Cada vez falta menos para terminarlo! Solo dos capitulitos mas y chau chau adios! No dire mucho de este, solo agradecer las reviews, esperar que lo disfruten y me dejen sus comentarios! :)

El soundtrack de este capitulo es: While your lips are still red de Nightwish; Breathe of life de Florence + The Machine y Full moon de Black Ghosts. Como ya saben el conjunto esta en Polyvore en mi perfil para todo aquel que quiera apreciarlo!

Ahora sin mas a leer! :D


Chapter Five. Part One: While Your Lips Are Still Red.

-¿Meckai? ¿Sophie?- dijo Emma suavemente tras golpear la puerta de la habitación de los pequeños. La abrió lentamente, aun esperanzada de que no les haya hecho daño ya que cuando le exigió a Jacob ver a los niños, el solo le había mostrado el camino hacia la habitación un tanto ofuscado de que a la joven le importen más los niños que él. –Niños, soy yo, Emma…- cuando dijo eso, noto como dos cabecitas doradas se acercaban a ella, desesperados por abrazarla, así como ella se arrodillo en el suelo y les extendió sus brazos para corresponderle fuertemente el abrazo. –Dios, están bien. ¡Qué alivio!- dijo al aire mientras los separaba centímetros de su cuerpo y los observaba detenidamente para chequear de que no les haya hecho nada. A pesar de estar vestidos de época también, con unos trajecitos cortos y de tirantes, color verde como si fueran niños alemanes y él con raya al costado y ella con dos trenzas, se encontraban en perfectas condiciones.

-¿Qué te ha hecho?- pregunto Meckai con ojos llenos de lágrimas tocándole el rostro con sus manitos mientras Sophie notaba el vestido rojo y le acariciaba los cabellos negros.

-No, no llores cariño- dijo Emma con ternura, secándole con delicadeza las lagrimas que caían sobre su rostro. –Estoy bien, no me ha hecho nada. Sigo siendo yo Meckai, ¿no lo ves?- dijo acercándose y observándolo fijamente con sus dorados ojos y tomándole una manito para que lo compruebe tocándole el rostro únicamente maquillado.

-Es ella, hermanito, solo le ha pintado el cabello y el rostro- dijo Sophie con su hermoso hablar de una niña de tres años y su hermano pareció estar más tranquilo aunque parecía increíblemente asustado como ella.

-Ahora necesito que presten atención y me oigan, porque lo que tengo para decirles es muy importante- susurro la joven tras tener la palabra de los niños, cerro con suavidad la puerta.

Luego de hacerles prometer a ambos niños, que pasara lo que pasara con ella, ellos intentarían escapar, los dejo durmiendo ya que parecían estar exhaustos y no tener hambre; y cuando cerró con suavidad la puerta para regresar a su habitación, Jacob la intercepto en el pasillo y le ordeno que lo acompañara a cenar y luego debería vestirse con un nuevo vestido que él le había preparado. Emma lo acompaño en silencio, sin hacer ningún tipo de contacto con él y debió comer porque estaba que moría de hambre y sabía que aquel hombre le haría de todo menos envenenarla. No estaba dentro de sus retorcidos planes.

Si había detestado el pomposo vestido rojo, el blanco de cuello alto, con un sugerente escote y de una exquisita tela, toda trabajada que debía ponerse aquella mañana y que arrastraba por el piso al ser demasiado largo, le repudio aun más y se lo puso a duras penas, aunque debía reconocer que era mas común ya que parecía un camisón para dormir de épocas antiguas… o un vestido de novia lo que le incomodaba aun mas. Al salir del cuarto de baño, Emma noto en la oscuridad del pasillo, al que aun no llegaba la luz matinal, como se filtraba una luz azulina de una habitación al final del mismo y a pesar de que su instinto le dijera fuertemente que no, ella se acerco a la puerta y la abrió lentamente para inspeccionar que había dentro. Pero lo que encontró jamás paso como una posibilidad por su cabeza y eso fue lo que más la impacto al encontrarse con cinco pequeños ataúdes de cristal sobre gruesos pilares que los hacían altos hasta la cintura, con niñas vestidas de princesas dentro, como si se tratara de una exposición; como si fuesen muñecas que no eran corroídas por el paso del tiempo y en el centro había un ataúd vacío. Emma debió sostenerse de la puerta para no caer por los violentos temblores que sacudían su cuerpo, y taparse la boca con la mano que tenía libre para no emitir ningún grito de horror mientras las pesadas lágrimas caían por su rostro. No, aquello no estaba bien. A pesar de tener la horrible sensación de que todo se trataba de una pesadilla en su perturbada mente, sabía que estaba sucediendo realmente, allí, ahora, frente a sus ojos. Las hermosas niñas, que parecían dormir plácidamente en esos envases de cristal estaban tan muertas como lo estarían los niños y ella dentro de unas horas. Debía salir de allí cuanto antes. Ya no importaba que Derek, no la estuviera buscando o al menos no hubiera llegado aun; Emma sabía muy bien que ella no quería morir, no allí, no de esa manera. Ya había sobrevivido una vez a aquel loco desquiciado, podía hacerlo nuevamente; ahora. Los fuertes latidos de su corazón retumbándole en sus oídos y la agitada respiración que provocaba que su pecho subiera y bajara frenético, no la dejaban pensar; tenia nublada la vista por las lagrimas y estaba paralizada por el pánico que ya era parte de ella desde que había ingresado a aquella horrible casa.

