Vengo con otra actualizacion! Cada vez falta menos para terminar y estoy muy emocionada! Juli una y mil veces gracias por las hermosas reviews que siempre me dejas! Ya falta poco para el de CSI, solo unos retoques mas y lo subo! Prometo que es en esta semana! :) Me pone feliz que aunque no sea de Reid este fic te haya enganchado, me alegra saber que tan mal no escribo jeje :$ Debo hacer una advertencia mañana martes 12 comienzo la facultad, asi que se me va a complicar el tema de la escritura, pero voy a hacer lo imposible como para mantenerme al dia en ambas cosas! Solo tenganme paciencia, en cuanto a este fic no hay drama porque ya lo tengo terminado, pero si seguro va a haber atrasos en el de CSI y en la sorpresa para de Reid para Juli!
Los temas de este capitulo son: My Love de Sia; Cosmic Love de Florence + The Machine y Everybody's On The Run de Noel Gallagher's High Flying Birds. Espero les guste! :D
Como ya veran tengo una extraña obsesion por el estado de California especificamente San Diego y Los Angeles que se me hace imposible explicar jajaj! Espero que este capitulo les guste, estoy un poco apurada ya que me estoy yendo a dormir...
El conjunto como siempre esta en Polyvore para todo aquel que desea apreciarlo!
Hasta la proxima! Las Reviews son bien recibidas no teman en dejarme una! XD
Chapter Four: My Love.
"-Cuando todo lo que considerabas perfecto en la vida te es arrebatado, y de repente aparece un destello de luz, y trae consigo la esperanza de vivir, te aferras a lo único que queda a tu lado, lo único que no perdiste y te mantiene vivo. Te aferras con todas tus fueras a eso, aunque sea un simple y viejo libro de cuentos de hadas que tu padre te había obsequiado para tu cumpleaños y que tu madre te leía antes de dormir. Y lees las historias una y otra vez todos los días aunque las sepas de memoria, creyendo que se harán realidad cuando tu suerte cambie de mano y te toque el turno a ti. Pero a medida que creces, lo crees y te convences mas de ello y cuando la línea entre la cordura del mundo real y los delirios producto de una realidad imaginaria y claramente mejor, se hace cada vez más delgada al punto tal de mezclarse ambas entre sí, sabes que algo en tu mente no funciona bien y ya no tiene retorno. Tú no tienes retorno. Piensas que debes hacer todo lo que tu enferma y agobiada mente te ordena, y la mía ordenaba tenerla; es como una compulsión, no puedes evitarlo y comienzas a hacer cosas que jamás pensaste hacer… O si.
Ella me cambio la vida, me enamore; era la princesa perfecta para mi cuento de fantasía en el que yo era el príncipe, heredero de una gran fortuna y de un prestigioso palacio y ella, la princesa sometida a la malvada madrastra y sus secuaces que la tenían prisionera. Debía rescatarla, ella no tenía porque sufrir. Debía ser mía, de nadie más y debía hacer todo lo que estuviera al alcance de mi mano para obtenerla-".
Central Park, ya de madrugada luego del tiroteo.
-¡Yo estoy bien, no me han hecho daño! ¡Ocúpense de los heridos!- grito Morgan furioso a un par de paramédicos que se acercaron para revisarlo. Se había desplegado un tremendo operativo por allí, pero ya era tarde, Jacob ya se había llevado a Emma y de nada serviría buscarla por allí. El agente sabía que estaban muy lejos.
Prentiss buscaba coordenadas en un mapa, intentando trazar la zona de comodidad del hombre pero los datos eran muy poco precisos y arrojaban que era muy probable que haya escapado a un lugar lejano, tal vez una ciudad vecina; Rossi interrogaba testigos y JJ hablaba con la prensa. Hotch se acercó ceñudo al ver a Morgan caminando furioso de un lado hacia otro como un tigre enjaulado.
-Morgan…- comenzó, pero el moreno no le permitió finalizar. Se veía la furia y la indignación por la impotencia que sentía.
-¡Se la llevo en mis narices, Hotch! ¡La arranco de mis brazos, me obligo a dársela como si fuese un pedazo de carne! ¡Ella debió negociar para que no me matara!- grito furioso y Hotch asintió posando una mano en su hombro, intentando calmarlo.
-Morgan, debes tranquilizarte; de nada servirá alterarse ahora cuando todo ya está hecho- dijo observándolo fijamente y el aludido asintió muy a su pesar. –Ambos sabemos que Jacob no hubiera reaccionado si no hubiese visto algo que lo alterara con respecto a Emma. Si no se hubiera sentido amenazado por otra figura que creyera su competencia- dijo y su mirada reveladora, más que elocuente tuvo mayor significado. Fue en ese momento en el que Derek comprendió lo que había sucedido, por su culpa. Recordó haber dejado ganar al hombre por sobre la mente fría y objetiva del agente. Recordó la calidez y el impulso que lo llevo a querer besar a Emma, el cariño que le tenía. Lo observo atónito, como si no diera crédito a sus oídos y luego cerró fuertemente los ojos al notar cuan delicada era la situación. -¿Qué has hecho?- pregunto sereno, pero su rostro contenía el disgusto y la furia que su voz no demostraba.
-He intentado besarla y luego la abrace, sin mencionar que estuvimos toda la noche tomados de la mano- contesto escuetamente y el supervisor apretó la mandíbula y observo hacia un costado, controlando su furia. Morgan se tomo la cabeza con desesperación sabiendo que por su culpa las cosas se habían ido al diablo.
-Morgan sabias de lo que era capaz Jacob si se sentía amenazado. ¡No podíamos permitir que se la llevara!- dijo sin levantar la voz, como era común en él y traspaso con mirada colérica al moreno que bufo negando con la cabeza.
