lo haré.
- Te veré más tarde – aseguró ella – y espero que estés mejor – le dijo insinuante.
- Hasta luego – contestó él y cortó la comunicación.
Kate miró el teléfono sorprendida por la reacción de Castle. No podía entenderlo. Desde que habían empezado su relación, si algo notaba que le molestaba era el tener que esconderlo ante todos y ahora, allí, que no tenían porqué ocultarse de nadie, le notaba distante.
- ¿Va todo bien? – le preguntó Espo
- Si –sonrío ella – todo va bien.
Por la tarde Ángela ya tenía el arma con la que habían matado a Arthur Warnat, una horca de dos pinchos, y pronto sabría el nombre de la tercera víctima, pues ya trabajaba con la calavera. Por su parte, Vaziri y Brennan, habían encontrado marcas en las costillas iguales a las de la víctima anterior, y Hodgins había encontrado mezclado con el barro del zapato estiércol de cerdo. Todo apuntaba a una granja, tal y como Castle había dicho desde el principio y tanto Cam como Brennan le felicitaron por ello.
Se había hecho muy tarde cuando Booths llamó a Brennan, diciéndole que acababa de dejar a Kate y a Espo en el hotel y que iba de camino al Jeffersonnian para buscarla. Cuando ella colgó y se lo dijo a Lanie y a Castle, este le mostró la llave de su coche.
- ¿Podré conducirlo hasta el hotel? – le preguntó serio.
- Ha hecho un buen trabajo señor Castle – le dijo – confío en usted para que lo haga.
Castle comprobó su móvil, Kate le había puesto un mensaje diciéndole que había sido un día agotador, que esperaba que no le doliese la cabeza y que estaba en el hotel y le esperaría metida en la cama. Él contestó que estaría allí en media hora.
Kate volvió a mirar con incredulidad su respuesta. ¿Qué le pasaba? ¿Tanto le dolía la cabeza? Esperaba cualquier contestación menos esa y más después de la noche anterior y sus escarceos en la ducha por la mañana. Dejó el móvil sobre la mesita al lado de la cama y fue a darse una ducha, cuando terminó, comprobó de nuevo el móvil, decepcionada porque Castle no había escrito nada más. Pensó que él también estaría cansado, aunque nunca lo suficiente como para dormirse sin más con ella desnuda al lado y quitándose la suave bata del hotel, se metió desnuda bajo las sábanas.
- ¿Qué te pasa escritor? – le preguntó Lanie después de unos minutos en silencio de camino al hotel.
- Me duele la cabeza – continuó él con la mentira – y estoy cansado.
- ¿Demasiado ajetreo nocturno eh? – le dijo ella sonriendo.
- ¿Cómo? – preguntó él
- Vamos Castle – le dijo Lanie – no he visto jamás a Kate trabajar tan relajada. Lo estás haciendo muy bien ¿sabes Castle? La veo tan… feliz. Ya era hora que disfrutase de la vida y tu eres el culpable.
- Ya… - contestó él – gracias.
- Pero ¿Qué te pasa Castle? – le dijo mirándole fijamente mientras esperaban en un semáforo.
- Lanie… yo… - balbuceó.
- Aparca – ordenó la morena – el Castle que yo conozco estaría alardeando y saltando como un niño al oírme – le dijo – aparca ahora mismo.
Aparcó el coche y Lanie le obligó a bajar.
- Vamos – le dijo señalándole un pequeño bar
Entraron y se sentaron en la barra Lanie pidió Bourbon mirándole y él asintió.
- Lo que hablemos aquí – le dijo Lanie – se quedará entre nosotros – aseguró.
- ¿Me lo prometes? – preguntó con tristeza.
- Kate es mi amiga ¿entiendes? – le dijo – no quiero hacerle daño, pero intuyo que lo que yo hable contigo hoy te ayudará a no hacérselo tú pero si ella se entera que te he ayudado, me matará– él asintió dando un largo trago a su bebida.
- No es algo que yo haya hecho – le dijo entendiendo que Lanie pensaba que él habría hecho algo de lo que arrepentirse.
- ¿Entonces? – le interrogó mientras bebía.
- Jared – dijo él.
- ¿Jared? – preguntó la forense arrugando la nariz - ¿Qué Jared?
- Jared Booths – aseguró y Lanie abrió mucho los ojos.
- ¡Aaaah! Ese Jared – le dijo - ¿Qué pasa con él?