Camino con cautela, acercándose a los ataúdes y descubrió que el que parecía desde la puerta ser uno solo, resultaron ser dos pequeños, en los que entrarían perfectamente Meckai y Sophie. Pero entonces, ¿dónde se encontraba el de ella? La mente de la joven comenzó a trabajar desesperada, sabiendo que tenía muy poco tiempo para huir de allí, pero luchando a su vez para que el pánico no la consumiera del todo y la volviera loca llevándola a la histeria. Poso con suavidad una mano sobre el grueso cristal, intentando controlar la respiración, al tomar noción de que desde un principio Jacob jamás había querido formar una familia; sino que lo que su enferma mente siempre había querido era una colección de muñecas, de los personajes que él tanto había querido desde pequeño. De los cuentos que le había leído a ella hacia quince años y las últimas noches le había leído a los niños. ¿Qué más podía pedir si podía tener su colección de personajes de cuentos de hadas, solo para él? "Vivirás para siempre", recordó que él le había dicho y ahora entendía el significado literal de sus palabras. "¡Cielo Santo, debemos salir de aquí!", pensó a su vez y cuando alzo la vista para salir de allí se encontró con que Jacob la observaba desde el umbral de la puerta en el otro extremo de la habitación, al parecer furioso. ¿En qué momento se había adentrado tanto en la habitación? Observo desesperada a su alrededor y se vio rodeada de pequeñas y hermosas princesitas, envueltas en la luz azulina que emanaba una lámpara en el techo y le daba un aspecto fantasmal a Emma que observo alterada a Jacob, intentando controlar el miedo que corría por sus venas.

-No deberías estar aquí- dijo con voz "controlada" y ella sintió como un escalofrío serpenteaba por su espalda, incapaz de reprimirlo se alejo aun mas esquivando los ataúdes, al notar que él se acercaba a ella. Maldijo el vestido por ser tan largo y pisárselo, lo que provocaba que tropezara con él.

-Me dijiste que las habías matado y enterrado en el jardín de tu casa- dijo Emma con asco, reprimiendo el llanto con una fortaleza que ella no conocía que poseía.

-¡No te excuses!- grito Jacob con ira y sus ojos destellaron furiosos en la penumbra de la habitación.

-¿Qué sucede Jacob? ¿He descubierto tu macabro secreto?- dijo una voz provocadora que la joven no reconoció como propia, ya que la frase se le había escapado por los labios entreabiertos, como un siseo muy claro y cargado del asco que sentía por él. Sabía que ello no la ayudaba en absoluto, pero no podía controlar su lengua que parloteaba como poseída por otro ser. -¿Por qué todo el tiempo se ha tratado de esto, verdad?- espeto con rostro inexpresivo y el hombre la observo fijamente con ojos brillantes, entre cautivado y atónito por la rudeza de las palabras, por como la joven se desenvolvía a pesar del miedo que sentía. –Nunca has querido una familia perfecta, eso solo ha sido una pantalla para que te tuviera lastima. Pero todo este tiempo has estado detrás de una maldita colección de espeluznantes muñecas. ¡Por Dios Santo, eran niñas Jacob! Niñas hermosas y saludables, que tenían padres y toda una vida por delante, y tú has sido el que se lo arrebato todo!- grito histérica, furiosa, con ojos cargados de lagrimas, sin poder contenerlas ya que ese hubiese sido su destino si no lograba escapara hacia quince años, observando a su alrededor y el hombre, no supo que decir solo sentía la desesperada necesidad de matarla y tenerla para él toda la eternidad.