-Lo lamento Hotch, realmente. Pero no pude controlarme, antes que agente soy hombre y Emma… Ella es especial para mí- intento excusarse y fue peor de lo que creyó ya que el mayor palideció de repente.
-Entonces como el buen profesional que sé que eres, debiste controlarte mejor. ¡Llevas años haciendo esto, no podía pasarle nada! Juramos proteger a las personas antes de relacionarnos con ellas. Es una víctima por todos los cielos, ¿en que estabas pensando?- dijo y Derek noto el tono sobre protector de su jefe hacia la joven. –Si era personal para ti, debiste habérmelo dicho desde un principio y Rossi, Reid o Prentiss podrían haber cuidado de ella- dijo observándolo fijamente, claramente decepcionado de él. –Debería suspenderte…- dijo negando con la cabeza sin apartar su vista oscura de la del moreno que lo observo furioso.
-¡Sí, pero cuando traigamos de regreso a Emma y me encargue de ese desgraciado! No me hare a un lado ahora. Por mi culpa él la tiene, Hotch. No me iré a ningún lado. Ten la certeza de que la encontrare y la traeré de vuelta- dijo seriamente y su jefe lo observo como si no lo reconociera.
-La encontraremos y la traeremos de vuelta, Morgan. ¡Somos un equipo y así trabajamos!- reprendió con dureza y el aludido largo una carcajada sarcástica.
-Sí, claro. ¿Dónde estaba mi equipo cuando pedí ayuda al comenzar el tiroteo?- pregunto furioso y su oscura mirada destello intensamente. –Sí, eso pensé- dijo y dio media vuelta para salir de la vista de Hotch que busco a Rossi con la mirada y cuando este se la devolvió desde su posición, negó con la cabeza. Ambos sabían cuan delicada y perturbadora era la situación y temían por Emma, si Derek seguía entrometiéndose por su temperamento. Si bien había sobrevivido una vez, tal vez lo haría nuevamente ya que era una joven fuerte, pero ni él ni Rossi sabían cómo había evolucionado la mentalidad de Jacob en los últimos quince años, cuan peligroso era ahora para Emma y que tenía planeado para ella. Quince años era mucho tiempo y no dejaría que ningún detalle se saliera de lugar.
Algún lugar de Nueva York.
Cuando Emma abrió los ojos se encontró tendida en la cama de una desvencijada habitación oscura, sucia y fría. Las ventanas arrojaban destellos de luz grisácea sobre las paredes haciéndolas parecer más tristes y lúgubres de lo que eran. No recordaba muy bien lo que había sucedido ya que sentía como la cabeza le daba vueltas. Se incorporo lentamente hasta sentarse en la cama y observando a su alrededor comprendió lo que sucedía. Intento no sucumbir ante el pánico que le generaba saber que estaba nuevamente, luego de tantos años, bajo la custodia de Jacob y que sabía perfectamente que esta vez no la dejaría ir. Tomándose la cabeza, intento pensar en el perfil, considerando la idea de que Morgan y el equipo la estaban buscando. Debía seguir la corriente de sus delirios, pero ¿cómo luego de haberla atormentado con esos cuentos y teniendo a los niños secuestrados también? Debía asegurarse de que estuvieran bien, debía intentar quitarle información. De repente la puerta de la habitación se abrió y Emma alzo la vista para enfrentarse al hombre que había destrozado su infancia y al que odiaba con todo su ser. Sabía que no podía hacer nada, pero el desprecio, la impotencia y el horror eran inevitables en ella.
-Ya has despertado, muy bien- dijo sonriendo y la joven reprimió un intenso escalofrío, mientras lo seguía con la mirada. No pudo evitar encogerse sobre sí misma como un reflejo natural, cuando Jacob se acerco al borde la cama y abrió las cortinas para que entrara claridad.
-¿Dónde están los niños?- pregunto con los maxilares apretados y le agradeció al cielo que la voz no le haya flaqueado. Lo observo fijamente, pero él rehuyó de la mirada dorada de la joven.
-Debemos darnos prisa, si sigue nevando de esta manera no podremos tomar el vuelo…- comento ignorándola y la joven se puso de pie, sin despegar su vista de él.
-¡Los niños, Jacob!- dijo amenazante, elevando el tono de voz y el hombre la observo fijamente, pero ella no dio el brazo a torcer y le correspondió la mirada con ferocidad. –¿Qué has hecho con ellos?- pregunto destacando cada silaba en un tono claro y seguro y él, por unos instantes no supo cómo reaccionar, claramente cohibido ante tremendo temperamento.
-Ellos están esperándote en la sala, listos para partir- dijo con voz débil y Emma sintió como el gran peso que sentía sobre los hombros, se desvanecía de repente. Si los niños estaban a salvo, las prioridades eran otras, como por ejemplo mantenerlos a salvo y alejarlos de él y pensar en cómo demonios escapar de allí.
-¿Adónde nos llevas?- pregunto ella y noto como la celeste y fría mirada del hombre brillo con intensidad, algo que le provoco un nuevo escalofrío.
-A la casa de mis padres, en Los Angeles. Todo allí está listo para que comencemos con nuestra vida… Mi reino… mis cosas… todo- sonrió tímidamente, bajando la mirada y eso enfureció más a la joven que lo observo desquiciada y se limito a asentir solo una vez. –Ehmm, he reservado los pasajes en avión y el vuelo sale dentro de dos horas- informo y se acerco a ella, que tenso todos y cada uno de los músculos de su cuerpo con violencia y lo observo con recelo. Podía jurar que no se atrevía a acercarse demasiado a ella. Había algo en él que le recordaba a un niño, que antes no había visto. Era como si ella le gustara y él debiera hacer un esfuerzo sobrehumano para agradarle y comprarse su confianza. No se atrevía a observarla a los ojos, se ruborizaba, hablaba con timidez y no se acercaba a ella. Emma pensó que tal vez aquello era una ventaja ya que su presencia parecía intimidarlo, al menos allí en Nueva York, ya que su actitud podría cambiar una vez hecho el viaje. Claramente había dejado de ser una niña hacia ya varios años, para convertirse en una mujer que no le tenía temor, o al menos eso era lo que parecía ser. La situación había cambiado notablemente. Emma mantuvo la posición recelosa, pero Jacob solo extendió el brazo para entregarle los pequeños abrigos de los niños.