- Eso es lo que quiero saber yo – le dijo acabando de un trago su bebida – que es lo que pasa entre Kate y él.
- Nada – le dijo con total seguridad Lanie - ¿Por qué?
- No puedes decirme que nada Lanie – le dijo triste pidiendo otra ronda con un gesto – les he visto esta mañana en el Jefersonnian y él la besó.
- ¿Qué? – exclamó casi en un grito Lanie - ¿Cómo que la besó? – Castle le contó lo que había visto.
- ¿Qué sabes Lanie? – le rogó
- Nada… - dijo ella – Jared y Kate salieron durante un par de meses como mucho y de eso hace ya ¿nueve, diez años? – se preguntó – ella no le ha vuelto a ver más.
- ¿Estás segura? – le preguntó.
- Pues claro – afirmó – no sé lo que habrá pasado Castle, pero te aseguro que Kate no le veía desde hacía años. Kate lleva enamorada de ti desde… - ella paró y él la miró con interés – no, no, no… eso no seré yo quien deba decírtelo… - Lanie paró unos segundos para continuar cambiando las palabras – Castle tu eres lo mejor que le ha pasado desde que la conozco, ya te lo he dicho, nunca la había visto tan feliz.
- Se lo que vi Lanie – le dijo volviendo a beber.
- Pues tendrás que confiar en que ella te lo cuente – le dijo – o sincerarte y decirle que te ha dolido ver lo que has visto.
- No me estas ayudando mucho que se diga Lanie – le dijo sonriendo.
- Yo diría que si te he ayudo escritor – le contestó – estas sonriendo.
- Me duele Lanie, aunque sonría – se sinceró.
- Lo sé – le dijo ella poniendo su mano sobre el brazo de él – Kate lleva años arrastrando con ella una gran mochila de piedras, pero desde que apareciste en su vida ese peso ha ido disminuyendo poco a poco – afirmó – claro que te duele… pero tendrás que seguir teniendo paciencia… seguro que te lo contará Castle.
- ¿Y si no lo hace? – le dijo volviendo a terminar su bebida y pidiendo otra.
- No me extraña que os vaya bien, sois iguales de cabezotas – aseguró ella – si no te lo dice… se lo preguntas tú.
- Temo eso Lanie – le dijo bajando la vista – temo preguntárselo y que me lo niegue, porque eso significará…
- No digas tonterías Castle – le dijo ella quitándole hierro – ella está tan enamorada de ti como tu de ella.
- Ya – dijo él volviendo a beber
- Lo que yo hablo con Kate, queda entre Kate y yo – le afirmó – pero hazme caso… se lo que digo. Seguramente el caradura de Jared le ha robado un beso y tu lo estas sacando todo de contexto.
- Se fue con él – aseguró terminándose el tercer vaso.
- Pues no pudo ser mucho – pensó ella - porque Javi vino a verme y se tuvieron que marchar a los veinte minutos. ¿Quieres emborracharte Castle? – le dijo al ver que el pedía otra copa.
- No podré dormir si no lo hago – aseguró.
- Vámonos – ordenó Lanie poniendo un billete sobre la barra que él la obligó a guardarse mientras buscaba su cartera
- Está bien nos vamos – se resignó él bebiéndose de un solo trago la última copa que acababan de servirle y la de Lanie que estaba sin tocar– muchas gracias Lanie.
- No tienes que darlas Castle – le dijo cogiéndole del brazo y saliendo del bar – estoy aquí para ayudaros.
- Yo también para ayudarte a ti – le dijo dándole un beso en la cabeza.
- Oh si escritor… sobre todo hoy – le dijo riendo.
- Claro que hoy – le contestó él – ya lo verás cuando llegues a tu habitación.
- ¿Qué voy a ver? – le preguntó llegando al coche abriendo la puerta del acompañante y haciendo que él se sentase.
- Ya verás como hoy Javi no se duerme – le dijo riendo.
- ¿Qué has hecho? – le preguntó sentándose al volante.
- No estoy tan borracho como para no poder conducir – le aseguró.
- Prefiero no tener que decirle mañana a Brennan que su nave espacial tiene un arañazo.
Llegaron al hotel y Lanie le dio un beso en la mejilla al despedirse de él.
- Sé paciente – le rogó.
- Disfruta de la noche Lanie – le dijo sonriendo.
Lanie entró a la habitación y se encontró a Espo sentado en el sofá viendo la televisión. Le saludo acercándose y él le señalo una cesta sobre la mesa.
- ¿Qué es esto? – preguntó.