-Ya falta poco, solo las tres últimas piezas… tú y los niños. Son perfectos para finalizar mi colección. Al menos los niños… Ellos se verían mejor muertos y durmiendo eternamente en estos ataúdes…- dijo con ojos perdidos y soñadores, como si estuviera alucinando haciendo caso omiso a las palabras desesperadas de Emma, que noto un revolver antiguo en su mano derecha. "¡Genial, resulta que ahora ha cambiado el método de matanza!", pensó la joven desesperada ya que el hecho de que el hombre le disparara, bajaba las posibilidades de que pudiera escapar con los niños. –A ti te he reservado un lugar especial, en mi cuarto- dijo con una sonrisa triunfal y sus fríos ojos azules brillaron intensos. La miraba embelesado, como si ella fuera un oasis en medio del desierto y él llevara días sin beber agua; fue en ese momento que la joven decidió tomar medidas drásticas e intentar huir de allí ya que el tiempo de los niños había llegado y el suyo no se tardaría mucho. –Ven a mí, Emma. Entrégate a tu inevitable destino, mi dulce y hermosa princesa. Ayúdame a convertir a los niños en nuestros eternos hijos- dijo acercándose con el revólver en alto y la joven noto como de pronto todo era claro en su mente. Sentía bombear con fuerza la sangre que recorría frenética sus venas y se atascaba en su nariz, aclarándosele la visión y con la mente despejada, puesta en un solo objetivo, reacciono.

-No si puedo evitarlo. Perdónenme, niñas- susurro alzando el vestido con una mano, sosteniéndose de la pared con la otra que tenia libre para poder hacer contrapeso con su cuerpo y empujar con el pie el primer pilar con el ataúd, que tenía a su derecha provocando así un efecto domino ya que los ataúdes se balanceaban y comenzaban a hacerse añicos a su alrededor mientras caían al suelo.

-¡NO! ¿QUE HACES? ¡MALDITA!- grito Jacob encolerizado, observando como todo se reproducía con rapidez ante sus ojos, estupefactos, cargados de odio hacia ese ser tan hermoso y perfecto al que tanto amaba, y que ahora corría, levantándose el vestido para no tropezar, hacia la puerta llamando a gritos desesperados a los niños.

Emma no quiso ver el horrible espectáculo de los cuerpecitos de las niñas caer rígidos al suelo y rodar cerca de ella cuando estallaban sus ataúdes, impidiéndole el paso a Jacob que en un último intento desesperado, se lanzo hacia ella rodeando sus blancas piernas con sus brazos y haciéndola caer de bruces, obligándola a parar el impacto con sus manos que se incrustaron en los miles de trozos de cristal roto, haciéndola sangrar de inmediato.

-¡SOPHIE, MECKAI!- grito cerca de la puerta, intentando zafar del fuerte agarre de Jacob que la llevaba nuevamente hacia dentro. –¡SO-SOPHIE, ME-MECKAI!- insistió mientras hacía fuerza, para patear a Jacob que aflojo el agarre para poder tomar el revólver a unos centímetros de distancia de él y Emma aprovecho la ocasión para patearle el rostro con los altos tacos que llevaba puestos y huir de allí, cerrando la puerta con la traba que tenia del lado de afuera, mientras se oían los chillidos desgarradores del hombre y un par de disparos, que furioso arremetió contra la puerta. Sus manos eran fuego y no dejaban de sangrar, el ambiente estaba caldeado y la sangre aun le bombeaba frenética en la cabeza por la adrenalina y el corazón le retumbaba en los oídos y no se explicaba como de su nariz no había caído ni una sola gota, pero aun debía ir en busca de los niños, que salieron desesperados a su encuentro al oír los disparos y se aferraron a ella que se había arrodillado en el suelo para besar sus doradas y suaves cabelleras, cerciorándose que los tenía entre sus brazos intentando no tocarlos con las manos ensangrentadas.

-¡Vamos, debemos salir de aquí, no tenemos mucho tiempo!- dijo apresurada poniéndose de pie y se sintieron fuertes golpes contra la puerta que no resistiría mucho.

-¡Te ha lastimado, estas sangrando!- exclamo Meckai observándole las manos pero ella con la adrenalina del momento, en lo que menos repararía era en parar la hemorragia, por lo que sonrió para impartirles seguridad.

-¡Oh, eso no es nada! Estoy bien- dijo con suavidad, agitada quitándose los altos tacos que traía puestos, dispuesta a huir descalza, y tomo rápidamente a Sophie en sus brazos ya que correrían más rápido si la cargaba y observo a Meckai que le devolvió la mirada como si supiera que era lo que le diría. Era extremadamente extraña la conexión que tenia con el pequeño que parecía conocerla mejor que nadie y leerla de una manera única con sus verdes ojos. -Cariño, no podre tomarte de la mano ya que debo levantarme el vestido para no tropezarme, no te alejes de mi, ¿sí? ¿Crees que puedas seguirme?- pregunto y el niño la traspaso con sus verdes y brillantes ojos y asintió con una sonrisita segura, lo que logro mágicamente tranquilizar a Emma, que tras una señal echo a correr con Sophie en brazos y Meckai pisándole los talones.