-Aquí están sus abrigos, vístelos, salimos en media hora- anuncio y se detuvo en el umbral de la puerta para que ella lo siguiera. Al ingresar a la sala igual de ruinosa que la habitación, Emma distinguió dos cabecitas doradas apoyadas en el respaldo del sillón.
-Niños- se limito a decir el hombre y los pequeños obedecieron lentamente, temblando terriblemente, y se acercaron para situarse frente a Emma que los observo entre horrorizada y culpable de que tuvieran que atravesar una situación así. Eran hermosos y muy parecidos entre sí. De cabellos crespos y rubios, ambos hermanitos tenían ojos verdes y brillantes y rostros pálidos y mejillas encendidas con vestigios de haber derramado lágrimas. No hicieron falta las palabras ya que ambos vieron en Emma el mismo pánico que los embargaba, y la joven comprendió lo que sentían porque ella también había atravesado una situación como aquella, aunque no había tenido a nadie que pudiera protegerla. Los padres de esos niños, al igual que los de ella habían sido asesinados frente a sus ojos. –Emma, ellos son Hansel y Grethel; nuestros pequeños- presento con una sonrisa feliz y tanto la joven como los niños intercambiaron miradas confusas y aterradas.
Jacob le ordeno a Emma que abrigara a los pequeños y antes de decidir si llevarle la contra o no, la joven decidió obedecerle cuando el hombre se retiro a buscar las maletas y los pasaportes a la habitación. Emma se acerco a los niños con cautela por huían pensando que ella tenía algo que ver en todo eso, pero cuando Meckai noto como le temblaban violentamente las manos al intentar abrocharle el grueso abrigo, le lanzo una mirada de ternura y lastima a su hermanita que asintió haciendo un mohín de tristeza.
-¿Te ha tomado como a nosotros?- pregunto el niño con su voz suave e infantil y Emma clavo su dorada mirada en la verde y brillante de él.
-Si- dijo la joven con suavidad, tragando en seco ante el nerviosismo y la tensión de la situación. –Estaba con un… un amigo cuando me capturo- dijo observando los botones azules del abrigo del niño, pensando en Derek y en su última mirada. -¿Cómo se llaman?- pregunto con suavidad, observándolo a él y luego a la niña que no rehuyó a su mirada, sino que traspaso a la joven con los mismos ojos de su hermano. –Porque dudo seriamente que Hansel y Grethel sean sus verdaderos nombres- dijo un tanto más relajada y ambos niños sonrieron con timidez. Emma se sintió tranquila de por lo menos no ser de su desagrado.
-Mi nombre es Meckai y ella es mi hermana, Sophie- dijo el niño y la niña se acerco hacia ella para que le pusiera el abrigo. -¿Tu cómo te llamas?- pregunto con interés, sintiéndose realmente cómodo con la joven que los observo fijamente.
-Mi nombre es Emma y es un gusto conocerlos- dijo seriamente, mirando a los niños y viéndose reflejada quince años atrás, cuando era una niña y debía pasar por todo eso ella sola. Se produjo un momento de silencio; Emma ya había abrigado a los niños, pero se había quedado arrodillada frente a ellos para observarlos fijamente. –Ese amigo mío, es de la policía y estoy segura que en estos momentos nos está buscando. Probablemente nos encuentre antes que cante el gallo- dijo la joven como si intentara convencerse de que así era y los niños sintieron desesperación y toda la angustia contenida de los días de secuestro, colapsaron ante la mirada tierna y el tono maternal de Emma, que parecía querer cuidarlos como si fueran propios, y se lanzaron a sus brazos, colgándose de su cuello mientras lloraban desconsoladamente y le pedían que no los dejara, que no se fuera y los dejara solos con aquel hombre malo, mientras ella los correspondía abrazándolos con ternura, conteniendo las lagrimas de miedo que se acumulaban en los ojos pensando, queriendo creer, que Derek la estaba buscando tal y como había prometido.
Emma no puede explicarse aun hoy en dia, como es que viajaron en avión de Nueva York a Los Angeles sin levantar sospechas. Lo último que recuerda es tener a Sophie en brazos y sostener con fuerza la manito de Meckai antes de subir al auto de Jacob, que había dejado preparado antes de secuestrarlos, donde él la durmió nuevamente con el pañuelo, no sin antes luchar contra el forcejeo y la resistencia que opuso la joven, bajo la mirada asustada de los niños que no sabían qué hacer.
El constante murmullo de la estación de policía lo había desquiciado dos horas atrás cuando decidió salir a tomar aire. Sentado en la escalinata de la entrada, Morgan se limitaba a observar la pulsera de Emma en su mano de cuando intento retenerla a su lado, antes de que Jacob se la llevara y su mente reproducía constantemente la frase "Te Amo", que ella había pronunciado. Estaba decepcionado consigo mismo ya que se la había llevado estando la joven bajo su custodia. No pudo haberle sucedido a él. ¿Acaso ya no era el de antes? ¿Acaso se estaba volviendo viejo y sensible para el trabajo y este cada vez lo afectaba más? ¿Por qué había cometido ese error? ¿Por qué con ella? En su tiempo como agente, jamás le había sucedido tal cosa, jamás un deslice, jamás una debilidad. Aunque debía admitir que lo de Emma desde un principio había sido diferente. Esa conexión cósmica, de otro planeta… Nunca se había sentido así estando con alguien.