- Cortesía de Castle – le dijo – lee la tarjeta.
Lanie miró la cesta, fresas, champagne, una lata de Red bull y una caja de preservativos. Leyó la tarjeta: "Tío, esto te dará alaaas y lo otro es por si te da demasiadas y te quedas sin ellos"
- La madre que… - dijo Lanie sonriendo - ¿y tú… que? – le dijo a Espo.
- Pues yo… - contestó él levantando la mano y enseñándole una lata – me la estoy tomando – le dijo y ambos se pusieron a reír.
Castle entró en la habitación y sin encender la luz atravesó el salón a oscuras hasta llegar al cuarto, se paró en la puerta hasta que sus pupilas se adaptaron a la oscuridad y pudo distinguir a Kate bajo el edredón.
Respiró hondo y soltó el aire por la nariz, mirando la silueta de Kate en la cama. Se desnudó y se puso el pantalón del pijama y una camiseta y como notaba que el bourbon estaba haciendo su efecto, se acercó lo más despacio posible al lado libre de la cama y se tumbó boca arriba sobre el edredón y se quedó profundamente dormido.
Kate se había hecho la dormida, pretendía darle una sorpresa en cuanto él se acercase o cuando se metiese en la cama para abrazarla. Le miró con los ojos entrecerrados mientras se ponía el pijama y se preparó para lanzarse sobre él cuando se metiese en la cama. Sin embargo, le notó tumbarse sobre el edredón y empezar a roncar en cuanto lo hizo. Ella se giró para mirarle, incorporándose sobre su codo y le invadió el olor a alcohol.
Suspiró con fracaso y se dejó caer sobre la almohada. Pero ¿que le pasaba? Pensó en llamar a Lanie para que se lo aclarase o en mandarla un mensaje, pero se acordó del "regalito" de Castle que le había enseñado Espo y pensó que si lo hacía les interrumpiría. Dio varias vueltas sobre la cama intentando dormirse, cosa complicada entre los ronquidos de Castle, que aún era pronto y la tirantez del edredón sujeto por el peso de él y finalmente se dio por vencida, se puso la bata y se levantó saliendo de la habitación.
Castle se despertó con uno de sus propios ronquidos. No había bebido tanto pero si demasiado deprisa. Se dio cuenta que estaba solo en la cama e hizo memoria por si había metido la pata al llegar a la habitación. Pero no, recordaba que se había tumbado sobre la cama sin llegar a hablar con ella. Se sentó sobre la cama y tras unos instantes en silencio sin oír nada, decidió ir a ver donde estaba ella. Salió al salón y vio la puerta de la pequeña terraza abierta, se acercó y la vio apoyada sobre la barandilla, mirando el parque Lafaitte iluminado y el imponente monumento a Washington. Sus ojos fijos, su semblante serio, el pelo moviéndose ligeramente con el aire. Se quedó unos instantes mirándola, era increíble.
Fue hasta el mini bar y procurando no hacer ruido se sirvió una botellita de bourbon en un vaso con un par de hielos y se sentó en el sofá frente a la terraza, apoyando bien su cabeza contra el respaldo, mirándola a través de las finas cortinas.
Kate se estremeció por el frío. Estaba descalza. Decidió entrar e intentar dormir en el salón. Cerró la puerta de la terraza y se dio la vuelta topándose con sus ojos brillantes a consecuencia la luz que entraba por el ventanal. Se acercó despacio y se sentó sobre la mesita frente a él.
- ¿Me puedes decir que te pasa Castle? – le preguntó muy tranquila.
- Eso es lo que yo quisiera saber – contestó él – que es lo que pasa – dijo triste dando un sorbo del vaso que sostenía en la mano.
- ¿Por qué has bebido?
- Lo necesitaba.
- ¿No te dolía la cabeza?
- No.
Kate le miró extrañada, no tenía la menor idea de lo que estaba pasando. Suspiró desesperada.
- Meredith tenía razón ¿sabes?
- Ah ¿si? – contestó él sin ganas - ¿en que puede tener razón esa chiflada?
- Jamás dejarás que nadie te conozca – le recriminó – y así no podemos funcionar.
- Como si yo te conociese a ti – le dijo con una leve carcajada.
- Vas por el quinto libro – le espetó – algo debes conocerme y yo ni siquiera puedo saber porque te emborrachas.
- No estoy borracho – se defendió.
Kate le miró negando con la cabeza y llevó su mano a la de él, cogiéndole el vaso y dando un trago del mismo se lo devolvió.