Cuando salieron por la puerta trasera de la casa, el frio les golpeo los rostros sonrosados por el intenso calor del interior de la casa y notaron que era un largo recorrido por el camino de tierra que había hasta unos portones al final del camino, pero Emma pensó que si cortaban camino por el frondoso bosquecito que se abría paso a su derecha, tal vez llegarían antes a la ruta y podrían encontrar a los agentes. Estaba lleno de maleza y arboles, que le dificultarían un tanto el recorrido pero valía la pena intentar cortar camino si te perseguía un psicópata con un revólver, dispuesto a matarte. Fueron instantes en los que Emma se debatió si seguir el camino llano y ya hecho, ya que le sería más fácil a Meckai, pero los gritos espeluznantes y furiosos de Jacob que había logrado escapar de la habitación, sintiéndose más cerca, provocaron que se decidiera por el camino más rápido y no mas cómodo. Habían recorrido un tramo cuando sintieron a lo lejos las sirenas de los coches de policías que jugaban una carrera para llegar a tiempo, dentro de los cuales Morgan iba a la cabeza. El alivio que sintieron tanto los niños como Emma, fue indescriptible; las fuerzas de cada uno se renovaron y sus esperanzas no se vieron del todo perdidas, aunque el frio se colara por sus huesos y las manos de la joven, si bien habían dejado de sangrar eran fuego debido al ardor por tener los cristales incrustados y sostener con fuerza a Sophie contra su cuerpo.

-¡Allí viene!- grito Meckai, con el pánico brotándole por cada poro del cuerpo, al voltear y encontrarse con la figura desquiciada de Jacob a menos de cinco metros de ellos. –¡Tiene un arma, Emma! ¡El nos disparara!-.

-¡No voltees, Meckai! Debemos… llegar a… la… carretera,… ¿recuerdas? Allí estaremos… a salvo. Debemos… darnos prisa,… cariño. El no hará nada hasta tenernos cerca… por lo que debemos llevarle ventaja, ¿de acuerdo? Sigue corriendo que lo haces bien… ya falta poco cielo- dijo Emma sin aliento, exhausta por correr llevando a Sophie en brazos, esquivando ramas bajas de los arboles, sus raíces que serpenteaban en el suelo y ramas y maleza que se enredaban en sus desnudos pies. La niña había ocultado el rostro en el arco del cuello de la joven que daba lo mejor de sí, pero ya no era suficiente porque su paso se hacía cada vez más lento y pesado, y Jacob estaba cada vez más cerca.

-¡NO LOGRARAS ESCAPAR DE MI, EMMA! ¡TE ENCONTRARE; SERAS MIA, YA LO VERAS! ¡NADIE TE POSEERA, SOLO YO! ¡ME PERTENECES! ¡ERES MIA, SOLO MIA Y DE NADIE MAS!- gritaba Jacob furioso pisándole los talones, con el revólver cargado en alto, dispuesto a usarlo en cuanto estuviera a una distancia corta de los tres.

Se estaban acercando a la carretera, las sirenas de los autos se sentían cada vez más cerca, pero como si el destino no le permitiera alejarse de aquel lugar maldito, se oyó un disparo que tuvo eco en aquel frondoso bosquecito y que logro sobresaltar a los niños, pero Emma no se detendría, no en aquel momento cuando ya faltaba tan poco. El terreno comenzó a hacerse más irregular y blando por aparentes lluvias previas, sin haberse secado por el frio del invierno, lo que provocaba que la maleza se enredara en los pies congelados y entumecidos de la joven y finalmente la hicieran caer, pero como aun sus reflejos eran claros y precisos, aunque sintiera dolor agudo en algún lugar de su cuerpo, para proteger a los niños del golpe, logro dar vuelta en el aire acercando a Meckai contra su cuerpo, cayendo ella de espaldas para no aplastar a Sophie con su peso. Emma sintió los gritos de los niños, que asustados e ilesos se acercaron rápidamente a ella que intentaba recuperar el aire que la caída le había quitado, mientras sentía un gusto metálico en la boca, lo que supo que era la sangre que se había acumulado en su nariz y volvía en ese momento en sentido contrario hacia su garganta. Su cabeza daba vueltas, no lograba enfocar la visión nublada ya que los altos arboles parecían dar vuelta a su alrededor con el cielo gris y opaco de fondo; sentía un agudo dolor en la nuca por el golpe de la caída y en el costado derecho de la baja espalda, cerca de los riñones, de donde sentía que brotaba algo cálido y espeso sobre la hojarasca en donde estaba tendida boca arriba sosteniendo aun a los niños contra su cuerpo, y aunque inspirase todo lo que quisiera, el aire no parecía bastar.

-¡Emma, Emma despierta!- chillo Meckai de rodillas a su lado y fue la desesperada voz del niño y los sollozos asustados de Sophie que se había colocado del otro costado y le acariciaba el rostro con delicadeza, lo que logaron que volviera a la realidad y viera a Jacob a pocos metros, ya sobre ellos.