Conviviendo a diario con el mal en las personas, sentía que ya no lo reconfortaba como antes su tarea de salvarlos, ya no era como cuando había empezado; había perdido el entusiasmo, las esperanzas… Ahora bien sabía que lo único que quería era estar al lado de Emma.
Con la vista fija en la pulsera, acaricio con infinito cariño las cuentas, sonriendo con tristeza mientras recordaba que la joven le había contado que se la había obsequiado su abuela antes de morir, luego de que ella perdiera a sus padres. La había tenido desde ese momento, en que su abuela la abandono y le había traído suerte en sus viajes, en el cambio de localización por el país y el estudio. La había mantenido a salvo.
-¿Dónde estás Emma?- se pregunto a si mismo mientras suspiraba abatido, pensando los horrores que tenía que enfrentar nuevamente la joven bajo el techo de ese hombre, pero de repente otro recuerdo arribó a su mente, reemplazando el anterior. Y ese repentino recuerdo no era nada más ni nada menos que una fracción de la declaración de Emma a Hotch hacia unas noches atrás: …"–Recuerdo que me vestía con vestidos rosas, o violetas y me decía que era su princesa, como la de los cuentos que me leía y que debía comportarme con él- dijo impresionada sintiendo nauseas. –Decía que era un príncipe, que había heredado un reino por la muerte de sus padres y que si me comportaba y hacia lo que él me decía yo sería la princesa de su reino; me leía esos cuentos antes de dormir-…"
Con aquella revelación fresca en su mente, Morgan dio un salto como si lo hubieran pinchado con un alfiler, poniéndose de pie mientras discaba un numero que se sabía de memoria y su pesimista mente se preguntaba: "¿Por qué no se me ocurrió antes?".
-¡Morgan!- la voz del joven doctor sonó entre aliviada y con prisa del otro lado del teléfono, como si quisiera decir todo lo que tenía en mente rápidamente. El asombro se abrió paso en ambos agentes que sintieron la conexión de pensamientos a pesar de la distancia a la que se encontraban.
-¡Reid!- casi grito el moreno al oírlo atender.
-¡SON CUENTOS DE HADAS!- dijeron los dos al mismo tiempo y luego se abrió paso un silencio estupefacto entre ambos.
-¿Qué?! ¿Cómo es que…?- comenzó Derek pensando que el joven jamás dejaría de sorprenderlo, aunque debía confesar que aquello era espeluznante. Llamándolo, al mismo tiempo que él también lo haría y diciendo al mismo tiempo, la misma frase… Era extraño.
-Es que me ha tocado cuidar a Henry esta noche y JJ me ha dejado unos libros para leerle antes de ir a dormir y justo el que elegí es el libro de cuentos de hadas de los hermanos Grimm y he encontrado las citas que aparecían en las paredes de las casas, escritas con sangre. ¡Son las mismas!- dijo entre alarmado y eufórico por el descubrimiento y Morgan no supo cómo reaccionar ante tremenda casualidad.
-¿Hay princesas? Es decir, ¿en algunos de los cuentos mencionan princesas o personajes femeninos?- dijo el moreno con desesperación, intuyendo la respuesta.
-Sí, claro que sí. De hecho… algunas de las princesas más famosas que conocemos por las películas infantiles de dibujos animados, son de los cuentos de ellos… ¡Oh!- contesto escuetamente el joven y su compañero desespero del otro lado.
-¿Qué?- pregunto con un nudo en la garganta.
-Morgan, creo que… creo que he descubierto algo- se limito a decir con voz inexpresiva mientras se sentía ruido a llaves, el bolso y una puerta, y al moreno le quedaban aun varios interrogantes por hacerle. –Estoy yendo, dentro de unos veinte minutos llegare- aviso.
-Espera, espera; ¿seguro que puedes venir? ¿Qué harás con Henry?- pregunto atónito mientras se oía como subía al auto y lo ponía en marcha.
-Ehmm, de eso no hay problema… Todo está resuelto ya- dijo con confianza, pero Morgan no pudo confiar en la palabra del joven que lo único que hizo fue preocuparlo por el niño al que pensaba, tal vez lo había dejado durmiendo, aunque si así era, Reid se podía dar por muerto porque JJ no lo dejaría volver a Virginia con vida.
-De acuerdo, te esperaremos en la estación de policía- se despidió el moreno tras la afirmación del joven que ya se encontraba de camino, pensando qué demonios había hecho con el niño.
El moreno nunca supo qué le causo más conmoción, si ver a Reid ingresar por la puerta con Henry en brazos profundamente dormido con la cabecita sobre su hombro y envuelto cuidadosamente en una manta para que no tomara frio, o que los cálculos acerca del tiempo de llegada del joven hayan fallado y que el equipo, incluyendo a Penélope García que estaba conectada a ellos mediante video-llamada, se lo haya querido devorar entero con preguntas ansiosas, por no decir nada hasta que arribara el doctor. Seguro fue una mezcla de todas, ya que 40 minutos luego de la llamada que habían mantenido ambos, Spencer Reid ingresaba apresurado a la sala dirigiéndose directamente a la pizarra sin decir nada con el niño a cuestas, al mismo tiempo que JJ se ponía de pie, entre atónita y furiosa, y exclamaba:
-¿Has traído a Henry a la estación de policías? Spence, son las tres de la mañana ¿qué haces con mi hijo aquí?!- chillo como buena madre protectora que era, pero el joven se limito a cubrir la cabecita del niño con una mano para taparle el oído libre, mientras volteaba entre decepcionado e irritado.
-Por favor JJ, no levantes el tono de voz, Henry está durmiendo- dijo como si no hubiese oído lo anterior y sin más se puso a graficar y pegar fotografías en la pizarra con la única mano que tenia disponible.
Unos minutos más tarde, bajo las miradas expectantes y desesperadas de sus compañeros Reid volteo con casi todo ya resuelto, aunque se limito a contestar primero lo que más urgía.