Castle analizó las palabras de Kate y pensó en lo que Lanie le había dicho, en decirle lo que le dolía.
- ¿No vas a decir nada verdad? – preguntó Kate – te quedarás mirando, sonreirás y cambiarás de tema.
- No Kate – contestó él – no voy a sonreír ni cambiar de tema.
- ¿Qué te pasa Castle? – volvió a formular la pregunta.
- Tengo miedo – le dijo en un susurro y volvió a beber del vaso.
- ¿Miedo? – preguntó ella extrañada y él inspiró profundamente.
- Miedo de que… - hizo un pequeño silencio – de que un desconocido se acerque a ti, te haga girar en sus brazos, te bese y te arrastre de la mano.
- Es eso – dijo ella cogiéndole el vaso de la mano y dejándolo sobre la mesa – lo siento- dijo levantándose y sentándose a horcajadas sobre él – Jared es…
- Jared… Jared…
- Es demasiado impulsivo, no pude hacer nada por evitarlo – le dijo aferrándose a él.
- No me pareció que quisieras evitarlo – le dijo.
- Castle… no le veía desde hacía casi diez años – le dijo – es impulsivo y si, me besó sin pedir permiso…
- Te fuiste de su mano Kate – le dijo
- Oh vamos Castle – le dijo ella – fuimos a la guardería a ver a Christine, es su sobrina.
- ¿Te das cuenta que si esto fuese al contrario yo estaría con un tiro en la pierna? – le preguntó serio.
- ¿Te das cuenta que si me lo hubieses preguntado antes en vez de callarte y encerrarte en ti mismo, ahora estaríamos durmiendo? - le dijo pegándose más a él.
- Yo no he besado a nadie Kate – le dijo muy serio.
- Lo siento Castle, siento mucho lo que has visto – admitió – pero no hay nada entre Jared y yo.
- ¿Qué hubo? – inquirió él.
- ¿En serio Castle?
- Por favor Kate…
- Te lo dije el otro día, una noche yo estaba con Cam y Lanie y él iba con su hermano y… - comenzó ella – estuve con él casi dos meses.
- ¿Y que paso?
- No funcionó Castle… no creo que tenga que contar más… no funcionó y estaba olvidado – le dijo - Él está casado y yo estoy contigo. Nos hemos encontrado y nos hemos saludado, ya esta.
- Ya – dijo él rodeándola con sus brazos.
- No tienes que tener miedo – le aseguró apoyando su cara en el cuello de él – sólo puedo pensar en ti.
- ¿Por qué dices que no dejo que nadie me conozca? – le preguntó separándola para mirarla
- No te conozco Castle – le dijo – Meredith tenía razón, realmente no te conozco.
- Me conoces Kate – le dijo él.
- No – le dijo incorporándose – no sé nada de ti, me vas contando pinceladas y porque te ves obligado, pero realmente no sé nada de ti.
- ¿Qué quieres saber? – le dijo inclinando un poco la cabeza hacía abajo.
- Todo – contestó ella segura.
- Tengo más de cuarenta años Kate – le dijo – es complicado ponerte al día.
- Nos quedan cuatro o cinco noches aquí – contestó ella – divide tu vida y empieza a contármela.
- ¿Ahora? – le preguntó y ella le asintió mientras se sentaba de lado sobre él y le obligaba a abrazarla.
- Hasta los diez años – le dijo – cuéntamelo todo.
Castle la abrazó, ella hundió su nariz en el cuello de él y él la movió para colocar bien sus piernas sobre el sofá. Comenzó a hablar mientras la acariciaba y besaba la cara y ella paseaba su mano por el mentón de él, escuchándole atentamente.
- Y no me acuerdo de mucho más – le dijo él después de casi una hora hablando.
- ¿Me enseñarás fotos de entonces? – le preguntó sonriendo.
- Claro – le dijo él acariciándole el cuerpo sobre la suave bata – pero tú me enseñaras las tuyas.
- Ya veremos – le dijo acariciándole el torso.
- ¿Vamos a la cama? – le preguntó él metiendo la mano por debajo de la bata.
- Será lo mejor – le dijo besándole.
- ¿No llevas nada debajo? – le preguntó sorprendido y ella sonrió
- No te llegaste a meter en la cama – contestó
- Desde luego detective – le dijo acariciándola bajo la bata – sabes bien como provocarme – dijo mientras se levantaba con ella en brazos.