-¡Meckai toma a Sophie y váyanse de aquí!- dijo asustada, tocándose con mucho esfuerzo la espalda para cerciorarse de que el tiro que el hombre había disparado le había dado a ella, sin poder incorporarse mucho, solo girando la cabeza para ver a uno y a otro. –¡Deben escapar, ahora! Deben llegar cuanto antes a la carretera, allí encontraran a mis amigos, pregunten por Derek Morgan, él los ayudara- dijo, sintiendo un intenso ardor en sus manos cortadas.

-No, no te dejaremos- lloro Meckai, con un nudo en la garganta, sintiendo el mismo temor que la joven. –Te ha hecho daño, estas sangrando, no quiero dejarte, no nos puedes dejar- lloro y mojo el pálido rostro de la joven con sus pesadas lagrimas. Ella le sonrió amable, llena de ternura y le acaricio la mejilla para tranquilizarlo, pero mancho el blanco rostro del niño con la sangre de sus manos. Estaba por besarles las mejillas a modo de despedida cuando sintieron el crujir de ramas y los gritos encolerizados de Jacob que estaba a menos de tres metros de distancia.

-¡NO ESCAPARAS DE MI ESTA VEZ, EMMA! ¡NO LO PERMITIRE!- grito desquiciado y la joven como por acto reflejo, intento incorporarse para alejarse de él, pero no pudo ya que su cuerpo entumecido y adolorido no se lo permitió, aunque logro rodar hasta colocarse boca abajo entre la hojarasca, manchando de tierra, hojas y sangre, el pulcro vestido que Jacob logro tomar del borde de la larga falda.

-¡Corran, ahora! ¡Corran niños!- grito ella observándolos desesperada, sintiendo un pánico atroz por lo que pudiera llegar a hacerle aquel hombre loco y malvado, y de repente, bajo las miradas verdes y brillantes de los niños que se habían alejado unos metros pero aun aguardaban a que ella los siguiera, Emma sintió como Jacob la levantaba en el aire de los cabellos con una fuerza sobrenatural, de espaldas a él acercándola contra su cuerpo, inmovilizándola con el brazo alrededor de su blanco y frágil cuello para que tuviera una vista de los niños que la observaban perplejos con los ojos llenos de lágrimas. Intento zafarse del fuerte agarre del hombre al que tenia pegado a su espalda y que no le permitía respirar, pero no tuvo éxito, el dolor de la herida de bala quemaba como fuego y era extremadamente intenso sin mencionar que la sangre seguía manando lentamente sin poder coagular como ella tan bien sabia; observaba a los niños con ojos como platos, para que entendieran que debían irse, que no debían ver aquello, gritando de dolor ya que cada movimiento que hacia le proporcionaba un dolor paralizante, pero ellos aun seguían allí, como si estuvieran considerando la posibilidad de hacer algo para ayudarla. Todo eso parecía estar sucediendo en cámara lenta como si el tiempo no transcurriera jamás y sin embargo se desarrollo en cuestión de segundos de acción y reacción, de acto y reflejo. Jacob extendió el brazo que no sostenía a Emma, el portador del arma y disparo el resto del cargado en dirección a los niños que desaparecieron antes de que pudiera disparar, pero Emma no lo noto ya que se volvió loca e hizo más esfuerzo por zafar, pensando que le había dado.

-¡NO, ELLOS NO! ¡POR FAVOR!- lloro desconsolada, pensando que los había herido al no verlos por allí y no ceso de forcejear con el hombre que se encargaba de sostenerla lo suficientemente fuerte entre sus brazos. –¡LLEVAME A MI, ELLOS NO! ¡MALDITO! ¡LOS HAS MATADO! ¡MALDITO HIJO DE PERRA! ¡LOS HAS MATADO!- grito deshecha en lagrimas, sin sentir dolor alguno. Al menos no físico ya que la adrenalina y el miedo le daban a su débil cuerpo un coctel de estimulantes naturales y momentáneos para seguir luchando contra ese monstruo que la arrastraba entre sus brazos, de vuelta a la casa, hasta una curva desde donde luego la llevo a cuestas mientras la joven llorando en silencio intentaba resistirse y forcejeaba a pesar de su intenso dolor.

-A unos metros hay una salida que da a un largo camino- decía Penélope a todos por los celulares, guiándolos con el mapa que tenía en su computadora. –Al final de este se encuentra la casa. Yo les diré cuando tomar el camino- aviso y se produjo un silencio. Morgan manejaba como un desquiciado, yendo a la cabeza de la caravana de autos de la policía y a Hotch, desde el otro auto le costaba trabajo seguirlo. –A un metro tienen la entrada. Deben doblar… ¡ahora mis valientes compañeros!- aviso García con su voz alegre, aunque con una nota de preocupación e incertidumbre. El moreno no podía controlarse, simplemente sentía que en cualquier momento estallaría y sabia a la perfección que eso no debía sucederle, no a él, no siendo agente, no portando un arma, no con un potencial sospechoso amenazando a la mujer por la que sentía esas emociones tan fuertes. Solo quería llegar y encontrarla, podría dejarle el "trabajo sucio" a Rossi y Hotch que se morían por hacerlo al igual que él, pero debía encontrarla sana y a salvo, bien, sin ningún rasguño o herida, o…