-Morgan me ha llamado ya que hemos descubierto algo clave para el caso y tras debatir las posibilidades, decidí que era mejor y más seguro traer al niño conmigo. Si, JJ se que es un niño y lo estaba cuidando, pero después de todo soy su padrino y no ha hecho más que dormir desde que salimos de casa. Además como agente, era mi obligación venir- dijo apresuradamente cuando noto que su amiga despegaba los labios para reprenderlo. –Una vez aclarado esto, aclaremos el resto- dijo rápidamente, sin despegar en ningún momento al niño de su aparentemente cómodo hombro. –La conexión que nos faltaba para armar el rompecabezas, era saber de que se rige, acerca de qué son sus delirios, procedentes de su esquizofrenia, y Morgan me ha dicho que Emma menciono en su declaración, recordando su secuestro, que Jacob le leía cuentos antes de ir a la cama y la vestía como una princesa- dijo y hubo una respuesta afirmativa por parte del equipo, fue entonces cuando el joven dejo sobre la mesa, el libro que JJ le había dejado para que le leyera a Henry. –Jacob y Wilhelm Grimm, mejor conocidos como los hermanos Grimm, eran dos jóvenes que viajaban por toda Europa recolectando mitos y leyendas de las aldeas cercanas a los reinos y las recopilaban en tomos de cuentos que mucho años después se publicaron en forma de libros muy populares por cierto. En ese tiempo el misticismo, la fantasía y la brujería eran moneda corriente entre los aldeanos que creían esas historias de bosques encantados, princesas asesinadas por sus malvadas madrastras, personas que se transformaban en animales, espejos mágicos, envenenamientos por manzanas embrujadas, etc. De eso se trataban sus cuentos- dijo y como Henry se removió en sus brazos comenzó a mecerse de un lado a otro bajo las miradas estupefactas de JJ y el resto del equipo que no supieron cómo reaccionar ante este gesto de increíble comodidad y cariño hacia el niño que se llevo un dedo a la boca y siguió durmiendo plácidamente mientras oía la voz fascinada de su padrino hablar.
-Pero, Reid…- comenzó Prentiss un poco confusa; a pesar de ser la única que se animo a preguntar, el resto del equipo tenía la misma duda. -¿Qué tiene que ver eso con el caso y el secuestro de Emma?-.
-Precisamente esto- dijo el joven y señalo el libro. –No este libro en particular ya que al ser para niños, al igual que las películas animadas tienen una visión un tanto mas romántica e inocente de lo que realmente son los cuentos verdaderos, oscuros y lúgubres y no siempre con final feliz- comento y todos asintieron.
-El sospechoso se llama Jacob al igual que uno de los hermanos, tal vez por eso sienta un apego especial por los libros, pensamos que eso es un factor para su fanatismo más allá de alguna experiencia traumática que desencadeno su esquizofrenia, aparentemente latente en él desde pequeño- señalo Morgan seriamente observando a Reid, pero no tenían nada más para localizarlo.
-Exacto y también esta esto, creo que ya sé porque Emma es especial para él- dijo Reid y sus ojos de niño brillaron intensos debido a la euforia que sentía. –Miren esto- advirtió y se hizo a un lado, dejando ver la pizarra donde había reorganizado las fotografías de las niñas que habían desaparecido. –Lo único en común que tenían estas niñas, es que una semana antes de que comenzaran a ser secuestradas sistemáticamente, habían asistido a una fiesta de Halloween en un patio recreacional del barrio donde vivían- explico. –Es posible que Jacob las haya visto allí-.
-¿Es decir que eran vecinas?- pregunto JJ intentando seguirle el hilo al joven que parecía divagar.
-Sí, pero no solo eso; cuando entrevistaste a las madres, todas te dijeron que era amigas y se habían puesto de acuerdo en cómo vestir a sus hijas, ¿verdad? Que las niñas querían algo especial ese año- señalo a su amiga rubia y en la computadora a través de la cual estaba conectada Penélope, se oyó ruido a teclado.
-Sí, pero Spence aún no…- dijo JJ sin comprender buscando apoyo en Emily que parecía igual de desorientada que ella.
-¿Penélope que tienes?- pregunto Morgan mirando la pantalla donde su amiga buscaba incansablemente información.
-Estoy buscando las fotografías de las niñas disfrazadas para ese Halloween… Aquí están, les estoy enviando las fotografías… y ¡allí están!- dijo y todos observaron la pantalla de la computadora frente a ellos.
-¿Qué sucedería si de repente los personajes de los cuentos que lees de pequeño y que tanto te gustan, se aparecen frente a ti materializándose en una fiesta y dispara tus fantasías más oscuras? Es decir, decides adueñarte de esa colección de personajes vivientes, tus únicos compañeros por años que hasta ese momento eran unas simples líneas de un libro- pregunto Rossi al aire al notar que las niñas que habían desaparecido hacia quince años se veían como Cenicienta, La Bella Durmiente, La Sirenita, Caperucita Roja y Rapunzel.
-Verlas fue su disparador, tal vez en aquel tiempo trabajaba como organizador de la fiesta o algún puesto en la escuela de las niñas y no le fue difícil reubicarlas luego para secuestrarlas, ya que en ese tipo de fiestas se pide la autorización y los nombres de los que asistirán- señalo Hotch mirando a Morgan que asintió.
-Las citas de cada escena corresponden al cuento del que piensa que la niña es- dijo Reid seriamente dispersando las fotos de las niñas con sus nombres y los papeles de los casos sobre la mesa mientras JJ lo ayudaba.
-¿Y Emma? ¿Por qué Emma? ¿A qué princesa se parece? ¿Por qué la dejo con vida?- pregunto Prentiss buscando las fotografías de la escena de la casa de la joven, para leer las citas en las paredes.