-¡Algo se mueve allí delante!- dijo de repente JJ desde el asiento del copiloto y Prentiss, desde el asiento trasero se asomo entre ella y Morgan que manejaba tenso y con rostro severo. –¡Allí en medio del camino!- dijo alarmada ya que dos cabecitas doradas se acercaban a ellos corriendo y Morgan no desaceleraba. -¿Acaso son…?- pregunto asustada tensándose en el asiento.

-¡Morgan detente, son los niños!- exclamo Prentiss con rostro lívido y ojos desorbitados.

-¡Sujétense!- aviso el moreno y piso con fuerza el freno deteniéndose a centímetros de los niños que observaron con pánico como esa estructura de metal se acercaba a ellos y por poco no los mataba.

Las dos mujeres bajaron apresuradas para asegurarse de que los niños estuvieran bien y el moreno lo hizo tras ellas sintiendo que perdían el tiempo con ellos allí ya que podrían haberse escapado y no saber nada de ella.

-¿Sophie, Meckai? ¿Son ustedes? ¿Esos son sus nombres?- pregunto Prentiss acercándose a ellos con cautela. Lo mismo hacia JJ desde el otro costado. –Somos del FBI, todo está bien, están a salvo ahora. ¿Dónde está Emma, la han visto? ¿Ella está bien?- pregunto preocupada, examinando rápidamente que ellos no estuvieran heridos.

-Se la ha llevado- lloro el niño con la mejilla manchada de sangre, desconsoladamente acercándose a Emily y Morgan sintió un nudo en el estomago al oírlo, mientras Sophie se internaba en los brazos de JJ que la alzaba en brazos, intentando tranquilizarla. Prentiss tomo al niño en brazos, pero este a pesar de la angustia quería expresarse lo mejor y más pronto posible ya que Emma estaba en peligro. Morgan tenso violentamente los músculos de su cuerpo, al intuir lo peor y sintieron que Reid, Hotch y Rossi se acercaban a ellos apresurados para oír a los niños.

-Meckai, necesito que respires profundos y te tranquilices- dijo Derek con suavidad a pesar de todo lo que sentía, acercándose a Prentiss que acariciaba la espalda del niño para intentar calmarlo. -¿Jacob tiene a Emma?- pregunto con el ceño fruncido intentando controlar su desesperada voz, pero no tuvo mucho éxito; sentía que se estaba volviendo loco. El niño asintió y Hotch y Rossi se observaron ceñudos.

-La ha lastimado, ella estaba sangrando y se la llevo de nuevo a la casa- dijo asustado, mientras las gruesas lagrimas formaban surcos en su rostro cubierto de tierra y sangre. –Me dijo que buscara a un hombre… a su amigo, Derek Morgan- dijo el niño entre los brazos de la agente que observo asombrada a Morgan al igual que JJ que se había acercado y sostenía aun a Sophie.

-Emma tiene problemas de coagulación, no resistirá mucho tiempo si la ha herido- dijo el aludido asustado y sin decir más, desquiciado por la ira y sumamente preocupado por la salud de la joven, se dirigió al auto y fue detenido por Hotch que le hablo severo.

-No puedes ir en este estado- atajo cortante y el moreno lo traspaso con la mirada brillante y desesperada ya con un pie dentro del auto. –No puedo permitirte cometer ninguna estupidez-.

-¿Cómo haberla dejado ir con este tipo? Sabes muy bien que no puedes pedirme eso, Hotch. ¡No ahora! Por mi culpa ella está aquí, en peligro y herida. Debo traerla de vuelta, se lo he prometido- dijo furioso consigo mismo por la impotencia que sentía ya que debía controlarse y trabajar como el protocolo se lo ordenaba, como había sido entrenado, aunque no sintiera realmente que debía solo esposarlo y enviarlo a una prisión de por vida, Jacob Edwards merecía morir. Subió al auto, sin darle tiempo al agente a contestar nada y desapareció de allí.

Emma sabía perfectamente que no lo tenía que dejar ganar, pero el cuerpo cansado y perdiendo sangre, más de lo que perdería una persona común por su problema de coagulación, le pedía que se rindiera; que cerrara los ojos y nunca más despertara, pero ella, luego de lo que había luchado no se lo permitiría; además ahora sabia que Derek la buscaba y no descansaría hasta encontrarla, eso le daba nuevas esperanzas. Jacob la cargaba en el hombro como si se tratara de un costal de harina, sin ningún esfuerzo y sin decir absolutamente nada. La joven sintió las puertas que se abrían a su paso, mientras se adentraban cada vez más en la casa a oscuras, pero la vista nublada y el esfuerzo para respirar, le impedían orientarse correctamente. ¿Dónde rayos la estaba llevando aquel hombre? ¿Por qué había tantos pasillos? ¿Por qué estaba todo tan oscuro si era de dia? Un dia invernal, nublado y de un color perlado, pero dia al fin.

-¿Por qué debías escapar? ¿Acaso no estabas cómoda aquí? ¿No eras feliz con los niños?- oyó que Jacob preguntaba mientras seguían caminando por la casa y Emma derramo unas cuantas lagrimas mas al oír de los niños. –Se supone que no deberías estar sangrando tanto…- dijo asustado cuando alzo una mano y toco el vestido de la joven empapado en sangre que salía de la herida de bala. La joven estaba pálida y cubierta de un sudor frio; se sentía tan cansada como si hubiese corrido kilómetros y kilómetros, pero la fortaleza de su interior no le permitía darse por vencida. Debería resistir hasta el final, aunque le faltara cada vez más el aire debido al ajustado vestido, ella debía resistir e intentar luchar, por los niños.

De repente el ambiente helado de la habitación en la que ingresaron los envolvió, provocándoles escalofríos ya que la calidez de las otras salas de la casa los había acogido cómodamente. La joven alzo la cabeza con mucho esfuerzo para localizar donde estaba, pero se encontró con una habitación que no había visto. Era blanca y un aroma a rosas invadía el ambiente, proveniente de los grandes floreros ubicados en los extremos de la habitación que contenían grandes ramos de rosas rojas. Los muebles eran de una clara madera y estaban adornados con muñecas, copas, anillos, una canasta de mimbre, un zapatito de cristal, una trenza de largos y dorados cabellos, escamas de una cola de sirena… Emma supuso que eran sus trofeos, que se llevaba de las casa de las niñas cuando las secuestraba. Sobre la otra pared, un gran ropero y tres estantes llenos de libros de distintos colores y tamaños, pero que rezaban un mismo nombre. Una cama de dos plazas, perfectamente armada sobre un costado y en medio de la habitación, frente al ventanal que daba al bosquecito que había recorrido con los niños intentando escapar y sobre un firme y grueso altar de mármol, incapaz de caerse, un ataúd largo y de un grueso cristal que aguardaba a que su menudo y agonizante cuerpo descanse en él. Tal y como había temido, desde que la secuestro, Jacob la tomo con delicadeza pero aun así provocándole un dolor insoportable, al cual se quejo con quebrados gemidos de dolor, la tendió en el ataúd y la observo con terror.

–Emma- llamo asustado como un niño y le acaricio el rostro, pero la cabeza de la joven daba vueltas y su respiración se había vuelto irregular en los últimos minutos y aunque deseara con todo su ser mover sus brazos para escapar, o quitarse el fuerte y ajustado corsé, o al menos oponer resistencia a sus caricias, el cuerpo no le respondía. A pesar de saber perfectamente que estaba muriendo y era muy probable que se debiera a ello, podía oír claramente todos los sonidos con una agudeza sobrenatural, hasta el más suave canto de los pájaros al otro lado del ventanal, las texturas a su tacto eran delicadas y diferentes, unas frías otras cálidas, suaves, rugosas, podía distinguirlas muy bien, su piel ardía y a la vez tenia frio, e incluso sentía los aromas más intensos que de costumbre, y su vista no funcionaba bien, solo veía sombras con sus ojos febriles y bien abiertos, queriendo observar todos los colores y figuras a su alrededor antes de irse, mientras el brillo característico y el color dorado intenso los abandonaba de a poco. -¿Emma?- pregunto él con un nudo en la garganta sabiendo que la estaba perdiendo. –¡No era mi intención herirte, Emma, perdóname!- dijo tomándose la cabeza desesperado. -Yo te amo, Emma. Desde a primera vez que te vi… estabas hermosa. Ibas acompañada de tus padres y supe… desde aquel momento supe que serias mía. Debías ser mía. Te vi por primera vez en invierno y llevabas una capa verde, y tus ojos eran dorados y brillantes, y tu boca tenía un rosado increíble, sin mencionar el de tus mejillas que contrastaban con tu blanca piel… Solo te faltaba el cabello negro y eras la perfecta Blanca-Nieves… Pero aun lo eres, mírate. Estas yéndote de mi lado y aun así conservas la hermosura de aquel primer dia. Mi madre siempre me dijo que debía merecer lo mejor, que era un príncipe y merecía una princesa para amarla y protegerla… y esa eres tú, Emma. No puedo perderte, no ahora. ¡Lo que has dicho… no es cierto! Es cierto que las niñas eran princesas, pero ninguna se compara contigo, eres la más bella de todas y debía tenerte, a cualquier precio. ¡Serias la madre perfecta de mis hijos, debías ser tú, siempre lo supe!- dijo con ojos llenos de lagrimas, mientras el tomaba la mano y colocaba un anillo en el dedo anular de la mano izquierda y a pesar de estar débil, el sentido común, aun presente en ella, provoco que se le revolviera el estomago y lo odiara aun mas por decir aquellas palabras. –Éramos iguales… Tú has sufrido lo mismo que yo… ¡se supone que tú me entenderías! ¡Eras mi otra mitad, eres mi alma gemela! ¡No puedes morirte! ¡No puedes dejarme solo!- lloro al lado de la joven a la que la visión se le aclaro de repente al oírlo y observo lo que había puesto en su dedo. Se trataba del anillo de su madre, ese había sido el trofeo que él se había llevado y ahora se lo estaba devolviendo. Se observo la mano horrorizada, sin poder moverse mucho en el angosto ataúd y desvió la vista para observar que era lo que colgaba del cuello del hombre que estaba inclinado sobre ella y la observaba entre embelesado y triste. Cuando noto lo que realmente era la cadena que se balanceaba delante de sus ojos, un ataque de furia la invadió, dándole la fuerza necesaria para alzar el brazo y arrancarle la cadena con su pequeña y ensangrentada mano mientras lo miraba desquiciado.