-"Espejito, espejito en la pared, ¿quién es la más hermosa de todo el reino?"- leyó JJ intentando reprimir un escalofrío y Reid busco el cuento en el libro y leyó:
-"Había una vez hace mucho tiempo, allá en el norte, a la mitad del invierno, cuando los copos de nieve caen como plumas desde el cielo, una reina que gustaba de coser sentada junto a una ventana que tenía los marcos hechos de ébano negro. Y mientras cosía y miraba hacia afuera el caer de la nieve, se punzó uno de sus dedos, y tres gotas de sangre cayeron sobre algunos copos de nieve que habían entrado por la ventana. Y vio aquella sangre preciosa sobre la blanca nieve, y pensó:-"¡Oh!, ¡Si yo llegara a tener una niña que tuviera el blanco de la nieve, el rojo de la sangre, y el negro del ébano del marco de esta ventana! Pronto tuvo la dicha de tener una linda niña, que era tan blanca como la nieve, sus mejillas rojas como la sangre, y su cabello tan negro como el ébano. Por lo tanto la llamó Blanca-Nieves"- finalizo y alzo la vista a Morgan que lo observo entre atónito y horrorizado, negando con la cabeza, incapaz de comprender ya que se estaba volviendo todo tan retorcido.
-Exceptuando el cabello negro como el ébano, el fragmento del cuento es la descripción casi exacta de Emma- dijo seriamente intentando encontrarle sentido a todo aquello y la oficina se sumió en un silencio sepulcral, debido a la impresión que provoco la lectura.
-Emma es Blancanieves- dijo Reid un tanto impresionado.
-No la mato porque es la más parecida, el calco exacto del personaje, sin disfraces ni maquillaje, realmente se enamoro de ella que era la imagen perfecta de su cuento favorito…- analizo Rossi, pensativo.
-García, busca a propietarios de primeras ediciones de los libros de los hermanos Grimm- anuncio Hotch pensando que al ser fanático como era aquel hombre, ocuparía tiempo y dinero en coleccionar primeras ediciones. –En ese tipo de compras debes registrarte en una base de datos-.
-No hay muchos, señor- dijo abatida la pelirroja pero de repente el rostro se le ilumino. –¡Oh, aquí hay algo! Hace treinta y cinco años William Edwards compro una primera edición de tapa azul del libro en una subasta de antigüedades. Dijo que a su hijo de cinco años le encantarían y ofreció la suma más alta de 500 dólares para llevárselo- comento mientras tipeaba en el teclado a la velocidad de la luz y buscaba más información. –Estaba casado con una enfermera joven, Linda Norton y… ¡Dios mío!- exclamo horrorizada.
-¿Qué tienes bebe?- pregunto Morgan ansioso.
-Tenían un hijo. Jacob Edwars de cinco años, único sobreviviente en un accidente que tuvieron días después del cumpleaños del pequeño- dijo con voz apagada. –Su madre sufría esquizofrenia pero estaba bien controlada aunque en el último tiempo había dejado de ejercer para cuidar a su hijo-.
-¿Qué hay del libro García?- pregunto Reid, había comenzado a mecerse nuevamente ya que Henry se encontraba un tanto inquieto.
-Ehmm, aquí dice que estuvo en varios hogares de transito, en el transcurro de ese mismo año ya que no trataba con demás niños porque le costaba socializar; el único objeto de valor que apreciaba era el libro que le había regalado su padre; es la única pertenencia que Jacob tenia… Mmmhh, ocho meses después logran ubicarlo en una casa con sus padres adoptivos, pero salió a la luz que el padre… oh mi Dios, abusaba sexualmente de él. Encerraron al hombre y cuando el niño tuvo la mayoría de edad, lo busco para matarlo…- comentaba la analista rápidamente a medida que las ventanas con la información se abrían ante ella. –Lo llevaron a juicio, pero decidieron encerarlo en un psiquiátrico por su evidente esquizofrenia y su Trastorno Obsesivo Compulsivo, y más tarde descubrieron los delirios ya que hablaba de ser un príncipe de sangre noble y heredar el castillo de su padre, que no eran otra cosa que el resultado por no tomarse las pastillas recetadas… Allí dentro intento suicidarse un par de veces y… ¡Oh! Aquí es donde cambia la historia, mis queridos compañeros, para ponerse más interesante y retorcida. En 1991 escapa del recinto y… huye de San Diego, California para viajar a… Nueva York. ¡Aquí hay registradas varias compras de primeras ediciones de los libros! Pero ha usado el apellido de su madre… Ha trabajado en Magic Kingdom donde se organizaban fiestas para niños… También como conserje en un colegio… ¡Oh! El mismo al que asistían las niñas y años más tarde ingreso Emma-
-Allí debe haberlas conocido- señalo Rossi. –A Emma la secuestro a mediados de 1993; habíamos trazado la cronología y nos decía que venía asesinando de dos años atrás- le dijo a Hotch que asintió con el ceño fruncido.
-¿Pero por que quería a las niñas si iba a matarlas?- pregunto Prentiss, sabiendo que algo faltaba. –Es decir, los delirios son algo que no podía evitar, pero el secuestro, la muerte de los padres y de las niñas más tarde… eso es premeditación-
-Tal vez deseaba conservarlas una vez muertas, o tal vez deseaba mantenerlas vivas, pero sin el cuidado correcto las niñas morían y pasaba a conservarlas como muñecas inmóviles- señalo Hotch y Rossi alzo la vista para observarlo un tanto horrorizado, temiendo lo que podía sucederle a Emma. -Caperucita, La Sirenita y podríamos decir que Rapunzel eran más jóvenes, más cercanas a la niñez que a la adolescencia- señalo el jefe en la pizarra las fotografías de las tres niñas más pequeñas. –Maddie, Elizabeth y Lindsay, encajan perfectamente en esa edad con ocho, tal vez nueve años; las demás…- comenzó y Rossi supo lo que iba a decir.