-¡MALDITO! ¿COMO TE ATREVES A USARLO? ¡LE PERTENECIA A MI PADRE, MALDITO! ¡LO HAS ROBADO! ¡Y TODO ESTE TIEMPO LO HAS TENIDO!- grito con furia y voz ronca, mientras lloraba desconsolada y se acercaba la mano a su pecho que sostenía la cadena que le había pertenecido a su padre, de cuando estuvo en el ejercito. – Si no querías que nada de esto sucediera, no deberías haberme herido…- dijo la joven con voz rota y áspera, incapaz de moverse por el intenso dolor mientras sentía como la sangre, caliente y muy lentamente aun salía de la herida abierta, observándolo fijamente y con odio, mientras lloraba en silencio y el negó con la cabeza violentamente.

-No, yo no… ¡no digas eso! ¡No quería hacerte daño!- grito y Emma comenzó a temblar, sentía mucho frio. "¡Solo un poco más, debes resistir un poco más!", pensaba desesperada con la imagen del moreno en su mente. –¡Yo te amo!- aseguro desesperado.

-¡Mataste a mis padres maldito, les robaste, y luego me secuestraste traumándome de por vida, jamás podría amarte; eres un monstruo!- grito Emma con la poca energía que le quedaba y las lagrimas corrieron por su rostro. Jacob la observo atónito, sin dar crédito a sus oídos por la crueldad de las palabras que lo atravesaron como un puñal; estaba tan hermosa con su maquillaje y sus cabellos negros como la madera del ébano.

-Pero si todo esto lo he hecho para ti, para que vivamos juntos, eternamente…-dijo sin comprender; sentía ira y ganas de estrangularla allí mismo, pero no quería hacerle más daño del que ya le había hecho. Era hermosa, su princesa; no debía olvidar eso. Emma sabía a lo que se enfrentaba, pero no podía evitarlo. No se aguantaría todas las cosas en ese momento, justo a punto de morirse.

–¡Jamás podrás amar a nadie más que a tu mismo, Jacob! ¡Has perdido a tus padres en un accidente, fue horrible e injusto porque tu solo eras un niño y de eso se trato, de un accidente nada más! Pero todo lo que has hecho luego, ha sido decisión tuya; nadie te obligo. ¡Tú ya eras malo y oscuro, siempre fuiste así y solo estabas buscando una oportunidad de sacarlo a relucir! ¡Por eso hiciste lo que hiciste! ¡Jamás pudiste amar!- grito la joven llorando mientras escupía las palabras con odio.

-¡NO, YA BASTA! ¡CALLATE!- exclamo horrorizado tapándose los oídos, comenzando a mecerse de un lado a otro como un niño asustado.

-¡Las niñas, sus padres! ¿Por qué lo hiciste entonces? ¡Eres cruel, disfrutaste de provocarles dolor y no solo las mataste lenta y dolorosamente, sino que las conservaste como si fueran muñecas! ¡En cajones de cristal! ¡Estás enfermo Jacob! ¡Loco! ¡Nunca podrás recuperarte! ¡ERES UN MONSTRUO!- insistió la joven con odio, sintiendo un dolor espeluznante en su cuerpo y en planta baja, se sintieron golpes en la puerta que era abierta. Jacob se seco rápidamente las lágrimas y tomo de manera brusca la tapa del ataúd mientras la joven le gritaba que no lo hiciera y la tapo, asegurándole que enseguida regresaría desconociendo que sería la última vez que la vería. Emma cerró los ojos, increíblemente agotada, finalmente dejándose vencer…