-¡Las demás eran más grandes en edad, exacto!- dijo asintiendo, viendo que las fotografías de las otras tres niñas correspondían a edades como 12, 14 y 16 años. –Ha dejado crecer a Emma a propósito. Las ha conservado todo este tiempo como si se trataran de muñecas y Emma es la última pieza junto a Meckai y Sophie. Las ha matado sí, pero para tenerlas como recuerdo, ellas son realmente sus trofeos. Es un coleccionista- dijo y JJ y Prentiss los observaron atónitas. –Tal vez los objetos que robaba de las casa servían para ambientar o decorar la suya, pero no eran los verdaderos trofeos…-.
-¿Pero como las conserva? Es decir, ¿las momifica o algo por el estilo?- comenzó JJ sin comprender.
-Las ventas de líquidos conservantes, son libres o bien pudo robarlos de funerarias, si alguna vez ha trabajado en una- objeto Morgan con la mente trabajándole a mil revoluciones ya que si así era, a Emma y los niños no les quedaba mucho tiempo.
-Así es, cariño- dijo Penélope a través de la computadora y todos giraron a verla. –Su padre tenía una funeraria en San Diego y por los registros que muestra mi súper computadora, nunca dejo de estar en vigencia. Hoy en dia la funeraria sigue funcionando, pero aquí no dice nada que Jacob trabaje como empleado, pero figura como el dueño luego de la muerte de su padre. Puede tomar perfectamente los líquidos y todo lo que requiere para los cuerpos de allí, ¿verdad?- pregunto pero Morgan observaba a Reid que estaba muy callado.
-Reid- llamo y el joven doctor lo observo pensativo. -¿Qué ocurre?-.
-Algo muy curioso y si es como lo estoy pensando algo muy costoso también, pero…- comenzó, ya había dejado de mecerse porque el niño había volteado la cabeza en sueños acomodándose con la naricita apoyada contra el cuello de su padrino. –En el cuento de Blanca-Nieves, los enanos deciden poner a la joven en un ataúd de cristal en la cima del monte debido a que la belleza de ella era tal que no se atrevían a enterrarla, ni mucho menos ponerla en un cajón de madera común. Se me ocurre que tal vez… Haya mandado a hacer ataúdes de cristal o vidrio en su defecto, y las conserve allí dentro, en una especie de recamara especial para ellas, para que tiempo y la tierra no corrompa los cuerpos- comento bajo las miradas estupefactas de sus compañeros que cuando pensaban que el caso no podía ser más retorcido, Reid decía una excentricidad como aquella.
-¡OH POR DIOS, OH POR DIOS, OH POR DIOS!- oyeron que de pronto Penélope decía, desquiciada chillando como una niña pequeña.
-¿Bebe, que ocurre?- pregunto Morgan acercándose a la computadora mientras su amiga buscaba desesperada algo en su computadora.
–Si bien no aparecen registros de compra y venta de ese tipo de cristal, por lo que debe ser importado o contrabandeado… Derek, ¿recuerdas que hace unos días, me llamaste por la noche y estaba viendo una subasta online de vestidos extravagantes de diseñador, antiguos y algo exóticos?- pregunto atropelladamente, mientras Prentiss y JJ se observaban reprimiendo una carcajada que decidieron ahogar en sus gargantas y Hotch fruncía el ceño mientras replicaba: -¿Qué hacías viendo una subasta online, si se supone que debías estar buscando expedientes y archivos para el caso?- atónito buscando el apoyo de Rossi con la mirada pero su italiano amigo se limito a encogerse de hombros.
-Sí, si lo recuerdo; ¿pero que tiene que ver con esto Penélope?- pregunto Morgan un tanto impaciente, intentando no demostrar como la desesperación por encontrar a Emma lo estaba consumiendo.
-Bueno la cuestión es que hubo un hombre que se llevo dos vestidos de época, de una exquisita tela, bordados a mano, bastantes costosos y hace unos momentos les dije que Jacob utilizaba el apellido Norton de su madre, lo cual me quedo rondando en mi brillante cabecita ya que sabía que lo había leído en otro sitio y es aquí. ¡Jacob Norton, o mejor dicho Jacob Edwards nuestro sospechoso, es el responsable de haber comprado estos dos vestidos!- chillo entre eufórica y horrorizada ante la mirada de su hombre de chocolate que la observaba confundido. –Aquí les envío las fotografías de los vestidos-.
-¿Tienes la dirección, García?- pregunto Reid acercándose al lado de Morgan que aun la observaba atónito.
-Sí, la subasta se ha hecho en Manhattan, horas antes de que raptara a Emma, pero ha pedido expresamente que se la enviaran a su casa en Los Angeles. La casa perteneció a sus padres que la dejaron a nombre de su único hijo por lo tanto vive actualmente allí- dijo tecleando con rapidez. –Allí les está llegando la dirección a sus celulares- dijo con una sonrisa de victoria en el rostro.
-San Diego no esta tan lejos de Los Angeles, ya sabemos dónde consiguió todo lo que necesita para conservarlos en el tiempo y también de que vive. Los servicios fúnebres hoy en dia están muy solicitados y esta casa funeraria es una de las más famosas de por allí- señalo Morgan cruzado de brazos.
-Ha estado aquí de paso. Tenía ya todo planeado. Vendría en busca del vestido, sabiendo que Emma estaría aquí, traería a los niños como carnada y con todo preparado para su vuelta regresaría a Los Angeles con sus tres rehenes- dijo Prentiss armando el rompecabezas.
-No es para nada impulsivo, ha planeado esto desde un principio, jamás le ha quitado los ojos de encima a Emma ya que quería que coincidiera su edad con la del personaje, así completar su fantasía de la colección perfecta de muñecas- dijo Hotch, con el ceño fruncido recogiendo las carpetas. –Por el tiempo que ha transcurrido desde que la rapto, es muy probable que ya estén arribando en Los Angeles. ¡Luego hablaremos del tema de los vestidos, García!- dijo severo y la técnica se esfumo de la pantalla a la velocidad de la luz. -En cinco minutos estamos subiendo al avión, debemos apresurarnos; a Emma no le queda mucho tiempo- finalizo observando fijamente a Morgan que apretó los maxilares, intuyendo lo peor.
Cuando Emma despertó nuevamente su cabeza daba vueltas. Lo que sea con la que la drogo para dormirla, era mucho más potente que la anterior vez. Con esfuerzo ya que se sentía débil, se incorporo en la cama y supo que estaba en la casa de Jacob, aunque no era la misma en la que había estado quince años atrás donde la encontraron. A pesar de ser blanca, pulcra y estar equipada con cosas de niña y asquerosamente de color rosado y violeta, los dibujos de castillos, dragones y princesas habían cambiado. Ahora ya no eran tan rústicos, sino que parecían hechos por un pintor o alguien que supiera del tema. Sentía que algo le oprimía el pecho y que llevaba ropas muy livianas, lo que le dio a pensar que tal vez él la había cambiado, lo que le provoco un horrendo escalofrío y sentía su rostro cargado como si llevara maquillaje. Con un pánico atroz de tener razón, se puso de pie, sin siquiera mirarse los pies y camino, aterrada por cómo podía llegar a lucir recordando lo que Jacob le hacía usar hace quince años, hacia el espejo en la pared de enfrente y se situó frente a él. Reprimió un grito de horror y espanto cuando observo que la hermosa joven que le devolvía la mirada desde el espejo, llevaba puesto un vestido de corsé ajustado y color rojo con mangas anchas y algunos bordados en color oro, zapatos de taco alto, del mismo color del vestido y en su rostro extremadamente pálido, como era habitual, una mínima capa de base rosada para darle un poco de color a su palidez, los tentadores labios pintados del color de la sangre llamaban a ser besados, los ojos maquillados con colores claros y perfectamente delicados y apropiados para ella y su vestimenta; pero la joven creyó que moriría al alzar la vista y observar que su lacio y largo cabello ahora era del color de la noche. Trago en seco, horrorizada de ver que se lo había teñido. Alzo la mano y se toco un mechón que caía sobre su hombro. Seguía aun igual de lacio y sedoso que de costumbre, pero era negro, negro como la noche, negro como la madera de ébano. "La perfecta Blanca-Nieves", pensó con pánico recordando que ese era el cuento que el hombre le leía hacia quince años y que siempre le había repetido cuan parecida a la princesa era.
-¿Qué le hiciste a mi cabello?- pregunto sabiendo que Jacob se encontraba en el umbral de la puerta observándola, reprimiendo un intenso escalofrío y tragándose los improperios que podría decirle pero que sabría no la llevarían a ningún lado y podría poner en peligro a los niños. Se volteo para enfrentarlo y se encontró con que él estaba más cerca de lo que creía y la observaba con un brillo intenso y siniestro en esos celestes y fríos ojos. Emma supo que había vuelto a ser el de antes, la arrogancia y la sonrisa de suficiencia tatuadas en su rostro, lo demostraba, lo que le provoco mas pánico del que podría llegar a tener. La casa lo había transformado en el de antes. -¿Dónde están los niños? ¿Qué les has hecho a Meckai y a Sophie?- pregunto intentando, con éxito, que la voz no le flaqueara. No demostraría cuan aterrada estaba de tenerlo tan cerca, de respirar su aliento dulce e infantil, de sentir sus pálpitos de adolescente enamorado. Porque al fin y al cabo, de eso se trataba; Jacob era un niño aun, no había crecido, se había resignado a hacerlo. Era un niño encerrado en un cuerpo de hombre que había soportado calamidades y que se había tenido que fortalecer, pero su espíritu jamás se doblego. Era aun un niño, indefenso, que extrañaba a sus padres y cuya única compañía a través de los años había sido su tan valioso y ahora estropeado libro de cuentos de hadas. Pero a pesar de ello, Emma estaba segura que si le ponía una mano encima a ella o alguno de los niños, o ocurría algo que desatara su furia contra ellos, ella misma como que se llamaba Emma Grant, mataría a aquel niño indefenso, encerrando en un cuerpo de hombre, con sus propias manos.
-Espejito, espejito en la pared, ¿quién de todas es la más hermosa del reino?- dijo acercándose más a la joven que se tenso y retrocedió un paso por lo que le quedo a Jacob tomar suavemente y con una devoción extrema un mechón de sus, ahora oscuros, cabellos para acariciarlo mientras sonreía ampliamente y a ella le daban nauseas. -Tú lo eres Emma. Tu siempre fuiste y siempre serás la más hermosa de todas- dijo orgulloso al parecer por su trabajo ya que si alguna vez había tenido similitud alguna con el personaje, con esa apariencia parecía la mismísima Blanca-Nieves en vida, materializada frente al hombre que la observaba hipnotizado por su belleza. -Y ahora, vivirás para siempre- dijo y Emma noto, junto con la euforia del comentario lo siniestras que sonaron las palabras. Ocultaban una oscuridad horrible, como si avecinaran una calamidad y por primera vez luego de muchos años, el pánico penetro los huesos, se instalo en ella desquiciándole la mente por completo, sabiendo que era cuestión de horas que la matara, por lo que debía ver a los niños ahora, debía aconsejarles que escaparan de allí cuando se esté encargando de ella, que huyeran y buscaran ayuda, que se libraran de ese ser siniestro. Porque ella supo, en el instante mismo que poso su dorada mirada en la fría y desquiciada de él, que no lograría salir con vida de allí, al menos ella no.
